¿Qué es Israel? (XI). Israel plural(ísimo)

 


(1)    ¿De qué hablamos cuando hablamos de Israel? A propósito de “Sociedades en Israel, Introducción en diez imágenes”

Publicado en la web de MOZAIKA. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí: http://mozaika.es/magazine/ca/de-que-parlem-quan-parlem-disrael-a-proposit-de-societats-a-israel-introduccio-en-deu-imatges-3/

ALFONS ARAGONESES. Profesor de Historia del Derecho en la Universidad “Pompeu Fabra” e investigador asaociado del “Instituto Max Planck” de Historia del Derecho de Fráncfort. Entre sus temas de investigación está el Derecho del franquismo; las leyes de memoria; la relación entre Derecho, memoria e identidad colectiva.

¿Por qué dedicarle estas páginas a Israel? ¿Por qué perder el tiempo hablando tanto de un país con una población poco más numerosa que la de Catalunya y un territorio sensiblemente más pequeño? Que es lo que nos interesa tanto de un lugar del cual importamos menos mercancías que las que le compramos a Túnez? ¿Qué tiene Israel para que ocupe más espacio en los discursos sociales en nuestra casa que otros países objetivamente más grandes y más importantes? De hecho, digo casa nuestra pero algo similar pasa en la mayor parte de los países de nuestro entorno: Israel ocupa espacio en los diarios y la política, levanta pasiones y provoca conflictos hasta el punto de que, en comparación, algunas discusiones sobre el conflicto Catalunya- España parecen un juego de niños.

Las preguntas anteriores podrían responderse con una frase muy sencilla: hablamos tanto de Israel porque necesitamos describir, explicar, analizar y juzgar a Israel para, así, describirnos, analizarnos y juzgarnos a nosotros mismos. Definimos y valoramos a Israel para auto-definirnos y para valorar nuestra democracia, nuestro grado de respeto por los derechos humanos o nuestra política comercial y militar, para definirnos de derechas o de izquierdas, para demostrar que somos más empáticos con los débiles o más cosmopolitas que nuestro vecino.

Este modo de aproximarse a ella no es nuevo. De hecho, desde tiempos inmemoriales los no judíos hemos necesitado explicar, o mejor dicto inventar, el judío para crear una identidad colectiva. Lo explicó fantásticamente bien David Nirenberg en Judeophobia: the Western Tradition, en el que destaca la desproporción que desde tiempos pretéritos ha habido entre el peso demográfico de los judíos en Europa y el espacio que se les ha dedicado en los discursos sociales: los no judíos hemos necesitado escribir sobre los judíos, inventar a los judíos para crear una identidad colectiva, del mismo modo que los europeos inventaron el africano durante el imperialismo o el musulmán en las Cruzadas y en el siglo XIX, como explicó Edward Said en Orientalismo. Para autodefinirnos como seres civilizados y avanzados y para situarnos en el centro del mundo, necesitamos inventar Oriente, inventar África y el Islam. Para definirnos y justificar una dominación política, militar o cultural, necesitamos inventar la diferencia entre un “ellos” y un “nosotros”.

Pero los judíos, a lo largo de la historia, fueron siempre el “otro” que le permitió a los no judíos definir el “nosotros”. Y así continúa hoy en día, únicamente que ahora no sucede sólo con los judíos en general, sino también con Israel, el Estado judío. Hoy necesitamos hablar de Israel para definirnos a nosotros, los catalanes y españoles no judíos. Pero, ¿ cómo es el Israel del que hablamos? Es real, inventando, o un poco de cada cosa.

Cuando hablo de invención, asumo que toda descripción que hacemos de cualquier objeto, país o persona, tiene una parte de invención: los seres humanos y los grupos de ser humanos siempre inventan cuando describen algo. Toda descripción de una realidad presente o pasada comporta una creación: partimos de un objeto real, pero le aplicamos nuestros preconceptos culturales, políticos, de género, etc …. En el tema que nos ocupa, seguramente más que en otros casos, predomina un Israel inventado, que a veces parece una caricatura.

Según el rincón desde el que se habla, Israel es un lugar maravilloso o un país cruel, lo hizo fantásticamente bien o lo hizo todo mal, es una democracia perfecta o es un régimen cruel. Esta aproximación homogeneizadora y simplificadora no se le aplica únicamente a Israel: todos, seamos de donde seamos, tenemos esta tendencia cuando nos aproximamos al “otro”. Pero nada tiene que ver con lo de Israel, que cuando nos aproximamos, desde Europa en general pero desde Catalunya y España especialmente, tendemos a reducir una realidad muy diversa en una cosa simple y unidimensional. Como decía, en Catalunya y en España, esta aproximación es espcialmente aguda: necesitamos hablar de Israel para hablar de nosotros, para tener la certeza de que estamos en el lugar, en el espectro ideológico y el modo de ver el mundo que queremos. Conseguir este fin implica entender Israel como una entidad homogénea, idéntica desde 1948 hasta hoy e idéntica desde la izquierda hasta la extrema derecha. Israel se vincula con el sionismo, una realidad todavía poco conocida en nuestra casa en su dimensión histórica pero que, aquí, ocupa el lugar que antes ocupaba la conspiración judía y que se identifica con ocupación, crueldad, guerra, racismo, etc.

Dentro de esta visión, los israelíes no serían como los franceses, los sirios o los congoleños, personas de países “normales”, sino que serían ciudadanos de una entidad extraña, de un lugar anormal, de una realidad estatal artificial, como si los demás estados fueran creaciones de la naturaleza.

¿Cuáles son las causas de esta aproximación nuestra tan especial a Israel? El antisemitismo católico, la Inquisición, las relaciones del franquismo primero con la Alemania nazi y después con los países árabes, la guerra fría y el apoyo de los Estados Unidos a la dictadura franquista son factores que explican muchas cosas, pero que no nos valdrían, como frecuentemente se hace, para justificar o contemporizar con el antisionismo. En la actualidad nos encontramos en un círculo vicioso: la ignorancia, condicionada por el pasado o no, alimenta la falta de interés por los discursos menos grotescos sobre Israel, que son totalmente a favor o totalmente en contra. Y esta falta de interés retroalimenta esta ignorancia. El resultado de todo eso es el antisionismo que se manifiesta en unas determinadas críticas y en la aplicación de unos standards morales y democráticos diferentes a los que se aplican normalmente.

Esta dinámica es difícil de romper. Hay información en forma de libros, documentales o conferencias. Pero también es necesario crear las condiciones para que haya interés por esta información que salga del maniqueismo, de los discursos en blanco y negro. Posiblemente lo que sea más necesario que nada es romper la falsa imagen un Israel homogéneo, sin diversidad interna y, por lo tanto, sin conflicto.

Las visiones homogeneizadoras de cualquier sociedad son insostenibles. En el caso de Israel, aun lo son más. Por esta razón, como decía, sería necesario romper con la falsa idea de un país monolítico y comenzar a hablar de Israeles, en plural. Es lo que hace el libro que quiero comentar en estas líneas: Sociedades en Israel: una introducción en diez imágenes, del sociólogo israelí Natan Sznaider. El libro se publicó en el 2017 en alemán. Infelizmente, no fue todavía traducido ni al catalán, ni al castellano ni al inglés.

No es un libro para convencernos de nada o para luchar contra el discurso anti-Israel, lo que no significa que no sea muy útil para presentarle aquella realidad a sociedades como la nuestra. El título contiene una apuesta metodológica: habla de sociedades en Israel, no de sociedad de Israel, porque lo que en sus páginas encontramos son diez capítulos, que contienen descripciones de diez realidades sociales diferentes, muchas veces enfrentadas entre ellas. Sznaider intenta tomar distancia del país en el que vive para describir sus diferentes realidades, las diversas sociedades que coexisten en este pequeño trozo de tierra. El subtítulo menciona diez imágenes: cada capítulo comienza con una fotografía que le permite al autor describir una faceta de Israel; una Dana International triunfando en Eurovisión en nombre de Israel representando la Tel Aviv gay-friendly y abierta; un jugador musulmán del club Beitar de Jerusalém nos muestra los conflictos étnicos y religiosos; en otra imagen se ve una manifestación del “15-M de Tel Aviv”.… Las imágenes sirven para introducir los temas, pero también para mostrar esta diversidad concentrada en tan poco tiempo y en tan poco espacio.

Después de una introducción a la obra, el primer capítulo nos presenta la “Generación global”, que va a tomar las calles de Tel Aviv en el 2011 para protestar contra el alto coste de la vida y la falta de perspectivas de desarrollo personal. Es un ejemplo de una dinámica local conectada con otras globales: un fenómeno ligado a los problemas de Israel, pero que conecta con las protestas del 15-M en Madrid. Es un buen modo de comenzar, que muestra que nada de lo que pasa en el mundo es ajeno a lo que pasa en las calles de Israel, o que nada de lo que pasa en Israel es ajeno a lo que pasa en el mundo.

Un capítulo, que se titula “O eso o lo otro: el sacrificio de Isaac Rabin”, explica las causas y las consecuencias del asesinato del halcón convertido en paloma que estuvo a punto de ganar la paz con los palestinos. El capítulo es especialmente importante porque, según el autor, el trágico episodio va a cambiar la relación de los israelíes con su país y va a presentar dudas y problemas que todavía no se resolvieron.

Una parte del libro tiene un indudable interés sociológico e histórico porque explica las diferentes culturas nacionales de Israel, comparando la de los pioneros asquenazíes, ilustrados y de izquierdas, con la de los mizrahim, los judíos procedentes de los países árabes o islámicos, que no conocieron la Shoah. La mayor parte de este colectivo llegó a Israel después de los asquenazíes, que, de alguna manera, también inventaron una indentidade mizrahí, ligada a la ignorancia, la religiosidad y el tradicionalismo.

Sznaider alerta del reciente proceso de pérdida del carácter laico del ejército, el último reducto de la vieja idea sionista que había servido para nacionalizar culturalmente a diversas generaciones de israelíes. En este sentido, es interesante el análisis que el autor, declarado cinéfilo, hace de una película de los años sesenta, Sallah Shabati, que en clave de humor describe el choque cultural entre una familia de pioneros, sionistas asquenazíes que viven en un kibbutz, y unos recién inmigrados mizrahim, religiosos y pobres. Unos se presentan como unos idealistas, ávidos lectores de cultura europea, los otros con un bagage cultural y tradiciones diferentes. La descripción de la película y del impacto que tendría es de lo más interesante del libro, y se conecta con los cambios que recientemente se produjeron en la cultura convencional israelí en relación con el colectivo mizrahí. De hecho, la película fue muy criticada por su representación de los judíos orientales, aunque no faltan lecturas que también ven una caricatura de los pioneros de los kibbutzim.

Igualmente interesante es la descripción que hace de los israelíes de origen ruso. Según el autor, los judíos de la antigua Unión Soviética, a diferencia de otros colectivos, no renuncian a utilizar y cultivar su lengua de origen, el ruso, y, así, están cambiando el paisaje y la forma de ver la lengua en Tel Aviv y otras ciudades de Israel. Otros capítulos abordan los conflictos entre laicos y religiosos y entre palestinos e israelíes, tema que no se elude pero que tampoco se sitúa, como normalmente se hace al hablar de Israel, en el centro del relato.

Para el autor, hay dos temas que constituyen el gran reto de Israel hoy en día. En primer lugar, el de la coexistencia de una sociedad laica y moderna con otra que vive conforme con el derecho religioso más que conforme al derecho estatal. Por otro lado, está la respuesta que debe dar el Estado y la sociedad de Israel al creciente número de refugiados, sobre todo africanos, que emigran hacia el Estado judío. Para Sznaider las dos cuestiones se reducen a la pregunta fundamental que acompaña a Israel: cómo se conjugan en un mismo punto un Estado judío y un Estado democrático. El autor no da una respuesta clara para estas dos preguntas, pero sí que vincula la identidad judía a la acogida de los que huyen de la guerra y del hambre, y así liga el futuro de Israel a esta cuestión.

En definitiva, el libro con las imágenes y las descripciones del pasado y del presente, ayuda a entender mejor la complejidad de Israel, un país en el que conviven diferentes sociedades. La idea de hablar en plural de sociedades en Israel, además, formula la pregunta de si quizá deberíamos hablar de sociedades en plural nos nuestros países. Lo que resulta claro es que las representaciones homogeneizadoras de las sociedades ya no son asumibles: como decía al inicio, nos permiten alimentar nuestra identidad con tópicos y prejuicios sobre otras identidades, nos ayudan a autoafirmarnos en lo que somos o en lo que creemos que somos, pero no nos dan herramientas para comprender nuestra complejidad y la de los otros. Lo cierto es que esta visión compleja, atenta a la diversidad, al conflicto e incluso a la contradicción, ayuda a tomar conciencia de la función que tiene Israel en el modo de vivir y de ver el mundo de los catalanes.

El libro, infelizmente, sólo se encuentra en alemán. Me atrevo a decir que es posible que estos libros no tengan mucho mercado en nuestro país: cuesta introducir libros con visiones que expliquen el desconocimiento y las visiones maniqueas sobre Israel. El círculo vicioso se retroalimenta y, así continuamos con la caricatura de Israel, y de los palestinos también, sin enterarnos que, en muchas ocasiones, esto nos aleja, a los catalanes, del modo general con que se tratan la realidad de Medio Oriente y el mundo judío en otros lugares de nuestra entorno.

 

 

(2). "Quiero contaros mi Israel".

Original: http://www.linformale.eu/voglio-raccontarvi-il-mio-israele-di-sarah-tuttle-singer/

SARAH TUTTLE-SINGER

Mi Israel, que florece, sólido, solidario, progresista, valiente.

Mi Israel son los cultivadores que hablan hebreo, y aquellos que hablan árabe. Que trabajan la tierra con manos robustas, que quieren solo ver crecer sus cosas.

Mi Israel son los activistas de Rabbis for Human Rigth, que pasan los puestos de control para poder plantar un olivo.

Y las jóvenes mujeres, que desde sus negocios de flores en Dizengoff, regalan rosas para los funerales de las víctimas del terrorismo.

Y los chicos y chicas que plantan árboles sobre Tu Bishvat, con la esperanza, un día, de usar aquellas ramas para hacer de ellas su ramo nupcial.

Y una mujer anciana que esconde una semilla en la tierra, para hacer crecer una higuera qeu no podrá ver nunca más que como una pequeña mancha verde. Pero lo planta de todos modos, porque un día su nieta tendrá una nieta, y ella podrá recoger los higos y sentir lo dulces que son.

Mi Israel desovilla campos Verdes, y frutales, cactus y clementinas, una pradera de girasoles en junio, y un desierto rojo de amapolas con las lluvias estivales. Mi Israel es salvaje en primavera, y dulce de jazmines en la noche tibia; pero es también el rotolacampo, rasgado y vagabundo, para recordarse de apreciar cuando la tierra se volverá nuevamente verde. Lo cual hará. Lo hace siempre.

Mi Israel es fuerte, y supera límites.

Mi Israel es el hombre de 83 años con los brazos tatuados, que se despierta cada día al alba y va a correr en Park HaYarkon, y que correrá la Marathon este año.

Mi Israel es la madre sola que trabaja full time y estudia Farmacia, que corre a casa para dar de comer a los niños, y les canta la misma canción que su madre solía cantarle, después bebe dos tazas de café antes de comenzar a estudiar la tesis en química.

Mi Israel es el muchacho con las manos levantadas siempre haciendo preguntas, y la chica que habla a escondidas sobre lo inoportuna que es la enseñante, que asume la defensa de los amigos durante el recreo, y que un día se unirá a la defensa de su propio pueblo.

Y el médico, que después del huracán Katrina sale en avión y vuela a la otra parte del mundo para intentar ayudar a los heridos, y reconstruir una ciudad entera desde cero. Mi Israel son las decenas de voluntarios que son los primeros en llegar y los últimos en marcharse.

Mi Israel recuerda el aluvión, y espera las nuevas ramas de olivo.

Mi Israel es compasivo.

Mi Israel es el conductor de autobús que se acerca, y en medio de una totrmenta de arena, insiste en que la mujer que camina al lado de la carretera suba al autobús, y sin pagar.

Y el taxista que ha acompañado a mis hijos y a mi al hospital, cuando mi hijo no era capaz de respirar, que no ha querido cobrar por la carrera, y de hecho me ofreció un pequeño rosario y una plegaria por él.

Mi Israel son los hombres y mujeres que conducen hasta las bases militares en la dura tempestad invernal, con ollas llenas de sopa y chocolate caliente y café para los soldados que afrontan con valentía el frío del exterior.

Y los adolescentes, que son voluntarios en los orfanatos y enseñan a los niños a leer.

Y el soldado cansado, que deja su puesto en el bus para la mujer embarazada con hijab, y el hombre con la kefia que deja alguna moneda para el mendigo judío en la estación de autobús.

Mi Israel son los activistas por los derechos humanos que entregan sus vidas por defender a quien no tiene derechos, los oprimidos, con independencia de su raza o religión.

Mi israel es potencial.

Mi Israel es Shlomit y Moshe y Suha y Muhammad que mandan a sus hijos a la escuela mixta hebrea y árabe en Neve Shalom Wahat Al Salaam – Oasis de Paz. Y mi Israel son sus dos hijos que se intercambian la merienda en el recreo.

Mi Israel es el jeque sobre el Monte de los Olivos que acoge a los viajeros exhaustos de cualquier fe, de toda cultura, siempre que lleguen con mente abierta.

Mi Israel son aquellas dos mujeres que se besan en medio del arco iris de TelAviv, y los dos hombres que han adoptado su primer niño de la India, y lo han acogido en su tribu con amigos y familiares como testigos.

Mi Israel reduce el desierto para hacerlo florecer, desarrolla líneas de irrigación y construye líneas eléctricas.

Mi Israel es el muchachito risueño en la escuela que reordena su mente en el ejército y después decide abrir una empresa partiendo de nada, y tiene éxito.

Mi Israel es un cura, un Imam y un rabino que entran en un bar para hablar de fe y de Dios, y no, no es el inicio de una broma, es el inicio de una amistad.

Mi Israel son las personas que muestran cuando algo es desagradable, cuando hay algo doloroso, cuando se tiene miedo.

Las personas que llegan delante de una mezquita profanada por extremistas judíos porque “kol Ysraele arevim zeh la-zeh” (“Cada israelí es responsable de todos los demás”) no significa solo que debemos hacernos cargo de los otros, sino que también asumimos la responsabilidad por los errores de nuestro pueblo. Estas son las personas que toman cepillos y jabón y limpian los muros, y después los vuelven a pintar para hacerlos mejores.

Personas que van a una manifestación con sus niños aunque sea noche profunda y haya mucha gente, y haya un calor húmedo en pleno verano, pero que van de todos modos porque es importante que vayan y lleven también a sus niños, porque es más importante para ellos ver lo que es el cambio.

Las personas que pueden aarrebatarte el aparcamiento en Azrieli, pero que te abrazan cálidamente en el funeral de tu tío.

Las personas que corren HACIA el lugar de un atentado y no en la otra dirección, porque quieren ayudar a salvar vidas.

A veces mi Israel me indigna.

Es ruidoso y demasiado cercano, y aplasta y empuja, grita y lucha y se lamenta.

Y a veces me hace desear tirarme de los pelos, o escapar, hacia un lugar hecho de puestas de sol tranquilas y colinas no tan complicadas.

A veces, mi Israel comete errores, y olvida nuestra historia - donde hemos estado y sobre todo hacia donde debemos ir -.

Pero mi Israel es más que esto:

Nosotros somos trabajos en curso. Y así como Yaacob luchó con Dios antes de convertirse en Israel, así en Israel nosotros luchamos con nuestra identidad. Porque somos todavía una nación joven, construida sobre un antiguo sueño.

Pero a veces tengo miedo de que mi Israel esté en peligro -las fuerzas del extremismo, de la rigidez y de la intolerancia harán desaparecer aquel Israel que amo-.

Pero después os veo a todos vosotros y veo vuestra compasión y dedicación, y sé que nos las arreglaremos.

Porque mi Israel tiene lágrimas en los ojos cuando canta HaTikvah.

Porque mi Israel es esperanza.

 

 

(3).   “Cristianos, drusos, beduinos. Somos parte integrante de Israel”.

Publicado el 19-3-2018 en la web de MOKED (portal del judaismo italiano). Traducido por Administrador, puede verse aquí el original:http://moked.it/blog/2018/03/19/cristiani-drusi-beduinisiamo-parte-integrante-disraele/

Estados Unidos, Noruega, Inglaterra, Escocia y ahora Italia. El viaje de Jonathan, Muhammad y Lorene para contar Israel por medio de los ojos de sus minorías, continúa en nuestro país con cuatro etapas que desde hoy al jueves implicarán -gracias a la embajada israelí en Italia- otras ciudades: Torino, Milano, Bologna y Roma. “Queremos contar lo que el público fuera de Israel no conoce”, cuenta a Moked.it Jonathan Nizar Elkhoury, coordinador para las minorías de la organización sin ánimo de lucro Reservists on Duty, cristiano y de origen libanés. “Cuando se habla de árabes e Israel, las personas piensan solo en los palestinos, pero no es así”, subraya Muhammed Ka‘biya, beduino del pueblo de kabiya, en el norte del país. “Beduinos, drusos, árabes cristianos, árabes musulmanes”. Las minorías son diferentes y una cosa es cierta: en Israel no existe el apartheid y nosotros somos la demostración de esto”, prosigue Muhammed. “Quien odia a Israel busca utilizarnos a nosotros los árabes para culparlo, pero nosotros estamos comprometidos a contar la verdad: que vivimos en un País democrático, que nos ofrece tantas oportunidades, del que nos sentimos plenamente parte, subraya Lorene Khateeb, chica drusa del pueblo de Smea, en Galilea, además de estudiante de sociología y antropología en la Universidad de Haifa. A partir de esta tarde en Torino, los tres chicos presentarán al público italiano quien son los beduinos, donde viven los drusos, cuantos son los cristianos en Israel, rompiendo con toda probabilidad muchos prejuicios sobre las dinámicas internas en la sociedad israelí. “Estamos integrados, porque queremos ser integrados. Nos incorporamos al ejército y trabajamos porque nos consideramos y somos de pleno derecho ciudadanos israelíes”, explica Muhammed.

 

 

(4).    De las sombras al primer atardecer: ejemplos de cultura LGBT en Israel.

Publicado el 16-5-2018 en la web de JOIMAG. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.joimag.it/dalle-ombre-alla-prima-serata-esempi-di-cultura-lgbt-in-israele/?fbclid=IwAR2lazbHTjGFwTd6-7AvjHW45TVK99SoNUb-UPb1JEwpHSJuBJKO59RiaWM

SARA FERRARI.

Si hoy también es conocida en todo el mundo por sus gay pride y por ser el principal destino LGBT+ de Medio Oriente, es necesario recordar que no siempre fue así. Sara Ferrari cuenta las etapas principales y los protagonistas de esta subcultura en Israel.

En los comienzos no fue Dana International, la cantante transexual que en el Eurovision Song Contest del 1998 le dio a Israel una victoria ciertamente no inferior al recientísimo éxito de Netta Barzilai. Y tampoco Yossi y Jagger, los militares novios protagonistas de la homónima película de Eytan Fox, destinados a hacer llegar al ocaso quizá de modo definitivo el mito del sabra* macho con todas las consecuencias. Y aun menos los outing ilustres (el último, temporalmente, de la actriz Oma Banai), los gay pride más arrolladores que nunca o la investudura de Tel Aviv como “rainbow city” del Mediterráneo y “mejor ciudad LGBT del mundo”. Todo esto puede ser más bien considerado el feliz resultado del ferviente trabajo tanto de las asociaciones homosexuales como de los gobiernos, los cuales, sobre todo en las dos últimas décadas, promovieron sin vacilaciones una plena igualdad social para todos los ciudadanos de Israel, con independencia de su orientación sexual.

“El hebreo padece de manías sexuales”, aludiendo al hecho de que la atención al género del pronome y del verbo, típicas de esta lengua, oculta la voluntad de clasificar cuanto por su misma naturaleza querría huir a cualquier constrición.

Esto, obviamente, no significa que para los homosexuales israelíes la vida sea siempre color de rosa. Es una demostración de ello el bárbaro atentado acontecido el 1 de agosto de 2009 contra el bar No´ar del centro LGBT de Tel Aviv, en el cual dos jóvenes resultaron muertos y otros quince heridos. Pero, aun con las dificultades, frecuentemente (aunque no únicamente) originadas por los choques con los religiosos más extremistas, es evidente que una considerable parte de la sociedad israelí entiende a la comunidad gay como un importante elemento del propio tejido colectivo. No casualmente, a continuación de la brutal agresión que acabamos de recordar, la tarde del 8 de agosto de 2009, en Plaza Rabin, en Tel Aviv, se produjo una importante manifestación pública de apoyo a los homosexuales, en la que participaron no únicamente artistas – gay y no – sino también y sobre todo familias, personas comunes impactadas por lo sucedido. Entonces, encontraron un sentido profundo y un pleno enraizamiento en la realidad las palabras pronunciadas en aquella ocasión por el Presidente Peres, quien dijo que quien quiera que apuntara el arma contra las víctimas del atentado, de hecho la había dirigido “contra todos vosotros, contra todos nosotros, contra mí, contra ti”.

Un largo camino.

El camino que llevó a la actual situación fue largo y, quizá, no simple, principalmente adornado por figuras extraordinarias de la cultura, que aportaron cambios de significado radical. En un principio fue, por ejemplo, la poetisa Yona Wallach, auténtica “leyenda cultural” de Israel, quien atravesó como un tizón con fuego los años ’60 y ’70 para apagarse prematuramente en el 1985. Pero Yona Wallach no es una representante “tradicional” de la comunidad gay. Nada sería probablemente menos indicado para definir a este personaje. Más bien, por medio de una transformación extrema del lenguaje poético, Wallach quiso echar abajo las barreras psíquicas, cognitivas y lingüísticas que las convenciones sociales siempre le impusieron al individuo en calquer ámbito, no en último término en el sexual. Baste pensar en la lengua misma, que usamos de manera cotidiana, fundamentalmente de modo automático y casual. “El hebreo”, advierte, de hecho, Yona Wallach “sufre de manías sexuales”, aludiendo al hecho de que la atención al género del pronome y el verbo, típica de esta lengua, oculta la voluntad de clasificar lo que por su misma naturaleza desearía huir la toda constrición: el fuego vital de nuestras pulsiones. Por eso Yona Wallach, tanto en la vida personal como en poesía, decidió asumir alternativamente una voz masculina o femenina según las circunstancias, explotando la posibilidad garantizada por su mismo nombre, lo cual puede ser acogido en los dos géneros. Por primera vez en una sociedad tendencialmente moralista como la israelí de la época, abrió entonces el camino la una sexualidad total, no sin suscitar escándalo.

Aunque íntimamente diferente de quien lo había precedido, Hezy Leskly tomó una fuerte inspiración de Yona Wallach. Nacido de padres de origen checo sobrevivintes a la Shoah, Leskly, desde la más tierna edad soñó con convertirse en bailarín. Pero la historia cuenta que con frecuencia la danza no es considerada una ocupación idónea para un joven varón, sea en Israel o fuera. Leskly completó, entonces, su propia formación únicamente una vez abandonada la casa paterna, para trasladarse a la vivaz y libertaria Amsterdam, donde no sólo estudió danza y coreografía, sino que pudo vivir libremente su propia homosexualidad, cosa que no siempre hizo una vez retornado a Israel. También en el caso de Leskly debe revelarse que no estamos hablando de un intelectual comprometido, de un activista por los derechos de los homosexuales, aunque sea una figura fundamental de la cultura queer de Israel. Leskly, de hecho, no escribe tanto de la homosexualidad como más bien del interior de ella, en la tentativa de crear una lengua poética contra lo dominante, presentándose como un molesto perturbador, un desagradable ratón preparado para poner rojos los fundamentos de la casa-lengua y de la casa-poesía.

[…] Esta vez no le permitiré a un ser humano parirme.

Yo me pariré a mí mismo.

El agua apestosa y sus apestosas transparencias entonces hablarán

un hebreo nuevo.

Obseso, sedicioso,

empapante sudor,

perforaré los sueños del esteta.

(De “Lección de hebreo”).

Bajo numerosos aspectos, Hezy Leskly representó el primero ejemplo en Israel de una cultura gay trasnacional, capaz de superar las estrechas fronteras del territorio israelí para abrirse a las grandes experiencias de más allá del Mediterráneo. Eso se llevó a cabo tanto en su existencia como, infelizmente, en su muerte. La epidemia de SIDA que provocó numerosas víctimas en el mundo de la cultura y del espectáculo internacional mató, de hecho, también a Hezy Leskly, así como había hecho desaparecer un año antes la un joven y genial cineasta amigo de infancia del poeta, Amos Guttman. Las experiencias y las obras de Leskly y Guttman son muy similares, hijas del mismo tiempo. Ambas nos cuentan una homosexualidad vivida todavía pagando un precio caro, además de cubierta por la sombra de la promiscuidad y de aquel morbo misterioso que a muchos le parecía una “plaga”, un castigo divino. A pesar de eso, la gracia que brilla a través de las obras de estos dos artistas se presenta aun hoy como algo único, testigo de una juventud preciosa prematuramente desaparecida.

Los años ’90: visibilización y normalización.

Los años ’90 y ‘2000 representaron un verdadero momento de ofensiva para la comunidad homosexual, que fue capaz de emerger de las tinieblas para colocarse en el centro de la escena, al menos en el ámbito cultural. Los resultados del fenómeno son visibles prácticamente en todo sector artístico, aunque son evidentes particularmente en el cine y en la televisión. Los principales artífices de esta transformación fueron Eytan Fox y Gal Uhovsky, una pareja hoy muy conocida, tanto en el trabajo como en el ámbito personal. Ya desde sus comienzos, de hecho, los dos le dieron al tema de la homosexualidad una relevancia nunca concedida con anterioridad, desde la aclamada comedia Florentin (unoha especie de Friends a la israelí) al ya citado Yossi & Jagger (2002), al notable Caminando sobre las aguas (2004), para llegar al más reciente La burbuja (2006) y a la serie De buena familia (2014). El secreto de Fox y Uhovsky es probablemente la capacidad de saber analizar los grandes temas de la sociedad israelí (el ejército, la elaboración del trauma de la Shoah, el conflicto israelí-palestino, el desgarro de la familia) por medio del punto de vista excepcional de la homosexualidad.

En tanto su trabajo domine la escena, Fox y Uhovsky no son ciertamente los únicos que trabajan en esta dirección. La famosa serie televisiva dedicada a los jóvenes religiosos, Srugim (tres temporadas, 2008-2012) muestra uno de sus personajes lidiando con un debate interior lacerante frente a su propia homosexualidad, tema que también aborda el film Einayim Pkuhot (2009), que obtuvo un gran éxito también a excepción de Israel. Una imagen más alegre y sonriente ofrece, en cambio, la serie Ima ve’Abbaz (2012), en la que los sex-symbol Yehuda Levi y Yiftah Klein interpretan a una pareja gay haciéndole frente a las alegrías (y los dolores) de una paternidad compartida. Finalmente, mientras en Italia, hace pocos meses todavía se desencadenaban las polémicas sobre la posibilidad de admitir una pareja gay en el popular show Ballando con le stelle, en la edición israelí las reticencias ya se habían roto en el 2010, cuando la presentadora deportiva Gili Shem Tov y la compañera Dorit Milman bailaron en horario estelar, delante del gran público.

En definitiva, existen todas las premisas para que el célebre verso lanzado a comienzos de los años ’90 por la cantante homosexual Corinne Allal – “somos una especie rara, de volátiles extravagantes” – se convierta en lo sucesivo en el recuerdo de tiempos remotos y superados.

https://es.wikipedia.org/wiki/Sabra

 

 

(5).   Israel arcoiris: la situación de los derechos L.G.B.T.

Publicado en la web de UGEI el 5-5-2015. Traducido por Administrador, puede verse aquí el original:                              http://www.ugei.it/israele-arcobaleno-la-situazione-dei-diritti-lgb

Según una investigación del Dialog Institute publicada por “Haaretz” en diciembre de 2013 y dirigida por el Profesor Camil Fuchs, de la Universidad de Tel Aviv, el 70% de los ciudadanos israelíes es favorable a la igualdad de derechos para las comunidades homosexuales y el 59% apoya la introducción de las uniones civiles. Entre quienes han respondido a la encuesta se han evidenciado diferencias en base al grupo étnico-cultural de pertenencia y a la zona de residencia, de algún modo similares a aquellas puestas de relieve en las recientes elecciones políticas. Respondiendo negativamente a la encuesta han estado sobre todo los haderim y, en una medida sensiblemente menor, los árabes (cristianos y musulmanes) y aquellos judíos que suelen definirse como religiosos, llevan la kippah y votan por partidos de derecha como HaBayt HaYehudi.

La geografía refleja en buena medida las divisiones: si tel Aviv es considerada la capital LGBT del Medio Oriente, en Jerusalém el clima es menos distendido y también en años recientes se han verificado episodios de discriminación y agresión, enseguida condenados por las autoridades políticas y perseguidos por las judiciales. En Tel Aviv, en cambio, numerosas playas, locales y eventos LGBT –entre los que se encuentra un imponente Gay Pride– hacen de la capital económica del País un lugar entre los más gay friendly del mundo, que en el 2011 ha merecido el premio de “Mejor ciudad gay del año”, del popular sitio arco iris Gaycities.com.

Israel, a diferencia de Italia, reconoce la unión de las parejas homosexuales con una fórmula que es definida “cohabitación no registrada”. Es la legislación más avanzada de toda Asia, pero concede más derechos a los homosexuales también respecto a aquella que está en vigor entre nosotros. Como evidencian los datos del Dialog Institute, sin embargo, aun no habiendo un abismo como en Italia, sobre el tema de los derechos civiles también en Israel el País real va por delante de la legalidad, y sería el momento en que los representantes políticos debieran tomar nota. Si el próximo gobierno ve la participación de los partidos religiosos, será probablemente más difícil que suceda, desde el momento en que estos tienen posiciones en general rígidamente conservadoras y no infrecuentemente expresamente homófobas.

El matrimonio entre personas del mismo sexo no es permitido, pero ello se debe a la ausencia, hasta hoy, del matrimonio civil, un problema que para los israelíes es cada vez más urgente afrontar: la única forma de matrimonio es la “religiosa”, de competencia exclusiva de la autoridad rabínica. Como las parejas heterosexuales, también las homosexuales ven reconocido su matrimonio contraido en el extranjero. Israel presenta además una serie de leyes contra la discriminación de los homosexuales en el ejército, en la escuela y en el puesto de trabajo. Desde el 2000, las mujeres lesbianas pueden convertirse en madres adoptivas del partner y desde el 2005 a todas las parejas LGBT le son garantizados plenos derechos de adopción.

En general, en Israel la comunidad homosexual es particularmente densa y asume a Tel Aviv como su centro de gravedad. En la ciudad blanca viven también numerosos gay árabes palestinos, aunque sea difícil determinar con exactitud su número; muchos están vinculados a partner israelíes, otros residen clandestinamente por el temor de ser devueltos, y deber sufrir así las discriminaciones que son la regla en los territorios administrados por la Autoridad nacional palestina y en la Gaza dominada por Hamas, como por otra parte en todo el Medio Oriente musulmán.

 

 

(6).   "Soldi conquista Israel: el pop de Mahmood es el más escuchado también en la radio del ejército".

Publicado o 8-7-2.019 na web “open.on line”. Traducido por Administrador, pode verse o orixinal aquí: https://www.open.online/2019/07/08/soldi-conquista-israele-il-pop-arabeggiante-di-mahmood-e-il-piu-ascoltato-anche-sulla-radio-dellesercito/

FELICE FLORIO.

Después del segundo puesto en Eurovisión en Tel Aviv, el milanés de 26 años ha dominado todas las clasificaciones israelíes.

De nada sirve comprender las palabras de una canción si el ritmo de la música y el pulso de las manos sobre lo estribillo te entran de modo enérgico en cabeza a ya no salen de ella. Mahmood y su canción Soldi, vencedora de “Sanremo 2019” y segunda en Eurovisión, hablan un lenguaje universal. E Israel, tierra de culturas que se mezclan pero tienen fatiga en dialogar, se redescubrió unida en torno a los sound del milanés de 26 años.
Durante cuatro semanas consecutivas, Soldi dominó todas las clasificaciones de “Galgalatz”, radio del ejército israelí: una prueba de fuego de los que serán los éxitos musicales en el Estado. Certificando el éxito, un artículo del periódico de Tel Aviv “Haaretz”: “La escuchas en cada estación de radio, en cada negocio de ropa, en cada fiesta. Es ya el slogan del verano”.

La lei de los segundos.

En Israel está en la cima del ranking de Shazam, app para el reconocimiento de las canciones. Lo mismo para Spotify y Youtube. “A pesar de haber llegado al segundo puesto, “Soldi” es con claridad a canción que permaneció más grabada después de Eurovisión, mucho más que Arcade, la canción primera clasificada, del holandés Duncan Laurence”, declaró a “Haaretz” Daniel Dunkelman, asesor de Eurovisión 2019.

Y no es una novedad: “Hay muchos ejemplos también entre los clásicos – continúa Dunkelman, explicando que ganar el Festival no es para nada indicativo del éxito de un tema -, pero el más grande es naturalmente Volare, de Domenico Modugno. Llegó al tercer puesto en Eurovisión del 1958, pero en el curso de los años se convirtió en un éxito colosal”.

Los motivos del éxito.

La pieza “se basa en la soberbia producción y en el truco del latido de las manos – explicó el produtor israelí Noy Alooshe -. Su éxito viene determinado también por la integración entre lengua italiana y el pop más moderno. El hecho de que Soldi no sea en inglés o francés, lenguas a las que estamos más habituados en Israel, aumenta la atracción por la pieza”.

Todavía más: “Soldi es capaz de emocionar aun sin la comprensión de las palabras. Todos los rapper cantan sobre como querrían hacer más dinero, yo canté sobre mi padre, que me abandonó por el dinero”, contó una vez Mahmodd – sentencia Alooshe -. Las personas sienten esta emoción. Son capaces, en “Soldi”, de percibir la oscuridad.

Un delicado equilibrio entre italiano y árabe.

No debió ser fácil para el joven cantante de Milano ajustar cuentas con las preguntas de los cronistas sobre su pasado. “Yo soy italiano 100 por 100”, respondió a quien le preguntó sobre cómo se sentía, en cuanto árabe, cantando en Israel. “Beve champagne sotto ramadan” es otro modo de expresar el concepto “predica bene y razzola male”, explicó Mahmood.
Pero según los críticos, es justo la mezcla con el árabe, en el sonido y en el texto, lo que contribuyó al éxito de Soldi. “Cuando usa las palabras waladi, mi hijo, en árabe, y habibi, que significa mi amor, en la canción, los israelíes la reconocen: le dan a la pieza aquel tono ligeramente arabizante que es parte del ser y de la cultura de los israelíes”, subrayó Alooshe.

 

 

 

(7).   "Sasson Somekh y los judíos árabes de Israel".

Publicado el 30-8-2019 en la web de JOIMAG. Traducido por Administrador puede verse el original aquí: https://www.joimag.it/sasson-somekh-e-gli-ebrei-arabi-disraele/?fbclid=IwAR1Bj2DFE7NhL3XwGY29Xmp1oQlUYVceK3HYx00ROuOT4hDCq_abt85APyg

CUANDO HACER LITERATURA SIGNIFICA HACER DIÁLOGO. EN EL CONFLICTO.

El pasado 18 de agosto, después de una existencia entera dedicada a enseñar, a la escritura y a la traducción, murió en Tel Aviv a la edad de ochenta y seis años Sasson Somekh, “el último de los judíos árabes”, como a él mismo le gustaba definirse. Quizá, al leer, alguno de vosotros se formulará todavía la vieja pregunta: “¿un judío árabe?” ¿Pero qué clase de travesura es ésta? Si eso sucede, no pretendemos culpar a nadie. La de “judío árabe” es una definición que, en efecto, puede presentarse como inverosímil, un oxímoro, incluso imprudente. Parece casi querer lanzar un guante de desafío a la historia. Y esto, Sasson Somekh lo sabía bien. En una entrevista concedida hace algunos años, había declarado: “A los ojos del Estado de Israel los árabes eran enimigos. Por la misma idéntica razón a los judíos de los países árabes no les parecía ser llamados de este modo. No querían ser asociados con el enemigo, no solo por razones políticas. La palabra “árabe” no estaba asociada al progreso y al desarrollo, al contrario. Al adjetivo “árabe” no se le atribuía una connotación positiva.

Pero esta fue la identidad de Somekh y no sólo la suya. A la biografía de Sasson Somekh, de hecho, podrían ser superpuestas las vidas de un ingente número de ciudadanos israelíes, intelectuales, políticos, gente del espectáculo o, simplemente, personas comunes. Hombres y mujeres que nacieron y crecieron como judíos en Irak, en Marruecos, en Túnez y en las otras naciones árabes, obligados a abandonar en masa los propios Países y el mundo en el que habían nacido porque se habían convertido en “huéspedes no gratos”, enemigos en su patria. El Estado de Israel los acogió, pero les pidió a cambio un sacrificio enorme, por lo demás imposible: olvidar el pasado. Olvidar Bagdag, Casablanca y cualquier otro lugar en el que habían vivido antes de entonces. Olvidar la dulce y envolvente lengua de la infancia. Los judíos árabes no fueron, ciertamente, los únicos, también a los judíos europeos les fue impuesto el mismo precio a pagar por una vida nueva en la tierra de los padres. Pero para los judíos de los países árabes el shock fue particularmente duro (si no nos creéis, id a volver a ver la obra maestra de Efraim Kishon, Sallah Shabati, del 1964. Está ya todo allí). Para decir la verdad, pocos fueron respetuosos con los dictámenes del establishmaent en su vida cotidiana. Y sí en público se esforzaban por balbucear un hebreo pobre, en la intimidad, entre las paredes domésticas, o en el reino aislado de los sueños, la lengua y la cultura fueron aun las de los orígenes.

Pero Sasson Somekh decidió permanecer fiel a su identidad, preservando en ella ambas caras en la vida pública. Mejor dicho, él supo transformar esta su inevitable duplicidad en una ocasión para el diálogo, primero por medio del activismo político, en el interior del Partido Comunista israelí, al que se afilia después de haber visto algunos manifiestos electorales escritos en árabe en el incómodo barrio de Wadi Salib, en Haifa, desoués por medio de la escritura y la traducción, principalmente de obras poéticas. Ya cuando era poco más que un jovencito, en Bagdag, Somekh había publicado alguna cosa lírica en árabe y la poesía permaneció como uno de los grandes amores de su vida. Es a él a quien los lectores israelíes le deben inolvidables colecciones de poesía árabe, todas editadas con la pericia y la pasión del poeta auténtico, como escribió hace algunos días Nissim Kalderon, profesor de literatura hebrea en la Universidad Ben Gurión de Beer-Sheva. Ciertamente que la belleza cuenta, sobre todo en poesía, pero la misión que Somekh sentía como propia tenía un peso muy diferente. En sus obras, realmente, se cumple el sentido perfecto de la palabra “traducir”, esto es trans-ducere, “conducir a través”. No recuerdo donde leí una vez que la mejor imagen que el acto de traducir puede suscitar es la de un puente, destinada a conectar dos orillas contrapuestas separadas por un río, aunque quizá sea el río mismo el paisaje más adaptado, porque el trans-ducere implica una dimensión dinámica y líquida, una transformación en la que participan ambas partes. ¿Y cuánto tiene de impetuoso el río que separa dos pueblos en conflicto? ¿Cuánto debe ser ardua su transformación? Entonces, para quien, como Somekh, intentó un objetivo similar, ve todo nuestro aplauso. El ingreso en el partido comunista – que remató por abandonar, desilusionado, algunos años después – le permitió a Somekh conocer personalmente a tres intelectuales, también ellos iraquíes: David Tzemah, Shimon Ballas y Sami Michael. De estos, sólo el último es conocido en Italia, gracias a la casa editorial “Giuntina”, que publicó algunas novelas suyas, mientras los otros dos permanecen como figuras conocidas sólo para especialistas y estudiosos, al menos por ahora. Personalidad de rasgos insólitos y misteriosos, David Tzemah (1902-1981) compuso versos en árabe y hebreo. En su país, fue rabino y mohel (“circuncidador”), coleccionista de libros y estudioso de poesía medieval. Cuenta la leyenda que ya a los doce años había compuesto piezas líricas sobre los horrores de la Primera Guerra Mundial, que fueron censuradas y quemadas por las autoridades turcas. En 1941, su casa fue devastada por Farhud, el sangriento pogrom que dio un duro golpe a la comunidad judía de Bagdag, y después de este acontecimiento se trasladó a Israel, donde fue, por desgracia, una figura marginal de la cultura, aunque nunca completamente olvidada.

El temor a la marginalidad atormentó también por mucho tiempo a Shimon Ballas (1930), novelista y traductor, como Sasson SomekhBallas debutó como escritor poco después de haber llegado a Israel, con una novela en la que recogió sus propias experiencias en los campos de tránsito para los nuevos inmigrados. Originalmente, el libro había sido escrito en árabe, pero consiguió la publicación sólo después de ser reescrito en lengua hebrea, cosa bastante expresiva sobre la situación de la lengua árabe en Israel en las décadas siguientes. La renuncia a la lengua madre no sucedió con ligereza para Ballas, sino que fue una elección necesaria para llegar al público israelí, para el cual pretendía escribir: ”No quería quedar aislado. Fue esto lo que me empujó a escribir en hebreo (….) quería estar próximo a los lectores judíos, porque desde el comienzo sentí querer desarrollar un papel de mediador entre el público judío y el árabe”. Pero de modo análogo a Somekh, Ballas se considera un judío árabe, sin percibir particulares friciones en su propia identidad. Más o menos, dice él, como imagina que debe sentirse “un árabe cristiano en Israel”. También Sami Michael (1926), el decano de todos los escritores israelíes iraquíes, aun habiendo comenzado a escribir en árabe, finalmente prefirió el hebreo, por las mismas motivaciones que Shimon Ballas. Quien conoce sus novelas sabe bien como Sami Michael es capaz maravillosamente de contaire las alegrías (raras) y los dolores (tantos) de la convivencia entre árabes y judíos, pero dejando siempre un espacio para la esperanza, por más que el espacio para ella sea estrecho.

En líneas generales, en las últimas décadas Israel está moviéndose en la dirección de un neto multiculturalismo, acogiendo el medio cultural y literario todo aquello que había sido inicialmente confinado a los márgenes. En relación con otras realidades lingüísticas y culturales, más fácilmente aceptadas cómo “judías”, el árabe disfruta hoy de una posición más delicada. Nos tranquilizan el hecho de que numerosos escritores más jóvenes hayan decidido recorrer el mismo camino inagurado por Somekh, Ballas y Michael. Por ejemplo, el poeta y narrador Almog Behar (1978), que estudió árabe con el concreto objetivo de reconstruir parte de su propio ser y hacer poesía de eso. En relación con esto, en una entrevista concedida a “Los Angeles Review of Books”, Behar recordó el profundo sentido de pérdida sentida por él en relación con un pasado hoy desaparecido: “Volver atrás no es nunca simple, es siempre un acto simbólico, que se realiza por medio de una especie de mediación. En el caso del árabe, podía comprender alguna palabra de él, pero cuando decidí estudiar seriamente la lengua era demasiado tarde para aprenderla en familia. Luego, debí dirigirme a las universidades y a los palestinos. Hay una ironía histórica en los recorridos que debes emprender para realizar ciertos objetivos”. Una ironía histórica que posee no poca sabiduría, añadimos nosotros.

 

 

(8).   Neve Shalom Wahat al Salam, breve historia de un oasis de paz.

Publicado en la web de JOIMAG el 30-11-2020. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí:                https://www.joimag.it/neve-shalom-wahat-al-salam/

EL PUEBLO FUNDADO POR BRUNO HUSSAR, ENTRE SUEÑO Y REALIDAD.

Neve Shalom Wahat al Salam” es un lugar de paz, de convivencia y de respeto por el otro. En aquel lugar, fundado en Israel, conviven judíos, cristianos y musulmanes, que mantiene un pueblo orientado hacia el futuro, centrado sobre la educación y el diálogo.

Este “loco sueño” nace de la imaginación de Bruno Hussar, que en el libro Quando la nube si alzava. La pace possibile escribía esto: “dejad que me presente: soy un cura católico, soy judío. Ciudadano israelí, nací en Egipto. Llevo, luego, en mí, cuatro identidades: soy verdaderamente cristiano y cura, verdaderamente judío, verdaderamente israelí, y me siento también (….) muy proximo a los árabes”.

Bruno, que en el Registro figura como André, Hassar nació en 1911 de padre judío húngaro y madre judía francesa, ambos judíos no practicantes que no le dieron al hijo una educación religiosa. Hasta que él mismo encontró a Cristo y a los vintecatro años pedirá el bautismo. Diez años después, en 1945, entra en la orden de los dominicos y será después ordenado como “Padre Bruno”.

Padre Bruno no es sólo cristiano, sino que es también judío, israelí y próximo a los árabes, la suma de “cuatro identidades”, que expresan el universo en el que luchan tres religiones; una complejidad a afrontar como judío aunque cristiano; por lo tanto “traidor” para los judíos y despreciado por los cristianos.

En definitiva una vida no simple, que él elige declinar por medio de un objetivo, hacer de la paz una búsqueda y una cotidianidad a enseñar. Así, se dirige a la Iglesia católica para que abandone “la enseñanza del desprecio” hacia los judíos. De hecho, será invitado en calidad de experto al Concilio Vaticano II (`64-`65). Después, en la Guerra de los Seis Días en junio de 1967, se propuso, entonces, romper con la imposibilidad de una convivencia entre los judíos del Estado de Israel y los árabes palestinos.

He ahí, entonces, la idea: partir de Dios y reunir a los hijos en un “ecumenismo de las ramas” hasta fundar la unidad en un árbol que hunde las “raíces” en el judaísmo. De modo particular en aquella Tierra, Israel, compartida en el espíritu por los tres grandes monoteísmos.

Para Hussar, para permitirle a uno mirarle a la “cara” al otro, es vital que sean construidas las condiciones para que esto pueda ser posible. Una construcción real, pero hecha de cemento y sudor, en la que se define la “paz” como un “arte” a realizar y enseñar. Así, en 1972, nace “Neve Shalom Wahat al Salam”, un Oasis de paz cuyo nombre es tomado de Isaías 32,18 (Mi pueblo vivirá en un oasis de paz), un rincón del mundo situado a igual distancia de Jerusalém, Tel Aviv y Ramalah como lugar fulcro de las memorias bíblicas.

La primera familia llegará en 1977, mientras hoy son una setentena (la mitad judíos y la mitad árabes) y otros están a la espera de que acaben los trabajos de otras 90 casas para acoger posteriores entradas. El lugar es gestionado de modo democrático y cada año es escogido un secretario, una especie de alcalde, para gobernarse. Es un lugar real en el que cada componente religiosa y étnica puede optar por convivir en la colaboración y en la igualdad, educándose mutuamente gestionando el conflicto en curso por medio de la Escuela por la paz, fundada en 1979. Una escuela que hasta hoy enseñó y continúa enseñando el arte de la paz a aproximadamente 35.000 personas.

La escuela se compone de itinerarios y proyectos: entre estos están los seminarios de encuentro mutuo y uni-nacionales sobre el conflicto para los jóvenes palestinos y judíos; o la formación de adultos y licenciados que querrían continuar este itinerario de intercambio dentro de las fronteras laborales y cotidianas y, desde hace algunos años, por medio de cursos en algunas universidades israelíes: Tel Aviv University, Haifa University, Ruppin College y Bien Gurion University.

Es, entonces, una escuela que educa “en la diversidad y en la complejidad, por medio del conocimiento y de la confianza”.

Existe también la Escuela primaria del Pueblo, que le da educación a aproximadamente 300 niños judíos y árabes de ciudadanía israelí procedentes de 22 localidades próximas. El sistema educativo alberga además una guardería y una escuela materna y se basa en el conocimiento paralelo de las dos culturas (judía y árabe palestina) en un solo contexto.

Las Escuelas se dirigen a los jóvenes porque – como dice Bruno Hussar – entre los 15 y los 18 años “están en un cruce. Están buscando su identidad, intentan aclarar sus valores y se interesan por las temáticas sociales y políticas. Es una edad en la que el desarrollo emotivo y cognitivo alcanza un nivel que permite una complejidad de miradas más amplia, la capacidad de generalizar y el deseo de observar a los otros”, y por esto que entre ellos aumente el intercambio y no el miedo del enemigo, sobre todo por medio del Centro juvenil “Nadi”.

Algunos años más adelante – es el 1983 – es inagurada la cupola de Dumia-Sakinah (esto es, “Casa del silencio”), situada dentro del Centro Espiritual Pluralista de la Comunidad, que le permite a cualquiera, religioso o no, dedicarse a la comunión con otro por medio del silencio, el único lenguaje que no conoce palabra y, por tanto, división.

Una pregunta final puede acompañar hacia la conclusión de este – infelizmente breve – dibujo de “Neve Shalom”, y es: ¿por qué vivir aquí? El Oasis es definido como ejemplo concreto de cooperación y precisamente porque dialoga con vidas reales. Es esa la dinámica y se adapta para responder a los cambios. Además, no todos en el pueblo viven del mismo modo, pero todos aceptan el modo de vivir como iguales y en paz con el otro. Contribuyen, cada uno con sus propias disponibilidades de tiempo, a la vida común, porque es fundamental compartir y aceptar sus valores, un fuerte impacto político sobre la realidad.

El objetivo, entonces, no es de tener una única idea ni los mismos valores, sino de compartirlos a pesar de las diferencias.

“Somos humanos”, y de hecho, como confirman algunos de los miembros, fueron muchos los conflictos, los enfrentamientos y los litigios, porque no es fácil convivir en la diferencia cuando cada uno mantiene su propia identidad, pero (nosotros, aquí) estamos viviendo el conflicto en vez de combatirlo con las armas. El lugar no es objeto de discusión por parte únicamente de quien lo habita, no faltan actos vandálicos contra los residentes (como el incendio doloso de la Escuela por la paz el 31 de agosto de 2020), o decisiones políticas que minarían su supervivencia.

Entonces, ¿por qué elegirlo? Porque convierte a las personas en responsables de la convivencia y del futuro de sus hijos y permite colaborar con quien, en otros espacios geográficos, llevaría en los brazos un arma. El Oasis es un ejemplo, “aunque no sea perfecto”, (…) es una cosa buena que exista”. Pero es ya en sí misma una gran cosa, tanto como para ser reconocido y recibir, por algunos proyectos de educación para la paz, ayudas económicas por parte de la Unión Europea.

La fuerza de este centro no se debe sólo a la participación de sus residentes, sino también a la de los voluntarios. En Italia es la “Associazione Italiana Amici di Neve Shalom Wahat al Salam” la que colabora directamente sobre el campo. La necesidad y la experiencia de los voluntarios es necesaria no sólo para enriquecer la diversidad fundante del pueblo, sino también para ofrecer un enriquecimiento personal que podrá influenciar la propia cotidianidad y sensibilidad más allá de la comunidad. Especialmente para la formación de figuras que, sean ingenieros civiles, urbanistas o arquitectos, deben redimensionar los espacios de convivencia simbólica y civil, que siguen algunos de los cursos de la Escuela por la paz.

Ciertamente que este Oasis tiene sus propios límites, pero el proceso de humanización de la percepción del otro como “enemigo” permanece como un recorrido fundamental y sincero para superar y elaborar miedos, odio y rabia, los sentimientos que deshumanizan y separan. Que legitiman los episodios dramáticos de la humanidad, como la violencia, las guerras y los fraticidios.

 

 

(9).   “Ciudades israelíes y población mixta: donde se están derribando realmente los muros”.

Fuente: “Israel HaYom, 25.12.19”. Publicado el 27-12-2019 en la web “israele.net”. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.israele.net/citta-israeliane-a-popolazione-mista-dove-si-stanno-abbattendo-davvero-le-barriere?fbclid=IwAR2-ykjvFZI41vNMYQ4AWRIYKav325Da717Hm_Kl_Y_A-g6MYI54_wMkV7M

JALAL BANA.

MIENTRAS A NIVEL NACIONAL SE DIFUNDEN GRIETAS Y POLARIZACIÓN POLÍTICA, EN LAS CIUDADES ÁRABE-JUDÍAS DE ISRAEL SE ASISTE A NIVELES DE COOPERACIÓN SIN PRECEDENTES.

Algo interesante sucedió en las ciudades mixtas árabe-judías de Israel durante las últimas elecciones municipales. Los árabes que competían en las listas de los partidos nacionales, o como candidatos independientes, que fueron elegidos en los consejos municipales, se unieron todos, sin excepciones, a las coaliciones de mayoría de las administraciones locales y anunciaron su apoyo a los alcaldes elegidos y a los presidentes del consejo municipal. Cinco De estos presidentes de consejo proceden de la derecha y representan a los partidos “Likud” y “Israel Beytenu”.

A pesar de las distancias ideológicas y la polarización política, los habitantes de las ciudades pueden en todo caso expresar intereses idénticos y hay muchos campos en los que los representantes elegidos de “Hadash” (el partido comunista árabe-israelí), de “Balad” o incluso del “Movimiento islámico” pueden trabajar de modo eficaz con los representantes del “Likud” o de “Habayit Hayehudi”. En cada ciudad con población mixta se asiste la una estrecha cooperación entre judíos y árabes a todos los niveles de la administración y de las actividades municipales, aunque siga resultando raro que las escuelas de las ciudades sean bilingües y atiendan a los dos sectores.

Aunque el gobierno israelí había destinado miles de millones de Shekels a un plan económico especial para el sector árabe, desde los medios de comunicación no se le ha prestado particular atención a los progresos de los residentes árabes en las ciudades mixtas.

Esta semana, el “Fondo Abraham” albergó en Akko una conferencia sobre su iniciativa “Ciudades compartidas”, durante la cual los representantes de las ciudades mixtas expusieron sus posiciones, además de presentar alguna estadísticas muy interesantes sobre habitantes árabes y judíos de aquellas ciudades. “Ciudades compartidas” es un proyecto que busca promover un enfoque específico para la administración de las ciudades mixtas existentes, y de las que están desarrollándose, con el objetivo de dirigirse hacia una completa integración en el sentido más integral del término.

Según un estudio llevado a cabo por Hisham Jubran, del “Afkar Research Institute” en Haifa, Akko, Lod, Ramle, Giaffa, Nof HaGalil y Ma’alot-Tarshiha, los judíos y los árabes residentes en ciudades mixtas se aprecian recíprocamente y están satisfechos en general de las relaciones entre los dos grupos. El estudio reveló que el 81% de los residentes judíos describe como buenas las relaciones con los residentes árabes de sus ciudades, y lo mismo afirma el 89% de los residentes árabes sobre las relaciones con los conciudadanos judíos. Aproximadamente el 79% de los habitantes árabes y el 61% de los habitantes judíos en las ciudades mixtas, declararon estar en contacto con miembros de la otra comunidad. Esto indica que una clara mayoría de los residentes de las ciudades mixtas se junta e interactúa con los miembros del otro sector de la población en el trabajo, en la vida del barrio y en las actividades del tiempo libre. Pero no es todo. El 61% de los residentes judíos de las ciudades mixtas se declara de acuerdo con la afirmación “le permito a mis hijos jugar con los niños árabes”, y el 86% de los residentes árabes afirma permitirle a sus hijos jugar con los niños judíos. Estos datos muestran un cuadro alentardor en relación con el estado de la concreta convivencia, aunque quede mucho camino por hacer cuando se habla de sistemas escolares comunes.

Los acuerdos y la cooperación a nivel de administraciones locales ofrecen una imagen contraria a lo que sucede en la Knesset y en la política nacional en su conjunto, donde parecen propagarse a polarización, la alienación e incluso la instigación. Las ciudades mixtas israelíes son importantes puntos de intersección que pueden contribuir a prevenir fisuras más grandes, y ayudar a estrechar los lazos sociales. Aun más si se considera que los árabes, particularmente las jóvenes parejas y miembros de la clase media, tienden a desplazarse de las comunidades exclusivamente árabes a las ciudades mixtas, buscando una mejor calidad de su vidas y mejores servicios municipales: se trata de personas abiertas al estilo de vida multicultural que ofrecen estas ciudades, un auténtico y verdadero modelo para el martirizado Medio Oriente.

 

 

(10). "La lista árabe unida y la izquierda sionista”.

Publicado en la web HAKEILAH (Grupo de Estudios Judíos de Torino) en mayo de 2020. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí: https://www.hakeillah.com/2_20_19.htm

GIUSEPPE GIGLIOTTI.

Los clamorosos golpes de escena que sucedieron en el último año en la arena política israelí fueron tantos y tales como para extenuar incluso a los más sólidos comentaristas. Le corresponderá a los historiadores y analistas políticos evaluar, en los años próximos, sí el giro de posición de Benny Gantz preservó al país del riesgo de una guerra civil, o lo haya conducido al lado del abismo. Hoy por hoy, en cambio quiero detenerme sobre un acontecimiento todavía más importante, cuya importancia no parece aun ser metabolizada por la opinión pública judía. Las últimas elecciones no solo confirmaron de hecho el triunfo de la derecha nacionalista judía, sino que además señalaron el comienzo de la emancipación política de la minoría palestina. Se trata de un punto de no retorno en la delicadísima estructura gubernativa del país que, unida al colapso de la izquierda sionista, está destinado a cambiar irreversiblemente los equilibrios políticos israelíes. La extraordinaria confirmación de la “Lista Unida”, cuyos 15 escaños obtenidos en las últimas elecciones se aproximan mucho al peso numérico de la comunidad, barrió todo resto de duda sobre su legitimidad política. Demonizados por los partidos de derecha, ninguneados por “Kohol Lavan” y descuidados por la izquierda sionista, los ciudadanos palestinos, con su voto, indicaron que la “Lista Unida” es el representante legítimo de la comunidad árabe israelí, y no únicamente. El crecimiento de la Lista en las localidades drusas confirmó la repalestinización en curso de esta comunidad. Fruto de décadas de sistemático descuido y con la exacerbación provocada por el pasaje de la desastrosa Ley sobre el Estado-Nación. Simultáneamente, el punto de no retorno alcanzado por la izquierda sionista se tradujo en un incremento de los votos procedentes del sector judío: aunque insignificantes en valores absolutos (aproximadamente 20.000), señalan de todos modos el creciente potencial de la Lista como alternativa política válida a la izquierda sionista. Y es sobre este último punto sobre el que querría detenerme.

Estoy realmente convencido de que los cambios acontecidos en la última década volvieron obsoleta la idea, todavía propuesta entre los grupos sionistas liberales americanos, según la cual los partidos árabes anti-sionistas deben ser apriorísticamente excluidos de toda ecuación política. Las razones que están en la base de este mantra son innumerables, y excederían del espacio de un artículo. Baste centrarse en las más invocadas, esto es, aquella según la cual los partidos sionistas de izquierda podrían ofrecerle una alternativa política a los ciudadanos palestinos, y que los partidos árabes son excesivamente radicales para poder ser el pivote de una alianza política entre ciudadanos judíos y palestinos. Las últimas elecciones desacreditaron definitivamente el primer punto: por primera vez desde 1948, el voto árabe por los partidos sionistas se redujo al mínimo. Y aunque la presencia de una Lista con fuerte tradición identitaria pesara mucho en la elección del voto, es innegable que el principal mobilizador debe buscarse en el creciente sentido de rabia de los ciudadanos árabes hacia los partidos sionistas. Cansados de promesas no mantenidas, furibundos por ser mantenidos al margen, y exasperados por el rechazo de eliminar la Ley del Estado-Nación, los electores árabes volvieron definitivamente la espalda a los sionistas. Aun menos convincente es el segundo argumento, que no tiene en cuenta la evolución interna en la sociedad israelo-palestina: la muerte de la solución de los Dos Estados para dos pueblos y el permanente aislamiento del mundo árabe, paradójicamente debilitó las corrientes “anti-integracionistas”, en ascenso en los años que abarcan desde los Acuerdos de Oslo a la Segunda Intifada. La declinante fortuna política del “Balad” es una prueba evidente de eso: considerado un bastión de la intransigencia panárabe y hostil la cualquier participación en coalición con partidos sionistas, el Partido, de todos modos, vio disminuir en años recientes su atracción. La caída de elementos fuertes, como Sakhnin, en favor del rival histalrico Hadash, y la erosión del Balad a nivel nacional, señalaron la poca simpatía de los ciudadanos árabes por posiciones de absoluta intransigencia. Las sorprendentes aperturas emprendidas por Mtanes Shihadeh, el líder del “Balad”, en el curso de las negociaciones para la formación de gobierno, culminadas en la adhesión a un apoyo externo para uno hipotético gobierno Gantz, son el fruto de esta revolución en curso en la comunidad árabe. Aunque anti-sionista, la mayor parte del público árabe-israelí es hoy favorable a una cooperación con el público judío, siempre que esté fundada en principios de igualdad real. Y es sobre tal situación sobre la que la izquierda sionista está llamada a confrontarse en las próximas décadas.

No pretendo dar una respuesta íntegra en relación con posibles soluciones, no siendo yo mismo ciudadano israelí. Me limitaré a señalar algunos defectos en la posición hostil a toda apertura a la Lista. En primer lugar, la radicalización nacionalista del sector judaico en Israel convierte a la minoría árabe en un partner imprescindible para construir una alternativa política secularista. Ilusionarse con poder confiarse a los partidos heredís, como alguna vez se ha transmitido en think tank americanos, es una inocente ilusión. No es únicamente que el desprecio entre seculares y haderís haya alcanzado niveles impensables hace diez años. Es que el dramático giro religioso del “Likud” convierte a este Partido en un socio natural para los partidos ultra-ortodoxos, en comparación con el “Partido laborista” y el “Meretz”. Un peso mayor parece tener la consideración sustentada en la general oposición del público judío a cualquier participación de los partidos árabes. La relación entre Israel y su minoría árabe constituye el elemento más explosivo en el conflicto israelo-palestino, y su falta de resolución está en la base de la marginación política de la minoría árabe-israelí. Pero, en la que la posteridad recordará como la mayor ironía en la historia del país, Trump y la derecha israelí podrían hacer que se superara tal tabú entre el electorado laico. Como ya hice notar en un artículo precedente, existen pocas dudas de que en el caso de una anexión del área C de la West Bank, los palestinos serían inducidos a activar la que yo defino como “opción nuclear”, esto es, el desmantelamiento de la ANP seguido de una masiva petición de la ciudadanía israelí. Y en este escenario de Estado único, es posible entender que la actual oposición de la izquierda sionista a un entendimiento con los partidos árabes de tradición secular vendría a desvanecerse, a la luz de la necesidad de definir el secularismo en la estructura institucional del nuevo Estado. En el estado actual, semejantes consideraciones permanecen como puramente hipotéticas. Lo que es cierto, sin embargo, es que la comunidad árabe es actualmente un actor político de primer orden, con el que el mismo “Likud” está llamado, de ahora en adelante, a hacer cuentas.

LOS PARTIDOS ÁRABES.

       HADASH es un acrónimo del hebreo “HaHazit HaDemokratit LeShalom uLeShivion” (…. Frente Democratico para la Paz y la Igualdad). Formado de la amalgama entre “el Partido Comunista de Israel” (Rakah) con elementos de los “Panteras Negras” y otros grupos de izquierda, es el principal partido de la izquierda anti-sionista israelí. Dirigido por Ayman Odeh, “Hadash” ha apoyado tradicionalmente políticas socialistas en el plano interno, situándose en cambio a favor de la solución de Dos Estados para dos pueblos, y el derecho al retorno o al menos a justas compensaciones para los refugiados palestinos. Promotor de la cooperación árabe-judaica, “Hadash” apoya el reconocimiento de los árabes israelíes como minoría nacional palestina, y su plena igualdad sustancial. Tradicionalmente apoyado por la comunidad cristiana palestina y por judíos de extrema izquierda, bajo la dirección de Odeh Hadash abandonó la línea nacionalista palestina adoptada en los años Dos mil por Mohamed Barakeh para postularse nuevamente como único campeón da cooperación árabe-judaica en Israel.

       TA`AL es un acronimo del hebreo “Tnu’a Aravit LeHithadshut” (…. Movimiento árabe por la renovación). Fundado en 1999 por su actual líder Ahmad Tibi, el “Ta’al” es un partido secular árabe y antisionista. Comprometido en el plano interno en el apoyo a la igualdad entre ciudadanos árabes y judíos, el “Ta’al” defiende en el plano externo la política de la opción “Dos Estados para dos pueblos” y una solución justa para el problema de los refugiados palestinos.

       RA´AM es un acrónimo del hebreo HaReshima HaAravit Me ha’uhedet” (…. Lista Árabe Unida). Nacido en el 1996 de la unión del “Partido Democrático Árabe” y de elementos procedentes de la “Frente de Unidad Nacional” y de la rama meridional del “Movimiento islámico de Israel” (en el 1996, el Movimiento Islámico se dividió en una rama meridional, favorable a la participación en el proceso electoral para la Knesset, y una rama septentrional, hostil la tal elección e ilegalizadla en el 2015 a causa de sus vínculos con “Hamás” y la actividad de agitación en el Monte del Templo), está hoy dirigido por Mansour Abbas. Partido nacionalista con fuerte pulsión islamista y unido a posiciones conservadoras en el perfil social (y por eso mismo muy popular en la comunidad beduina), el “Ra´am”, de todos modos, apoya la solución “Dos Estados para dos pueblos” y la plena igualdad entre árabes y judíos en Israel.

       BALAD es un acronimo del hebreo Brit Leumit Demokratit (…. Asamblea Nacional Democrática). Fundado en el 1995 por un grupo de intelectuales dirigido por Azmi Bishara, el “Balad” está actualmente dirigido por Mtanes Shihadeh. La plataforma del Balad es ciertamente la más compleja entre las de los partidos que componen la Lista Unida. Firmemente secularista, como el “Hadash”, se diferencia de él por las posiciones más marcadamente nacionalistas, que lo acercan al “Ta´al”, del que a su vez se diferencia por la plataforma más orientada a la izquierda, con un especial acento en la igualdad de género y sexual. La diferencia de los otros tres partidos que conforman la Lista, El “Balad” asumió posiciones ideológicas más estridentes: opositor de la definición de Israel como Estado judío y democrático, el “Balad”, en cambio, apoya su conversión en un Estado binacional, una “democracia de todos los ciudadanos”. Además, el reconocimiento de la minoría árabe israelí cómo minoría nacional palestina y eliminar toda discriminación de presupuesto. Por lo que respeta al conflicto israelí-palestino, el “Balad” apoya la solución “Dos Estados para dos pueblos”, interpretada por este como algo que implica un Israel binacional y un Estado Palestino, y la plena implementación del derecho al retorno para los refugiados palestinos.

 

 

(11). “Samar”.

Publicado en la web de MOKED-portale dell ‘ebraismo italiano, el 5-4-2017. Traducido por Administrador, aquí puede verse el original: http://moked.it/blog/2017/04/05/samar/

ANGELICA EDNA CALÒ LIVNE

Desde el inicio de la Intifada he escrito cinco libros y en cada uno de ellos existe un capítulo dedicado a Samar, mi amiga palestina. Samar Sahhar es cristiana, de Jerusalém Este pero ha vivido durante mucho tiempo en Betania, la pequeña ciudad en la que, según el Evangelio, tiene lugar la resurrección de Lázaro. Había creado un horfanato para recoger niños musulmanes abandonados por sus padres. En cada presentación de mis libros me fueron dirigidas muchas preguntas sobre este fascinante personaje que ha luchadode un modo extenuante contra Hamas hasta que se ha visto obligada a abandonar su casa para refugiarse en Israel. A la última presentación del libro Memorie di un angelo, en Jerusalém, he decidido invitarla, para que contase personalmente su historia. A la espléndida sala con frescos de Rechov Hillel, bajo el Templo, ha acudido mucha gente, muchos kippot y muchas cabezas cubiertas. Tantos amigos que me conocen desde hace años, que saben quien soy y que pienso …. pero seguramente alguno ha pensado: beh, llevar a una palestina … es un poco exagerado …. cecilia Niza, presentadora entusiasmada y atenta, le ha dado la palabra y Samar ha debutado diciendo: “Hasta 1995 ear un paraiso. No existía la Autoridad Palestina. Cualquier cosa que nos ocurriese, nos dirigíamos a las instituciones israelíes. Nos ayudaban a transportar los aliementos o para echar una mano si había alguna dificultad en casa. Los soldados israelíes con sus jeep nos han acompañado muchas veces al hospital de Hadassa Ein Kerem para acuidir urgentemente en socorro de niños enfermos o niñas maltratadas a las que habían cortado una oreja o que habían sido quemadas por sus mismos padres y abandonadas en cavernas dispersas de la zona. De un amigo israelí recibimos un horno para nuestra panadería, que dio trabajo a tantas personas del pueblo. Después de los acuerdos de Oslo, con la aparición de la Autoridad, la serenidad se ha disuelto. Los fondos destinados a Jelal El Amal o a Lazarus Home for girls no han llegado más a nosotros, sino a las instituciones del lugar. Me han pedido muchas veces que enviase a mis niños a tirar piedras a los soldados israelíes de guardia, a plantarse delante de los carros armados para provocar escenas interesantes para los media, pero yo jamás he permitido que tocaran a mis niños. Han sido largas luchas. Hasta que me han quitado todo …. “. En la sala de Rechov Hillel reinaba un silencio sagrado. Las miradas eran atónitas. Samar ha respondido con paciencia a todas las preguntas y ha prometido volver para contar con más tiempo sus peripecias y las de las personas como ella que viven de la otra parte de la barrera. Ha concentrado sobre sí toda la atención del público. De un público que ha conocido una verdad de la que quizá era desconocedor y que ahora entrevé una nueva luz de esperanza.

 

 

(12). “Dimona, la Harlem del desierto”.

Publicado en la web de JOIMAG el 21-10-2022. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.joimag.it/dimona-la-harlem-del-deserto/?fbclid=IwAR3T5yZ5Wh89MmOkieRoI6VAoSs6bySyxtCclmY8upznmNBwgAMdjrpX11o

 

UN ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD AFROAMERICANA DE LOS “IVRIM ISRAELIM”, CONOCIDOS TAMBIÉN COMO “AFRICAN HEBREW ISRAELITE OF JERUSALEM”.

Dimona: aunque estamos a finales de octubre, el otoño no da señales de llegar a este pueblo en el Negev de Israel. Como muchos otros pequeños centros urbanos  en el desierto del País, también Dimona fue fundada en los años `50 para acoger en brevísimo tiempo cuantos más prófugos hebreos fuese posible perseguidos en los países árabes del Norte de África, y también aquí la población afronta muchas de las problemáticas socio-económicas que se dan con frecuencia en la periferia del País.

Poco antes de salir de la localidad y de retomar las carreteras áridas del desierto, se encuentra en Dimona un barrio que se ha catapultado a una realidad completamente diferente: parecería casi estar vagando por las estrechas calles de Harlem en New York, cuando en cambio hemos llegado al corazón de la comunidad afroamericana de los “Ivrim Israelim”, conocidos también como los  “African Hebrew Israelite of Jerusalem”. Nos recibe Amalia, una anciana señora de mirada intensa y blanquísimos cabellos, que, paseando por la calles del barrio vistiendo un coloradísimo vestido africano, nos introduce en una realidad humana extremadamente interesante.

Todo comienza en Chicago, cuando en los años `60 el poco más que veinteañero Ben Carter, llamado por la comunidad Ben Ammi HaMasheahk (que en hebreo significa literalmente “Hijo de mi pueblo el mesías”), llega a la conclusión de que las religiones, por medio de su retórica, habían buscado en los siglos mantener la esclavitud. En 1.966 Ben Ami tiene una visión que dura sólo 42 segundos, pero que cambiará para siempre la vida de sus secuaces: ha llegado el momento de dejar América y la esclavitud para alcanzar la Tierra Prometida, la patria de los Ivriim Israelim.

Seguido por aproximadamente 400 personas, Ben Ammi alcanza inicialmente Liberia, donde quedará durante aproximadamente dos años, en un periodo de vida en la naturaleza salvaje, un verdadero y auténtico éxodo que fuese el paso de la esclavitud hacia la Tierra Prometida; muchos no lograron soportar la dureza del nuevo estilo de vida y volvieron a las comodidades conocidas en América, mientras otros, en cambio, siguieron al líder y en 1.969 llegaron finalmente a Israel.

A su llegada al aeropuerto de Ben Gurion fueron, sin embargo, retenidos por horas y horas: realmente, el Gobierno israelí no sabía exactamente cómo comportarse con los primeros Ivrim llegados, que se declaraban en el control de pasaporte como hijos de Abraham, que afirmaban creer en un único Dios y tener como texto sagrado de referencia el libro del Génesis, pero que no se consideraban judíos desde el punto de vista religioso ortodoxo. La conversión al judaísmo no era, y todavía no es hoy, una opción o una necesidad. De alguna manera, sin embargo, se decidió acogerlos en Dimona, que así se convirtió en el mayor centro de la comunidad, donde viven hoy aproximadamente 700 Ivriim: algunos obtuvieron la ciudadanía israelí, en tanto otros son considerados residente permanentes; desde 2.003, los muchachos que alcanzan la mayoría de edad se enrolan en el ejército israelí y, seguidamente, sus familias y ellos mismos pueden pedir la ciudadanía. Pero existen también situaciones ambiguas: la misma Amalia, aquí desde los años `80, nos cuenta que tres de sus hijos son ciudadanos, mientras el cuarto, aunque nacido en Israel, vive aquí con una residencia permanente, pero sin tener la ciudadanía.

Visto desde fuera, no parecería que estos problemas legales asedien excesivamente a la comunidad, que se considera un pueblo espiritual y no una religión y que vive según los mandatos del Génesis, en armonía con el cuerpo y con la Tierra. Desde el momento en que creen que no existe determinismo ni físico ni espiritual y que está entre nuestras facultades cambiar las situaciones que paracerían inmutables, los Ivrim han identificado los puntos “enfermos” de la sociedad para alejarlos. Sobre todos, dos son los comportamientos a evitar, la cultura del consumismo o comer y beber sin conciencia, para adoptar, en cambio, un estilo de vida que excluya drogas, azúcar, tabaco y alcohol y que vea en el bienestar físico parte inseparable del bienestar espiritual.

Toda la comunidad ha adoptado una dieta exclusivamente vegana: es posible en “King” un comer un óptimo helado vegano, o pedir en el “Miznon Hai” desayunos y almuerzos veganos: el “Ministerio de la inmortalidad divina” se preocupa de la forma física de los miembros de la comunidad y de que tengan la oportunidad de hacer ejercicio al menos tres veces por semana y que cada uno reserve su masaje obligatorio una vez al mes: existe aquí el Spa, lecciones de baile y, obviamente, el gimnasio. La medicina es preventiva y no cutativa: en la farmacia de la comunidad no se encuentran pastillas o pomadas, sino tintes con hierbas curativas y aceites para cada tipo de enfermedad; no van al hospital a parir, sino que, según Amalia, en Bet Hai (“Casa de la Vida”) nacieron más de 400 niños.

Finalmente encontramos a Eitan: un muchacho de mirada buena que en la sala de grabación está perfeccionando su última canción. Eitan nos cuenta que como en el pasado los judíos se desplazaban al Santuario de Jerusalém para ofrecer sacrificios durante las tres peregrinaciones, él, en las fiestas a respetar escribe un texto con música que considera un sacrificio espiritual hacia la comunidad. Con una voz cálida y profunda, Eitan actúa para nosotros y nos hace partícipes de su búsqueda orientada a Dios y a Jerusalém, la ciudad santa. Un encuentro excepcional, un nuevo hallazgo, único, en el mosaico que es Israel.

Imagen: Pixabay.


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