¿Qué es Israel? (XV). Alguna serie de éxito, alguna película …. y un compendio de producciones culturales sobre el conflicto palestino-israelí
(1) “Unorthodox”.
Publicado el 2-4-2020 en la web MOSAICO (Comunidada judía de Milano). Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.mosaico-cem.it/cultura-e-societa/spettacolo/unorthodoxsu-netflix-chassidim-yiddish?fbclid=IwAR0EJ6Cvs6N76zrbJB6wRzGPPprl3Q9FMsai8POimbenYqPD4kSH0qMMNUA
MICHAEL SONCIN.
“Unorthodox” es una serie ambientada en Williamsburg, un barrio de Brooklyn, dentro de la ciudad de New York, en la comunidad chasídica llamada “Satmar”, nombre que tiene origen en la ciudad húngara de la que procedían los miembros actuales. Casi todos los componentes son los descendientes de los sobrevivintes a la Shoah, que se trasladaron a los Estados Unidos al acabar la guerra.
Un de los puntos sin duda increíbles de esta serie, apenas aparecida en Netflix, reside en el hecho de que fue rodada en yiddish. Opción insólita y preciosa para una lengua hablada hoy por un pequeño círculo de personas, dado que la comunidad que la hablaba casi fue completamente eliminada durante el segundo conflicto mundial, eliminando la posibilidad de su continuación, que esperamos sea retomada y continúe regalándonos la belleza de las obras, pero también de las espléndidas revistas creadas por los maestros de aquell tiempo.
Una serie que da libre acceso a “tradiciones y rituales que nadie comprende, pero la esencia de los acontecimientos tiene un valor universal”, como afirma Deborah Feldman, la autora del libro “Unoorthodox” (en la que se inspira la serie homónima), que es una narración autobiográfica sobre su personal experiencia en la comunidad chassídica, de la cual procedía, rica en preceptos a observar, frecuentemente extraños e incomprensibles para un no judío.
Esther Schwartz, una de las protagonistas, es interpretada por Shira Haas, actualmente célebre actriz israelí (inolvidabñe su interpretación en otra serie de Netflix sobre el mundo ortodoxo, “Shtisel”), que se casará muy joven con Yanky Shapiro, papel interpretado por el actor Amit Rahav, originario de Tel Aviv, un talento a seguir.
“Esty” no será muy feliz en su rol de esposa y tampoco de las reglas que caracterizan la vida de una mujer judía ultraortodoxa, y es por eso que decide huir a Berlín.
¿Cuál será la mecha que llevará a realizar la fuga de Williamsburg? Quizá más que una. Su esposo es un hombre dulce y sensible, de una ingenuidad desarmante, que le permitirá estudiar piano, actividad no practicada comúnmente por una esposa joven como ella. Él es un chassid, uno de aquellos que lleva el Shtreimel (transliterado del yiddish שטרײַמל), típico sombrero llevado por los hombres judíos, particularmente en la Europa Oriental. Ella, como todas las mujeres casadas, lleva peluca.
Una vez en Berlín, descubrirá una ciudad que se revelará llena de vivaces sorpresas y amargos recuerdos, entrando en contacto con la típica diversidad que sobresale en la capital alemana, como su grupo de nuevos amigos, tan distintos y tan unidos entre ellos. Esty será para ellos una sorpresa tan imprevista como para hacerlos sentirse bastante poco preparados para acogerla adecuadamente. Una inicial falta de capacidad, la de ellos, por las miradas fácilmente inteligibles. Las dificultades para ella serán muchas en esta nueva dimensión, pero enseguida demostrará gran capacidad y deseo de integración.
Viendo “Unorthodox”, se notará la atención por los detalles (ver por encima y por debajo los diseños de los trajes), gracias también a personas pertenecientes a aquel mundo que participaron en la realización, una particularidad que explora la dimensión organicista pero también psicológica del ambiente, en el que es tocado el tema de ser judíos en la Alemania del siglo XXI.
Dirigida por Maria Schrader, escrita por Anna Wigner y Alexa Karolinski, es una historia subdividida en cuatro episodios.
(2). Fauda: la tercera temporada es la confirmación de un éxito.
Publicado el 19-4-2020 en la web de MOSAICO (Comunidad judía de Milano). Traducido por Administrador, poder verse aquí el original: https://www.mosaico-cem.it/cultura-e-societa/spettacolo/fauda-la-terza-stagione-e-la-conferma-di-un-successo
DAVID ZEBULONI.
Vuelve en Netflix la tercera temporada de la serie de TV israelí más querida desde siempre. Fauda, que en árabe significa caos, debutó en el 2015 en la plataforma israelí “Yes Oh” y en el 2016 fue distribuida por Netflix para el gran público, el internacional, encontrando inmediatamente un gran éxito. Estimada por israelíes, árabes, europeos y americanos, “Fauda” parecería poner de acuerdo a todos. El conflicto israelí-palestino es concentrado en doce episodios y contado entre lutos, amores y traiciones.
En la tercera cita volvemos a encontrar la Doron y a su unidad de fuerzas especiales del ejército israelí luchando contra la dirección de Hamás. Caracteriza al conflicto la aparente ausencia de reglas de juego. Todo es lícito, todo está permitido en el mundo de “Fauda”. Doron y sus compañeros entran en Gaza vestidos de soldados palestinos para rescatar a dos ciudadanos israelíes capturados por Hamás. Todo lo que sigue es pura fantasía, pero simultáneamente parece ser extremadamente realista.
El reparto se confirma como extraordinario. Lior Raz, protagonista de “Fauda” y co-autor de la serie, personifica perfectamente al héroe de guerra con todos sus defectos, todos sus límites y todos los traumas que lleva con él. Tan valiente, tan violento, como humano. También es impresionante el uso de la lengua árabe, aprendida por gran parte del reparto para la ocasión y hablada a la perfección. No menos sorprendentes son Idan Amedi y Marina Maximilian, en los personajes del combatiente Sagi y la corresponsal Hila, que comienzan su carrera en Israel como cantantes y que se redescubrieron a medio camino coomo actores de gran talento. Excelente y muy intensa también la interpretación de la joven Reef Neeman en el papel de Yaara, uno de los secuestrados israelíes capturados por Hamás y mantenidos por la fuerza en Gaza, confirmándose como una gran promesa de la nueva generación de actores israelíes que crecieron soñando con Hollywood y la estatuilla de oro,
“Fauda” nunca decepciona. No renueva nada, pero no decepciona nunca. El conflicto cambia, pero es siempre el mismo. Cambian también las localizaciones, que pasan de Gaza a Hebrón, pero se parecen hasta el punto de parecer iguales. La estructura de la trama no cambia mucho en cada temporada. Este última parte no se detiene un instante, pero el desarrollo es más bien similar al de las temporadas precedentes. Incluso el final parece un dejà-vu. La victoria de los protagonistas nunca falta, pero siempre es parcial e implica que hay muchas, demasiadas, víctimas de ambas partes.
Y he ahí el secreto de “Fauda”. Aunque surrealista, la trama se basa en criterios extremadamente reales. La victoria es siempre parcial en la pantalla porque así es en la realidad. La frontera que divide bien y mal, buenos y malos, es muy sutil y absolutamente subjetiva para quien la ve. El conflicto se repite de temporada en temporada, porque así sucede en Medio Oriente desde hace casi un siglo. “Fauda” es, entonces, un film de acción desconectado de la realidad, sobre esto no hay duda, pero los dolores, las pasiones y los tormentos que viven sus protagonistas son absolutamente reales.
Todo esto podría aburrir al espectador, pero “Fauda” es cualquier cosa menos aburrida. Se repite hasta el infinito sin repetirse nunca. Si se tratara de la habitual sopa recalentada, “Fauda” sería la sopa más buena y especiada que Netflix tendría hoy para ofrecer.
(3). "Incitement, la película sobre el asesinato de Rabin, en la carrera de los Oscar.
Publicado el 3-10-2019 en la web de JOIMAG. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí:
https://www.joimag.it/incitement-il-film-su-yigal-amir-in-gara-per-il-premio-oscar-kippur/?fbclid=IwAR35hld1TLWe5BP9uRC-5MUwr1LlCpiBi8VGNZvaXYvEddny4LGkB9ZQeMw
(Redacción).
¿Quién era Yigal Amir? Su retrato en una historia que indaga en el alma humana. Y que en hebreo se titula “Yamin Noraim”, en referencia a los días de la introspección que separan Rosh Hashaná y Kippur.
Se dice que en Israel no se puede estar nunca solo y en un cierto sentido esto es muy verdadero. A los taxistas les son necesarias pocas informaciones genéricas sobre el pasajero para ofrecer consejos de vida, un desconocido en el tren te explicará por que no entiende nada de política después de haberle dado un vistazo al periódico que está leyendo, el cajero en el supermercado comentará los productos que compras y te preguntará sí estás realmente convencido porque él habría escogido otros. Naturalmente, estos son ejemplos característicos de una sociedad particular, pero es verdad en todas las latitudes que no estamos nunca solos. Nuestras acciones, nuestras decisiones, nuestros pensamientos, difícilmente son el resultado de un proceso ldesarrollado en el aislamiento, sino que habitualmente sean el resultado de interacciones, sugerencias, impulsos que de manera activa o pasiva acogemos y hacemos nuestros. ¿Hasta dónde puede llevarnos está dinámica?
Parece este el núcleo de Incitement , el último film de Yaron Ziberman, al que el 22 de septiembre se le adjudicó el premio Ophir (el conocido como “El Óscar israelí”, concedido por la Academia Israelí del Cine y de la TV) y por eso fue seleccionado para representar a Israel en la sección del Mejor Film Extranjero en la próxima noche de los Oscar. Presentado por vez primera en agosto en el Festival Internacional de Cine de Toronto, el film cuenta el proceso que culminó en el asesinato del premier Yitzak Rabin (4 de noviembre de 1995) desde la perspectiva de quien lo cometió, el estudiante de vintecinco años Yigal Amir.
La primera cosa interesante del film es el doble título. Porque si en inglés es Incitement, en hebreo es Yamim Noraim, precisamente como el periodo de diez días entre Rosh Hashanà y Yom Kippur. Un periodo que llama a la introspección, al indagar del alma precisamente como aquella – explica el director en esta entrevista* – que Israel nunca hizo completamente en relación con aquellos acontecimientos. Zilberman aclara las razones del doble título. Yamim Noraim, en inglś no habría funcionado: no habría sido posible conservar esta referencia tan fuerte en la tradición judía, tanto más si ninguna traducción le hace justicia a la expresión. La literal, “Días terribles”, hace perder el sentido de solemnidad del periodo que de por sí no tiene una connotación únicamente negativa. Y así fue pensada Incitement: una elección, precisa el director, apropiada y contemporánea, porque interroga también y sobre todo a nuestras sociedades.
El film – enriquecido por material fílmico original sobre los acuerdos de Oslo – está ambientado en el año que precede al asesinato y sigue el proceso de radicalización de Amir. Es su historia, pero también la historia de muchos otros. De los ambientes, de las amistades, de los ejemplos de vida en el interior de los cuales sus intenciones maduraron: de los pósteres que representaban a Rabin con la svástica y del pensamiento de que matarlo fuera un deber religioso, una vía para honrar la Torah. Una historia sobre las divisiones de la sociedad, sobre el papel de los influencer en una personalidad frágil y en la búsqueda de una oportunidad de rescate: familia yemení, nadaregalado en la vida, una novia, Nava, que lo deja después de pocos meses por uno de sus amigos (y lo invita incluso a la boda) a causa de no ser él asquenazí.
“La epifanía de Amir” (interpretado por Yehuda Nahari Halevi) tiene lugar, según nos cuenta el director, en la escena en la que asiste al funeral de Baruch Goldstein, el extremista que el 25 de febrero de 1994 disparó sobre los musulmanes recogidos en oración en la Tumba de los Patriarcas en Hebrón, matando la 29 e hiriendo la 150. En el momento en que el féretro es levantado, Amir piensa que también él, quizá, podría ser un héroe, también para él puede existir la responsabilidad de ser tenido en cuenta, de liberarse del peso de la insignificancia. Una operación no carente de riesgos, aquella que lleva a cabo Zilberman. Contar la historia desde el punto de vista del asesino inevitablemente abre una puerta, al menos un resquicio, a la empatía. Y precisamente aquí está la cuestión: ninguna llamada a la indulgencia o a la justificación, sino una “indagación de el alma” colectiva, seria y profunda como el periodo de los Yamim Noraim reclama: ¿cómo se convierte uno en Yigal Amir?
(4). Israel y Palestina: la elaboración conflicto.
Publicado el 17-2-2020 en la web JOIMAG. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí: https://www.joimag.it/israele-e-palestina-lelaborazione-culturale-del-conflitto/?fbclid=IwAR1IDr_A7pCgcrrpzigB59orOFL_xQ1qDbHhUKpm8d2NWAMcK2mPv-T4Jlo
SARA FERRARI.
LITERATURA, CINE Y SERIES DE TV. UN RESUMEN DE LIBROS A LEER Y PELÍCULAS A VER (TAMBIÉN POR EPISODIOS) MIENTRAS SE DISCUTE DEL PLAN TRUMP.
El “Plan del siglo”, la atrevida propuesta de solución del conflicto israelo-palestino lanzada por Donald Trump, le devolvió el foco de la atención mediática a aspectos fundamentales de la cuestión, reabriendo heridas nunca curadas e imponiendo nuovas y necesarias consideraciones, probablemente de carácter definitivo. Si todavía esperamos ver las efectivas consecuencias del diseño del presidente americano, por su parte, Israel nunca dejó de elaborar la situación y sus propias posiciones al respeto, sobre todo por medio de la óptica de la producción literaria y cultural. Suficiente con pensar que la Guerra de independencia apenas había acabado cuando, en 1949, S.Yizhar publicó la novela breve Khirbet Khizeh (“La rabbia del vento”, Einaudi 2005), potente testimonio de auto-análisis sionista sobre el contovertido “Plan Dalet” y sobre la evacuación de una localidad árabe por parte del ejército israelí. Desde entonces, durante más de sesenta años, la literatura israelí nos ofreció un número cada vez más grande de textos que fueron capaces de inducirnos a la reflexión histórica y ética, además de entretenernos con páginas de rara belleza. Intentar elaborar un listado de estas obras es una empresa verdaderamente titánica, aunque vale la pena recordar algunos títulos, desde los albores representados por Michael mío, de Amos Oz, hasta la madurez de La amante, de A .B. Yehoshua; de los anticipos de la primera intifada de La sonrisa del cordero, de David Grossman, hasta el temor de la catástrofe inminente de Partes Humanas, de Orly Castel-Bloom. En algunas obras, el enemigo se nos presenta próximo en su humanidad, como en Tu historia, mi historia, de Assaf Gavron, o una entidad desconocida y terrorífica, como por ejemplo en La paciencia de la piedra, de Sarah Shilo. Pero hacemos notar que en la época reciente el conflicto israelí-palestino se encuentra raramente en el centro de la escena. Al contrario, los personajes de las novelas israelíes publicadas en los dos últimos años parecen más bien concentrados sobre problemáticas de diferente tipo. Esto no significa, obviamente, que la situación histórico-política dejara de interesarle a los escritores israelíes, todo lo contrario. Después de décadas de feroces enfrentamientos, guerras y fracasos, el conflicto se enraizó de tal modo en la vida cotidiana israelí, que representa el escenario natural sobre el fondo del cual los personajes se mueven, viven, aman. Frecuentemente, el conflicto es descrito como un punto de llegada para una evolución personal, el objetivo de la transformación de una vida entera. Y la último conmovedora novela de A.B. Yehoshua, “El túnel”, lo muestra perfectamente.
En el curso de las décadas, también el cine israelí supo contar muy bien el conflicto, pero cuando supo liberarse de los estereotipos étnicos y de algunos happy ending forzzados en salsa medioriental. Muchas de estas películas gotean sudor y sangre, por ejemplo “Me:ahorei Ha-soragim” (1984), genial obra de los hermanos Barbash ambientada en una cárcel de máxima seguridad israelí, “Gmar gavia”, de Eran Riklis o “Ha-hesder” (2000), de Joseph Cedar (director también del aclamado “Beaufort”). Pero entre los instrumentos más eficaces que el cine israelí utilizó para analizar el conflicto están la ironía y el absurdo, los cuales son a veces exasperados hasta elevarse a la enésima potencia. Hasta transformarse exactamente en su contrario. En relación con esto, Eran Riklis trazó sabiamente el camino con “The Syrian bride” (2004) y “Lemon tree” (2008), superponiendo estos elementos a un humanismo esencial, destinado a no disminuir nunca. De este modo, implicados en un tan inverosímil como cruel juego de poder, los enemigos se descubren vecinos, parecidos y capaces de actuar. En estos mismos parámetros se mueve uno de los films sobre el conflicto más interesantes de los últimos años, “Tel Aviv on fire”, dirigido por Sameh Zoabi, un árabe israelí trasplantado en los Estados Unidos. El film es el resultado de una colaboración franco-israelí-luxemburguesa y obtuvo un excelente éxito, tanto en Israel como en el extranjero. “Tel Aviv on fire” es la demostración de que el tema del conflicto puede ser afrontado con ligereza, aunque de modo penetrante, carente del victimismo de ambas partes. Pero permanece sin responder una pregunta esencial: ¿a qué género cinematográfico pertenece la película? Ciertamente que no es un drama, pero tampoco una comedia. Y la evidente comicidad – tejida con diálogos y situaciones totalmente imposibles, como para causarle envidia incluso a Woody Allen – es en todo caso obligada a enfrentarse con la dureza del ambiente circundante.
Y las series de TV, ¿dónde queremos colocarlas? Llegando más tarde que el cine y la literatura, por obvias razones, recuperaron rápidamente el tiempo perdido. Sin duda, el producto de mayor interés en el momento es Ha-neʻarim (“Our boys”), una coprodución israelo-estadounidense transmitida en 2019 en los canales de televisión HBO en los USA y en las plataformas HOT y “Yes” en el Estado hebraico. La serie puede presumir de un discreto número de ilustres colaboraciones (también está aquí las sutiles huellas de Joseh Cedar) y se apoya en la ola de notable interés del género del docu-drama. “Ha-neʻarim”, realmente, intenta reconstruir un episodio tremendo de la historia más reciente del conflicto israelí-plaestino, esto es, los mutuos secuestros (y asesinatos) de algunos chicos, que ensombrecieron el verano del 2014, determinando que se agravase la situación en la Franja de Gaza. En realidad, los diez episodios de “Ha-neʻarim” se concentran únicamente en el secuestro y homicidio del chico palestino, ilustrando las consecuencias de eso sobre la familia de la víctima y sobre una sociedad castigada. Inútil decir que la serie suscitó numerosas polémicas, tanto que el primer ministro Netanyahu la condenó duramente, definiéndola como “antisemita y difamatoria”. En cambio, voces discordantes alabaron su audacia, dado que decidir aproximarse a un acontecimiento de este tipo es de por sí un acto de enorme valentía, artística y moral. Además, diversos críticos quisieron recordarle a los espectadores escandalizados que el papel de la cultura no es el de tranquilizar al público, sino sacudirlo en su interior, empujándolo al análisis de sí mismo. Es difícil contradecir una afirmación tan limpia y verdadera, tanto más que la cultura israelí, aun siendo relativamente joven, puede ya presumir de una larga tradición al respecto. Cualquiera que sea vuestra posición, si existe una serie a no perder y a buscar on line es justamente esta, a la espera de que las más conocidas plataformas decidan apropiarse de ella.

Comentarios
Publicar un comentario