¿Qué es Israel? (XI). Israel plural(ísimo)
(1) ¿De qué hablamos cuando hablamos de Israel?
A propósito de “Sociedades en Israel, Introducción en diez imágenes”
Publicado en la web de
MOZAIKA. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí: http://mozaika.es/magazine/ca/de-que-parlem-quan-parlem-disrael-a-proposit-de-societats-a-israel-introduccio-en-deu-imatges-3/
ALFONS ARAGONESES. Profesor de Historia del
Derecho en la Universidad “Pompeu Fabra” e investigador asaociado del
“Instituto Max Planck” de Historia del Derecho de Fráncfort. Entre
sus temas de investigación está el Derecho del franquismo; las leyes de memoria;
la relación entre Derecho, memoria e identidad colectiva.
¿Por qué dedicarle estas páginas a Israel? ¿Por
qué perder el tiempo hablando tanto de un país con una población poco más
numerosa que la de Catalunya y un territorio sensiblemente más pequeño? Que es lo
que nos interesa tanto de un lugar del cual importamos menos mercancías que las
que le compramos a Túnez? ¿Qué tiene Israel para que ocupe más
espacio en los discursos sociales en nuestra casa que otros países
objetivamente más grandes y más importantes? De hecho, digo casa nuestra pero algo similar pasa
en la mayor parte de los países de nuestro entorno: Israel ocupa
espacio en los diarios y la política, levanta pasiones y provoca
conflictos hasta el punto de que, en comparación, algunas discusiones sobre el
conflicto Catalunya- España parecen un juego de niños.
Las preguntas anteriores podrían responderse con una frase muy
sencilla: hablamos tanto de Israel porque necesitamos describir, explicar,
analizar y juzgar a Israel para, así, describirnos, analizarnos y juzgarnos a
nosotros mismos. Definimos y valoramos a Israel para auto-definirnos y para
valorar nuestra democracia, nuestro grado de respeto por los derechos
humanos o nuestra política comercial y militar, para definirnos de derechas o
de izquierdas, para demostrar que somos más empáticos con los débiles o más
cosmopolitas que nuestro vecino.
Este modo de aproximarse a ella no es nuevo. De hecho, desde
tiempos inmemoriales los no judíos hemos necesitado explicar, o mejor dicto
inventar, el judío para crear una identidad colectiva. Lo explicó
fantásticamente bien David Nirenberg en Judeophobia: the Western Tradition, en el que destaca la
desproporción que desde tiempos pretéritos ha habido entre el peso demográfico
de los judíos en Europa y el espacio que se les ha dedicado en los discursos
sociales: los no judíos hemos necesitado escribir sobre los judíos, inventar a
los judíos para crear una identidad colectiva, del mismo modo que los
europeos inventaron el africano durante el imperialismo o el musulmán en las
Cruzadas y en el siglo XIX, como explicó Edward Said en Orientalismo. Para autodefinirnos
como seres civilizados y avanzados y para situarnos en el centro del
mundo, necesitamos inventar Oriente, inventar África y el Islam. Para
definirnos y justificar una dominación política, militar o cultural,
necesitamos inventar la diferencia entre un “ellos” y un “nosotros”.
Pero los judíos, a lo largo de la historia, fueron
siempre el “otro” que le permitió a los no judíos
definir el “nosotros”. Y así continúa hoy en día, únicamente que
ahora no sucede sólo con los judíos en general, sino también con Israel, el
Estado judío. Hoy necesitamos hablar de Israel para definirnos a nosotros, los
catalanes y españoles no judíos. Pero, ¿ cómo es el Israel del que hablamos?
Es real, inventando, o un poco de cada cosa.
Cuando hablo de invención, asumo que toda descripción
que hacemos de cualquier objeto, país o persona, tiene una parte de invención:
los seres humanos y los grupos de ser humanos siempre inventan cuando describen
algo. Toda descripción de una realidad presente o pasada comporta una creación:
partimos de un objeto real, pero le aplicamos nuestros preconceptos culturales,
políticos, de género, etc …. En el tema que nos ocupa, seguramente más que en
otros casos, predomina un Israel inventado, que a veces parece una
caricatura.
Según el rincón desde el que se habla, Israel es un
lugar maravilloso o un país cruel, lo hizo fantásticamente bien o lo hizo todo
mal, es una democracia perfecta o es un régimen cruel. Esta aproximación
homogeneizadora y simplificadora no se le aplica únicamente a Israel:
todos, seamos de donde seamos, tenemos esta tendencia cuando nos
aproximamos al “otro”. Pero nada tiene que ver con lo de Israel,
que cuando nos aproximamos, desde Europa en general pero desde Catalunya y
España especialmente, tendemos a reducir una realidad muy diversa en una cosa
simple y unidimensional. Como decía, en Catalunya y en España, esta
aproximación es espcialmente aguda: necesitamos hablar de Israel para hablar
de nosotros, para tener la certeza de que estamos en el lugar, en el espectro
ideológico y el modo de ver el mundo que queremos. Conseguir este fin implica
entender Israel como una entidad homogénea, idéntica desde 1948 hasta hoy e
idéntica desde la izquierda hasta la extrema derecha. Israel se
vincula con el sionismo, una realidad todavía poco conocida en
nuestra casa en su dimensión histórica pero que, aquí, ocupa el lugar que antes
ocupaba la conspiración judía y que se identifica con ocupación, crueldad,
guerra, racismo, etc.
Dentro de esta visión, los israelíes no serían como los
franceses, los sirios o los congoleños, personas de países “normales”, sino que
serían ciudadanos de una entidad extraña, de un lugar anormal, de una realidad
estatal artificial, como si los demás estados fueran creaciones de la
naturaleza.
¿Cuáles son las causas de esta aproximación nuestra tan
especial a Israel? El antisemitismo católico, la Inquisición, las
relaciones del franquismo primero con la Alemania nazi y después con
los países árabes, la guerra fría y el apoyo de los Estados Unidos a la
dictadura franquista son factores que explican muchas cosas, pero que
no nos valdrían, como frecuentemente se hace, para justificar o
contemporizar con el antisionismo. En la actualidad nos encontramos en un
círculo vicioso: la ignorancia, condicionada por el pasado o
no, alimenta la falta de interés por los discursos menos grotescos
sobre Israel, que son totalmente a favor o totalmente en contra. Y esta
falta de interés retroalimenta esta ignorancia. El resultado de todo eso es el
antisionismo que se manifiesta en unas determinadas críticas y en la aplicación
de unos standards morales y democráticos diferentes a los que se aplican
normalmente.
Esta dinámica es difícil de romper. Hay información en
forma de libros, documentales o conferencias. Pero también es necesario crear
las condiciones para que haya interés por esta información que salga del
maniqueismo, de los discursos en blanco y negro. Posiblemente lo que sea más
necesario que nada es romper la falsa imagen un Israel homogéneo, sin
diversidad interna y, por lo tanto, sin conflicto.
Las visiones homogeneizadoras de cualquier sociedad son
insostenibles. En el caso de Israel, aun lo son más. Por esta razón, como
decía, sería necesario romper con la falsa idea de un país monolítico y
comenzar a hablar de Israeles, en plural. Es lo que hace el libro que
quiero comentar en estas líneas: Sociedades
en Israel: una introducción en diez imágenes, del sociólogo
israelí Natan Sznaider. El libro se publicó en el 2017 en alemán.
Infelizmente, no fue todavía traducido ni al catalán, ni al
castellano ni al inglés.
No es un libro para convencernos de nada o para luchar contra el
discurso anti-Israel, lo que no significa que no sea muy útil para presentarle
aquella realidad a sociedades como la nuestra. El título contiene una apuesta
metodológica: habla de sociedades en Israel, no de sociedad de Israel, porque
lo que en sus páginas encontramos son diez capítulos, que contienen
descripciones de diez realidades sociales diferentes, muchas veces enfrentadas
entre ellas. Sznaider intenta tomar distancia del país en el que vive
para describir sus diferentes realidades, las diversas sociedades que coexisten
en este pequeño trozo de tierra. El subtítulo menciona diez imágenes: cada
capítulo comienza con una fotografía que le permite al autor describir una
faceta de Israel; una Dana International triunfando en Eurovisión en
nombre de Israel representando la Tel Aviv gay-friendly y abierta;
un jugador musulmán del club Beitar de Jerusalém nos muestra los
conflictos étnicos y religiosos; en otra imagen se ve una manifestación del
“15-M de Tel Aviv”.… Las imágenes sirven para introducir los temas, pero
también para mostrar esta diversidad concentrada en tan poco tiempo y en tan
poco espacio.
Después de una introducción a la obra, el primer
capítulo nos presenta la “Generación global”, que va a tomar las calles de
Tel Aviv en el 2011 para protestar contra el alto coste de la vida y
la falta de perspectivas de desarrollo personal. Es un ejemplo de una
dinámica local conectada con otras globales: un fenómeno ligado a los
problemas de Israel, pero que conecta con las protestas del 15-M en Madrid.
Es un buen modo de comenzar, que muestra que nada
de lo que pasa en el mundo es ajeno a lo que pasa en las calles de
Israel, o que nada de lo que pasa en Israel es ajeno a lo que pasa en
el mundo.
Un capítulo, que se titula “O eso o lo otro: el sacrificio de
Isaac Rabin”, explica las causas y las consecuencias del asesinato del halcón
convertido en paloma que estuvo a punto de ganar la paz con los palestinos. El
capítulo es especialmente importante porque, según el autor, el trágico
episodio va a cambiar la relación de los israelíes con su país y va a presentar
dudas y problemas que todavía no se resolvieron.
Una parte del libro tiene un indudable interés sociológico e
histórico porque explica las diferentes culturas nacionales de Israel,
comparando la de los pioneros asquenazíes, ilustrados y de izquierdas, con la
de los mizrahim, los judíos
procedentes de los países árabes o islámicos, que no conocieron la Shoah. La
mayor parte de este colectivo llegó a Israel después de los asquenazíes, que,
de alguna manera, también inventaron una indentidade mizrahí, ligada a la
ignorancia, la religiosidad y el tradicionalismo.
Sznaider alerta del reciente proceso de pérdida del carácter
laico del ejército, el último reducto de la vieja idea sionista que había
servido para nacionalizar culturalmente a diversas generaciones de israelíes.
En este sentido, es interesante el análisis que el autor, declarado
cinéfilo, hace de una película de los años sesenta, Sallah Shabati, que en clave de humor describe el choque
cultural entre una familia de pioneros, sionistas asquenazíes que viven en un kibbutz,
y unos recién inmigrados mizrahim, religiosos y
pobres. Unos se presentan como unos idealistas, ávidos lectores de
cultura europea, los otros con un bagage cultural y tradiciones diferentes. La
descripción de la película y del impacto que tendría es de lo
más interesante del libro, y se conecta con los cambios que
recientemente se produjeron en la cultura convencional israelí en relación
con el colectivo mizrahí. De hecho, la película fue muy criticada por
su representación de los judíos orientales, aunque no faltan lecturas que
también ven una caricatura de los pioneros de los kibbutzim.
Igualmente interesante es la descripción que hace de los
israelíes de origen ruso. Según el autor, los judíos de la antigua Unión
Soviética, a diferencia de otros colectivos, no renuncian a utilizar y cultivar
su lengua de origen, el ruso, y, así, están cambiando el paisaje y la forma de
ver la lengua en Tel Aviv y otras ciudades de Israel. Otros capítulos abordan
los conflictos entre laicos y religiosos y entre palestinos e israelíes, tema
que no se elude pero que tampoco se sitúa, como normalmente se hace al
hablar de Israel, en el centro del relato.
Para el autor, hay dos temas que constituyen el gran reto de
Israel hoy en día. En primer lugar, el de la coexistencia de una
sociedad laica y moderna con otra que vive conforme con el derecho religioso
más que conforme al derecho estatal. Por otro lado, está la respuesta que debe
dar el Estado y la sociedad de Israel al creciente número de refugiados, sobre
todo africanos, que emigran hacia el Estado judío.
Para Sznaider las dos cuestiones se reducen a la pregunta fundamental
que acompaña a Israel: cómo se conjugan en un mismo punto
un Estado judío y un Estado democrático. El autor no da una respuesta clara
para estas dos preguntas, pero sí que vincula la identidad judía a la
acogida de los que huyen de la guerra y del hambre, y así liga el futuro
de Israel a esta cuestión.
En definitiva, el libro con las imágenes y las descripciones del
pasado y del presente, ayuda a entender mejor la complejidad de Israel, un país
en el que conviven diferentes sociedades. La idea de hablar en plural de
sociedades en Israel, además, formula la pregunta de si quizá deberíamos hablar
de sociedades en plural nos nuestros países. Lo que resulta claro es que las
representaciones homogeneizadoras de las sociedades ya no son asumibles: como
decía al inicio, nos permiten alimentar nuestra identidad con tópicos y
prejuicios sobre otras identidades, nos ayudan a autoafirmarnos en lo que somos
o en lo que creemos que somos, pero no nos dan herramientas para comprender
nuestra complejidad y la de los otros. Lo cierto es que esta visión compleja,
atenta a la diversidad, al conflicto e incluso a la contradicción, ayuda a
tomar conciencia de la función que tiene Israel en el modo de vivir y de ver el
mundo de los catalanes.
El libro, infelizmente, sólo se
encuentra en alemán. Me atrevo a decir que es posible que estos libros no
tengan mucho mercado en nuestro país: cuesta introducir libros con visiones que
expliquen el desconocimiento y las visiones maniqueas sobre Israel. El círculo
vicioso se retroalimenta y, así continuamos con la caricatura de Israel, y de
los palestinos también, sin enterarnos que, en muchas ocasiones, esto nos
aleja, a los catalanes, del modo general con que se tratan la realidad de Medio
Oriente y el mundo judío en otros lugares de nuestra entorno.
(2). "Quiero contaros mi Israel".
Original:
http://www.linformale.eu/voglio-raccontarvi-il-mio-israele-di-sarah-tuttle-singer/
SARAH TUTTLE-SINGER
Mi Israel, que florece, sólido, solidario, progresista,
valiente.
Mi Israel son los cultivadores que hablan hebreo, y aquellos que
hablan árabe. Que trabajan la tierra con manos robustas, que quieren solo ver
crecer sus cosas.
Mi Israel son los activistas de Rabbis for Human Rigth, que pasan los puestos de control para poder
plantar un olivo.
Y las jóvenes mujeres, que desde sus negocios de flores en
Dizengoff, regalan rosas para los funerales de las víctimas del terrorismo.
Y los chicos y chicas que plantan árboles sobre Tu Bishvat, con la esperanza, un día, de
usar aquellas ramas para hacer de ellas su ramo nupcial.
Y una mujer anciana que esconde una semilla en la tierra, para
hacer crecer una higuera qeu no podrá ver nunca más que como una pequeña mancha
verde. Pero lo planta de todos modos, porque un día su nieta tendrá una nieta,
y ella podrá recoger los higos y sentir lo dulces que son.
Mi Israel desovilla campos Verdes, y frutales, cactus y
clementinas, una pradera de girasoles en junio, y un desierto rojo de amapolas
con las lluvias estivales. Mi Israel es salvaje en primavera, y dulce de
jazmines en la noche tibia; pero es también el rotolacampo, rasgado y vagabundo, para recordarse de apreciar
cuando la tierra se volverá nuevamente verde. Lo cual hará. Lo hace siempre.
Mi Israel es fuerte, y supera límites.
Mi Israel es el hombre de 83 años con los brazos tatuados, que
se despierta cada día al alba y va a correr en Park HaYarkon, y que correrá la Marathon este año.
Mi Israel es la madre sola que trabaja full time y estudia
Farmacia, que corre a casa para dar de comer a los niños, y les canta la misma
canción que su madre solía cantarle, después bebe dos tazas de café antes de
comenzar a estudiar la tesis en química.
Mi Israel es el muchacho con las manos levantadas siempre
haciendo preguntas, y la chica que habla a escondidas sobre lo inoportuna que
es la enseñante, que asume la defensa de los amigos durante el recreo, y que un
día se unirá a la defensa de su propio pueblo.
Y el médico, que después del huracán Katrina sale en avión y
vuela a la otra parte del mundo para intentar ayudar a los heridos, y
reconstruir una ciudad entera desde cero. Mi Israel son las decenas de
voluntarios que son los primeros en llegar y los últimos en marcharse.
Mi Israel recuerda el aluvión, y espera las nuevas ramas de olivo.
Mi Israel es compasivo.
Mi Israel es el conductor de autobús que se acerca, y en medio
de una totrmenta de arena, insiste en que la mujer que camina al lado de la
carretera suba al autobús, y sin pagar.
Y el taxista que ha acompañado a mis hijos y a mi al hospital,
cuando mi hijo no era capaz de respirar, que no ha querido cobrar por la
carrera, y de hecho me ofreció un pequeño rosario y una plegaria por él.
Mi Israel son los hombres y mujeres que conducen hasta las bases
militares en la dura tempestad invernal, con ollas llenas de sopa y chocolate
caliente y café para los soldados que afrontan con valentía el frío del
exterior.
Y los adolescentes, que son voluntarios en los orfanatos y
enseñan a los niños a leer.
Y el soldado cansado, que deja su puesto en el bus para la mujer
embarazada con hijab, y el hombre con la kefia que deja alguna moneda para el
mendigo judío en la estación de autobús.
Mi Israel son los activistas por los derechos humanos que
entregan sus vidas por defender a quien no tiene derechos, los oprimidos, con
independencia de su raza o religión.
Mi israel es potencial.
Mi Israel es Shlomit y Moshe y Suha y Muhammad que mandan a sus
hijos a la escuela mixta hebrea y árabe en Neve Shalom Wahat Al Salaam – Oasis
de Paz. Y mi Israel son sus dos hijos que se intercambian la merienda en el
recreo.
Mi Israel es el jeque sobre el Monte de los Olivos que acoge a
los viajeros exhaustos de cualquier fe, de toda cultura, siempre que lleguen
con mente abierta.
Mi Israel son aquellas dos mujeres que se besan en medio del
arco iris de TelAviv, y los dos hombres que han adoptado su primer niño de la
India, y lo han acogido en su tribu con amigos y familiares como testigos.
Mi Israel reduce el desierto para hacerlo florecer, desarrolla
líneas de irrigación y construye líneas eléctricas.
Mi Israel es el muchachito risueño en la escuela que reordena su
mente en el ejército y después decide abrir una empresa partiendo de nada, y
tiene éxito.
Mi Israel es un cura, un Imam y un rabino que entran en un bar
para hablar de fe y de Dios, y no, no es el inicio de una broma, es el inicio
de una amistad.
Mi Israel son las personas que muestran cuando algo es
desagradable, cuando hay algo doloroso, cuando se tiene miedo.
Las personas que llegan delante de una mezquita profanada por
extremistas judíos porque “kol Ysraele arevim zeh la-zeh” (“Cada israelí es
responsable de todos los demás”) no significa solo que debemos hacernos cargo
de los otros, sino que también asumimos la responsabilidad por los errores de
nuestro pueblo. Estas son las personas que toman cepillos y jabón y limpian los
muros, y después los vuelven a pintar para hacerlos mejores.
Personas que van a una manifestación con sus niños aunque sea
noche profunda y haya mucha gente, y haya un calor húmedo en pleno verano, pero
que van de todos modos porque es importante que vayan y lleven también a sus
niños, porque es más importante para ellos ver lo que es el cambio.
Las personas que pueden aarrebatarte el aparcamiento en Azrieli,
pero que te abrazan cálidamente en el funeral de tu tío.
Las personas que corren HACIA el lugar de un atentado y no en la
otra dirección, porque quieren ayudar a salvar vidas.
A veces mi Israel me indigna.
Es ruidoso y demasiado cercano, y aplasta y empuja, grita y
lucha y se lamenta.
Y a veces me hace desear tirarme de los pelos, o escapar, hacia
un lugar hecho de puestas de sol tranquilas y colinas no tan complicadas.
A veces, mi Israel comete errores, y olvida nuestra historia -
donde hemos estado y sobre todo hacia donde debemos ir -.
Pero mi Israel es más que esto:
Nosotros somos trabajos en curso. Y así como Yaacob luchó con
Dios antes de convertirse en Israel, así en Israel nosotros luchamos con
nuestra identidad. Porque somos todavía una nación joven, construida sobre un
antiguo sueño.
Pero a veces tengo miedo de que mi Israel esté en peligro -las
fuerzas del extremismo, de la rigidez y de la intolerancia harán desaparecer
aquel Israel que amo-.
Pero después os veo a todos vosotros y veo vuestra compasión y
dedicación, y sé que nos las arreglaremos.
Porque mi Israel tiene lágrimas en los ojos cuando canta
HaTikvah.
Porque mi Israel es esperanza.
(3). “Cristianos,
drusos, beduinos. Somos parte integrante de Israel”.
Publicado el 19-3-2018 en la web de MOKED (portal del judaismo italiano).
Traducido por Administrador, puede verse aquí el original:http://moked.it/blog/2018/03/19/cristiani-drusi-beduinisiamo-parte-integrante-disraele/
Estados Unidos, Noruega, Inglaterra, Escocia y ahora Italia. El
viaje de Jonathan, Muhammad y Lorene para contar Israel por medio de los ojos
de sus minorías, continúa en nuestro país con cuatro etapas que desde hoy al
jueves implicarán -gracias a la embajada israelí en Italia- otras ciudades:
Torino, Milano, Bologna y Roma. “Queremos contar lo que el público fuera de
Israel no conoce”, cuenta a Moked.it Jonathan Nizar Elkhoury, coordinador para
las minorías de la organización sin ánimo de lucro Reservists on Duty, cristiano y de origen libanés. “Cuando se habla
de árabes e Israel, las personas piensan solo en los palestinos, pero no es
así”, subraya Muhammed Ka‘biya, beduino del pueblo de kabiya, en el norte del
país. “Beduinos, drusos, árabes cristianos, árabes musulmanes”. Las minorías
son diferentes y una cosa es cierta: en Israel no existe el apartheid y
nosotros somos la demostración de esto”, prosigue Muhammed. “Quien odia a
Israel busca utilizarnos a nosotros los árabes para culparlo, pero nosotros
estamos comprometidos a contar la verdad: que vivimos en un País democrático,
que nos ofrece tantas oportunidades, del que nos sentimos plenamente parte,
subraya Lorene Khateeb, chica drusa del pueblo de Smea, en Galilea, además de
estudiante de sociología y antropología en la Universidad de Haifa. A partir de
esta tarde en Torino, los tres chicos presentarán al público italiano quien son
los beduinos, donde viven los drusos, cuantos son los cristianos en Israel,
rompiendo con toda probabilidad muchos prejuicios sobre las dinámicas internas
en la sociedad israelí. “Estamos integrados, porque queremos ser integrados.
Nos incorporamos al ejército y trabajamos porque nos consideramos y somos de
pleno derecho ciudadanos israelíes”, explica Muhammed.
(4). De las sombras al primer atardecer: ejemplos
de cultura LGBT en Israel.
Publicado el 16-5-2018 en la web de JOIMAG.
Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.joimag.it/dalle-ombre-alla-prima-serata-esempi-di-cultura-lgbt-in-israele/?fbclid=IwAR2lazbHTjGFwTd6-7AvjHW45TVK99SoNUb-UPb1JEwpHSJuBJKO59RiaWM
SARA FERRARI.
Si hoy también es conocida en todo el mundo por sus gay pride y por ser el principal destino LGBT+ de
Medio Oriente, es necesario recordar que no siempre fue así. Sara Ferrari
cuenta las etapas principales y los protagonistas de esta subcultura en Israel.
En los comienzos no fue Dana International, la cantante
transexual que en el Eurovision Song
Contest del 1998 le dio a Israel una victoria ciertamente no inferior
al recientísimo éxito de Netta Barzilai. Y tampoco Yossi y Jagger, los
militares novios protagonistas de la homónima película de Eytan Fox, destinados
a hacer llegar al ocaso quizá de modo definitivo el mito del sabra* macho con
todas las consecuencias. Y aun menos los outing ilustres (el último,
temporalmente, de la actriz Oma Banai), los gay pride más arrolladores que
nunca o la investudura de Tel Aviv como “rainbow city” del Mediterráneo y
“mejor ciudad LGBT del mundo”. Todo esto puede ser más bien considerado el
feliz resultado del ferviente trabajo tanto de las asociaciones homosexuales
como de los gobiernos, los cuales, sobre todo en las dos últimas décadas,
promovieron sin vacilaciones una plena igualdad social para todos los
ciudadanos de Israel, con independencia de su orientación sexual.
“El hebreo padece de manías sexuales”, aludiendo al hecho de que
la atención al género del pronome y del verbo, típicas de esta lengua, oculta
la voluntad de clasificar cuanto por su misma naturaleza querría huir a
cualquier constrición.
Esto, obviamente, no significa que para los homosexuales israelíes
la vida sea siempre color de rosa. Es una demostración de ello el bárbaro
atentado acontecido el 1 de agosto de 2009 contra el bar No´ar del centro LGBT
de Tel Aviv, en el cual dos jóvenes resultaron muertos y otros quince heridos.
Pero, aun con las dificultades, frecuentemente (aunque no únicamente)
originadas por los choques con los religiosos más extremistas, es evidente que
una considerable parte de la sociedad israelí entiende a la comunidad gay como
un importante elemento del propio tejido colectivo. No casualmente, a
continuación de la brutal agresión que acabamos de recordar, la tarde del 8 de
agosto de 2009, en Plaza Rabin, en Tel Aviv, se produjo una importante
manifestación pública de apoyo a los homosexuales, en la que participaron no únicamente
artistas – gay y no – sino también y sobre todo familias, personas comunes
impactadas por lo sucedido. Entonces, encontraron un sentido profundo y un
pleno enraizamiento en la realidad las palabras pronunciadas en aquella ocasión
por el Presidente Peres, quien dijo que quien quiera que apuntara el arma
contra las víctimas del atentado, de hecho la había dirigido “contra todos
vosotros, contra todos nosotros, contra mí, contra ti”.
Un largo camino.
El camino que llevó a la actual situación fue largo y, quizá, no
simple, principalmente adornado por figuras extraordinarias de la cultura,
que aportaron cambios de significado radical. En un principio fue, por ejemplo,
la poetisa Yona Wallach, auténtica “leyenda cultural” de Israel, quien
atravesó como un tizón con fuego los años ’60 y ’70 para apagarse
prematuramente en el 1985. Pero Yona Wallach no es una
representante “tradicional” de la comunidad gay. Nada sería
probablemente menos indicado para definir a este personaje. Más bien, por
medio de una transformación extrema del lenguaje
poético, Wallach quiso echar abajo las barreras psíquicas, cognitivas
y lingüísticas que las convenciones sociales siempre le impusieron al individuo
en calquer ámbito, no en último término en el sexual. Baste pensar en
la lengua misma, que usamos de manera cotidiana, fundamentalmente de modo
automático y casual. “El hebreo”, advierte, de hecho, Yona Wallach
“sufre de manías sexuales”, aludiendo al hecho de que la atención al género del
pronome y el verbo, típica de esta lengua, oculta la voluntad de
clasificar lo que por su misma naturaleza desearía huir la toda constrición: el
fuego vital de nuestras pulsiones. Por eso Yona Wallach, tanto en
la vida personal como en poesía, decidió asumir alternativamente una voz
masculina o femenina según las circunstancias, explotando la posibilidad
garantizada por su mismo nombre, lo cual puede ser acogido en los dos géneros.
Por primera vez en una sociedad tendencialmente moralista como la israelí de la
época, abrió entonces el camino la una sexualidad total, no sin suscitar
escándalo.
Aunque íntimamente diferente de quien lo había
precedido, Hezy Leskly tomó una fuerte inspiración de
Yona Wallach. Nacido de padres de origen checo sobrevivintes a
la Shoah, Leskly, desde la más tierna edad soñó con convertirse en
bailarín. Pero la historia cuenta que con frecuencia la danza no es
considerada una ocupación idónea para un joven varón, sea en
Israel o fuera. Leskly completó, entonces, su propia formación únicamente
una vez abandonada la casa paterna, para trasladarse a la vivaz y
libertaria Amsterdam, donde no sólo estudió danza y coreografía, sino
que pudo vivir libremente su propia homosexualidad, cosa que no siempre hizo
una vez retornado a Israel. También en el caso de Leskly debe
revelarse que no estamos hablando de un intelectual comprometido, de un
activista por los derechos de los homosexuales, aunque sea una figura
fundamental de la cultura queer de
Israel. Leskly, de hecho, no escribe tanto de la homosexualidad como
más bien del interior de ella, en la tentativa de crear una lengua poética
contra lo dominante, presentándose como un molesto perturbador, un desagradable
ratón preparado para poner rojos los fundamentos de la casa-lengua y de la
casa-poesía.
[…] Esta vez no le permitiré a un ser humano parirme.
Yo me pariré a mí mismo.
El agua apestosa y sus apestosas transparencias
entonces hablarán
un hebreo nuevo.
Obseso, sedicioso,
empapante sudor,
perforaré los sueños del esteta.
(De “Lección de hebreo”).
Bajo numerosos aspectos, Hezy Leskly
representó el primero ejemplo en Israel de una cultura gay
trasnacional, capaz de superar las estrechas fronteras del territorio israelí
para abrirse a las grandes experiencias de más allá del Mediterráneo.
Eso se llevó a cabo tanto en su existencia como, infelizmente, en su
muerte. La epidemia de SIDA que provocó numerosas víctimas en el mundo de la
cultura y del espectáculo internacional mató, de hecho, también a
Hezy Leskly, así como había hecho desaparecer un año antes la un joven
y genial cineasta amigo de infancia del poeta, Amos Guttman. Las
experiencias y las obras de Leskly y Guttman son muy similares, hijas
del mismo tiempo. Ambas nos cuentan una homosexualidad
vivida todavía pagando un precio caro, además de cubierta por la
sombra de la promiscuidad y de aquel morbo misterioso que a muchos le parecía
una “plaga”, un castigo divino. A pesar de eso, la gracia que brilla a través
de las obras de estos dos artistas se presenta aun hoy como algo único,
testigo de una juventud preciosa prematuramente desaparecida.
Los años ’90: visibilización
y normalización.
Los años ’90 y ‘2000 representaron un verdadero momento de
ofensiva para la comunidad homosexual, que fue capaz de emerger de las
tinieblas para colocarse en el centro de la escena, al menos en el
ámbito cultural. Los resultados del fenómeno son visibles prácticamente en
todo sector artístico, aunque son evidentes particularmente en el cine y en la
televisión. Los principales artífices de esta transformación fueron Eytan
Fox y Gal Uhovsky, una pareja hoy muy conocida, tanto en el trabajo como
en el ámbito personal. Ya desde sus comienzos, de hecho, los dos le dieron al
tema de la homosexualidad una relevancia nunca concedida con anterioridad,
desde la aclamada comedia Florentin (unoha
especie de Friends a la israelí) al ya citado Yossi & Jagger (2002), al notable Caminando sobre las aguas (2004),
para llegar al más reciente La burbuja (2006) y a la serie De buena familia (2014). El secreto
de Fox y Uhovsky es probablemente la capacidad de saber analizar los
grandes temas de la sociedad israelí (el ejército, la elaboración del trauma de
la Shoah, el conflicto israelí-palestino, el desgarro de la familia) por medio
del punto de vista excepcional de la homosexualidad.
En tanto su trabajo domine la escena, Fox y Uhovsky no
son ciertamente los únicos que trabajan en esta dirección. La famosa serie
televisiva dedicada a los jóvenes religiosos, Srugim (tres temporadas, 2008-2012) muestra uno de sus
personajes lidiando con un debate interior lacerante frente a su propia
homosexualidad, tema que también aborda el film Einayim Pkuhot (2009), que obtuvo un gran éxito también a
excepción de Israel. Una imagen más alegre y sonriente ofrece, en cambio, la
serie Ima ve’Abbaz (2012), en
la que los sex-symbol Yehuda Levi y Yiftah Klein interpretan a una pareja
gay haciéndole frente a las alegrías (y los dolores) de una
paternidad compartida. Finalmente, mientras en Italia, hace pocos
meses todavía se desencadenaban las polémicas sobre la posibilidad de
admitir una pareja gay en el popular show Ballando con le stelle, en la edición israelí las
reticencias ya se habían roto en el 2010, cuando la presentadora
deportiva Gili Shem Tov y la compañera Dorit Milman bailaron en
horario estelar, delante del gran público.
En definitiva, existen todas las premisas para que el célebre
verso lanzado a comienzos de los años ’90 por la cantante
homosexual Corinne Allal – “somos una especie rara, de
volátiles extravagantes” – se convierta en lo sucesivo en el recuerdo
de tiempos remotos y superados.
* https://es.wikipedia.org/wiki/Sabra
(5). Israel arcoiris: la situación de los derechos L.G.B.T.
Publicado en la web de UGEI el 5-5-2015. Traducido
por Administrador, puede verse aquí el original: http://www.ugei.it/israele-arcobaleno-la-situazione-dei-diritti-lgb
Según una investigación del Dialog Institute publicada por “Haaretz” en diciembre de 2013
y dirigida por el Profesor Camil Fuchs, de la Universidad de Tel Aviv, el 70%
de los ciudadanos israelíes es favorable a la igualdad de derechos para las
comunidades homosexuales y el 59% apoya la introducción de las uniones civiles.
Entre quienes han respondido a la encuesta se han evidenciado diferencias
en base al grupo étnico-cultural de pertenencia y a la zona de residencia, de
algún modo similares a aquellas puestas de relieve en las recientes elecciones
políticas. Respondiendo negativamente a la encuesta han estado sobre todo los
haderim y, en una medida sensiblemente menor, los árabes (cristianos y
musulmanes) y aquellos judíos que suelen definirse como religiosos, llevan la
kippah y votan por partidos de derecha como HaBayt HaYehudi.
La geografía refleja en buena medida las divisiones: si tel Aviv
es considerada la capital LGBT del Medio Oriente, en Jerusalém el clima es
menos distendido y también en años recientes se han verificado episodios de
discriminación y agresión, enseguida condenados por las autoridades políticas y
perseguidos por las judiciales. En Tel Aviv, en cambio, numerosas playas,
locales y eventos LGBT –entre los que se encuentra un imponente Gay Pride– hacen de la capital económica
del País un lugar entre los más gay friendly del mundo,
que en el 2011 ha merecido el premio de “Mejor ciudad gay del año”, del popular
sitio arco iris Gaycities.com.
Israel, a diferencia de Italia, reconoce la unión de las parejas
homosexuales con una fórmula que es definida “cohabitación no registrada”. Es
la legislación más avanzada de toda Asia, pero concede más derechos a los
homosexuales también respecto a aquella que está en vigor entre nosotros. Como
evidencian los datos del Dialog
Institute, sin embargo, aun no habiendo un abismo como en Italia, sobre el
tema de los derechos civiles también en Israel el País real va por
delante de la legalidad, y sería el momento en que los representantes
políticos debieran tomar nota. Si el próximo gobierno ve la participación de
los partidos religiosos, será probablemente más difícil que suceda, desde el
momento en que estos tienen posiciones en general rígidamente
conservadoras y no infrecuentemente expresamente homófobas.
El
matrimonio entre personas del mismo sexo no es permitido, pero ello se debe a
la ausencia, hasta hoy, del matrimonio civil, un problema que para los
israelíes es cada vez más urgente afrontar: la única forma de matrimonio es la
“religiosa”, de competencia exclusiva de la autoridad rabínica. Como las
parejas heterosexuales, también las homosexuales ven reconocido su matrimonio
contraido en el extranjero. Israel presenta además una serie de leyes contra la
discriminación de los homosexuales en el ejército, en la escuela y en el puesto
de trabajo. Desde el 2000, las mujeres lesbianas pueden convertirse en madres
adoptivas del partner y desde el 2005 a todas las parejas LGBT le son
garantizados plenos derechos de adopción.
En
general, en Israel la comunidad homosexual es particularmente densa y asume a
Tel Aviv como su centro de gravedad. En la ciudad blanca viven también
numerosos gay árabes palestinos, aunque sea difícil determinar con exactitud su
número; muchos están vinculados a partner israelíes, otros residen
clandestinamente por el temor de ser devueltos, y deber sufrir así las
discriminaciones que son la regla en los territorios administrados por la
Autoridad nacional palestina y en la Gaza dominada por Hamas, como por otra
parte en todo el Medio Oriente musulmán.
(6). "Soldi conquista Israel: el pop
de Mahmood es el más escuchado también en la radio del ejército".
Publicado o 8-7-2.019 na web “open.on
line”. Traducido por Administrador, pode verse o orixinal aquí: https://www.open.online/2019/07/08/soldi-conquista-israele-il-pop-arabeggiante-di-mahmood-e-il-piu-ascoltato-anche-sulla-radio-dellesercito/
FELICE FLORIO.
Después del segundo puesto en Eurovisión en Tel Aviv, el milanés
de 26 años ha dominado todas las clasificaciones israelíes.
De nada sirve comprender las palabras de una canción si el ritmo
de la música y el pulso de las manos sobre lo estribillo te entran de modo
enérgico en cabeza a ya no salen de ella. Mahmood y su canción Soldi, vencedora de “Sanremo 2019” y
segunda en Eurovisión, hablan un lenguaje universal. E Israel, tierra de
culturas que se mezclan pero tienen fatiga en dialogar, se redescubrió unida en
torno a los sound del milanés de 26 años.
Durante cuatro semanas
consecutivas, Soldi dominó todas las clasificaciones de “Galgalatz”, radio del
ejército israelí: una prueba de fuego de los que serán los éxitos musicales en
el Estado. Certificando el éxito, un artículo del periódico de Tel Aviv
“Haaretz”: “La escuchas en cada estación de radio, en cada negocio de ropa, en
cada fiesta. Es ya el slogan del verano”.
La lei de los segundos.
En Israel está en la cima del ranking de Shazam, app para el
reconocimiento de las canciones. Lo mismo para Spotify y Youtube. “A pesar de
haber llegado al segundo puesto, “Soldi” es con claridad a canción que
permaneció más grabada después de Eurovisión, mucho más que Arcade, la canción
primera clasificada, del holandés Duncan Laurence”, declaró a “Haaretz” Daniel
Dunkelman, asesor de Eurovisión 2019.
Y no es una novedad: “Hay muchos ejemplos también entre los
clásicos – continúa Dunkelman, explicando que ganar el Festival no es para nada
indicativo del éxito de un tema -, pero el más grande es naturalmente Volare, de Domenico Modugno. Llegó al
tercer puesto en Eurovisión del 1958, pero en el curso de los años se convirtió
en un éxito colosal”.
Los motivos del éxito.
La pieza “se basa en la soberbia producción y en el truco del
latido de las manos – explicó el produtor israelí Noy Alooshe -. Su éxito viene
determinado también por la integración entre lengua italiana y el pop más
moderno. El hecho de que Soldi no
sea en inglés o francés, lenguas a las que estamos más habituados en Israel,
aumenta la atracción por la pieza”.
Todavía más: “Soldi es capaz de emocionar aun sin la comprensión
de las palabras. Todos los rapper cantan sobre como querrían hacer más dinero,
yo canté sobre mi padre, que me abandonó por el dinero”, contó una vez Mahmodd
– sentencia Alooshe -. Las personas sienten esta emoción. Son capaces, en
“Soldi”, de percibir la oscuridad.
Un delicado equilibrio entre
italiano y árabe.
No debió ser fácil para el joven cantante de Milano ajustar
cuentas con las preguntas de los cronistas sobre su pasado. “Yo soy italiano
100 por 100”, respondió a quien le preguntó sobre cómo se sentía, en cuanto
árabe, cantando en Israel. “Beve champagne sotto ramadan” es otro modo de
expresar el concepto “predica bene y razzola male”, explicó Mahmood.
Pero según los críticos, es
justo la mezcla con el árabe, en el sonido y en el texto, lo que contribuyó al
éxito de Soldi. “Cuando usa las palabras waladi, mi hijo, en árabe, y habibi,
que significa mi amor, en la canción, los israelíes la reconocen: le dan a la
pieza aquel tono ligeramente arabizante que es parte del ser y de la cultura de
los israelíes”, subrayó Alooshe.
(7). "Sasson Somekh y los judíos árabes de
Israel".
Publicado
el 30-8-2019 en la web de JOIMAG. Traducido por Administrador puede verse el
original aquí: https://www.joimag.it/sasson-somekh-e-gli-ebrei-arabi-disraele/?fbclid=IwAR1Bj2DFE7NhL3XwGY29Xmp1oQlUYVceK3HYx00ROuOT4hDCq_abt85APyg
CUANDO HACER LITERATURA
SIGNIFICA HACER DIÁLOGO. EN EL CONFLICTO.
El pasado 18 de agosto, después de una existencia entera dedicada
a enseñar, a la escritura y a la traducción, murió en Tel Aviv a la edad de
ochenta y seis años Sasson Somekh, “el último de los judíos árabes”, como
a él mismo le gustaba definirse. Quizá, al leer, alguno de vosotros
se formulará todavía la vieja pregunta: “¿un judío árabe?” ¿Pero
qué clase de travesura es ésta? Si eso sucede, no
pretendemos culpar a nadie. La de “judío árabe” es una definición que, en
efecto, puede presentarse como inverosímil, un oxímoro, incluso imprudente.
Parece casi querer lanzar un guante de desafío a la historia. Y
esto, Sasson Somekh lo sabía bien. En una entrevista concedida hace
algunos años, había declarado: “A los
ojos del Estado de Israel los árabes eran enimigos. Por la misma
idéntica razón a los judíos de los países árabes no les parecía ser llamados de este modo. No querían ser
asociados con el enemigo, no solo por razones políticas. La palabra “árabe” no
estaba asociada al progreso y al desarrollo, al contrario. Al adjetivo “árabe”
no se le atribuía una connotación positiva”.
Pero esta fue la identidad de Somekh y no sólo la suya.
A la biografía de Sasson Somekh, de hecho, podrían ser superpuestas las
vidas de un ingente número de ciudadanos israelíes, intelectuales, políticos,
gente del espectáculo o, simplemente, personas comunes. Hombres y mujeres que
nacieron y crecieron como judíos en Irak, en Marruecos, en Túnez y en las otras
naciones árabes, obligados a abandonar en masa los propios Países y el mundo en
el que habían nacido porque se habían convertido en “huéspedes no gratos”,
enemigos en su patria. El Estado de Israel los acogió, pero les pidió a cambio
un sacrificio enorme, por lo demás imposible: olvidar el pasado. Olvidar
Bagdag, Casablanca y cualquier otro lugar en el que habían vivido antes de
entonces. Olvidar la dulce y envolvente lengua de la infancia. Los
judíos árabes no fueron, ciertamente, los únicos, también a los judíos europeos
les fue impuesto el mismo precio a pagar por una vida nueva en
la tierra de los padres. Pero para los judíos de los países árabes el shock fue
particularmente duro (si no nos creéis, id a volver a ver la obra maestra de
Efraim Kishon, Sallah Shabati,
del 1964. Está ya todo allí). Para decir la verdad, pocos fueron respetuosos
con los dictámenes del establishmaent en su vida cotidiana. Y sí en público se
esforzaban por balbucear un hebreo pobre, en la intimidad, entre las paredes
domésticas, o en el reino aislado de los sueños, la lengua y la cultura fueron
aun las de los orígenes.
Pero Sasson Somekh decidió permanecer fiel a su
identidad, preservando en ella ambas caras en la vida pública. Mejor dicho, él
supo transformar esta su inevitable duplicidad en una ocasión para el
diálogo, primero por medio del activismo político, en el interior del Partido
Comunista israelí, al que se afilia después de haber visto algunos
manifiestos electorales escritos en árabe en el incómodo barrio de
Wadi Salib, en Haifa, desoués por medio de la escritura y la
traducción, principalmente de obras poéticas. Ya cuando era poco más que un jovencito,
en Bagdag, Somekh había publicado alguna cosa lírica en árabe y la poesía
permaneció como uno de los grandes amores de su vida. Es a él a
quien los lectores israelíes le deben inolvidables colecciones de
poesía árabe, todas editadas con la pericia y la pasión del poeta auténtico,
como escribió hace algunos días Nissim Kalderon, profesor de literatura
hebrea en la Universidad Ben Gurión de Beer-Sheva. Ciertamente que la belleza
cuenta, sobre todo en poesía, pero la misión que Somekh sentía como propia
tenía un peso muy diferente. En sus obras, realmente, se cumple el sentido
perfecto de la palabra “traducir”, esto es trans-ducere, “conducir a través”.
No recuerdo donde leí una vez que la mejor imagen que el acto de
traducir puede suscitar es la de un puente, destinada a conectar dos
orillas contrapuestas separadas por un río, aunque quizá sea el
río mismo el paisaje más adaptado, porque el trans-ducere implica una
dimensión dinámica y líquida, una transformación en la que participan ambas
partes. ¿Y cuánto tiene de impetuoso el río que separa dos pueblos en
conflicto? ¿Cuánto debe ser ardua su
transformación? Entonces, para quien, como Somekh, intentó un
objetivo similar, ve todo nuestro aplauso. El ingreso en el partido comunista –
que remató por abandonar, desilusionado, algunos años después – le
permitió a Somekh conocer personalmente a tres intelectuales, también ellos
iraquíes: David Tzemah, Shimon Ballas y Sami Michael. De estos, sólo
el último es conocido en Italia, gracias a la casa editorial “Giuntina”, que
publicó algunas novelas suyas, mientras los otros dos permanecen como figuras
conocidas sólo para especialistas y estudiosos, al menos por ahora.
Personalidad de rasgos insólitos y misteriosos, David
Tzemah (1902-1981) compuso versos en árabe y hebreo. En su país, fue
rabino y mohel (“circuncidador”), coleccionista de libros y estudioso de poesía
medieval. Cuenta la leyenda que ya a los doce años había compuesto piezas
líricas sobre los horrores de la Primera Guerra Mundial, que fueron censuradas
y quemadas por las autoridades turcas. En 1941, su casa fue devastada por
Farhud, el sangriento pogrom que dio un duro golpe a la comunidad
judía de Bagdag, y después de este acontecimiento se trasladó a Israel, donde
fue, por desgracia, una figura marginal de la cultura, aunque nunca
completamente olvidada.
El temor a la marginalidad atormentó también por mucho tiempo a
Shimon Ballas (1930), novelista y traductor, como Sasson Somekh. Ballas debutó
como escritor poco después de haber llegado a Israel, con una novela en la que
recogió sus propias experiencias en los campos de tránsito para los nuevos
inmigrados. Originalmente, el libro había sido escrito en árabe, pero
consiguió la publicación sólo después de ser reescrito en lengua hebrea,
cosa bastante expresiva sobre la situación de la lengua árabe en Israel en las
décadas siguientes. La renuncia a la lengua madre no sucedió con ligereza
para Ballas, sino que fue una elección necesaria para llegar al público
israelí, para el cual pretendía escribir: ”No quería quedar aislado. Fue esto lo que me empujó a escribir en
hebreo (….) quería estar próximo a los lectores judíos, porque desde el comienzo sentí querer desarrollar un papel
de mediador entre el público
judío y el árabe”. Pero de modo análogo a Somekh, Ballas se considera
un judío árabe, sin percibir particulares friciones en su propia identidad. Más
o menos, dice él, como imagina que debe sentirse “un árabe cristiano en
Israel”. También Sami Michael (1926), el decano de todos los
escritores israelíes iraquíes, aun habiendo comenzado a escribir en árabe,
finalmente prefirió el hebreo, por las mismas motivaciones que Shimon
Ballas. Quien conoce sus novelas sabe bien como Sami Michael es
capaz maravillosamente de contaire las alegrías (raras) y los dolores
(tantos) de la convivencia entre árabes y judíos, pero dejando siempre un
espacio para la esperanza, por más que el espacio para ella sea estrecho.
En líneas generales, en las últimas décadas Israel está
moviéndose en la dirección de un neto multiculturalismo, acogiendo
el medio cultural y literario todo aquello que había sido inicialmente
confinado a los márgenes. En relación con otras realidades lingüísticas y
culturales, más fácilmente aceptadas cómo “judías”, el árabe disfruta hoy de
una posición más delicada. Nos tranquilizan el hecho de que numerosos
escritores más jóvenes hayan decidido recorrer el mismo camino
inagurado por Somekh, Ballas y Michael. Por ejemplo, el poeta y
narrador Almog Behar (1978), que estudió árabe con el concreto
objetivo de reconstruir parte de su propio ser y hacer poesía de eso. En
relación con esto, en una entrevista concedida a “Los Angeles Review of Books”,
Behar recordó el profundo sentido de pérdida sentida por él en relación
con un pasado hoy desaparecido: “Volver
atrás no es nunca simple, es siempre un acto simbólico, que se realiza por
medio de una especie de mediación. En el caso del árabe, podía comprender
alguna palabra de él, pero cuando decidí estudiar seriamente la lengua era demasiado tarde para aprenderla en
familia. Luego, debí dirigirme a las universidades y a los palestinos. Hay una
ironía histórica en los recorridos que debes emprender para realizar ciertos
objetivos”. Una ironía histórica que posee no poca sabiduría, añadimos
nosotros.
(8). “Neve Shalom
Wahat al Salam, breve historia de un oasis de paz.
Publicado
en la web de JOIMAG el 30-11-2020. Traducido por Administrador, puede verse el
original aquí: https://www.joimag.it/neve-shalom-wahat-al-salam/
EL PUEBLO FUNDADO POR BRUNO
HUSSAR, ENTRE SUEÑO Y REALIDAD.
“Neve Shalom Wahat al Salam” es un lugar de paz, de convivencia y de
respeto por el otro. En aquel lugar, fundado en Israel, conviven judíos, cristianos
y musulmanes, que mantiene un pueblo orientado hacia el futuro, centrado sobre
la educación y el diálogo.
Este “loco sueño” nace de la imaginación de Bruno Hussar, que en
el libro Quando la nube si alzava. La pace
possibile escribía esto: “dejad que me presente: soy un cura
católico, soy judío. Ciudadano israelí, nací en Egipto. Llevo, luego, en
mí, cuatro identidades: soy verdaderamente cristiano y cura,
verdaderamente judío, verdaderamente israelí, y me siento también (….) muy proximo
a los árabes”.
Bruno, que en el Registro figura como André,
Hassar nació en 1911 de padre judío húngaro y madre judía francesa, ambos
judíos no practicantes que no le dieron al hijo una educación religiosa. Hasta
que él mismo encontró a Cristo y a los vintecatro años pedirá el
bautismo. Diez años después, en 1945, entra en la orden de los dominicos y será
después ordenado como “Padre Bruno”.
Padre Bruno no es sólo cristiano, sino que es también judío,
israelí y próximo a los árabes, la suma de “cuatro identidades”, que expresan
el universo en el que luchan tres religiones; una complejidad a afrontar como
judío aunque cristiano; por lo tanto “traidor” para los judíos y despreciado
por los cristianos.
En definitiva una vida no simple, que él elige declinar por
medio de un objetivo, hacer de la paz una búsqueda y una cotidianidad a
enseñar. Así, se dirige a la Iglesia católica para que abandone “la enseñanza
del desprecio” hacia los judíos. De hecho, será invitado en calidad de experto
al Concilio Vaticano II (`64-`65). Después, en la Guerra de los Seis Días en
junio de 1967, se propuso, entonces, romper con la imposibilidad de una
convivencia entre los judíos del Estado de Israel y los árabes palestinos.
He ahí, entonces, la idea: partir de Dios y reunir a los hijos
en un “ecumenismo de las ramas” hasta fundar la unidad en un árbol que hunde
las “raíces” en el judaísmo. De modo particular en aquella Tierra, Israel,
compartida en el espíritu por los tres grandes monoteísmos.
Para Hussar, para permitirle a uno mirarle a la “cara” al otro,
es vital que sean construidas las condiciones para que esto pueda ser posible.
Una construcción real, pero hecha de cemento y sudor, en la que se define la
“paz” como un “arte” a realizar y enseñar. Así, en 1972, nace “Neve Shalom Wahat al
Salam”, un Oasis de paz cuyo nombre es tomado de Isaías 32,18 (Mi
pueblo vivirá en un oasis de paz), un rincón del
mundo situado a igual distancia de Jerusalém, Tel Aviv y Ramalah
como lugar fulcro de las memorias bíblicas.
La primera familia llegará en 1977, mientras hoy son una
setentena (la mitad judíos y la mitad árabes) y otros están a la espera de
que acaben los trabajos de otras 90 casas para acoger posteriores
entradas. El lugar es gestionado de modo democrático y cada año es escogido un
secretario, una especie de alcalde, para gobernarse. Es un lugar real en el que
cada componente religiosa y étnica puede optar por convivir en la colaboración
y en la igualdad, educándose mutuamente gestionando el conflicto en curso por
medio de la Escuela por la paz, fundada en 1979. Una escuela que hasta hoy
enseñó y continúa enseñando el arte de la paz a aproximadamente 35.000
personas.
La escuela se compone de itinerarios y proyectos: entre estos
están los seminarios de encuentro mutuo y uni-nacionales sobre el conflicto
para los jóvenes palestinos y judíos; o la formación de adultos y licenciados
que querrían continuar este itinerario de intercambio dentro de las fronteras
laborales y cotidianas y, desde hace algunos años, por medio de cursos en
algunas universidades israelíes: Tel Aviv University, Haifa University, Ruppin
College y Bien Gurion University.
Es, entonces, una escuela que educa “en la diversidad y en la
complejidad, por medio del conocimiento y de la confianza”.
Existe también la Escuela primaria del Pueblo, que le da
educación a aproximadamente 300 niños judíos y árabes de ciudadanía israelí
procedentes de 22 localidades próximas. El sistema
educativo alberga además una guardería y una escuela materna y se
basa en el conocimiento paralelo de las dos culturas (judía y árabe
palestina) en un solo contexto.
Las Escuelas se dirigen a los jóvenes porque – como dice Bruno
Hussar – entre los 15 y los 18 años “están en un cruce. Están buscando su
identidad, intentan aclarar sus valores y se interesan por las temáticas
sociales y políticas. Es una edad en la que el desarrollo emotivo y
cognitivo alcanza un nivel que permite una complejidad de miradas más amplia,
la capacidad de generalizar y el deseo de
observar a los otros”, y por esto que entre ellos aumente el
intercambio y no el miedo del enemigo, sobre todo por medio del Centro juvenil
“Nadi”.
Algunos años más adelante – es el 1983 – es inagurada la cupola de
Dumia-Sakinah (esto es, “Casa del silencio”), situada dentro del Centro Espiritual
Pluralista de la Comunidad, que le permite a cualquiera, religioso o no,
dedicarse a la comunión con otro por medio del silencio, el único lenguaje que
no conoce palabra y, por tanto, división.
Una pregunta final puede acompañar hacia la conclusión
de este – infelizmente breve – dibujo de “Neve Shalom”, y es: ¿por
qué vivir aquí? El Oasis es definido como ejemplo concreto de
cooperación y precisamente porque dialoga con vidas reales. Es esa la
dinámica y se adapta para responder a los cambios. Además, no todos en el
pueblo viven del mismo modo, pero todos aceptan el modo de vivir como
iguales y en paz con el otro. Contribuyen, cada uno con sus propias
disponibilidades de tiempo, a la vida común, porque es fundamental compartir y
aceptar sus valores, un fuerte impacto político sobre la realidad.
El objetivo, entonces, no es de tener una única idea ni los
mismos valores, sino de compartirlos a pesar de las diferencias.
“Somos humanos”, y de hecho, como confirman algunos de los
miembros, fueron muchos los conflictos, los enfrentamientos y los litigios,
porque no es fácil convivir en la diferencia cuando cada uno mantiene su propia
identidad, pero (nosotros, aquí) estamos viviendo el conflicto en vez de
combatirlo con las armas. El lugar no es objeto de discusión por parte únicamente
de quien lo habita, no faltan actos vandálicos contra los residentes (como el
incendio doloso de la Escuela por la paz el 31 de agosto de 2020), o decisiones
políticas que minarían su supervivencia.
Entonces, ¿por qué elegirlo? Porque convierte a las personas en
responsables de la convivencia y del futuro de sus hijos y permite colaborar
con quien, en otros espacios geográficos, llevaría en los brazos un arma. El
Oasis es un ejemplo, “aunque no sea perfecto”, (…) es una cosa buena que
exista”. Pero es ya en sí misma una gran cosa, tanto como para ser reconocido y
recibir, por algunos proyectos de educación para la paz, ayudas económicas por
parte de la Unión Europea.
La fuerza de este centro no se debe sólo a la participación de
sus residentes, sino también a la de los voluntarios. En Italia es la
“Associazione Italiana Amici di Neve Shalom Wahat al Salam” la que colabora
directamente sobre el campo. La necesidad y la experiencia de los voluntarios
es necesaria no sólo para enriquecer la diversidad fundante del pueblo, sino
también para ofrecer un enriquecimiento personal que podrá influenciar la
propia cotidianidad y sensibilidad más allá de la comunidad. Especialmente para
la formación de figuras que, sean ingenieros civiles, urbanistas o arquitectos,
deben redimensionar los espacios de convivencia simbólica y civil, que siguen
algunos de los cursos de la Escuela por la paz.
Ciertamente que este Oasis tiene sus propios límites, pero el
proceso de humanización de la percepción del otro como “enemigo” permanece como
un recorrido fundamental y sincero para superar y elaborar miedos, odio y
rabia, los sentimientos que deshumanizan y separan. Que legitiman los episodios
dramáticos de la humanidad, como la violencia, las guerras y los fraticidios.
(9). “Ciudades israelíes
y población mixta: donde se están derribando realmente los muros”.
Fuente:
“Israel HaYom, 25.12.19”. Publicado el 27-12-2019 en la web “israele.net”.
Traducido por Administrador, puede verse el original aquí: https://www.israele.net/citta-israeliane-a-popolazione-mista-dove-si-stanno-abbattendo-davvero-le-barriere?fbclid=IwAR2-ykjvFZI41vNMYQ4AWRIYKav325Da717Hm_Kl_Y_A-g6MYI54_wMkV7M
JALAL BANA.
MIENTRAS A NIVEL NACIONAL SE DIFUNDEN GRIETAS Y
POLARIZACIÓN POLÍTICA, EN LAS CIUDADES ÁRABE-JUDÍAS DE ISRAEL SE ASISTE A
NIVELES DE COOPERACIÓN SIN PRECEDENTES.
Algo interesante sucedió en las ciudades mixtas árabe-judías de
Israel durante las últimas elecciones municipales. Los árabes que competían en
las listas de los partidos nacionales, o como candidatos independientes, que
fueron elegidos en los consejos municipales, se unieron todos, sin excepciones,
a las coaliciones de mayoría de las administraciones locales y anunciaron
su apoyo a los alcaldes elegidos y a los presidentes del consejo municipal.
Cinco De estos presidentes de consejo proceden de la derecha y
representan a los partidos “Likud” y “Israel Beytenu”.
A pesar de las distancias ideológicas y la polarización
política, los habitantes de las ciudades pueden en todo caso expresar intereses
idénticos y hay muchos campos en los que los representantes elegidos de
“Hadash” (el partido comunista árabe-israelí), de “Balad” o incluso del
“Movimiento islámico” pueden trabajar de modo eficaz con los representantes del
“Likud” o de “Habayit Hayehudi”. En cada ciudad con población mixta
se asiste la una estrecha cooperación entre judíos y árabes a todos los niveles
de la administración y de las actividades municipales, aunque siga resultando
raro que las escuelas de las ciudades sean bilingües y atiendan a los dos
sectores.
Aunque el gobierno israelí había destinado miles de
millones de Shekels a un plan económico especial para el sector árabe, desde
los medios de comunicación no se le ha prestado particular atención a los
progresos de los residentes árabes en las ciudades mixtas.
Esta semana, el “Fondo Abraham” albergó en Akko una conferencia
sobre su iniciativa “Ciudades compartidas”, durante la cual los
representantes de las ciudades mixtas expusieron sus posiciones, además de
presentar alguna estadísticas muy interesantes sobre habitantes árabes y judíos
de aquellas ciudades. “Ciudades compartidas” es un proyecto que busca promover
un enfoque específico para la administración de las ciudades mixtas existentes,
y de las que están desarrollándose, con el objetivo de dirigirse hacia una
completa integración en el sentido más integral del término.
Según un estudio llevado a cabo por Hisham
Jubran, del “Afkar Research Institute” en Haifa, Akko, Lod,
Ramle, Giaffa, Nof HaGalil y Ma’alot-Tarshiha, los judíos y
los árabes residentes en ciudades mixtas se aprecian
recíprocamente y están satisfechos en general de las relaciones
entre los dos grupos. El estudio reveló que el 81% de los residentes judíos
describe como buenas las relaciones con los residentes árabes de sus ciudades,
y lo mismo afirma el 89% de los residentes árabes sobre las
relaciones con los conciudadanos judíos. Aproximadamente el 79% de los
habitantes árabes y el 61% de los habitantes judíos en las ciudades mixtas,
declararon estar en contacto con miembros de la otra comunidad. Esto
indica que una clara mayoría de los residentes de las ciudades mixtas se junta
e interactúa con los miembros del otro sector de la población en el trabajo, en
la vida del barrio y en las actividades del tiempo libre. Pero no es todo. El
61% de los residentes judíos de las ciudades mixtas se declara de acuerdo con
la afirmación “le permito a mis hijos jugar con los niños árabes”, y el 86% de
los residentes árabes afirma permitirle a sus hijos jugar con los niños
judíos. Estos datos muestran un cuadro alentardor en relación con el estado de
la concreta convivencia, aunque quede mucho camino por hacer cuando se
habla de sistemas escolares comunes.
Los acuerdos y la cooperación a nivel de administraciones
locales ofrecen una imagen contraria a lo que sucede en la Knesset y en la
política nacional en su conjunto, donde parecen propagarse a polarización, la
alienación e incluso la instigación. Las ciudades mixtas israelíes son
importantes puntos de intersección que pueden contribuir a prevenir fisuras más
grandes, y ayudar a estrechar los lazos sociales. Aun más si se
considera que los árabes, particularmente las jóvenes parejas y miembros
de la clase media, tienden a desplazarse de las comunidades exclusivamente
árabes a las ciudades mixtas, buscando una mejor calidad de su vidas y mejores
servicios municipales: se trata de personas abiertas al estilo de vida
multicultural que ofrecen estas ciudades, un auténtico y verdadero modelo para
el martirizado Medio Oriente.
(10). "La lista árabe unida y la izquierda
sionista”.
Publicado en la web HAKEILAH (Grupo de
Estudios Judíos de Torino) en mayo de 2020. Traducido por Administrador, el
original puede verse aquí: https://www.hakeillah.com/2_20_19.htm
GIUSEPPE GIGLIOTTI.
Los clamorosos golpes de escena que sucedieron en el último año
en la arena política israelí fueron tantos y tales como para extenuar incluso a
los más sólidos comentaristas. Le corresponderá a los historiadores y analistas
políticos evaluar, en los años próximos, sí el giro de posición de Benny Gantz
preservó al país del riesgo de una guerra civil, o lo haya conducido al lado
del abismo. Hoy por hoy, en cambio quiero detenerme sobre un acontecimiento
todavía más importante, cuya importancia no parece aun ser metabolizada por la
opinión pública judía. Las últimas elecciones no solo confirmaron de hecho el
triunfo de la derecha nacionalista judía, sino que además señalaron el comienzo
de la emancipación política de la minoría palestina. Se trata de un punto de no
retorno en la delicadísima estructura gubernativa del país que, unida al
colapso de la izquierda sionista, está destinado a cambiar irreversiblemente
los equilibrios políticos israelíes. La extraordinaria confirmación de la “Lista
Unida”, cuyos 15 escaños obtenidos en las últimas elecciones se aproximan mucho
al peso numérico de la comunidad, barrió todo resto de duda sobre su
legitimidad política. Demonizados por los partidos de derecha, ninguneados por
“Kohol Lavan” y descuidados por la izquierda sionista, los ciudadanos
palestinos, con su voto, indicaron que la “Lista Unida” es el representante
legítimo de la comunidad árabe israelí, y no únicamente. El crecimiento de la
Lista en las localidades drusas confirmó la repalestinización en curso de esta
comunidad. Fruto de décadas de sistemático descuido y con la exacerbación
provocada por el pasaje de la desastrosa Ley sobre el Estado-Nación.
Simultáneamente, el punto de no retorno alcanzado por la izquierda sionista se
tradujo en un incremento de los votos procedentes del sector judío: aunque
insignificantes en valores absolutos (aproximadamente 20.000), señalan de todos
modos el creciente potencial de la Lista como alternativa política válida a la
izquierda sionista. Y es sobre este último punto sobre el que querría
detenerme.
Estoy realmente convencido de que los cambios acontecidos en la
última década volvieron obsoleta la idea, todavía propuesta entre los grupos
sionistas liberales americanos, según la cual los partidos árabes anti-sionistas
deben ser apriorísticamente excluidos de toda ecuación política. Las razones
que están en la base de este mantra son innumerables, y excederían del espacio
de un artículo. Baste centrarse en las más invocadas, esto es, aquella según la
cual los partidos sionistas de izquierda podrían ofrecerle una alternativa
política a los ciudadanos palestinos, y que los partidos árabes son
excesivamente radicales para poder ser el pivote de una alianza política entre
ciudadanos judíos y palestinos. Las últimas elecciones desacreditaron
definitivamente el primer punto: por primera vez desde 1948, el voto árabe por
los partidos sionistas se redujo al mínimo. Y aunque la presencia de una Lista
con fuerte tradición identitaria pesara mucho en la elección del voto, es
innegable que el principal mobilizador debe buscarse en el creciente sentido de
rabia de los ciudadanos árabes hacia los partidos sionistas. Cansados de
promesas no mantenidas, furibundos por ser mantenidos al margen, y exasperados
por el rechazo de eliminar la Ley del Estado-Nación, los electores árabes
volvieron definitivamente la espalda a los sionistas. Aun menos convincente es
el segundo argumento, que no tiene en cuenta la evolución interna en la
sociedad israelo-palestina: la muerte de la solución de los Dos Estados para
dos pueblos y el permanente aislamiento del mundo árabe, paradójicamente
debilitó las corrientes “anti-integracionistas”, en ascenso en los años que
abarcan desde los Acuerdos de Oslo a la Segunda Intifada. La declinante fortuna
política del “Balad” es una prueba evidente de eso: considerado un bastión de
la intransigencia panárabe y hostil la cualquier participación en coalición con
partidos sionistas, el Partido, de todos modos, vio disminuir en años recientes
su atracción. La caída de elementos fuertes, como Sakhnin, en favor del rival histalrico Hadash, y la erosión del Balad a
nivel nacional, señalaron la poca simpatía de los ciudadanos árabes por
posiciones de absoluta intransigencia. Las sorprendentes aperturas emprendidas
por Mtanes Shihadeh, el líder del “Balad”, en el curso de las negociaciones
para la formación de gobierno, culminadas en la adhesión a un apoyo externo
para uno hipotético gobierno Gantz, son el fruto de esta revolución en curso en
la comunidad árabe. Aunque anti-sionista, la mayor parte del público
árabe-israelí es hoy favorable a una cooperación con el público judío, siempre
que esté fundada en principios de igualdad real. Y es sobre tal situación sobre
la que la izquierda sionista está llamada a confrontarse en las próximas
décadas.
No pretendo dar una respuesta íntegra en relación con posibles
soluciones, no siendo yo mismo ciudadano israelí. Me limitaré a señalar algunos
defectos en la posición hostil a toda apertura a la Lista. En primer lugar, la
radicalización nacionalista del sector judaico en Israel convierte a la minoría
árabe en un partner imprescindible para construir una alternativa política
secularista. Ilusionarse con poder confiarse a los partidos heredís, como
alguna vez se ha transmitido en think tank americanos, es una inocente ilusión.
No es únicamente que el desprecio entre seculares y haderís haya alcanzado
niveles impensables hace diez años. Es que el dramático giro religioso del
“Likud” convierte a este Partido en un socio natural para los partidos
ultra-ortodoxos, en comparación con el “Partido laborista” y el “Meretz”. Un
peso mayor parece tener la consideración sustentada en la general oposición del
público judío a cualquier participación de los partidos árabes. La relación
entre Israel y su minoría árabe constituye el elemento más explosivo en el
conflicto israelo-palestino, y su falta de resolución está en la base de la
marginación política de la minoría árabe-israelí. Pero, en la que la posteridad
recordará como la mayor ironía en la historia del país, Trump y la derecha
israelí podrían hacer que se superara tal tabú entre el electorado laico. Como
ya hice notar en un artículo precedente, existen pocas dudas de que en el caso
de una anexión del área C de la West Bank, los palestinos serían inducidos a
activar la que yo defino como “opción nuclear”, esto es, el desmantelamiento de
la ANP seguido de una masiva petición de la ciudadanía israelí. Y en este
escenario de Estado único, es posible entender que la actual oposición de la izquierda
sionista a un entendimiento con los partidos árabes de tradición secular
vendría a desvanecerse, a la luz de la necesidad de definir el secularismo en
la estructura institucional del nuevo Estado. En el estado actual, semejantes
consideraciones permanecen como puramente hipotéticas. Lo que es cierto, sin
embargo, es que la comunidad árabe es actualmente un actor político de primer
orden, con el que el mismo “Likud” está llamado, de ahora en adelante, a hacer
cuentas.
LOS PARTIDOS ÁRABES.
– HADASH es un
acrónimo del
hebreo “HaHazit HaDemokratit LeShalom uLeShivion” (…. Frente Democratico para la Paz y la Igualdad). Formado de la
amalgama entre “el Partido Comunista de Israel” (Rakah) con elementos de los “Panteras Negras” y otros grupos de
izquierda, es el principal partido de la izquierda anti-sionista israelí.
Dirigido por Ayman Odeh, “Hadash” ha apoyado tradicionalmente
políticas socialistas en el plano interno, situándose en cambio a favor de la
solución de Dos Estados para dos pueblos, y el derecho al retorno o al menos
a justas compensaciones para los refugiados palestinos. Promotor de la
cooperación árabe-judaica, “Hadash” apoya el reconocimiento de los árabes
israelíes como minoría nacional palestina, y su plena igualdad sustancial.
Tradicionalmente apoyado por la comunidad cristiana palestina y por judíos de
extrema izquierda, bajo la dirección de Odeh Hadash abandonó la línea
nacionalista palestina adoptada en los años Dos mil por Mohamed Barakeh
para postularse nuevamente como único campeón da cooperación árabe-judaica
en Israel.
– TA`AL es
un acronimo del hebreo “Tnu’a Aravit LeHithadshut” (…. Movimiento árabe
por la renovación). Fundado en 1999 por su actual líder Ahmad
Tibi, el “Ta’al” es un partido secular árabe y antisionista.
Comprometido en el plano interno en el apoyo a la igualdad entre
ciudadanos árabes y judíos, el “Ta’al” defiende en el plano externo la
política de la opción “Dos Estados para dos pueblos” y una solución justa para
el problema de los refugiados palestinos.
– RA´AM
es un acrónimo del hebreo “HaReshima
HaAravit Me ha’uhedet” (…. Lista Árabe Unida). Nacido en el
1996 de la unión del “Partido Democrático Árabe” y de elementos procedentes de
la “Frente de Unidad Nacional” y de la rama meridional del “Movimiento
islámico de Israel” (en el 1996, el Movimiento Islámico se
dividió en una rama meridional, favorable a la participación en el proceso
electoral para la Knesset, y una rama septentrional, hostil la tal elección e
ilegalizadla en el
2015 a causa de sus vínculos con “Hamás” y la actividad de agitación en el
Monte del Templo), está hoy dirigido por Mansour Abbas.
Partido nacionalista con fuerte pulsión islamista
y unido a posiciones conservadoras en el perfil social (y por
eso mismo muy
popular en la comunidad beduina), el “Ra´am”, de todos modos, apoya
la solución “Dos Estados para dos pueblos” y la plena igualdad entre árabes y
judíos en Israel.
– BALAD es
un acronimo del hebreo Brit Leumit
Demokratit (…. Asamblea Nacional
Democrática). Fundado en el 1995 por un grupo de intelectuales dirigido
por Azmi Bishara, el “Balad” está actualmente dirigido
por Mtanes
Shihadeh. La plataforma del Balad es ciertamente la más compleja
entre las de los partidos que componen la Lista Unida. Firmemente
secularista, como el “Hadash”, se diferencia de él por las posiciones más
marcadamente nacionalistas, que lo acercan al “Ta´al”, del que a su vez se
diferencia por la plataforma más orientada a la izquierda, con un especial
acento en la
igualdad de género y sexual. La diferencia de los otros tres partidos que
conforman la Lista, El “Balad” asumió posiciones ideológicas más estridentes:
opositor de la definición de Israel como Estado judío y democrático, el
“Balad”, en cambio, apoya su conversión en un Estado binacional, una
“democracia de todos los ciudadanos”. Además, el reconocimiento de la minoría
árabe israelí cómo minoría nacional palestina y eliminar toda discriminación de
presupuesto. Por lo que respeta al conflicto israelí-palestino, el “Balad” apoya la solución “Dos Estados
para dos pueblos”, interpretada por este como algo
que implica un Israel binacional y un Estado Palestino, y la plena
implementación del derecho al retorno para los refugiados palestinos.
(11). “Samar”.
Publicado en la web de MOKED-portale dell ‘ebraismo
italiano, el 5-4-2017. Traducido por Administrador, aquí puede verse el
original: http://moked.it/blog/2017/04/05/samar/
ANGELICA EDNA CALÒ LIVNE
Desde el inicio de la Intifada he escrito cinco libros y en cada
uno de ellos existe un capítulo dedicado a Samar, mi amiga palestina. Samar
Sahhar es cristiana, de Jerusalém Este pero ha vivido durante mucho tiempo en
Betania, la pequeña ciudad en la que, según el Evangelio, tiene lugar la
resurrección de Lázaro. Había creado un horfanato para recoger niños musulmanes
abandonados por sus padres. En cada presentación de mis libros me fueron
dirigidas muchas preguntas sobre este fascinante personaje que ha luchadode un
modo extenuante contra Hamas hasta que se ha visto obligada a abandonar su casa
para refugiarse en Israel. A la última presentación del libro Memorie di un angelo, en Jerusalém,
he decidido invitarla, para que contase personalmente su historia. A la
espléndida sala con frescos de Rechov Hillel, bajo el Templo, ha
acudido mucha gente, muchos kippot y muchas cabezas cubiertas. Tantos amigos
que me conocen desde hace años, que saben quien soy y que pienso …. pero
seguramente alguno ha pensado: beh, llevar a una palestina … es un poco
exagerado …. cecilia Niza, presentadora entusiasmada y atenta, le ha dado la
palabra y Samar ha debutado diciendo: “Hasta 1995 ear un paraiso. No existía la
Autoridad Palestina. Cualquier cosa que nos ocurriese, nos dirigíamos a las
instituciones israelíes. Nos ayudaban a transportar los aliementos o para echar
una mano si había alguna dificultad en casa. Los soldados israelíes con sus
jeep nos han acompañado muchas veces al hospital de Hadassa Ein Kerem para
acuidir urgentemente en socorro de niños enfermos o niñas maltratadas a las que
habían cortado una oreja o que habían sido quemadas por sus mismos padres y
abandonadas en cavernas dispersas de la zona. De un amigo israelí recibimos un
horno para nuestra panadería, que dio trabajo a tantas personas del pueblo.
Después de los acuerdos de Oslo, con la aparición de la Autoridad, la serenidad
se ha disuelto. Los fondos destinados a Jelal El Amal o a Lazarus Home for girls no han
llegado más a nosotros, sino a las instituciones del lugar. Me han pedido
muchas veces que enviase a mis niños a tirar piedras a los soldados israelíes
de guardia, a plantarse delante de los carros armados para provocar escenas
interesantes para los media, pero yo jamás he permitido que tocaran a mis
niños. Han sido largas luchas. Hasta que me han quitado todo …. “. En la sala
de Rechov Hillel reinaba un silencio sagrado. Las miradas eran atónitas. Samar
ha respondido con paciencia a todas las preguntas y ha prometido volver para
contar con más tiempo sus peripecias y las de las personas como ella que viven
de la otra parte de la barrera. Ha concentrado sobre sí toda la atención del
público. De un público que ha conocido una verdad de la que quizá era
desconocedor y que ahora entrevé una nueva luz de esperanza.
(12). “Dimona, la Harlem del desierto”.
Publicado
en la web de JOIMAG el 21-10-2022. Traducido por Administrador, puede verse el
original aquí: https://www.joimag.it/dimona-la-harlem-del-deserto/?fbclid=IwAR3T5yZ5Wh89MmOkieRoI6VAoSs6bySyxtCclmY8upznmNBwgAMdjrpX11o
UN
ENCUENTRO CON LA COMUNIDAD AFROAMERICANA DE LOS “IVRIM ISRAELIM”, CONOCIDOS
TAMBIÉN COMO “AFRICAN HEBREW ISRAELITE OF JERUSALEM”.
Dimona:
aunque estamos a finales de octubre, el otoño no da señales de llegar a este
pueblo en el Negev de Israel. Como muchos otros pequeños centros urbanos en el desierto del País, también Dimona fue
fundada en los años `50 para acoger en brevísimo tiempo cuantos más prófugos
hebreos fuese posible perseguidos en los países árabes del Norte de África, y
también aquí la población afronta muchas de las problemáticas socio-económicas
que se dan con frecuencia en la periferia del País.
Poco
antes de salir de la localidad y de retomar las carreteras áridas del desierto,
se encuentra en Dimona un barrio que se ha catapultado a una realidad
completamente diferente: parecería casi estar vagando por las estrechas calles
de Harlem en New York, cuando en cambio hemos llegado al corazón de la
comunidad afroamericana de los “Ivrim Israelim”, conocidos también como
los “African Hebrew Israelite of
Jerusalem”. Nos recibe Amalia, una anciana señora de mirada intensa y
blanquísimos cabellos, que, paseando por la calles del barrio vistiendo un
coloradísimo vestido africano, nos introduce en una realidad humana
extremadamente interesante.
Todo
comienza en Chicago, cuando en los años `60 el poco más que veinteañero Ben
Carter, llamado por la comunidad Ben Ammi HaMasheahk (que en hebreo significa
literalmente “Hijo de mi pueblo el mesías”), llega a la conclusión de que las
religiones, por medio de su retórica, habían buscado en los siglos mantener la
esclavitud. En 1.966 Ben Ami tiene una visión que dura sólo 42 segundos, pero que
cambiará para siempre la vida de sus secuaces: ha llegado el momento de dejar
América y la esclavitud para alcanzar la Tierra Prometida, la patria de los Ivriim
Israelim.
Seguido
por aproximadamente 400 personas, Ben Ammi alcanza inicialmente Liberia, donde
quedará durante aproximadamente dos años, en un periodo de vida en la
naturaleza salvaje, un verdadero y auténtico éxodo que fuese el paso de la
esclavitud hacia la Tierra Prometida; muchos no lograron soportar la dureza del
nuevo estilo de vida y volvieron a las comodidades conocidas en América,
mientras otros, en cambio, siguieron al líder y en 1.969 llegaron finalmente a
Israel.
A su
llegada al aeropuerto de Ben Gurion fueron, sin embargo, retenidos por horas y
horas: realmente, el Gobierno israelí no sabía exactamente cómo comportarse con
los primeros Ivrim llegados, que se declaraban en el control de pasaporte como
hijos de Abraham, que afirmaban creer en un único Dios y tener como texto
sagrado de referencia el libro del Génesis, pero que no se consideraban judíos
desde el punto de vista religioso ortodoxo. La conversión al judaísmo no era, y
todavía no es hoy, una opción o una necesidad. De alguna manera, sin embargo,
se decidió acogerlos en Dimona, que así se convirtió en el mayor centro de la comunidad,
donde viven hoy aproximadamente 700 Ivriim: algunos obtuvieron la ciudadanía
israelí, en tanto otros son considerados residente permanentes; desde 2.003,
los muchachos que alcanzan la mayoría de edad se enrolan en el ejército israelí
y, seguidamente, sus familias y ellos mismos pueden pedir la ciudadanía. Pero
existen también situaciones ambiguas: la misma Amalia, aquí desde los años `80,
nos cuenta que tres de sus hijos son ciudadanos, mientras el cuarto, aunque
nacido en Israel, vive aquí con una residencia permanente, pero sin tener la
ciudadanía.
Visto
desde fuera, no parecería que estos problemas legales asedien excesivamente a
la comunidad, que se considera un pueblo espiritual y no una religión y que
vive según los mandatos del Génesis, en armonía con el cuerpo y con la Tierra.
Desde el momento en que creen que no existe determinismo ni físico ni
espiritual y que está entre nuestras facultades cambiar las situaciones que
paracerían inmutables, los Ivrim han identificado los puntos “enfermos” de la
sociedad para alejarlos. Sobre todos, dos son los comportamientos a evitar, la
cultura del consumismo o comer y beber sin conciencia, para adoptar, en cambio,
un estilo de vida que excluya drogas, azúcar, tabaco y alcohol y que vea en el
bienestar físico parte inseparable del bienestar espiritual.
Toda
la comunidad ha adoptado una dieta exclusivamente vegana: es posible en “King”
un comer un óptimo helado vegano, o pedir en el “Miznon Hai” desayunos y
almuerzos veganos: el “Ministerio de la inmortalidad divina” se preocupa de la
forma física de los miembros de la comunidad y de que tengan la oportunidad de
hacer ejercicio al menos tres veces por semana y que cada uno reserve su masaje
obligatorio una vez al mes: existe aquí el Spa, lecciones de baile y,
obviamente, el gimnasio. La medicina es preventiva y no cutativa: en la
farmacia de la comunidad no se encuentran pastillas o pomadas, sino tintes con
hierbas curativas y aceites para cada tipo de enfermedad; no van al hospital a
parir, sino que, según Amalia, en Bet Hai (“Casa de la Vida”) nacieron
más de 400 niños.
Finalmente encontramos a Eitan: un
muchacho de mirada buena que en la sala de grabación está perfeccionando su
última canción. Eitan nos cuenta que como en el pasado los judíos se desplazaban
al Santuario de Jerusalém para ofrecer sacrificios durante las tres
peregrinaciones, él, en las fiestas a respetar escribe un texto con música que
considera un sacrificio espiritual hacia la comunidad. Con una voz cálida y
profunda, Eitan actúa para nosotros y nos hace partícipes de su búsqueda
orientada a Dios y a Jerusalém, la ciudad santa. Un encuentro excepcional, un
nuevo hallazgo, único, en el mosaico que es Israel.
Imagen:
Pixabay.

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