Redención
INTRODUCCIÓN
¿POR QUÉ ESTE TEMA?
La redención es uno de los conceptos fuertes del judaísmo y de la historia del pueblo judío. Ha señado la historia de este, haciendo concebir precisamente esta (la historia) de un modo particular.
Se trata de una idea duradera. Y diríamos que vigente. Presente en la Torah, encuentra su raíz más identificable en la experiencia del Éxodo, en la vivencia sinaítica. La fiesta por antonomasia del judaismo, Pesaj, es reivindicación del concepto de redención. Exilio y liberación (otros conceptos centrales) son ideas inseparables de redención.
Rescate, acudir en ayuda por parte de quien puede. También esto es redención. En el tema está presente D-s, el hombre, la relación hombre-D-s.
Concepto verdaderamente constitutivo, del “ser” judío, de su modo de existir, en la literatura profética vemos nuevamente una fuerte, constante y tenaz presencia del concepto. Exilio, nuevamente, opresión y servidumbre. Y lucha contra ellas: liberación, pues.
“Redención” tiene fuertes implicaciones éticas. Es medular en la ética judía. Implica “juicio” y comporta “responsabilidad”.
Presente con fuerza en la Torah, y también en el Talmud, el concepto llega a nuestros días. Tomado del corazón del judaismo, se proyecta en reflexiones de pensadores que operan desde la laicidad, desde la reflexión sobre lo más inmediato, inmanente, contingente y cotididiano. También, por supuesto, desde las ciencias sociales, asumiendo claras connotaciones socio-políticas.
En definitiva, concepto central que se abre paso en el Tanaj y en las fuentes tradicionales en general, atraviesa la historia del pueblo judío y señala las especificidades del judaismo como forma de vida y como “forma” de pensar la realidad: el hombre y el mundo.
Concretamente, abordaremos las siguientes cuestiones y las conectadas con ellas:
1.- El concepto de Redención en la Torah. Especial referencia en Éxodo.
2.- Textos de fuera del canon.
3.- Aclarando conceptos: Geulá, Go 'el, Ketz o Tikkun.
4.- Redención es, fundamentalmente, liberación. Un concepto específicamente (aunque no solo) judío y que en el judaismo y la historia del pueblo judío adquiere especial justificación. La vivencia sinaítica.
5.- Conexión también con dos conceptos básicos en la historia judía: exilio y revelación.
6.- Vinculación con momentos concretos en el Tanaj y otras fuentes tradicionales: Pesaj y Nissan.
7.- Contemporaneidad, vigencia y relevancia del concepto en nuestros días, entre los autores judíos: Martin Buber, Schalom Ben-Chorin, Gershom Scholem, Rosenzweig, Benjamin, etc.
- Vinculación con (e incidencia sobre) el sionismo como pensamiento y movimiento social.
¿QUÉ ES REDENCIÓN?
“Redención es la acción y el efecto de redimir (del latín redimere, del prefijo re-, de nuevo, y émere, comprar). Redentor es quien redime. Se aplica particularmente a conceptos religiosos, esenciales en el cristianismo; pero, genéricamente, en contextos aplicables a personas, la redención es la liberación del dolor o de una mala situación, o la obtención mediante pago de la libertad del esclavo o el cautivo”. Tal es la definición que del término ofrece la “Wikipedia” (la llamada “Enciclopedia libre” de internet). Llama la atención la específica referencia al cristianismo sin mencionar siquiera al judaismo, en el que es un concepto fundamental, constitutivo, central. Por no mencionar que el cristianismo lo absorbe en parte (y seguramente en una parte no pequeña) de aquellas fuentes judías. En todo caso, aparece clara de relación (vinculación) con el concepto de “liberación”.
Más conciso, el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua suministra tres acepciones para el vocablo: “1. f. Acción y efecto de redimir. 2. f. por antonom. Redención que Jesucristo hizo del género humano por medio de su pasión y muerte. 3. f. Remedio, recurso, refugio”. Nuevamente nos encontramos con la referencia “cristiana”, pero en este caso poco podemos, por lo demás, extraer de la definición dada, pues es vinculada a un verbo (“redimir”) sin que se entre en la substancia de lo que la “redención” pueda ser.
“Según Walter Benjamin, la historia no es una mera suma de momentos, una línea uniforme y continua de causas y efectos, sino un entramado complejo y desigual con puntos luminosos y otros apenas visibles. La tarea del historiador, dice, no consiste en cantar las victorias de los vencedores sino en rescatar la memoria de los vencidos para que cada generación tome a su cargo la tarea de liberar a los oprimidos del pasado”.
De este modo comienza la filósofa argentina Diana Sperling un trabajo que lleva por título “Herencia y redención”. Para sostener a continuación, que “Así, la historia solo puede avanzar si activa dos potencias necesarias: la rememoración y la redención”. He ahí una de las potencias, facultades y funciones de la redención: activar la historia. Más allá de lo salvífico -que también- la redención activa la historia, la pone en movimiento, la hace avanzar.
No es un actuar “nostálgico”, prosigue la argumentación, sino “creativo”: debe buscarse entre las ruinas de lo que nos ha precedido las “astillas del tiempo mesiánico”. Irrealizadas; irredentas, digamos. Solo desde la herencia, puede construirse un futuro de justicia y de libertad. La rememoración, de este modo, está al servicio de la redención. Ello, se argumenta, “ .... nos convierte en herederos y nos plantea el problema de toda herencia: qué hacer con aquello que nos ha sido legado, cómo honrar lo que recibimos”.
Debe decirse: el texto de Diana Sperling está vinculado a la celebración (conmemoración), del seder de Pesaj. Si alguna fiesta o celebración judía presenta la vinculación con aquellos dos conceptos (herencia y redención) y entre estos dos conceptos es esta: Pesaj. Así, el texto nos dice que “Año a año, el seder de Pesaj nos da la respuesta: cada judío debe sentir como si él mismo hubiera salido de Egipto; es decir, no un mero espectador de aventuras ajenas o superadas, sino protagonista de una historia que se escribe cada día y que nos exige mantener viva la transmisión de sus motivos. El final de la historia, en efecto, no ha llegado. La injusticia y la opresión siguen hiriendo a millones, pero el pasado nos provee herramientas para actualizar la lucha que a todos nos convoca”. Es necesaria la liberación (no alcanzada), la justicia; y para ello necesitamos herramientas. Pues bien, en el “pasado” las encontraremos. Retomando a Walter Benjamin, continuamos: “La débil fuerza mesiánica que Benjamin encontraba en esos fragmentos del pasado late en cada noche de Pesaj, en el relato del éxodo, en la esperanza que las canciones expresan, en las cuatro copas, en la matzá que comemos. Cada uno de esos símbolos nos recuerda que la redención es un camino que nunca termina, que la salida de la esclavitud es un punto de partida y no de llegada ....”.
TORAH. SIEMPRE LA TORAH. ÉXODO
Como sobre tantos otros temas, en Éxodo se encuentra la raíz de los valores. Asentados y sustentados por acontecimientos. Aquel “gran acontecimiento” del judaismo, y de la historia de Israel como Pueblo, expresa lo que la redención significa, y la proyecta como visión del mundo, de la historia, de la nación, de las relaciones (sobre la base de la justicia) de los seres humanos.
Veamos lo que en el Libro se nos dice:
- Éxodo 2: 23-24: “23. Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. 24. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Yitzak y Yaacob”.
- Éxodo 6: 5-8: “5 . y ahora que he escuchado los gritos de dolor de los israelitas por el maltrato de los egipcios, me he acordado del compromiso que tengo con mi pueblo. 6-8. »Así que ve y diles a los israelitas que yo, su Dios, los voy a sacar de Egipto, y que los haré descansar de los trabajos tan pesados que ahora tienen que hacer. Los llevaré al país que prometí a Abraham, a Yitzak y a Yaacob, y que de ahora en adelante será de ustedes. Así sabrán que yo fui quien los libró de su esclavitud en Egipto, y serán mi pueblo y yo seré su Dios. Pero a los egipcios los castigaré con mi gran poder. Todo esto lo haré porque yo soy el Dios de ustedes”.
- Éxodo 12:24-28: “24. Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. 25. Y cuando entréis en la tierra que Yahvé os dará, como prometió, guardaréis este rito. 26. Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, 27. vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Yahvé, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró. 28. Y los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Yahvé había mandado a Moisés y a Aarón”.
- Éxodo12: 13-14: “13. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. 14. Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Yahvé durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis”.
- Éxodo 13:3: “Y Moisés dijo al pueblo: Acordaos de este día en que salisteis de Egipto, de la casa de esclavitud, pues el Señor os ha sacado de este lugar con mano poderosa. No comeréis en él nada leudado”.
- Éxodo 13:14-16: “14. El día de mañana, cuando sus hijos les pregunten: “¿Y esto qué significa?”, les dirán: “El Señor, desplegando su poder, nos sacó de Egipto, país donde fuimos esclavos. 15. Cuando el faraón se empeñó en no dejarnos ir, el Señor les quitó la vida a todos los primogénitos de Egipto, tanto de hombres como de animales. Por eso le ofrecemos al Señor en sacrificio el primer macho que nace, y rescatamos a nuestros primogénitos.” 16. Esto será para ustedes como una marca distintiva en la mano o en la frente, de que el Señor nos sacó de Egipto desplegando su poder”.
Anclado en la Torah, el término ha tenido un amplísimo recorrido histórico. Fuertemente vinculado a lo mesiánico, conecta con múltiples ideas (revelación, rescate, reparación, restauración, liberación, etc) y se despliega en múltiples direcciones. A veces desde lo laico. Siempre presente en lo “político”.
Además de constatar su presencia en la Torah y en otras fuentes tradicionales, los tiempos modernos han visto como un notable número de grandísimos pensadores judíos han reflexionado sobre el concepto y sus implicaciones. De entre ellos, destacaremos dos: Franz Rosenzweig y Walter Benjamin.
DESARROLLO.
1. Tradición
TEXTO BÍBLICO. GEULÁ, GO 'EL Y OTROS TÉRMINOS
El término go ´el (“redentor”) aparece hasta 44 veces en el texto.
Con él se alude, básicamente, a dos significados: uno de ellos hace referencia al responsable de la acción conforme a la Ley -deber, rol, función-; en otro caso se alude a un título que corresponde a Dios. Se dice de El Señor que es el “rescatador” en el jubileo, y también se muestra con claridad en el texto que su intervención liberadora se corresponde con lo que en términos legales es una “rescate”.
En el texto bíblico nos encontramos con más términos que son igualmente de interés a los efectos de nuestro tema:
-Pdúytm. Vendría a ser el “precio de la redención”. En Numeros 3:46-48 encontramos escrito: “46.Y como precio de rescate por los doscientos setenta y tres de los primogénitos de los hijos de Israel que exceden a los levitas, 47. tomarás cinco siclos por cada uno, por cabeza; los tomarás conforme al siclo del santuario, 48. y da el dinero, el rescate de los que hay en exceso entre ellos, a Aarón y a sus hijos.
-Pdút. Sería redención como “liberación” o “salvación”. Podemos remitirnos a diferentes textos: en Isaías 50:2 leemos: “¿Por qué cuando vine no había nadie, y cuando llamé no había quien respondiera? ¿Acaso es tan corta mi mano que no puede rescatar, o no tengo poder para librar? He aquí, con mi reprensión seco el mar, convierto los ríos en desierto; sus peces hieden por falta de agua, mueren de sed”. En Salmos 111:9 y 130:7, respectivamente, está escrito: “El ha enviado redención a su pueblo, ha ordenado su pacto para siempre; santo y temible es su nombre”; “Espere Israel a Yahvé, Porque en Yahvé hay misericordia, Y abundante redención con él”.
- Geulá, que sería “rescate” o “recuperación”. Es un acto jurídico, relacionado con las obligaciones, con la Ley. Veamos algunos textos: Levítico 25:26-27 se expresa en estos términos: “26. Y cuando el hombre no tuviere rescatador, y consiguiere lo suficiente para el rescate, 27. entonces contará los años desde que vendió, y pagará lo que quedare al varón a quien vendió, y volverá a su posesión”; en Ruth 4:-6-7 nos encontramos con el siguiente: “6. Y el pariente más cercano respondió: No puedo redimirla para mí mismo, no sea que perjudique mi heredad. Redímela para ti; usa tú mi derecho de redención, pues yo no puedo redimirla. 7. Y la costumbre en tiempos pasados en Israel tocante a la redención y el intercambio de tierras para confirmar cualquier asunto era ésta: uno se quitaba la sandalia y se la daba al otro; y esta era la manera de confirmar en Israel”; en Levítico 25 nos encontramos dos momentos en que se alude al término -, concretamente en “29”, en “31”, en “32” y en “48”: “El varón que vendiere casa de habitación en ciudad amurallada, tendrá facultad de redimirla hasta el término de un año desde la venta; un año será el término de poderse redimir”, “Mas las casas de las aldeas que no tienen muro alrededor serán estimadas como los terrenos del campo; podrán ser rescatadas, y saldrán en el jubileo”, “Pero en cuanto a las ciudades de los levitas, éstos podrán rescatar en cualquier tiempo las casas en las ciudades de su posesión”, “después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará”; finalmente en Ezequiel 11:15 se contiene una expresa obligación: “Hijo de hombre, tus hermanos, tus parientes, los hombres en el destierro contigo y toda la casa de Israel, todos ellos, son aquellos a quienes los habitantes de Jerusalém han dicho: Alejaos del Señor; a nosotros se nos ha dado esta tierra en posesión.”
Además de los sustantivos, dos verbos de la lengua hebrea expresan igualmente el concepto de “redención”; se trata de ga'al y de padah.
* Ga ´al (“redimir”) vendría a significar, de una parte, la acción (legalmente prevista) mediante la cual un pariente o persona que actúa en substitución, recupera bienes enajenados, libera prisioneros o toma la venganza por asesinatos y, de otra, alude al hecho de manifestarse por parte de Dios su condición de redentor, su facultad o capacidad de redimir, de rescatar, de ejercer de go´el.
* Padah también tiene el significado de "redimir". Pero de un lado alude a la idea de rescatar a cambio de un precio, como se manifiesta, por ejemplo, en Éxodo 13:13 y en Levítico 27:27: “Pero todo primer nacido de asno, lo redimirás con un cordero; mas si no lo redimes, quebrarás su cerviz; y todo primogénito de hombre de entre tus hijos, lo redimirás”; “Pero si está entre los animales inmundos, entonces lo redimirá conforme a tu valuación, y le añadirá una quinta parte al valor fijado; pero si no es redimido, será vendido conforme a tu valuación”. En otro sentido hace referencia, en primer lugar , a la liberación que Dios realiza en Egipto del pueblo israelita y, en una extensión más general, alude al acto de defender la libertad de alguien, proteger contra la esclavitud o el exilio, o la miseria, etc.
DOS CONCEPTOS RELEVANTES
Ketz.
“La palabra ketz es un término especial, muchas veces denota un acontecimiento histórico en un tiempo pre-destinado a través de algo que ha de suceder, y específicamente relacionado con la noción de redención”. Es lo que podemos leer en un texto de Rav Arie Natan en la web de “Judaismo hoy”, bajo el título “Arashat Miketz”.
Así, en Sanhedrín 97b, por parte de Rav se dice: “Todas las fechas de la redención (en hebreo "ketzim", plural de "ketz") ya han pasado, y ahora depende del arrepentimiento y de las buenas acciones”.
“Existen ciertos golpes en la historia, como llamados espirituales que representan una dimensión de realidad puntual, un devenir de acontecimientos que está llegando a su finalidad, esta es la definición de "ketz", el momento que una sucesión de hechos llega a su clímax”, prosigue, didácticamente, el autor. Después de ofrecer una serie de ejemplos, se centra en la Torá: “La Torá nos enseña la venida del Mesías, siendo la primera parte de este proceso que conocemos como "gueulá" la aparición del Mesías llamado "hijo de Yosef", quien preparará la venida de la etapa final – el Mesías, hijo de David. Esta primera etapa en la historia de la liberación de Israel marca el retorno a los principios de la Torá y simboliza el punto en que la humanidad escuchará, cada uno en su idioma, el mensaje de la fe en el Creador del mundo. Para que este misión se concrete, el líder que la efectuará se presentará como Yosef en Egipto, desde la esclavitud se levantará hasta llegar a conocer y comprender la naturaleza de los hombres”.
Tikkun.
Hablamos de “Justicia”. De la relación entre reparación y justicia. Siendo así, el concepto de Tzedaká, necesariamente, se nos presenta.
Maimónides, el sabio cordobés, estableció sus 8 niveles, siendo así que el nivel máximo de bondad que una persona puede ejercitar sobre otra es “hacerla útil”.
Es en esa línea que en Bava Metzia 38 se dice que “Uno prefiere una medida generada por sí mismo que nueve medidas de su amigo”. Y es que si la perfección reinase en el mundo, nada podríamos hacer por mejorarlo, no sería necesario enmendarlo, corregirlo. Sólo si el mundo es concebido como “incompleto” nuestras acciones de perfeccionamiento, de llenar lagunas, cobran sentido. El término que definiría, así la relación del hombre con Dios, por lo que respecta a la Creación, a la actuación sobre ella o en su seno, es “socios”.
El rabino Eliezer Shemtov, en un artículo titulado “Tikum Olam” (dentro del epígrafe general “Conceptos y preceptos del judaísmo”) apela a la narración de la Creación del mundo, concretamente al texto de Génesis 2:30: “Y D-os bendijo el séptimo día y lo consagró porque en él descansó de todo Su trabajo que D-os creó para hacer”. Nos habla del Shabat. El autor de este texto al que hacemos referencia explica estos términos, exponiendo su punto de vista y referenciándose en los sabios: “Nuestros sabios señalan la expresión que D-os creó para hacer, y explican que la connotación de la palabra laasot, (literalmente: para hacer) en este contexto es letaken, o sea “arreglar”. El versículo nos está diciendo que D-os creó al Universo para que nosotros, los seres humanos, lo arreglemos. De ahí la expresión Tikun Olam, la corrección - o arreglo - del mundo”.
Al aludir al término “corrección” se impone la pregunta de en qué podría consistir esta. El autor lo explicita así: “El mundo que D-os creó viene a ser la “materia prima” con la cual debemos trabajar para producir el “producto final”. El “producto final” es un mundo en el cual se percibe la presencia del Creador y se establece un vínculo con él por medio del cumplimiento de Sus órdenes. Es cuando el mundo está en esas condiciones que se puede considerar que ha llegado al “punto de caramelo”.
Y cita unas expresivas palabras de El Rebe, que alude a palabras que se contienen al respecto en Talmud Kidushin 40b, Maimónides Teshuvá, 3:1-4): “Uno debe siempre considerar al mundo entero, como también a sí mismo, equilibrado entre el bien y el mal. Con una sola buena acción, una sola buena palabra o un solo buen pensamiento puede cambiar su equilibrio, y consecuentemente el del mundo entero, y traer salvación al mundo.”
OTROS TEXTOS JUDÍOS. DE FUERA DEL TANAJ.
Con ello aludimos a textos contemporáneos (al menos, en parte) de aquellos incluidos en el Canon, pero que quedaron al margen de éste. Concretamente, escritos en un periodo que abarcaría entre el 200 a.e.c. y el 200 e.c.
También el historiador judío Flavio Josefo (37 d. C. - inicios del s. II), judío fariseo escribe la historia de su pueblo, debiéndose a él la autoría de cuatro importantes obras: su "Autobiografía", "Contra Apio", y dos obras por las que ha sido reconocido como uno de los grandes cronistas judíos de la historia: "Las Antigüedades judaicas" y "La guerra de los judíos" (escrita en su lengua materna, el arameo).
Es en “Las antigüedades judaicas” donde menciona el término redención.
El historiador viene a hacer una exposición histórica de personajes que allá por el Siglo I a.e.c. predicaban al pueblo con mensajes mesiánicos. Se trata de una exposición llena de anécdotas y curiosidades. En un completo trabajo de Lorena Miralles (Profesora en la española Universidad de Granada) bajo el título “La figura del Mesías según los historiadores judeo-helenísticos Filón de Alejandría y Flavio Josefo) podemos leer: “Aunque sus descripciones son incompletas, presentan datos suficientes para identificarlos por su nombre o por su origen”, nos dice. Para continuar: “No se puede deducir la verdadera actitud de Josefo en relación con estos «mesías», aunque no resulta difícil observar una cierta cautela tanto en el modo de presentarlos como en el de valorar el comportamiento de las gentes, dispuestas a seguir sin demasiadas pruebas a cualquiera en quien se supusieran características sobrenaturales ....”. Ejemplifica con el caso del personaje denominado Bagoas, bien expresivo: “Un ejemplo de ello es el de un eunuco llamado Bagoas al que se le predice una futura descendencia, una vez proclamado rey Peroras, el hermano de Herodes (AI XVII 44-45). El episodio de Bagoas tiene lugar después del relato de la secta de los fariseos y de su fuerte oposición al César, la cual les acarreó la multa pagada por la mujer del tal Peroras. Al ganarse ésta, así, el afecto de los fariseos, le llegan incluso a anunciar la subida al trono de su esposo, pues «Dios había determinado el final del gobierno de Herodes, tanto para él como para su estirpe, y el reinado pasaría a ella, a Peroras, y a sus hijos». Cuando Herodes se entera, manda ejecutar a todos los culpables de entre los fariseos y al tal Bagoas, al que «habían atraído por la idea de que sería llamado padre y benefactor del indicado como rey según la predicción y de que conforme estuviera todo en la mano [del rey], tendría lugar el matrimonio [de Bagoas] y la fuerza incluso para procrear hijos legítimos» ....”. Reflexiona el autor a continuación: “Si un individuo como Bagoas albergaba esperanzas mesiánicas motivadas por intereses farisaicos, cuántas más no iban a surgir entre el pueblo ante la presencia de quienes realizaban milagros o se auto-proclamaban profeta o rey”.
Otro personaje fundamental de esta literatura lo es el tambień judío Filón de Alejandría (20 a.e.c. - 50 e.c.).
Sólo en un caso se refiere a la descripción de un mesías. Como la obra de Josefo, refleja las circunstancias en las que transcurrió su vida. La suya se desarrolló entre la formación moral y religiosa de la comunidad judía y la filosofía griega. Frente a la prevalencia que en Josefo puede encontrarse en los hechos históricos, la perspectiva filoniana está dominada por la vertiente filosófico-religiosa.
En el trabajo al que se ha hecho referencia, de Lorena Miralles, la autora alude a la “Historia del Pueblo Judío” (1985) de Emil Schürer para mencionar dos pasajes de la obra de Filon titulada De Praemiis et Poenis. En la misma se realza la felicidad que en el futuro experimentará el pueblo judío cuando se efectivice la reunión o reagrupamiento de los dispersos, consecuencia de volverse hacia Dios y reasumir y reencontrase con la Ley. En ninguno de ellos, sin embargo, hay ya no referencia expresa, sino la mera intuición o previsión, de un “mesías” que vendrá. No será hombre alguno quien inagurará una época de redención; es Dios (directamente, sin intermediarios ni presencia humana alguna) quien alienta la esperanza en la “nueva época”. “Filón enumera muchas de las características del mesías que la tradición venía observando en el Apocalipsis de Daniel”, nos dice Lorena Miralles. A saber, entre otras: la aparición de un hombre en un contexto bélico, la idea de retribución de los justos, la ruina de los malvados. Pero Filón no atribuía a esa figura un status especial, un rol protagonista. Y continuamos leyendo en el texto: “El interés del pasaje radica no tanto en la figura del ungido, cuanto en la doctrina filosófica de la soberanía de los justos y virtuosos, esto es, en el gobierno perfecto de los santos de Dios que someterán al pueblo con el respeto, la severidad y la benevolencia”.
EGIPTO. AQUÍ (ENTONCES) COMIENZA LA HISTORIA DE LA REDENCIÓN.
Ezequiel 20 nos narra una situación muy complicada. Rashi, en su comentario a la Torá (Shmot 12:6) alude a un midrash conforme al cual el Pueblo israelita se halla poseido por la idolatría, sus acciones no lo hacían merecedor de la salvación. En Shmot 3:11 leemos como ni siquiera Moisés acreditaba en la redención el pueblo, que no expresaba virtud moral. ¿Es posible la redención en este paisaje humano y social? Moisés no acababa de verlo, pero la geulá se abrió paso.
En Shmot 10:22, Rashi nos dice que no todo el pueblo judío salió de Egipto. Solamente lo hizo una quinta parte, en tanto los restantes judíos perecieron a causa de sus pecados en la plaga de la oscuridad. Nos habla de una “vanguardia”,
En el midrash Tanjuma (Beshalaj 1) se dice que se salvaron sólo uno de 5000 y en el Talmud Babilonio Tratado Sanhedrín 111(1) que la proporción fue ínfima.
Si bien en la novena plaga muchos judíos perecerían, en el curso de las ocho primeras, la redención avanzó para todos a pesar del bajo nivel espiritual, continuando después hasta la liberación final.
Pesaj.-
En la noche del Seder de Pesaj, ante las preguntas de los niños o la sorpresa de quien pueda asistir como espectador, el mensaje que debe predominar es el de que se está haciendo aquello porque Dios lo hizo por cada judío y por el Pueblo de Israel cuando este fue liberado de la opresión en Egipto. Es la historia de “cada” judío, no la de “un” pueblo de la antigüedad. Si se contempla desde un “exterior”, todo es desposeido de sentido -en primer lugar los alimentos utilizados-; nos hallaríamos ante un ritual carente de sentido.
El seder expresa la salvación, la redención, como es vista desde el judaismo. La historia comienza enormemente mal -situación de esclavitud, gentes entregadas a la idolatría- para acabar con un acto hermoso, maravilloso, liberador, emancipador: el Pueblo ha sido redimido de sus penas en Egipto. Y haciéndolo, se expresa y reafirma como “Pueblo”.
En el texto bíblico, como muy bien expresa Diego Edelberg en “La Redención Final, desde la Creación hasta el Fin de los Tiempos”, la redención “No es una historia, sino una noticia”. No es simplemente un evento del pasado, sino del presente. Esto es: “Debemos sentir que estamos siendo liberados ahora mismo” y “No solo nuestros antepasados fueron salvados sino que ¡en cada generación somos salvados nuevamente!”. Argumento, se dice, que es extremadamente poderoso, dado que “ .... el Éxodo no solamente sucedió sino que esta sucediendo en este instante”.
Dios, siempre, presente en la historia. Así, “ .... si Dios Redimió en el pasado nuestra tradición afirma que eso demuestra el potencial de una nueva redención en el futuro ....”.
Está más extendido, el Séder de Pesaj, que cualquier otro ritual judío. Se celebra un acto liberador .... pero también el nacimiento de un Pueblo. Este pueblo “nace liberándose”.
Con el Séder no solo se recuerda: también se agradece. “Por más increíble que parezca, los judíos de Egipto fueron comandados a celebrar el Séder la noche previa a que salieran en libertad. Aún no eran libres. Pero de todas formas comieron matzá y hierbas amargas y cumplieron con los rituales requeridos. Claramente no estaban celebrando un evento histórico, sino que estaban demostrando su fe en la inevitabilidad de una promesa divina que esperaban con ansias”. Es lo que podemos leer en “Pesaj y el destino judío” (Rav Benjamin Blech). Para a continuación hacer una afirmación muy relevante: “El Séder de Pesaj comenzó con un énfasis en el destino, no en la historia”. Y es que “El primer Séder no ocurrió después del Éxodo, sino antes de él. No fue un Séder de gratitud por el pasado, sino de esperanza por la redención que vendría”.
Por eso se transmite como un río que inexorablemente fluye de generación en generación, implicando a todos, comprometiéndolos, vinculándolos, haciéndolos sentirse interpelados.
Redención. Una palabra que marca a fuego lo que Pesaj es. Y mesianismo, sin duda. “La historia de nuestra redención de Egipto no es sino una precuela de la redención mesiánica final”, se dice en el mismo texto. Es por ello que “ .... pedimos a nuestros hijos —quienes de seguro serán los beneficiarios de esta promesa divina— que abran la puerta a Eliahu en cada Séder para dar la bienvenida al profeta cuya misión asignada es anunciar la llegada del Mesías”.
Si el progreso humano puede llevar siglos, la matzá demuestra que el Dios todopoderoso libera casi sin que nos demos cuenta. Y el texto acaba así, aludiendo a este abrir y cerrar de ojos, a la velocidad de la liberación tras el dolor y las dificultades: “Los profetas hace mucho tiempo nos enseñaron que la redención final será precedida por lo que llamaron “los dolores del parto”. Tal como el preludio al glorioso momento del nacimiento es el dolor de la madre durante el trabajo de parto, asimismo la época mesiánica, la secuela de la historia de Pesaj, estará precedida por un doloroso y difícil período para el pueblo judío. Luego de un aparente Tishá BeAv, la redención final va a irrumpir, rápidamente y en un abrir y cerrar de ojos, tal como ocurrió para los judíos en Egipto como vemos en la historia bíblica.
Nisan. El tiempo de la redención.
“¡Nisán! El nombre mismo sugiere una sensación de frescura y renovación. Desde el principio mismo de la historia judía, Nisán ha sido sinónimo de un anhelo de redención y de esperanza.
El Talmud nos dice que Abraham observaba la festividad de Pesaj. Obviamente esto no era para conmemorar el Éxodo, el cual ocurrió unos cuantos siglos después. El Maharal explica que la temporada de Nisán 'le habló a él'. Cuanta más evidencia física del amor y la creatividad de Dios veía Abraham, más humilde se sentía. Entonces, durante la temporada de Pesaj, Abraham eligió eliminar todo lo ‘inflado’ que había en su vida – que es un símil del excesivamente inflado ego.
Esto incluyó toda la comida leudada. Así, Abraham se aferró a su reconocimiento de qué significa realmente renovación y de dónde proviene”.
Lo transcrito pertenece al trabajo “Nisán: El florecimiento de la redención”, a cargo de Rebetzin Tzipora Heer, publicado en la web “Aishalatino.com”.
Llama la atención la referencia a Abraham en el Talmud, su observación cuando el Éxodo aun no se había producido. Se habla, entonces, de valores. De valores centrales, consustanciales al judaismo como forma de vida, a su percibir el mundo y estar en él.
JUECES. LECTURAS
Algunos fragmentos del Libro de los Jueces, resultan particularmente relevante a estos efectos, por tratarse de un momento en que Israel está bajo mínimos. Citaremos, a modo de ejemplo, algunos:
-En Jueces 3:10 leemos: “Y vino sobre él el Espíritu del Señor, y juzgó a Israel. Cuando salió a la guerra, el Señor entregó en su mano a Cusán-risataim, rey de Mesopotamia, y su poder prevaleció sobre Cusán-risataim”. Israel es juzgado por las más altas instancias. En Rashi Jueces 3:10 leemos que “ Así dijo Otniel: sean justos o pecadores debo salvarlos”.
-Jueces 6:13 nos dice lo siguiente: “Entonces Gedeón le respondió: Ah señor mío, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha ocurrido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas que nuestros padres nos han contado, diciendo: “¿No nos hizo el Señor subir de Egipto?” Pero ahora el Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado en mano de los madianitas”. El comentarista Malbim explica en Jueces 6:36 que la razón por la cual Guidón pidió una señal del cielo fue que él no creía posible que sobrevenga la salvación en una situación espiritual mala.
PROFETAS.
“Y vendrá un Redentor a Sión y a los que en Yaacob se aparten de la transgresión-declara el Señor”. Es el texto de Isaías 59:20. En el mismo está presente la idea de redención. Como lo está en muchos otros de Isaías. Concretamente, el capítulo 56 es bien expresivo de ello. Leamos los 7 primeros versículos: “1.Así dijo Yahvé: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse. 2. Bienaventurado el hombre que hace esto, y el hijo de hombre que lo abraza; que guarda el día de reposo para no profanarlo, y que guarda su mano de hacer todo mal. 3. Y el extranjero que sigue a Yahvé no hable diciendo: Me apartará totalmente Yahvé de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. 4. Porque así dijo Yahvé: A los eunucos que guarden mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, 5. yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá. 6. Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Yahvé para servirle, y que amen el nombre de Yahvé para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, 7. yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos”.
De una redención de penas, en definitiva, viene a hablársenos, no de la espera mesiánica. El premio es ahora “solo” la vuelta a la Tierra. La nación ha pecado, pero se habrá redimido atendiendo al llamamiento, que los profetas hacen, de volver al recto camino.
Isaías:
El personaje histórico es perfectamente situable. Ciro, el persa, en campaña de expansión militar, llega a Babilonia, acabando con este imperio, que había tomado Jerusalém, arrasando la Ciudad (586 a.e.c., aproximadamente), deportando a gran parte de su población, particularmente a las elites -culturales, políticas, económicas- jerusolimitanas.
El destierro a Babilonia, el exilio, aquella Diáspora, se constituyó en la mentalidad del judío en prototipo de humillación en toda la historia. Desvinculando al Pueblo de la Tierra (que representaba la expresión de la fidelidad de Dios a lo que había prometido), la “Nación” se derrumbaba, pendía la amenaza de disolverse. El templo también había desaparecido. Caía también la monarquía. En fin, las grandes instituciones que expresaban institucionalmente-socialmente la judeidad. Sin esperanzas, entre el pueblo cundía la sensación de que Dios los había abandonado. Había dejado a Israel a la intemperie. Otros dioses parecían presentarse como más fuertes que Él, más capaces de incidir en los acontecimientos e imponer su voluntad.
Sufrimiento y carencias marcan o definen la situación. Pero la palabra de más contenido que la señala es “opresión” y “negación”. Es en ese contexto que el mensaje de los profetas alcanza toda su dignidad y estatura, que “toca” a los judíos.
Entre los profetas, y con la “redención” como tema a desarrollar, justamente Isaías es la gran voz profética, el referente necesario.
Los capítulos 40 a 55 del Libro que lleva el nombre del Profeta expresan como “Geulá” es el término a través del cual el mensaje encuentra algo así como su punto programático central. En 40:2-3 está escrito: “2. Hablad al corazón de Jerusalém; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Yahvé por todos sus pecados. 3. Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Yahvé; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios”. Con Jerusalém como espacio al que el corazón del pueblo -y la palabra del profeta- se dirige, los términos son claros: “su tiempo es ya cumplido”, y ello es así porque “... su pecado es perdonado”. La redención implica (es condición necesaria para ello) un “cumplimiento”.
Vuelta a Yaveh, esa es la premisa, “conversión” para el “restablecimiento”. “Rescate” de Dios de la intemperie bajo la que el pueblo se halla. Siempre con la idea de una “justicia original”, un “lugar al que volver” (no sólo físico). Hallamos aquí el esqueleto de lo que sea “Geulá”, de lo que la “redención” pueda significar e implicar.
No es asunto menor la idea de “vuelta”, “regreso”, al pasado, a lo original. El capítulo 49 de Isaías, en su versículo 6, nos remite al pasado: “ 6. dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Yaacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra”. Y es esta “vuelta” lo que nos impulsa para recordarnos la eternidad del poder de Dios y de su relación con Israel, es ello lo que nos empuja al futuro, como en el versículo 7 se establece: “Así ha dicho Yahvé, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Yahvé; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió”. Vuelta al pasado para propulsarse hacia el futuro, pero para que este “restaure”; como en Isaías 49:8 se dice: “Así dijo Yahvé: En tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades”.
Pero
la redención, en Isaías, implica más cosas. O hay más ideas en su discurso. La
idea de justicia social, indudablemente. Una justicia querida por Dios, que
mueve a Éste a actuar, a intervenir. Referencia necesaria al “orden social”,
pues, a las estructuras sobre las que la sociedad se sostiene. Una ética de las
relaciones entre los hombres, ligado a ello, está también más que presente.
Isaías 58:6-10 nos dice que “6. El ayuno que he escogido, ¿no es más bien
romper las cadenas de injusticia
y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda
atadura? 7. ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con
el hambriento
y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a
tus semejantes? 8. Si así procedes, tu luz despuntará
como la aurora, y al instante llegará tu santidad; tu justicia te abrirá el
camino, y la gloria del Señor te seguirá. 9. Llamarás,
y el Señor responderá; pedirás ayuda, y él dirá: “¡Aquí estoy!”.Si desechas el
yugo de opresión, el dedo acusador y la lengua maliciosa,
10. si te dedicas a ayudar a los hambrientos y a
saciar la necesidad del desvalido, entonces brillará tu luz en las tinieblas, y
como el mediodía será tu noche”. La lucha contra la injusticia y la redención
se unen indisolublemente. La primera parece condición necesaria para la
segunda.
Justicia, pues, y condena de la opresión. Tomando partido por los desheredados, por los oprimidos, contra la iniquidad y la arrogancia. 47:6-7 expresa esta idea: “6 Estaba enojado contra mi pueblo, profané mi heredad y en tu mano los entregué; no les mostraste compasión, sobre el anciano hiciste muy pesado tu yugo, 7. y dijiste: Seré soberana para siempre. No consideraste esto en tu corazón, ni te acordaste de su resultado”.
¿Quién es el Go 'el?, ¿quién es el redentor?
Ya ha sido dicho, en realidad. Es el llamado “Santo de Israel”. No podría ser de otra manera: es Yahvé. Veamos algunos pasajes del Libro del profeta: en 41:14 está escrito: “No temas, gusano de Yaacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Yahvé; el Santo de Israel es tu Redentor”; en 43: 1 podemos leer: “Ahora, así dice Yahvé, Creador tuyo, oh Yaacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”; en 43:3: “Porque yo Yahvé, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti”; en 43:14-15: “14. Así dice Yahvé, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vosotros envié á Babilonia, e hice descender fugitivos todos ellos, y clamor de Caldeos en las naves. 15. Yo Yahvé, Santo vuestro, Criador de Israel, vuestro Rey”; en 47:4: “Nuestro Redentor, Señor de los ejércitos es su nombre, el Santo de Israel.”; en 48:17: “Así ha dicho Yahvé, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Yahvé Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir”; 49:7 nos dice lo siguiente: “Así dice el Señor, el Redentor de Israel, el Santo suyo, al despreciado, al aborrecido de la nación, al siervo de gobernantes: Lo verán reyes y se levantarán, príncipes, y se postrarán, a causa del Señor que es fiel, del Santo de Israel que te ha escogido; finalmente el texto de 54:5 dice: “Porque tu marido es tu Hacedor; Señor de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado”.
El Redentor es designado bajo diferentes denominaciones: “Dios de Israel” , “Creador”, “Hacedor”, “Formador”, “Salvador”, “Rey de Israel”, etc. En 49:26 se nos habla de “Fuerte de Yaacob”. Siempre: Yahvé. El Señor de los ejércitos.
El Dios que la Ley consagra y que consagra la Ley, que la sanciona. El que liberó al Pueblo de la opresión en Egipto. Fuente de todo, es el primero y el último, como en Isaías 48:12 se establece: “Escúchame, Yaacob, Israel a quien llamé: Yo soy, yo soy el primero y también soy el último”. Siempre el consolador de Israel: “Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?”
Juez, siempre, en algún momento “Dios de la cólera”, es aquel Todopoderoso que ahora se presenta como Redentor. Procede que así sea. Y los profetas -Isaías, en este plano, en primer lugar- dan voz a aquella necesidad.
El Redentor ofrece esperanza, libera (rescata) a los exiliados y restaura Jerusalém, el estandarte de Israel:
-Consolador, suministrador de esperanza, ampara a su “siervo” Israel, como brillantemente en Isaías 41:8-16 se nos narra: “8. Mas tú, Israel, siervo mío eres, tú, Yaacob, á quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo. 9 Porque te tomé de los extremos de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú, te escogí, y no te deseché. 10. No temas, que yo soy contigo; no desmayes, que yo soy tu Dios que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. 11. He aquí que todos los que se airan contra ti, serán avergonzados y confundidos: serán como nada y perecerán, los que contienden contigo. 12. Los buscarás, y no los hallarás, los que tienen contienda contigo, serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen guerra. 13. Porque yo Yahvé soy tu Dios, que te coge de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé. 14. No temas, gusano de Yaacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo te socorrí, dice Yahvé, y tu Redentor el Santo de Israel. 15. He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes: trillarás montes y los molerás, y collados tornarás en tamo. 16. Los aventarás, y los llevará el viento, y esparcirálos el torbellino. Tú empero te regocijarás en Yahvé, te gloriarás en el Santo de Israel”. O como podemos leer en 44:2 del mismo Libro: “Así dice Yahvé, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, siervo mío Yaacob, y tú, Jesurún, a quien yo escogí”.
-Rescatador, abre las puertas de la prisión. “Así dice Yahvé, Redentor vuestro, el Santo de Israel: Por vosotros envié á Babilonia, e hice descender fugitivos todos ellos, y clamor de Caldeos en las naves” (43:14). En tanto en 51:14, el narrador escribe: “El preso agobiado será liberado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan”. Defensor del Pueblo de Israel, el rescatador se enfrentará a cuantos pretendan humillarlo, sojuzgarlo, negarlo, como se nos dice en 49:25: “Pero así dice Yahvé: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos”.
-Restaurador, Yahvé hará que Jerusalém
se levante de entre sus ruinas, y que otras ciudades israelitas sean
reconstruidas. También que su Templo vuelva a ser levantado, como en 44:24-28
se dispone: “Así dice el Señor, tu Redentor,
quien te formó en el seno materno: “24. Yo soy el Señor, que ha hecho todas
las cosas, yo solo desplegué los cielos y expandí la tierra. ¿Quién estaba
conmigo? 25. Yo frustro las señales de los
falsos profetas y ridiculizo a los adivinos; yo hago retroceder a los sabios y
convierto su sabiduría en necedad. 26. Yo
confirmo la palabra de mis siervos y cumplo el consejo de mis mensajeros. Yo
digo que Jerusalém será habitada, que los pueblos de Judá serán reconstruidos;
y sus ruinas las restauraré. 27. Yo mando que
se seque lo profundo del mar,
y ordeno que se sequen sus corrientes. 28. Yo
afirmo que Ciro es mi pastor,
y dará cumplimiento a mis deseos; dispondrá que Jerusalém sea reconstruida,
y que se repongan los cimientos del templo”.
Jerusalém volverá a ser ella misma, volverá a tener el nombre que Yahvé le había asignado. Un nuevo juramento del Todopoderoso la alcanzará, como en 54:6-9 está escrito: “6 Porque como a mujer abandonada y afligida de espíritu, te ha llamado el Señor, y como a esposa de la juventud que es repudiada dice tu Dios. 7. Por un breve momento te abandoné, pero con gran compasión te recogeré. 8. En un acceso de ira escondí mi rostro de ti por un momento, pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dice el Señor tu Redentor. 9. Porque esto es para mí como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé nunca más inundarían la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reprenderé. 10. Porque los montes serán quitados y las colinas temblarán, pero mi misericordia no se apartará de ti, y el pacto de mi paz no será quebrantado dice el Señor, que tiene compasión de ti”.
Con la idea de “perdón” presidiendo el escenario, los pecados e infidelidades se difuminan, pierden consistencia ante al amor del Redentor. Palabras de amor. Y de reconciliación. Eso sí: entre partes no iguales. 44:22 se expresa así, haciendo un llamamiento a Israel: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”.
RESCATE.
Ya hemos visto, en la Introducción, diversas acepciones del término “redención”. Cualquiera de ellas nos reconduce a la idea de liberación. “Redención” también es pago, implicando una suerte de precio a pagar para liberarse. Comúnmente hablamos de redención de penas, por ejemplo. Entendido como perdón de las deudas, pero siempre con la idea de “compensación” presente.
En el texto bíblico, la redención vista como “rescate” es parte de la actuación de Yahvé para “liberar”. Más de un pasaje nos habla de esta “redención/rescate”:
- Deuteronomio 7:8-9 nos dice: “ .... sino porque Yahvé os amó y quiso guardar el juramento que hizo a vuestros padres; por eso os ha sacado Yahvé con mano poderosa, y os ha rescatado de la servidumbre, de manos del faraón, rey de Egipto. 9. Conoce, pues, que Yahvé, tu Dios, es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta por mil generaciones”.
- La cautividad de Babilonia está presente en Isaías de un modo absoluto, fundamental. También aquí la idea de redención está profundamente presente. Ligada al regreso de los cautivos:
*En 35:10: “Volverán los rescatados del Señor, entrarán en Sión con gritos de júbilo, con alegría eterna sobre sus cabezas. Gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y el gemido”.
*En 43:1: “Ahora, así dice Yahvé, Creador tuyo, oh Yaacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú”.
*En 44:22-23: “22. Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí. 23. Cantad loores, oh cielos, porque Yahvé lo hizo; gritad con júbilo, profundidades de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está; porque Yahvé redimió a Yaacob, y en Israel será glorificado”.
- Como lo está (la cautividad en Babilonia) en muchos otros escritos de la literatura profética. Como es el caso de Jeremías, que en 23: 7-8 nos dice: “7. Por eso —afirma el Señor — vienen días en que ya no se dirá: Por la vida del Señor, que hizo salir a los israelitas de la tierra de Egipto, 8. sino: Por la vida del Señor, que hizo salir a los descendientes de la familia de Israel, y los hizo llegar del país del norte, y de todos los países adonde los había expulsado. Y habitarán en su propia tierra”.
El tema de la redención y del perdón de las deudas -contraidas por ofensas- nos remite al año de remisión -shabático- (cada 7 años) y de Iovel como institución (49-50 años). La Ley exigía (exige) el perdón gratuito de las deudas, consiguiendo cada israelita la libertad y el derecho a poseer su propia heredad, como así se estipula en Deuteronomio 15 y en Levítico 25. En Deuteronomio 15: 1-2 podemos leer: “1. Cada siete años harás remisión. 2. Y esta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo préstamos de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Yahvé”. Levítico 25 habla de la redención (si se quiere también de la redención para la Tierra, a través del descanso de ésta) y de la justicia social (o, al menos, del respeto de todo ser humano con independencia de su condición); leamos los primeros 6 versículos: “ Yahvé habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: 2. Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Yahvé. 3. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. 4. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Yahvé; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. 5. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la tierra. 6. Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva, a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo”.
ESPERANDO AL MESÍAS. PREPARÁNDOSE PARA SU LLEGADA.
Parshat Masei nos habla de los 42 viajes del pueblo israelita, desde su salida de Egipto hasta acercarse a la entrada en aquella Tierra Prometida. La toma del margen Este del Jordán por parte de las tribus de Rubén, Gad y la mitad de Menashé, fue un esbozo de inicio del acceso a la Tierra de Israel.
En el mismo texto se nos cuenta la época de acceso al margen Oeste del río, lo que es (por decirlo así) en sentido estricto la Tierra de Israel. Bamidvar 33:48 lo expresa de este modo: “Y acamparon en las llanuras de Moav sobre el Jordán (que linda con la ciudad de Jericó). Era el arribo del pueblo judío frente a Jericó, el cerrojo de la Tierra de Israel”.
Sucesos que trascienden las generaciones, indudablemente. Desde el jasidismo se dirá que, aun siendo verdad que el Éxodo implicó un único viaje, sin embargo la Torá nos habla, en plural, de “los viajes de los hijos de Israel que salieron de Egipto”. Y es que la liberación de Egipto es un proceso, un reto que debe vivirse en cada generación. Hasta ser acreedores -merecedores- de salir de cada Egipto que nos vayamos encontrando en el camino. Así llegará el momento, el objeto de la espera, la redención que seña la llegada del Mashíaj.
“La enseñanza de ello es que los judíos deben aspirar siempre a estar en una posición para recibir al Mashíaj. Especialmente en nuestra época, al encontrarnos en los últimos días del exilio diaspórico, debemos estar todos prestos a ingresar de inmediato a la redención mesiánica. El preparativo consiste en que cada judío ante todo se libere a sí mismo, a través de incrementar en todos los aspectos de la Torá y sus preceptos, con lo cual se alcanza la “liberación personal”. Y esta es también la preparación para la redención general, la redención de todo Israel, en todos los confines de la Tierra”. El texto transcrito nos habla, también, de la redención personal. Procede de “Estar listos para la Redención del Mashiaj”, texto publicado en la web de “chabad.org”. Pero debe decirse: esta enseñanza como “personas” nos habla, en primer lugar de un Pueblo, de la Nación que marcará el destino de cada “individuo”.
DOS CONCEPTOS CLAVE: EXILIO. REVELACIÓN.
Exilio.
La redención va vinculada (a la historia nos remitimos) al exilio. Redimirse del exilio, para merecer regresar, es una de la vertientes de la redención. Pero es que, además, el exilio -situación extrema- enseña a cualquier ser humano el valor de la vida digna, del disfrute de la creación. ¿Cómo podríamos imaginarnos un mundo en el que no deseáramos “redimirnos”? ¿Un mundo, una existencia en el que no deseáramos la “Tierra Prometida”? Y la Tierra Prometida, ¿no es también el “Tiempo Prometido”? Nuestra Patria es la tierra, pero también el Tiempo. Cualquier Tiempo, si la Redención es para nosotros una meta, un “espacio” al que aspirar. Convertir la historia en geografía, el espacio en que reencontrarnos como humanidad. Humanidad, decimos, pero la creación cultural que “lo” judío representa toca a muchos. A través de la Torah, de Maimónides, de Benjamin, ....
Exilio. Expulsado de la Tierra, de “su” Tierra, uno puede (o podría) dejar de ser un “extranjero”, pero ¿podría dejar de ser un exiliado? Y un exiliado es siempre un campo de batalla. El exilio no es una situación, es un contexto.
Pero regresemos a la Torah. La redención adquiere pulso, como concepto, tras dos exilios. Ha habido muchos (no se puede olvidar Sefarad, por ejemplo, y la literatura que generó aquel exilio, la creatividad a la que va asociado), pero “los” dos exilios del Pueblo Judío -aparecer sobre el texto bíblico necesariamente comporta un rango- aluden a Egipto y Babilonia. Dos realidades geográficas y dos momentos históricos contrastables. Pero para lo que aquí nos interesa es que son “conceptos”. Cuando hablamos de “Egipto”, cuando hablamos de “Babilonia” .... estamos hablando de egiptos y de babilonias en términos de redención. De opresión, de lucha, de liberación. De exilio: ese paisaje que nos hace percibir lo que es “redención”.
Revelación.
Shema Israel. Si hay un texto judío que exprese lo que el judaismo pueda representar en muy pocas palabras, cómo es reconocible para el mundo, es éste. ¿Qué hallamos en él? La respuesta es importante, si partimos de la base de que nada se deja a la improvisación, nada es casual. La declaración por antonomasia de los judíos como Pueblo contiene una bendición. ¿De qué nos habla esta bendición?, ¿Qué nos sugiere?. ¿A qué alude? Habla de Dios, claro, del Creador. Y, ¿cómo se nos presenta Dios? Pues como Creador, como revelador (de la Torah) y como Redentor (Salvador). Dios se relaciona con el individuo a través de estos tres roles, funciones o figuras. Y tres fiestas nos hablan de estas tres perspectivas: Rosh Hashana (Creación), Pesaj (Redención) y Shavuot (Revelación).
La Redención viene de la mano de la Revelación. En el tiempo que media entre la Creación y la Redención, se da un proceso en el que la humanidad es ayudada por el Creador para alcanzar (percibir, primero) un mundo de justicia. Ha habido un acto de Revelación, premisa necesaria para la Redención. Schamom Ben Chorin nos dirá: “Entre creación y redención sólo conocemos un corte: la revelación de la voluntad de Dios”. Solo hay, pues, un corte judío en la historia de este mundo irredento: la revelación sinaítica de la Torah, por medio de Moisés, al pueblo de Israel.
2. Releyendo y repensando la tradición desde nuestra (casi) contemporaneidad.
TRES PENSADORES JUDÍOS DE NUESTRO TIEMPO. EN TORNO AL EJE JUDAISMO/CRISTIANISMO.
A) Martin Buber.-
Nacido en Viena el 8 de febrero de 1878 y fallecido el 13 de junio de 1965 en Jerusalém, este filosófo y escritor ha pasado a la historia como abanderado del diálogo, libertario humanista, existencialista, sionista cultural y militante de la idea de “una tierra para dos pueblos” (explorando siempre el diálogo árabe-judío).
En el debate en el que participó el 14 de enero de 1933 en la Jüdisches Lehrhau de Stuttgart teniendo como contraparte al exégeta del Nuevo Testamento Karl-Ludwig Schmidt, Martin Buber fundamentó su opinión contraria al carácter mesiánico de Jesús de Nazareth en unas coordenadas que bien podrían encontrarse en la tradición judía, representando la visión tradicional sobre el tema. Se expresa en estos términos: “La Iglesia está en la creencia de que la llegada de Cristo supuso la redención de la humanidad. Nosotros, Israel, no podemos creerlo”. Es una cuestión de honestidad (“ ... no podemos creerlo”), no de querer llevarle la contraria a nadie. Nada contra Jesús, pues. Imposibilidad de acreditar ante lo que el cristianismo presenta. “A un nivel más profundo, más auténtico, sabemos que la historia mundial no se ha agotado, que el mundo no está aún redimido. Sentimos el irredentismo del mundo. La Iglesia podrá o tendrá que interpretar este sentir nuestro como la conciencia de nuestro irredentismo; pero nosotros lo entendemos de otro modo. La redención del mundo, para nosotros, va unida indisolublemente al perfeccionamiento de la creación, a la instauración de la unidad realizada sin traba alguna, sin contradicciones, en toda la complejidad del mundo; va unida a la consumación del reino de Dios. Nosotros no logramos percibir un anticipo de la redención efectiva del mundo por mucho que se nos anuncie en nuestras horas mortales la redención activa y pasiva. No percibimos ningún corte en la historia. No conocemos en ella ningún punto medio, sino tan sólo una meta, la meta del Dios que no se detiene en su camino”.
Palabras clásicas. Repetidas. Pero siempre razonables y argumentadas desde la sencillez y la veracidad Concretamente aparecen en Der Jude und sein Judentum, (Koln 1963, p.562).
Es oportuno traer a colación un debate con interlocutores cristianos. Pues el Mesías -desde el cristianismo y para el cristianismo- ha llegado. Es el cristianismo quien debe dar explicaciones. ¿El mundo ha sido redimido? ¿Ha sido liberado? ¿Se ha consumado un ideal de justicia que pueda señalarnos un fin? ¿El comienzo de una nueva era? ¿Lo pensaría acaso, así, Jesús?
B) Schalom Ben-Chorin.-
Nacido bajo el nombre Fritz Rosenthal en 1906, esta voz contemporánea (falleció en 1999), alemán-israelí, considerado como un de los mejores escritores de pensamiento judío en lengua alemana, funda la primera sinagoga reformada de Israel allá por el año 1985. Estas palabras suyas son más que sugerentes (y pertinentes en relación con el tema que abordamos): “El judío conoce profundamente este irredentismo del mundo y no ve ningún enclave de redención en medio de este irredentismo. La concepción del alma redimida en medio de un mundo irredento le es ajena, muy ajena, inaccesible desde el abismo de su existencia. En esto consiste el núcleo del rechazo de Jesús por Israel, y no en una concepción del mesianismo meramente externa, nacional. Redención significa, en perspectiva judía, redención de todo mal. Mal de cuerpo y de alma, mal de la creación y de la cultura. Cuando nosotros decimos redención, nos referimos a la redención integral. Entre creación y redención sólo conocemos un corte: la revelación de la voluntad de Dios” (Die Antwort des lona, Hamburgo 1956, p.99, con referencia a su escrito Die Christusfrage an die luden, Jerusalern 1941, p.25).
Sostiene el autor, pues que únicamente un acontecimiento “corta” la historia desde una perspectiva judaica, y tal no es otro que la experiencia sinaítica. En definitiva: la revelación de la Torah al pueblo de Israel por boca de Moisés. Redención de todo mal, pues. Completa, definitiva.
C) Gershom Scholem.-
Nacido en Berlín el 5 de diciembre de 1897 y fallecido el 21 de febrero de 1982 en Jerusalém, destacó como filólogo e historiador, pero particularmente como máximo exponente de nuestros días en relación al conocimiento de la mística judía, concretamente de la Kabalah.
Los argumentos de los dos autores que hemos visto con anterioridad se repiten, se reiteran: “Hay un concepto divergente de redención que determina la actitud mesiánica en el judaísmo y en el cristianismo... El judaísmo ha mantenido siempre, en todas sus formas y figuras, un concepto de redención que presentaba a ésta como un evento que se realiza públicamente, en el teatro de la historia y en el elemento de la comunidad; que se realiza, en suma, en la esfera de lo visible; y no es pensable sin esa presencia de lo visible. El cristianismo, en cambio, concibe la redención como un proceso que acontece en el ámbito espiritual e invisible, que se realiza en el alma, en el mundo de cada individuo, y produce una transformación misteriosa no comparable a nada del mundo exterior .... La reinterpretación de las promesas proféticas de la Biblia en el ámbito de la interioridad ... ha sido siempre para los pensadores religiosos del judaísmo una anticipación ilegítima de algo que, en el mejor de los casos, podía ser la cara interna de un proceso que se realiza en el exterior, pero nunca sin este proceso mismo» (Zur Verständnis der messianischen Idee. Judaica I, Frankfurt 1963, 7-8).
El texto es bien expresivo de las diferencias entre judaismo y cristianismo en este ámbito. Pero no sólo. En él se aborda también el núcleo de diferenciación entre ambos, de relación con la historia, de espiritualidad y relación con la materia. Un texto paradigmático, pues.
ROSENZWEIG.
“Franz Rosenzweig fue uno de los primeros filósofos que investigó más a fondo y directamente las posibilidades de un sistema de pensamiento que estuviera en buena medida impregnado -fundamentado- por la experiencia cultural judía”. Es lo que nos dice Javier Toscano (profesor de la Universidad parisina de La Sorbonne) en un trabajo titulado “Rosenzweig: la temporalidad de la redención como principio teológico-político”. El autor, en las primeras líneas del texto, hace un breve repaso de la concepción de la temporalidad en la tradición judía y, lo que es más importante- pues marca una especificidad-, “ .... lo que implicó su irrupción en el mundo antiguo”.
Apelando, en el epígrafe I del texto, (“La experiencia del tiempo del judaismo en el mundo antiguo”) a la figura de Mircea Eliade, indica como este recalca la importancia de la irrupción de la religión revelada, monoteista en el mundo antiguo. Así, frente a la dominación de una visión del tiempo que lo concibe como cíclico o periódico, el judaismo presenta la novedad de que ciertos sucesos se presentan de forma única e irrepetible. El Dios único, Yahvé, aparecía así en cada acontecimiento histórico imponiendo su voluntad. Si en otros pueblos, las divinidades creaban gestos arquetípicos y vivían en su mundo, de modo que el hombre era un mero “accesorio”, el Dios de Israel interviene en la historia y las figuras históricas -y esto es no menos importante-, no aparecen como héroes de la mitología, sino como “individuos que alguna vez existieron, dudaron, sufrieron ....”. Existe un verdadero sentimiento de flujo del devenir histórico y de los acontecimientos que en él tiene lugar. El autor anuda a ello alguna relevante conclusión: “Puede decirse así que los judíos fueron los primeros en descubrir la significación de la historia (el pasado) como epifanía de Dios: incidencia de la divinidad en el tiempo del mundo”. Para concluir: “Esto es, pues, lo que implica el sentido profundo y ortodoxo de la revelación”.
Los profetas señalan particularmente la relación con el tiempo; en su dicurso el “tiempo” es fundamental. Pero no sólo ellos. El mesianismo establece la relación con el futuro: supone el anuncio de la regeneración que reintegra la pureza y la integridad original al mundo. Y aquí se nos presenta el concepto de redención: “La redención promete revertir el sufrimiento, terminar con la catástrofe que es la continuidad histórica ...”. Otra cara de la moneda (y aquí el autor apela a Y.H. Yerushalmi): se anudan los conceptos de “destrucción” y “redención”: “.... el día en que el Templo fue destruido, nació el mesías”, sentenciaría aquel autor.
Frente a la “repetición” en identidad típicamente griega, en la visión hebraica se elabora una concepción de “repetición en diferencia”. Se hace referencia al ejemplo de Abraham: formalmente, el sacrificio que Abraham se dispone a ejecutar, repite el sacrificio del primogénito que era usual en el mundo oriental antiguo. Ello era así porque se consideraba que “el primer hijo pertenecía a Dios”. Nos dice el autor: “En un cierto sentido, Yitzak era también hijo de Dios porque había sido ofrecido a Abraham y a Sarah cuando esta ya había pasado hace mucho la edad fértil. Pero Yitzak había sido producto de la fe, era hijo de la promesa y de la fe. Su sacrificio por parte de Abraham, aunque se asemeja a los sacrificios de los primogénitos del mundo paleosemita, se diferencia radicalmente por su contenido. Y por tanto, cuando la divinidad exige el sacrificio a Abraham, lo que en otras culturas hubiera sido habitual, se convierte aquí en un acto de fe. Abraham no comprende la razón del sacrificio, y, sin embargo, lo cumple, porque es Yahvé quién lo ha ordenado. Pero a partir de este acto, aparentemente absurdo, Abraham funda la experiencia religiosa judía de la fe. En ella, el acto de fe es un instante de afirmación del individuo frente a una fuerza que lo trasciende, para constatar un evento en el curso de la historia en el que Dios se revela. O para decirlo de otra manera, en el acto de fe, el individuo consigue por un instante un quiebre en el orden de la temporalidad cronológica en el que se inserta la eternidad (entendida esta de manera amplia como lo otro del tiempo), a la vez que le sirve a Dios como vehículo para que se revele en la sucesión del tiempo terrenal ....
...... En ese sentido, el acto de fe, tan breve y fugaz como pueda ser, es ya en sí mismo un momento constitutivo de comunidad. Y en esa afirmación de un individuo que accede a lo acrónico, al ámbito de la otredad del tiempo, el instante oportuno –el momento del kairós griego– se eleva a un estatuto religioso y fundacional que no había alcanzado anteriormente bajo ninguna otra cultura”.
Si hay una obra en nuestra contemporaneidad que desde el judaismo aborda el tema de la redención -ya desde su mismo título- con especial énfasis, la misma debe considerarse la célebre “Estrella de la Redención”, de la autoría de Franz Rosenzweig.
Comenzaremos con una brevísima referencia biográfica del autor. Franz Rosenzweig nace en Kassel (Alemania) el 25 de diciembre de 1886, falleciendo en la también alemana ciudad de Francfurt el 10 de diciembre de 1929. Filósofo y teológo, su influencia trascendió el ámbito judío, mereciéndose el título de unos de los grandes pensadores de la Alemania del Siglo XX.
Con una considerable influencia en pensadores de la talla de Emmanuel Lévinas o Walter Benjamin, entre otros, es famosa la traducción de la Torah del hebreo al alemán en la que colaboró con otro personaje que es referencia básica del judaismo contemporáneo: Martin Buber.
Criado en el ambiente de una familia judía asimilada, por deseo de su padre estudiaría medicina a partir de 1905 en ciudades alemanas como Goettingen, Friburgo y Munich. Acabando sus estudios en 1907, sus intereses se decantaron por la filosofía y la historia de la ciencia, realizando estudios sobre dichas materias en Berlín y Friburgo. Con una tesis sobre Hegel y el Estado conseguiría el Doctorado siendo 1912.
Su existencia se vería muy afectada, de una parte, por la 1ª Guerra Mundial, y de otra por su acercamiento al judaismo como preocupación. En relación al acontecimiento bélico, éste lo llevaría a desprenderse de todo idealismo y alejarse del pensamiento hegeliano.
En 1913 redescubre, fascinado, el judaismo. Para él se convertiría en una opción de vida. Todo sucedió de un modo inesperado, en realidad paradójico: en un momento en que precisamente estaba meditando en convertirse al cristianismo, visita causalmente, mientras se celebra la festividad de Iom Kipur, una sinagoga berlinesa. La curiosidad le empujaba a querer conocer las tradiciones de las que provenía. Una decisión casual que marcaría para siempre sus días: lo que había visto lo había animado a entregar su vida al estudio del judaismo. Y a su enseñanza. Así, se asentaría en Berlín, donde recibiría las enseñanzas de un referente del judaismo liberal: el filósofo Hermann Cohen.
Siendo principios del año 1922, sufriría una esclerosis. La misma paralizaría progresivamente su cuerpo, limitando con el tiempo su capacidad para hablar y para escribir. La tenacidad de su compromiso lo llevaría a continuar su trabajo usando una máquina de escribir especial.
Son célebres las cartas que intercambió con sus amigos, con aquellos que compartían sus preocupaciones y pasiones intelectuales. Tal es el caso de Martin Buber, Ferdinand Ebner o Viktor von Weizsaecker; en sus últimos tiempos, con Eberhard Grisebach y Gabriel Marcel.
La obra por la que se hizo célebre, centrada en los asuntos que incumben al presente trabajo, fue “La Estrella de la Redención”. Publicada en el año 1921, en ella el autor aborda la idea de “Totalidad”, que es siempre cuestionada por tres elementos decisivos, conectados, adquiriendo sentido cada uno de ellos en relación a los otros: la trascendencia de Dios, la unicidad de cada ser humano y la realidad del mundo.
Si la creación une el mundo con Dios, lo que permite que la persona sea orientada por la Palabra de Dios es la “revelación”. La “redención” tendrá como objetvo la salvación, por medio del amor, del mundo.
La creación une el mundo a Dios, la revelación permite que el ser humano sea orientado por la palabra divina y la redención le da como tarea la salvación del mundo, esencialmente por medio del amor.
Antes de explicitar, muy resumidamente, lo que consideramos más relevante de esta obra, entendemos procedente una breve reflexión sobre la específica diferencia judaismo-cristianismo según nuestro autor. Para ello, nos basaremos en el ya citado trabajo de la autoría del Profesor Javier Cercas: “Rosenzweig: la temporalidad de la redención como principio teológico-político”. En el mismo podemos leer: “Por su parte, el individuo formado en la fe judía solo puede configurarse como tal en una "vida" en la que se percibe a sí mismo como parte de una comunidad que se inscribe en la continuidad de las generaciones. El judío nace; el cristiano se hace. Desde este punto de vista, el judío se sumerge en una suspensión del tiempo que identifica como un sentimiento de "eternidad", pues se retira de la historia de las naciones, de su cultura y de sus guerras, para dar testimonio de su inamovible sujeción a las enseñanzas de la Torah. El cristiano, por su parte, busca vencer el tiempo histórico trabajando en su seno, con el fin de elevarse por encima del mismo y de conferir al conjunto del mundo la confesión cristiana. En este sentido, la experiencia judía de la anticipación de la redención es la de una eternidad ya vivida colectivamente en el tiempo periódico de un año litúrgico que no está apegado a los ritmos de la historia: el Mesías no ha llegado aún, pero anticipando su llegada en cualquier momento, la comunidad se alista ya a recibirlo, está volcada siempre ya hacia Dios. Por el contrario, el cristianismo se toma en serio la historia cronológica del mundo –es lo que aprendió a hacer a partir del legado profético del judaísmo– por lo que su experiencia de eternidad ha de ser coextensiva a la sucesión cronológica, en vez de aparecer encerrada en ella misma: de la Encarnación del verbo a la llegada del Juicio Final, el cristiano atraviesa el mundo fundando culturas y Estados, transformando culturas paganas en sociedades cristianas”.
Y, centrándonos en el concepto de “Redención”: “Pero quizá la divergencia más importante que encontramos entre ambos caminos sea en torno a la noción de redención. De acuerdo con Rosenzweig, no existe en el cristianismo una celebración de la redención en sentido estricto. Para esa fe, la redención ya tuvo lugar con la aparición de Cristo en la Tierra –el redentor– al menos en el momento de su crucifixión, y quizá más precisamente, desde su nacimiento mismo. Por tanto, en la conciencia cristiana, todo se congrega alrededor del principio y para el principio, y la distinción entre revelación y redención se oscurece. Mientras que en el judaísmo las ideas de creación y revelación se conjuntan con la de redención solo al final de los tiempos, en el cristianismo la redención es prácticamente parte del momento inicial, un fragmento de la creación que en un momento determinado se revela”.
La redención, consecución de la eternidad, no es para Rosenzweig un movimiento hacia un ámbito situado fuera del mundo, al margen del tiempo; es ocupar el tiempo en modo que vaya más allá de un primario existir. Como apunta Javier Cercas “La redención es un mañana "que puede ser hoy, lo que quiere decir entonces que, aunque en efecto hay una orientación al futuro, la redención es un fenómeno que tiene un efecto sobre el presente” Y es que Rosenzweig “.... quiere explicar cómo podría ser que la vida pudiera hacerse de una posición en la eternidad incluso aunque permanezca totalmente finita". La vida, aunque implícita al mundo, sólo puede alcanzar la eternidad relacionándose con Dios. Es este vínculo lo que el acto de Redención contiene.
Hay una relación hombre-mundo a través del nombre. “Nombrando las cosas, el hombre no redime solamente al mundo, sino que conforma una comunidad con él, en la que ambos se pueden redimir”, nos dice Javier Cercas leyendo a Rosenzweig.
Además, la redención individual sólo es factible si la persona se reconoce en “otros”, en “el otro”.
Por otra parte, la redención de un individuo solo puede llevarse a cabo bajo la condición de que este se reconozca en otros. En “La Estrella de la redención”, el autor nos dirá: "¿Pues qué es la redención sino que el Yo aprende a decirle Tú al Él?". Hacer comunidad con otros en el lenguaje sería, así, preparar el terreno para la redención. “Un coro”; esa es la figura emergente, tal como nos explica el profesor Cercas la visión rosenzweigana. Rosenzweig nos dirá: “ ..... la gramática emerge, no como una narrativa que busca proceder del narrador a la cosa, ni como un diálogo que oscila entre dos, sino como un canto que crece en cada estrofa, como un canto originario que es siempre el canto de muchos. El individuo no canta". La comunidad no es un encuentro de individuos, sino una nueva realidad, otra unidad; así: “Este nosotros siempre significa todos nosotros, o al menos todos los que nos reunimos aquí. El nosotros no es plural. El plural se origina en la tercera persona del singular. Nosotros es la totalidad que se desarrolla a partir de la dualidad. Solo puede reducirse, no expandirse, mientras que la singularidad del Yo y del Tú solo pueden expandirse". Únicamente en comunidad el hombre alcanza la eternidad, “.... El Yo no puede concebirse a sí mismo como muerto. Su miedo de la muerte es el horror de convertirse en la única cosa que sus ojos pueden ver en los muertos otros: un Él muerto, un Eso muerto". Es en la comunidad, sólo en la comunidad, donde se salva al ser humano de ser un “cadáver”. A través de la comunidad, el hombe puede no-morir; y así: “El nosotros es eterno; la muerte se sumerge en la nada frente a este grito triunfante de la eternidad. La vida se vuelve inmortal en la alabanza eterna de la redención".
“La propuesta de Rosenzweig de fundar la clave de la redención en el amor al prójimo desplaza el principio político hacia un eje horizontal que crea un conjunto de relaciones sociales diferentes y obligaciones no recíprocas entre individuos equidistantes”, nos dice Javier Cercas. Para más adelante aclarar que “ ..... mientras que la política teológica del soberano busca siempre un grado mayor de totalización a través de la interiorización progresiva de la noción de amigo y la exteriorización del enemigo, mediada por la figura liminal del soberano mismo, la política teológica del prójimo desfasa la totalidad soberana, la erosiona, al ubicar una figura que cae fuera de la división dualista amigo-enemigo. Si la política teológica del soberano se opera a través de la territorialización y el sacrificio, la política teológica del prójimo opera a través de la detención y la sustracción. Es decir, en ella se halla una comunidad de prójimos que permanece abierta, no totalizable ...... mientras que en la política teológica del soberano es este quien decide sobre el estado de excepción, en la política teológica del prójimo esa excepción consagra la apertura permanente en la que una comunidad se mantiene frente a la posibilidad (o no) de que un otro radical se muestre como el Mesías ....”. Tenía que aparecer el mesianismo como concepto, el “mesías” como figura, inevitablemente. Un “mesías” que irrumpe desde lo inesperado, sorprendiendo. En todo caso, solo posibilidad, campo abierto.
A diferencia de Benjamin, para quien el principio político del mesianismo tiene implicaciones sobre todo en una dislocación temporal que se lleva a cabo sobre la historia, en Rosenzweig es el principio de la “espera” (mesiánica) lo que tiene profundas implicaciones políticas, “ .... no solo sobre el tiempo, sino también sobre una dimensión socio-espacial y comunitaria”, como paunta Javier Cercas.
El “Reino” del que Rosenzweig nos habla es el espacio social del Reino en que se encarna el mandamiento del amor al prójimo. Pero no se trata de una cuestión de moralidad, ni de legalidad. Tampoco de racionalidad: para Rosenzweig, al constituirse por la máxima mesiánica de amar al prójimo como si fuera el Mesías, la temporalidad en que nos situamos es diferente: no es la ley la que prevalece (con su vigencia temporal), sino el “mandamiento” que hace entrar en el presente a la “eternidad”. "La ley cuenta con los tiempos, con un futuro, con la duración. El mandamiento conoce solo el instante .... Y así pues, el mandamiento es puramente el presente .....".
“De esta manera, porque no es una indicación moral universal ni un orden para la búsqueda de un fin práctico, y porque debe estar completamente perdido en el instante mismo, el amor del prójimo no es una esperanza por la redención, sino su instanciación misma”, aclara Javier Cercas en su lectura de Rosenzweig, para proseguir: “ ..... la temporalidad de la redención es el "aún no" que siempre está cercano, y que irrumpe en cada instante la continuidad cronológica; la espacialidad de esta misma redención es la de la proximidad del prójimo que rompe la división entre lo cercano (mi familia, mis amigos, mi pueblo) y lo lejano (los extraños, los enemigos). No se trata pues de un "prójimo" determinado, de un otro bien definido, sino de la apertura hacia esa indeterminación, que sin embargo tiene consecuencias concretas. La más importante de ellas es que la redención misma, siendo un trabajo entre el hombre y el mundo, se lleva a cabo sin que Dios se involucre en ello, en efecto, como una sustracción de la divinidad en esta escena de política teológica”.
BENJAMIN.
Objetar una felicidad que se consume en el presente, “que no concurre a la cita con el pasado”. La memoria del pasado, en cada uno de los momentos vividos, será tiempo reconquistado de una humanidad liberada. El pasado duerme en el presente y, a veces, “resplandece como instante vivido de un sueño”. Encender en el pasado la chispa de una espera, la “memoria que abriga en momentos de peligro”. Benjamin se pone del lado de los derrotados, se pone en su piel, enfoca su punto de vista: “Desde el punto de vista de los derrotados, la regla es la excepción en la que vivimos. Benjamin no se pregunta cómo es posible la barbarie. No se asombra por los horrores de la experiencia social. No se sorprende ante el hecho de que las normas, leyes e instituciones de la civilización, no cuiden la vida de todos. Incluso interroga la legalidad de categorías que ordenan nuestra existencia cotidiana ....”. Citando literalmente a Benjamin, sobre El ángel de la historia: “Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán lo empuja irremediablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso”. Pensar la historia como construcción emancipadora; afirmar que la esperanza en el progreso es un dogma (la “nueva religión”), desde la premisa de un desarrollo prefigurado en un tiempo “homogéneo y vacío”; cuestionar la historia como suma de hechos que llena el tiempo; .... Todo esto representa (también) el judío berlinés Walter Benjamin. “ ¡Hacer saltar el continuum de la historia! El tedio de las víctimas dispara contra los relojes. Es tiempo de la acción. Las conciencias dolientes terminarán con el sufrimiento innecesario” . Necesidad, en fin, de redención.
La idea de redención está presente en todas las palabras, late en ellas. Son algunas de las sugerentes reflexiones de Marcelo Percia en “Notas sobre las Tesis de filosofía de la historia de Walter Benjamin”.
Gueulá, esta es la palabra con que el idioma hebreo designa la redención. El autor de aquella lectura de Benjamin nos explica la redención como indisolublemente unida al mesianismo (un tema muy benjaminiano): “Los profetas anuncian la inminencia de una era nueva. La humanidad vivirá a salvo del mal en todas sus formas. Advendrá un tiempo de bienestar. Una existencia pacífica, justa, feliz, envuelta en el conocimiento de Dios. Entonces, el lobo dormirá junto al cordero. Mientras tanto, los que sufren claman por la llegada de un redentor. La promesa es una luz espiritual. La esperanza un principio de fe. El Mashiaj traerá la gueulá. Cuidará de los enfermos, pobres, humillados de la tierra. Condenará a los tiranos. Con un movimiento de labios dará muerte a los malvados”.
“El pasado lleva consigo un secreto índice, por el cual es remitido a la redención”. Tal nos dice Benjamin. Aun se explaya más en su pensamiento: “Existe un secreto acuerdo entre las generaciones pasadas y la nuestra. Entonces hemos sido esperados en la tierra. Entonces nos ha sido dada, tal como a cada generación que nos precedió, una débil fuerza mesiánica, sobre la cual el pasado reclama derecho”. El concepto “débil fuerza mesiánica” acompaña al de “redención” para operar el entrecruzamiento (vinculación) de justicia, historia y política. Crítico despiadado tanto del historicismo como del positivismo, desde una matriz inequívocamente judaica, el berlinés considera una pretensión absurda que el historiador pretenda describir el pasado “tal como efectivamente ocurrió”. Pretender reflejar por medio de una relato “único” lo sucedido es una ocurrencia banal; es lo que viene a decírsenos en sus “Tesis de filosofía de la historia”.
Y es sobre este telón de fondo sobre el que aparece el concepto de “Redención: “ ... la redención entonces, al concebir un pretérito que no se ha cerrado todavía, parece dejarnos un presente y un futuro que se nos despliega en infinitas potencialidades”, escribe Mariela Zeitler Varela en “La justicia en clave benjaminiana: la redención”.
En el libro “Mesianismo, nihilismo y redención: de Abraham a Spinoza, de Marx a Benjamin” (Ricardo Forster, Diego Tatián), uno de los autores, el argentino Forster, subraya en la Introducción que tanto redención como mesianismo son dos términos de tradición fuertemente judía. “Dentro de la compleja concepción de la temporalidad judía, la redención, que es una promesa de futuro, está asignada en el origen, en la propia revelación”, encontramos escrito. Una “inversión del tiempo” que vuelve al pasado futuro -y al futuro pasado-, dejando para el “presente” la función de unir pasado y futuro. En el futuro, así, se ilumina hacia atrás lo originariamente revelado.
Crítico de la idea de “progreso”, el tiempo que desde esta idea se postula es homogéneo y vacuo, lineal. No se prevé la “interrupción”. “Este tiempo histórico criticado imposibilita entonces la idea de recurrir al pasado como motivador, la idea de saltar el continuum de la historia, la idea de abrir en el presente una fisura que permita un sinfín de nuevas posibilidades, todas ideas que creemos son estimuladas por Benjamin con su original noción de tiempo-ahora”, nos dice Mariela Zeitler en el trabajo citado. La Tesis XIV benjaminiana lo expresa así: “La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, sino aquel pletórico de tiempo-ahora.”
Pensar, pues, un tiempo discontinuo, no lineal, “un tiempo que en cada instante nos permita recurrir a un pasado no cerrado y a partir de ello, abrir el tiempo presente y por ende también futuro”. He ahí el reto benjaminiano, su sugerencia.
Este “tiempo-ahora” de Walter Benjamin nos lleva, inevitablemente, al concepto de “redención”; en este punto lo “revolucionario” y lo “mesiánico” expresan la misma matriz.
Débil fuerza mesiánica. Un término al que aludiamos, igual que redención, para reivindicar su importancia en la específica visión benjaminiana. Un concepto y otro tienen en el autor una marcadísima significación política. La idea de “justicia” está absolutamente presente. Y en este punto, es más que sugerente la discusión que Benjamin mantuvo con Max Horkheimer en relación con el tema de la posibilidad de reparación de las víctimas del pasado. En 1934, Horkheimer -que sería uno de los grandes exponentes de lo que se llamó la “Escuela de Frankfurt”- publica un artículo bajo el título “La metafísica del tiempo de Bergson”. Las palabras que en el mismo se contienen son elocuentes de su visión al respecto: “Ningún futuro puede reparar lo ocurrido a los seres humanos que cayeron. Jamás los convocarán para ser bienaventurados por toda la eternidad ....”. Una visión, parece, muy razonable, enormemente lúcida y sensata. Pero prosigamos: “En medio de esa inmensa indiferencia, sólo la conciencia humana puede convertirse en el sitio privilegiado donde la injusticia sufrida será abolida/superada, la única instancia que no se satisface con eso ....”. Sí parece haber posibilidad de satisfacción; muy matizada eso sí, una “consolación” intelectual parece ofrecerse: “ .... Ahora, cuando la fe en la eternidad debe descomponerse, la historiografía es el único tribunal de apelaciones que la humanidad presente, pasajera ella misma, puede ofrecer a las protestas procedentes del pasado”.
En realidad, de todos modos, es imposible reparar el daño causado en el pasado. La respuesta del berlinés es elocuente, alentadora, sagaz, sugestiva: “El correctivo que hay que aplicar a este tipo de razonamientos surge de la reflexión siguiente: la historia no es sólo una ciencia, sino también, y no menos, una forma de recordación. La recordación puede modificar lo que la ciencia da por definitivamente establecido. La recordación puede convertir lo no clausurado (la felicidad) en algo clausurado y lo clausurado (el sufrimiento) en algo no clausurado”.
Mariela Zeitler centra con precisión las implicaciones de la controversia: “Lo original de la redención benjaminiana reside justamente en ello: en pensar que ese pasado, que en términos estrictos está cerrado, puede seguir ..... inconcluso, provocando una apertura de la historia en el presente. El problema del cientificismo de Horkheimer parece ser la pérdida de esta perspectiva política que tiene el pasado inconcluso, es perder de vista que esas injusticias pretéritas no están cerradas, no porque los muertos no estén muertos, sino porque tienen la capacidad de despertar la acción política presente”.
“Esperanza” y “posibilidad” son dos términos que asoman desde la argumentación benjaminiana. Frente a ese pasado que no deja de interpelarnos, que ha dejado huellas que no podemos hacer como que no vemos, surge una esperanza. Y una posibilidad de elegir entre “opciones”, Y es que aquel pasado, ese pretérito, puede -en lugar de atarnos, de generar impotencia y frustración- justamente abrirnos puertas, presentarnos algo “distinto”, no previsto. La incertidumbre que se genera puede ser potencialmante transformadora, liberadora. “Puede”, debe recalcarse.
UTOPÍA Y REDENCIÓN. UNA LECTURA DE MICHAEL LOWY.
En sus ya citadas “Tesis”, Benjamin aborda sin ambajes la historia judía, su visión del tiempo, de la historia, del Mesías. Lo hace con claridad: “Sabido es que a los judíos les estaba prohibido escudriñar el futuro. La Torá y la oración les instruyen, por el contrario, en la recordación. Ésta desencantaba el futuro, al que sucumbían cuantos buscaban respuestas en los adivinos. Pero no por eso se convirtió el futuro para los judíos en un tiempo homogéneo y vacío, porque en ese futuro cada segundo era la pequeña puerta por la que podía entrar el Mesías.”
En “Redención y utopía”, Michael Lowy enlaza el mesianismo judío con la utopía libertaria. Y es que ¿Qué nexo podría relacionar a ambas realidades? El autor alude a varios, usando el término “afinidad electiva” para apreciar este vínculo:
- La crítica de la idea de “progreso”. La visión mesiánica judía de la redención es ajena a cualquier idea de gradualismo. La idea-base es la de “ruptura”. Si se quiere una “interrupción”. Sabido es que desde la visión anarquista se reniega de toda consideración de la “reforma” como avance en aras a la transformación revolucionaria del mundo.
- Ruptura íntegra con “este” mundo, que es sustituido por otro completamente nuevo. Se apela al término hebreo Et Ketz, poniéndolo en paralelo a la idea anarquista de destruir este mundo para crear otro nuevo.
- Abolición de las leyes y negación de toda forma de “poder”.
-El concepto de “restauración”. Vuelta al Edén, en el judaismo. Una suerte de restablecimiento de una “Edad de Oro”. Tikkun es el concepto que expresa la dualidad entre el deseo de restauración y la pulsión por generar algo absolutamente novedoso. Restauración del orden original, pero aspiración a superarlo. El movimiento en pos de la revolución social acogido bajo el rótulo “anarquismo” se pretende enraizar en un pasado visto como ideal, aunque su apelación sirva para superar la situación presente para alcanzar el “reino” de la libertad, la felicidad y la abundancia.
En un trabajo titulado “Redención y utopía”, se alude en estos términos, señalando el contexto, al escrito de M. Lowy: “Estas relaciones de afinidad entre mesianismo judío y socialismo libertario se articulan hasta llegar a fundirse en una figura única en un período y en un espacio muy concretos: el primer tercio del siglo XX en Europa Central. Son las circunstancias concretas de la Mitteleuropa de principios del siglo XX las que van a permitir, según Löwy, ese acercamiento entre ambas dimensiones y, en ciertos casos, una suerte de fusión: el desarrollo vertiginoso del capitalismo y la industria y, a la vez, fuertes resistencias al mismo; la influencia intelectual del romanticismo, con toda su carga anticapitalista, de nostalgia e idealización del pasado y de búsqueda de las raíces y la tradición; la posición marginal y central al mismo tiempo del judío en ese mundo, participando de ese desarrollo, pero, al mismo tiempo, siendo excluido de él; la agitación revolucionaria que recorría Europa en esos años. Todos estos factores políticos, sociales, económicos y culturales son los que han propiciado que “en el seno de una generación precisa de intelectuales judíos de Europa central, que la correspondencia entre el mesianismo judío y utopía libertaria deviene dinámica y se transforma en una relación de afinidad electiva”.
El autor de este texto se aventura en lo que podría significar -o como él interpreta- aquella afinidad electiva-: “Esta afinidad electiva entre mesianismo y utopía libertaria puede alcanzar un grado de fusión que dé lugar a una nueva forma, ésta es, según Löwy, la de una nueva concepción de la historia y de la temporalidad que se podría calificar de “mesianismo histórico” o “concepción romántico/mesiánica de la historia”, tal y como aparece en algunos de los autores citados, especialmente en Benjamin. Este mesianismo histórico se inscribiría en la tradición de los dochakei ha-ketz, los “aceleradores del fin”, aquellos que quieren forzar la llegada del Reino, es decir, precipitar el momento revolucionario, no esperar la evolución de los acontecimientos, no esperar la llegada de tiempos mejores, sino ir, decidida y enérgicamente, en busca de la utopía, de la revolución, destruir este ordenamiento del mundo hasta hacerlo añicos para que de las cenizas de lo viejo pueda surgir lo nuevo”.
Algunos matices, entendemos, habría que poner, aunque concomitancias (al menos similitudes) existan: no menor es la consideración de la Ley en el judaismo asociada a la liberación -perspectiva que desde el anarquismo es difícilmente encajable-, la visión anarquista de crítica a todo poder -o más bien quizá a toda estatalidad, o a toda autoridad-, no acaba de casar muy bien con el encaje de Dios en la historia del pueblo judío, la “restauración” que el anarquismo prevé no es sólida, a menos que se reconozca deudora del pensamiento liberador que desde el judaismo se propone, pues no es fácil (desde luego no para el anarquismo) decir de qué fuente se podría beber para ver en el pasado, en una Edad de oro pretérita, un “paraiso”.
REDENCIÓN Y SIONISMO.
Si bien es cierto que por milenios, segmentos significativos del Pueblo judío han permanecido en la expectativa de la geulá, ello no ha sido obstáculo para que en múltiples ocasiones este mismo pueblo se haya rebelado contra la autoridad política, contra el poder. Lucha siempre de autoafirmación y, en realidad, de justicia (social). La fiesta de Janukah, con la conmemoración de la batalla llevada a cabo por los macabeos, es expresiva, como pocos eventos, de tal afirmación.
Entre finales del XIX y comienzos del XX e.c., la irrupción del Sionismo como movimiento político inicia una línea de pensamiento y acción -que iría acumulando fuerzas entre cada vez más judíos de la Diáspora- que sitúa absolutamente en la inmanencia, en las manos del hombre -en su voluntad y acción- una suerte de tarea redentora.
Con los matices que implica la adhesión a una u otra forma de sionismo, inevitablemente, la puesta en marcha del proyecto implica, digamos objetivamente, un acto de subversión. De modificación del estado de cosas, de alteración del curso del acontecer histórico. De emancipación, indudablemente.
Movimiento nacionalista, moderno, ha sido el alimento ideológico de muchos israelíes, de aquellos que construyeron y edificaron el Estado de Israel por décadas. La figura del sabra, y antes del pionero que se desplaza a Eretz Israel, tiene mucho de redención; una suerte de redención personal por el trabajo y el emprendimiento; pero, en definitiva, por detrás está, inevitablemente, la “redención nacional”.
En un artículo titulado “Revolución y Redención: Rab Kook, Jabotinsky y los indignados. Mesianismo, Sionismo y Justicia Social”, publicado en el sitio web de “Diario Judío”, el Vicepresidente del Consejo Chileno Israelí, Andrés Meyer, señala que “El concepto religioso del Mesianismo y la idea política del Sionismo no encontraron desde un principio una afinidad que una ambas ideas, durante los primeros años del Sionismo las visiones tradicionalistas de un mesianismo más pasivo, esperando la redención mediante la oración y meditación, prevalecieron en cuanto a la separación de ambas tendencias”. Con esta realidad como punto de partida, las cosas irían cambiando; tal como indica el autor: “Sin embargo con el correr de los años, estudiosos de ambos lados encontraron un punto en común que le dio la partida a esta relación: resolver la cuestión judía. El problema del antisemitismo en Europa no distinguía entre judíos sionistas y judíos no-sionistas, no distinguía entre visiones filosóficas ni corrientes de pensamiento y en ese minuto la consolidación de un hogar judío en la Tierra de Israel pareció hacer el pegamento entre ambas corrientes”.
Y así, a comienzos del XX, voces procedentes de distintas tendencias y vinculadas a proyectos político-ideológicos muy divergentes, coinciden el concebir al Sionismo como una continuación natural de lo que históricamente había sido el mesianismo para el pueblo judío.
De la mano del rabino Abraham Kook toma forma el llamado “sionismo religioso”. A la par que desde lo “religioso” se actúa sobre lo “político”, un término asociado a la religión (redención) se encarna en la acción política. La redención es “redención nacional”. También “redención popular”.
Kook dirá, en un texto que lleva por título “Jazon Hageula”: “No cabe duda, este movimiento (Sionista) es el comienzo de la redención”. Si el rostro del sionismo puede cambiar con este tipo de adhesiones, no es menos cierto (como contraparte u otra cara de la moneda, si se quiere) que tal declaración suponía un discurso rompedor en el ámbito del judaismo tradicional. No parece casual, en todo caso, que precisamente él fue designado como primer “Gran Rabino de Israel”.
También Zeev Jabotinsky era una persona no formada con la religión como gran referente vital, pues recibió una educación catalogable como “liberal”. Primer gran líder (quizá) de la derecha israelí moderna -si el término es procedente-, el abanderado de lo que se conoció como revisionismo, acreditó en que la creación del Estado de Israel llevaría a la redención del pueblo judío.
Analizando aquellos momentos en que la creación del Estado estaba sobre la mesa, Andrés Meyer explica: “ .... Para la llegada del Mesías debemos defendernos, debemos organizarnos y ser libres de tomar nuestras propias decisiones.
Este modelo sirvió por más de 50 años dando forma a la figura de un Sabra fuerte y decidido, sin embargo, hace más de una década que en Israel la revolución volvió a las primeras planas. Era el momento de reformular la revolución Sionista y con ello la revolución Mesiánica”.
CONCLUSIONES
Primera.- El concepto. Debe decirse: la redención implica “juicio”. Y comporta “responsabilidad” (aquel concepto no desligable de “libertad”). Pero redención es, fundamentalmente, “justicia”. Decir “justicia social” es una suerte de pleonasmo. ¿Habría otra? ¿Concebiría otra el Creador?. ¿Pensaría en otra aquel pueblo que se funda sobre la liberación?
Justicia y liberación, pues. Y además: salvación, reconciliación -con lo colectivo, con la historia-, dirección (guía para el camino). Conclusión (finalización) del proceso que comienza con la Creación y tiene como paso (intermedio) imprescindible la Revelación.
Concepto fuerte del judaismo. Del modo de vivir, de existir -de esperar actuando- , que el judaismo representa.
Segunda.- Idea duradera, vigente. Presente en la Torah, encuentra su fundamento o raiz en Egipto, en la experiencia del Éxodo, en la vivencia sinaítica. La fiesta por antonomasia del judaismo, Pesaj, es reivindicación del concepto de redención. Exilio y liberación son ideas inseparables de redención. Rescate, acudir en ayuda por parte de quien puede, go´el, el Todopoderoso a quien la Creación se debe.
Concepto central (verdaderamente constitutivo, entre otros) del “ser” judío, de su modo de existir, en la literatura profética vemos nuevamente una fuerte, constante y tenaz presencia del concepto. Exilio, nuevamente, opresión y servidumbre. Y lucha contra ellas: liberación. Ya en “Jueces” -tiempo de ruina- aparecía la idea, pero el exilio es aquello que hace moverse aquel deseo, que lo hace explotar, expresarse. Hay conceptos que solo pueden expresarse explosivamente, intempestivamente, como como un rayo ... que conmueve y estremece, pero ilumina.
Presente en el Talmud, nunca olvidado, el pensamiento, el anhelo, el motivo de reflexión que la redención es, ha llegado a nuestros días. Tan necesitados de redención. A veces, justamente, porque la humanidad pierde su camino. O no sabe cual pueda ser éste. O verifique que es fácil perderse y difícil encontrarse.
Tercera. La Torah. Geulá y Go 'el son términos que aparecen en el texto bíblico, aunque no los únicos para aludir a la redención. Go 'el es el redentor. Es el Señor.
Creación, Revelación y Redención se hallan entrelazados. El Creador es el que revela y el que será redentor. Dios. Él se relaciona con el hombre por medio de estos tres roles. La Redención viene de la mano de la Revelación. En el tiempo que media entre la Creación y la Redención, se da un proceso en el que la humanidad es ayudada por el Creador para alcanzar un mundo de justicia. Ha habido un acto de Revelación, premisa necesaria para la Redención.
La idea de “redención” está más que presente en el Libro del Éxodo. Allí se practica un rescate, una liberación, se proclama lo que la redención significa. Como ningún otro acontecimiento, como ninguna otra fiesta, Pesaj es redención.
Ketz y Tikun son otros conceptos de fuerte significación, asociados al mismo tema. El anuncio del final de los tiempos, la acción para un mundo mejor. Cuando nos referimos a ellos estamos hablando, de un modo u otro, en un sentido u otro, de redención.
Cuarta. Mesianismo. Un concepto fuertemente ligado (si no, inseparable) a redención es “mesianismo”. Señalando un final, es el Mesías quien porta la redención. Además del texto bíblico, narradores judíos que dejaron constancia del momento histórico de su pueblo, vivido por ellos mismos, Filón de Alejandría y Flavio Josefo contaron como diversos personajes se pretendieron mesías, siendo creidos por algunos, de como quisieron presentarse como mensajeros de la redención.
Quinta. Jueces y Profetas. En un momento de ruina -material y espiritual- de Israel, el Libro llamado “Jueces” nos habla de la redención, pero será sobre todo la literatura profética -y aquí brilla con luz propia el nombre de Isaías- la que sitúe el tema como merecedor de grandes declaraciones vinculantes para Israel. Si hay alguna parte del texto bíblico en el que la redención alcanza una especial estatura como tema es la parte en que los grandes profetas expresan su pensamiento y guían la acción del Pueblo de Israel.
Sexta. El mensaje profético. Rescate, liberación. Buenas realidades. Pero solo consecuencias, resultados que hay que merecer. Hay premisas básicas: reflexividad y arrepentimiento. Sólo desde ahí es alcanzable la redención que es, en cualquier caso, una vuelta. No es solo que exista una suerte de Edad de Oro original en el judaismo, es que hay un modo de estar en el mundo que se presenta como guía: “también” a él hay que volver, retomando el camino.
Redención es vuelta del exilio. Y reconstrucción del templo. Y reconstrucción nacional. Y re-afirmación como Pueblo. Redenciones importantes. No la definitiva. Esa vendrá. Los profetas señalan el camino, pues logran sus objetivos, levantándose como la mayor experiencia didáctica de la historia de Israel.
Sobre la senda, siempre, de la justicia. La liberación (el rescate) no tiene cuerpo sin la justicia. Sin la justicia “social”: no podría ser de otro modo. Conceptos centrales del judaismo. Elemento sustancial de su ADN, de la Ley como la portadora, consagradora y fiel guardiana de una forma de vida.
Séptima. Permanencia. Presente en la Torah, también el el Talmud, el concepto de redención llega a nuestros días. Tomado del judaismo, se proyecta en reflexiones de pensadores que (también) operan desde la laicidad, desde al reflexión de los más inmedianto, inmanente, contingente y cotididiano. También, por supuesto desde las ciencias sociales, asumiendo claras connotaciones políticas.
Desde posiciones libertarias, por ejemplo, Michael Lowy reivindica la raiz judía del término y la asocia con lo libertario, en un contexto histórico y geográfico bastante concreto y específico, eso sí.
Pero serán Frans Rosenzweig y Walter Benjamin las figuras que brillen con una luz especial en la reivindicación del concepto y en poner sobre el tapete su actualidad, su vigencia, su fuerza liberadora.
Octava. Judaismo/cristianismo. El cristianismo, nacido en un contexto judío, se expandiría mucho más que éste, al practicar el proselitismo. Portó y llevó conceptos de matriz judía judíos a muchas masas no-judías. Pero dando a estos conceptos un significado distinto y expandiéndolo. En la modernidad, diversos pensadores judíos han contribuido a aclarar la diferenciación, subrayando la especificidad del conceto de redención en el marco judío. De entre ellos, mencionar a Martin Buber, Schalom Ben-Chorin y Gershom Scholem.
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-Diego Fernández H. (artículo en internet): Walter benjamin y el tiempo de la esperanza, http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei/fernandez43.pdf

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