¿Qué es Israel? (XII) Fortalezas y debilidades del sistema de partidos y del sistema electoral israelí (2.014)

 


El sistema político de un Estado debe tener en cuenta a todos los actores que condicionan la toma de decisiones colectiva, pues de eso trata la “política”. Del concepto forman parte representantes y la población representada, partidos políticos, organizaciones representativas de intereses sociales o colectivos, las instituciones estatales y las “instituciones” en un sentido más amplio, movimientos sociales, etc. Es el “terreno de juego” de la acción política, determinando las formas y procedimientos a través de los que aquellos diversos actores pueden participar e influir.

En las próximas páginas analizaremos dos de las vertientes del sistema político israelí -el sistema de partidos y el sistema electoral- desde una perspectiva crítica, analizando fortalezas y debilidades.

FORTALEZAS Y DEBILIDADES DEL SISTEMA DE PARTIDOS ISRAELÍ.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que el sistema ha cambiado profundamente desde el existente en los primeros años (décadas, más bien) de existencia del Estado de Israel. El año 1977 -con el triunfo de la derecha- marca un antes y un después, al darse por primera vez una verdadera alternancia política.

Israel es, sin duda, una sociedad enormemente plural, también en lo político. Una primera línea divisoria puede establecerse entre los partidos y tendencias nacidas en el interior del movimiento sionista y los partidos que se postulan como representantes de la minoría árabe. El "bloque árabe" viene caracterizado por no ser capaz de articular proyectos políticos sólidos más allá de crear pequeños grupos en torno a alguna personalidad carismática; por lo demás, relacionado con ello, no alcanzan una representación proporcional a la importancia demográfica del colectivo árabe en el país. Dentro del sionismo, ya en la etapa previa a la independencia y la formación del Estado, se daba la división entre la mayoritaria tendencia "socialista" o "socializante" -hegemónica por tres décadas y que construyó la arquitectura institucional y la imagen del moderno Israel en sus primeras décadas- y el minoritario "revisionismo", más nacionalista y más liberal en lo económico.

Esta dicotomía es la que ha marcado grosso modo la vida política de Israel desde su fundación. Alrededor, sea del Partido Laborista, sea del moderno Likud, se han articulado las mayorías -cambiantes, sucesivas- que han regido la gobernanza del Estado. El primero ha sufrido sucesivas y profundas crisis en los últimos años, difuminándose su papel central en el sistema. El Likud ('consolidación') se formó antes de las elecciones en 1974 con la fusión de Herut ('libertad'), heredero del revisionismo sionista y otros partidos de derecha.

Un repaso por el arco parlamentario israelí nos muestra la siguiente realidad partidaria:

Likud – Beiteinu Israel es una formación de dos partidos. 1) Ha-Likudm formado en 1973 y que alcanzaría por primera vez el gobierno de la mano del mítico Menahem Begin, formando parte del mismo la mayor parte de legislaturas desde entonces, configurándose como la referencia central del espacio político de centro-derecha; 2) Beytenu Israel es un partido de derecha, con un claro componente nacionalista y que gira en buena medida en torno al carisma del ex-ministro de exteriores Avigdor Lieberman, con gran predicamento entre los judíos procedentes de la ex-URSS.

Avoda (comúnmente llamado “Partido Laborista”), hoy muy debilitado -fruto de las contradicciones que condujeron a importantes escisiones-, es el eje central del Israel moderno, pues en su situación de clara hegemonía en las tres primeras décadas del Estado, se construyeron las instituciones de este, en una clara posición de predominio político, pero también cultural. Con una posición más favorable -o, si se prefiere, más flexible- que el Likud a llegar a un entendimiento con la contraparte palestina, los cambios producidos en la sociedad en las últimas décadas -liberalización económica, derechización- han hecho dubitativo y difuso su discurso, quedándose con un espacio político limitado.

-Como en el caso de Beytenu Israel” con Lieberman, Hatnuah gira en torno a una figura personal: la ex-ministra de Exteriores y Justicia Tzipi Livni, que en su día irrumpió con extraordinaria fuerza en el panorama político con “Kadima”. En una posición central y centrada en el espectro político, la “especialización” del partido en el proceso de paz que tratan de impulsar lo convierte en relevante en la política israelí.

-Otro proyecto fundado en una clara clave personal es Iesh Atid, alrededor de la figura del muy mediático Yair Lapid, con un discurso directo que lo convierte en un fenómeno potencialmente atractivo para un amplio espectro, centrándose discursivamente en el proceso de paz y la abolición de privilegios -asociados a prácticas religiosas- para el servicio militar.

-Kadima, fundada por Sharon en 2005 con la vitola de partido de centro, entró con fuerza en la arena política, ocupando el ex-laborista Olmert el gobierno en el periodo 2006-2009. Su gran caballo de batalla es la reivindicación de “dos estados para dos pueblos”. Al no fructificar los sucesivos intentos de llegar a acuerdos de paz, se ha diluido y perdido la mayor parte de apoyos.

-Habayit Hayehudi es un partido religioso de derechas, centrando su discurso en no hacer concesiones en el diálogo palestino-israelí.

-Yahadut Hatorá pretende vehicular los intereses y la visión del país de los haderim askenazíes. Sin programa político integral, su finalidad es obtener la financiación para las entidades haderim, conservar el status de este colectivo y velar por el mantenimiento de las relaciones entre religión y Estado.

-Shas pretende representar el judaísmo conservador en el ámbito de la población de origen sefardí. Dejando de lado este aspecto, que hace identificarlo con la derecha, su ubicación en el espectro político en general permite considerarlo “moderado”.

-Meretz viene a representar la izquierda “alternativa”, dentro del marco sionista, orientada en una dirección laica, favorable al proceso de paz, de defensa del medio ambiente y de los derechos civiles y políticos en un sentido amplio.

-Hadash, con predicamento fundamentalmente entre los árabes israelíes, representa en realidad un Partido Comunista ortodoxo no-sionista.

-Raam Taal pretende representar el sentir de los árabes israelíes, con una facción religiosa (islámica) y otra que se centra en la defensa de los intereses de los árabes en el país y en impulsar el proceso de paz.

-Balad es también un partido de la minoría árabe, pero de orientación secular. Sus grandes razones de ser son favorecer posiciones favorables al “patriotismo” palestino entre la población árabe y la reconfiguración de Israel suprimiendo su carácter de “Estado judío”.

Con el proceso de paz se ha institucionalizado una división izquierda-derecha muy determinada por el de las negociaciones de paz con la parte palestina y la postura de mayor o menor beligerancia, mayor o menor predisposición a efectuar cesiones.

Los resultados electorales revelan -elección tras elección- una elevadísima fragmentación en la representación ciudadana. Aunque el sistema electoral (proporcionalidad, límite solo del 2% para poder conseguir puestos en la Knesset) favorece la expresión de esta fragmentación, la misma no sería posible sin un elevado pluralismo en la sociedad israelí, del cual el pluralismo político-ideológico (y partidario) es solo una expresión.

Jamás, ningún partido ha logrado la mayoría absoluta de escaños y han tenido que articularse gobiernos de coalición. Las etiquetas "derecha" e "izquierda" no están definidas prioritariamente por las cuestiones sociales y económicas tradicionales que distinguen a los dos polos en las democracias de nuestro entorno.

Los avatares del movimiento sionista antes de la institucionalización del “Hogar Nacional Judío” generaron la expresión de pluralismo en aquel colectivo humano tan “disperso” en más de un sentido (el modo de afrontar el mandato británico, por ejemplo, o determinar el modelo económico y social sobre el que se sustentaría el nacimiento de una “nueva nación”), el origen de su población y de sus líderes, provenientes de distintas naciones y culturas, hacen de Israel una nación de gran interés para la ciencia política y la sociología. El sistema político es básicamente el propio de lo que conocemos como “Occidente” y su forma de democracia parlamentaria.

La ubicación geográfica de Israel (en una región particularmente hostil hacia él y en general conflictiva) ha favorecido que en momentos de crisis los partidos políticos hayan aparcado sus diferencias para enfrentarse a situaciones que ponen en peligro la simple existencia de Israel como Estado. En las épocas en que la amenaza externa es menor, las distintas versiones partidarias -políticas e ideológicas- de lo que Israel debe "ser" han enriquecido la vida politica y permitido la expresión de una sociedad civil dinámica y creativa.

La creación de coaliciones para formar nuevos gobiernos es un proceso complejo que requiere de gran destreza política por parte de los miembros y líderes de los distintos partidos políticos. Éstas reúnen tanto a varias facciones dentro los mismos partidos, como a individuos de influencia que compiten por el poder y el prestigio al interior de sus respectivas organizaciones. Los partidos políticos que hacen coaliciones reconocen su alto valor, pero también los costos por participar en un gobierno de coalición, que no son otra cosa que una serie de compromisos entre individuos y sus políticas.

En las coaliciones que se han formado desde 1948, el Partido Laborista ha dominado entre 1948 y 1977, y el Likud entre 1977 y 1992. Aunque estos partidos son los más grandes e influyentes en el momento de hacer coaliciones y en las políticas adoptadas, los partidos pequeños cobran importancia ya que, sin ellos, el gobierno electo no podría mantenerse estable. Por otro lado, la colocación en el gobierno de los miembros de los partidos en coalición ha provocado que se formen instituciones sin relevancia, aunque los cargos y ministerios importantes casi siempre se han mantenido en manos del partido dominante dentro de la coalición.

Las coaliciones limitan la capacidad de control del primer ministro en relación con el gabinete y sus acciones. El primer ministro no designa ni destituye a los ministros, la cual más bien se acuerda con los miembros de la coalición. Los integrantes de los gabinetes se eligen no por sus capacidad para el cargo, sino por su lealtad hacia el partido.

El sistema de coaliciones, dentro del sistema político de Israel, ha llevado a los partidos religiosos a la obtención de resultados positivos en el juego político: han logrado concretar algunas de sus demandas, pues éstas se toman en cuenta para mantener fuerte y estable al gobierno.

El sistema de partidos israelí, en su pluralismo, permite la expresión de las expectativas e intereses de distintos sectores de la población, lo cual es una fortaleza básica para el sistema democrático. La "especificidad" de muchos partidos permite justamente la expresión de intereses "sin flitros", sin que las voces minoritarias se diluyan en los grandes partidos, lo que acarrearía una democracia más "pobre", menos "genuina". Askenazíes y sefardíes -entre los judíos-, judíos y árabes -en el conjunto de la sociedad, laicos y religiosos, favorables a un Estado judío y partidarios de un Estado binacional, liberales y socializantes, deben tener -como así es- espacio de expresión propios y que los mismos tengan reflejo institucional. Una situación de bipartidismo estricto estilo EEUU generaría problemas de legitimidad institucional, pues la suma de minorías acaba representando una "inmensa minoría", muy diversa y dispersa, pero que quedaría sin cauces de expresión, lo cual sería particularmente grave en un Estado tan complejo y en el que se manejan política y socialmente tantas variables.

La otra cara de la moneda es la inevitable fragmentación política, la inestabilidad, el acceso a la arena político-institucional de actores sin vocación de gobernar y con propuestas inasumibles para el conjunto de la sociedad y para la dirección del Estado (demagogia y populismo, sindicalización de la política). Debilidades indudables.

Es difícil formar gobiernos coherentes, pero la cultura del pacto, de la cesión, de la integración de intereses son fortalecedores de la democracia. Israel es socialmente complejo -tal vez todas las sociedades contemporáneas lo sean cada vez más-. Las minorías pueden condicionar, hacer valer su peso de un modo sobredimensionado, pero deben asumir las responsabilidades de tomar decisiones con repercusiones en la población; de lo contrario, se difuminarán.

Este sano equilibrio entre lo deseado y lo posible es una de las bases de una democracia con mayúsculas.



Recapitulando sobre cuanto se ha dicho, podría representarse en el siguiente cuadro a modo de listado las FORTALEZAS Y DEBILIDADES PRINCIPALES del sistema de partidos israelí:



Fortalezas Debilidades

Sistema de partidos en Israel

Pluralismo (representatividad de los variado del "sentir social"

Excesiva fragmentación

Se favorece la paricipación (amplia, y variada, oferta)

Excesivo peso del conflicto palestino en la agenda, en detrimento de políticas sociales y otras

Dinamismo de la vida política

El mapa político favorece la inestabilidad

Cultura del pacto

Predomina la lealtad al partido sobre la representatividad social ""carrerismo", burocratismo)

Facilidades por el Estado para asociarse y "presentarse en sociedad"

Se sobredimensiona a ciertas minorías





FORTALEZAS Y DEBILIDADES DEL SISTEMA ELECTORAL ISRAELÍ.


Los principios del sistema de representación israelí podrían resumirse del siguiente modo:

1. DEMOCRACIA PARLAMENTARIA, estando compuesta la Knesset (Parlamento) por 120 miembros, en un marco de separación de poderes: el legislativo que estamos analizando, el ejecutivo y el judicial. El gobierno está sujeto a la “confianza” y aprobación de la Knesset, mientras que el sistema judicial es completamente independiente y esta independencia está asegurada por ley.

2. SISTEMA PROPORCIONAL, obteniendo cada Partido un número de escaños proporcional a los votos obtenidos.

Una de las características básicas, centrales, del sistema israelí es tratarse de un sistema electoral proporcional, de modo que las candidaturas están presentes en la/s Cámara/s representativa/s en proporción al número de votos obtenido. La idea-base que inspira un sistema de este tipo es favorecer que los sectores de la población -sociales, ideológicos- estén presentes en el Parlamento en proporción a su peso real, expresado en elecciones democráticas.

Aunque se habla mucho de la influencia británica en el sistema político-institucional israelí, este sistema electoral hunde sus raíces teóricas en la post-revolucionaria “Convención Nacional” Francesa del periodo 1792-1795. Objeto de intensos debates académicos en el Siglo XIX, es en 1861 cuando John Stuart Mill publica sus “Consideraciones sobre el Gobierno Representativo”, el más elaborado alegato en favor del sistema y en el que expone los dos argumentos básicos favorables a su implantación: a) facilita la representación de “cada minoría de cada nación” y, b) un representante electo por medio de este sistema representa la verdadera voluntad de cada votante y no una arbitraria elección de una zona geográfica.

3. MANDATO POR 4 AÑOS. Las elecciones se deben llevar a cabo cada 4 años, aunque el Gobierno puede caer por una decisión gubernamental de disolver la Knesset o por un voto de desconfianza. A fin de evitar constantes mociones de desconfianza de la oposición, la ley estipula que para realizar una de este tipo, la misma debe ser apoyada por, al menos, 61 parlamentarios, y el bloque que la propone debe sugerir un candidato para que forme nuevo gobierno.

4. CIRCUNSCRIPCIÓN ELECTORAL ÚNICA. No hay distritos electorales territoriales o de otro tipo.

5. El/La LÍDER DEL PARTIDO QUE OBTENGA MÁS ESCAÑOS en la Knesset es generalmente el elegid@ por el presidente para intentar formar gobierno. Es aquí donde, en caso de que el partido no haya obtenido más de 60 escaneos, comienza el juego político a fin de formar una coalición entre diferentes partidos que garantice al partido más grande la mayoría en el parlamento. Los ministr@s no necesariamente son parlamentari@s.

6. LISTAS CERRADAS. El ciudadano vota a la candidatura, sin posibilidad de elegir a personas concretas con independencia de la candidatura de la que forman parte.

7. EL MANDATO PERTENECE A CADA INDIVIDUO, a pesar de tener que ser elegido en una lista partidaria. Los elect@s pueden decidir abandonar el partido y pasar a otro o fundar nuevos partidos, lo que puede implicar la presencia en la Cámara de gran cantidad de partidos, incluso sin pasar por las urnas.

8. EL PRESIDENTE es el JEFE DEL ESTADO y se elige por la KNESSET, y no directamente por la ciudadanía. Con funciones básicamente representativas -expresar la unidad del Estado-, carece de poder ejecutivo real.

Realmente, el sistema electoral israelí tiene su origen en la historia del sionismo y de las estructuras de representación existentes antes incluso de la existencia del Estado de Israel, y cuyo objetivo básico era instituir la representación más amplia posible del ser judío. Fue instituido -oficializado- en el contexto de una grave crisis. En octubre de 1948, en medio de la Guerra de la Independencia, David Bar Rav Hai, Presidente del Comité Electoral se dirigía a la Knesset en los siguientes términos: “a pesar de que se ha tomado en cuenta la alternativa de un sistema regional – por distritos - bajo la caótica realidad de la guerra, la única forma de llevar a cabo elecciones generales rápidamente era optar por un sistema proporcional. Cualquier otro sistema demandaría mayores preparativos y no sería posible de llevar a cabo a corto plazo”. Israel presisaba urgentemente un Gobierno avalado democráticamente por la participación ciudadana que legitimase la soberanía y consolidase el nuevo Estado. Las listas nacionales, y no locales, hacían más factible la realización de elecciones en un contexto bélico.

Cierto conservadurismo es la norma en cuanto a las instituciones políticas israelíes. Algunas innovaciones, como la elección directa del Primer Ministro -vigente en el periodo 1002-2001- son al poco tiempo desechadas, en este caso debido a la excesiva fragmentación que producía.

Desde las primeras elecciones a la Knesset, hace ya más de 60 años, el sistema electoral israelí se caracteriza por su acusada proporcionalidad. El "suelo" establecido para poder estar presente en la Cámara, fijado actualmente en 2%, es el mayor obstáculo para que un grupo político, por pequeño que sea, pueda obtener representación. Los escenarios de incertidumbre y farragosas y muy variadas negociaciones post-electorales están en Israel a la orden del día, casi podría decirse que son sistémicas.

La proporcionalidad deviene fragmentación, y esta presenta los siguientes problemas:

-Gobiernos poco consistentes, excesivamente heterodoxos, y que difícilmente pueden desarrollar un programa coherente. Ejecutivo débil.

-Falta de estabilidad política. Es difícil conformar mayorías parlamentarias sólidas que expresen tendencias de la sociedad.

-Peso desproporcionado, a veces, del radicalismo político-ideológico. El sistema electoral israelí, en comparación con la mayoría, favorece a partidos más pequeños. En ocasiones, esto implica la “necesidad” de adoptar políticas que no son compatibles con las necesidades y prioridades de la mayoría de la población; a modo de ejemplo, la mayoría de la población quizá no sufriría conmoción alguna por el levantamiento de los asentamientos, con certeza no tendría inconveniente alguno en que los matrimonios civiles fuesen aprobados o que dejasen de gozar de ciertos privilegios los haderim.

-Imposibilidad de planificar a largo plazo, de desarrollar en cualquier ámbito proyectos estratégicos. Si ya es difícil legislar y ejecutar en cada legislatura, al tratarse la fragmentación de una realidad sistémica, las expectativas de desarrollar políticas de calado a largo plazo se difuminan. Se gobierna pensado en el "día siguiente".

- Al depender la composición del gobierno de componendas políticas, existe el evidente riesgo de que sus componentes no cuenten con el perfil necesario para abordar los problemas desde la perspectiva de que quien ocupa el puesto debe, de alguna manera, “gobernar para tod@s”.

A pesar de generar el problema de la fragmentación, de “institucionalizar” cierta inestabilidad institucional, debe ponerse en valor el sistema proporcional como una fortaleza del sistema: en primer lugar por ser un método justo de asignar resultados, para establecer representatividades que trasladen el sentir social a la institución parlamentaria; pero más allá de lo que consideremos justo, también en el orden pragmático se fortalece la institución y anima a la representación el hecho de favorecer la “cultura del pacto”, aun más en un país tan diverso como Israel (por el diferente origen geográfico de sus habitantes, pero también la diversidad religiosa, entre otras). Es fundamental para la estabilidad que las minorías puedan hacerse oir, evitando las tentaciones extremistas que pueden aflorar si determinadas voces son silenciadas.

Las listas cerradas provocan determinadas distorsiones, entre las cuales se encuentra el hecho de que la carrera de un político depende no de sus votantes -y del continuo diálogo con ell@s-, sino de intentar sobrevivir políticamente haciéndose valer ante los organismos de dirección de los partidos; ahí es donde deben estar bien conectados y ejercer influencias, ya que es ahí donde se elaboran las listas. Lo cual constituye una debilidad, pues no se permite la relación más directa entre ciudadan@ y representante y no se oxigena el sistema. Como en el caso español, es contradictorio que las listas sean cerradas y que el escaño sea “personal”.

Las causas para que un partido/candidatura no pueda concurrir a las elecciones están tasadas y son lógicas: 1) actuar directa o indirectamente contra la existencia del Estado de Israel, pues negar la existencia del Estado es restarle legitimación al proceso electoral (plenamente democrático) mismo; 2) incitar al racismo (este supone un ataque a los derechos humanos absolutamente inadmisible); 3) apoyar la lucha armada de un Estado enemigo u organización terrorista contra el Estado de Israel -razón suficiente como para no poder presentarse y simplemente no estar legalizado-. Dichas prohibiciones son una fortaleza, pues en un sistema que permite tanta expresión de la pluralidad parecen necesarias barreras contra las tendencias que pretenden destruir el sistema y el Estado o simplemente legitimen y propaguen aberraciones.

Los partidos representados en la Knéset saliente pueden automáticamente ser reelectos; los partidos nuevos pueden presentar listas de candidatos obteniendo las firmas de 2.500 personas con derecho a voto y haciendo un depósito que les es reembolsado si logran por lo menos el 1,5 por ciento de la votación nacional. Realmente se trata de unas exigencias muy pequeñas y que permiten la presentación a las elecciones de cualquier tipo de entidad, por más carencia de base social que pueda suponérsele. Lo cual constituye sin duda algún inconveniente, pero fortalece la expresión de las voces de las minorías y sustrae la exclusividad de la política a los actores más habituales y convencionales.

La circunscripción única supone una fortaleza del sistema electoral israelí. Entre otras cosas evita situaciones como que el Partido más votado no sea el que más escaños tenga. Las minorías nacionales o étnicas no están instaladas en un determinado territorio o zona, sino diseminadas, por lo que en general no se harían oir más por establecer distritos más pequeños, lo que en algunos casos podría excluirlas. Aunque también puede imputársel el defecto de que no se garantiza que se atiendan problemas o se representen intereses de partes determinadas del territorio que en un momento dado puedan sentirse agraviadas o simplemente presenten problemáticas muy específicas.

La sustracción de la elección del Presidente a la participación directa de la ciudadanía es una cuestión compleja. En todo caso, ya fue en su día implantada, siendo revocada la decisión por no lograr el funcionamiento deseado. Generaba polarización. Ciertamente, algunas manifestaciones de presidencialismo pueden distorsionar el funcionamiento de las instituciones y tensar la cuerda política, cuando se trata de una figura arbitral, consensual, de representación del Estado. En todo caso, parece razonable que su mandato no coincida con los cuatro años para los que se elige la Knesset, obligando a nuevas mayorías que puedan surgir a convivir con la figura “estabilizadora”.

Finalmente, comentar respecto al sistema que, siendo perfeccionable, debe ser testado analizando la participación electoral. La misma es comparativamente elevada, ocupando el puesto 21º -en una escala de mayor a menor- en el periodo comprendido entre 1960 y 1995. Por comparar con el caso español, concretamente desde las primeras elecciones tras el franquismo hasta 2008, mientras en Israel la participación media en ese periodo de 31 años fue del 74,5%, en el caso español alcanzó el 73,9%.

La multiplicidad de intereses y lealtades dentro y fuera de los partidos políticos provoca la burocratización del gobierno y limita la capacidad de maniobra de quien gobierna. Las decisiones de los miembros del Knesset responden más a la lealtad a sus partidos que a las demandas de su electorado y de la sociedad en general.

¿Qué problemas acarrea el sistema?

Algunos de ellos son los siguientes:

* Al dar pie a gobiernos de coalición, se dificulta la elaboración de leyes y la posibilidad de articular políticas coherentes y abordar decisiones estratégicas, primando el "día a día".

* La fragmentación desestabiliza el sistema de partidos, otorgando un peso desmesurado a ciertos partidos, lo cual impide adoptar decisiones que una mayoría avalaría (distorsionando, por este lado, la expresión de la "voluntad popular" y el sistema democrático). Es en las últimas décadas el caso de los partidos religiosos.

* Se facilita que un partido se perpetúe en el gobierno, pasando en ocasiones de una situación de hegemonía a una de subalternidad, pero con el riesgo de enquistarse en la cúspide el Estado a pesar de que mengue el apoyo ciudadano.

* Se otorga un "altavoz" a opciones extremistas, que con un sistema diferente podrían quedar excluidos.

* Incapacidad de generar un vínculo geográfico entre representantes y representados, al tratarse de una circunscripción única, dificultando vehiculizar a través del Parlamento problemáticas "locales" o territorialmente focalizadas. Los votantes no tienen la capacidad de determinar la identidad de las personas que los representaran y no existe, por tanto, ninguna representación definida de su zona.

* Las listas cerradas impiden controlar a quien realmente se vota, lo cual está en manos del Partido/candidatura.

Recapitulando sobre cuanto se ha dicho, podría representarse en el siguiente cuadro a modo de listado las FORTALEZAS Y DEBILIDADES PRINCIPALES del sistema de partidos israelí:




Fortalezas Debilidades

Sistema electoral en Israel

Propocionalidad (sistema electoral justo que expresa la "voz de la calle" en las urnas)

Esta misma proporcionalidad acarrea una fragmentación de difícil gestión y que inestabiliza el sistema

Circunscripción electoral única, evita situaciones como que el Partido más votado no sea el que más escaños tenga. Las minorías nacionales o étnicas no están instaladas en un determinado territorio o zona

Como contrapartida, la Circunscripción electoral única (no se garantiza que se atiendan problemas o se representen intereses de partes determinadas del territorio que en un momento dado puedan sentirse agraviadas o simplemente presenten problemáticas muy específicas)

Escaso provcentaje necesario para conseguir rpresentación (respeto por las minorías

Listas cerradas (predomiinio del partido sobre el elector a la hora de elegir a los representantes)

Garantista (y materialmente justo) sistema para no poder concurrir a las elecciones.

Sustracción al ciudadano de la elección directa del Presidente (en cuanto figura arvitral, parece más justa la elección por el "cuero electoral")


CALIDAD DEMOCRÁTICA: facilidades para participar y obtener representación. Se respeta la diversidad (en múltiples frentes del país.

Origina excesiva FRAGMENTACIÓN (INESTABILIDAD): sobrerepresentación de voces extremistas, gobiernos poco consistentes, dificultades de planificar a largo plazo, dificultad de legislar, etc)





Fortaleza asediada por décadas, siempre discutiendo su “ser”, oasis de democracia en la región, Israel ha tenido el coraje de dotarse de un sistema político e institucional presidido por la calidad democrática y las consideraciones de atender una sociedad civil dinámica y plural. El precio es la inestabilidad y la fragmentación. En el Derecho y en la Política se trata de escoger entre opciones. Tal vez apastar por una democracia “a fondo” en realidad, en el largo plazo, en los usos sociales y en la “creación de una nación”, este sistema haga el Estado más fuerte y a sus habitantes más “ciudadanos”.



APÉNDICE (2.018).

1) ¿Qué es "Meretz"?

Fundado en 1.991, el Meretz (Energía, en hebreo) es un partido de izquierda sionista, creado a partir de la fusión de los partidos MAPAM (sionista socialista), RATZ (fundamentalmente pacifista) y SHINUI (que tiene en la secularidad su principal seña de identidad).

Se autodefine socialdemócrata, favorable a la separación religión-Estado, teniendo como una de sus banderas el fin de la ocupación de los territorios tomados en 1.967.


2) Tamar Zandberg, la respuesta de la Presidenta de "Meretz" a la invitación del embajador americano para la ceremonia de inaguración de la embajadas americana en Jerusalém.

Tel Aviv, 8 de mayo 2018.

Honorable David M. Friedman.

Embajador de los Estados Unidos de América.

Querido Señor Embajador,

(....)

Desafortunadamente, trasladar la embajada americana a Jerusalém ahora no contribuye al objetivo antes mencionado. Al contrario: mientras Jerusalém Oeste es la capital de Israel y es un hecho indiscutible, la paz es más incierta que nunca. La ocupación se expande, la desesperación se profudiza y el potencial de violencia está aumentando. La experiencia ha demostrado que los pasos unilaterales no resuelven la cuestión central, sino que únicamente complican las cuestiones y podrían llevar a una mayor violencia. Son los ciudadanos de Israel y los residentes palestinos los que pagan el precio de esta violencia.

Por lo mucho que aprecio el apoyo duradero de los Estados Unidos a Israel, no puedo en buena conciencia celebrarlo con vosotros. Debo ser completamente sincera con Vd en relación a las implicaciones del traslado de la embajada de este modo y en este momento; ya sea en términos de alcanzar un acuerdo de paz, ya sea en términos del riesgo en que se pone la vida y el bienestar de israelíes y palestinos.

Sería feliz de reunirme con Vd en cualquier momento, en cualquier parte, para transmitirle la posición de los israelíes que aspiran y luchan por la paz, que están preocupados por la anexión progresiva de Cisjordania y por el debilitamiento de toda posibilidad de un valiente Compromiso que nos permitiría celebrar lo floreciente y próspero de una Jerusalém con fronteras claras, reconocidas y seguras.

Respetuosamente suya,

Mk Tamar Zandberg, presidente de Meretz.


Imagen: Pixabay.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Fundamentalismo(s). Integrismo(s)

Nietzscheana

Algo de geopolítica …. con George Friedman, Lucio Caracciolo y la revista italiana “Limes”