¿Qué es Israel? (XVI): Fútbol
(1). Maccabi contra Hapoel: una rivalidad interminable.
Tomado de la web de MOSAICO (de la comunidad judía de Milano), en la que se publicó el 12-10-2011. Traducido por Administrador, el texto italiano puede verse aquí: http://www.mosaico-cem.it/attualita-e-news/israele/maccabi-contro-hapoel-una-sfida-interminabile
LUCIANO ASSIN.
Como en muchos otros campos de la vida israelí, también el deporte ha estado enormemente influenciado por las luchas políticas desarrolladas en el movimiento sionista en los años precedentes a la creación del Estado. Basta decir que aún hoy el deporte israelí está dividido en cuatro organizaciones polideportivas fruto de las luchas políticas e ideológicas de los años Veinte y Treinta del siglo XX.
Estamos hablando del Maccabi, tradicionalmente identificado con los estratos burgueses de la sociedad; del Hapoel (el trabajador). Creación del Sindicato (el “Histadrut”), y símbolo de la izquierda; del Beitar, la alternativa de los partidos de derecha; y del Elizur, representante de los movimientos religiosos, pero claramente con menor presencia sobr el territorio a nivel nacional. Con el paso del tiempo, las tensiones políticas se fueron rebajando, pero han permanecido los mismos símbolos: las camisetas del Hapoel son generalmente de color rojo y su escudo es el de un obrero estilizado rodeado por los clásicos símbolos de la hoz y el martillo.
Entre las cuatro organizaciones, el Maccabi y el Hapoel están considerablemente más presentes sobre el territorio que las otras y se ocupan de más variados deportes, a cualquier nivel. En muchos pueblos árabes y pequeñas ciudades en vías de crecimiento, son justamente el Maccabi y el Hapoel las únicas capaces de mantener estructuras deportivas funcionando y eficientes.
Es realmente difícil imaginar hasta qué punto las luchas políticas han influenciado enormemente el desarrollo del deporte israelí. El “Histadrut”, el omnipotente sindicato israelí, tenía como proyecto de base el de fundar estructuras sociales aptas para servir a la creación de un estado socialista, y no casualmente la primera tarea de la sociedad “Hapoel”, formada a mediados de los años veinte, era el de fomentar el deporte popular y no competitivo, el slogan de entonces era: “deporte para las masas y no para los campeones” (en hebreo suena mejor).
El Maccabi había tomado un camino más neutro y apolítico, buscando en la medida de lo posible encontrar compromisos. De las tensiones políticas de entonces ha quedado muy poco, principalmente la adhesión a los colores: rojo para el “Hapoel” y amarillo para el “Maccabi” (un romanista tendrá problemas de esquizofrenia para apoyar a una de la dos). La pasión por el fútbol, Israel la ha heredado del mandato británico, que gracias a las numerosas fuerzas militares deplegadas en la Palestina de entonces, había formado diversos equipos de fútbol y una de estas, la policía militar, detenta uno de los campeonatos anteriores a la creación del Estado de Israel.
Me imagino que el carácter levantino del País nos ha ahorrado deportes quizá más nobles, pero sin duda más aburridos, como el cricket, el polo, los bolos o los dardos. Para el registro: el Maccabi Tel Aviv detenta el mayor número de campeonatos ganados, 20, contra el Hapoel, que ha ganado solamente 13, pero es necesario no olvidar que por un largo periodo los “trabajadores” boicotearon el campeonato por juzgarlo demasiado burgués.
El público de los tifosi locales es decididamente más tranquilo que el de los colegas italianos y los incidentes ligados a episodios de violencia son de poca monta. El modelo a imitar es el del fútbol inglés, tanto por la competencia como por el espectáculo, con la esperanza de poder atraer al estadio a la familia media por entero.
Para concluir, una pequeña curiosidad: durante los años 70 milité en las filas del Maccabi Milano, bajo la dirección del mítico Jimmy Strong, z”l: siendo el gimnasio de la escuela hebrea inadaptado para albergar partidos oficiales, jugábamos nuestros partidos como locales en el gimnasio “Forza e coraggio”, que traducido al hebreo (“hazak ve ‘maz”), no es otra cosa que el lema del movimiento juvenil Hashomer Hatzair, parte de las fuerzas políticas de izquierda: señal de que la convivencia es posible, sobre todo en el deporte.
(2). Hapoel vs Beitar – Historias de Derby.
Publicado el 21-10-2018 en la web de JOIMAG. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.joimag.it/hapoel-vs-beitar-storie-di-derby/
En este vídeo de la web (facebook) “APUNTES DE RABONA” se habla del Hapoel, acompañando imágenes de la vida y actividades del club:
https://www.facebook.com/watch/?v=1766756773557583
ARTURO COHEN.
El fútbol, ya se sabe, es desde finales del Ottocento, una de las más potentes expresiones populares y gran fuente de agregación para las masas.
Para trazar una historia del futbol en Jerusalém es necesario remontarnos a bastante antes de la creación del Estado de Israel, cuando grupos de estudiantes y profesores árabes retornados de Siria y Líbano, junto a jóvenes judíos europeos desembarcados en Palestina, llevaron el nuevo deporte a la Ciudad Santa. Aun antes del Mandato británico, durante el final del Imperio Otomano. En el campo de Barrio Buchari en la Ciudad Vieja, se jugaban fascinantes torneos entre ingleses, árabes y judíos.
La división del fútbol israelí, desde siempre, tuvo connotaciones políticas bien definidas. Y es fácil encontrar las explicaciones de ello en la historia del fútbol jerusolimitano, con todos sus matices.
Hoz y martillo, el equipo del MAPAI.
Todo equipo de nombre Hapoel (el obrero), desde Tel Aviv a Haifa o Jerusalém, era el equipo del movimiento laborista MAPAI, perteneciente al sindicato nacional Histadrut y representante del sionismo socialista del movimiento de los kibbutzim. Una izquierda socialista que representó el movimiento sionista en el pre Estado de Israel y durante su creación, y que se convirtió en el movimiento mayoritario y de gobierno durante los primeros 30 años de Estado. En la Jerusalém de aquellos años, nace el Hapoel Jerusalem Football Club: camiseta rojinegra, hoz y martillo como símbolo. Era 1926 y la intelectualidad askenazita podía con orgullo exaltar en el deporte su propio modelo de sociedad, inclusiva y pluralista, que pretendía unir a árabes y judíos bajo el mismo escudo, la misma bandera. Pocos saben que el primer título ganado por un club judío fue la Ragheb Nashashibi Cup, en honor del homónimo alcalde de entonces, temporada 1929/30, ganada por el Hapoel Jerusalém en un mix de exponentes judíos, árabes palestinos y británicos. El Estado de Israel no existía, pero ya estaba desarrollándose mucho.
Fue precisamente el Hapoel, con su camiseta rojinegra, quien representó la élite del fútbol en jerusalém hasta los años `80, en el histórico estadio el el corazón del barrio Katamon, con futbolistas ya mitológicos, procedentes de ambos lados de la ciudad, como Eli Ben Rimoz (mejor goleador de la historia), Ali Otman, Salman Amar, Tzion Turgeman y muchos otros. El Hapoel contaba en sus filas con jugadores de cualquier procedencia, era apoyado económicamente por el MAPAI e Histadrut, y desde los años sesenta a los años ochenta era una verdadera potencia.
“Los derby, cuando los rivales del Beitar estaban en serie A, acababan frecuentemente con contundentes victorias que inexorablemente hacía que los niños de la ciudad se enamorasen de los colores rojinegros”.
Algunas figuras históricas de la ciudad eran incondicionales seguidores del Hapoel Jerusalém y, como escribe Haim Baram, escritores y figuras destacadas de la sociedad jerusolimitana, era un motivo de orgullo enorme ver las bufandas del equipo en cualquier clase de barrio, desde la burguesía askanazita hasta los barrios populares, pasando por el histórico Beiz Zafafa, pueblo palestino en la frontera entre Jerusalém Este y Oeste, donde había tantos tifosi del Hapoel y aun más los futbolistas destacados que procedían de allí (entre ellos, los ya citados Utman e Ammar ).
El Hapoel Jerusalém tenía como mayor motivo de orgullo el de representar plenamente los matices y los mil rostros de la sociedad, también por que, como títulos importante, únicamente ganó la Copa de Israel de 1973, liderado precisamente por muchos futbolistas palestinos.
La Menorah, el equipo de la derecha (y después del Estado).
El Hapoel era hijo del sindicato Histadrut, un movimiento socialista, si, pero identificado por las masas como askanazita, elitista, hipócrita e incoherente con los principios expresados por la sociedad del kibbutz.
Criticándolo de este modo estaban sobre todo los nuevos llegados al Estado de Israel, procedentes de los Países árabes de Medio oriente y del Magreb, árabes de origen, habitualmente integrados en verdaderas y auténticas ciudades de chabolas y por años expresión de la clase más pobre de la sociedad. Son los Mizrahim, tradicionalistas religiosos, aquellos a los que los vástagos del movimiento MAPAI y de los mejores kibbutzim, por tanto integrados en las unidades más valerosas del ejército y después en el mundo del trabajo con éxito, llamaban arsim (gamberros, patanes).
Y así, en la Jerusalém de los conflictos y de las divisiones, al equipo que debería ser el equipo de los sindicatos y socialistas, se contrapone el equipo de la clase olvidada, de los judíos de origen árabe y de todos los invisibles (por no decir aún más), el Beitar Jerusalem FC. Nace en el ámbito del movimiento del sionismo revisionista de Jabotinsky, tiene claras connotaciones de derecha, con un fuerte sentido de pertenecia judío y un gran deseo de ascenso social y, por qué no, deportivo. En el campo, camiseta amarilla y negra y una menorah como escudo.
Será 1977 el año de la Revolución, Mahapach en hebreo, cuando Menájem Beguín lleva por primera vez a la derecha israelí al gobierno, votado en masa por las clases más pobre y particularmente por los judíos árabes, que vivían en los barrios populares de Jerusalém como Mahane Yehuda y Musrara, en la ola de una campaña electoral clarísima: quitar el poder a la élite askenazita que había gobernado ininterrumpidamente por treinta años y dar voz a los marginados, a los pobres y a los mizrahim.
“En términos deportivos, la traducción es muy simple: romper el monopolio del Hapoel. Dicho y hecho. En poco menos de una década el Beitar se convierte en la potencia número uno no solo de la ciudad, sino del país en su conjunto y el YMCA, el histórico estadio situado frente al King David, era una verdadera fortaleza amarillo-negra, el estadio más temido de Israel, en el que los tifosi realizaban verdaderos y auténticos espectáculos corales de tifo y coreografía.
Mientras, el Hapoel iniciaba su recorrido de declive, entre retrocesos y problemas económicos, el Beitar gabana dos títulos de liga consecutivos en los primeros `90 y se creaba el título de Equipo del Estado (Beitar, Ha-kvuzà shel Ha-medina). Israel se orientaba hacia la derecha y así, el equipo más apoyado, haciendo oficial la prohibición de ser parte para los jugadores de fe musulmana, así como el avance de franjas del tifo extremistas que expresaban racismo y violencia en los partidos en casa.
Famoso es el caso, de hace unos años, cuando el entonces nuevo presidente del club fichó dos jugadores chechenos, musulmanes, para las filas del equipo. Duraron alguna semana, con un montón de amenazas e insultos, y volvieron rápidamente al lugar del que procedían.
Hapoel Katamon Jerusalem, el fútbol con fondo social.
El último verdadero derby de Jerusalém fue disputado en la temporada 99/00, la última temporada en la primera categoría para el Hapoel. Basta esto para comprender que los últimos veinte años han sido bastante turbulentos para los rojinegros en la ciudad.
El Hapoel Jerusalem histórico ya no existe, o casi, después de veinte años de retrocesos y problemas financieros causados por dos empresarios de poco éxito, Yossi Sassi y Viktor Yona. Así, la mayoría de los tifosi, en la 2007/08, decide tomar en sus manos la historia rojinegra de la ciudad y restituirle su dignidad. Nace así Hapoel Katamon Jerusalem FC (en honor del histórico estadio), la primera cooperativa deportiva en Israel, el primer club de fútbol en ser al cien por cien de la propiedad de sus tifosi.
El concepto, utópico para muchos cuando iniciaron las asambleas y las discusiones hace diez años, era el de restituir contenidos sociales al Hapoel, contra toda discriminación y en apoyo del más débil. Así como han nacido diversos proyectos sociales bajo el nombre del refundado equipo, que hoy cuenta con más de 1.000 chavales en sus escuelas de fútbol y seccciones juveniles, otros tantos miles se integran en un proyecto de apoyo social en las escuelas, la Hapoel Katamon Neighborhood League, en la que los más desfavorecidos, árabes y judíos, laicos y ortodoxos, juegan juntos bajo la bandera de un fútbol limpio y anti-racista, feliz y alegre, para hombres y mujeres. Si, porque el Katamon ha sido un pionero en Israel: ha creado el primer equipo de fútbol femenino de Jerusalém, y ofrece escuelas de fútbol a numerosísimas niñas de la zona. Desde el punto de vista competitivo, el sueño, naturalmente, era el de volver a la serie A. Así, el Katamon ha partido de la quinta división, entre beduinos y pequeños pueblos del norte, hasta llegar hoy a luchar por el primer puesto de la segunda división, hoy próximos a la meta y al sueño inesperado de volver a traer el rojinegro a Jerusalém.
Mientras, por su parte, los rivales históricos del beitar, aun habiendo permanecido en la serie A todos estos años, navegan entre problemas de mala gestión pero sobre todo de un desbordante racismo violento en sus gradas, el futuro del Hapoel parece ser color de rosa. Los chicos de la curva, el corazón latiente del tifo del Katamon en Jerusalém, siempre nos recuerdan que sí quieren volver a la Serie A, pero antes que nada reunificar los dos Hapoel en un único equipo Rojo en la ciudad. Fuerte, unido, vencedor y preparado para poner en lo alto el verdadero sentido de este fantástico deporte.
(3). El gol de la bandera.
Publicado el 22-6-2018 en el blog L’ALTRA ISRAELE. Traducido por Administrador, puede verse el texto en italiano aquí:
https://laltraisraele.wordpress.com/2018/06/22/il-gol-della-bandiera/
LUCIANO ASSIN.
Tampoco este año Israel fue capaz de clasificarse para el Mundial de fútbol; para decirlo todo, a parte de una única presencia en los Mundiales de 1970; Israel no se clasificó nunca ni para los europeos ni para los mundiales. Para la crónica: el encuentro entre Italia e Israel de entonces concluyó con un empate a redes blancas, 0 a 0, un hermoso resultado contra aquellos que se convirtieron en los vice campeones del torneo.
Objetivamente, el nivel futbolístico israelí no es gran cosa, pero las expectativas de los tiffosi son llevadas al extremo por la prensa deportiva; baste pensar que cada vez que la nacional comienza a jugar los partidos de clasificación, aquí se habla de “campaña”, casi como si se hablara de una operación militar. Está claro, luego, que en una atmósfera de este tipo, cada fracaso se revela como una ardiente desilusión. Para consolarse no queda otra que adoptar otro equipo entre los participantes en el mundial, según los criterios personales y no siempre ligados a una lógica racional.
Los “emigrados”, como el que suscribe, no tienen grandes problemas y continúan tifando por el país de origen, pues los hay ligados a verdaderas y auténticas escuelas de pensamiento: brasileños, holandeses, anglófonos, francófonos y aquellos que están a favor de la apisonadora teutónica. Después están las “veletas”, aquellos que soplan con el viento y apoyan al equipo que está más en forma en el momento, España es un ejemplo flagrante: ignorada hasta hace pocos años y hoy en el corazón de los tifosi más expertos, libre en todo caso de modificar el pronóstico en función de los resultados. Ya no hablamos de Portugal, que para muchos está revelándose como el auténtico “underdog” de la competición.
Un capítulo a parte se reserva al sector de los árabes israelíes, sobre todo en los pueblos y las pequeñas ciudades. Aquí no existe prácticamente tejado o balcón donde no ondee con elegancia el escudo de la nacional del corazón. Es un fenómeno que siempre me provocó curiosidad, auqnue este año el número de equipos árabes e islámicos aumentó claramente, son siempre los equipos más fuertes los que tienen las preferencias. Luego, no se trata de identificarse con la nación árabe en sentido lato, sino más bien de salir por alguna semana del tran tran cotidiano para apoyarse en un posible winner, como si la victoria en los mundiales pudiera darle completamente la vuelta a la realidad.
En cualquier caso, tampoco los árabes tienen mucha originalidad en los pronósticos, y Brasil hace de patrón; atravesando la carretera principal de cualquier pequeña ciudad, se tiene la impresión de hallarse en algún perdido pueblo brasileño en un día de fiesta nacional. Quien quiere jugar sobre seguro ondea la bandera de Alemania, equipo fuerte y regular que llega siempre bastante lejos. También se dejan ver las banderas argentinas y españolas, mientras los ingleses son prácticamente inexistentes.
Visto que finalmente, a la final llegarán sólo dos equipos es inevitable que muchas de las banderas colgadas serán arriadas durante el torneo, frecuentemente sustituidas por otras. Este año, alguno superó a todos bajando una bandera constituida por cuatro nacionales distintas. Para los amantes de los pronósticos y de las apuestas, puedo únicamente decíos que el gafe oficial de Sasa dio por segura la victoria de Brasil; si queréis un consejo de amigo, acercaos en seguida a otro equipo.
En un sitio pequeño como un Kibbutz, en ocasiones como esta la vida para nosotros los italianos fue siempre muy dura; todos está esperándote para reirse de nosotros y denigrar las prestaciones azzurras. Este año, el precio ya lo pagamos por anticipado con la dura desilusión del emparejamiento con Suecia, y no existen los presupuestos para denigrarnos según lo previsto.
Nada hay más que decir, ver los partidos del Mundial sin ser directamente partícipes lo implica a uno mucho menos, una situación ciertamente más tranquila, pero a fin de cuentas más aburrida.
(4) Israel fuera de Israel. Algún fragmento de “Ajax, el equipo del ghetto. El fútbol y la Shoah” (libro de Simon Kuper).
Libro: Ajax, la squadra del ghetto. Il calcio e la Shoah;
Autor: Simon Kuper;
Idioma de edición: italiano;
Editor: ISBN;
nº de páginas: 254.
1) "Así, la mañana del partido, el News Chronicle daba cuenta en un anuncio en primera página: "Se ha decidido que, dado que en Italia el equipo inglés ha recibido a los italianos con el saludo fascista (probablemente en Roma en 1933) y que en Londres el equipo alemán ha gritado tres urras por el equipo inglés, no existe razón alguna por la que en Berlín los nuestros no deberían hacer como hacen los berlineses" (p. 44).
2) "Hacia finaes de 1940, pocos meses después de la invasión de Noruega, los alemanes decidieron"nazificar" el deporte noruego. Eligieron un "Fuhrer deportivo" e intentaron poner a un noruego nazi (o colaboracionsita) a cargo de cada sociedad deportiva.
El resultado fue una huelga nacional del deporte que se aplicó prácticamente hasta el momento de la Liberación. Los esquiadores, los patinadores y los futbolistas noruegos rechazaban jugar bajo la dirección de jeges colaboracionsitas" (p. 141).
3) "En otros países, los alemanes intentaron reunir a los judíos en un ghetto de la capital para deportarlos más fácilmente. Los búlgaros inviertieron el proceso, haciendo salir a los judíos de Sofía y mandándolos al campo, a fin de dispersarlos. Muchos búlgaros intentaron parar a los judíos a lo largo de su trayecto hacia la estación, y cando no fueron capaces, organizaron una demostración ante el palacio real. Noen Amsterdam, no en Roterdam, sino en Sofía. Los alemanes querían hablar con el rabino jefe, pero estaba protegido por el obispo Stephan, jefe de la Iglesia de Sofía, que había dicho que "los hombres no tenían derecho alguno a torturar a los judíos y a perseguirlos". Ningún judíos búlgaro murióen los campos.
Pero el país europeo que lo hizo mejor, en la comparación paneuropea de Arendt, fue Dinamarca. La estudiosa escribe: "La historia de los judíos daneses es sui generis, y el comportamiento de la población danesa y de su gobierno fue único en toda Europa" (pp. 144-145).
4) "Gutman ama el fútbol holandés. En 1994 había pasado una semana de prácticas profesionales en Barcelona, donde le había sifopermitido hablar con Johan Cruyff, por aquellos tiempos entrenador del equipo, durante quince minutos al día. "e preguntaba sobre Israel, sobrela religión, sobre Jerusalén y si entre nosotros aun existía la guerra. Percibía una gran solidaridad" (p. 199).
(5). Los dos equipos europeos (quizá) más judíos.
Publicado el 18-4-2019. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí:
"AJAX Y TOTTENHAM, LOS EQUIPOS "JUDÍOS" QUE LO LOGRARON".
ALESSANDRO PARODI.
El equipo londinense y el de Amsterdam, más allá del histórico éxito futbolístico de estos cuartos de final de la Champions League, tienen en común un fuerte lazo identitario: con los ghettos judíos de los barrios donde nacieron.
La estrella de David en una curva de un equipo europeo. Es posible que se os haya dado el caso de verla y que la hayáis tengáis atribuido a la iniciativa personal de alguno seguidor. Quizá justo durante un partido del Ajax, quizá incluso en el Amsterdam Arena.
He
ahí, no es una casualidad. No es una iniciativa personal. Ya, porque
el Ajax es “el equipo del ghetto”. Un discurso análogo puede
hacerse para el londinense Totenham, un equipo que se identifica con
el barrio históricamente judío del norte de Londres, donde surge
también su estadio de local.
Ajax
y Totenham, dos equipos que en esta eliminatoria de cuartos de final
ya no se vincularon sólo por sus comunes raíces judías, sino
también por el éxito que los llevó a las semifinales del 30 de
abril y del 7 de mayo, donde se enfrentarán para conquistar un
puesto en la final de Madrid.
El
Ajax consiguió el objetivo superando en Torino a la Juventus de
Cristiano Ronaldo (que también este año deberá, por lo tanto,
renunciar a levantar la copa de las grandes orejas).
Después del 1-1 de la ida, que había alentado el optimismo de los bianconeri, y la inicial ventaja de la vuelta conseguida por el mismo Ronaldo, el Ajax tumbó a la Juve con un uno-dos. En el minuto 34, Donny van de Beek igualó en el marcador, y después, en el 67, Matthijs de Ligt le regaló las semifinales a los jóvenes Lancieri.
El
éxito del Totenham no fue de menor alcance. El match con el
Manchester City fue un pirotécnico y espectacular mano a mano, con 5
goles en los primeros 21 minutos. Y el partido finalizó 4-3 a favor
del equipo local.
En
el partido de ida, se había impuesto el Totenham por un gol a cero.
A pesar de salir derrotado del City of Manchester Stadium, a causa de
los tres goles marcados como visitante, los londinenses consiguieron
el derecho a desafiar, dentro de dos semanas, a los “primos” de
tradiciones judías.
¿Pero, de donde nace el lazo entre estos dos equipos euopeos con el judaismo? Durante la segunda guerra mundial, tres cuartas partes de los judíos holandeses desaparecieron en el abismo de los campos de concentración nazis.
En un reciente libro, Ajax, La squadra del ghetto, de Simon Kuper, historiador del deporte, se cuenta como el fútbol fue uno de los espacios “donde el Holocausto y la vida cotidiana se encontraron” y de cómo quien quería ir al estadio debía pasar necesariamente por el ghetto.
Jugador mítico del Ajax de los años ya precedentes a la guerra era el estadounidense Eddie Hamel, extremo derecho que después murió en Auschwitz el 30 de abril de 1943, junto a muchos seguidores suyos. El histórico comentarista del Ajax de la época, el más célebre del País, era Han Hollander. También él judío, también él fue deportado y asesinado en un lager.
Una historia similar, esto es, el vínculo con el ghetto judío de la ciudad es, como ya vimos, la del Tontenham. Si en su pasado no existen, por el contrario, persecuciones nazis, no falta a intolerancia antisemita. Más que como “Spurs” (los espuelas, del símbolo del equipo, el gallo), los seguidores del equipo londinense son de hecho conocidos con el sobrenombre de “yids”, un término despreciativo en jerga para denominar a los hebreos.
El más importante grupo ultra de la ciudad son los “Yid Army”, La armada judía, que asume orgullosamente el apelativo atribuido por los adversarios. Aunque hoy sólo el 5% de los seguidores del Totenham es de religión judía y el ghetto ya no tiene el matiz connotador de un tiempo, las banderas con la Estrella de David no faltan nunca en el White Hart Line.

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