Sapiens: ¿Hacia la extinción? ¿O simple evolución?

 

Pasamos de las canoas a la galeras, de los barcos de vapor a las naves espaciales, pero nadie sabe a donde nos estamos dirigiendo. Somos más potentes de lo que nunca fuimos, pero no sabemos que hacer con todo este poder.

Lo peor de todo, los humanos parecen más irresponsables que nunca. Somos dioses que se han hecho a sí mismos, en nuestra compañía tenemos sólo las leyes de la física, y no debemos dar cuentas a nadie …. ¿Puede haber algo más peligroso que una masa de dioses insatisfechos e irresponsables que ni siquiera saben lo que quieren?”.

Así concluye Yuval Noah Harari, historiador israelí, su “Sapiens. De animales a dioses”, publicado en Israel en 2.011 y en edición española de 2.014 en la “Editorial Debate”, con más de 23 millones de ejemplares vendidos en todo el Planeta.

Harari narra el camino de la especie humana desde hacer 70.000 años. Nuestra especie es el úco ser viviente con capacidad de modificar la ecología de la Tierra. Un poder que nos homologa a los dioses de antiguas mitologías.

La historia comenzó cuando los hombres inventaron las divinidades y acabará cuando los hombres se conviertan en divinidades”, nos dice Harari, que en la obra recorre a nivel macro los acontecimientos de siglos y milenios.

El historiador expresa su temor de que la supremacía tecnológica venza todo humanismo y con ello los pilares sobre los que se asentó la civilización. Con palabras de Tocqueville, autor de la magnífica “La democracia en América”: “Cuando el pasado no ilumina el porvenir, la mirada avanza en las tinieblas”.


Pero Harari no recoge el testigo narcisista de profeta, sino que muestra que lo que en realidad lo mueve es una intención política, de acción el accionar el pensamiento y la toma de decisiones: optar ante las elecciones a que seremos llamados/as en el futuro; y de ahí sus elocuentes e intencionadas palabras que ha pronunciado: ¿Cuál es realmente el objetivo de probar a imaginar el futuro si no desviarse de la trayectoria al menos un poco?”.


Crucial es decidir lo que queremos y lo que no deseamos, pues las acciones que emprendamos han de ser movidas po nuestros deseos, por nuestras intenciones. Sea individual, sea colectivamente.

El avance tecnológico y el ser capaces de paliar problemas y preocupaciones del ser humano por siglos nos hace una especie de bomberos en un mundo sin incendios.

El robot, el ordenador, ¿harán desaparecer al sapiens? El proceso, de darse, seguramente ya está dando, está – seguramente – inscrito en nuestra cotidianeidad.

Los objetivos humanos para nuestro Siglo XXI serán - nada menos -, según el historiador, la felicidad, la divinidad, la inmortalidad. No es una fantasía, tal vez es el sueño del humanismo antropocéntrico en versión exacerbada o llevado a sus últimas consecuencias. Pero, como el mismo autor manifiesta, tantas veces los sueños se convierten en pesadillas.

Estamos ya intentando superar los límites impuestos por la biología y es cada vez factible que, gracias a la tecnología, lo logremos. Efecto de ello (nocivo y atroz culmen del anti-humanismo) el proceso puede comportar la formación de una élite compuesta por quienes tienen los conocimientos tecnológicos, los medios para elaborar los dispositivos y la potestad de decidir quien puede beneficiarse de ellos. Toda cuestión planteará en todo momento aspectos o vertientes ético-políticas, pero la complejidad irá en aumento, de modo que un número cada vez menor de personas posean las competencias adecuadas para tomar decisiones políticas sabias y que atiendan al bien común. Y ahí está (y volvemos sobre el concepto, y pese a rechazarlo él) el profetismo del historiador: la figura del “profeta” bíblico tiene como rasgo central la crítica social y la clara marca política más que la simple predicción.

En la primera de las 3 partes que componen “Sapiens” , Harari compara al “Homo sapiens” con otros animales, en la búsqueda de comprender la especificidad de la especie humana, que centra en la imaginación, la narración, la cooperación flexible. Él mismo nos explica así la intencionalidad de esta indagación: “la relación entre humanos y animales es el mejor modelo que tenemos para las futuras relaciones entre superhombres o (simples) hombres”.

La segunda parte está presidida por el concepto de “Humanismo”: el mundo de los últimos siglos como resultado de la revolución científica. Se pregunta cuales son sus implicaciones políticas económicas y sociales, y por qué las concepciones que encarna nos convencen que que somos nosotros (humanos) nos que dotamos al mundo de un sentido.

Por último, la tercera parte aborda la gran pregunta de si el humano podrá seguir gobernando el mundo y dotándolo de sentido. La amenaza para el humanismo de la mano de la inteligencia artificial y la biotecnología es puesta encima de la mesa por el profesor israelí, que se pregunta a quién legar la herencia humanista y sobre qué valores podrían asentarse el espacio dejado por este humanismo.


Imagen: Pixabay.




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