Sanders. El “Tío Bernie”

 


Ya antes de la caída de La Unión Soviética, y preparándose para la victoria en la Guerra Fría, la llegada al poder de Ronald Reagan en 1,9080 (superando las tensiones y esperanzas de cambio de los convulsos años `60 y `70) da inicio a una Contrarreforma conservadora, toda una Restauración, por hablar en términos decimonónicos, en la que se unen el liberalismo como enseña ideológica, la financiarización de la economía y el retorno (en el plano moral) a los valores tradicionales, que derivaría en la relevancia e incidencia política de lo neocon. Pero la resistencia liberal en las décadas siguientes – personificable particularmente en Clinton y Obama – generaría fuerte apoyo social en las temáticas medioambiental, de los derechos de las minorías étnicas, del feminismo o de los derechos sexuales. En este contexto se genera una grieta sociológica entre las clases medias urbanas ms ilustradas (o al menos con más titulación) y los vecinos io primos del campo (menos formados académicamente, más rurales, con una renta inferior, más castigados por las dinámicas de la globalización y el cosmopolitismo, la América profunda que suele decirse).

Clinton y Obama apostaron políticamente por la globalización y el primado de la tecnología, lo que genera más expectativas en las clases profesionales, vistas como una especie de nueva clase con un cierto tufillo post-ideológico. En realidad, bastante análogo a lo que sucedió en Europa en las mismas décadas, con una izquierda más centrada en los derechos que en las necesidades, perdiendo (bastante) la perspectiva social de la redistribución.

El terreno – como se vio -, para el Tea Party quedó abonado, regalando a la derecha populista una base social nueva, llena de agravios y rencores.

2.008 marca, sin duda, un punto de inflexión. La crisis finaciera que estalla aquel año lleva la irritación al electorado más próximo a los demócratas, muchos de ellos/as jóvenes profesionales, pues aquella crisis revelaba una suerte de “Se acabó la fiesta”; nace así elMovimiento Occupy Wall Street en New York en 2.011. Ocupando pordos meses un parque público próximo a Wall Street, el movimiento ponía voz a una protesta contra la desigualdad económica y el mundo financiero, convirtiendo en popular el slogan (quizá demasiado fácil por intreclasista y exagerado) “Somos el 99%”, queriendo visibilizar la antidemocrática concentración de riqueza en las manos de un círculo selecto de grandes indistriales y tiburones de las finzanzas.

En la izuierda, en el marco de la política institucional/partidaria emerge la figura de Bernie Sanders. El ex-senador de Vermont comparte con Trump el ser categorizado como anti-stablishment. La sociedad estadounidense, según la sociología más explicada, establece dos marcos referenciales para establecer las jerarquías en aquel país: una es la del dinero, del status la otra.

En cuanto a la del dinero, los valores fundantes de los USA (a diferencia de lo que sucede en los países europeos, particularmente católicos) no rechazan en absoluto ideas como la riqueza obtenida por el esfuerzo con el premio de autonomía uindividual y bienestar material que ello comporta. Lo que se cuestiona no es eso, sino las exageradas consecuencias de la liberalización económica sin freno social que el desarrollo de la globalización y el paralelo avance tecnolófico provocó a partir de los `90 del siglo XX.

En cuanto al status, la primacía pasó a estar en los sectores sociales que ponen el conocimiento, al menos su expresión académica, en el centro, ocupando puestos de alta responsabilidad profesional (particularmente directivos). Muy liberales en materia de derechos, son conservadores, cuando no reaccionarios, en los social, más bien enemigos de los sindicatos y clasistas con los trabajadores de los estratos medios y bajos. Las políticas liberales de Obama, por ejemplo, parecieron primar a este sector, con su desregulación y proliferación de Acuerdos de Libre Comercio Internacional, a la par que se flexibilizaba (como gusta decir a las patronales) el entorno laboral. Tea Party en un lado del espectro político y Occupy Wall Sreet refleja que bastante gente se está quedando atrás.

La existencia de la clase media se resiente. Con la expresión Middle Class en realidad se hace referencia a una elaboración ideológica que expresa un ideal político (y social), una especie de pequeño sueño americano: oportunidades para todos, posibilidad de desarrollar un proyecto de vida autónomo (en definitiva, tener una cierta capacidad de consumo y tener casi la certeza de que nuestros hijos vivirán mejor que nosotros. Concepto un poco inexpresivo, pues visto así, la inmensa mayoría de la población sería clase media, lo que no deja de comportar un fuerte contrasentido.

Ideal, por supuesto, tradicionalmente, casi ene xclusiva de los blancos

En realidad, este ideal de clase media fue siempre un ideal o una ideología sobre todo de los blancos,.

Previo a la llegada de Reagan al poder, y facilitando que esta llegara a producirse, importantes fragmentos de la clase media-baja, sintió en peligro la base de sus valores morales, muy fundamentados en la religión, propiciando un repliegue conservador en la sociedad americana que se haría fácilmente perceptible a nivel electoral pero también social. Nacía la restauración neoconservadora. De igual modo que en la Italia de los años `50 y `60 del pasado siglo se acuñó el concepto Popolo comunista, en los Estados Unidos de las últimas décadas del Siglo pasado pareción nacer un auténtico Pueblo de derechas, sólido, compacto, ideologizado. Pueblo que ve a los inmigrantes como un peligro para sus posiciones, por su status social y nivel educativo.

El ascensor social se avería. El sueño de progresar a través del estudio y del trabajo queda en cuestión.

SANDERS. EL TÍO BERNIE.

Neoyorkino de nacimiento (de 1.941), conocido como flor exótica de la política norteamericana, el antaño senador socialista de Vermont, por 2 veces compitió en las primarias demócratas para ser candidato a la Casa Blanca.

La anomalía de su candidatura se unió en 2.016 a la de otro candidato anómalo y exótico por el Partido Republicano: el estrafalario Donald Trump, que acabaría nominando y venciendo (no en votos, pero sí en representanes) a Hillary Clinton, candidata demócrata, que superara en las primarias a Tío Bernie.

Habitante de la arena política toda su vida, concurrió siendo aún un joven político a unas elecciones municipales para la Alcaldía de Burlington (Vermont).

Bernie Sanders, presentándose a las primarias Demócratas, se centró en representar los fragmentos político-sociales más a la izquierda en el complejo cuadro de la sociedad estadounidense. Y con un éxito importante. El ex-senador de Vermont gusta de definirse socialista; pero lo que esto puede significar no es fácil de discernir. Quizá calificarlo como radical respondiese más a la realidad, y el calificarse como socialista tal vez sea un modo de asumir un rol políticamente icorrecto, transgresor, irreverente (actitudes tan en boga en los últimos tiempos). El ser radical ha caracterizado a muchos movimiento en la historia norteamericana, caracterizados por poner el foco en una contradicción: con una fuerte base en la ética, señalar la grieta entre los ideales de democracia y libertad de la tradición nacional y la realidad de la situación social. La reivindicación desde los años `60 de la de la democracia participativa se orienta, por ejemplo, en esa dirección, reivindicando un ir más-allá de las formalidad institucional y de la mera plasmación de la democracia en lo electoral.

Política desde abajo, comunitarismo local, visión contra las grandes concentraciones de capital, un robusto Estado de bienestar ….he ahí algunas de las ideas-fuerza de este radicalismo.

Las primarias demócratas de 2.106, que enfrentaron a Sanders con Hillary Clinton, contemplaron como el ex-senador de Vermont se sentía más a sus anchas en el discurso anti-stablishment que marcó sus propuestas y discurso en el campo (interno) de las políticas sociales y económicas. Pero al abordar los asuntos de política exterior, la experiencia dilatada de la Clinton (Secretaria de Estado con Obama en su primer mandato) puso a Sanders en una situación que lo presentó como ambiguo, inconcreto y generalista, además de carecer de la experiencia y de la práctica de la realpolitik que marca este ámbito.

Lo primero a decir es que ni su práctica y experiencia política (de Sanders) ni sus intereses lo han llevado por estos caminos. La acusación de ingenuidad por parte de Hillary estaba servida. Y es que Sanders, en este campo, nunca fue claro en sus posiciones y propuestas.

En un plano muy general, tío Bernie declaró repetidamente, al respecto, que los Estados Unidos deben defender al mismo tiempo la libertad de los otros y sus propios intereses nacionales. Y para ello debe apostar, en primer lugar, por la vía diplomática, haciendo del uso de la fuerza la última opción). Generalismo, pues, además de reflejo de una posición de incomodidad ante el tema, que lleva a doptar propuestas cargadas de humanismo y buenas intenciones. Pero quizá intatisfactorio al descender a la arena de lo real, del acontecimiento concreto, pero también de la visión (o misión) de lo que Estados Unidos representa (y/o debe representar) en el mundo.

Bien podría ser etiquetado como “populista”; término que en los USA carece de las connotaciones peyorativas que lleva en sí la denominación socialista. “Populista” entendido, en realidad, como “Radical”, en los términos que mencionábamos.

Término (populismo) que como en Rusia se rfemonta al siglo XIX, contando en ambos casos con una fuerte adhesión popular. En los finales del XIX, el People’s Party de los agricultores del Oeste fue en todo momento un actor social y político comunitario-radical, sin darle a estos términos la carga izquierdista que podrían asumir en la segunda mitad del siglo XX, pues un tradicionalismo impregnado de moralismo y religiosidad presidía el pensamiento y el actuar de este polo político. A su modo fueron el avance de lo anti-stablishment, contra la casta, contra los partidos, etc. El trumpismo es, en buena medida, hijo de esto.

Y si el trumpismo es hijo de esto, Sanders bien podría ser considerado descendientes de la facción radical del New Deal roosveltiano. En 1.941, Frankin Delano Roosvelt da un discurso que marcaría toda una visión de América y la proyección de una América posible (si queremos, la otra América); en el discurso, nos habla de "las 4 libertades": libertad de expresión, libertad religiosa, libertad de desear una vida mejor y libertad de vivir sin miedo.

Viviendo la mayor parte de su vida al margen de la realidad de los partidos políticos, fue líder del Students no Violent Coordinating Committee, para después, ya en el Estado de Vermont, llega a alcanzar (como independiente) la alcaldía de Burlington (nada menos que un alcalde “socialista” en la era Reagan).

Desde fuera del Partido Demócrata, pero moviéndose en sus entresijos, consiguió acceder a la Cámara de Reresentanes como “independiente”, y después al Senado. En general, en la línea delPartido Demócrata en las instituciones, pero su defensa del no-intervencionismo en política exterior (se posicionó contra las dos guerras de Irak) y su aguda crítica a las desigualdades en el plano interno, marcarían su especificidad, el núcleo de la marca Sanders.

Pero, ¡ atención ¡, Bernie Sanders es un político propiamente, no un agitador movimentista. Por tanto, también, un profesional. En 2.015 da el paso de ingresar en el Partido Demócrata y presentarse a sus primarias. Las luchas más de base fueron su catapulta para entrar de lleno en la política más convencional e institucional. Aportando al Partido al que se afiliaba un nuevo rostro y el acceso a fragmentos sociales e ideológicos que quizá vieran lejano el mundo de los partidos. Su populismo ingresaba en la alta política, como – desde otra óptica, claro – lo haría con Donald Trump.

Compitió dignamente con la Clinton, pero finalmente no acabó por vencer, quizá en parte porque algunos de sus adherentes pensaran que no era el candidato idóneo para vencer a Trump (como en el fútbol, en la política, particularmente en la norteamericana, el “miedo escénico” cuenta).

La fuerza que lo elevó a participar con importantes apoyos en la alta política, quizá provenga (como elemento que une a un conglomerado social) de la tradición ética que impregnó los movimientos sociales de los años `60 y ´70 del pasado siglo. Aunque también entre los millennials su discurso pareció calar. Pero quizá convendría no engañarse: no estamos pensando en la clase obrera de los “30 años gloriosos” europeos, sino de una clase media ilustrada y aspiracional que ve lastrado su deseo de mejorar en la jerarquía del status. Pensemos que en los U.S.A. existe un amplio sistema de préstamos universitarios gestionado por aseguradoras y bancos, nacido para ayudar a los jóvenes en los estudios; durante bastante tiempo parecía una solución para muchos/as jóvenes procedentes de familias de renta media o baja; sistema que con el tiempo pasó a ser muy gravoso para las personas beneficiarias, sea por el afán de lucros de los prestamistas, sea por la carestía de las tasas universitarias.

Sanders, por tanto, digámoslo ya, no es un antisistema (al menos su propuesta política no lo es). Su proyecto político es acomodar el sistema al sueño americano bien entendido: libertad individual y posibilidades reales de realizarse. Justicia social, pues. Y reparar el “ascensor social”. Nada más. O nada menos, según se quiera ver. Y, lo que es crucual, reglas de juego iguales para todos(as: igualdad real de oportunidades. Más un radical americano que un socialista europeo, pues.

Sus 12 millones de votos en las primarias demócratas no son poca cosa. Pero no logró la epopeya de vencer, claro. Debe decirse también que sus propuestas de justicia y redistribución chocan con demandas y visiones de colectivos desfavorecidos, como latinos y negros. Particularmente los afroamericanos se han inclinado por Clinton.

El tiempo dirá si Sanders (que aceptó la derrota en las primarias para replegarse en el Partido y dar la batalla política, ideológica y cultural dentro de él) nace un polo significativo y perdurable que pueda incidir significativamente en las propuestas demócratas y condicionar realmente la política norteamericana.


SOCIALISMO / LIBERALISMO.

Conciliar ambos conceptos, he ahí uno de los retos de la política según Sanders. Llevada al corazón del Partido Demócrata, una vez más por Sanders, al competir (2.020) en las primarias demócratas para hallar el candidato que pudiera derrotar al Presidente Trump.

En un Estado muy de clase obrera como Michigan, algunas encuestas del “Washington Post” durante las primarias dejaban constancia de que el 58% de los electores/as votó al candidato que con más probabilidades podría vencer a Trump, en tanto sólo un 37 % votó por el programa que prefería. Es decir: no es tan seguro que el votante de las primarias prefiriese necesariamente el programa de Biden (competidos de Sandrers); quizá el voto (lo cual tiene su lógica) se dirigiera a que venciese el Partido y poder desalojar de la Casa Blanca a quien entonces era su inquilino.

Preferido pero inelegible”, así podría consolarse Sanders, como en tantas batallas en las izquierdas en sentido amplio. Desplazar lo más a la izquierda posible las políticas del Partido; ese pasa a ser el objetivo una vez consumada la practicidad del votante.

Así, con las primarias en su primera fase, los caucus de Iowa el 3 de febrero supuso una sorpresa. Sanders quedó por delante en las principales ciudades del estado incluida la capital (Des Moines). Las localidades del rural prefirieron, en cambio, a Pete Buttigieg, joven candidato liberal y declaradamente homosexual.

Pero las elecciones en Carolina del Sur del 29 de febrero revertirían la tendencia, apoyado en el centrismo de Biden y en su éxito entre la comunidad afroamericana. Biden coquistó, por ejemplo, después 3 Estados que sociológicamente parecerían favorables a los postulados de Sanders, como Washington, Missouri o Michigan.

Enrico Cerrini, en un artículo aparecido en la web italiana “PANDORA Rivista” el 10-7-2020 sugiere explicar los resultados de las primarias demócratas apelando a la “Teoría de los jegos” o similares en “El intento de conciliar liberalismo y socialismo en la provincia americana”(https://www.pandorarivista.it/articoli/il-tentativo-di-conciliare-liberalismo-e-socialismo-nella-provincia-americana/): Remitiéndose a la teoría de los juegos, el dilema del prisionero es usado frecuentemente para explicar una situación en la que dos entidades podrían beneficiarse de la colaboración, pero encuentran un incentivo para actuar de modo egoísta. En otros casos, el juego de la caza al ciervo, propuesto por el filósofo Jean-Jacques Rousseau, parece más apropiado. En este juego, la cooperación puede fracasar, pero los comportamientos egoístas no dan beneficios.

Dos cazadores obtienen un mejor resultado de la cooperación que le permitiría cazar un ciervo. Ninguno de ellos tiene un incentivo para engañar al otro, porque significaría conformarse con una liebre, cuya cantidad de carne es más pequeña que la de la mitad del ciervo. Al mismo tiempo, una cooperación de este tipo, podría revelarse arriesgada porque uno de los dos cazadores podría cansarse de esperar el premio más grande y conformarse con la liebre, dejando al otro solo esperando un ciervo que no puede matar. Luego, los seres humanos pueden preferir beneficios menores porque no se fían uno del otro y huyen de la cooperación.

Los electores americanos podrían atravesar una situación similar. Las políticas neoliberales cada vez más agresivas podrían haber reducido de tal modo la posibilidad de colaboración demócrata, que la propuesta de Bernie Sanders se convirtió en menos creíble. Una sociedad fragmentada, donde el welfare se redujo a los mínimos términos, cuesta pensarla como una democracia alimentada por los movimientos de base, o de ciudadanos que se unen para hacer sentir su voz y reclamar una asistencia sanitaria universalmente accesible y un salario mínimo, con independencia de su orientación sexual, religión o etnia.

Sanders se presenta como aquel que indica el camino del ciervo. La clase desfavorecida comprende que sería la mejor solución, antes de observar la realidad circundante. Los excluidos del sueño americano se sienten rodeados por los supremacistas blancos, preparados para coger el fusil y por peligrosas gang de jovencitos sin criterio. En las redes sociales actúan de complotistas que prefieren creer que se debe luchar para desmentir el carácter esférico de la Tierra antes que eliminar las desigualdades. Finalmente observan los disparos de Donald Trump desde la Casa Blanca, habitualmente a favor de millonarios y multinacionales sin escrúpulos”.

El punto de fuerza de Sanders – y de quien pueda coger su testigo – es que la sociedad estadounidense quizá no pueda permitirse que el Partido demócrata se vulque absolutamente hacia el centro, asumiendo compromisos y de facto pactos con una derecha que parece no tener freno en sus propuestas reaccionarias.

No parece quedar otra que intentar combinar socialismo y liberalismo. Para que la sociedad pueda confiar en un centro-izquierda creíble.


Imagen: Pixabay.

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