¿Qué es Israel? (XIII). Letras hebreas. Unos cuantos escritores/as israelíes


 

(1). AMOS OZ.

La esencia de la traición no está en que de pronto se levante el traidor y salga él solo fuera del círculo limitado de los leales y los fieles. Solo un traidor superficial actuaría de esta manera. El traidor profundo, interno, es el que está más en el centro. En el corazón del corazón: el más parecido, el que está más involucrado y el que más pertenece al asunto. El que más se parece a los demás, incluso más que otros. El que verdaderamente ama a aquellos que traiciona, porque, si no los ama, ¿Cómo los va a traicionar?” (página 173 de la edición en español de Siruela).

A) Algunas píldoras de Amos Oz (de su libro "Contra el fanatismo").

Título: Contra el fanatismo; Autor: Amos Oz; Idioma de edición: español (original: hebreo); Ed: Siruela; Páginas: 100.

1) “-El que ama no traiciona.

Más avanzada la novela, el lector puede descubrir que la madre estaba totalmente equivocada. Sólo el que ama puede convertirse en traidor. Traición no es lo contrario de amor; es una de sus opciones. Traidor – creo – es quien cambia a ojos de aquellos que no pueden cambiar y no cambiarán, aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno ….” (p. 10).

2) “Digo que la semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo ….” (p. 21).

3) “Sean los gobiernos árabes los culpables, o los sionistas, o ambos, o sea la culpa compartida, el hecho sigue siendo que en 1948 cientos de miles de palestinos perdieron sus hogares. Sé que ese mismo año, en la misma guerra, cerca de un millón de judíos orientales de los países árabes también perdieron sus hogares, y a muchos de ellos los echaron a patadas y terminaron en Israel en los mismos hogares que anteriormente pertenecieron a los palestinos” (p. 82).

4) “Había días en los que solía odiarme por estar allí sentado y no producir nada. Especialmente cuando seguía viviendo en un kibbutz y me sentaba toda la mañana y escribía tal vez tres líneas y borraba cuatro, de forma que la producción era deficitaria con relación al día anterior. Y luego iba al comedor comunitario y me daba vergüenza comer. Allí había gente que había arado acres de tierra, o gente que había ordeñado cientos de vacas, o gente que había construído un muro y sólo luego almorzaban. Y yo había escrito cuatro líneas y borrado cinco; ¿cómo me atrevía a comer? ….” (p. 99).

B) “Los judíos y las palabras” (Amos Oz, Fania Oz). Un diálogo comentado con el autor y la autora.

Publicado en L ‘ESPRESSO, el texto fue tomado de la web ILMIOLIBRO (publicado el 13-9-2013). Traducido por Administrador puede verse el texto italiano aquí: https://ilmiolibro.kataweb.it/recensione/catalogo/1557/parola-di-amos-oz/?refresh_ce

WLODEK GOLDKOM.

PALABRA DE AMOS OZ.

Religión y nacionalidad no cuentan. Son hechos de fantasía. De historias inventadas. Que son nuestra identidad. En un ensayo, el sueño del gran escritor y de su hija.

Es el texto, la palabra y no la sangre, lo que determina quien somos, porque la herencia, de padres y madres a hijos e hijas, es transmitida a través de la narración y no mediante los genes”. Somos todos una invención literaria. Lo dicen Amos Oz y Fania Oz-Salzberger. Él con 74 años, es uno de los novelistas más grandes y prolíficos del mundo, desde hace tiempo con olor a Nobel. Ella es su hija, que tiene 53 años y enseña historia en la Universidad de Haifa. Juntos han escrito un libro, “Los judíos y las palabras“, que saldrá en octubre en Feltrinelli, que ha conquistado el aplauso de un filósofo riguroso como Jürgen Habermas y ha encantado a un escritor fantasioso como Jonathan Safran Foer. “El título no debe llevar a engaño”, dicen Amos y Fania, “el nuestro no es un libro solo para los judíos, sino para todos aquellos a los que les gusta leer”. El ensayo,un manifiesto de la laicidad y del buen uso de la memoria, es en realidad una serie de historias, historietas, anécdotas, parábolas contadas con ironía, sentido del humor, y donde son puestos en juego todos los sentimientos del lector, como sucede habitualmente en las novelas de Amos Oz. “Son temas de los que estamos hablando desde que Fania era una niña”, dice él. Ella confirma: “¿Me pregunta cómo es escribir un libro con Amos Oz? Yo no he escrito con Amos Oz, he puesto en las páginas las conversaciones con mi papá”.

Pero después, la salida del libro es una ocasión para hablar con “L ‘Espresso” no solo de la identidad judía sino de temas relacionados con nuestra condición de humanos: del significado y del uso de la palabra, de la importancia de la interpretación contra las verdades sagradas (“En el judaismo cuentan las preguntas, no las respuestas; a diferencia quizá del catolicismo”) y del por qué, como decía Bernard Malamud, gran escritor neoyorkino, todos los hombres son un poco judíos. Para Amos y Fania, de hecho, el judaismo es una metáfora de la condición humana: lo que es importante para ellos es salir de los ghettos de pertenencia, desmontar la mentalidad que lleva a los fanatismos, y combatir la obsesión identitaria que se está difundiendo como una epidemia a escala global; Israel incluído. “Aquí en Israel dicen que si no frecuentas la sinagoga no eres un buen judío. En cambio, nosotros pensamos ser buenos judíos sin ir a la sinagoga”, dice Amos Oz.

¿Obsesión identitaria? En su casa de Tel Aviv, metrópolis cosmopolita y tolerante opuesta a la Jerusalém fanática e integrista, Oz explica la diferencia entre identidad y pertenencia. “La pertenencia es dada. Eres hombre o mujer; blanco o negro. Por tanto, es poco interesante. La identidad, en cambio, es una materia muy fascinante para un escritor, para una historiadora, pero también para todo aquel que sea curioso en relación a los seres humanos. Explica: “La identidad, cada uno la elige como quiere. Significa autodeterminación: puedes ser socialista, fascista, nacionalista, vegetariano”. Añade: “Pero lo más importante y que hace comprender en qué medida nosotros, los humanos, podemos ser libres porque estamos dotados de imaginación, es que todos tenemos más identidades. Somos al mismo tiempo padres, hijos, abuelos, maridos, amantes, seguidores de un equipo de fútbol, patriotas locales y así sucesivamente”. ¿Pero existe una jerarquía de estas identidades? “Si”, es la respuesta, “están en el orden con el que la persona declina sus propias múltiples identidades. Pero sucede habitualmente, y a todos, que las varias identidades entran en conflicto entre ellas; entonces la jerarquía no puede ser nunca fija y definitiva, como en cambio querrían los fundamentalistas”. He aquí explicada la materia de la que están hechos los sueños, pero también las grandes novelas y la vida real. Amos y Fania concluyen: “la identidad es una invención. Como por lo demás la tradición”.

Pero si los judíos son “un colectivo nacido de los textos y no de la genética”, es inevitable preguntarse: ¿quién, entonces, no es judío? Responde Amos: “Doy la vuelta a la pregunta. Y respondo que es judío quien queira serlo”. Y el escritor conocido por su ironía (la considera un potente antídoto contra los fanatismos) añade: “Todo aquel que esté lo suficientemente loco para ser judío es judío. Y si es un buen judío o un judío malo, lo decide el vecino de tu casa, también él judío”. Quizá en su generosidad Oz amplía demasiado el campo. Entre las características atribuidas a los judíos, sobre todo a los creadores -escritores, artistas, arquitectos, cineastas (baste pensar en Woody Allen)- existe una cierta capacidad de narrar personajes neuróticos. Vale también para Oz. En su obra maestra “Mi Michael”, en la que aparentemente no sucede nada; en realidad sucede un pequeño terremoto en la psique de la protagonista, una joven mujer de Jerusalém. Oz, en definitiva, escribe un poco como Chejov (“me gusta la comparación, no sé si gustaría a Chejov”, interrumpe él). ¿Pero entonces también Chejov era un escritor judío? La respuesta: “Nosotros decimos en nuestro libro algo drástico y de consecuencias incalculables: quien lee libros es un poco judío. Lo es quien tenga una íntima relación con el texto”.

De niño, entonces tenía 15 años, Amos se rebeló contra la familia paterna, toda libros, discursos sofisticados y doctos. Cambió el apellido del alemán Klausner a Oz, que en hebreo significa fuerza y se marchó de Jerusalém a vivir en un Kibbutz. Quería hacerse agricultor: pies desnudos que tocan la tierra. Quería ser un pionero sionista y laborista, campesino y combatiente, un judío nuevo que desprecia a sus hermanos diaspóricos “privados de raíces y suspendidos en el aire”, como son representados los judíos en algunos cuadros de Chagall. Ahora parece haber cambiado de idea: “el Novecento no ha sido el siglo de los agricultores y de los soldados. Ha sido, en cambio, el siglo de los intelectuales, de los comerciantes, de los mediadores. Desde este punto de vista, ha sido el siglo de los judíos”. Cuando siente la objeción de que el suyo pueda parecer un discurso antisionista, sonríe y explica: “El sionismo ha dado una interpretación excesivamente estrecha de la palabra “judío”. Interviene Fania: “El nuestro es un libro escrito contra los fundamentalismos religiosos, pero también contra los post-sionistas que sostienen la inexistencia del pueblo judío”. Precisa Amos: “Cierto, hoy en Israel ha renacido el judío universal, diaspórico. Pero el judío israelí habla hebreo y por tanto tiene una relación directa con el texto original, el de hace tres mil años. La diferencia entre diáspora e Israel está en saber hebreo o no saberlo. Y es importante”.

Cuando se refiere al texto original, Oz tiene en mente la Biblia. En “Los judíos y las palabras” se habla mucho de ello; porque es la madre de todos los textos. Pero es tratada como materia literaria, a la par de Cervantes o Dostoievski (genial la parte en la que ambos prueban que el “Cantar de los cantares” es un poema erótico escrito por una mujer para Salomón y no un himno a Dios escrito por Salomón). Fania tiene la urgencia de subrayar la actualidad, también formal, de la Biblia: “Fue esculpida sobre las tablas; hoy podemos leerla en una tablet. Por tanto, de tabla a tablet el cículo se cierra”. Añade: “En todo caso, para nosotros la narración, también la de las cosas imaginarias, es más importante que todo descubrimiento arqueológico sobre los avatares del rey David o sobre el Templo de Salomón. “Existe más verdad histórica en las novelas que en las piedras”, concluye Amos. El escritor insiste sobre la importancia universal de la lengua hebrea renacida a finales del `800: “la civilización mundial es como una sinfonía tocada por centenares de instrumentos. Si uno de estos desaparece y es reinventado, gana la humanidad entera”. Pero, “lo más importante, más allá de la lengua utilizada, son las palabras. Es la palabra lo que da significado a nuestra vida y a nuestros sentidos; a nuestra mirada, oído, tacto. Solo sabiendo el nombre de la cosa, sabemos lo que estamos mirando, escuchando, tocando”. Prosigue citando el inicio de toda narración judía, el Génesis: “Adán en el Paraíso da nombre a todas las cosas y a todos los animales”. Y no casualmente, en la tradición judía se subraya que ha sido el hombre y no Dios el que ha dado los nombres, significa autonomía y dignidad. Y vale para todos los humanos.

Desde hace décadas, Amos Oz es militante de la causa pacifista, aspira a un acuerdo con los palestinos, busca experimentar cierta empatía por la parte opuesta. La pregunta es entones si las palabras ayudan a comprender al otro, es inevitable. Responde: “Sin las palabras no existe comprensión. Y la empatía es la clave de toda relación decente entre seres humanos; entre hombre y mujer, padre e hijo, israelíes y palestinos. Pero no siempre las palabras son suficientes”. Alza la voz: “¿Me pregunta qué es lo que no funciona entre nosotros y ellos, dado que estamos dialogando desde hace al menos dos décadas? Pregunta equivocada. Desde hace años sostengo que no existen incomprensiones entre nosotros y los palestinos. Nos comprendemos muy bien. Ellos quieren este País porque no tienen otro País. Y también nosotros queremos este País porque tampoco nosotros tenemos otro. Ambos tenemos razón. He aquí un excelente nivel de comprensión que se convierte en tragedia”.

Pero si el diálogo no siempre funciona, quiere decir que es procedente preguntarse cual es el límite de la interpretación. Amos Oz responde con un tratado sobre la tolerancia que consiste en dos breves frases: “El límite de mi interpretación es la interpretación de otros. No puedo imponer mi interpretación a otra persona”. Demasiado fácil; ¿y si la otra persona es fascista o racista, si piensa que una cierta categoría de personas no tiene el derecho de vivir sobre la tierra? Ha sucedido en la historia y sucede hoy. “Con quien dice una cosa de este tipo no hay espacio para el debate; es la guerra. El racismo, el antisemitismo, para quien es objeto o víctima de él, no es un problema cultural, sino político-militar”, dice. Y la memoria para los judíos, ¿qué es? La respuesta es inquietante: “La comida. En todas nuestras fiestas, nosotros decimos: han intentado exterminarnos; no han sido capaces, y por tanto nos ponemos a comer. Es la vida, la alegría, la satisfacción de las necesidades y de los deseos que prevalece sobre la muerte y da esperanza así como la idea de un futuro compartido entre generaciones”.

Se acaba con la vuelta al significado universal de las palabras. Las preferidas por el escritor son: amor, odio, tolerancia, risa, lágrimas, “pero no sabría dar una definición”. Piensa un momento y cierra así esta conversación sobre las palabras, lecturas y narraciones: “Decía Sartre que un ingeniero que lee poesía es un profesional más competente que un ingeniero que no lee”. Y un buen escritor es el que cambia la vida del lector porque piensa que el mundo, comprendido el pasado y el destino de cada uno de nosotros, no es un libro cerrado, sino un texto a interpretar, inventar, reescribir”.

C) Amos Oz: para Israel el desierto del Negev es la nueva frontera.

Publicado en la página de CIPMO-Centro Italiano per la Pace in Medio Oriente (http://www.cipmo.org/) el 1-4-2014. Rassegna Stampa Italiana. Traducido al español por Administrador.

MAURIZIO MOLINARI (LA STAMPA)

Para entrar en las vísceras de Israel es necesario cruzar el umbral de la casa de Amos Oz. Sentado en su salón en un elegante barrio en el Norte de Tel Aviv, Oz relata su país con una mezcla de pasión y lucidez que distingue el estilo de sus libros y escritos, traducidos en todo el mundo: vé en el Neguev la nueva frontera de Israel, en la lengua hebrea una fuente inagotable de creatividad, en la solución del dos estados la única vía de saida para el conflicto con los palestinos y relanza el llamamiento a Europa de no ojear para el Medio Oriente como si fuera un film de Hollywood con buenos opuestos a malvados.
En el barrio de Nahlaot, en Jerusalém, Natalie Portman está rodando el film Sippur Al-Ahava VeHoscech (“Una historia de amor y oscuridad”), pero esto no lo excita en exceso. “Es como si un pianista describiera un violinista”, dice, combinando respeto e indiferencia. Queda el hecho de que sus libros están entre los más traducidos del mundo, transformando la literatura hebrea en un producto global. Es un fenómeno que explica con la “atracción que los lectores tienen por las realidades particulares que pueden suscitar gran interés o repulsión” y lo lleva a afirmarse sobre la “intrínseca creatividad de la lengua hebrea”. “Puedo ser un crítico áspero de algunas posiciones de los gobiernos israelíes -señala- pero soy un apasionado defensor de la lengua hebrea”. El motivo es que trata de un idioma “en continua transformación”, qué “se enriquece de vocablos gracias a la llegada de nuevos inmigrados” y posee formas lexicales “que permiten cambiar el orden de los vocablos, artículos y adverbios manteniendo el mismo significado”. Por otra parte, el número de personas que hoy hablan hebreo es similar a aquellas que conocían el inglés en los tiempos de Shakespeare y de todos modos nada impide una ulterior expansión del abanico de lectores en lengua original que “cuando Israel fue creado era apenas de 300 miles de almas y hoy es superior a los habitantes de Noruega o de Dinamarca”.

La vitalidad intrínseca del hebreo nace, para Amos Oz, también del haber sido una “bella durmiente” por 17 siglos, dado que si bien es verdad que no pertenecía la nengún Estado también lo es que “si un rabbino ashkenazita de la Europa Oriental debía contestarlo por escrito a un rabino sefardita en el Norte de África, lo hacía en la lengua de la Biblia, porque era la única que partillaban”.

Lo que más sorprende al escuchar la Amos Oz es la simplicidad de los pensamientos que expresan una creatividad rompedora. Sucede por ejemplo cuando, pocos minutos después, delante de dos tazas de té preparadas y servidas por él mismo, se detiene sobre el “Negev, posible nueva frontera de Israel”. Aquí se habla constantemente y con ilusión del gran desierto meridional: Shimon Peres imagina poblarlo. Benjamin Netanyahu se centra sobre las nuevas tecnologías, el «Shafdan» es un modelo de limpieza de las aguas y la agricultura continúa floreciendo. “Cuando nos retiremos de la West Bank, el Negev podrá convertirse en el nuevo horizonte”, dice al escritor, subrayando la posibilidad de trasladar gran parte de los residentes en los asentamientos. Es una de las ideas que lo acerca la Shimon Peres, a quien está muy ligado, hasta el punto de haber sido indicado por él en el pasado como posible líder para el partido laborista. Ahora es líder el joven Isaac Herzog, a quien aprecia, mientras Peres está a punto de dejar la presidencia del Estado “y entre los posibles sucesores no hay ninguno ni lejanamente comparable a sus cualidades”.

Entre los líderes políticos emergentes ninguno lo emociona tanto, incluso Naftali Bennet, jefe de filas del partido Bayit HaYehudì (“Casa hebraica”), en crecimiento entre el electorado de derechas. “Los mejores entre los jóvenes no se acercan a la vida pública, tanto en Israel como en Italia, porque temen que emergiendo se verán obligados a justificar cada tipo de comportamientos pasados, incluso los más alejados en los años”, observa, pero añadiendo que tiene confianza en el “factor sorpresa”, que habitualmente ha cambiado el curso del Siglo XXI. “Nadie esperaba que De Gaulle hubiese dejado Argelia, que Curchill hubiera gestionado la liquidación del Imperio Británico, que Begin se hubiese retirado del Sinaí entero y que Gorbachov hiciera implosionar la URSS, pero esto es lo que en realidad sucedió”, observa, indicando en relación al conflicto entre israelíes y palestinos una solución “similar al divorcio dulce entre checos y eslovacos”, que llevó a Checoslovaquia a dejarle su puesto a las actuales República Checa y Eslovaquia”.

Amoz Oz, fundador de “Paz Agora”, estuvo entre los primeros en luchar por la solución de dos Estados para dos pueblos y hoy, ante las perdurantes dificultades y resistencias reitera que “no hay un camino alternativo para ponerle fin a un conflicto trágico porque no puede oponerse un mal a una razón, viendo como se confrontan dos partes que tienen ambas razón”. De aqui el llamamiento a Europa de “mirar a israelíes y palestinos no como en un film de Hollywood con buenos y malvados”, sino como una realidad en la que puede expresarse apoyo a ambos”. Con respecto a las incomprensiones entre Europa e Israel, la explicación, que oferece es doble. Por una parte, “Europa olvida que somos una nación de prófugos, donde cada individuo porta dentro de sí la memoria de las persecuciones, y por lo tanto tenemos necesidad de tranquilidad constante,” mientras por otra parte “erran aquellos israelíes que consideren cada crítica a nuestras políticas como una demostración de anti-semitismo”.

En realidad, en la época de Barack Obama se dieron muchas incomprensiones entre Israel y Estados Unidos, hasta el punto de hacer especular la aproximación del Estado Hebreo a otras potencias, como China y Rusia. Y en la misma China la traducción de su libro demuestra la creciente atención por Israel. “Lo que deberíamos preguntarnos no es si nosotros miraremos para otros Estados -observa Amos Oz- sino si habrá otros Estados capaces de abrírsenos como hicieron los Estados Unidos en los últimos cuarenta años convirtiéndose en el primo fuerte de un Estado sin familia como Israel”. Sobre las transformaciones en curso en el Estado hebraico, la aprobación de las leyes que abolen la exención del servicio militar para los ultraortodoxos le parece atrevido. “No soy como aquellos israelíes para los los cuales el servicio militar de los ultraortodoxos es determinante -observa, sentado al lado de su inseparable gato Freddy-, para mí lo que más cuenta es su integración en el mundo del trabajo. Más genéricamente, no cree de todos modos en un Israel cada vez más religioso. “Cuando se fundó el Estado los partidos religiosos tenían 28 escaños, hoy tienen 31, por lo tanto crecieron, pero no mucho” e Israel “viene a ser un País en el que la mayor parte de la población, que vive a lo largo de la costa entre Naharya y Ashkelon, está compuesto en el 75% por laicos”.
Dar demasiada relevancia a los ortodoxos “es un error que habitualmente comete quien vive en Jerusalém”. También entre los palestinos las diferencias son sensibles: “Ramalah es su Tel Aviv pero en las pequeñas localidades albergan pobreza y desesperación”. Antes de despedirnos, el recuerdo de Oz va para Gianni Agnelli, al que recibió hace años en el kibbutz de Hulda, en un encuentro en el que también participaron las respectivas mujeres, Nily y Donna Marella.”Lo recuerdo como un hombre con mucha atención a los detalles y curiosidad -termina Oz- al encontrarnos con el amigo común Vittorio Dan Segre”.

D) La Statale de Milano otorga la laurea honoris causa a Amos Oz.

Publicado en la web de MOSAICO el 1-2-2016, fue traducido al español por Administrador. El original puede verse aquí:

http://www.mosaico-cem.it/articoli/primopiano/la-statale-di-milano-conferisce-la-laurea-honoris-causa-ad-amos-oz

El vídeo-mensaje, aquí:

http://www.mosaico-cem.it/gallery/il-video-messaggio-di-amos-oz-laureato-honoris-causa-alluniversita-statale-di-milano


Milano está próximo a mi corazón por muchas razones: he tenido maravillosas lecturas, tengo bellísimos recuerdos de conferencias públicas y de encuentros con los amigos. Tengo amigos y parientes en Milano y mi querido editor Feltrinelli está en Milano. Así estoy con vosotros de muchos modos durante esta ceremonia, aunque esté ausente físicamente”. Con estas palabras, albergadas en un vídeo mensaje, el escritor israelí Amos Oz ha agradecido a la Universitá degli Studi di Milano por haberle otorgado la laurea honoris causa en “Lenguas y Culturas para la comunicación y la cooperación internacional”. La motivación: “Por la profundidad y la originalidad de sus obras -recitan las motivaciones- con las que ha sabido representar con extraordinaria intensidad una específica realidad histórica y al mismo tiempo una condición humana general, y por el constante compromiso político-moral, dirigido a favorecer una solución pacífica de los conflictos y la integración entre pueblos y culturas”.

El otorgamiento del premio aconteció el 29 de enero, durante la ceremonia de inaguración del Año Académico 2015-2016, en la histórica Aula Magna de la Universidad Estatal de Milano, recientemente renovada y dedicada a Luigi Mangiagalli con ocasión de los 100 años de Città Studi.

Para recoger el reconocimiento de manos de Rector estaban Gianluca Vago y en nombre del padre, retenido en Jerusalém por problemas de salud, estuvo la hija de Oz, Fania Oz-Salzberger. Amos Oz ha llevado su saludo a través de un vídeo-mensaje, enviando para la ocasión un texto inédito suyo –El legado del barón-, al cual se dio lectura en el curso de la ceremonia.

Dos fueron las Laudatio para Amos Oz, pronunciadas por Gianni Turchetta, director del departamento de Ciencias de la mediación lingüística y de Estudios interculturales, entidad proponente de la atribución de la laurea honoris causa, y por Goffredo Fofi.

Gianni Turchetta ha abierto su discurso con una cita de Una historia de amor y oscuridad: “De mayor quería convertirme en un libro. No un escritor, un libro: porque a las personas se las puede matar como a hormigas”, inocando la “tenacidad de la literatura y la fragilidad humana” y recordando la obligación de la memoria, a dos días del 27 de enero. Turchetta ha definido a Oz como “escritor irreductiblemente israelí, y al mismo tiempo profundamente europeo, que con su narrativa ha ido componiendo un cuadro amplísimo, profundo y polifónico de la historia y de la vida cotidiana de Israel”.

Goffredo Fofi ha querido recordar el “sentimiento de responsabilidad” que Oz demuestra frente a su historia y a su trabajo de narrador, pero también frente a la Historia con mayúscula, que es Historia de todos y que es la de un Novecento atormentado y de un comienzo del Dos mil que no lo es menos”, subrayando como en todos estos años “la compañía de sus personajes se ha convertido en familiar y necesaria: tantos personajes, una legión, pero todos de algún modo nuestros semejantes, nuestros vecinos”.

TEXTO DEL VÍDEO-MENSAJE DE AMOS OZ.

Señoras y señores, amigos, saludos desde Tel Aviv, shalom a todos vosotros.

Siento una combinación de alegría y tristeza. Estoy triste por no poder estar físicamente con vosotros en este acontecimiento excepcional, pero estoy lleno de alegría por haber sido elegido para recibir una laurea honoris causa de esta ilustre universidad.

Milano está próxima a mi corazón por muchas razones: he tenido maravillosas lecturas, tengo bellísimos recuerdos de conferencias públicas y de encuentros con mis amigos.

Tengo amigos y parientes en Milano y mi amado editor Feltrinelli está en Milano. Así es como estoy con vosotros de muchas maneras durante esta ceremonia, aun esando ausente físicamente.

Ahora bien, entiendo que debéis reconsiderar seriamente lo que estáis a punto de hacer hoy. Estáis otorgando un honor a un escritor por haber escrito libros.

Pero un escritor no tiene elección. Es como si me estuviéseis concediendo un honor por el simple hecho de que inhalo aire, respiro el aire, como si yo tuviese la posibilidad de respirar o no respirar, la opción de respirar o no respirar.

Dejad que os revele un secreto: si en lugar de darme un honor por haber escrito libros me hubiéseis hecho pagar una multa por haber escrito los mismos libros, habría pagado la multa y los habría escrito de nuevo.

Durante muchos años he escrito, borrado y reescrito. Mis muchos años de escritura me han enseñado que la antigua distinción entre comedia y tragedia es sustancialmente artificial.

Cuando somos jóvenes tendemos a pensar que comedia y tragedia son dos planetas distintos, pero no lo son. La comedia y la tragdia no son más que dos ventanas diferentes a través de las cuales podemos observar el mismo paisaje o, si queréis, el mismo jardín de vuestras vidas.

Contar historia, contra historias de asedio como he hecho durante la mayor parte de mi vida, contar historias en una realidad muy volcánica es solamente una intensificación de la observación de la condición humana general. Pérdida y soledad, amor y avidez, muerte, desolación, deseo: estos son los temas perennes de la literatura. Y sin embargo toda extraordinaria novela o cuento que he amado, con pocas excepciones, es siempre “provincial”. Pero en mi opinión cuanto más provincial es un trabajo, más puede convertirse en universal. Universal, no internacional. Las novelas internacionales son cualquier otra cosa: tratan de hoteles y aeropuertos internacionales, de tramas internacionales e intrigas internacionales. Y estos libros son leidos en hoteles y aeropuertos internacionales, y normalmente también dejados sobre los bancos de los hoteles y de los aeropuertos internacionales.

No, yo estoy hablando de la escritura “provincial”, de la literatura “provincial”, porque en mi opinión toda novela o cuento no están ambientadas en el mundo, ni en una nación, ni en una ciudad, sino siempre en un barrio, en un suburbio, en una calle, en el mundo que se extiende desde la farmacia en la esquina de la calle y el negocio de productos alimentarios en el otro extremo de la calle.

Este es un pequeño mundo local, y cuanto más local y provincial es este mundo, mayores son las posibilidades de que su influencia se convierta en universal, porque si cabamos bastante en profundidad, descubrimos que todos nuestros secretos son los mismos.

Gracias, gracias todos, a la universidad y a los órganos académicos que me han seleccionado para la laurea, y gracias por acoger a mi hija y mi yerno que me representarán, y estoy seguro lo harán brillantemente, en esta emotiva ceremonia.

¡ Gracias y cordiales saludos !

E) "Un fin de semana con Amos Oz".

Publicado el 29-12-2018 en la web de jOIMAG. Traducido del italiano por Administrador, puede verse aquí el original: https://www.joimag.it/weekend-amos-oz/

MARINA MORPURGO

Con ocasión de la muerte de Amos Oz, volvemos a publicar un artículo escrito por Marina Morpurgo para “Diario”, publicado en septiembre del 2000, en el que cuenta dos intensas jornadas pasadas con el escritor, entre literatura y política.

Era el 2.000, el editor Feltrinelli y mi periódico – Diario – me pidieron acompañar a Amos Oz por dos días, desplazándome entre Milano y Lugano, y después de presentar el (entonces) último libro suyo. Qué loca hubiera renunciado. Fue, obviamente, una experiencia inolvidable, cada palabra suya rezumaba inteligencia y era una microlección de literatura. Releer sobre aquellos dos días es doloroso, porque él ha muerto y también porque las coyunturas geopolíticas han cambiado tanto, y para peor: en efecto, se había mostrado bastante menos graníticamente optimista que nosotros sobre la llegada de la paz a Medio Oriente.

En aquella época no había escrito el libro que después se ha esculpido, rompiéndolo y excitándolo, en el corazón de tantos: “Una historia de amor y oscuridad”. Se lo preguntaría en el curso de una entrevista posterior, años después: “¿No tienes miedo de no ser capaz de escribir nada más, después de este libro, tam hermoso y definitivo?”. Él había sonreido, quizá porque la pregunta era tonta, o quizá porque se la hacía todo el mundo. Escribió, en efecto, muchas otras cosas, entre las que está el intensísimo “Judas”.

Adios, Amos Oz.

Ciclón Amos.

Quizá no sería necesario comenzar un artículo sobre un escritor diciendo cuanto sea seductor y chamant. Esta no es Novella 2000*. Pero contar el efecto que Amos tiene sobre las mujeres (y en parte también sobre los hombres) es crónica, no cotilleo. Cierto, será un poco por aquel rostro a lo Paul Newman, en el que las arrugas de la edad no hacen daño. Será por aquel modo sexy-asesino de mover los ojos claros. Será por aquel aura heroico que Occidente atribuye (irritándoles, en el caso específico de Oz) a los intelectuales israelíes, recibiéndolos como enviados al frente, cuando no como profetas. Pero hay algo mucho más fuerte. Oz dice: “Lo que vuelve a un hombre sexy es la capacidad de escuchar”. En el curso de su última gira de conferencias en Italia, en las filas de quien esperaba alcanzar una firma de la copia de El mismo mar (apenas publicado por la Feltrinelli, con la traducción de Elena Loewental: una novela-poema de la que el autor dice: “Es el libro por el cual, después de morir, querría ser recordado”) eran muchos los que confesaban haberse enamorado de Yoel, el agente del Mossad, protagonista de Conocer a una mujer. Motivación unánime: “Porque aquel es un hombre que sabe comprender verdaderamente los deseos de una mujer”. Si Oz las hubiese sentido, no se habría asombrado en absoluto de tanta carga emotiva. Nos habría probablemente reconocido un modo israelí de afrontar las novelas, que él cuenta así: “Entre nosotros, la gente lee muchísimo …. leen como locos …. pero no lo hacen con el mismo espíritu de otros pueblos, para los que la lectura es una diversión. No, los israelíes leen para poder estar en desacuerdo con los protagonistas …. para pelearse con ellos …. se enfadan. De vez en cuando tengo una sospecha: en mi opinión, en Israel vendo tan bien porque hay alguno que compra veinte copias para darse el gusto de rasgarlas ….”. Aclarado esto, podemos contar sobre dos días pasados con el escritor. Sus opiniones políticas y literarias, las ráfagas de chistes, las anécdotas. De los rostros extasiados en la platea no hablaremos más, pero es necesario dejar constancia de que son una constante.

Es lunes 11 de septiembre, aeropuerto de Malpensa. Oz llega desde Roma, donde lo ha entrevistado la RAI. Antes estuvo en Mantova: en el claustro del museo diocesano había 600 personas escuchándolo. Aun antes había estado en Ferrara, en la libería Feltrinelli. Una presentación al estilo “extraña pareja”: con el laico Oz estaba el rabino jefe de Ferrara, Luciano Caro. Oz contará con un estilo astuto: “Yo leía en hebreo capítulos de El mismo mar, a él le he encargado leer la traducción italiana …. le he hecho recitar las escenas en las que se hablaba de sexo. ¡ No ha protestado, eh ¡ ¡ No ha hecho ni una arruga ¡ Se secó, no lo ha dado a ver ¡ Por otra parte, los judíos – hablo de judaismo original, y no de los ultraortodoxos – no tiene problemas con el sexo …. los católicos lo tienen”.

Sorprendido por Ehud.

El destino es Lugano, donde Oz es esparado para una lectura organizada por el “Istituto studi mediterranei”, dirigido por el profesor Vittorio Dan Segre. Oz aparece a través de las puertas de las llegadas nacionales. Cojea ostensiblemente. ¿Una vieja herida de guerra, como suspira alguna? No exageremos con el aura y con los estereotipos. Fue un feo accidente de coche. En el coche se habla poco: la jornada será larga.

En la mesa, en Lugano, con el amigo Segre, la discusión política se ha ya abierto. Oz no es demasiado optimista sobre el proceso de paz: “La partida está en las manos de Arafat. Es necesario ver qué decidirá él hacer …. si tendrá la valentía de renunciar al rol de héroe revolucionario para convertirse en primer ministro de un miserable Estado de Tercer Mundo, golpeado por el desempleo, por la corrupción, por el problema de los vertidos de las alcantarillas …. Si yo tuviese la posibilidad de ello, telefonearía a Arafat y le diría: acepta, porque estas son las condiciones mejores que serás capaz de arrancar jamás, y porque mañana podría no estar otro Barak. Si los palestinos dicen no a las ofertas, será una tragedia. Volverá Netanyahu, y por al menos otros 50 años no se hablará más de paz. Si, por el contrario, los palestinos aceptan, la izquierda tendrá alguna posibilidad de ganar las elecciones”. Para Ehud Barak, Oz – jamás complaciente con el poder – tiene palabras sorprendentes: “De ahora en adelante, en cualquier ocasión que Barak entre a una estancia, yo me pondré en pie. Y no lo he hecho jamás por ningún otro líder político. Ha demostrado estar dispuesto a pagar con su cabeza, con tal de llegar a la paz. Si no logra su intento, no veo para él ningún tipo de futuro: como máximo podrá tocar el piano en un bar, dado que al parecer es un óptimo músico. Barak ha sido más valiente que Rabin, es uno de los más grandes estadistas idealistas: el caso es que nadie se lo reconoce, porque él es un tipo difícil, arrogante. Hace dos años me lo dijo …. no le interesaba inagurar nuevas estaciones ferroviarias, o mejorar la red de carreteras …. le interesaba únicamente concluir el acuerdo con los palestinos. Entonces no lo creísteis, y por eso ahora me siento culpable. En Camp David, Barak ha ido y ha vaciado enseguida los bolsillos, diciendo claramente ya desde el primer momento lo que estaba dispuesto a conceder …. no ha ido a mercadear en el estilo con el que habitualmente se tratan las cuestiones medioorientales”. De lo que podría ser el futuro después del nacimiento de un Estado palestino, el escritor tiene una visión para nada romántica: “La frase “haced el amor y no la guerra” no tiene sentido. Lo contrario de guerra no es amor, sino paz. No esperéis que nos abrazaremos como los hermanos en Dostoievski, implorando perdón recíproco. No se trata de que haciendo terapia de grupo, o yendo a tomar un café juntos, nos comprenderemos y nos amaremos. Podemos beber ríos de café. Yo estoy de acuerdo con lo que dice Robert Frost: una buena valla hace un buen vecino”. Fin del almuerzo. Pequeño reposo. Entrevistas en la radio, televisiones y periódicos locales.

Un reloj que aun anda.

Después de la conferencia sobre Israel en la Universidad, un espectáculo pirotécnico tiene sujeto a las sillas al público que llena el aula. “Israel”, empieza Oz, “es un sueño y una realidad …. entre todos los ideales del siglo XX es el único reloj que todavía anda, quizá mal …. y siendo un sueño que se ha convertido en realidad, ha llevado consigo desilusiones. Porque solo las fantasías irrealizadas permanecen rosadas y perfectas. Yo creo que en la tarjeta de visita de mi País debería estar escrito: “Great Expectations”, grandes esperanzas. Había quien esperaba que Israel se convirtiese en un faro de moralidad, el campeón mundial de salto de altura moral. Quien, por contra, esperaba un macho-show permanente. Quien quería un shtetli con los bagel y las trenzas de los ortodoxos, sin haberse preguntado nunca “¿pero cuánto gefilte fish ha comido después Moisés?”. Había quien quería reconstruir en estilo holliwoodiano el reino de David …. quien el imperio de Francisco José (….), quien quería tirar al Mesías por la barba ….”. Oz cuenta de su kibbutz, Hulda, en el cual entró de adolescente, en los años Cincuenta. En ruta con su padre, que era un sionista de derechas: “Eran socialistas tolstoianos, más bien de los anarcosocialistas semi-religiosos …. no querían el Estado, sino una federación entre comunidades rurales iguales …. querían rezar a Dios no en la sinagoga, sino en los campos”. Pero detrás de la esquina, cuenta Oz, estaba la facción marxista: “Hasta 1952 fantaseábamos con que el compañero Stalin vendría a ver su gallinero …. después habrían hecho un debate sobre Rusia y sobre el marxismo-leninismo. Y en sus sueños, Stalin se levantaba y decía: “Malditos judíos, vuestro marxismo-leninismo es mejor que el nuestro”. En definitiva, cada fantasía …. cada idea …. era todo sionismo …. había más arquitectos que obreros”. El escritor israelí dice que los medios de información dan del País una idea distorsionada: “Olvidaos de la CNN …. oyéndola, os imagináis que el 95% de nosotros somos ultraortodoxos, colonos llenos de odio, y el 5% maravillosos intelectuales …. en cambio nosotros somos en el 85% un pueblo cálido, mediterráneo, apasionado, litigioso, burgués y absolutamente hedonista. Somos un País donde todos son profetas o al menos primeros ministros …. donde en la parada del autobús perfectos desconocidos discuten apasionadamente sobre la metafísica, la historia antigua, las verdaderas intenciones de Dios …. donde cada uno tiene las respuestas y nadie escucha las preguntas. Si quieres discutir con alguien, basta que levantes el teléfono y marques cualquier número ….”.

Tiempo de guerra.

Ahora cuenta un atardecer del 1967 en el Sinaí, el atardecer anterior al inicio de la guerra: “Había sido llamado como reservista en una unidad acorazada. Estábamos todos alrededor del fuego de campo …. estaba también un general, que después fue el comandante supremo de las fuerzas armadas. Comenzamos a hablar …. después de un poco se levanta un sargento gordo y con anteojos que pregunta a quemarropa al general “pero, perdone, ¿Vd ha leido “Guerra y paz”? Porque mire que Vd está a punto de cometer el mismo error que los rusos en Borodino ….”. Pocos segundos y estamos todos en pie discutiendo a voces como obsesos y portándonos como perfectos idiotas …. también el general ….son cosas que solo pueden suceder en Israel …. al final se supo que el sargento era un profesor universitario de literatura rusa …. el general enseñaba filosofía. Como dice mi barbero ruso: pero este es un País terrible, en el que cada uno es libre de expresar una opinión. Según él, es un riesgo mortal para la democracia …. querría abolir la libertad de expresión, en nombre de la democracia”. Otro vicio de la prensa occidental, dice Oz, es el de presentar a Israel como a punto de precipitarse en la guerra civil: “Hace algunos años me encontraba en Beit Shemesh, en una plaza llena de religiosos y de seguidores de Begin, que gritaban que debería ser disparado, ahogado, ahorcado, en tanto socialista, Kibbutznik y amante de los árabes. Pero mientras elegían el mejor modo de asesinarme, competían para ofrecerme el café, pagarme el zumo de fruta, encenderme el cigarro …. entre nosotros, la guerra civil es una guerra verbal. En más de 100 años, no se cuentan más de 30-40 judíos muertos por otros judíos por motivos ideológicos, y si bien es cierto que un muerto es ya demasiado, creo que podemos estar orgullosos de este dato”. Las discusiones y las risas son, para Oz, una manifestación del “sano anarquismo” propio de la cultura judía: “¿Por qué nunca hemos tenido un Papa? Porque todos se dispondrían a darle una palmadita en la espalda y a decirle: “hola Papa, ahora te digo lo que es necesario hacer”. Y rabino no significa ni padre, ni pastor …. sino solo maestro …. y todos pueden ser maestros. ¿Recordáis la historia de Abraham en Sodoma?. Qué chutzpà, qué caradura …. se pone a mercadear con Dios sobre el castigo …. y es de destacar que al final ningún rayo lo derriba. Puede discutirse con Dios, e incluso llevarle la contraria …. como en una de las historias del Talmud que prefiero. Dios puede equivocarse, y esto es la gran diferencia, en mi criterio, entre la religión judía y la cristiana”. Y todavía sobre la relación entre judaismo y cristianismo: “Mi abuela era muy sabia …. decía que visto que en el fondo la diferencia entre nosotros y ellos es que ellos creen que el Mesías ya ha venido y volverá, mientras nosotros los estamos esperando aún …. entonces, lo único razonable es estar sentados tranquilamente …. si el Mesías llega y dice “Oh, qué placer volver a veros, ¿cómo estáis?”, los hebreos deben excusas a los cristianos … si llega y dice sólo “Hola, ¿cómo estáis?”, entonces los cristianos deben excusas a los judíos”.

Mirar hacia adelante.

Desde el público piden previsiones sobre el futuro político de Israel: “Os doy una buena noticia. Se diga lo que se diga, el País no será gobernado por los ultraortodoxos. Basta con mirar los números. En la Knesset de 1947 estaban 17 diputados ultrarreligiosos. En 1999 eran 22. Ganan un escaño cada diez años …. y si se llega a la paz con los palestinos, ellos dejarán de ser lo que decanta la balanza entre la izquierda y la derecha: su influencia disminuirá. El partido religioso sefardita Shas no es un peligro para Israel, el peligro son la pobreza y la frustración. Tenemos un montón de inmigrantes recientes …. donde yo vivo ahora, en Arad, en el desierto del Negev, sobre 27 mil habitantes, aproximadamente 9 mil son rusos de la última oleada. Para aquellos que tienen más de 60 años es un paraiso: reciben la pensión, están al aire libre, juegan todo el día al ajedrez. Pero para los otros …. es un infierno. Entre ellos, hay un porcentaje increible de músicos, dicen que si un inmigrante ruso no toca el violín, significa que es un pianista …. sin contar los 600 profesores de marxismo-leninismo, y 1.500 ex-funcionarios judíos del KGB. Pero quizá a estos podríamos pagarles para controlar a los profesores ….”. Acabada la conferencia, acabado el asalto de quien quiere hacerse firmar el libro, es la hora de la cena, pero no del descanso. Cansado como está, Amos Oz permanece como un río desbordado. La comida de los tres periodistas invitados se enfría en los platos: ¿comer o tomar apuntes sobre la conversación? También porque los temas son potentes. La Shoah, por ejemplo: “Yo estoy aburrido de oir hablar de Shoah, o Holocausto. Ha sido un crimen de masas, cometido por el hombre sobre el hombre. No ha habido nada de metafísico, de divino. Es hora de dejar de romantizarlo”. O la disputa con Hannah Arendt en los tiempos en que apareció La banalidad del mal: Adolf Eichman en Jerusalém ha engañado, fingiendo ser un gris burócrata …. un empleado de banca …. mientras él creía que lo malvado debiera parecerse a Jago y estar circundado por llamas verduscas. En cambio, el crimen de Eichman estaba lleno de invención. Yo he pensado mucho en la decisión de los nazis de camuflar las cámaras de gas por duchas …. una decisión tomada por un hombre cuyo nombre quizá no conoceremos jamás. En el fondo, había muchas alternativas para hacerlos entrar tranquilamente en la trampa mortal: decir a los judíos que estaban yendo a hacer las fotos para el pasaporte, o que estaban a punto de entrar en una clínica para vacunarse. Quien ha pensado en las duchas conocía bien la psicología judía …. el deseo de no ser nunca más “cerdos judíos” …. no era un gris burócrata con ideas banales, sino un hombre que tenía empatía”. La mañana, se reparte por Milano. Amos Oz es esperado en la tarde en la librería Feltrinelli de Piazza Duomo, para una presentación del libro que verá la sala abarrotada. El viaje es eterno, con el taxi atrapado por el tráfico. Pero quedar bloqueado con Oz no está para nada mal: se obtiene una dosis extra de narraciones. Como esta, por ejemplo: “Existe una historia que pocos saben: “en 1948, la ayuda más importante a Israel, en términos de armamento, llegó de la Unión Soviética. Stalin hizo cosas terribles para destruir la cultura judía en su País, pero si no hubiese sido por él, no habríamos tenido los medios para combatir. Fue una obra maestra de surrealismo, porque Stalin nos hizo tener una gran cantidad de armas checoslovacas …. eran aquellas que habían sido abandonadas por los nazis …. un director como Woody Allen no habría podido inventar una escena mejor: los árabes con los Siitfire ingleses, y los judíos con los Messerschmitt nazis”.

F) La larga fidelidad de Amos Oz.

Publicado el 1-1-2019 en la web italiana GLI STATI GENERALI. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.glistatigenerali.com/letteratura/la-lunga-fedelta-di-amos-oz/?fbclid=IwAR2w0k08RdrFvLjkVWjlg792KIl1ZZLEPcKrhEp2XLnUe9QM-1VA9C6-2_4

DAVID BIDUSSA.

Quizá haría falta mirar más allá los títulos de los libros de Oz e intentar hacer un mapa de su traducción (de la geografía, pero también de la cronología de estas traducciones ….). Creo que resultaría un cuadro interesante, que no atañe a Oz, sino a como los muchos mundos de la lectura y de las culturas se mezclan con él, interrogándose (quizá) o evitando interrogarse sobre su dimensión apacible o contemporáneamente escandalosa.

En octubre pasado, con la traducción de Elena Loewenthal, Feltrinelli publica “Finché morte non sopragiunga”*, un texto que hasta el momentoque hasta ahora ha pasado desapecibido.

Me compraré un binóculo muy potente. Protegido de miradas indiscretas, exploraré el horizonte del mar. Esterá siempre en guardia. Mientras esto dure, yo estaré ahí también. Justo como todos los demás. Pero cuando un día descubra largos barcos grisese a lo lejos, en el fondo del horizonte, seré el primero en dar la alarma”.

Son las palabras con que finaliza “Amor tardío”, narración de Amos Oz que constituye la primera parte de “Hasta la muerte”.

Escrito en 1970, cuando Oz tenía poco más de treinta años, “Amor tardío” tiene un doble registro: es la escritura de un joven treintaañero, que se encuentra ajustando cuentas con un cambio de época que transporta esta condición a la mente de un setentón que se cuenta a sí mismo como superviviente. Y al mismo tiempo esta condición de edad lo coloca en el umbral de una condición última de vida, lo obliga a encontrar una función para sí en una realidad social, cultural, que percibe como profundamente cambiada en relación a la de su primera y segunda vida. Realidad que aún siente como suya, y que por tanto no abandona, que contesta, quizá, en la jerga amada por Amos Oz, “traiciona” en relación al pensamiento compartido, aquello que en la jerga política del hebreo hablado en Israel se llama “permanecer dentro del consensus“.

Realidad que se le presenta ahora, también por este “en peligro”, porque sufre de amnesia en relación al propio pasado, y ebria de su nueva potencia, y por tanto, por ello, olvida sus propias debilidades. Sobre todo, separada de su mito originario. Sociedad de la que advierte su fragilidad y que entiende, por ello, necesidada de tutela. No solo para protegerse a sí misma, sino también contra el sí misma de hoy.

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Y por lo demás es significativo que esta narración en hebreo aparezca en 1983, en un tiempo, marcado por el conflicto interno por la guerra en Líbano de junio-septiembre de 1982, cuando la realidad política, social y cultural, pero también emocional, en el ambiente le parece que sufre una aceleración tanto como para sentir vivir en un país en el que los diversos sectores sociales, políticos, culturales, no se hablan entre sí.

Una condición que en aquellos meses experimentará recorriendo el país, y que encuentra su síntesis en un libro que en Italia, cuando llegó (lo publica Marietti en 1992 con una introducción de Lucia Annunziata; el título es In terra di Israele) ha sido dejado de lado, quizá porque Amos Oz en aquel momento aún no era “nadie” para el lector medio italiano. En hebreo aquel libro se titula Aquí y allá en la tierra de Israel en otoño de 1982, lo publica Am Oved en mayo de 1983, anticipado por una transmisión en televisión en marzo de 1983, en un país aún conmocionado por la muerte violenta de Emil Grunzweig, activista de Peace Now, asesinado por un extremista de derecha en Jerusalém, el 10 de febrero de 1983, durante una manifestación en apoyo a los resultados de la Comisión Kahan del gobierno israelí que consideraba a Ariel Sharon (entonces ministro de defensa) “indirectamente responsable” de la masacre de Sabra y Shatila, solicitando su cese como ministro.

No será facil en estas páginas reconocer a Tel Aviv, que hoy imaginamos o percibimos como realidad del hi-tech, de la comunicación, estructurada en torno a la industria 3.0 y en viaje hacia los desafíos del trabajo 4.0, y que en estas páginas se presenta sobre todo en la humedad, en todo caso inmersa en la dimensión industrial 1.0. También por esto Amor tardío puede parecer, en una primera lectura, una narración que llega fuera de la fecha de caducidad.

No creo. A pesar de sus 48 años, estas páginas aún hablan de los desafíos de hoy, entre la dimensión de querer encontrar una continuidad con el pasado y la necesidad de encontrar algo para hacer, para decir, para no estar fuera del tiempo-ahora. En resumen, de pensarse aún como parte de una sociedad activa, y no ser por ello un residuo del tiempo pasado, sobreviviente al tiempo de uno. Puede suceder que la condición sea del alguien que grita buscando resaltar el iceberg que nadie ve a una nave que se dirige al choque directo. Una función y una vivencia de “hombre de medianoche” de Victor Segre, que intenta poner en guardia mientras a su alrededor todos brindan por el éxito.

En todo caso, queda el hecho de que aquella condición indica una opción que es la de no abandonar, de no pensar -justamente porque se entrevé el desastre inminente, con la indiferencia alrededor, o peor, con el entusiasmo inconsciente – de salvarse abandonando o, en otro caso, renunciando. Sino que es la de mirar lejos, de encontrar un punto en lo alto.

Mejor: de tener una mirada desde arriba, justamente para continuar prestando atención a las cosas, incluso las más marginales..

Es el último “mensaje en una botella” que ha llegado de Amos Oz. Quizá no haya sido pensado para que lo fuese. Pero es importante que lo sea. Significativamente, el testimonio de una larga fidelidad a sí mismo.

G) En la muerte de Amos Oz.

Publicado el 4-1-2019 en la web de MOSAICO (sitio oficial de la comunidad judía de Milano). Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: http://www.mosaico-cem.it/attualita-e-news/personaggi-e-storie-attualita-e-news/in-morte-di-amos-oz

CLAUDIO VERCELLI

De repente, al mismo tiempo en que la noticia de su muerte se difundía rápidamente un poco por todas partes, se ha convertido en una especie de vecino de casa. Una de esas personas reservadas, pero con la que se descubre haber compartido algo más que algún encuentro ocasional. Aquí en Italia, país que había visitado muchas veces, encontrando por ello, al igual que muchos compatriotas suyos, una especie de afinidad electiva muy íntima, diversas personas han encontrado, por lo demás, el modo de conocerlo y apreciarlo. La desaparición de Amos Oz, por tanto, ha recabado un amplio eco, no solo en el mundo de la información, en la sociedad literaria, entre los lectores omnívoros, en otras palabras, entre las “personas enteradas”.

Un canal de expresión transversal.

Por sus numerosas apariciones en los festivales de la Península, pero también por la grandísima resonancia de su obra de literato, auténtico relator de los sentimientos del tiempo actual, ha tenido una recepción que va más allá de su misma persona y que, con toda probabilidad, perdurará en el curso del tiempo, reforzándose todavía en los años venideros. El punto desde el que encaminarse para formular un primer balance de la herencia de Oz -por tanto- es reconocer que él, del mismo modo que otros autores no menos conocidos (así como algunos un poco menos conocidos, a partir de Yoram Kaniuk), ha tenido éxito en la pretensión de crear una canon expresivo transversal. La literatura israelí, de hecho, parte de lo particular y de lo específico de la experiencia nacional para dirigirse a un público más amplio, siendo capaz de capturar, describir, dar cuerpo (así como a devolver esto con una lenguaje significativo), a sentimientos, pensamientos, temores, así como a deseos y esperanzas. La literatura israelí es realmente universal, dado que, por medio del filtro y el espejo de los avatares de los ciudadanos de Israel, reproduce el deseo de dar voz, palabra, y por tanto forma y sustancia, a un sentir común, fuertemente conectado con la narración del sentido de los tiempos que estamos viviendo. Por tanto, algo que va más allá de las fronteras del País, del que permanece en todo caso como completa expresión.

Una judeidad moderna.

De Amos Oz, en el torbellino de comentarios, que, en cualquier caso, han tocado los cocodrilescos panegíricos, se ha ya leído y dicho mucho. También en este caso por una razón concreta, ligada al hecho de que se han dirigido a él como se hace con una persona que tiene un gran carisma moral. Además del conjunto de su indiscutible calidad expresiva, del talento en la escritura, del espesor de las narraciones, ha ejercido realmente un magisterio fundamental, vinculado a la capacidad de transformar las palabras en emociones (y viceversa). Le ha servido de marco una judeidad completamente inervada en la modernidad y, precisamente por esto, presionada por la demanda de identidad. La cual, cuando non cristaliza en actitudes y convicciones incuestionables, es como un río en inundación, destinado a modelar el paisaje que atraviesa.

Una conciencia no solo crítica, sino también ética.

De Oz se ha escrito, en el límite de la banalidad, que habría sido la “conciencia crítica” de Israel. Quien conoce sus libros, como que lo que en ellos se narra se hace con mirada inspirada en una especie de realismo mágico, en el que el encuentro con la realidad es mediatizado por la necesidad de interpretarla acudiendo al lenguaje de la resonancia emocional, sabe bien que una expresividad de tal clase es tanto cautivadora como engañosa. Su discrepancia sobre ciertas elecciones de los gobiernos son demadiado conocidas como para remarcarlas. Menos comprendido es, en cambio, el hecho de que ha sido el suyo un dar voz a la dialéctica entre posiciones distintas, claramente presentes y enraizadas en la sociedad israelí. Donde, por otra parte, no hay elección que no sea sometida a lecturas inmediatamente críticas. En todo caso, el fundamento de la concepción política de Oz descansa sobre la necesidad de continuar suministrando razones éticas a la acción política. También por este motivo ha querido siempre recordar cual es el status de las minorías, una condición casi permanente para el judaismo fuera de Israel (…).

No casualmente, por otra parte, se comprende mejor su obra si se la inserta no solo en la realidad israelí de 1948 en adelante, sino en las infinitas conexiones con el mundo diaspórico, donde intercambios, habitualmente conflictuales, pero también y sobre todo enriquecimientos e hibridaciones, constituyen una dinámica permamente, así como obligada. Asimismo, el discurso impropio de su condición de “pacifista”, en ningún caso indica la adhesión preventiva y definitiva a una ideología específica, sino la búsqueda de una negociación pacífica en los abundantes conflictos abiertos. No solo con la comunidad palestina, sino también en el interior de la sociedad israelí. De hecho, a pesar de ser uno de los partidarios de Peace Now, y habiendo apoyado fuertemente el proceso negociador de los años Noventa, ha siempre elegido de un modo muy selectivo a quien y que apoyar.

El pragmatismo le era connatural, a la par que una fortísima vocación a aquel patriotismo constitucional, es decir, el respeto a las comunes reglas democráticas, sin el cual el fundamento ético de Israel le parecía destinado a ser puesto en discusión. Los temas afrontados, sobre todo con sus últimos libros, partiendo del de las relaciones entre lealtad y traición y entre integridad moral y tradición, reenvían a este fondo profundo. El esfuerzo constante del autor ha sido, por tanto, el de convertir el caleidoscópico pluralismo de una sociedad en evolución, identificando en la mediación política e institucional el baricentro de su desarrollo.

Los hechos que lo marcaron.

La formación civil y moral de Amos Oz, por otro lado, está marcada por dos factores que han después ejercitado sobre él una fuerte influencia. El primero de ellos es la relación con los padres. La madre, que se suicidó cuando el hijo estaba aún en la edad de la primera adolescencia, se manifiesta como una nodriza inquietante, tan asiduamente presente en los pensamientos como ausente en los hechos. El padre, figura con autoridad y al mismo tiempo austera del gran núcleo del sionismo denominado “revisionista”, este último redimensionado políticamente en los años del formación del Estado hebraico, es una especie de exiliado en su patria, en relación con el cual el hijo Amos experimenta una profunda ruptura.

El segundo elemento es la época concreta de la formación intelectual y política del escritor que, nacido en 1939, sigue los años de consolidación del joven Estado, confrontándose no solo con la generación de los padres fundadores, sino con la inmediatamente posterior. Se encuadran dentro de estos dos fundamentales marcos de existencia tanto la elección de ir a vivir a un kibbutz, en busca de la autenticidad que debía ser la osatura del experimento político, cultural y social de Israel, como su larga estancia en el ejército, en los años en los que el País consolidaba su colocación geopolítica.

Oz el “sabra”.

Oz ha sido siempre un autor sabra. Es así no sólo por haber nacido en Jerusalém, ciudad de la que nunca se ha alejado del todo, aun habiendo elegido después Tel Aviv y Haifa como ciudades adoptivas, sino también y sobre todo porque ha afrontado a través de su escritura los temas de un Israel en vías de maduración: la relación entre lacicidad, secularización y religiosidad; el cambio de las culturas políticas, de las que por medio de sus libros ha narrado sus trayectorias; el conflicto entre la austeridad de las primeras décadas y el hedonismo consumista que lo sustituyó en los años más próximos a nosotros; la cuestión de ser ciudadanos de una sociedad nacional, pero sintiéndose parte, al mismo tiempo, de un flujo global, que interpela a todo el mundo; la relación entre identidad e hibridación, entendidas no como condiciones antitéticas, sino como parte de una trama existencial común. También por la vía de afrontar estos polos interrogativos, estando él desde siempre ligado a su originaria cultura política de referencia, la socialdemócrata y laborista, ha dado habitualmente cuerpo al sentido de desapego del país que una parte de su generación ha vivido antes de los cambios más recientes. Lo ha hecho sin abandonarse a lamentos anacrónicos, sino preguntándose cuales eran los recursos para la regeneración, sabiendo bien que la vida permanece como un incesante desafío al sentido común.

Su escritura ha recogido tales inquietudes, las ha proyectado sobre un plano universal (…) Un autor sabra que ha vivido al mismo tiempo dentro de una dimensión diaspórica, la ofrecida por el prisma de su inquieta judaidad.

H) “Mi padre Amos y la invención de la esperanza”.

Publicado en la web de SINISTRA PER ISRAELE el 9-1-2019. Traducido por Administrador.Original:http://www.sinistraperisraele.com/2019/01/09/my-father-amos-oz-left-us-with-world-changing-words/

FANIA OZ-SALZBERGER (2-1-2019).

Mi padre murió el viernes. Si los verdaderos justos mueren en el día de Shabbat, sólo ahora comprendo que los escritores deben morir en viernes. La noticia se filtró justo antes de este sábado invernal y durante todo el largo fin de semana, en Israel y fuera, decenas de miles de personas conocieron a mi padre y leyeron sus palabras. Un escritor debe morir en viernes.

A la edad de cuatro años descubrí la muerte. Fui junto a mi padre para confiarle mi terrible miedo. Mi padre me dijo: “No tengas miedo, Fania, porque cuando seas grande habré inventado algo que le impedirá a la gente morir”. Dijo justamente así, con estas palabras exactamente. Id a comprobar: el papá de 25 años que le decía estas cosas a la niña era el chaval de “Soumchi”, el de “Una pantera en el sótano”, el de “La colina del mal consejo”, y de “Una historia de amor y oscuridad”. Aquel chaval se convirtió de golpe en padre: el mío.

Algunos sostienen, y con razón, que no es necesario decirle a un niño asustado por la muerte que el padre inventará algo para evitarla. Como si las simples palabras bastaran para darnos la redención, la curación completa y definitiva, o al menos nos permitieran ganar tiempo, aplazar el temor de la muerte de un niño, de un adulto o de un anciano, para acunarlos en un hechizo artificial suavizado por el espejismo de un futuro todavía posible. Esta crítica abraza también la visión política de mi padre. Cierto, quiero hablar aquí de su visión política porque, tanto para él como para mi, la política era una cuestión también personal. No todo lo que es personal es político, obviamente, pero todo lo que es político es también personal.

Algunos piensan que el “optimismo” político que acompañó a Amos Oz casi toda su vida – no en los últimos aaños, pero durante casi toda la vida – fue una fantasía sobre la paz mundial, sobre la bondad complicada pero posible del género humano. Reparar y curar con azadas y palas, con libros y bolígrafos. Los que despreciaron su “optimismo”, y más bien estaban asustados de él, casi pensaban que su obstinada batalla por la paz entre árabes e israelíes, en particular entre Israel y Palestina, era una loca ilusión, una peligrosa licencia poética, una sombra efímera en la caverna de Platón.

Mi padre insistió hasta el final, hasta casi el final, en que los hombres y mujeres se convierten en más buenos con el paso del tiempo, más complejos y más buenos, gracias al contacto con los demás, y con el dolor de los demás, aun del lejano y extranjero, por medio de la capacidad para contar historias y de escuchar historias, que nos permite identificarnos por un breve instante en la humanidad extraña de personajes lejanos y desconocidos. Pero decía con frecuencia: “Podemos adensar todas las leyes morales, los Diez mandamientos y todas las virtudes humanas en un único precepto: no causar dolor. Todo aquí. No hacer el mal. Y si no se es capaz, al menos esfuérzate en causar el menor mal que puedas. Inrlingir el menor dolor posible”.

Durante toda su vida, mi padre se esforzó en no causar dolor, pero a veces no lo consiguió. Sé muy bien que en algunas circunstancias le causó dolor a los demás. Pero sé también que muchísimas personas se atrevieron en las últimas semanas a contarnos como mi padre los escuchó, les ayudó, con paciencia y generosidad. Mirad, es verdaderamente posible levantarse cada día a las cuatro de la mañana y hacer cualquier cosa para causar menos dolor. Causar menos dolor y escribir. También hacía esto, desde las cinco de la mañana, después de su caminata en la alba, con el bolígrafo negro y el bolígrafo azul, para distinguir la voz del narrador de la voz del ciudadano-orador.

Mi padre creaba personajes inquietos y perseguidos y para ellos buscaba la paz perfecta. Lanzaba sus encantos sobre las tinieblas para hacer brotar la luz del amor. Y entre el amor y las tinieblas, igual de complicado que el amor por una mujer, mi padre llevó adelante su vida luchando con el amor por su tierra y su país; Israel, el Estado que brotó de las lágrimas de sus padres. Con la energía del testimonio ante el triunfo del sionismo, con la fe indestructible de la generación que fundó un Estado para los judíos en Israel, mi padre continuó explorando los caminos para realizar la esperanza más recondita del sionismo, quizá la única esperanza sionista que permanece todavía sin cumplirse: la paz entre nosotros y los árabes. Existen hombres y mujeres, me repetía, que crecen en bondad y sabiduría en los rincones más perdidos del País, y serán ellos, antes o después, los que tomen en sus manos el timón de Israel. Serán las personas que menos se espere, quizá los que llegaron de últimos – no los famosos y los sedientos de gloria – los que se abrirán paso y se pondrán en la dirección. Vendrán de tierras desconocidas, donde ya nacen en secreto las grandes esperanzas del mañana.

No optimismo, sino esperanza. El optimismo es el color de la previsión; la esperanza es la conciencia de un valor profundo, o hija de una imaginación sobrehumana. La esperanza es lo contrario al fanatismo y de su primo hermana, la desesperación, y de aquel otro pariente, el cinismo. Todos aquellos que atrancan las puertas son enemigos de la esperanza. Hablo de la esperanza de que un día tendremos también nosotros paz y justicia, aquella justicia cuidadosa y benévola que gobierna una sociedad solidaria y madura, no ambiciosa ni entusiasta de algún gran teorema, sino capaz de compartir en cada cosa el respeto y el afecto por los ser humanos tal como son. Es la esperanza en una sociedad israelí capaz de alimentar judaísmo y humanismo, las palabras gemelas escritas en la puerta de la casa de nuestro tío, Joseph Klausner. Aquella misma judaidade cuyos engranajes secretos, aun en la ausencia de fe en Dios, son los hijos, los libros y el diálogo. Y para nosotros, en nuestra casa y en nuestra cultura, el diálogo con todos es bienvenido siempre, y el debate es acogido con alegría, apasionado y ensordecedor cuanto se quiera, siempre y cuando no le cause dolor a nadie.

Así de enraizada y sólida es esta gran esperanza, que aunque hoy algunos la rechazan en el temor de que podría debilitarnos y entregarnos a las manos de nuestros enemigos, una infinidad de personas saben captar su grandeza. Es una esperanza que anida en el centro mismo del sionismo, en el centro incluso del humanismo. La esperanza le hace bien al corazón, lo amplía, abre los horizontes y empuja a la acción. Representa la arena y la herencia para los nietos que viven en esta tierra. Y para los nietos que viven en cualquier parte del mundo.

Mi padre murió, y quien piense que una esperanza como esta había muerto en Israel con la muerte de Amos Oz, no conocía bien a mi padre, porque él sabía que habríamos seguido en este camino. Había ideado una invención para hacer que no se apagara la esperanza. Sus hijos y nietos, amigos, estudiantes lectores e interlocutores, incluso sus dignos opositores, nosotros haremos que no se extinga. Siendo clara: me refiero a la esperanza de una verdadera paz aquí entre un Israel democrático, un Estado de los judíos y de todos sus ciudadanos, un Estado fundado sobre el derecho y sobre la justicia social, un Estado en el que la lengua de la Torah pueda florecer, al tiempo que la cultura judía y hebrea, al lado de las culturas árabes y mundiales (….).

Cambiamos la historia una vez. Los padres de mi padre, y los padres de mi amadísima madre, los pioneros del Kibbutz Hulda y los judíos que desembarcaron aquí por mar y tierra, desde cuaalquier rincón de la diáspora, con un único objetivo en la mente, empujados por una enorme catástrofe, todos ellos cambiaron la historia. Huídos de las fauces del demonio, cambiaron la historia. Y nosotros, ¿no podemos también nosotros, aquí y ahora, esperar y actuar? No ccreo que mi padre pueda oir lo que estoy diciendo. Era un judío profundamente laico. Yo también lo soy. Pero estoy segura, firmemente segura, de que hoy por hoy él está diciendo que sí con la cabeza.

Luego, es posible inventar algo para hacer que nuestra esperanza humana e israelí no muera. Es una esperanza sabia y ponderada, muy judía en un cierto sentido, una esperanza que abraza a todos los hombres y al mundo entero. La esperanza que le conceda a todos una buena vida sobre la tierra, y que todos, o casi todos, sean capaces de contar historias y de escuchar historias, pero con gran atención. La esperanza de que todos, entonces, puedan comenzar, uno tras otro, a no causarle más dolor a ningún otro ser humano, o al menos a causarle menos dolor.

Le quise profundamente a mi padre y mi alma era próxima a la suya. Pensaba que vendría aquí hoy y no sería capaz de abrir la boca, pero veo que no me faltaron las palabras. Tenemos las palabras. Las palabras de mi padre y las palabras de los otros, y todas las palabras buenas que y todavía esperan ser pronunciadas. Estas palabras fomentan el amor, encadenan los sueños y a veces cambian el mundo. Estas palabras no morirán y en seguida alguna esperanza se transformará en realidad también aquí, entre nosotros.

Gracias, abba (papá, ndt).





(2). DAVID GROSSMAN.

A) El mundo más pequeño” (discurso de David Grossman).

(Pronunciado en el Congreso del Pen Club; New York, 2007).

Para bien o para mal, las contingencias de la realidad tienen gran influencia sobre lo que escribimos”, dice Natalia Ginzburg en su libro “Es difícil hablar de un mismo”, en el que habla de su vida y de su escritura después de pasar por un desastre personal.

Es difícil hablar de uno mismo, y por eso antes de hablar acerca de mi experiencia de escritura actual, hoy por hoy de mi vida, quiero decir algo acerca del impacto que un desastre, una situación traumática, tiene sobre toda una sociedad, sobre todo un pueblo. Y de inmediato recuerdo las palabras del ratón de “Una pequeña fábula”, el cuento de Kafka. El ratón, que dice, mientras la trampa lo encierra y el gato lo acecha desde atrás: “Ay… el mundo se hace más estrecho cada día”. Sin duda ninguna, tras muchos años de vivir en una realidad violenta y extrema, llenada de conflictos políticos, militares y religiosos, puedo informarlos, con tristeza, que el ratón de Kafka tenía razón: el mundo, por cierto, se hace cada vez más estrecho, cada vez más reducido con cada día que pasa.

Y también puedo hablarles del espacio vacío que crece lentamente, el espacio que se extiende entre la persona, el individuo y la situación externa, violenta y caótica en la que vive. La situación que determina su vida. Y ese espacio nunca permanece vacío. Se llena rápidamente… de apatía, cinismo y, más que nada, de desesperanza; la desesperanza que provocan situaciones distorsionadas y que les permite persistir, a veces incluso durante generaciones. Desesperanza respeto de la posibilidad de cambiar alguna vez el estado de cosas reinante, de poder redimirse de él. Y una desesperanza aun más profunda… la desesperación por las cosas que esta situación distorsionada saca a la luz, finalmente, en cada uno de nosotros.

Y siento el alto coste que yo y la gente que veo y que conozco pagamos por este persistente estado de guerra. La reducción del “área de superficie” del alma que entra en contacto con el mundo violento y amenazante. La limitación de la capacidad -y de la voluntad- de identificarnos, aunque sea un poco, con el dolor ajeno; la suspensión del juicio moral. La desesperanza que casi todos nosotros experimentamos respeto a la posibilidad de entender nuestros verdaderos pensamientos, en una situación que resulta tan aterradora y engañosa y compleja, tanto en el aspecto moral como en la práctica; y por lo tanto uno se convence de que estará mejor si no piensa y si elige no saber: tal vez estaré mejor si dejo la tarea de pensar y hacer y establecer las normas morales en manos de aquellos que, supuestamente, “saben más”.

Y, más que nada, me sentiré mejor no sintiendo demasiado, por lo menos hasta que esto pase, y si no pasa, por lo menos habré aliviado de algún modo mi sufrimiento, habré desarrollado una insensibilidad útil, me habré protegido de la mejor manera con la ayuda de un poco de indiferencia, un poco de sublimación, un poco de ceguera deliberada y una gran dosis de autoanestesia. En otras palabras: la causa del perpetuo -y siempre demasiado auténtico- miedo de resultar herido o muerto, o de sufrir una pérdida insoportable o incluso una “mera” humillación, todos y cada uno de nosotros, los ciudadanos del conflicto, sus prisioneros, recortamos nuestra propia vivacidad, nuestro diapasón mental interno y cognitivo, envolviéndonos en capas protectoras que acaban por asfixiarnos.

El ratón de Kafka está en lo cierto; cuando el depredador nos acecha, el mundo se vuelve cada vez más estrecho. Y lo mismo acontece con el lenguaje que lo describe. Por experiencia propia puedo afirmar que el lenguaje con que los ciudadanos que viven un conflicto sostenido describen su situación se vuelve más plano cuánto mayor es la duración del conflicto. El lenguaje se convierte gradualmente en una secuencia de clixés y consignas. Todo comienza con el lenguaje creado por las instituciones que dirigen el conflicto de manera directa -el ejército, la policía, los diferentes ministerios del gobierno-, rápidamente se filtra a los medios masivos que informan sobre el conflicto, dando nacimiento a un lenguaje aun más ingenioso que pretende ofrecer a su público una historia de digestión más sencilla; y todo este proceso desemboca en última instancia en el lenguaje personal, íntimo, de los ciudadanos del conflicto, aun cuando ellos lo rechacen.

En realidad, es un proceso absolutamente comprensible: después de todo, la riqueza natural del lenguaje humano y su capacidad de expresar los matices y los hilos más delicados de la existencia pueden resultar profundamente hirientes en esas circunstancias, porque nos recuerdan incesantemente esa pródiga realidad de la que nos despojaron, su verdadera complejidad, sus aspectos más sutiles. Y cuanto más irresoluble parece la situación, y cuanto más plano es el lenguaje empleado para describirla, tanto más se reduce el discurso público. Sólo quedan las banales y rígidas acusaciones mutuas entre los enemigos, o entre los contrincantes políticos del mismo país. Sólo quedan los clixés que usamos para describir a nuestro enemigo y a nosotros mismos, esos clixés que son, en última instancia, una colección de supersticiones y de crudas generalizaciones en las que nos encerramos y encerramos a nuestros enemigos. El mundo, sin duda, se está haciendo cada vez más estrecho.

Mis pensamientos no aluden sólo al conflicto en Medio Oriente. Hoy en muchas partes del mundo hay millones de personas que enfrentan alguna clase de “situación” en que la existencia personal, los valores, la libertad y la identidad están amenazados en alguna medida. Casi todos nosotros tenemos una “situación” propia, una maldición propia. Todos y cada uno de nosotros sentimos -o podemos intuir- que nuestra particular “situación” puede convertirse rápidamente en una trampa que nos despojará de nuestra libertad, del sentido de hogar que nos proporciona nuestro país, de nuestro lenguaje personal, de nuestro libre albedrío.

En esta realidad escribimos nosotros, los escritores y poetas. En Israel y en Palestina, en Chechenia y en Sudán, en Nueva York y en el Congo. A veces, durante mi jornada de trabajo, después de escribir durante varias horas, alzo la cabeza y pienso… ahora incluso, en este mismo momento, otro escritor a quien no conozco, en Damasco o en Teherán, en Ruanda o en Dublín, está sentado exactamente como yo, practicando este oficio o arte peculiar, quijotesca, dentro de una realidad que contiene tanta violencia expulsiva, indiferencia y humillación. En este encuentro un aliado distante, que ni siquiera me conoce, pero juntos tejemos esta tela de araña intangible, que tiene no obstante un poder tremendo, el poder de crear y cambiar el mundo, el poder de hacer hablar a los mudos y el poder de Tikkun, de corregir, en el sentido profundo que tiene en la Kabbala.

En cuanto a mí, durante los últimos años, en la ficción que escribí di casi intencionalmente la espalda a la feroz realidad inmediata de mi país, la realidad del último boletín de noticias. Escribí antes libros sobre esta realidad y también en los últimos años seguí escribiendo sobre ella, y nunca dejé de esforzarme por entenderla, en artículos y ensayos y entrevistas. Participé en docenas de protestas, en iniciativas internacionales de paz. Me reuní con mis vecinos -algunos de los cuáles eran mis enemigos- en cada oportunidad en la que consideré que tenía oportunidad de diálogo. Y no obstante, en los últimos años, por una decisión consciente y casi como protesta, no hice literatura sobre estas zonas de desastre.

Escribí sobre los feroces celos de un hombre hacia su esposa, sobre los niños sin hogar de las calles de Jerusalén, sobre un hombre y una mujer que crean un lenguaje íntimo propio, casi hermético, dentro de una engañosa burbuja de amor. Escribí sobre la soledad de Sansón, el héroe bíblico, y sobre las intricadas y frágiles relaciones entre las mujeres y sus madres y, en general, entre padres e hijos.

Hace unos cuatro años, cuando mi segundo hijo, Uri, estaba por ingresar en el ejército, ya no pude continuar en el camino que había elegido. Me inundó un sentimiento de urgencia y de alarma, que me llenaba de inquietud. Entonces empecé a escribir una novela que se ocupa directamente de la sombría realidad en la que vivo. Una novela que describe de que manera la violencia externa y la crueldad de la realidad política y militar atraviesan el tierno y vulnerable tejido de una familia y acaban por rasgarlo.

En cuanto uno escribe -dice Ginzburg- milagrosamente comienza a ignorar las circunstancias de la propia vida, aunque la felicidad o la desdicha nos impulsen a escribir de cierta manera. Cuando somos felices, nuestra imaginación es la que predomina. Cuando somos desgraciados, prima el poder de la memoria”. Es difícil hablar de uno mismo, particularmente cuando se tocan estos temas. Sólo diré lo que puedo decir a esta altura y desde mi lugar.

Escribo. Desde la muerte de mi hijo Uri el verano pasado en la guerra entre Israel y el Líbano, la conciencia de lo que aconteció está presente en cada momento de mi vida. El poder de la memoria es por cierto enorme y pesado, y a veces tiene una calidad paralizante. No obstante, a veces el propio acto de escribir crea para mí un espacio, un marco de pensamiento que nunca antes experimenté, donde la muerte no es solamente la absoluta y unidimensional negación de la vida. Los escritores presentes en este auditorio lo saben: cuando escribimos, sentimos que el mundo está en movimiento, es flexible, lleno de posibilidades. No es un mundo congelado. Siempre que se filtra lo humano… ya no hay congelamiento ni parálisis, no hay más estatus quo. Incluso aunque a veces creamos equivocadamente que hay estatus quo, incluso si algunos se esfuerzan por hacernos creer que lo hay. Cuando escribo, incluso ahora, el mundo no se cierra sobre mí ni se vuelve tan estrecho: da muestras de abrirse, de tener un futuro.

Escribo. Imagino. El acto de imaginar me relativiza. No estoy congelado ni paralizado ante lo depredador. Invento personajes. A veces siento que estoy desenterrando gente del hielo con que la realidad los amortajó, pero quizás es a mí incluso a quien estoy desenterrando. Escribo. Percibo la riqueza de posibilidades inherentes a cualquier situación humana. Percibo mi capacidad de elegir entre ellas. La dulzura de la libertad, que creía haber perdido. Me permito recurrir a la riqueza del verdadero lenguaje, íntimo y personal.

Escribo y siento que el uso correcto y preciso de las palabras es a veces como la cura de una enfermedad. Una manera de purificar el aire que respiro de las opacas manipulaciones de los villanos lingüísticos. Escribo y siento que la ternura y la intimidad que me unen al lenguaje en todas sus capas, su erotismo y su sentido del humor y su alma, me devuelven la persona que yo solía ser antes de que mi yo fuera nacionalizado y confiscado por el conflicto, por gobiernos y ejércitos, por la desesperanza y la tragedia.

Escribo. Me libero de una de las turbias cualidades distintivas del estado de guerra en el que vivo .… la cualidad de ser un enemigo y sólo un enemigo. Hago lo posible por no escudarme, no cegarme ante la justicia que asiste al enemigo y su sufrimiento. Tampoco ante la tragedia y la tortuosidad de su propia vida. Sus errores y crímenes, la conciencia de lo que yo incluso le estoy haciendo. Tampoco ante las sorprendentes semejanzas que veo entre él y yo.

De pronto ya no estoy condenado a esta dicotomía absoluta, falaz y asfixiante, a esta elección inhumana entre ser “víctima o agresor” sin tener una tercera alternativa más humana. Cuando escribo puedo ser un ser humano que fluye natural y vitalmente entre sus diferentes aspectos humanos, un ser humano con aspectos en los que se siente próximo al sufrimiento y a la justicia que asiste a sus enemigos, sin renunciar ni a un pedazo de su propia identidad.

A veces, cuando escribo, puedo recordar lo que todos sentimos en Israel durante un momento en particular, cuando el avión del presidente egipcio Anwar Sadat aterrizó en Tel Aviv después de décadas de guerra entre las dos naciones: entonces, de pronto, descubrimos cuan pesada era la carga que llevamos durante todas nuestras vidas .… la carga de enemistad, miedo y sospecha. La carga de un estado de alerta permanente, la pesada carga de ser el enemigo en todo momento. Y que placer fue sacarse por un momento la poderosa coraza de la sospecha, el odio y el estereotipo, un placer casi aterrador, erguerse desnudo, casi prístino y ver surgir un rostro humano de esa visión unidimensional con la que nos habíamos observado mutuamente durante años.

Escribo. Le doy a un mundo externo y extraño mis nombres más íntimos y personales. En cierto sentido, lo hago mío. En cierto sentido, dejo de sentirme exiliado y extraño para sentirme en casa. Con eso ya estoy haciendo un pequeño cambio en lo que antes me parecía inalterable. Además, cuando describo la hermética arbitrariedad que marca mi vida -la arbitrariedad humana, la arbitrariedad del destino-, de pronto descubro nuevos matices, sutilezas. Descubro que el solo hecho de escribir acerca de la arbitrariedad me permite cierta libertad de movimiento con respecto a ella. Que el solo hecho de enfrentarme con la arbitrariedad me concede libertad… tal vez la única libertad que un hombre pueda tener para defenderse de cualquier arbitrariedad: la libertad de expresar su tragedia con sus propias palabras.

Y también escribo sobre lo que no puede recuperarse. Y sobre lo inconsolable. Entonces, también, de una manera que aún me resulta inexplicable, las circunstancias de mi vida no se cierran sobre mí para paralizarme. Muchas veces, cada día, sentado ante mi mesa, toco el tema del dolor y de la pérdida como quien toca la electricidad con las manos desnudas, y no obstante no muero. No entiendo como se produce este milagro. Tal vez cuando acabe de escribir esta novela intente entenderlo. Aun no. Es demasiado pronto.

Y escribo la vida de mi tierra, Israel. La tierra torturada, frenética, intoxicada por una sobredosis de historia, emociones excesivas que el ser humano no puede contener, excesivos extremos de logros y tragedias, ansiedad excesiva y sobriedad paralizante, memoria excesiva, esperanzas truncadas, circunstancias de un destino único entre todas las naciones; una tierra cuya existencia parece a veces ser un relato de proporciones míticas, un relato “más grande que la vida” hasta el punto de desfasarse de la vida misma, una tierra cansada de la esperanza de tener alguna vez la vida normal de un país entre otros países, de ser una nación más entre otras naciones.

Nosotros, los escritores, pasamos a veces por momentos de desesperación y de automenosprecio. Nuestra tarea es esencialmente el trabajo de deconstruir la personalidad, de desarticular algunos de los más tortuosos mecanismos de defensa humanos. Voluntariamente, nos ocupamos de los más duros, feos y crudos materiales del alma. Nuestro trabajo nos obliga, una y otra vez, a reconocer nuestras limitaciones, como ser humanos y como artistas.

Y no obstante, este es el gran misterio, la gran alquimia de nuestras acciones: en cierto sentido, en cuanto aferramos el lapicero o tecleamos en la computadora, dejamos de ser víctimas indefensas de aquello que nos sometió y humilló antes de que empezáramos a escribir, ya sea nuestra situación o nuestras angustias personales, la “historia oficial” de nuestro país o el destino incluso.

Escribimos. El mundo no se cierra sobre nosotros. Que suerte tenemos. El mundo no se hace cada vez más estrecho.

B) Entrevista a David Grossman.

Publicado en la web italiana MANGIALIBRI. Traducido por Administrador, puede leerse el original aquí: http://www.mangialibri.com/interviste/intervista-david-grossman

Autora de la entrevista: ELENA TORRE.

David Grossman es de pleno derecho un escritor que habita en el Olimpo de la narrativa. Su atención por las palabras, los temas que trata, su actividad de periodista, hicieron de él un punto de referencia para muchísimos lectores en todo el mundo. Nos reunimos con él durante una presentación abarrotada en la que las preguntas del público no faltaron, como tampoco nuestra curiosidad. Habla lentamente. Cada respuesta suya vale por tres.

¿Qué significa para ti la lengua hebrea?

Es una lengua muy antigua, nacida hace quizá tres mil años, una lengua que todavía hoy porta una potencia increíble. Sí Abraham se sentara en la mesa con cada uno de nosotros, estoy seguro de que comprendería al menos el cincuenta por ciento de las palabras, aunque el área de captación sea pequeña (son pocas las personas que leen en hebreo), pero lo vasto de esta lengua es sorprendente. Lleva dentro de sí una historia inmensa, la historia de la Biblia, del Talmud, de la poesía judía, hasta el slang de hoy.

¿Y qué relación tiene David Grossman con una lengua que tiene un peso tan fuerte?

Cada escritor padece una especie de sofoco cuando permanece cerrado en las expresiones usadas por los otros. Frecuentemente, son usadas palabras que no están en línea con el modo de pensar propio. En muchos países como Israel se asiste a un revolucionamiento político y la gente pretende darle vida a una lengua falsa o adopta una lengua “cojín” entre él y la situación política. El ciudadano lee la prensa, escucha a las autoridades militares, pero también la lengua de éllas no refleja la realidad, es una manipulación del lenguaje creada a propósito para inducir, con el engaño, una visión falaz de la realidad que nos circunda, creando una realidad de la que se acaba por ser víctimas. Cuando escribo de aquello que me rodea, por medio de las metáforas que creo, me parece que los estereotipos con los cuales haya sido envuelta la realidad disminuyen. Por medio de la escritura, es posible desestructurarla, hacerla menos monolítica, conocerla.

¿Cuál es la diferencia al contar entre el escritor y el periodista?

Generalmente, como periodista soy muy atraído por las situación extremas, por aquellas más espinosas, que busco siempre documentar. Consciente de que cuando cuento hechos, muchas personas me leen y es mi intención modificar su opinión, oferecer un léxico, busco, entonces, reducir los aspectos extremos y amortiguar la dureza que habitualmente es invivible. Mientras que cuando escribo literatura querría olvidarme de mí, no tenerme en cuenta. Para escribir una novela empleo cuatro o cinco años, lo único que cuenta para mi es la construcción interna, el campo magnético de los personajes. Cuando estoy escribiendo, el libro se convierte en algo vivo, que cambia a través de los años, como una pareja que está junta mucho tiempo.

Uno de los placeres de escribir es precisamente la posibilidad que te da de comprender a un ser humano desde dentro. Nosotros pensamos que conocemos a las personas. Pero en cada uno de nosotros existe un instinto que nos impide exponernos demasiado a la intimidad del otro. También en las parejas casadas desde hace tiempo, si se observa bien, nos enteraremos de la tácita decisión de no ir más allá en determinados aspectos, cerrados incluso para quien te es más próximo, dejando así muchas zonas oscuras. Las personas no quieren ver sus lados oscuros, nadie quiere ver en sus hijos esa parte. También cuando hacemos el amor con una mujer no la conocemos nunca hasta el fondo.

Un libro tuyo comienza con una conmovedora lectura, ¿por qué esta elección?

La lectura, de por sí lleva a una dimensión de intimidad, los protagonistas están construyendo una relación donde paso a paso construyen un territorio de comunicación que sólo pertenece a ellos, una “burbuja” de intimidad. En el curso de la relación se confiesan cosas que no se atreven a decirle a nadie más, cada uno cuenta de él mismo todo sin reservas. Un lenguaje completamente privado entre dos personas y el lector siente una especie de embarazo, como si estuviera observando una situación íntima y personal.





(3). ESHKOL NEVO.

A) Conversación con Eshkol Nevo.

Publicado el 4-8-2019 en la web IL FOGLIO. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí:

https://www.ilfoglio.it/cultura/2019/08/04/news/conversazione-con-eshkol-nevo-267557/

LA ÓSMOSIS ENTRE VIDA Y LUCHA SOCIAL. ENTREVISTA Al AUTOR DEL LIBRO QUE INSPIRÓ A NANNI MORETTI.

El verano en Roma es sombrío, pero aun vive, a veces, de geometrías perfectas, ropa planchada y panoramas indecentes, en filas ordenadas y círculos concéntricos, los mismos que Eshkol Nevo dibuja sobre la mesita de un hotel del centro para contar como nace un libro: “No parto nunca de objetivos importantes, de una agenda política o de un intento de describir la sociedad. Comienzo mis libros siempre desde una nota personal, desde una pregunta personal que descansa en mi corazón mientras escribo. Es como cuando echas una piedra en el agua y comienza a producir círculos que se extienden hasta el infinito y esos círculos en mi escritura son las implicaciones que el personal alcanza: la política y el social”.

Resulta estridente con el desorden de Roma la voz de Nevo. “Tengo necesidad de tener algo que decir y preguntar sobre el tiempo en que vivimos, tanto en la sociedad israelí como de modo más universal en la vida contemporánea. En “Tres pisos” (Neri Pozza, libro que inspiró el nuevo film de Nanni Moretti en el que está trabajando estas semanas, NdR), sentía la necesidad de escribir sobre la relación entre padres e hijos, sobre los lados oscuros de esta relación y progresivamente llegué a contar cómo las manifestaciones en la calle influencian las vidas personales y de como la política puede cambiar las existencias”.

El doble rasgo de la escritura de Nevo se liga íntimamente a su biografía: el escritor israelí es nieto de Levi Eshkol, padre fundador de Israel y primer ministro del 1963 al 1969. Eshkol Nevo, que creció entre Estados Unidos e Israel, comenzó su carrera de publicista y copy, carrera que abandonó para abrazar el diablo de la escritura y de la enseñanza: esta fragmentación vocacional se percibe en su escritura, que nunca se convierte en una estéril servidumbre identitaria, sino que hace resonar las historias, los olores, los ruidos de Jerusalém y Tel Aviv y crea un tiempo eterno y vibrante. “Sabes – continúa Nevo -, existe un proceso químico que se llama ósmosis, que sería la compenetración de elementos diferentes que llegan a formar un nuevo, que me interesa mucho. Particularmente, estoy interesado en como el tiempo que vivimos se funde con nuestras vidas. A veces no se sabe con qué entra tu alma en ósmosis, porque se trata de un proceso silencioso y delicado. Después, un día despiertas y comprendes que todo se hizo uno con la política, la lucha, con una persona que nunca antes habías amado. Algo alrededor de ti llega y cambia para siempre jamás tu interioridad. Esta – dice sonriendo – es la parte hermosa de la vida”.

Es la apertura a las vidas de los otros, a las casas de los otros, a las historias de los otros, lo que es el centro narrativo de Nevo, que en las novelas “Nostalgia” y “Tres pisos” crea una narración depurada de la retórica del multiculturalismo, del eterno conflicto, sino que dibuja un retrato acabado de la sociedad israelí que a pesar de todo es capaz de ser terreno de mezcla, de sentimientos que huyen de las geometrías habituales.

Nevo, para contar esta miscelánea, pone sobre la mesa su experiencia de profesor y cuenta que “en la sociedad israelí existen diversas tribus y las encuentro en general sentadas juntas en la misma clase. En la primera lección, ves que se examinan mutuamente con mucha sospecha, después como un milagro, llega la literatura, que tiene el poder de colmar esta diferencia: te hace comprender por medio de un libro o escribiendo con el otro en el mismoo grupo. Soy un convencido de la capacidad de cambiar este tipo de animosidad e intolerancia. Parece muy difícil, pero no lo es. Al menos en la sociedad israelí, muy rápidamente un grupo de extraños, donde sientes la animosidad en el aire, se convierte en un grupo que es capaz de construir algo juntos”.

Mientras la conversación está llegando a su final, Nevo sonríe ante mis peticiones de un juicio sobre la política israelí. Parece perplejo, pero después revierte el paradigma y afirma que para él “este no es el tiempo del miedo, procede hablar claro, muchos intelectuales israelíes en este periodo se autocensuran, se convierten en cada vez más atentos a lo que dicen, porque no quieren ser atacados o acusados de no ser lo suficientemente patrióticos. En cambio, yo entiendo que la democracia en Israel está sufriendo, así como en Italia. Y precisamente porque lo declaro con fuerza, me siento patriota”.

B) "La investigación narrativa en torno a la verdad de Eshkol Nevo (entrevista en IL MANIFESTO al escritor israelí).

Publicado el 18-10-2019 en la web de IL MANIFIESTO (“Quotidiano comunista”). Traducido por Administrador: Original: aquí: https://ilmanifesto.it/lindagine-narrativa-intorno-alla-verita-di-eshkol-nevo/

GUIDO CALDIRON.

La pregunta menos interesante que puede formularse después de releer “La última entrevista” de Eshkol Nevo, que sale en estos días en Neri Pozza (pp, 368, 18 euros, traducción de Raffaella Scardi) es si lo que se leyó es fruto o no de la biografía del autor, si se reconstruyó en torno a aquella especie de alter ego literario que es el protagonista del libro o es, sin una evidente solución de continuidad, un convincente mélange de una cosa y otra: el conjunto remezclado y convertido simultáneamente en irreconocible y fascinante.

Por que el escrito israelí, desde hoy en nuestro País para una serie de presentaciones, parece volver sobre muchos de los temas que atraviesan sus obras precedentes – desde la crisis de la pareja a la amistad y camaradería entre hombres, hasta el desconcierto y la soledad -, pero operando una ulterior aceleración hasta transformar, con la ayuda del recurso a una novela escrita en forma de entrevista, la vida misma en materia narrativa, al menos en apariencia sin demasiados filtros. Del mismo modo, para el nieto de Levi Eshkol, tercer Primero ministro de Israel y entre las grandes figuras del movimiento laborista – parentesco sobre el cual el escritor no deja por lo demás de ironizar también en este libro -, la ocasión es propicia para una reflexión, al mismo tiempo irónica y amarga, pero siempre profundamente empática hacia todo ser humano, sobre la difícil situación israelí, a través de la intervención para meter en problemas a un amigo palestino, un complicado enfrentamiento con un grupo de colonos, sin considerar las repetidas acciones de subrayar la deriva hacia el autoritarismo de las actuales autoridades del Estado Hebraico.

Vd ha explicado con frecuencia que concibe la escritura como una investigación. En este caso . ¿a que respuestas, o sí prefiere, a la que nuevas preguntas, llegó?

En el judaísmo existe una específica tradición de “preguntas y respuestas” que se usan en los libros escritos por los rabinos. ¿Pero qué sucede si el rabino mismo – o en este caso el escritor – se encuentra en plena crisis personal o para responder no puede más que acudir a una verdad frágil y llena de dudas? Dicho esto, creo que puede leerse “La última entrevista” como una investigación sobre la honestidad. Su importancia. Sus límites. Y sobre la posibilidad de escribir ficción permaneciendo honestos. Además – pero eso estoy comprendiéndolo sólo ahora, por medio de las reacciones de quien leyó el libro – puede imaginarse que sea tamén un intento de quebrar el muro invisible que a veces parece existir entre un escritor y sus lectores, para crear un nuevo vínculo, más abierto.

Partiendo de la fórmula de la entrevista, la táctica con base en la cual la novela se articula por medio de las respuestas que el protagonista le ofrece a las preguntas de sus interlocutores, Vd parece haber q uerido construir una narración libre de esquemas.

Realmente, sucedió de este modo. En realidad, incicialmente, estaba trabajando en otro libro y mientras lo escribía, noté esta extraña sensación, algo del tipo: “Ya no soporto estas historias¡ Quiero escribir algo crudo, unplugged, como se dice para la música”. Luego, comencé a acariciar la idea de una entrevista imaginaria a la que responder de modo simple, directo, digamos que veraz, o al menos libre de lo políticamente correcto. Finalmente, surgió de todos modos una historia – que puedo hacer, yo soy un narrador, es aquello que mejor me viene -, pero con una estructura muy libre y, quizá, mayor grande sabiduría y sinceridad.

En este libro, en apariencia tan íntimo, donde el protagonista nos lleva también a sus zonas de sombra, Vd resalta algunos aspectos de la situación de Israel. Como el encuentro con Yoram Sirkin, casi el prototipo del político populista de derechas. ¿Una elección inspirada en la realidad?

Para la historia de Yoram Sirkin en su integridad, un político emergente da derecha populista que no tiene ningún programa específico más que el de llegar a ocupar los escalones más altos del poder, claramente me inspiré en figuras como la de Netanyahu o de Trump. Saqué también mis recuerdos de cuando trabajaba en la publicidad, antes de dejar todo para dedicarme a la escritura, y me sucedió que colaboré como copywriter con algúns de los spin doctors más despiadados de la política israelí. Puedo decir que vi con mis ojos cómo manipulando el miedo de las personas, pueden ganarse las elecciones, aun contando con candidatos que no tienen “visión” alguna o son decididamente poco brillantes, como sucede desde hace tiempo en mi País. Por eso, ¿cómo podemos combatir las fake news y a los políticos mentirosos? Quizá sólo acercándonos a la verdad más auténtica, desnuda y cruda.

De “La última entrevista” emerge una visión desconsolada de la política israelí y la determinación del protagonista – como quizá de su autor – a comprometerse sobre todo para que “el otro” deje de ser percibido cómo tal: ¿la condición preliminar la cualquier hipótesis de solución del conflicto?

Así es, pero con una precisión: “el “otro” en el que pienso puede ser un árabe para los judíos o un colono para las personas de izquierda o incluso un israelí para uno que apoya al BDS en Europa (el movimiento por el boycot, la no inversión y las sanciones contra Israel, ndr). Como persona – es así como me criaron mis padres – pero también como escritor, rechazo siempre participar en cualquier forma de deshumanización de otro ser humano. Al contrario, escribir puede ser un modo maravilloso para restituir su propia humanidad a los otros, para re-humanizar también a nuestro contrincante más claro. Todo esto, recordando siempre que más allá de las categorías y las diferencias políticas, somos todos mucho más parecidos de lo que imaginamos.

En relación con la situación concreta, ¿como evalúa el actual impasse político de Israel, después de dos elecciones sonsecutivas sin un vencedor, pero que confirmaron la hegemonía de la derecha?

No es claro está como acabarán las cosas. Todavía hay muchos puntos de interrogación sin respuesta. Pero quizá, después de muchos años, tenemos la posibilidad de cambiar y de ver emerger un nuevo tipo de leadership, más acercada al núcleo de los valores en torno a los cuales nació Israel, antes que nada la democracia.

Una última pregunta. Nanni Moretti rodó un film tomado de su novela “Tres andar”. Para Vd, que ama mucho el cine italiano, ¿qué es lo que hizo que aquella historia se encontrara con el director? ?Qué elemento los une?

Me siento extremadamente afortunado por el hecho que que uno de los más grandes directores internacionales, uno de los que más me gusta, hubiera elegido adaptar aquel libro mío. El pasado verano estuve también en el set, en las afueras de Roma, y tuve la sensación de que el film estará muy próximo al corazón del libro. Por lo demás, creo que sólo cuando salga comprenderé verdaderamente que encontró Moretti en el texto.







(4). A.B.YEOSHUA.

Publicado en la web italiana “sololibri.net” el 1-2-2012. Traducido por Administrador, puede verse aquí el original: https://www.sololibri.net/Lana-scena-perduta-Abraham-B.html

A) "La scena perduta" ("La escena perdida"). Recensión del libro de Abraham B. Yeoshua.

MARA MARANTONIO.

Publicado en noviembre de 2011 con Einaudi, es visionaria y misteriosa la última novela de Abraham B. Yehosua, “La scena perduta”, cuyo título original, Hessed sfaradì, Caridad española, se hace eco de modo emblemático de una escena del tardo mundo clásico, que es el gozne de toda la obra.

Yair Moses, director cinematográfico israelí en los 70 años, perteneciente a una familia laica de Jerusalém originaria de Alemania, es invitado, como huésped de honor, a una restrospectiva de sus películas, organizada por una insólita asociación de cinéfilos en la más escenográfica e insólita entre las ciudades españolas, Santiago de Compostela. Un lugar que no olvidas, aunque sólo estuvieras una vez.

Yair comparte habitación de hotel – en un tiempo hospital para peregrinos, situado en una vasta, silenciosa plaza al lado de la Catedral – con Ruth, una actriz hoy por hoy ya madura, pero aun llena de fascinación, protagonista de todas sus películas y ahora inesperada compañera. En la pared de la estancia, muy cerca, él ve colgado un cuadro, que lo hace retroceder en el tiempo. Se trata de una reproducción de la Caritas romana, del pintor Matthias Meyvogel (pero el sujeto atrajo también a Caravaggio y Rubens), inspirada en el tema de una mujer joven que amamanta la un hombre anciano.

El tema es tomado del escritor romano Valerio Massimo, quien, en los Facta et dicta memorabilia, cuenta sobre la joven Pero que se desplaza a escondidas para alimentar a su padre Cimone, encarcelado y condenado a morir de hambre.

El director recuerda que una escena muy similar, algunos años antes, le fuera propuesta como final de una película de Shaul Trigano, entonces guionista suyo y compañero de Ruth. Cuando la mujer rechazó rodarla, Moses se había puesto de la parte de ella. Como consecuencia, acaban tanto la relación amorosa entre Ruth y Trigano, como la colaboración artística entre este último y Moses.

El cuadro representa una especie de “Escena perdida”, aquella que pensamos haber olvidado, pero que, en realidad, es parte integrante de nuestro ser, dado que vuelve a aflorar en los momentos más insospechados de la existencia.

Pero la estancia española reserva posteriores, y conectadas, sorpresas.

(…) Yair se entera de que son proyectadas únicamente sus primeras películas, algunas de las cuales él ni siquiera recuerda. Son trabajos, por decirlo así, experimentales, fuertemente simbólicos, que se remontan a los años de la colaboración con Trigano, muy diferentes de las obras con fuerte impronta realista concebidas posteriormente. Fácil adivinar que el inspirador de la invitación y de la reseña es precisamente su ex guionista, decidido a una confrontación con él y con sus elecciones.

La ocasión es, entonces, un recorrido hacia atrás en el tiempo, para volver a encontrar un cierto fervor artístico perdido, fervor que puede renovarse aun en edad anciana:

Justamente cuando el futuro es breve …. se hace intenso e interesante”, le hace notar un personaje de la novela.

Volver a encontrar el lenguaje simbólico dejado de lado: una simbología de la que, advierte hoy el Autor en una reciente entrevista “hay necesidad hoy más que nunca, en la situación que tenemos alrededor”, en Israel, en primer lugar, pero no únicamente.

El libro es la ocasión para explorar el misterio de la creación artística, literaria, cinematográfica …y, particularmente, la interacción entre el genio de la fantasía y el imprescindible fundamento constructivo”.

Más bien, algunas de las películas representadas en Santiago retoman algunas narraciones juveniles de Yehoshua, como El último comandante o La rápida noche de Yatir.

También existe otro tema relevante: la relación con las raíces españolas de la cultura sefardita, tanto más interesante si se considera que también el escritor procede de tal ambiente. El padre, Yaakov, fue un relevante historiador, estudioso de la historia de erusalém, profundo conocedor y amante de la cultura árabe, y la madre, Malka Rosilio, había llegado a la Tierra de Israel desde Marruecos en 1932.

Trigano es un judío oriental, por lo demás como Ruth, inmigrado en los primeros años de vida del Estado, una persona que ama desafiar los equilibrios aparentemente consolidados en la sociedad israelí, en la que la élite dominante, askenazita y laica, de la que forma parte Yair Moses, entendía, injustamente, haber vencido el fanatismo religioso. Problema para nada superado, como al contrario el guionista intuyera, tanto como para combatirlo, gracias a aquellas primeras películas, por medio de los símbolos, con el fin de sacar a la luz el aspecto paradójico.

Novela a veces difícil, con algunas significativas vetas autobiográficas, pero sugerente, atento a aquel oscuro abismo, como lo define el protagonista, que está al acecho por detrás de la realidad visible y palpable. Y es un justo equilibrio entre estos dos elementos – metáfora y realismo – lo que debe mover la creación artística, aunque en ocasiones el final de una historia puede parecer vago e incierto. Pero el final, como explica el director, es siempre un compromiso entre lo que era y lo que ya nunca será”.





5) SHLOMO AVINERI.

Israel debe esforzarse en usar el pensamiento creativo” (“Haaretz”, 16 de julio de 2014).

Publicado en GARIWO-La Foresta dei Giusti (http://www.gariwo.net/) el 18-7-2014. Traducido al español por Administrador. El original puede verse aquí:

https://it.gariwo.net/persecuzioni/diritti-umani-e-crimini-contro-l-umanita/israele-deve-sforzarsi-di-usare-il-pensiero-creativo-11353.html

CON EL SUEÑO DE OSLO EN MIL PEDAZOS, ISRAEL DEBE HACER UN NUEVO ESFUERZO DE PENSAMIENTO CREATIVO.

En la inserción de Haaretz dedicada a la Conferencia de Israel por la paz, Aluf Benn plantea una importante pregunta sobre las razones del fracaso del proceso iniciado 21 años atrás en Oslo. No hay duda sobre el hecho de que aquellos que impulsaron el proceso creían verdaderamente que habría conducido a un compromiso histórico entre nosotros y los palestinos.

Los promotores de Oslo pensaban que el conflicto era entre dos movimientos nacionales y creían -como yo- que las negociaciones directas entre Israel y la OLP podrían llevar a resolver las cuestiones territoriales y estratégicas que estaban en la base del litigio. No fue fácil convencer a los israelíes, incluidos los del Partido Laborista, de que la otra parte era un movimiento nacional -uno que ciertamente presentaba aspectos de terrorismo, pero esencialmente tenía derecho, como de forma misma el movimiento sionista a ejercitar la autodeterminación nacional-.

Erramos.
Los palestinos no piensan que se trate de un conflicto entre dos movimientos nacionales. Desde su punto de vista, es un conflicto entre un movimiento nacional -el palestino- y una entidad colonialista e imperialista que está destinada a desaparecer de la faz de la tierra. A la sazón, la similitud que aparece en los libros de escuela palestinos es con Argelia: no la West Bank como Argelia, sino todo Israel como aquel Estado. Y los israelíes desaparecerán de una manera o de otra, como los colonizadores franceses en Argelia.

La posición israelí se refiere a “dos Estados para dos pueblos”, pero en la versión que dan los palestinos la frase “dos pueblos” no aparece, se habla sólo de “dos Estados”. Si alguno piensa que yo esté dividiendo el cabello en cuatro, lo convenceréis de preguntarle a un palestino qué piensa de la fórmula “dos Estados para dos pueblos”. Más tarde o más temprano, recibirá la respuesta de que no hay ningún pueblo hebreo. Esta es una de las razones por las que los palestinos rechazaron la fórmula propuesta por el secretario de Estado USA John Kerry que hablaba de un acuerdo entre “dos Estados-nación”.
La verdad es que en la narración palestina, los hebreos no son ni un pueblo ni una nación, sino únicamente una entidad religiosa; a la sazón, no tienen derecho a un Estado. Este es uno de los motivos para el rechazo total e intransigente de los palestinos para reconocer a Israel como el Estado-nación hebreo.

Esta es la raiz del conflicto: no las fronteras, no los asentamientos e incluso jerusalém. Y, sin más, el rechazo palestino de ceder sobre el principio del “derecho al retorno” es intrínseco a todo esto. Hay buenos motivos para criticar la conducta del gobierno Netanyahu mientras Kerry busca revitalizar las conversaciones de paz, pero negar estas razones más profundas es intelectualmente deshonesto.

El sionismo, en 1948, cuando aceptaba el principio de partición, llevaba adelante el convencimiento, igual que los organizadores de Oslo, de que el movimiento nacional palestino era una imagen especular del pensamiento sionista -que esto era en todo caso un conflicto entre dos movimientos nacionales-. En este conflicto, el compromiso es posible. Pero si uno ve el propio movimiento como una entidad que lucha contra un movimiento colonialista e imperialista, no existen posibilidades de compromiso ni justificaciones morales que puedan caber.

¿Qué puede hacerse? Incluso en la tan difícil atmósfera política actual, es necesario actuar con miras largas.

No puede esperarse nada de los Estados Unidos o del gobierno Netanyahu. La administración Obama fracasa en cada desafío de política externa -Crimea y Ucrania, Siria e Irak, la cuestión nuclear iraní, la cercanía con la Hermandad Musulmana en Egipto, símbolo de algunas desilusiones-; las declaraciones personales de amistad de Obama con el Primer Ministro turco Recep Tayyp Erdogan, que cada vez más se revela como autócrata. El gobierno Netanyahu está únicamente -y de modo errado- concentrado en una estrategia comunicativa diplomática que le permita continuar manteniendo su status quo, y que para quien tenga un poco de raciocinio es evidentemente desastroso.

Esto presenta una oportunidad para la oposición, comandada por el Partido Laborista, de proponer una alternativa. No hay razón para continuar repitiendo el mantra por el cual debemos retomar las conversaciones de paz, porque incluso en el caso remoto de que lo hiciéramos, está claro, que, como en el pasado, la iniciativa no dará frutos.

Sin renunciar al principio de “dos Estados para dos pueblos”, la oposición debe proponer pasos provisorios para cumplir en lo inmediato -no como alternativa de una solución permanente, sino como movimiento para aproximarse gradualmente-. Debe pedir un completo stop a las construcciones en los asentamientos, la evacuación de los puestos de avanzada ilegales, un reexamen -una vez que la tensión se calme- del empleo de las IDF en la West Bank y la remoción de lo que permanece del bloqueo de Gaza (posiblemente en coordinación con Egipto después del fin de los actuales combates). En definitiva, debe proponer una iniciativa para reducir la presencia de los civiles de Israel en la West Bank desarrollando un plan de indemizacións para la gente obligada a evacuar.

La mayor parte de los colonos israelíes en la West Bank no llegó por motivos ideológicos, nacionalistas o religiosos, sino por oportunidades económicas abiertas por subsidios gubernamentales para tener alojamientos espaciosos y confortables. La izquierda israelí debe reconocer que para decenas de miles de familias, la posibilidad de trasladarse a alojamientos subsidiados por el gobierno en la West Bank, en ausencia de un adecuado sistema de vivienda propiamente dicho en Israel, representaba un incentivo para la movilidad social y una mejora significativa en sus condiciones de vida.

A la sazón, hace falta ofercerles una alternativa: es necesario decir que quien quiera retornar a Israel recibirá un apoyo económico generoso. Esto de forma probable creará una fractura entre algunos colonos y el gobierno de derecha y podrá encontrar el apoyo de aquellos que votaron por los partidos centristas Yesh Atid y Hatnuah, y de sus representantes en el gobierno.

Aquellos que entre nosotros apoyaron Oslo -y que aun piensan que fuera el paso justo- deben reconocer que la salvación no vendrá de los palestinos. Estos se desinteresan sinceramente de la solución de dos Estados para dos pueblos, porque no tienen la intención de garantizar la legitimidad del derecho hebreo a la autodeterminación.

Podemos contar solo con nosotros mismos -no en el sentido de nuestro poder militar, sino de nuestra sabiduría, de nuestro deseo de contar con un Estado-nación hebreo aquí y nuestra capacidad de realizar este deseo, incluso en las complicadas condiciones causadas por el radical rechazo que nuestras propuestas reciben de la otra parte.

Imagen: Pixabay.


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