“Hacia Santiago” (libro del holandés Cees Nooteboom)

 



Cees Nooteboom introduce su libro “Verso Santiago con palabras elocuentes que nos gusta compartir: No es demostrable pero yo lo creo: en el mundo existen lugares en los que una llegada o una partida son misteriosamente multiplicados por los sentimientos de cuantos llegaron al mismo lugar o de allí marcharon“.

El holandés nos habla de que el Pórtico de la Catedral viene a ser un surco “excavado en el duro mármol por los dedos de todos aquellos muertos”. Gestos como estos o parecidas sensanciones se sienten, nos dice Giovanni Pilastro en una reseña del libro (https://nonostanterivista.wordpress.com/2011/04/02/critica-verso-santiago-di-cees-nooteboom/), se sientes al doblar la Rúa Fonseca antes de entrar al Obradoiro, "los que contribuyen a crear la humanidad de aquellos que pisaron los caminos hacia Santiago".

Países, pueblos, creencias, vivencias de caminante ... han dejado aquí una impronta imbirrable.

El subtítulo del libro ("Itinerari spagnoli") nos viene a mostrar que no es el libro de un viaje y un destino, pues lo que en el se cuenta abarca más de una década (1981-92), reflejando los cambios producidos en una etapa de fuerte transformación, anterior al gran boom del Camino que aún vendría después.

TRES FRAGMENTOS.

Título: Verso Santiago, Itinerari spagnoli.

Autor: Cees Nooteboom.

Idioma de la edición leída: italiano (original: holandés).

Ed: Feltrinelli.

Pp: 305.

Está publicado en español con el título: “El desvío a Santiago”

(http://www.leeryviajar.com/novela/el-desvio-a-santiago/).

1) La peregrinación a Santiago de Compostela es una de las arias de la “locura” en la lírica europea, un gigantesco ir y venir, el movimiento de millones de peatones, un flujo ininterrumpido de peregrinos procedentes de todas las tierras cristianas, reconocibles por la concha de Santiago, que se recogía en el Mont St Michel, en Tours, Vézelay, de Puy a Arles y a través de los Pirineos, se llevaba hacia el verdadero camino a Santiago. Hoy en día es casi imposible imaginar el ferveur religioso, el significado político y las implicaciones sociales, económicas y artísticas que este fenómeno reunía en sí. Durante siglos, un ejército estaba constantemente en el camino en una Europa en la que el pie era la unidad de medida. Quien participaba en el peregrinaje, voluntariamente o porque le había sido impuesto como penitencia , en aquellos inciertos tiempos debía abandonarlo todo, que será después el sueño de todo lo romántico, no en aquellos, sino en los tiempos siguientes. Así, esta peregrinación se convierte en un mito de sí mismo, y los lazos entre el Noroeste de España y el Norte de Europa se hicieron cada vez más estrechos; la separación, y con ella el deseo de reunificación con el resto de España aun ocupado por los árabes, se hicieron más intensos” (p. 181).

2) “Y esta tierra no está muerta. Veo ovejas del color de la tierra, el ave rapaz que escribe sus lentas cartas antes de caer al suelo y después elevarse con una serpiente entre las garras; únicamente los hombres han desaparecido y han abandonado sus casas. Es un enigma, como si aquí se hubiese desatado una guerra. Primero no lo crees, no puede ser que todos se hayan marchado, pero cuando te acercas, lo sabes, te mueves con cautela, piensas que quizá en una de aquellas casas podría todavía haber un muerto ….” (p. 284).

3)Este* es un parque en el que uno podría hacerse viejísimo, pero no me detendría, debería leeros los treinta y ocho volúmenes de la obra completa de un maestro islandés olvidado, habría podido componer una poesía de catro versos empleando toda la vida, pero en cambio no, me dirigiré a sentarme en la piedra de la Plaza de los Literarios para ver a la gente que atraviesa aquella gran plaza vacía y desaparece girando la esquina de la Plaza de las Platerías. En algún sitio allá arriba debe estar la estancia oscura en la que un día fui a encontrame con el sacerdote que tenía el gran registro de los peregrinos. Quien recorriese el trayecto a pie o en bicicleta podía, si lo deseaba, pedir que le hiciesen un sello para él y ser inscrito en el gran registro. “Habitualmente aquí la gente rompe a llorar”, me había indicado indicando un punto ante su escritorio. Había tenido también el permiso de leer el registro, una especie de libro mayor rellenado a mano. Había buscado brevemente encontrar un ciudadano de los Países Bajos, químico, “no creyente”, motivo: “para pensar”. Esto le había gustado, me había dicho, la gente declaraba los motivos más extraños, pero pensar le había sucedido pocas veces. Tres meses, el mínimo para venir a pie desde los Países Bajos, él mismo pensaba que no sería capaz. Quien llega a su destino, recibe una especie de diploma que da derecho a tres pernoctaciones gratis en el Hostal de los Reyes Católicos, no precisamente en las habitaciones más bellas, pero mejor que nada. Quien se aloja tiene la sensación de deber poner en escena en solitario un drama real, o por lo menos ser llamado a asumir una expresión aristocrática cuando sale del portal plateresco, gótico, renacentista, barroco, todo está reunido en aquel edificio, en general los turistas no están vestidos como es debido y buscan eliminar el sentido de culpa ofreciendo propinas excesivamente conspicuas al portero de uniforme, pero superado este obstáculo se encuentran en una de las plazas más bellas del mundo …” (pp. 302-303).

* Se refiere a la Alameda de Santiago de Compostela.

Imagen: Pixabay.

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