Juego de tronos

 



En el juego de tronos o se vence o se muere”.

Pluripremiada y exitosa en todo el mundo, David Benioff y D.B. Weiss crearon una descomunal adaptación de una de las sagas literarias más exitosas: las “Crónicas del hielo y del fuego” de George R.R. Martin.

¿Qué hay de especial J de T para empujar al en su día presidente USA Barack Obama a pedirle a la produtora ver en primicia los episodios de una de las temporadas, concretamente la sexta?

Juego de Tronos resulta un relato creíble de un universo verosímil a la par que fantástico, un mundo tan veraz como real. Un mundo en guerra, arrasado por una lucha descarnada entre las familias de los Siete Reinos para conquistar el Trono. Un hombre, un ser humano, el presentado en J de T, en el que el humano – sobrepasando al animal – está poseído por la crueldad. Las fronteras reales y simbólicas del relato, excluten al extraño. El ADN ético es la sangre, el linaje. Más allá de la gélida Muralla o Barrera está las Tierras del Norte, pobladas de Extraños. Los “Guardianes de la Noche” tienen la misión de detener aquel otro desconocido.

Cuadro gótico, J de T mezcla fantasía e historia, literatura y crónica de nuestro mundo, imaginación y realidad. La lucha a muerte por la sucesión en el trono sacude a los 7 Reinos, de modo que la pugna entre los Lannister y los Stark se acerca a los más estridentes conflictos dinásticos de la historia.

La dicotomía bien-mal se difumina hasta desaparecer y no ser echada de menos. El pragmatismo aberrante e inescrupuloso de la psicología y mentalidad de los personajes nos atrapa en un universo de gelidez y oscuridad. La lucha entre luz y oscuridad comparace, por momentos, solo en el interior de cada personaje; entre sadismo y compasión, cada personaje es tiniebla y luz, pero nada los hace buenos o malos en sí.  Un mundo bárbaro presidido por una ética despiadada, por así decir. El Derecho es pura fuerza. Aunque se hacer justicia, aunque se imparta justicia, esta no existe en realidad, está vacía de contenido.

El fin único es el poder, al que no acceden los más fuertes, sino los más sagaces en la guerra de todos contra todos. Macchiavelli, Freud, Sskespeare están presentes en una serie vista en todo el mundo, reafirmando la obra de Occidente en todo el Planeta.

Un pensamiento acabado que le de la forma contemporánea a los modelos que desde siempre sustentan la tradición filosófica y literaria occidental. Sólo movilizando a los imperecederos Homero y Shakespeare, Machiavelli y Freud, podemos entender la complejidad apasionante del “juego de tronos”. Se afirma como hegemónico en la política del entretenimiento planetaria la grandeza del “canon occidental”.

Imagen: Pixabay.



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