¿Qué es Israel? (VI).Ideas colectivistas en la configuración del “nuevo” Israel. Una nación fundada sobre lo colectivo

 

 



 

Cuando Moisés y Aarón aún estaban en Egipto, Dios les dijo:

Este mes será para ustedes el primer mes del año, y el más importante. Digan a todos los israelitas que el día diez de este mes cada familia debe apartar un cordero o un cabrito para comérselo. Los animales deben ser machos, de tan sólo un año de edad, y sin ningún defecto. Pero asegúrense de que el animal que elijan alcance para todos, pues cada miembro de la familia debe comer lo acostumbrado. Si alguna familia es muy pequeña como para comerse todo el animal, deberá compartirlo con la familia vecina.

(Éxodo 12: 1-5)

A) INTRODUCCIÓN.

Con la condición de Estado desde 1.948, el moderno Israel, en su configuración, fue fuertemente influenciado – o al menos claramente impregnado - por ideas colectivistas, de las que la realidad del Kibbutz es su expresión más significativa, o, al menos, la más conocida más allá de las fronteras territoriales de Israel. Pensamientos y acciones no únicamente relacionados con los postulados ideológicos o políticos. En estos proyectos colectivos (a veces ligados a una vida comunitaria en base a un modo de vivir la religiosidad judía) residía también una afirmación del concepto de Pueblo; es decir, no se trataba solo de una cuestión social, sino – además - nacional, en el (cuestionable) supuesto de considerar disociables ambas vertientes. Pero particularmente, la realidad del kibutz es genuinamente israelí, por lo cual su estudio se hace más relevante en este contexto.

El colectivismo al que aludimos está íntimamente relacionado con la construcción nacional, con la pretensión de constituir - en el marco de nuestra contemporaneidad - un Estado moderno; no solo opción, también necesidad.

No puede desconectarse, en modo alguno, de la idea de justicia social. “La Torá es el mejor Tratado de Política social”; tal es el título dado a una entrevista para Seminario Hebreo realizada, realizada por Ana Jerozolimski y concedida por el sociólogo (asesor del Banco Interamericano de Desarrollo y de las Naciones Unidas sobre política social) argentino Bernardo Kliksberg. Algunas de sus palabras son estas:

Mi fuente de referencia fundamental es la Biblia, el Antiguo Testamento. De allí es posible recoger un mandato pleno de compromiso moral, en primer lugar, de sabiduría profunda sobre la naturaleza humana y la naturaleza de la sociedad y de los valores de la justicia social, de la igualdad, de la libertad, que son bandera del Antiguo Testamento. Yo me inspiro en esos valores , los explico a todos los auditorios de todas las índoles, que me invitan en todo el mundo, sean empresarios, líderes políticos, líderes sindicales, líderes indígenas, parlamentarios, Presidentes”. Tales son algunas de las significativas palabras de Kliksberg, para continuar: “Cuanto más profundizo en la Torá, más fuerte me siento como científico social que trata de ayudar a mejorar la realidad. Y cuanto más aplico a la realidad todo eso, al dirigir, como he hecho, programas de luchas contra la pobreza y otras áreas claves, más siento que la Torá se verifica en los hechos, que el tipo de mundo con el que sueña la Torá en los tiempos mesiánicos, un mundo donde habrá paz entre el lobo y el cordero y entre todos los seres humanos, un mundo en el que habrá justicia absoluta, es el tipo de mundo que se necesita. Esta conjugación entre lo judío y lo universal, se ha ido acentuando cada vez más en mi vida”. Expresa con rotundidad su pensamiento al afirmar que “Yo demuestro en mis últimos análisis, que la idea de la responsabilidad social, de la empresa privada, que es una idea muy moderna, que ha estallado en todos los países desarrollados - yo estoy liderando una serie de iniciativas sobre eso - surge de la Torá, que dice que hay derecho a la propiedad privada, pero que debe ser administrada con criterios de compartir socialmente, de tener en cuenta absolutamente a la comunidad, que en definitiva no somos dueños absolutos porque la Divinidad es la que nos ha entregado el planeta y la posibilidad de hacerlo productivo, sino que somos administradores”.

Colectivismo y justicia social están íntimamente conectados. Como conceptos genéricos, pero muy particularmente en la vida del pueblo judío. Opción ideológica/política/cultural/religiosa, anida en los modos colectivos de vida un sentimiento de justicia social, de materialización de un indisimulable (más o menos agudo) y explícito igualitarismo.

Quizá en algún sentido no fue una opción, sino “la” opción, el único modo de vida y de permanencia de una comunidad humana …. posiblemente la única viable. Castigada por los pogroms y las más diversas persecuciones - con el colofón de la Shoah -, la población emigrante en Eretz Israel se agrupaba en comunidades; el mero instinto de supervivencia, la viabilidad de una sociedad naciente necesita de la unión de las personas (que, además llegaban literalmente en muchos caos con las manos vacías), además de la necesidad de fortalecer la idea de “comunidad” (nacional) en un Estado amenazado por múltiples peligros, con una población procedente en su inmensa mayoría de diversos (y muy diferentes) lugares; una suerte de hombre nuevo judío, de prototipo de israelí tenía que asentarse sobre moldes comunitarios, colectiv(istas).

UNA HISTORIA DEL PASADO. A MODO, SIMPLEMENTE, DE EJEMPLO.

Comunitarismo. Tal palabra podría definir la realidad que entendemos oportuno incluir en esta introducción. Conocidos por el descubrimiento de los Rollos o manuscritos del Mar Muerto, cuyos primeros hallazgos se remontan a 1.946, en Qumran - a orilla del Mar Muerto, a aproximadamente 12 km al sur de Jericó - han popularizado el término “esenio” entre los historiadores de todo el mundo.

Poco conocida, la corriente esenia del judaísmo tuvo presencia entre el Siglo II a.e.c y el I e.c.. Los historiadores sostienen que la secta tendría en el citado lugar el centro de su vida comunitaria, contando - de hacer caso a Filón de Alejandría - con 400 miembros. Estos no vivirían únicamente en Qumran; en Ain Feshkha se han encontrado restos de otro asentamiento, con clara orientación agraria.

Entre otras características, practicaban la comunidad de bienes, sin existencia de la propiedad privada. Al respecto el historiador Flavio Josefo decía que “la regla es que quien entra ponga su patrimonio a disposición de la comunidad”, no viéndose entre ellos ni la miseria ni el fasto de la riqueza, teniendo todos “un único patrimonio”, haciendo una vida de verdaderos “hermanos”.

Con un modo de vida caracterizado por el comunitarismo, entre sus costumbres estaban las prácticas purificatorias en común, bañándose en agua fría. Las comidas también eran en común en un local habilitado al efecto y con los miembros vestidos de blanco.

EL CAMINO ES SIÓN”.

La reivindicación bíblica de la justicia social (central en instituciones como el Shabat, shmitá, iovel o la práctica de la tzedaká), la influencia de ideales igualitaristas entre las personas, el reforzamiento de la comunidad en un pueblo disperso que encontró en el sionismo un modo de vida en común – agrupado - …. son todos factores que influyen en la configuración del colectivismo como una especie de idea transversal hegemónica en el periodo previo a la concrección del sueño sionista; las razones sociales se entrelazaban con la viabilidad de la nación (y del Estado) como realidad.

Insertado en la trayectoria histórica y mental de un pueblo, a finales del Siglo XX e.c., la comunidad judía empieza a (auto)percibirse de un modo distinto. Aun no había sido fundado el movimiento sionista cuando, en 1.882, el movimiento BILU hacía una proclamación en la que se incluían las siguientes palabras:

El camino es Sión, Sión, Sión!! A la tierra de nuestros antepasados, a la tierra de Israel.

Poseemos manos para trabajar y corazón para pensar y sentir, y frente a todos los seres del mundo podemos decir que la gran idea de levantar las ruinas de la tierra de nuestros antepasados llenará todos los rincones de nuestros corazones y que el mayor de nuestros objetivos, hacia el cual dirigimos nuestra mirada futura, es que podremos dedicar nuestras fuerzas corporales y espirituales en bien de nuestros antepasados, reconstruyendo sus ruinas y devolviéndoles su honor y felicidad. Muy cerca a nuestros corazones sentimos a esa tierra, y junto con los exiliados de Babilonia diremos: “Si te olvidare, Oh Jerusalén, que se me olvide mi diestra”. Nuestra sangre derramaremos y lo mejor de nosotros sacrificaremos por la tierra de nuestros antepasados. Con el sudor de nuestra frente, muchos de nosotros estamos dispuestos a trabajar la tierra. Con nuestra propia inteligencia aprenderemos sus características para sacar de ella el mejor de los frutos y provechos y verla florecer en su máximo esplendor. Y estamos seguros que no somos los únicos que así lo sentimos…

Un solo camino tienes ante tí, y sólo en él encontrarás la salvación eterna y el honor renacerá. ¡Sión! es el camino.

Hacia Sión, ¡Sión! La tierra de nuestros antepasados, la tierra de Israel. Esta es la hora de enarbolar la bandera de Iehudá”.

“PENSAD EN LA COLECTIVIDAD”.

Para terminar de introducir el tema transcribimos una líneas publicadas en la web de los jóvenes judíos de Italia (UGEI) en un artículo titulado “La lección de Parashat Korach: “pensad en la colectividad”", de autoría de Manuel Mascato, cuyo original puede verse aquí: https://www.ugei.it/linsegnamento-di-parashat-korach-pensate-alla-collettivita?fbclid=IwAR1SHvYODt6I-5aQvFmdjJvSSJ-cugWVBTMf__rTz5yL4fr8SCIY7tdSsHk

 

Podemos leer: “Esta semana leemos la parashá de Korach. En el capítulo 17, verso 23, está escrito: “Cuando al día siguiente Moshé fue a la tienda del Testimonio, había florecido la vara de Aarón - de la casa de Leví -, germinara, haciendo brotes, salieron brotes y maduraron almendras”.

En esta parashá, por lo tanto, leemos el mandamiento que le da Hakadosh Baruch Hu a Moisés de tomar doce varas, una por cada tribu, y situarlas alrededor de la tienda del Testimonio. La persona a la que pertenecía la vara que florecería, se convertiría en el Cohen Gadol. La Torah nos dice que fue precisamente la vara de Aarón la que floreció con muchas flores, brotes y almendras.

¿Qué aprendemos de esto? El trabajo que es hecho por la colectividad, esto es, por el público, siempre da frutos, pasando de las flores a los brotes, hasta llegar al producto de los frutos (…).

Por lo tanto, la Torah nos enseña que si queremos ver las flores, los brotes y finalmente los frutos, debemos trabajar por la colectividad y no solo por nosotros mismos (…)”.

B) DESARROLLO

Dos personajes relevantes

MOSSES HESS (1.812-1.875).

Nacido en la alemana - en aquel tiempo bajo dominio francés - ciudad de Bonn. Recibe de su abuelo una educación religiosa judía, estudiando posteriormente filosofía en la Universidad de Bonn, sin poder finalizar los estudios. Entre sus obras se encuentran “Historia sagrada de la humanidad” (1.837), “La triarquía europea” (1.841) y, muy particularmente “Roma y Jerusalém” (1.862).

Con un importante trabajo en prensa, fue corresponsal de “Rheinische Zeitung”, periódico independiente renano de tendencia liberal, en el que también colaboró Karl Marx. Después de residir algún tiempo en París, tras el fracaso de la Revolución francesa de 1948, se traslada (a modo de refugio temporal) a Bélgica y Suiza.

Amigo y estrecho colaborador de Marx y Engles, su ideario incial refleja la idea de la integración judía en el movimiento internacional (universalista) del socialismo. Ciertamente, en la historia de los movimientos llamados de emancipación social no se ha hecho justicia a su nombre: introduce en buena medida a Marx en las problemáticas sociales y económicas y persuade a Engels de adherirse al comunismo. Nada menos.

Muchos historiadores le atribuyen pensamientos, ideas y grandes frases identificados con karl Marx, como la definición de la religión como “opio del pueblo”. Su pensamiento evoluciona en el sentido de conceder un rol importante en la historia a la cuestión de las nacionalidades. Es en ese marco en el que procede hablar de protosionismo.

Entre 1.861 y 1.863, nuestro hombre reside en un país que estaba siendo atravesado por una fuerte oleada de antisemitismo: Alemania. Revolviéndose contra el asimilacionismo (que consideraba inaceptable, más en aquel contexto), cambia su nombre a la versión hebrea, abnadonando el “Moisés” que le habían atribuido al nacer. Su relación con la religión ha sido catalogada como adhesión a una suerte de panteísmo spinozista (de Baruj Spinoza), que tampoco percibía en contradicción con el judaísmo ortodoxo.

Es en 1.861 cuando, como se ha dicho, publica “Roma y Jerusalém”. Hess vuelve sus ojos hacia Italia en la época del auge del nacionalismo italiano, analizando cómo desde la política alemana se reacciona ante ello. Asume (y postula) la idea del renacimiento nacional del pueblo judío, plasmando la intuición de que en Alemania no se habría aceptado la aspiración nacional de otros pueblos, pero muy particularmente de los judíos. Su libro, aparecido décadas antes de “El Estado Judío” - de Theordor Herzl, considerado fundacional del movimiento sionista - viene a postular, en definitiva, la creación de un Estado socialista judío en la región llamada Palestina. En realidad viene a plasmar lo que estaba en el aire de los tiempos: la irrupción de movimientos emancipadores (nacionales) en el continente europeo. En la propuesta veía el único medio eficaz para responder al antisemitismo ambiental y, al mismo tiempo, para afirmar, mantener y reforzar la identidad judía en el mundo moderno.

Conocido como “Roma y Jerusalém”, el título completo de la obra nos indica su contenido, nos habla sobre él: “Roma y Jerusalém: la última cuestión nacional”. En el momento en que apareció, pasó desapercibido. La realidad de los hechos, el contexto espacio-temporal manifiesta que la mayoría de los judíos alemanes de aquella época aspiraban a la asimilación; los escritos de Hess suponían una distorsión en el discurso aceptado, en el relato delas cosas asumido. Igual que otro libro premonitorio - y previo a la obra de Herzl y al nacimiento del sinismo como movimiento organizado -, como lo fue “Autoemancipación” (de autoría de Leon Pinsker), sólo la perspectiva histórica, bien avanzado el Siglo XX, lo puso en su justo valor …. “nadie es profeta en su tierra”, suele decirse, “nadie es reconocido como profeta en su tiempo”, podríamos corregir (o completar).

Desde Spinoza, los judíos no tenían un pensador tan grande como este Moses Hess olvidado”. Las palabras son de Theordor Herzl, quien reconocía que no habría escrito “El Estado Judío” si no hubiese conocido con anterioridad la obra de Hess. También Vladimir Jabotinski - en “La legión judía en la guerra mundial” - hace un reconocimiento rotundo a Moses Hess como uno de aquellos que había hecho posible la llegada a la “Declaración Balfour” (1.917), junto a otros relevantes nombres como Pinsker, Rothschild y Herzl.

Fallecido en 1.875 en París, fue enterrado en Colonia, concretamente en el cementerio judío de la ciudad. Muchas décadas después -1.961- sus restos serían trasladados a Eretz Israel, siendo enterrados en el cementerio de Kvutzat Kinneret, junto a otros referentes del sionismo socializante, como Berl Katznelson, Nachman Syrkin o Ber Borojov. También le rinde memoria el moshav Kfar Hess, cuyo nombre es un homenaje a él.

Postulados.

En su referencial “Roma y Jerusalém”, venía a postular que los judíos se instalasen en la región llamada “Palestina” como modo de resolver la cuestión nacional. La forma-Estado sería un Estado socialista de base rural, en un proceso de “redención del suelo”, convirtiendo a la “comunidad” judía en una autética “nación”, operando una mutación histórica en la función social del judío medio (europeo), pasando de comerciantes y clase media urbana a las labores más directamente productivas.

DOV BER BÓROJOV (1.881-1.917).

Nacido en una pequeña localidad ucraniana, Zolotonoscha, a los 20 años comienza a relacionarse con los círculos de la socialdemocracia rusa, publicado su primer escrito (“El carácter de la inteligencia judía”) en 1.903. Después de publicar “Sión y el territorialismo”, se adhiere a “Poale Sion” en 1.905. Arrestado en alguna ocasión, en una etapa especialmente convulsa en la política rusa, comienza a estudiar idish, huye de Rusia para organizar la Federación Mundial de “Poale Sion”.

Gran filólogo - como deja constancia su participación en la revista “Pinkas”-, al comienzo de la I guerra mundial se traslada a Italia, para posteriormente viajar a Estados Unidos. En 1.917 participa en el Congreso Socialista de Estocolmo, en representación de la delegación de “Poale Sión”; en los últimos días de este año, una infección sanguínea acaba prematuramente con su vida en tierras rusas.

Analítico, con la flexibilidad intelectual que no siempre se estilaba en sociedades en muchos aspectos pre-democráticas, hizo una lectura no dogmática del marxismo; un método para comprender la realidad, una fuente como otras para acercarse al conocimiento, a la interpretación de nuestro mundo. Su visión de la cuestión judía, así, contradice la teología del marxismo oficial por décadas. La falta de claridad de la socialdemocracia - en la acepción del término de aquellos tiempos - con respecto a la cuestión judía lo llevó a permanecer por poco tiempo en sus filas.

La Rusia tzarista era terreno propicio para el antisemitismo, que tenía su expresión más descarnada en los pogroms, tantas veces alentados desde la instancia estatal. Tal realidad hacía concebir a algunos - a Bórojov desde luego - la cuestión judía como aspecto relevante de su definición e identidad política, del centro de sus preocupaciones y reflexiones. Muy joven, en 1,903, publica El carácter de la inteligencia judía”, y lo hace en el “Almanaque Sionista”.

Enfrentado ideológicamente al Bund - que percibía con desagrado el sionismo y la política migratoria - no se adhirió a las ideas cosmopolitas con cierto arraigo entre la intelectualidad progresista judía.

Un pueblo, sobre todo. Para Bórojov, los judíos eran un “Pueblo”; para él, la resolución del problema nacional judío era transversal, implicaba a las diferentes clases sociales. Aspecto relevante es que consideraba que la posesión de un territorio propio era la única vía para los problemas y necesidades de la clase obrera judía. La existencia de un proletariado judío en cuanto tal, con aspiraciones de hegemonía sólo podría venir dado - como condición necesaria - por la posesión de un territorio por parte del pueblo judío. Así, en “Los intereses de clase y la cuestión nacional” expresa que: “Lo más importante de las condiciones de producción material es el territorio”. Y en “Los obreros judíos”, que “Un pueblo sin tierra, que se encuentra despojado de condiciones de producción propias, de una base económica propia, que se halla encajado dentro de relaciones sociales extrañas, ya formadas, se convierte en forma natural en un grupo específico y solitario, al que no se le dará la posibilidad de aproximarse a la población que posee una base. A ese pueblo siempre lo acechará la competencia nacional; y no estando preparado para la lucha, impotente, sin una base económica sobre la cual sustentarse, ese pueblo se halla expuesto a una acrecentada explotación”.

Idea genuina de Bórojov es que la realidad de la Diáspora no solo provocaba un proceso de asimilación, sino también de “aislamiento”; aunque quieran asimilarse, en realidad, la sociedad en la que habita no digiere esa asimilación, finalmente no encaja al judío en la sociedad como un ciudadano de pleno derecho y sin matices.

Auténtico referente (fundacional, casi podría decirse) del Socialismo Judío, es considerado el ideólogo y la marca intelectual de origen del “Sionismo socialista”, fue de todos modos más intelectual que hombre de partido; analítico y original, crea corpus teórico antes que adherirse a doctrinas. Ello aparte de sus aportaciones de calidad en el ámbito de la lengua y la literatura judías, muy particularmente mostrado en su interés por la lengua idish, de la que llegó a ser un excelente conocedor.

Con una vida dificultosa, conoció las cárceles y más de un exilio. Rusia, Galitzia, Viena, Suiza, Holanda o Bélgica fueron para él hogares temporales. Cruzaría incluso el Atlántico para instalarse en los Estados Unidos, mientras Europa ardía literalmente como consecuencia de la I Guerra mundial.

La situacion revolucionaria de Rusia lo llamó. Pero su mujer e hija fueron retenidas en Estocolmo y entró sólo en Rusia en aquella convulsísima época. La muerte lo sorprendería en Kiev el 17 de diciembre de 1.917.

Su nombre brilla como referente del renacer - cultural, nacional y social - contemporáneo del pueblo judío y su concrección institucional: el Estado de Israel (aquel hogar nacional del que un día se habló).

Borojov pensó que el antisemitismo desaparecería con el triunfo del socialismo, pero advirtió que en el período de lucha previo la judeofobia se intensificaría, y los judíos no podrían resistirla. Por lo tanto no encontró otra salida que el sionismo.

El marco humano. ¿Qué era el “Yishuv”?

Significa, en hebreo, “asentamiento”. Su término completo sería: Hayishuv Hayehudi b’Eretz Yisrael (“Los asentamientos judíos en la Tierra de Israel”). Se alude a la población judía residente en el territorio de la “Palestina otomana”, y posteriormente el “Mandato” británico, en las décadas previas a la fundación (en 1948) del Estado de Israel

El término usado a partir de la década de los 80 del Siglo XIX e.c. En aquel momento vivían unos 25.000 judíos en la “Siria” otomana. Cuando hoy se usa el término, se designa el pasado: los pobladores judíos de aquellas décadas.

También se usa el término Antiguo Yishuv para designar a los pobladores judíos que residían en aquella “Siria” otomana con carácter previo a efectivizarse (en 1.882) la primera aliyah. Residían fundamentalmente en Hebrón, Jerusalém, Tiberiades y Safed, con pequeños núcleos en lugares como Haifa, Jaffa, Siquem o Acre (también, hasta 1.779, en Gaza). Frente a él, el Nuevo vendría a estar constituido por las nuevas poblaciones generadas por las sucesivas aliyoy hasta la proclamación de Israel como Estado.

Aliyot

El moderno Israel, desde finales del Siglo XIX e.c. hasta la fundación del Estado, iría configurándose a través de las sucesivas migraciones, llamadas aliyah. Cada una con sus características, sea por la procedencia geográfica (y cultural) de sus protagonistas, por su extracción social o por su adscripción ideológica mayoritaria.

Puede hablarse de 5 aliyot (plural de aliyah) en las décadas anteriores a la fundación de Israel como Estado: la primera comprendería el periodo 1.882-1.903, la segunda el 1.904-1.914, la tercera se desarrollaría entre 1.919 y 1.923, la cuarta se correspondería con el tramo 1.924-1.939, en tanto la quinta comprendería el periodo 1.930-1.939.

Mención especial, en cuanto paradigma de lo hegemónico de las ideas colectivistas, merece la llamada “2ª aliyah”. La misma tuvo lugar en los primeros años del siglo XX. Sus protagonistas fueron (igual que en la primera) también judíos de origen ruso que huyeron del Imperio como consecuencia del fracaso de la revolución de 1905. Estos inmigrantes estaban movidos por un ánimo claramente ideológico abrazando el “sionismo socialista” y creían firmemente en el lema del “trabajo judío para la tierra judía” insistiendo en la necesidad de “proletarizar” a las élites judías y devolverlas a la tierra, restaurando antiguas profesiones como las de agricultor, trabajadores de su propia tierra que les habían sido negadas en Europa durante años. Fueron estos inmigrantes los que establecieron los primeros kibbutzim, en los que se combinaban a la perfección los ideales socialistas con los sionistas.

Entre la segunda y la tercera aliyah se produjo un acontecimiento de enormes repercusiones históricas: la llamada Declaración Balfour. En busca de aliados contra el dominio otomano, gracias a la intervención de Weizmann, el 2 de noviembre de 1917, por medio de dicha Declaración, el Gobierno británico se adhiere a la idea de un hogar nacional en Palestina para la población judía, salvaguardando los derechos civiles y religiosos de los residentes no hebreos.

En el curso de la “4ª aliyah” (1919-1923), jóvenes religiosos - vinculados al Movimiento Mizraji - fundaron poblados agrícolas en los valles de Izreel y de Zevulún, con un claro componente de adscripción ideológica (pioneros religiosos).

Socialismo judío

Aun faltaban décadas para la instauración de Israel como Estado-nación. Nos situamos a finales del XIX e.c.; los judíos europeos se inplican en buena medida en los asuntos sociales de las naciones (europeas) en que viven. Tratan, con otras personas, de mejorar el mundo, de hacerlo más justo. A veces se abrazan ideales nuevos y se alejan de la tradición, de las consecuencias del sentido de “pertenencia”.

Adentrémonos ahora en el Siglo XX e.c. Político y escritor judío, Israel Zangwill publica en el año 1907 un relato sobre la vida judía -en el plano político- en un pequeño pueblo polaco: Milovka. La historia está ambientada en la época inmediatamente anterior al estallido de la I guerra mundial. Un joven judío llamado David Ben Amram llega a Milovka para organizar una fuerza de autodefensa judía para enfrentarse a la realidad de los pogroms. La comunidad (judía) local es pequeña, pero enormemente atomizada y politizada, con gentes con criterio propio. Es esta división lo que frustra el proyecto. Militante del pensamiento de la necesaria unidad judía, David se da de bruces con la realidad: existe la tendencia asimilacionista. Ddentro de esta corriente hay, a su vez, tipologías diversas: hay ortodoxos religiosos (y, dentro de ellos, jasídicos y antijasídicos), el sionismo socialista está presente (a su vez, por supuesto, en distintas modalidades). Hay sionismo político, sionismo cultural, sionismo religioso, territorialismo (dentro de este, una corriente socialista), sejmismo, bundismo …. pareciera que había más “partidos” que personas. El protagonista termina por suicidarse.

Ante tantas divisiones el joven idealista se siente inmovilizado por la desesperanza. “Tenía - según la descripción de Zangwill - una visión pesadillesca de sectas rígidas y facciones pululantes, cada una con sus consejos, federaciones, fundaciones, conferencias, fiestas partidarias, agendas, comunicados, órganos de prensa; cada una se diferenciaba con meticulosa astucia de los demás partidos, cada una definía con escolástica minuciosidad su posición ante cada problema contemporáneo, cada una estaba equipada de incansables oradores políglotas pronunciando sus discursos en las noches tumultuosas”.

El nacionalsocialismo destruyó un inmenso porcentaje de la población judía de la Europa central y oriental y la URSS de Stalin impidió de facto toda vida judía autónoma. Pero Occidente en un sentido más estricto - a la vez geográfico y cultural, desde el final de la II guerra mundial con fuertes connotaciones geopolíticas - vivió una realidad diferente.

En el periodo de entreguerras la vida cultural judía vivió una época brillante. Si los grandes protagonistas de las sucesivas aliyot fueron los pobladores de la Europa Oriental, ciudades europeo-occidentales o americanas, como Buenos Aires o New York, vieron multiplicarse expresiones políticas sociales y culturales judías: publicaciones, teatros, partidos políticos y sindicatos, etc.

La izquierda política judía contaba, en este periodo histórico de dos décadas, con diversas expresiones, sionista-socialista, comunista, bundista, territorialista. El Partido Comunista en la naciente Unión Soviética contaba, por ejemplo, con una sección judía, denominada Yevseksiia. En Polonia, por su parte, con carácter previo a la invasión de las tropas nacionalsocialistas alemanas, el Bund era una organización poderosa e influyente (hegemónica) entre la comunidad judía. Las primeras generaciones de inmigrantes judíos en USA se referenciaban políticamente en muy buena medida en la izquierda política (con sus variantes bundista, socialista y comunista); la presencia social del periódico “FORTVERS” es testimonio de ello.

Emancipación (nacional) y lucha social (de clases). He aquí las coordenadas, la dialéctica en que se mueve este espacio político, social y cultural.

Aún hoy la Diáspora representa mayor porcentaje sobre el total de la población judía mundial. En el periodo histórico correspondiente a la primera mitad del Siglo XX, la aliyah era una expresión muy minoritaria entre la población judía, con una importancia mucho más cualitativa que cuantitativa, más ejemplo, proyecto o paradigma que algo vivido como realmente tangible por la inmensa mayoría del grupo humano que tenía sentido de pertenencia al mundo judío. Esta realidad no puede obviarse. Desde el mismo nacimiento del Socialismo (moderno) como corriente política e ideológica, numerosos judíos de adhirieron y militaron, difundieron el pensamiento y el mensaje; pero la adhesión era individual, en la condición de ciudadanos de tal o cual país.

El historiador Jonathan Frenkel sostiene que el llamado “socialismo judío” surge como corriente que intenta amalgamar la lucha emancipadora del socialismo con la solución de la problemática judía en los terribles años 1.881-82, en los que la comunidad judía fue víctima de sucesivos pogroms en Rusia.

La fallida política asimilacionista hace entrar en escena el concepto “autonomía” y las aspiraciones nacionales del pueblo judío. Si Pinsker hablara de “autoemancipación”, Marx elaborara el concepto de “lucha de clases”, postulando una suerte de redención para el proletariado; en buena parte del pueblo judío de la Europa Oriental confluyen ideas en ambas direcciones, surgiendo organizaciones políticas, sindicales y culturales que amalgaman las dos caras de la emancipación.

Las organizaciones específicamente judías se caracterizan por sumar a las posiciones de clase (internacionalistas), el nacionalismo que introduce conceptos como autonomía territorial en las zonas pobladas por judíos, la autonomía cultural/nacional y la concentración (desplazamiento) a tierras israelitas. La combinación ideológica no era fácil y, lógicamente, surgían contradicciones; de sobras es conocido el apasionado debate (confrontación político-ideológica) entre sionismo socialista y Bund. Diáspora/Israel, lengua idish/lengua hebrea, internacionalismo/construcción nacional interclasista …. he aquí algunas de las dicotomías en que se movían pensamiento y acción.

Tras la revolución soviética de 1.917 - mismo año en el que el universo judío ve moverse fuertemente sus expectativas con la llamada “Declaración Balfour” - en el cambio de década, el socialismo judío actuante en territorio de la recién nacida Unión Soviética se divide en cada vez más organizaciones. La corriente que dentro de “Poale Zion” seguía el pensamiento de Bórojov sobreviviría hasta 1.928, año que que resultaría disuelta; el nuevo régimen tomaba una deriva claramente autoritaria, apuntando ya rasgos de un régimen totalitario. Es en 1.930 cuando es disuelta la sección judía del (ya) partido único, el PCUS.

Por lo que respecta a la Polonia de entreguerras y la Lituania aun independiente, el socialismo judío continuó con un cierto dinamismo, aunque el tiempo las iría llevando a espacios sociales más reducidos, como consecuencia de las circunstancias políticas y los peligros que se avecinaban. Entre tanto, el sionismo ganaba esferas de influencia entre la comunidad judía, actuando en cuanto tal en la vida política de Polonia, con la importante referencia personal (y liderazgo) de Itzjak Grinboim.

La II Guerra mundial, con el éxito inicial -y las conquistas orientales- de la Alemania nacionalsocialista liquidó, como es comprensible, aquella vida. El Bund desapareció de la historia para siempre, por ejemplo. El sionismo socialista se diluía. Y no sólo en Europa; la izquierda judía norteamericana empezaba a ser sólo una sombra de lo que fuera cuando tantos judíos de la Europa Oriental habían buscado en aquellas tierras la libertad y la posibilidad de desarrollar una vida normalizada; Sidney Hillman o David Dubinsky, ex-militantes en Rusia del Bund y sindicalistas en USA, se adherirían al célebre New Deal impulsado por el presidente Franklin D. Roosevelt, pasando a militar en el Partido Laborista de los Estados Unidos. Ezra Mendelson diría que el potente sindicalismo socialista judío hbía sido “americanizado” y “domesticado”; por su parte, gran cantidad de judíos adoptarían la histórica (por perdurable) decisión de apoyar el ala izquierda o liberal del Partido Demócrata.

En su trabajo “Tras las huellas del socialismo judío”, el sociólogo argentino residente en Israel Sergio Rotbart dice, bien gráficamente, sobre aquel momento histórico en que la Shoah se había hecho realidad mientras el sueño sionista se acercaba a su concrección: “La izquierda judía en Europa ha muerto en las cámaras de gas, pero el Estado de Israel ha nacido, y la hegemonía del flamante país es de izquierda. Entre su discurso económico-social y su práctica se va a producir una brecha inmediata, y sus contradicciones y fracasos persiguen a ese sector de la sociedad israelí hasta el día de hoy”.

Israel, tras la II guerra mundial, pasaba a ser (casi) el epicentro de la vida judía, muy particularmente en las organizaciones de matriz socialista; se habían sentado las bases de una hegemonía social de décadas. Las variantes defensoras del idish y que reivindicaban con mayor fuerza la diáspora pronto verían sus alas cortadas por la represión stalinista, que impedía y reprimía cualquier expresión de autonomía en su territorio, así como en los países que habían quedado bajo la órbita de la URSS.

Estados Unidos pasaba a ser también en este momento un foco fundamental, un referente inevitable de la vida judía, la movilidad social de los otrora emigrantes supuso una mutación en la ubicación en el espectro político.

Entretanto, el Estado de Israel echaba a andar. Sergio Rotbart explica así los modos de ver en aquel colectivismo que hizo de espacio filosófico de acogida para muchos que hacían aliyah y condicionó las bases de la convivencia social y de la existencia de la “nación” por muchos años: “ … en la época de oro del sionismo jalutziano (pionero), el peor de los pecados para cualquier miembro del movimiento de “colonización obrera” era alabar las virtudes de la propiedad privada o el estilo de vida consumista. Cualquier desviación de la concepción colectivista, que era indiscriminadamente considerada como fiel expresión de los intereses de la clase obrera, era merecedora del estigma de antipatriota, o diaspórico. Aunque el autor alude a una retórica y a una práctica (realpolitik): “Por supuesto que, más allá de la retórica, desde el primer gobierno liderado por David Ben-Gurión, al frente de su partido Mapai, se eligió la vía capitalista de desarrollo y, por lo tanto, la orientación hacia el bloque occidental, a pesar de la fuerte tendencia pro-soviética del ala radical del sionismo socialista”.

El autor define así aquel contexto histórico, en el que se atribuye al Kibbutz un protagonismo claro y palpable: “La lucha en el seno del movimiento laborista entre el ala central representada por Mapai y el ala de izquierda agrupada en el movimiento kibutziano y representada por el partido Mapam, influyó en buena medida sobre el rumbo del nuevo estado en su primera década de existencia. La concepción extremadamente estatista de Ben-Gurión y el dogmatismo stalinista de Mapam (que constituía entonces la segunda fuerza política, con 19 mandatos en la Kneset) estaban más alejadas entre sí que la distancia que separaba a la primera del bloque religioso, que finalmente integró la primera coalición gubernamental tras las elecciones parlamentarias de 1949”. En el contexto de la disputa entre el ala central (socialdemócrata) y el ala izquierda (marxista) del sionismo socialista hay que atribuirle un espacio importante al lugar que cada sector le adjudicaba a los kibutzim en la construcción de la nueva sociedad. Lógicamente, el movimiento kibutziano y sus expresiones políticas (“Mapam” hasta 1.954, al que hay que sumarle “Ajdut Avodá” luego de la escisión ocurrida ese año) aspiraban a que el lugar dominante que el kibutz ocupaba en el mundo de valores del sionismo pionero tuviera una expresión política concreta en la práctica del gobierno de Mapai. Ben-Gurión, por su parte, priorizaba al estado y las instituciones dominadas por su partido (entre ellas la “Histadrut”, la central sindical) como agentes del desarrollo nacional”.

Nacionalismo práctico.

Esta corriente en la historia contemporánea del pueblo judío, es denominada “sionismo”. Es éste un movimiento nacional judío, que ve al pueblo judío como una nación y no sólo como un grupo con características raciales o religiosas. El sionismo es conciente que gran parte del pueblo judío no quiere asimilarse, sino que aspira a una concentración territorial en Eretz Israel.

El movimiento sionista es una organización creada por los esfuerzos del Dr. Theodor (Biniamín Zeev) Hertzl y sus comienzos se sitúan en la reunión del primer Congreso Sionista en la ciudad de Basilea en el año 1.897.

Antecedieron al Movimiento Sionista organizado varios intentos de colonización judía en Eretz Israel, siendo el más destacado el que realizó el movimiento “Bilu”.

Bilu” (acróstico formado por las iniciales de la frase “Beit Iaakov, lejú veneljá” – “Casa de Iaakov, marchemos”; Isaías, 2:5) fue la primer agrupación del movimiento “Jibat Sion” (amor a Sión), que vió en la inmigración a Eretz Israel el camino práctico para realizar los ideales sionistas. Este movimiento nació de las tendencias que se desarrollaron en Rusia en 1.881 a consecuencia de los pogroms acontecidos a varias comunidades judías de esa zona. Los líderes del movimiento y sus principales activistas fueron Iehuda Leib Pinsker, Moisés Lilienblum, Abraham Ussishkin, Vladimir Tiomkin y otros.

Bilu” fue fundado por un grupo de jóvenes, alumnos avanzados de escuelas secundarias en el año 1.882, con el propósito de “alentar y fortalecer la aliyah y la colonización judía en Eretz Israel por medio de la creación de colonias agrícolas en base a cooperativas socialistas”. El primer grupo de “biluim” que llegó a Eretz Israel constaba de 14 miembros (entre ellos una mujer) y comenzó su trabajo en la escuela agrícola de Mikve Israel.

Una vez que el número de inmigrantes de Rusia creció, pasaron a la colonia de Rishon le Tzion. Las pésimas condiciones materiales, las enfermedades, el desconocimiento del trabajo agrícola y la falta de apoyo por parte de las comunidades judías de la diáspora, produjeron que muchos de esos jóvenes volvieran a sus países de origen. Sin embargo, en 1.882 lograron fundar la primera colonia agrícola del “BILU” en Eretz Israel en Guedera.

Durante esa época, fueron fundadas otras colonias de este tipo, entre ellas, Petaj Tikva, Rosh Pina, Zijron Iaakov y otras. Con la aparición del movimiento sionista de Hertzl, el movimiento “Jibat Zion” se adhirió de manera natural al mismo.

En el año 1897 se reunió el Primer Congreso Sionista, en el cual se adoptó el conocido “programa de Basilea”, que sirvió de base y plataforma ideológica para las actividades del movimiento sionista hasta la fundación del Estado de Israel en 1.948.

El texto del programa dice: “el sionismo aspira a encontrar un refugio seguro para el Pueblo Judío en Eretz Israel respaldado por derecho público”. Para ello, este Congreso establece los siguientes medios:

a) la colonización de Eretz Israel por judíos agricultores, artesanos e industriales, de manera que responda a nuestros objetivos;

b) la organización y unificación de todo el Pueblo Judío alrededor de las instancias correspondientes y de acuerdo a las leyes de cada país;

c) el fortalecimiento del sentimiento nacional judío y de la conciencia nacional judía;

d) las actividades necesarias para obtener el consentimiento de los gobiernos a los objetivos sionistas.

Sionismo Socialista.

El sionismo socialista

Sus orígenes son cercanos a la reunión del tercer Congreso Sionista, y su fundador puede considerarse Najman Sirkin, discípulo de Moses Hess. Su principal seguidor en el plano ideológico fue Ber Borojov. Ambos pensadores rechazaron las ideas del “Bund” y,  a pesar de reconocer la importancia histórica del proletariado judío, apoyaron también el análisis que el sionismo político hacía de la crisis judía. Ellos tomaron conciencia de que el problema del antisemitismo es un problema permanente en la existencia judía diaspórica, y que este fenómeno no se eliminará como consecuencia de la revolución social, ya que tampoco el proletariado está libre de prejuicios antijudíos. Según ellos, los judíos están destinados a permanecer como extranjeros en sus países.

Como consecuencia de su situación nacional anormal, el proletariado judío es derivado a ocupaciones improductivas o secundarias dentro de la economía. De ello, se deduce que la única opción es la emigración y que la concentración territorial es una necesidad histórica para solucionar la cuestión judía. La unidad del pueblo de Israel no permite el desarrollo de la lucha de clases en su seno. Por ello, según Sirkin, la ideología sionista debe dirigirse a la creación de una sociedad cooperativa en Eretz Israel, una sociedad basada en estructuras sociales y económicas de ayuda mutua, en la cual los trabajadores sean los dueños de los medios de producción y los consumidores tengan propiedad sobre las instituciones que rigen el consumo.

Borójov basó su ideología en fundamentos marxistas, combinando el determinismo histórico revolucionario con la ideología territorialista. A diferencia de Sirkin, que a consecuencia del fracaso del “Plan de Uganda” se convirtió en socialista-territorialista, Borojov afirmó que el desarrollo inmanente de la sociedad judía y del capitalismo, conducirán a concretizar el ideal sionista sólo en Eretz Israel, donde la clase obrera judía dispondrá de una “base estratégica” para su propia lucha de clases. Al fin de sus días, Borojov reconoció también el elemento “sentimental” del sionismo y en el lugar de Palestina comenzó a utilizar el nombre de Eretz Israel  y, en lugar de emigración inmanente, el término “aliá jalutzit” (aliá pionera).

Otro ideólogo de este movimiento, aunque no fue un socialista declarado, fue Aarón David Gordon, quien se opuso al marxismo y a la idea de la lucha de clases. El vió en el trabajo físico y productivo, en especial en la agricultura, un valor supremo no sólo para el individuo, sino también para el renacimiento nacional. Por medio del trabajo creativo el pueblo se une a “su tierra y a su cultura, que florece de la tierra y de su trabajo”. Su visión sionista condujo a un ideal socialista: “lo principal en nuestro trabajo en Eretz Israel es encontrar sistemas sociales en los cuales el trabajo y la producción no se basen en la explotación de los trabajadores”.

En los años 1.905-06 se organizaron los sionistas socialistas en un partido de carácter nacional en Rusia, en Austria, en Estados Unidos y en Eretz Israel (entre sus líderes: Itzjak Ben Zvi, David Ben Gurión y otros). En 1.907 se fundó la “Unión Mundial de Poalei Zion” (obreros de Sión).

El sionismo socialista fundó numerosos movimientos juveniles pioneros (Tzerei Zion, Hejalutz, Gordonia, Hapoel Hatzair) y la mayoría de los miembros de la “Segunda Aliyah” pertenecían a esa corriente, que dejó su sello en el desarrollo de la colonización judía de Eretz Israel y de cuyo seno surgieron importantes líderes nacionales, como Ben Zvi, Ben Gurión, Katzenelson, Tabenkin y muchos más. Con el correr del tiempo, esta corriente se dividió en varios sectores como consecuencia, entre otros factores, de diferencias respecto de la importancia del idioma hebreo, la relación con el movimiento socialista mundial, etc.

Frente al llamado “sionismo político”- en el que podría incluirse a Chaim Weizman o al mismo Theodor Herzl - la tendencia “socialista” del movimiento sionista preconizaba que un Estado Judío no podría ser creado simplemente por las actuaciones diplomáticas y el apoyo de las grandes potencias de la época (comienzos del Siglo XX e.c.); únicamente el sacrificio del proletariado judío, su instalación en la región denominada Palestina, y la fundación de un Estado sustentado sobre una base social judía progresista que girase en torno a kibbutzim y moshavim rurales y un proletariado judío urbano.

Es decir, se postulaba no el ideal social(ista) por convicción y como alternativa posible - para ellos deseable - para el futuro Estado judío; es que pensaban que la única forma de concretar y garantizar la viabilidad de la plasmación institucional como Estado y Sociedad era sobre una base social(ista), en muy buena medida sobre postulados y proyectos colectivistas.

En la competencia por representar la institucionalidad del mundo judío - y concretamente entre la gente implicada en la efectivización del Hogar Nacional, del Estado - el sionismo de corte socialista gozaba de hegemonía entre numerosas instituciones del Yishuv. En los años previos a la consecución de la independencia nacional, la Federación sindical Histadrut era más que una organización, representaba toda una institución, como eran referentes fundamentales - visto más como nacionales que como partidarios - en el ámbito de la defensa, la Haganah y el Palmach, con connotaciones bien diferentes a fuerzas operantes en este mismo ámbito, como el revisionista Irgún. Protagonismo esencial asumió el Sionismo socialista en el curso de la guerra árabe-israelí de 1.948, con una clara ascendencia e implicación entre los combatientes.

Los ideales se atemperarían con el tiempo (con las décadas), en la concrección de la viabilidad de Israel como Estado soberano, así como en el cambio de alianzas en la arena internacional; pero, incuestionablemente, en aquellos momentos se forjó la hegemonía de la izquierda (con personajes como Ben Gurion o Golda Meir, por citar únicamente dos) en el plano político, social y cultural; hasta los años 70 - con la victoria electoral de Beguin- en muy buena parte esta tendencia del sionismo portó la bandera de la nación y sostuvo el peso de las instituciones con el reconocimiento de la sociedad.

Ya han sido mencionados como referentes esenciales de la tendencia socializante del sionismo dos personajes de la talla de Moses Hess y Bórojov. Algún otro nombre merece una mención específica:

-Tal es el caso, por ejemplo, de Nachman Syrkin (Bielorusia, 1.868- New York, 1.924). Su vida y obra se consagran a la síntesis de Sionismo y Socialismo, profesando - a diferencia de Bórojov - un socialismo no marcado por la impronta marxista. Contándose entre los primeros en proponer el llamado “Fondo Nacional Judío”, también fue una de las primeras voces en postular que los emigrantes en Palestina se agrupasen y organizasen en torno a asentamientos colectivos.

Autor de “The Jewish Problem and the Jewish Socialist State” (1.898), retomó de la imperecedera fuente bíblica su anhelo por la justicia social, considerando, de algún modo, al sionismo, un sustituto del judaismo tradicional. Así, retomando sus palabras: “El nuevo judaismo sionista está completamente en contraste con el judaismo del exilio …. El Sionismo erradica el judaismo religioso con más fuerza en comparación con la Reforma o la asimilación, con la creación de un nuevo standar de judaísmo que constituirá una nueva ideología que puede ser elevada al status de una religión”.

Aaron David Gordon (1.856-1.922), fue uno de los teóricos y activistas más relevantes del movimiento sionista. Influenciado por las ideas de Tolstoi, persuadió a muchos judíos para emigrar a Eretz Israel. Entre sus proyectos teóricos ocupaba un lugar central la propuesta de fundar una sociedad basada en el trabajo rural judío; fruto de estas concepciones, nace el primer kibbutz en 1.909, llamado Degania, en la zona del Mar de Galilea. Aquel mismo año nace la ciudad de Tel Aviv.

Procedente de una familia ortodoxa rusa, en el plano militante formó parte de Chovevei Tzión, decidiendo - a sus 48 años, en 1.904 - predicar con el ejemplo y hacer aliyah, conviertiéndose en un auténtico emblema y prototipo de la 2ª aliyah (1904-1914).

Lo que pretendemos establecer en Palestina es un pueblo nuevo y renacido, no una mera colonia del judaísmo de la dispersión, ni una nueva versión de la vida de la Diáspora. Nuestro deseo es hacer de Palestina la Patriam Madre del judaismo mundial …. Sólo en la tierra de Israel podemos tener cultura viva y propia en consonancia con nuestro espíritu y por nuestros medios, realizando, como pueblo, todo tipo de trabajo”.

Percibía como una tragedia para el pueblo judío su forma de vida diaspórica; una nación se identifica y crea vínculos con la tierra que puebla, únicamente a través del trabajo físico. La solución radicaba en que los judíos abandonasen sus habituales profesiones liberales urbanas en la Diáspora, emigrando a su verdadera Tierra, para trabajar allí en tareas agrícolas.

No se trataba solo (ni siquiera básicamente) de un traslado físico; lo que se postulaba era una auténtica revolución en la historia del pueblo judío. Frente al “judío” identificado como hombre culto, una suerte de nuevo hombre, una especie de homo hebraicus, viviría en un entorno natural cultivando la tierra.

A su muerte, surgiría Gordonia, movimiento juvenil sionista.

Berl Katznelson (1.877-1.944). A diferencia de los anteriores, sí pudo ver la independencia nacional, con el nacimiento del Estado de Israel.

Nacido en Rusia, desde muy joven soñó con establecer su vida en Eretz Israel. Concretaría su aspiración en 1.909 - cuando Palestina estaba bajo la dominación otomana -, después de haber ejercido de bibliotecario y haber enseñado historia judía y literatura hebrea.

Contándose entre los fundadores del gran sindicato en tierra israelíes (el “Histadrut”), así como de la cooperativa de consumidores conocida como Hamashbir Lazarchan. Ayuda a fundar (en 1.925) y se convierte en el primer editor de Davar - función que desempeñaría de por vida -.

Firme partidario de la coexistencia judeo-árabe, también son conocidas sus reflexiones sobre el auto-odio entre los judíos.

Muchos lugares en Israel honran su nombre y su memoria, como el Kibbutz Be‘eri (que inmortaliza el nombre literario de nuestro hombre), así como numerosas calles en las más diversas localidades o sellos postales. En su biografía, Golda Meir le dedica palabras llenas de afecto, respeto y reconocimiento.

PARTIDOS POLÍTICOS.

La segunda aliyah (1.904-1.914) trajo, entre otras cosas, la aparición de dos partidos políticos fundados por los pioneros: de un lado, “Hapoel Hatzair” (nacionalista, y cuyo significado es “Jóvenes Trabajadores”); del otro, y de tendencia socialista (y socializante) “Poale Zion”.

El segundo de los mencionados partidos contaba con dos tendencias: una más izquierdista, otra más moderada. De la segunda nacería, en 1919 el partido “Ahdut HaAvoda”. Años después, en 1.930, nace MAPAI como resultado de la fusión de Ahdut haAvoda y Hapoel Hatzair, que agrupaba la mayoría del sionismo de tendencia socialista. La segunda aliyah marcó a a fuego el marchamo del Partido, pues era dirigido por protagonistas de aquella migración nada menos que hasta los años sesenta del pasado siglo. Con respecto al ala izquierdista de “Poale Zion”, la misma acaba por fusionarse con el partido ligado a los kibbutzim, “Hashomer Hatzair”, y con otros pequeños grupos de izquierda; de resultas de este proceso nace MAPAM, que, con el tiempo -por medio con la fusión con otros grupos- daría origen a “Meretz-Yachad”.

A continuación, se produciría un hecho histórico de una enorme trascendencia por décadas: del MAPAI nace el Partido Laborista de Israel, que, durante unos años, fue aliado del MAPAM en el Partido HaMa’arakh. En el Yishuv, eran inicialmente los dos partidos mayoritarios, así como en las elecciones nacionales de 1.949, asentando una hegemonía político-ideológica de tres décadas en la política y la sociedad de aquel joven Estado.

VIAJE A LOS ORÍGENES: POALE ZION

Nacido en la Diáspora eurooriental en los primeros años del Siglo XX e.c., llegando a formarse en New York en 1.903 y en ciudades británicas como Londres y Leeds entre aquel año y 1.905. Este último año, la organización se asienta en territorio del Mandato de Palestina, casi al mismo tiempo que el Partido Laborista Socialista era fundado en Canadá y USA. En Rusia, en 1.906, se creaba el “Partido Democrático Laborista Socialista Judío”. También en 1.906, en Poltava (Ucrania) es creada -bajo la dirección de Ber Bórojov- “Poale Zión”; la organización sería exportada a países de Europa como Austria, Reino Unido o Polonia.

Asumiendo un claro nacionalismo (judío) sus postulados revelan una posición fundamentalmente marxista. El traslado a Israel del proletariado judío haciendo allí realidad la lucha de clases era directriz o guía del movimiento.

Impulsora en la Palestina aún otomana de la organización paramilitar Hashomer - cuya misión era defender las colonias que se iban formando en el Yishuv -, entre sus emprendimientos en tierra israelí se encuentran servicios de empleo, alimentación y sanidad para sus militantes, asentando una especie de proto-Estado tan encajable en una nación incipiente. La llegada de la I guerra mundial supuso el encaje de su estructura para el reclutamiento en la llamada “legión Judía”.

En el cambio de década (entre la primera y la segunda del Siglo XX e.c.), ve como en su seno pasan a actuar dos facciones: una, la de derecha, no marxista, ya en la estela de lo que sería la socialdemocracia moderna; otra, la de izquierda, más en la línea del bolchevismo, aunque la Internacional Comunista nunca aceptaría la adhesión solicitada.

En todo caso, entre 1.923 y 1.930, la “Unión Mundial de Poale Zión” fue miembro de la Internacional Socialista. Para 1.928, siendo Secretario General Berl Locker, afirmaba contar con secciones en numerosos países: USA, Argentina, Brasil, Reino Unido, Francia, Bélgica, Alemania, Austria, Checoslovaquia, Rumanía, Letonia, Lituania, Rusia … además de Eretz Israel. Existía igualmente una sección de mujeres: la “Organización de la Mujeres Pioneras de Palestina”.

En el curso de la II Guerra mundial, cuando el pueblo judío estaba siendo víctima en Europa de las políticas genocidas nacionalsocialistas, el grupo de resistencia judía denominado ZOB fue constituido como resultado de una alianza entre Hashomer Hatzair, Bnei Akiva, Dror , la “Unión General de Trabajadores Judíos”, algunos sectores de “Poale Zión” y diversos grupos de comunistas judíos. Entre los organizadores de la rebelión del Ghetto de Varsovia, es relevante la participación de Poale Zión, como Emanuel Ringelblum - el cronista del Ghetto de Varsovia -, Adolf Berman o Yochanan Morgensten.

JUVENTUD: HASHOMER HATZAIR

El joven juardián” - esa sería la traducción de su nombre - nace en la Galitzia polaca el año 1.913, como movimiento juvenil adscrito al sionismo socialista. Nace de la fusión de dos grupos: “Hashomer” (“El guardián”, movimiento scout sionista) y Ze’irei Zion(“Los jóvenes de Sión”), un círculo ideológico de estudio. Se trata del más antiguo movimiento juvenil sionista, que aun persiste, estando organizado en diversos países en diferentes continentes. De matriz marxista, son inspiración de su pensamiento autores como Ber Bórojov, Gustav Wyneken o Robert Baden-Powell, así como el movimiento (alemán) Wandervogel.

Sosteniendo que la liberación de la juventud judía se ejercitaba con la emigración a Eretz Israel (aliyah), el pueblo judío debía vivir allí de un modo cooparativo, sobre postulados socialistas.

La finalización de la I Guerra mundial supuso su expansión por comunidades judías en todo el mundo, sobre una reivindicación del espíritu pionero. En 1.919 llegan a la Palestina sometida bajo el mandato británico sus primeros miembros. 4 Kibbutzim fundados por miembros del movimiento crearían en 1.927 la Federación “Kibbutz Artzi”. El movimiento lanza un partido político con su mismo nombre, que sostenía en aquel momento la creación de un Estado binacional, en el que convivieran judíos y árabes.

En los años 30 del siglo pasado impulsó en el Yishuv un partido político (la “Liga socialista de Palestina”), pensado para representar a los militantes y simpatizantes del movimiento y a los Kibbutzim en las organizaciones políticas israelíes. Expresión de su decantación político-ideológica, junto con el MAPAI opta por adherirse al “Centro Revolucionario marxista internacional” antes que a la “Internacional de los laboristas y socialistas”.

En vísperas del inicio de la II Guerra mundial (1.939), H.H. contaba en todo el mundo con 70 miles de miembros, fundamentalmente agrupados en la zona oriental del continente europeo.

La llegada de la II Guerra mundial, que trajo para el pueblo judío la catástrofe (la Shoah), la organización orienta su centro de atención desde Eretz Israel a la lucha contra el nazismo. Líder de la organización judía combatiente llamada Zydowska Organizacja Jojowa (radicada en Polonia) En paises de la Europa central y oriental como Eslovaquia, Lituania o Hungría, sus militantes protagonizarían la resistencia contra la ocupación alemana y la política genocida del nacionalsocialismo. Sus líderes en Rumanía, por ejemplo, serían arrestados y condenados a muerte por su activismo.

Tras la guerra, la base de la vida de H.H. pivotaba sobre la organización de la inmigración ilegal de los supervivientes en Europa a Eretz Israel. Allí, gran cantidad de militantes se integrarían en las militares “Haganah” y “Palmach”.

HISTADRUT

Hahistadrut HaKlalit HaOvdim B’Eretz Shel Israel - este es su nombre - es la Organización de los sindicatos de Israel.

Nacida en diciembre de 1.920 en la mediterránea ciudad de Haifa - cuando era una realidad sobre territorio israelí el denominado “Mandato británico de Palestina”-, llegaría a ser, con el paso de las décadas, una de las más influyentes y asentadas socialmente instituciones del nuevo Estado de Israel.

Protagonismo fundamental lo representan los inmigrantes de la llamada “Tercerá Aliá”, que fundarían Glud Haavoda – Batallón de Trabajo y Defensa -, pero acometieron con firmeza el propósito de lograr una organización única para los trabajadores judíos; de esa inquietud, de ese anhelo nace Histadrut. Un hombre que llegaría a ser en sí mismo una especie de institución - David Ben Gurión - sería elegido Secretario General en 1.921.

El éxito de su existencia ya antes de la creación del Estado es incuestionable; en 1.927 -con solo 7 años de vida-, el 75% de la mano de obra judía que vivía en territorio del Mandato británico se había adherido a la organización: 25.000 miembros

El papel de Histadrut es muy específico, muy peculiar, en la historia del sindicalismo; es más que un Sindicato, es parte de la columna vertebral del Estado recién nacido. Propietario de fábricas y empresas de diverso tipo, es un auténtico empleador. En la economía de la nación en los primeros años del Estado, era un verdadero agente social, pero también económico.

Nacido para hacerse cargo de todas las cuestiones relacionadas con el activismo de los trabajadores, sus reivindicaciones e intereses (más allá de la simple relación entre capital y trabajo, empre empleador y obrero): tareas relacionadas con la defensa o la educación, la vivienda (cuestión de primero orden en Israel hasta nuestros días), la salud, las cooperativas, la banca … incluso la cultura.

Verdadero instrumento nacional para concretizar el sueño sionista, su inquietud básica, lo que representaba el referente de su existencia, era la inmigración: la aliyah. Por eso es más que un “sindicato”, por eso representa más que una “ideología”, por eso vá más allá de la defensa de los derechos de los trabajadores … porque se instituye en uno de los pilares de Israel, sea como nación (con territorio), sea como Estado. La absorción de los protagonistas de la aliyah es, en fin, el primero de sus quehaceres, de sus inquietudes; proporcionarles un trabajo y las condiciones para poder desarrollar su vida era su principal preocupación. La dirigencia del (proto)Estado y del Estado (tras 1.948) era consciente de que difícilmente alguna organización poseía la posibilidad que Histadrut tenía para hacer de la inmigración una realidad viable, una auténtica máquina para hacer de los proyectos realidades.

UNA REALIDAD QUE PERDURÓ: AVODÁ.

Mifleget ha‘avoda, conocido como Ha‘avoda, el Partido Laborista israelí fue fundado en 1.930 con el nombre de MAPAI (el mifleget po‘alei ‘eretz isra’el,Partido de los Trabajadores da la Tierra de Israel”) surgiendo como escisión de la faccción moderada - no marxista - de “Poale Zión”. Durante varias décadas bajo la dirección de David Ben Gurión, tuvo la responsabilidad de dirigir el primer gobierno después de la independencia nacional y la proclamación del Estado. Dirigiría el Estado hasta 1.977, año en el que la población se decantó en las urnas por otra opción.

Frente militar.

HAGANAH

Antecedente de esta Organización lo fue HaShomer (“Corporación de guardianes”), fundada en el mismo año en que era fundado el primer Kibbutz y la ciudad de Tel Aviv: 1.909. El mismo fue integrado por un pequeño grupo de judíos emigrantes que sostenía asentamientos a cambio de un salario anual.

Las acciones árabes contra los asentamientos, su oposición a la inmigración judía, particularmente en el bienio 1920-1921, hicieron pensar a la dirigencia del Yishuv que los asentamientos y la población (rural, agrícola) necesitaban una protección de más entidad. El temor de que los británicos no actuasen contra los ataques estaba sobre la mesa. Este es el telón de fondo en el que hace su aparición la Haganah.

Su nombre significa “La defensa” –ההגנה-. Así fue llamada una organización paramilitar judía actuante en el periodo 1920-1948 e.c. en la Palestina bajo Mandato británico. Su papel era defender los Kibbutzim y las fábricas judías, actuar para prevenir los ataques procedentes de los árabes y actuar contra los agresores

En 1.929, los motines árabes en el territorio del Mandato británico provocaron 133 muertes entre la población judía y 116 entre la árabe; en la ciudad de Hebrón fueron asesinados aproximadamente 70 judíos, en tanto alrededor de otros 500 se vieron obligados a huir. Ello llevará a cambios en la Haganah, que se ve ampliada en número y mejorada en organización y coordinación. Comienza a adquirirse armamento procedente del extranjero, a la par que se creaban centros para la fabricación de bombas de mano y equipamiento militar básico. Desde milicia, se iba transformando en un ejército.

Con 10.000 hombres preparados para la movilización, más 40.000 reservistas, contaba la Haganah en 1.936. En ese año se producía la conocida como Gran Revuelta Árabe, que duraría hasta 1.939. Aunque la Administración británica del Mandato no reconocía oficialmente a la Organización judía, las Fuerzas de seguridad dependientes de dicha Administración cooperaron en la formación de una Fuerza auxiliar judía, la Jewish Settlement Police (“Policía de los asentamientos judíos”), así como los Special Night Squads (“Escuadrones espaciales nocturnos”). Aquella experiencia sería determinante al afrontar la guerra israelí-árabe de 1.948.

Del seno de Haganah, y conformado por militantes de la misma adherentes de posiciones más de derecha en el espectro político, nacerá en 1.937 el conocido como “Irgún”; su nombre completo era Irgun Zvai Leumi (“Organización Militar Nacional”). Discrepaban de la Organización/estructura en la que estaban integrados en el modo de ver como había que abordar las relaciones tanto con británicos como con árabes. A su vez, en 1.940, del Irgún se desgajaría lo que se llamaría “Lehi”, los Lohamei Herut Isreel o “Combatientes por la libertad de Israel”, popularizado - en términos peyorativos - como “Banda Stern”, pues así se apellidaba su líder. La gran especificidad política de estas tendencias - más radicalizada “Lehi” - era su rotunda oposición a la política de colaboración con los británicos, la práctica de la lucha candestina y la realización de acciones calificadas como terrorismo.

Siempre diletante, ambigua y contemporizadora, la Administración del Mandato decide apaciguar los ánimos de la parte árabe, prohibiendo la emigración judía a los territorios que dirigía en el año 1.939. La Haganah se enfrenta a la contundente medida organizando la inmigración clandestina; en este contexto nace la Aliyah Bet, la “Organización para la Inmigración Ilegal”, que actúó por medio de sus secciones en Turquía y Suiza.

Aquel mismo año el belicismo alemán lleva al inicio de lo que sería la II Guerra mundial. Después de mucha insistencia por parte judía, no sería hasta 1.943 cuando el Ejército Británico anuncia la creación de la “Brigada Judía”; desde 1.940 es cierto que los judíos residentes en el territorio del Mandato podían enrolarse en el Ejército británico, pero solo la creación de una Brigada específicamente judía convertía en realidad el anhelo de ver actuar en los campos de batalla unidades militares judías bajo la bandera llamada Magen David. Desplegada en Italia en septiembre de 1.944, y disuelta en 1.946, contaba con unos 5.000 soldados. Los judíos residentes en territorio del Mandato que combatieron en las filas del Ejército británico suponían la significativa cifra de 30.000 efectivos.

En 1.941, dentro del seno de la Organización nace - en tierras de la Palestina del Mandato - el PALMACH, al que dedicaremos una breve referencia en un epígrafe específico.

En 1.945 concluye, con la derrota de las potencias del Eje, la II Guerra mundial. La posición de los británicos ya no puede ser vista del mismo modo; ya no era un combatiente contra el nazismo, era la potencia ocupante de las tierras en las que pretendía fundarse un Estado, además de haber aprobado el “Libro Blanco” (prohibiendo la inmigración) en un momento histórico en que se avecinaba, a la vista de todos, aquella “gran catástrofe” para el pueblo hebreo que fue la Shoah. La Haganah se lanza a actuar: se produce la liberación de los inmigrantes internados en el campo de Alit, se hacen incursiones en posiciones militares y de la policía británica, así como diversos operativos de sabotaje, dinamitando las estructuras ferroviarias nacionales. Además, por supuesto, de continuar colaborando, intensificándola, en la práctica de la inmigración ilegal.

La creación del Estado de Israel llevaría a su integración en las FDI, las Fuerzas de Defensa de Israel.

PALMACH

Creado el 19 de mayo de 1.941 en el seno de Haganah, se instituyó como fuerza de combate regular de los asentamientos judíos en el territorio bajo soberanía del Mandato británico. Formada por diversas brigadas que enrolaban a jóvenes combatientes, fue capaz de aportar apoyo en el plano aéreo, naval y de la inteligencia, llegado a contra con aproximadamente 2 millares de integrantes.

Además de su contribución en el plano militar, supuso una aportación de primer orden, por su compromiso ideológico con la causa sionista y con una visión colectivista de la nación, en la configuración y en la autopercepción de la nueva Israel, de decidida impronta pionera.

Era referente, desde su inicio, por la concepción del trabajo de la organización y de sus componentes. Es dato decisivo que se combinaba el entrenamiento militar con las labores agrícolas, como lo es el ser una fuerza fácilmente movilizable, como su financiación mixta - proveniente mayoritariamente de los trabajadores que lo componían más la aportación de la Haganah -, el reclutamiento entre personas procedentes de los moshavim y los Kibuutzim, la creación de grupos de colonos que formarían la base de futuros asentamientos, o la educación en los valores del sionismo de sus integrantes, etc. Son todos rasgos y modos de operar que marcan una carácter y definen una identidad.

Desempeñó el rol de fundamental cantera o espacio germinal de lo que sería las IDF - las Fuerzas Armadas Israelíes o Fuerzas de Defensa de Israel -, siendo por muchos años algo así como la columna vertebral de su Alto Mando, con la influencia prolongada que ello comportó en el plano político y social, o cultural en el sentido más amplio del término.

Kibbutz: un emblema de la “marca Israel”

DEGANIA ALEF. PIONEROS ENTRE LOS PIONEROS.

En una Tierra aún sometida al dominio otomano, en 1.909 es fundado por la Organización Sionista Mundial el primer Kibbutz en Eretz Israel. En el Sur, se fundaría en 1.920 el llamado Degania Bet.

La tierra en la que se fundaría el asentamiento había pertenecido a una familia persa residente en Beirut.

Situado en la vertiente meridional del Mar de Galilea, entre los rasgos distintivos con respecto a otros kibbutzim se encuentra el hecho de que en el mismo los niños nunca han dormido en dormitorios comunes, sino que es norma que lo hagan con sus padres.

Aquella comunidad se basaba en sus orígenes en dos principios:

1 – Los medios de producción pertenecían todos ellos a la comunidad y no a sus miembros particulares.

2 – La comunidad es directamente responsable de satisfacer, sobre la base del igualitarismo, las necesidades de sus miembros. El principio operante sería: “de cada uno según sus posibilidades y a cada uno según sus necesidades, con los límites de las posibilidades de la misma comunidad”.               

UNA REALIDAD NUEVA. PERO CON RAÍCES.

El colectivismo no nace en la modernidad. No nace en nuestros días, ni mucho menos. Ya se ha hecho referencia a la tradición y valores del pueblo judío desde hace no siglos, sino milenios.

La justicia social, la reivindicación de formas de vida comunitarias ha tenido larga trayectoria en las más diversas culturas y civilizaciones. Ciñéndonos a lo que conocemos como “Occidente” - concepto más que geográfico, civilizacional -. Especial mención merecen las tradiciones, por ejemplo, de matriz protestante en los Estados Unidos, espacio (como nación en formación permanente, con necesidad de raices) especialmente apto para el desarrollo de conceptos como utopía, pionero o comunidad. Entre finales del Siglo XIX y comienzos del XX e.c., experiencias americanas como los shakers, Oneida o Harmny Society conocen el fracaso o, al menos, los límites de lo posible.

Es en este contexto histórico en el que inmigrantes llenos de voluntarismo, animados al mismo tiempo por la idea de hacer algo nuevo y de recuperar un proyecto tantas veces históricamente interrumpido o imposibilitado, partiendo desde cero, sienta el germen para (re)fundar una nación, ser el molde geográfico en que verter una comunidad (nacional) humana y levantar un Estado en medio de una tierra en muy buena medida desértica. Surge en la “Palestina” bajo Mandato británico , en Eretz Israel. Sin duda, una de las páginas más significativas y una de las experiencias más meritorias del fenómeno comunitario; o comunitarista, si se prefiere decir.

Con una fuerte impronta rural/agrícola, el sionismo da sus primeros pasos, implica a sus primeros adherentes: entre 1.880 y 1.890, unos 15.000 judíos, en su mayoría del sur de Rusia, se instalan en aquellas tierras, comenzando el fenómeno de la aliyah.

Convicción” quizá podría ser una palabra que describiese aquella conducta. Pero “compromiso”, “tenacidad” y “esperanza” tal vez la definirían mejor. El territorio, en aquella altura histórica especialmente, era hostil: seco y árido, prácticamente desértico - en lo paisajístico y en lo humano -, insalubre en muchas áreas, difícilmente cultivable, sometido a colonialismos de los más diversos tipos a lo largo de la historia, ajeno a las ideas de prosperidad y emprendimiento, etc.

Ciertamente procedía tenacidad, compromiso, esperanza y una voluntad a prueba de fuego: los recién llegados carecían, prácticamente, de competencias en las labores agrarias, además de comenzar a poblar territorios en que los beduinos nómadas vivían prácticamente al margen de cualquier organización estatal.

Contexto inhóspito, desde cualquier punto de vista. En él, la modalidad kibbutz era algo diferente a una opción, acercándose algo más al modo (no un modo, sino el modo) de sobrevivir.

Después del nacimiento de “Degania” allá por 1.909, para 1.914 este ha multiplicado por 5 el número de sus miembros iniciales, alentando - desde el ejemplo - el surgimiento de experiencias similares. En los años 20, la aliyah se convierte en una auténtica institución en la nación judía, protagonizada fundamentalmente por judíos procedentes de la zona central/oriental del contiente europeo. En 1.922, el kibbutz es una pequeña (aún) realidad de Israel; en su seno, la población es escolarizada y dotada de los servicios elementales para desarrollar una vida viable. Para 1.927 se estima que el número de Kibbutzniks (pobladores) es de unos 4.000. En vísperas de la II guerra mundial, aproximadamente un 5% de la población judía residente en territorio bajo Mandato británico lo hace en esta clase de asentamientos colectivos.

En la vanguardia de los tiempos, en 1.927 nace el Kibbutz “Artzi”, que aplica un principio en aquellos momentos en absoluto asentado en el mundo: la paridad entre hombres y mujeres. Poco después se pondría en marcha “Chever Hakvutzot”, disponiéndose que los Kibbutzim deben tener una población que no supere los 200 miembros, en aras a asegurar la cohesión, la confianza entre sus pobladores y la viabilidad y operatividad del proyecto. “Kibbutz Hameuad” (Kibuutzim Unidos) se constituirá como la principal federación de esta clase de asentamientos colectivos.

El grupo que conformaban aquellos “pioneros entre los pioneros” que fue Degania, así como los creados en los años sucesivos, eran muy homogéneos: gentes de la misma edad (jóvenes), así como de similar extracción social y educación. En 1.927 se habían formado 3 movimientos Kibbutzianos, que podrían agruparse como uno de tendencia comunista, otro socialista y uno socialdemócrata. En los años treinta adquirirá cierto relieve, ampliando el abanico de diversidad el movimiento de los kibbutzim religiosos. Pero, fuese cual fuese la orientación ideológica, las reglas de vida comunitarias y el igualitarismo erna rasgos comunes.

Desde finales de los años 40 del pasado siglo, el Movimiento religioso de Kibbutzim comienza a convertirse en una realidad sentada, diversificando el paisaje sociológico, político, social y cultural del fenómeno colectivista.

Hoy puede hablarse de la fusión de aquellos 3 movimientos en uno (el “Movimiento Kibbutziano Unido”), permaneciendo independiente el movimiento de los kibbutzim de orientación religiosa.

Papel social determinante, de supervivencia y de absorción de inmigrantes, sin duda. Pero también en otros órdenes, como el militar (o referido a la defensa en un sentido amplio). Especialmente cuando en la segunda mitad de los 30, las relaciones con la población árabe sufren momentos de tensión cuando no de dramática y abierta hostilidad. En la guerra de 1.948, los kibbutz jugarán un papel de primer orden como auténicos guardianes de la nación y garantes de la persistencia y viabilidad del novísimo Estado.

Hasta los años 70 del pasado siglo, el Kibbutz tenía el reconocimiento social (también con cierta fuerza fuera de Israel) como avanzadilla de la nueva sociedad. En la Cámara parlamentaria (Kneset), por ejemplo, estaban presentes más de una decena de miembros de kibbutzim; varios gobiernos contaron con miembros pertenecientes a kibbutzim; la presencia en el Ejército (también entre los mandos) era más que visible; etc. Además de su función social, se reconocía su valor en la contribución a la construcción nacional, muy particularmente en la lucha por la independencia.

No debe olvidarse lo relevante de su papel económico en aquella primeras décadas de existencia del Estado, como lo eran los sindicatos, sea en cuanto a producción agrícola, sea en lo referente a actividades industriales.

Pero el fenómeno de la aliyah con posterioridad a la instauración de Israel como Estado independiente cambió de un modo significativo el mapa sociológico (y político, ideoloógico, de relación con la religión, etc) de la sociedad israelí; las dificultades que padece una sociedad cada vez más compleja se cargan en el “debe” de aquellos que habián gestionado las primeras décadas del nuevo Estado. En 1.977, las elecciones dictan que la alternancia es rasgo consustancial de la democracia y Menachem Begin, histórico líder de la derecha israelí, es el encargado de formar Gobierno. Él mismo, en la campaña electoral, pronunciaría una frase que conectaba con un cierto estado de ánimo y la precpción de la realidad de gente que vivía con una especie de hartazgo la larga hegemonía (y la institucionalización) de un modo de percibir Israel: “¡ Los capitalistas de los kibbutzim con sus piscinas !”.

El Kibbutz como institución no tardará en padecer una crisis ideológica. Las jóvenes generaciones, en gran medida, optan por trasladarse a la ciudad y abandonar la vida comunitaria una vez cumplido el servicio militar. A mediados de los años 80 del pasado siglo, la crisis económica azota la institución, cuestionando su viabilidad en condiciones de normalidad.

Sólo a comienzos del presente siglo, el kibbutz encontrará acomodo en la nueva sociedad, estabilizándose, muchas veces reformándose, sobre todo redimensionándose. Aun hoy, los kibbutzim aportan el 50% de la producción agrícola y el 9% de la industrial; datos meritorios, sobre todo si tenemos en cuenta que vienen a representar aproximadamente el 2% de la población del Estado de Israel.

Redimensionado como institución, el fenómeno kibbutz ha perdido su influencia política e ideológica, ha perdido su rol de referente fundamental, para acomodarse como realidad limitada, pero asentada.

En nuestros días, los kibbutzim se agrupan en 3 movimientos diferentes:

a) El Kibbutz Movement, que agrupa a los principales asentamientos históricos;

b) Religious Kibbutz Movement Hapoel HaMizrachi, de orientación religiosa;

c) Agudat Israel Workers.

A GRANDES RASGOS …. ¿QUÉ ES UN KIBBUTZ?

Legalmente es una “sociedad cooperativa de desarrollo cuyos miembros viven en comunidad, organizada según los principios de propiedad colectiva de los bienes, del trabajo personal (rechazo de la mano de obra asalariada), de la igualdad y de la cooperación en los ámbitos de la producción, del consumo y de la educación”.

Un Kibbutz no es exactamente lo que solemos conocer por una cooperativa; al menos tres rasgos marcan la especificidad del kibbutz: más democracia (o democracia más genuina, más directa), sistema de retribución más igualitario, un más amplio nivel de actividades o tareas colectivizadas.

Algunos rasgos, quizá los principales, que marcan esta especificidad, podrían considerarse los siguientes: 1º) propiedad colectiva de todos los bienes (sean los de producción o los de uso, como la vivienda); 2º) propiedad nacional/estatal de la tierra (Estado de Israel o Fondo Nacional Judío), siendo el agua de propiedad estatal, asignándosele anualmente a cada kibbutz una cantidad disponible; 3º) carácter colectivo del trabajo y colectivista de la remuneración (con horas dedicadas a atender los servicios comunes), haciendo realidad aquel (emancipatorio) lema que dice: “De cada cual según sus posibilidades, a cada cual según sus necesidades”; 4º) existencia de servicios sociales colectivos; 5º) sistema colectivo de educación (aunque se ha ido aboliendo progresivamente la regla de separar a los niños de la unidad familiar).

La democracia directa es uno de los rasgo más marcados de la institución. En el trabajo de Alberto Carlos Morales Gutiérrez titulado “El kibbutz como experiencia comunitarista: relaciones básicas y limitaciones” se explican las diferencias básicas entre la democracia kibbutziana y la democracia al uso, la democracia liberal o el sistema ortodoxo o generalmente asumido de democracia. Así: A) Frente al objetivo de la democracia liberal (asegurar los derechos del ciudadano y limitar el mal uso del poder), el kibbutz pretendería la “identificación con la sociedad, la combinación de necesidades personales y colectivas y la abolición de la división entre gobernadores y gobernados”; B) Si, en cuanto a la participación en la toma de decisiones, el sistema liberal postula la participación indirecta por medio de delegados, el Kibbutz busca la participación directa por medio de la asamblea; C) En el tema de la relación entre los distintos poderes, si la democracia liberal aboga por la separación entre los distintos poderes para impedir que el ejecutivo se imponga, en el marco del kibbutz los poderes ejecutivo, legislativo y judicial residen en la Asamblea general; D) en lo referente al proceso de toma de decisiones, si en el sistema liberal se busca una competencia justa entre los diferentes grupos políticos fundamentada en un acuerdo a cerca de las reglas del juego, en el ámbito del kibbutz los medios se fijan mediante votación existiendo acuerdo respecto a los principios, no existiendo grupos de presión estables; 5º) mientras en el sistema liberal rige el principio de leyes escritas y universales como guías o principios para la toma de decisiones, en la genuina institución israelí prima la relación personal/individual, con una mínima reglamentación escrita; 6º) frente a los principios de jerarquía de autoridad formal y cargos fijos, propios de la democracia al uso, el kibbutz se asienta en la rotación de cargos y el reparto de autoridad.

En el mismo trabajo se hace hincapié en el espíritu anti-burocrático del Kibbutz, en una contraposición de los principios de la organización burocrática y los propios del kibbutz de los que resulta esta dicotomía.

Principios de la organización burocrática/ Principios kibbutzianos de organización

Permanencia en el cargo

No permanencia en el cargo.

El cargo conlleva privilegios y deberes impersonales y fijos.

La definición del cargo es flexible los

privilegios y deberes no están fijados

formalmente y a menudo dependen

de la personalidad del que lo ocupa.

Jerarquía de autoridades expresada

en la autoridad de los cargos

Supuesto básico del valor idéntico de

todas las funciones sin jerarquía

formal de autoridad

El nombramiento de los cargos se

Basa en cualificaciones objetivas

formales

Los cargos son elegidos, no nombrados.

Las cualificaciones objetivas no son

decisivas: las cualidades personales

son más importantes para la elección

El cargo se desempeña con dedicación

exclusiva

El cargo es generalmente suplementario

del trabajo con dedicación exclusiva de

la persona que lo desempeña

El kibbutz se aparta en determinados aspectos el funcionamiento de los Estados modernos, liberales/occidentales, pero en absoluto podría asimilarse a un régimen cerrado o contrario a la libertad individual; el ingreso y el abandono son completamente voluntarios. No es, repetimos una cooperativa; sus mayores exigencias en cuanto a socialización/integración requieren de mayor compromiso, por lo que rige el periodo de prueba, generalmente de un año de duración y siempre con la vigencia del principio de puertas abiertas.

UNA REALIDAD QUE HA EVOLUCIONADO.

Fenómeno único en nuestra contemporaneidad, ha demostrado una capacidad de adaptarse realmente meritoria, asumiendo la evolución de la economía y la sociedad israelí y los (descomunales) desafíos que la globalización plantea. Con un rol absolutamente protagonista del moderno Israel, que trasciende con mucho lo económico, para incidir fuertemente en las esferas social, política y miltar.

Solución para el asentamiento judío en aquella “Palestina” de comienzos del Siglo XX, fue instrumento de defensa, no siendo casual que se instalasen en las zonas más difíciles, más problemáticas (particularmente fronterizas).

Por realizar un breve recorrido histórico de la institución Kibbutz (y sus precedentes) hasta los albores del Estado de Israel, podemos hablar de varias etapas:

1) 1.903-09. Primeros asentamientos.

La llegada a tierras de la “Palestina otomana” por los protagonistas de la primera aliyah no fue precisamente un camino de rosas.

El proceso de asentamiento que impulsaba la Organización Sionista Mundial lo divide Gershon Shafir, en su obra “Land, Labor and the Origins of the Israeli-Palestinians Conflict, 1992-1974” en tres pasos:

1º) Se crea la “Fundación Nacional Judía” en el Primer Congreso Sionista de 1.897. El Fondo Nacional Judío compró las tierras y las entregó a sus pobladores para su usufructo;

2º) Se establece la “Comisión Palestina” (1.903), integrada por tres miembros: Franz Oppenheimer, Otto Warburg y Selig Soskin. En abril de 1904, el Gran Comité de Acción de la WZO convocó a la fundación del “asentamiento-cooperativa” Oppenheimeriana y al Octavo Congreso de la WZO, y resolvió establecerlo como tierras pertenecientes a la Fundación Nacional Judía. Será el IX Congreso (1.909) el que cree una fundación especial, llamada “Eretz Israel Siedlungsgesellschaft”, para hacer realidad el plan “asentamiento- cooperativa” de Oppenheimer;

3º) Un tercer paso comprendió la resolución del Octavo Congreso en 1.907 para convertir la Comisión Palestina en la “Palästina-Ressort”, un departamento desarrollado de la WZO para asuntos palestinos. Pasan a planterase los objetivos - dotándose de instituciones al efecto - de la compra, el desarrollo y la parcelación de la tierra para ser vendida a compradores judíos, así como la implementación de la formación agrícola y las tareas de facilitar que los propietarios judíos se convirtieran en granjeros.

2) 1.904-1.914. Segunda aliyah.

En su trabajo “Antecedentes y evolución del sistema de asentamiento y de los kibbutzom en Israel (1.881-1.944), los autores (Iván Montoya Restrepo y Celia Dávila Dávila) nos dicen que “Los pioneros de la Segunda Aliyah crearon el Movimiento Laboral Sionista y legaron los fundamentos ideológicos y estructurales del Estado de Israel, uno de cuyos fundamentos es el kibbutz. Por esta razón, las ideas que inspiraron a los colonizadores de Israel estuvieron desde el principio muy vinculadas a principios éticos que concebían el trabajo físico y directo como una vía de purificación, el único camino normal, para muchos, de ganarse la existencia (tal como nos dice Eduardo Neira en su obra “La tierra y el hombre: formas de experiencia agraria en Israel”, 1.963)”. Para los jóvenes trabajadores, el hecho de que sus salarios no fueran suficientes para sustentar a sus familias, compartir se convirtió en una alternativa viable y atractiva. Lo más general eran comunas establecidas por la unión de trabajadores empleados por diferentes granjeros en el mismo moshav.

Frente a una mano de obra árabe (abundante y “barata”) era muy difícil para un trabajador judío - recién llegado - competir en el mercado laboral. El Moshav fue una solución, casi una necesidad, para muchos; un cierto minifundismo garantizaba o posibilitaba la existencia (que, en aquel contexto, no era poco).

Un pequeño colectivo, dirigido por Maya Wilbushewitz-Shochat, conocido como La colectividad, asumió la primera tentativa rigurosa de poner en marcha un proyecto de vida comunitario. Esta auténtica pionera convenció a las autoridades competentes para arrendar una parte de Sedjra, en Galilea (Kinneret), agrupando a 18 personas; la probatura demostraba que la agricultura colectiva era viable; acababan de crear el molde de lo que sería el Kibbutz. La idea de grupo de trabajo por contrato llegó a ser un patrón aceptado de organización social, que fue conocido como kvutzá. En la obra citada y apoyándose en “The Kibbutz Movement. A History” (1.992), de la autoría de Henry Near, se nos dice que “Es importante notar que la característica esencial en este sistema es la producción comunal: los trabajadores laboraban y se beneficiaban juntos como grupo. Esta clase de trabajo por contrato fue entonces diferente a la vida de la comunidad pues sus miembros trabajaban frecuentemente en ocupaciones y lugares distintos. A lo largo de la Segunda Aliyah, la mayoría de ambos tipos de grupos eran temporales, se formaron para un propósito y tiempo en particular, usualmente de “cosecha a cosecha”. Cuando terminaban su trabajo, o las condiciones cambiaban, compartían el dinero o la propiedad que tenían en común. El sistema kvutza empezó a dispersarse en el año agrícola a comienzos del otoño de 1.909, cuando ya había cinco kvutzot y cuatro grupos de defensa, con más de setenta miembros (un desarrollo significativo).

Degania será el primer kibbutz, al que dedicamos una líneas específicas en este trabajo.

2) 1914-198. Primera Guerra Mundial.

En esta etapa se forman kibbutzim como Kfar Giladi, Tel Hai y Ayelet Hashachar. Al final de la guerra, el número de kvuzot ascendía a 30, con más de 400 miembros.

Siguiendo a Near (“The Kibbutz Movement. A History”, 1.992), el régimen de los asentamientos, la vida diaria venía marcada por esta realidad: “Aparte de la rutina de trabajo, cada tarde había reuniones generales del kvutza, en donde se discutían problemas especiales sobre el estado del kvutza y se decidían las políticas generales para el futuro. Para trabajos de vigilancia o de cocina y otros no especializados se organizaron rotaciones semanales. En los dos primeros años de la existencia de “Degania” se extendió más el uso del yidish, pero desde 1.913, con la llegada de un profesor de hebreo, este último idioma vino a ser el dominante, de acuerdo con la ideología aceptada”.

En 1.917, “Degania” contaba con cerca de 40 miembros, y en ciertos periodos se necesitaba un alto número de trabajadores temporales. La reunión general todavía era un cuerpo soberano, pero día a día las decisiones acerca del trabajo y otros asuntos eran tomadas por un comité de 4 personas.

3) 1.918-23. Tercera aliyah.

Puede denominarse como periodo de asentamiento, expansión y consolidación.

La revolución bolchevique (1.917) es aprovechada para la formación de pequeños grupos que se desplazarían al territorio denominado Palestina, conformando el movimiento que fue llamado “El Pionero” (Hechalutz)

Más importante numéricamente que las anteriores, este desplazamiento poblacional viene marcado por la hegemonía ideológica de las ideas de “camino al socialismo” en Eretz Israel. Marxistas algunos, libertarios/anarquistas otros, buberianos algunos, consolidan los parámetros de un modo de vida definido como genuino, una marca o enseña del Yishuv.

La crisis económica y las medidas restrictivas por parte de la potencia mandataria condicionarían de un modo determinante la importancia de esta aliyah. Lo costoso de la colonización agrícola llevó a que el movimiento sionista tuviese que apoyar a los Kvutzot con inyecciones financieras.

El mes de mayo de 1923, la crisis económica se hace sentir con fuerza en el Yishuv; la inmigración continuaba, pero el desempleo se disparaba; en aquel año se redujo la inmigración en cerca del 6%, comparada con 1.922.

El Kvutzá y el Kibbutz empiezan a asemejarse fuertemente, asimilándose en sus rasgos fundamentales, muy particularmente en lo que al concepto de democracia aplicado se refiere.

En conjunto, en esta etapa, la comunidad judía creció en aproximadamente un 66%, en tanto la cantidad de miembros de kibbutzim subía de poco más de 450 a más de 2.700.

4) 1.924-30. Cuarta aliyah.

Después de una parálisis de aproximadamente un año, la primavera de 1.924 supone una reactivación de la aliyah, volviendo a coger pulso la actividad económica; los cultivos de cítricos y de tabaco representaron una importante posibilidad para emplearse para aquellos pioneros.

Las características de los inmigrantes, siempre hablando a grandes rasgos, son distintas desde los puntos de vista sociológico y de adscripción ideológica. Entre 1.924 y 1.926 la (muy significativa) cifra de 60.000 judíos llegan a las tierras del Mandato; tal realidad viene determinada fundamentalmente por acontecimientos externos: las políticas del gobierno polaco que perjudicaban a la población judía residente en Polonia y las nuevas leyes migratorias en USA (que paralizaron la inmigración judía procedente de Europa a aquel país).

Con un fuerte componente de clases medias urbanas dedicadas al comercio entre los “nuevos inmigrantes”, comienzan a florecer los negocios privados así como las compras de tierra, tanto para la construcción como para el desarrollo de actividades agrícolas.

La nueva realidad creó cierto recelo en la institución kibbutziana. Entre sus miembros crecía el temor de que el sionismo como movimiento abadonara lo que ellos consideraban pilares del asentamiento poblacional y el impulso económico; es así que para representar su realidad en el seno del mundo sindical (“Histadrut”) y del mismo movimiento sionista, se conforma “Hever Hakvutzot Vehakibbutzim” en 1.925. Representa la federación de los Kvutzot y de los Kibbutzim. En 1.927, según indica Near, se institucionzalizarían dos movimientos kibbutzianos principales, Kibbutz Artzi de Hashomer Hatzair y el Kibbutz Me’uhad.

El desarrollo del kibbutz en aquellas décadas (20 y 30) llevaría a la conformación de familias en su interior como realidad masiva; es necesario institucionalizar en su seno la escuela y la guardería infantil. Generalmente como una especie de prolongación de la actividad agraria, comienzan a desarrollarse en el kibbutz pequeñas industrias.

La economía kibbutziana va diversificándose. En el citado libro de Near se nos dice que “En 1.929, el ingreso proveniente de capital semoviente (avicultura, productos lácteos, ovejas y abejas) superó en más del 20% el ingreso del kibbutz por productos agrícolas”.

5) Década de los 30

Transcurridos 6 años, aquel porcentaje, siguiendo siempre a Near, pasaba del 20 al 52%.

Si en 1.930, el número de kibbutz era de 29, con una población que rondaba los 4.000 miembros, para 1.940, el número de estos asentamientos era de 82, con una población que superaba la cifra de 26.000 personas.

Los acontecimientos de Europa - cuyo epicentro estaba en Alemania - se dejaban sentir. Entre abril de 1.933 y octubre de 1.936, Me’uhad integró a 1.555 personas procedentes de Alemania; un dato más que significativo.

En el marco del kibbutz aquellos jóvenes (prófugos) viven bajo unas normas en las que se dedica la mitad de la jornada aprovechable a estudiar y la otra mitad a trabajar.

Near, en el mencionado libro, nos dice que “A finales de 1934, el Kibbutz Me’uhad estableció la Fundación Kibbutz Me’uhad como una forma de acopiar los dineros recogidos de los más prósperos kibbutzim y plugot para las comunidades más débiles y menos estables. En 1.935, instituyó una serie de comités centrales, esquema que pronto fue adoptado por los otros dos movimientos kibbutzianos”.

Los años 30 representan de un modo paradigmático el espíritu pionero ligado al movimento juvenil (los movimientos juveniles). La mayor parte de movimientos juveniles se adhirieron a alguna de las agrupaciones kibbutzianas existentes.

En esta etapa, el kibbutz adquiere una significación especialmente relevante en el ámbito de la defensa; su rol militar aparece claro. En una obra aparecida en 2.001 bajo el título “El sionismo en una era de revoluciones”, Anita Schapira manifiesta que “Enarbolaron el estandarte del valor entre el colectivo y los objetivos colectivos de la sociedad; persuadieron al individuo de que debía sacrificar su vida en pro de la meta colectiva; hicieron hincapié en valores como la entrega al grupo colectivo, el patriotismo, la aceptación de las decisiones de la sociedad, lo que cierto dirigente de la izquierda israelí definiera como “conformismo revolucionado ….. En esa lucha el individuo cumplía una función decisiva; por eso, en ningún momento podía liberarse del deber de hacer todo lo posible, sacrificando incluso lo más querido, la felicidad personal y hasta la vida, en pos de la meta colectiva. Era la lucha por el futuro de la nación, por el futuro de la humanidad. El individuo, su felicidad y sus planes personales eran considerados secundarios en una época en la que el ente colectivo luchaba por su existencia”.

En 1.929, segmentos de la población árabe inician una oleada de ataques contra los asentamientos judíos. Los asentamientos tenían que autodefenderse. Near, en la obra citada, nos dice que “Se construyeron edificios y carreteras para los asentamientos aislados. Adicionalmente, el movimiento kibbutziano fue ayudado en algo por la moderada reactivación de las finanzas sionistas”.

Para 1.936 la situación se complica y se vuelve trágica; el Alto Comité Árabe” decreta una huelga general que tendría una duración (por larguísima) inusual: desde abril a octubre de aquel año. Se trata de lo que se conoce como “Revuelta árabe”. El éxito de la acción aumentaría tras el cese de las hostilidades, entre octubre de aquel año y septiembre de 1.937, poniendo a prueba la capacidad del Yishuv para dotarse de organización que defendiese a sus miembros. Es en 1.939 cuando los sistemas defensivos de la población judía - puestas en marcha por judío y británicos - comienza a demostrarse exitosa, a la par que la comunidad árabe comienza a fragmentarse en términos políticos.

Con la II Guerra mundial a punto de comenzar - pero con indicios más que evidentes de que la realidad abocaba a ella - el conocido como “Libro Blanco” dibujaba en el territorio sometido a Mandato un nuevo escenario. Publicado por el Gobierno británico el 17 de mayo de 1.939, en el mismo se establecia el futuro del Mandato a 10 años vista (mientras los territorios incluidos no accediesen a la independencia). En el mismo se descartaba la idea de dividir el territorio en dos estados, apostando, en cambio, por una sola Palestina independiente gobernada en común por judíos y árabes, pero manteniendo la mayoría demográfica de los segundos. Entre las cuestiones que se abordaba estaba, claro, la inmigración judía; en relación a la cuestión, se establecía que la inmigración judía hacia Palestina quedaría limitada a un máximo global de 75.000 personas en los siguientes cinco años, de modo que la población judía supusiera un tercio de la población total; tras ese periodo, no se permitiría más inmigración judía a menos que los árabes de Palestina estuvieran dispuestos a aceptarlo. En cuanto a las tierras, se establecía la prohibición o restricción de la compra de nuevas tierras para los judíos, como consecuencia del crecimiento natural de la población árabe y del mantenimiento del nivel de vida de los cultivadores árabes, respectivamente.

En el Yishuv, la “Carta” fue vista como una clara declaración de hostilidad y - en comparación con la Declaración Balfour de 1.917- como una traición; se cambiaban las reglas del juego en mitad de la partida.

Tal como se nos indica Near en la obra citada: “Los movimientos kibbutzianos estaban profundamente divididos acerca de los aspectos políticos de las relaciones entre árabes y judíos. El Kibbutz Artzi consideraba Palestina, en las palabras de Buber, “la tierra de dos pueblos” y propuso soluciones políticas basadas en esta sumisión: en los años veinte y a principios de los treinta, las actividades de la Joint Trade Union, con una perspectiva distintiva de una “sociedad binacional” en el Medio Oriente; y, más tarde, un estado binacional, respaldado por la consolidación de lazos culturales y por el entendimiento dependiente entre los dos pueblos”. Frente a esta realidad, había otras; así: “El Kibbutz Me’uhad creía que el conflicto entre los dos pueblos era inevitable y que el interés de la Yishuv requería ser fuerte numérica, económica y militarmente”. Por su parte, en las concepciones de Hashomer Hatzair, el “goy” (el “no judío”) no era una entidad hostil: “…. habían estudiado con no judíos, incluso hasta consideraban a muchos como sus amigos, por lo tanto, creían que las relaciones humanas y discusiones racionales con sus vecinos árabes eran posibles y podrían ser fructíferas políticamente”.

Siguiendo aún a Near: “Los campos de los kibbutzim eran quemados en las noches y sus miembros atacados cuando se dirigían o volvían del trabajo. La primera reacción fue confinar los asentamientos a áreas relativamente seguras. El avance en métodos de asentamiento se dio en diciembre de 1.936, como resultado de la iniciativa de un grupo del Movimiento Hashomer Hatzair en la Yishuv, que había empezado a cultivar una franja de tierra en el Valle de Beit She’an con la esperanza de construir rápidamente un kibbutz allí”.

Los asentamientos tendrán un rol militar de primera magnitud, de defensa del territorio y eventual expansión, siempre pensando en un futuro que se presentaba incierto, desde la perspectiva de llegar a la mesa de negociación - que más pronto o más tarde habría - en las mejores condiciones que fuese posible. Si el factor de entrada para crear un asentamiento era el de la viabilidad económica, en un momento delicado para el Yishuv el concepto de “asentamiento estratégico” pasaba al primer plano. La actividad de asentamiento se multiplica: entre 1.932 y 1.936 se establecen 66 nuevos; la media es más que significativa: más de uno al mes. El Fondo Nacional Judío pasa a ser la única agencia legitimada para comprar tierra desde mayo de 1.936, de modo que el precio caía y la propiedad se concentraba; en este marco, era más factible abordar políticas nacionales.

SISTEMA EDUCATIVO.

En la etapa en el la realidad del Kibbutz echa a andar, era usual que una de las madres se encargase de un grupo de niños, en las condiciones previamente acordadas y siempre desde la voluntariedad y partiendo de la liberación de las tareas agrícolas. Como toda realidad o hábito, siempre se llega a la institucionalización: el cuidado de los más pequeños era en sí misma una de las tareas de los asentamientos. Surgen así los conceptos de “grupo educacional” y de metapelet (trabajadora del cuidado de niños).

La visión emancipatoria de aquellos pioneros tenía en una nueva visión de la familia y en la igualdad entre géneros dos elementos a tener siempre presentes. El impulso (ideológico) en contra de la relación de dependencia hijos-padres plantea problemas (y desafíos) de calado, entre otros el llamado por Bruno Bettleheim “superego colectivo”. Los miembros vieron en el sistema denominado communal sleeping la concrección natural del postulado “los niños pertenecen a toda la comunidad y no solamente a los padres”; el mismo fue adoptado por todos los kibbutzim, a excepción de “Degania” y algunos kvutzot antiguos (hasta comienzos de los 60 del siglo pasado, continuaba siendo la regla en la vida de los kibbutzim).

Las primeras escuelas fueron puestas en marcha a comienzos de la década de los 20 como instituciones elementales, no llegando a haberlas “secundarias” hasta finales de los 40.

La educación en el marco kibbutziano combinaba un indisimulable espíritu cooperativo y socialista con concepciones progresistas (innovadoras) de la educación y las relaciones humanas, con fuerte influencia de los movimientos juveniles “alemanes” y la evidente adhesión al sionismo.

Referencia específica, dentro del análisis del sistema educativo, debe hacerse al llamado “método de temas”, nacido en Mishmar Haemek, referencia educativa del Kibbutz Artzi (en los años 30): se combinaban cuestiones - según nos ilustra Y. Dror en “Progressive Informal Education Interpreted by the Founders of Kibbutz Education in Eretz Israel (Palestine), 1918-1948” (2002) - como la ideología en las clases, asuntos como la cuestión judía del lenguaje de los números, ideas socialistas en la Biblia y renacimiento nacional, con actividades no formales, tales como viajes educativos, exhibiciones, fiestas y actividades de movimientos juveniles.

Los kibbutzim de Gedud Ha’avoda llegarían al liderazgo en materia de educación y cuidado de los niños, como en otros aspectos del desarrollo de la institución Kibbutziana.

En 1939, Mordechai Segal fundaría el primer kibbutz de entrenamiento de profesores en Tel Aviv, Kibbutz Teachers’ College. La escuela primaria y secundaria tomó lugar en la casa de niños del kibbutz: el currículo fue diseñado en círculos amplios en torno a estudios locales, y los niños eran integrados gradualmente a la vida cultural y económica de la sociedad del kibbutz como un todo.

El primer kibbutz de la organización Hashomer Hatzair sería Beit Alpha. El mismo, contaba con una decena de niños en edad escolar en el año 1.926. Su objetivo era aplicar los postulados de teóricos como John Dewey o Seigfried Barnfeld, en línea de una nueva clase de sistema en la educación, poniendo en primer plano la autoinstrucción y en la educación intelectual/social sobre el trabajo físico. El concepto de de hebrat yeladim (“comunidad de niños”) es una contribución que ha perdurado por décadas.

El mosad hinukhi (instituto educativo), innovación del Kibbutz Artzi (en los tiempos actuales un internado para chicos mayores de 12 años de un grupo de kibbutzim próximos), es aún la base del nivel educativo de la escuela preparatoria. La enseñanza se basaba en “proyectos”, cursando humanidades y ciencias como complementarias; los niños veían sus estudios orientados a materias relacionadas con su experiencia vital: la casa, el clima , la naturaleza, etc, y, a medida que crecían las materias iban estirándose abarcando la región, el país y el planeta, analizados en sus aspectos históricos, geográficos, socio-políticos, económicos, etc. De modo que se implicasen en los asuntos ciudadanos y se dotasen de criterio y capacidad de análisis de los entornos en que vivían.

En un libro de 1.973, "Los hijos del Kibutz", el autor Leopolodo Müller refleja la mentalidad, la visión del mundo y de la vida (la ideología profunda) que un día inspiró al kibbutz, en una obra centrada en la educación kibbutziana. Algunos párrafos son más que significativos; por ejemplo:

-        …. No hay repetidores. La enseñanza se imparte por el método de “proyectos” o “temas” en lugar de materias como ocurre en los colegios convencionales. En lugar de aritmética, geografía, historia, se dan temas como La comarca, Nuestros alimentos, El Kibutz, El transporte, Nuestros predecesores. Estos articulan bajo un tema central, nociones de geografía, historia, matemática, etcétera” (pp24-25).

-        …. Más aún: en ciertos kibutzim de la década de 1930 la “revolución sexual” alcanzó extremos delirantes y sus secuelas fueron una serie de normas que facilitaron esa revolución. El matrimonio legal y/o religioso fue suprimido. Cualquier pareja era legítima y bastaba comunicarlo al Secretario General del kibutz para “cambiar de cuarto”. Muchas parejas se hicieron y deshicieron con una facilidad asombrosa, de la noche a la mañana. Varones y mujeres pasaron alegremente varias veces por distintos cuartos y con distintas parejas. Quedaron “hijos del Kibutz” que lo eran de todos. Hay en algunos kibutzim hermanos de un solo padre y de dos o tres madres distintas. En otros kibutzim, y en plena euforia de la revolución sexual y la lucha por la igualdad de derechos para ambos sexos, fue decretada la “abolición de las diferencias” y se instaló la práctica de duchas colectivas para ambos sexos. Era la época en que las modestias viviendas, carpas o chozas carecían de instalaciones para baños, siendo éstos colectivos. En varios kibutzim de la época, los baños comunes fueron la norma durante mucho tiempo, racionalmente defendidos como lucha contra una moral prejuiciada de la sociedad burguesa ….” (p. 88).

-        La enseñanza universitaria es cara y larga. El estudiante abandonará quizá de 3 a 6 años el kibutz, se trasladará a la ciudad y vivirá allí en un marco totalmente diferente debiendo ser mantenido por el Kibutz. ¿Querrá volver luego al Kibutz?¿Con quién vivirá?¿Y si llegara a formar pareja con alguien no kibutziano? La vida ciudadana ¿no le atraerá con oportunidades que el Kibutz no puede ofrecer? Además: ¿qué carrera elegirá: medicina, odontología, ciencias humanísticas, ingeniería, arquitectura? ¿Podrá volver luego que se reciba, supongamos a los 28 o 30 años, en el kibutz y ser empleado en su especialidad en su mismo kibutz o tendrá qur residir y trabajar en la ciudad y sólo retornará ocasionalmente al kibutz? ….” (pp. 99-100).

UNA “EXPERIENCIA  TOTAL”, PARTIENDO DE LOS ORÍGENES. ALGUNAS IDEAS DE UN ARTÍCULO DE CLAUDIO VERCELLI.

En la revista judeo-italiana JOIMAG, el historiador italiano Claudio Vercelli reflexionaba de una manera muy interesante sobre la institución israelí del “Kibbutz”, haciendo un repaso histórico de su evolución desde las concepciones iniciales a las más evolucionadas. El artículo fue publicado el 10 de mayo de 2020 bajo el título “Il Kibbutz come esperienza totale: le origini e l’evoluzione”. Al texto original, en italiano, publicado el 10 de mayo de 2020, puede accederse en el siguiente enlace: https://www.joimag.it/10631-2/?fbclid=IwAR1vH8XEe3Xd_zhiZW92B-fcb7eXVL3QtnTXsElVgYPOT6hk93zf4qQpC3Q

Algunas ideas nos resultan especialmente relevantes:

1) Más que un criterio de organización social, pareció (el del Kibbutz) un modo de entender la vida y las relaciones sociales. Recordando que kibbuz significa “Asamblea”, unión consciente para compartir recíprocamente responsabilidades, con una idea de comunidad que gira en torno a la “voluntad”, pertenencia decidida.

2) El kibbutz fue, indudablemente, imprescindible para la existencia “nacional” previa a la creación del Estado. Le dio cuerpo al “nuevo judío”, el que iba a crear el Estado, un ciudadano concreto entregado al “hacer”

3) La idea de relación con la tierra es esencial en el proyecto sionista, y la realidad del kibbutz la concretó. Una nación de migrantes tenía que sostenerse sobre proyectos colectivos. Y la expresión clave era aquella de “trabajo judío” en asentamientos con la suficiente auntonomía como para practicar la autodefensa al tiempo que se promovían las relaciones sociales entre los miembros. Fundamento ideológico de la mayor relevancia era suministrado por el sionista socialista Ber Borochov, que veía en la “no proletarización” de los judíos la razón de su “estar fuera” de las formas organizativas derivadas de la economía industrial; sólo la existencia de un proletariado judío podría sustentar la existencia de un Estado de los judíos.

4) El Kibbutz se convirtió en el símbolo por excelencia de una época, siendo la misma previa a la formación del Estado de Israel. Originariamente no eran estructuras permanentes, sino pequeñas unidades productivas de entre 30 y 40 personas: los “Kvutzot” (“grupos”), asentándose básicamente en el entorno rural y centrándose en la producción agraria. Aquí trae el nombre de uno de los grandes referentes del sionismo laborista: Aaron David Gordon. El asentamiento de referencia era “Degania”, fundado junto al lago Tiberíades en la primera década del XX.

5) El primer kibbutz propiamente dicho se fundó en 1.921 en Ein Harod. Las actividades industriales y de servicios vinieron a añadirse a las agrícolas.

6) Una profunda y radical idea de democracia (y asamblearismo) impregnó la vida kibbutziana; cada miembro podía y debía participar en la toma de decisiones.

7) El kibbutz enseguida se convirtió en una punta de lanza del proceso pionero de adquisición y colonización del territorio (partiendo de Galilea).

8) Un elemento central del significado de la institución es su función defensiva, Acuartelamiento provisorio en espera de ser sustituido por un asentamiento estable de civiles. El término “Nahal” alude justamente (es el acrónimo de) a Noar Halutzi Lohem (“joven pionero combatiente”). Un “nuevo israelí” a la vez soldado y agricultor.

A los Halutzim (“pioneros”) se sumaban los Shomrim (los “guardianes”), y frecuentemente en la misma persona se daban las condiciones de pionero y guardián. Después de estos primeros elementos ligados a la autodefensa nacerían los Hashomer (“la guardia”), entre 1909 y 1920, el Irgun haHaganah (la “organización de defensa”) y después la Haganah – embrión de las futuras fuerzas armadas israelíes -.

9) Organizaciones políticas juveniles como el Tze’irei Zion (“Juventud de Sión”) y Hashomer Hatzair (“Joven guardia”), jugaron un papel de primer orden en la creación y consolidación de la institución kibbutziana, siempre desde una visión pionera. Era 1.936 cuando el Hashomer constituye su primer kibbutz autónomo. Organización cuyos miembros formaron parte de unidades combatientes en la II Guerra mundial, ya fuera en el Ejército Rojo o en la Resistencia de diversos países. Posteriormente desarrollaría un importante trabajo en pro de la inmigración ilegal hacia Eretz Israel.

10) La influencia, obvia, de las ideas socialistas, iba acompañada de una hegemonía del marxismo.

11) Un rasgo común que servía de elemento de unión era un “rechazo generacional hacia todo lo que era concebido como arcaico y anacrónico, en tanto símbolo de subalternidad y sumisión a las condiciones dadas”. Una realidad que vivía o se sostenía “entre idealismo voluntarista y realismo operativo”.

EL "NUEVO KIBBUTZ". UNA VISIÓN DESDE DENTRO.

Israel de Benedetti, habitante del Kibbutz “Ruchama”, nos aporta su visión en un interesante arículo publicado en la web HAKEILAH (del Grupo de estudios de la comunidad judía de Torino), y que puede leerse en su formato original en el siguiente enlace: https://www.hakeillah.com/5_17_09.htm

En los años sesenta-setenta, el Kibbutz estaba muy de moda: en Israel motivo de orgullo, en el mundo un polo de curiosidad y de atracción. Hoy, en un mundo de atentados, terremotos, tragedias del clima y renacimiento de nacionalismos derechosos, no se habla del kibbutz, ni se escribe ya: ya no está de moda”.

Pero en la actualidad, nos dice, los kibbutzim y los moshavim son en buena medida espacios de frontera (sea con Gaza o en Galilea) que representan la primera línea de defensa del país. Los define como  la franja más consciente de la producción agrícola” frente al gobierno 8entonces) rderechista de Netanyahu que deja caer la agricultura del país.

Si bien es cierto que “ …. el Kibbutz de hoy es bien diferente del de ayer: sobre 250 kibbutzim, sólo una treintena respetan los principios originales del comunismo total”. Kibbutzim en general económicamente fuertes y que ofrecen un elevado nivel de vida, todos han sufrido, más o menos, un proceso de privatización, pero siempre conjugando la autonomía individual con la comunidad como garantía de recibir determinados servicios.

Resultado de este proceso de merma de la hegemonía colectivista se plasma en esta observación: “Obviamente, cuanto más grande es la tasa pagada, más servicios se dan, y viceversa. Por ejemplo, en muchos kibbutzim privatizados, la comunidad continúa proporcionando la asistencia médica gratuita la todos los miembros gracias a una tasa mensual más alta, y en otros kibbutzim la tasa es menor y menor es la asistencia médica que afronta la comunidad”. Aunque la garantía social es relevante: “En todos los kibbutzim, privatizados o no, la comunidad asegura una pensión que completa la gobernativa pagada por la Aseguración Nacional (“Bituach leumì”). El valor de la pensión parte de un mínimo conforme al salario mínimo mensual hasta pensiones bien más altas en función de las posibilidades financieras del kibbutz”. Si bien las cosas eran dieferentes en el viejo kibbutz:En los tiempos del viejo kibbutz, se consideraba inútil invertir en fondos para pensiones, dado que el kibbutz habría continuado dándole a todos asistencia completa por otros 1000 años”.

El autor, que publicó en 2.000 un libro cuyo título parece conducir al pesimismo (“I sogni no passano in eredità”), afirma que desde 2.010 la realidad ha cambiado  y los kibbutzim tiene listas de espera para quien quiere enfrentar esta forma de vida. “En parte son hijos nacidos en kibbutz que en su tiempo lo dejaron”, nos dice De Benedetti. Lo esperanzador, nos dice, es que suele tratarse de personas de entre 30 y 40 años y con hijos. ¿Qué hace atractivo el Kibbutz a las nuevas generaciones?. El autor apunta tres elementos: aire privado de humo, el sistema educativo y la asistencia médica.

Con un sistema escolar y de cuidados a la infancia realmente amplio, además en cada kibbutz existe una enfermería – en algunos casos kibutzim próximos crearon una en común -, con visitar regulares de dentistas y médicos.

Retomando el título de su libro, el autor acaba con estas esperanzadoras palabras: “Para concluir, los sueños no pasan en herencia, pero ciertamente que cada generación puede intentar realizar sus propios sueños, aunque sean diferentes a los de la generación precedente".

Movimiento Kibbutziano religioso.

Un total de 19 Kibbutzim (que agrupan a unas 10.000 personas) existen actualmente en Israel, dedicados fundamentalmente a las activides agropecuarias, la pequeña industria y el turismo.

La historia viene de muchas décadas atrás; debemos remontarnos a antes de la II guerra mundial y, por supuesto, a la fundación del Estado de Israel. Movimientos como Tzeirei Hamizrahi, Hapoel Hamizrahi o Berith Jalutzim Datiim existían ya, implementando el funcionamiento de diversos kibbutzim cuando en 1.938 se logró formar la agrupación Hakibbutz Hadatí. Con anterioridad, en 1.935, se había celebrado el VII Congreso de Hapoel Hamizrahi, conformándose “Grupos de Unión Hapoel Hamizrahi”.

Azotado por la Guerra de Independencia de 1.948, el movimiento sufre duros golpes en la zona de Gutz Etzion, en la que son destruidos los 3 kibbutzim pertenecientes al mismo, aunque serían reconstruidos dentro de las fronteras israelíes tras la tregua de 1.949.

Actualmente existen 19 kibbutzim religiosos: Beerot Itzjak, Yavne, Bnei Darom, Beith Rimon, Massoot Itzjak, Ein Tzurim, Tirat Zvi, Ein Hanatziv, Sde Eliyahu, Sheluchot, Lavi, Nir Etzion, Meirav, Maale Guiboa, Saad, Alumim, Kfar Etzion, Migdal Oz y Rosh Tzurim.

HAPOEL MAMIZRAHI

Creado en 1922 en la ciudad de Jerusalém, en Pésaj, bajo el lema (sionista) “Torah va’Avodah” tiene como uno de sus objetivos fundamentales apoyar la creación de kibbutzim y moshavim religiosos. Su nombre deriva del acrónimo Mizhrai (centro religioso).

La organización está próxima a la referencia sionista religiosa que representaba el Mizrahi. Sus miembros compartían en general aquella ideas de sionismo religioso, pero incorporando ideas procedentes del ala de izquierda del sionismo. Colabora con otras organizaciones sionistas, como Hahaloutz Hamizrahi y Bnei Akiva.

Entre sus metas estaba crear asentamientos en toda la Tierra de Israel; ello además de los proyectos educativos, económicos y sociales. Es protagonista de muchos emprendimientos: creación de fondos de ayuda, centros de estudio, centros sociales para pioneros, etc. En el año 2.006 subsistían en Israel seis kibbutzim religiosos procedentes de aquella organización.

En cuanto partido político, y hablando de los momentos iniciales de Israel como Estado independiente, concurrió a las elecciones legislativas de 1949 en una lista conjunta de la que también formaban parte Poalei Agudat Yisrael y Agudat Yisrael. El grupo o coalición alcanzó un total de 16 asientos en la Cámara, estando adscritos, de entre ellos, un total de 7 a Hapoel MaMiizrachi, conviertiéndose en la tercera fuerza política del país, sólo superada por MAPAI y MAPAM. Convocado para participar en un Gobierno de coalición comandado por David Ben Gurion, asume su representante -Haim Moshe Shapira- los Ministerios de asuntos internos, de salud y el Departamento de Inmigración en este primer gobierno israelí.

La unión, en 1956, de Mizrahi y Hapoel Mizrahi, daría origen al partido político denominado MAFDAL, que ha participado en numerosísimos gobiernos de Israel.

SIONISMO RELIGIOSO

Shlomo Ben-Ami, en su libro "ISRAEL, entre la guerra y la paz", manifiesta que la ortodoxia religiosa (judía) sempe rechazó el Estado de Israel, un apartarse de la voluntad divina construido por socialistas y ateos. Aquellos hijos de la izquierda revolucionaria rusa consideraban la religión enemiga del progreso y querían crear el "hombre nuevo", el homo novus israelí. León Uris, dice Ben-Ami "captó con gran lucidez el prototipo desde nuevo hombre en su novela Éxodo". El pueblo judío, para aquella ortodoxia, "nunca necesitó de un estado para definirse como el pueblo de Dios; su marco de referencia e identidad no es el territorio, sino las Escrituras" (Shlomo Ben-Ami: "ISRAEL, entre la guerra y la paz", Ediciones B, p. 63).

La influencia de rabinos como Mohilewer, Guttmacher o Kalisher, en cuyo pensamiento se conjugan nacionalismo y religión judía, así como el Triángulo Pueblo-Ley-Tierra, con su sionismo religioso, viene a entroncar con la historia judía desde milenios atrás. “Reino de sacerdotes” y “nación santa”: he ahí la meta.

El sionismo religioso se ha popularizado con la denominación Mizraji (de Merkaz Rujaní, “centro espiritual”). El rabino Mohilewer de Bialystok fue el primero en usar la denominación al postular el asentamiento de población judía en Eretz Israel, particularmente en el seno del judaísmo ortodoxo.

Al irrumpir como realidad el “sionismo político”, en el marco del judaismo ortodoxo no había unanimidad en cuanto a la aceptación del nuevo proyecto (político). En la Europa Oriental las actitudes eran en muy buena medida de recelo, queriendo en todo caso circunscribir el sionismo a lo “político”, pero con desconfianza para su irrupción en lo “cultural”.

El Primer Congreso Mundial de Mizraji (1.904) redacta un programa en el que se marcan pautas básicas: “cuidado de los preceptos de la Torá y regreso a Eretz Israel”. El lema para sus actividades divulgativas marca con claridad los pilares del movimiento y las prioridades: “el Pueblo de Israel, la Torá y Sión”. En 1.911 se celebra el VIII Congreso Sionista: en el mismo algunos miembros de Mizraji abandonan la organización sionista para impulsar el ortodoxo Agudat Israel; los escindidos no asumían la decisión de incluir las actividades culturales y educativas entre las tareas del movimiento sionista.

Un papel fundamental lo desempeñaría el rabino Abraham I. Kuk, que liga el traslado a Ertez Israel con los “comienzos de la redención” (Atjalta deGeulá)”. Torá vaAvoda (“Torah y trabajo”) es el gran mensaje de “Hapoel Hamizraji”, organización empeñada en la colonización religiosa de la tierra israelí en el contexto del sionismo religioso, que ponía en las tareas educativas pilar fundamental de su misión.

Hay un cierto tipo de educador que se encuentra particularmente en Israel, y sobre todo en el pasado en los kibbutzim. Mientras enseñan, su autoridad moral se deriva menos de las credenciales oficiales, si es que tienen alguna, como de su vida y ejemplo en sus comunidades. Sus ideas surgen de la participación cotidiana y del aprendizaje permanente, en una clásica dialéctica sionista de la autorrealización individual y del compromiso con el conjunto. Los mejores de entre ellos viven y enseñan una mezcla fascinante de pasión moral y moderación política, una síntesis de convicción ideológica y de elevado humanismo. Uno de los más grandes de estos educadores, el último pensador importante del movimiento religioso del kibbutz, y tal vez uno de los más moderados dentro del sionismo religioso, falleció la semana pasada, dejándonos a muchos de nosotros con un sentimiento de orfandad”. Son palabras literales de …. en el artículo titulado “…..” y publicado en ….

Nos habla de Yosef Achituv, en quien bien podemos ver todo un paradigma, por su vida y pensamiento, del sionismo religioso y de asunción de un modo de vida en común, pues vivió prácticamente toda su vida en el Kibbutz Ein Tzurim, en el sur del país, en las proximidades de Ashkelon.


Fundada en la época de entreguerras, kibbutz Ha-Dati supone el ensamblaje de muchas y diversas ideas, tal como se menciona en el citado artículo:
el pathos moral de la neo-ortodoxia del alemán Samson Rafael Hirsch , el existencialismo ferviente de jasidismo polaco con el sello del Partido de los Trabajadores Religiosos, el Ha-Ha po’el Mizrachi y, más tarde, (en la persona del importante pensador Eliezer Goldman) una mezcla del racionalismo de Maimónides y del pragmatismo al estilo americano, todo fermentado con una saludable desconfianza hacia la autoridad.

Movimientos como ESDRAS (cuyo nombre completo es “Movimiento Nacional de la Juventud Esdras Torani en Israel”), fundado en Alemania en 1.919 por un grupo de estudiantes religiosos, son expresivos de la realidad de los movimientos juveniles adheridos al sinismo religioso que participaron del espíritu (y del ejercicio práctico) pionero, pues fundó diversos Kibbutzim en Eretz Israel, como el Jafetz Jaim y el Issodot. Su nombre supone una rememoración del Profeta de dicho nombre.

Moshavim.

Es el plural del término hebreo Moshav (מושב): asentamiento, pequeño pueblo. Se trata de un tipo de comunidad (cooperativa) agrícola constituida por diversos factorías, y creada por los sionistas socialistas en el marco de la segunda aliyah. Su residente, el miembro del moshav, es denominado moshavnik (מוֹשַׁבְנִיק).

El Moshav como institución nace en el Valle de Jezreel; el primero (fundado el 11 de septiembre de 1.921) fue denominado “Nadahal”. Seis décadas y media despues -en 1986- permanecían en pie 448 moshavim, en los que residían más de 150.000 israelíes.

En tanto el kibbutz ha sido tradicionalmente una institución de clara ascendencia entre aquellos judíos de origen askenazí, no sucedía así en el moshav, menos dado a la experimentación social “alternativa”, atrayendo a inmigrantes de la órbita “Mizrahi”. Los llamados “Moshav de los inmigrantes” - los Moshav Olim fueron un molde muy adecuado para la absorción de los judíos orientales que hacían aliyah.

Desde la “Guerra de los 6 días” (1.967), y al igual que los kibbutzim, paulatinamente han recurrido más a la fuerza de trabajo externa, entre ella la árabe. También cada vez con más frecuencia sus residentes trabajaban fuera del moshav, en empleos externos. La problemática financiera de los 80 del siglo pasado que habíamos visto respecto a los kibbutz tuvo también su correlato en la institución moshav. Pero ha resistido, sin sufrir la crisis de prestigio e influencia que el kibbutz.

El moshav se asemeja al Kibbutz, pero en el mismo se hace un particular hincapié en el trabajo común. Las explotaciones o factorías suelen ser de propiedad individual - a diferencia de los que sucede en el kibbuz -, pero su extensión está predeterminada y es igual la de todas ellas. La comunidad recibe apoyo –financiación - con una tasa o impuesto especial (Mas Va´ad), de igual cuantía para todas las familias residentes. El gobierno de la comunidad es ejercido por un Consejo electivo denominado Va ´ad.

De las diversas clases de moshavim existentes, los más habituales son:

-el Moshav ovdim ( מושב עובדים) o “Moshav de los trabajadores”, caracterizado por la adquisición colectiva de suministros y también la comercialización colectiva de la producción, pero permaneciendo la familia como unidad básica de producción y consumo;

-el Moshav shitufi ( מושב שיתופי) o “Moshav colectivo” -caracterizado por tratarse de un asentamiento de pequeños propietarios en el que se conjugan las características económicas del Kibbutz y los rasgos sociales del Moshav. Las tareas son desarrolladas colectivamente y los beneficios se dividen en partes iguales. La tierra, a diferencia de lo que ocurre en los ovdim, no es asignada a las familias o a los individuos, sino que es trabajada colectivamente.

C) CONCLUSIONES.

Regresemos al texto (de Éxodo: 1-5) con que encabezábamos este trabajo.

En él se nos muestra la necesidad de ejecutar un sacrificio y hacerlo colectivamente, antes de salir de Egipto, antes de huir de la esclavitud. ¿Por qué justo en este momento, en esta situación en que la prisa parecería requerir dejar para mejor momento la consumación de aquel sacrificio.

Los años de esclavitud, con una vida desarrollada en medio de gentes que profesaban creencias paganas, seguramente había dejado su huella en el pueblo hebreo; este debía, entonces, como Pueblo cooperar y trabajar en común por su salvación. Alcanzar una conciencia colectiva que acompañase la acción de D-s para liberarlos de la esclavitud, del trabajo físico embrutecedor.

Pesaj como celebración, y el nacimiento de Israel como nación, están aquí presentes. Cada judío, individualmente, debe retrotaerse a las páginas en las que colectivamente el Pueblo escribía su historia.

La Ley se dirige al hombre que posee sentido de pertenencia, que se sabe miembro de una colectividad, que es una parte de una comunidad, no al hombre como una entidad comprensible en su soledad. La participación en la idea de opresión y sufrimiento y en el anhelo de libertad nos lleva a un “yo” que sólo cabe dentro de un “nosotros”. “Tu Pueblo será mi Pueblo” se dice en el célebre pasaje del Libro de Ruth entes de decir “tu D-s será mi D-s”.

Il kibbutz non è morto, si è solo trasformato” (“El Kibbutz no está muerto, solamente se ha transformado”), titula uno de sus artículos la profesora de la Universidad La sapienza de Roma, Donatella di Cesare, autora de obras de temática judía tan sugerentes como “La giustizia deve essere in questo mondo”, “Grammatica dei tempi mesianici” o “Israele. Terra, ritorno, anarchia”.

El fin de un modelo comunitario y socialista ha puesto en crisis los valores del colectivismo. Pero el Kibbutz ha sabido ir más allá y vive también en la era del capitalismo”, comienza diciéndonos.

Tras definir al Kibbutz como “la más bella realización del sionismo”, cita las razones por las que hasta hace poco se pensaba que se trataba de una realidad en vías de extinción; el exasperado individualismo, la imposición por el capitalismo de la “ética de la contabilidad” también en la sociedad israelí; la hegemonía progresiva de una suerte de liberalismo occidentalista en la sociedad israelí. Lo que llevaría a muchos a sostener que Israel es un Estado “normal”, democrático y liberal como tantos otros.

Alude a un aspecto fuertemente interrelacionado con el comunitarismo y la identidad de Israel, una reflexión sobre el sentido del sionismo y la nueva realidad -más formulada que desarrollada- del llamado post-sionismo. Considera a este como “el intento, por otra parte muy difuso, sea en la Academia (piénsese en los llamados “nuevos historiadores”), sea entre vastos estratos de la población, de decretar el fin del sionismo que, una vez alcanzada la meta, la fundación del Estado de Israel, ya no tendría más propósito”. La era post-sionista vendría marcada por la exigencia de una “nueva identidad”, una identidad que “liberase” del pasado. Fundado sobre los derechos inalienables del invividuo y de conceptos como la “realización personal” entre sus ciudadanos, el Estado de Israel acabaría por homologarse, por convertirse en un “Estado normal”.

Se pregunta la autora, justamente buscando un anclaje entre esta concepción y las ideas originarias (en pregunta retórica, cuestionadora?: “Por otra parte, ¿no era este el sueño de Herzl?”. Y aclara, desarrolla: “Aquel de fundar un Estado “moderno”, el más moderno de todos”. Tras destacar dos referentes comunitarios del sionismo - el kibbutz y el Tzahal, el Ejército - se lamenta de que muchos kibbutzim hayan modificado (en un sentido privatizador) su estructura y el riesgo de que se conviertan en un residuo del pasado, una anomalía que permanece como recuerdo, como vestigio.

Pero llegados a este punto, la autora pasa a reivindicar con ímpetu y pasión el vigor, el significado (y la vigencia) de la institución: son justamente los kibbutzim que más se han atenido a la concepción original los que mejor se han sustraído a la crisis económica de los últimos años; “la respuesta que representan es, evidentemente, no solo económica, sino también política y ética”, afirma. He aquí la importancia y la vigencia de los valores, el centro de un debate que evita simplificaciones y ponga luz sobre la razón de ser de las cosas, más allá de lo inmediato, del momento: “ Está aquí la actualidad del kibbutz, que debe ser reevaluado a la luz de un replanteamiento general del sionismo”. Y es que la normalización que pedía la “nueva identidad israelí” (refractaria a la “especificidad judía”) viene a suponer el éxito del sionismo político. “Los filósofos hebreos del Novecento, de Martin Buber a Gershom Scholem, de Hannah Arendt a Emmanuel Lévinas, lo habían comprendido con claridad. Y por eso habían subrayado que el Estado debería ser el camino, no la meta”, de modo que “se habían reconocido en aquella corriente, minoritaria pero intensa, del “sionismo cultural” que veía en el retorno a Sión el anuncio de un nuevo orden del mundo”.

Di Cesare estima que no es posiblre retornar a un tiempo anterior a la modernidad; más bien se trataría de un más allá del sionismo que recupere y relance el significado profundo del retorno: “El pueblo hebreo ha hecho el retorno a Eretz Israel para santificar la tierra construyendo una sociedad justa”. En este contexto “Los kibbutzim permanecen como el modelo ejemplar de comunidades autónomas y autogestionadas capaces de sostener modos de vida que puedan desarrollarse en el compartir, en la responsabilidad, en el diálogo”. Su proyecto originario no es en realidad un retorno ruralista, sino como una “superación de la metrópoli”, los modos de vida caracterizados por la atomización y la conflictividad, en busca de “una tercera forma de vida comunitaria que emergiese no solo de una nueva organización del trabajo, sino también de una mutación interna de las relaciones humanas”. Aquel “no-naufragio” al que Martin Buber aludiera permanece como punto de referencia en la era de la globalización, en la que - en el criterio de Di Cesare - una “federación descentralizada de comunidades” parece la única alternativa frente a esa especie de “Estado mundial” que se prefigura.

¿UTOPÍAS INCUMPLIDAS? TAL VEZ INCONCLUSAS. O EN TODO CASO LIMITADAS. NO FIASCO, NO-FRACASO.

En “El kibbutz como experiencia comunitarista: relaciones básicas y limitaciones” , de autoría de Alfonso Carlos Morales Gutiérrez”, en un epígrafe titulado “La utopía incumplida”, el autor pone sobre la mesa lo que considera “desequilibrios” al hacer una valoración sobre la institución del kibbutz: 1) La utopía de inexistencia de diferencias sociales entre sus miembros no puede extrapolarse al movimiento kibutzim en general - nivel externo - ni de diversos status informales - a nivel interno -, no exitiendo un mecanismo regulador de las diferencias sociales que actúe a nivel global, limitándose el régimen igualitario “a cada kibbutz”; 2) La radicalidad en la aplicación de la “democracia directa” tiende a debilitarse (aunque el autor reconoce la existencia de una elevadísima participación, se aen asambleas o en comités, la misma disminuye a medida que aumenta la complejidad o carácter “técnico” de los temas a tratar); 3) El proyecto igualitario parece resquebrajarse a nivel de género; 4) La comunidad-kibbutz disminuye a favor de la comunidad familiar, pues “la vida familiar reclama ahora un mayor protagonismo en relación a la vida colectiva necesariamente postergada en épocas de mayor escasez en el que todos los elementos debían subordinarse a favor del desarrollo material del kibbutz”, a la par que “Tampoco es ajena a esta tendencia la presión ejercida por la sociedad circundante: el kibbutz no puede ser ajeno a los valores consumistas propios de una economía de mercado imperantes en la sociedad israelí”, y en un marco histórico en el que las tendencias individualistas están imponiéndose; 5) Los mecanismos internos de mercado se imponen en detrimento de la asignación centralizada. Desde sus comienzos, nos dioce el autor “los kibbutz han vendido productos en el mercado israelí”, al mismo tiempo que “también proceden del mercado la mayoría de las mercancías y algunos servicios utilizados en la comunidad del kibbutz”, siendo una realidad que “La tendencia a instaurar mecanismos liberalizadores en la vida de los kibbutz —hasta plantearla como alternativa inevitable— se ha visto agudizada a partir de la crisis que aconteció al movimiento kibbutzim en 1.985”.

¿Es cumplible la utopía? ¿O no será, más bien, un permanente caminar? Un caminar en el que encontramos nuestros límites y la cotidianeidad nos enfrenta al espejo de lo posible. A veces lo posible no es poco. Las limitaciones del kibbutz (existentes, sin duda) se han revelado reducidas en comparación con las grandes narrativas que han devenido fiasco, decepción, colapso …. en el Siglo XX, aquellos “tiempos de oscuridad” que veía o intuía Hanna Arendt.

KIBBUTZ GALUYOT.

Colección (recolección, si se prefiere) de las diásporas. Así, en plural. Eso es, en muy buena medida, Israel.

Aliá, una hermosa palabra hebrea. Subir, volver a la patria, regresar a la Tierra.

Cada judío tendrá su diáspora grupal … pero también la personal de esa patria que son los recuerdos. De la infancia. De las tierras que uno ha pisado. De la sensación de ser “extranjero en Tierra de Egipto”, como las escrituras decían. O no. Parece que los humanos tenemos capacidad de dotarnos de más de una identidad. Palabra seguramente polémica, polisémica, compleja, acaso inabordable: identidad.

El sionismo previó y el sionismo proveyó. “Prever para proveer” decía aquel Santo (del cristianismo) de Aquino. Agrupar a los judíos (que quisiesen agruparse) en una tierra, en aquella tierra, Eretz Israel: todo un desafío.

La realidad siempre es paradójica. Quizá la paradoja sea la norma, no la excepción. En el país de los judí@s lo que existe ahora - por lo que a la población hebrea respecta - es sefardíes y askenazíes, etíopes y yemeníes …. húngaros,  rusos, polacos, latinoamericanos, ….

Kibbutz Galuyot, decíamos, coleccción de las diásporas. Recolección de las diásporas. Alemanes, polacos, rusos, yemenitas, ingleses, europeos occidentales y orientales, marroquíes, tripolinos, iraníes, iraquíes, sudamericanos, hiindúes, etíopes, ex-soviéticos y norteamericanos. Son las procedencias a las que alude Daniela Fubini en “La terra cui tornare”, publicado en la revista italiana de geopolítica LIMES:

http://www.limesonline.com/cartaceo/la-terra-cui-tornare?prv=true

Expresión en micro de lo que Israel es. “Profundizar simplemente en las procedencias de los grupos grandes y pequeños que han aterrizado en Israel no basta para expresar la inmensa variedad cultural y lingúística de esta sociedad”, en un Estado que cuenta con poco más de ocho millones de personas. Es lo que la autora nos dice.

Una sociedad - y esto es una particularidad que hace necesariamente de Israel un país diferente - “casi enteramente fruto de oleadas migratorias que han acompañado y producido el desarrollo desde fines del Ottocento a nuestros días”, continuamos leyendo.

Y es que dichas oleadas son de una “extrema variedad”. Variedad en cuanto a la procedencia geográfica, pero también sociológicamente, culturalmente, ideológicamente. Cada una comporta sus problemas. También, sin duda, sus oportunidades.

Galuyot, pues, como metáfora. Un mapamundi en una colectividad auto-colectivizada, en esa experiencia única, genuina y admirable que el Kiibutz es.

Por lo demás, sabemos que la demografía es un arma. Cargada de futuro, como Gabriel Celaya decía de la poesía. Y en Israel, hay más población que la judía. En un discurso pronunciado por el presidente israelí, Reuver Rivlin, en la XV Conferencia anual de Herzliya el 7-6-2.015, exponía que “La sociedad israelí está atravesando una profunda transformación. No es un cambio de bajo calado: es una transformación que redefinirá nuestra propia identidad de israelíes y cambiará estructuralmente el modo en que nos concebimos a nosotros mismos y nuestra nación. No existe modo de escapar de este cambio: eso podrá suscitar en algunos de nosotros un sentido de nostalgia por el viejo y amado Israel, pero aquel sentido de comunidad forjado sentados alrededor de una imaginaria hoguera, no volverá”.

Las palabras son significativas. Pensadas, se supone. Sentidas, seguramente. Dirigidas a la reflexión, es esperable.

Una comparación (entre 1.990 y la previsión para 2.018) en los porcentajes de estudiantes en escuelas árabes, escuelas “independientes” (haredí), escuelas estatales religiosas y escuelas laicas, es más que expresiva de un nuevo paisaje sociológico. Tal puede verse en los gráficos publicados en “Le quattro tribú di Israele”, trabajo aparecido también en LIMES (el 5-11-2.015), cuyo enlace es el siguiente: http://www.limesonline.com/cartaceo/le-quattro-tribu-di-israele?prv=true

d)      CONSIDERACIONES FINALES.

La pregunta que subyace tras las tendencias anteriores es clara: ¿hasta qué punto el kibbutz, o cualquier forma de organización discordante con la sociedad que le rodea, es capaz de mantener intactas sus características diferenciales? La vida comunitaria del kibbutz, en la que la “opinión colectiva” (decision colectiva) actúa como principal elemento regulador de la conducta social, no es diferente a las tendencias que se manifiestan en la sociedad que le rodea.

Su gran aportación comunitarista reside en la demostración de que una sociedad fundamentalmente igualitaria, puede constituir la base de una actividad económica avanzada y rentable en un mercado competitivo, así como influir decisivamente sobre su entorno social (en este caso, el conjunto del Estado de Israel). El kibbutz no resuelve todas las contradicciones: las plantea a un nivel cualitativamente diferente.

Aquel no-naufragio del que hablaba Buber al aludir al Kibbutz ya es, en cierto modo un éxito.

Asumir formas de vida colectivas, cooperativas comunitarios (también con sus limitaciones, fracasos y quizá, en algún caso, excesos) ha sido,sin duda determinante en e lmoderno Israel, aquel que se configuro como un Estado “entre las naciones”, pero - lo que es más importante -sobre todo en elcamino para hacer realidad el sueño sionista que podría llevar el rótulo del libro de Herzl: “El Estado judío”. ¿Habría posible llegar a esa meta sin recorrer esos caminos? La respuesta es imposible de concretar. Digamos que almenos sería difícil. El éxito del objetivo quizá demuestre que aquellos pioneros hicieron (fundamentalmente) las cosas como debían para alcanzar aquella meta tan complicada.

Un Pueblo no es necesariamente una abstracción, una entidad accesible desde la mística, la idealización o una suerte de ascetismo romántico. Una forma elemental de tomar cuerpo es que gentes concretas se agrupen para fundar algo, que las personas (ejerciendo su libertad y responsabilidad) asuman su paricipación constituyente.

Los modos devida colectivos, en los albores de la creación del Estado, y desde unas décadas antes - con el nacimiento del sionismo en primer lugar, y después en las sucesivas aliyot - posibilitaron la instalación de personas en territorios difíciles (primero bajo domonio otomano, despés británico), permitieron la creación de una economía al menos viable, facilitaron la cohesión social y la configuración de una sociedad asentada sobre la justicia como elemento fundamental, fueron medio (y modo) de vida para numerosísimas personas, contribuyeron decisivamente a la defensa del territorio y de las personas (un auténtico guardián) y formó parte indiscutiblemente del esqueleto del nuevo Estado. Todo ello además desde diversas perspectivas (ideológicas y de relación con el fenómeno religioso).

Indiscutiblemente, elemento configurador de primer orden del moderno Israel.

 

 

 

 

e) APÉNDICES: ALGUNAS EXPERIENCIAS DE VIVENCIA “COLECTIVISTA”.

 

(1).    La experiencia iniciática de unos jóvenes catalanes en los kibbutz

Publicado en la web EL TEMPS el 25-1-2.021. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí:

https://www.eltemps.cat/article/12566/lexperiencia-iniciatica-duns-joves-catalans-als-kibbutz

Entre las décadas de 1.960 y 1.970, un buen puñado de jóvenes catalanes marcharon como voluntarios a los kibbutz, comunas agrícolas israelíes de inspiración socialista y sionista. Albert Abril cuenta la historia en el documental “Generació Kibbutz”, que se estrena esta semana en el Canal 33.

XAVIER ALIAGA.

Resulta llamativo. Pero el periodista y cineasta Albert Abril (Barcelona, 1.947), corresponsal de guerra y enviado especial para cubrir procesos electorales en medio mundo, entre muchas más cosas, tenía una espina clavada: no haber marchado, como decenas de jóvenes catalanes, como voluntario para trabajar una temporada en uno de los célebres kibbutz, las comunas agrícolas de inspiración socialista y sionista que tendrían un papel decisivo en la creación del Estado de Israel.

A finales de la década de 1.960, cuando Abril dejaba atrás la adolescencia, las estancias de jóvenes catalanes en estas comunas “era un fenómeno muy extendido”. El futuro periodista va plantearse hacerse voluntario, como pasaba con gente de su entorno, pero el viaje no va a poder materializarse. Pronto, sin embargo, va poder alimentar el espíritu de aventura: en 1972 arrancaba su periplo profesional haciendo de enviado especial en la guerra de Vietnam para  Tele/eXpres, primera estación de un largo periplo por Camboya, Mozambique, Irlanda del Norte o el Medio Oriente, donde va hacer reportajes sobre la OLP de Yasser Arafat.

El resto cel largo currículum de Abril es conocido. Aun así, a pesar del tiempo transcurrido y las experiencias acumuladas, la historia de los catalanes en los kibbutz, que no había podido vivir en primera persona, todavía le rondaba la cabeza. Una vez acabado su último documental sobre Carles Fontseré (leed el número 1771 de EL TEMPS), estrenado en 2.018, Abril comenzó la tarea de buscar personas que habían tenido la experiencia que él no tuvo. Con un resultado sorprendente. “No sabe cómo de relativamente fácil es encontrar gente que estuvo en los kibbutz. En el documental hay testimonios de una docena de los antiguos voluntarios, pero podíamos haber reunido algunas docenas más”, segura Abril. Para hacerlo, el documentalista va a ponerse en contacto con los intelectuales que “no sienten una especial antipatía por Israel, porque la norma es esa”, asegura.

El resultado de la investigación es el documental “Generació Kibbutz: Generació Kibbutz: L’aventura de joves catalans als kibbutz d’Israel dels primers temps”. En el film aportan su testimonio un puñado de antiguos voluntarios, en algunos casos personas bastante conocidas: Jaume Barberà, Oriol Pi de Cabanyes, Alicia Fingerhut, Roser Lluch, Carme Soler, Josep París, Miquel Sellarès, Isaac Levy, Imma Puig Antich - hermana deSalvador Puig Antich -, Eulàlia Sariola, Laura Manaut y Josep M. Renyé. Por su parte, el historiador Joan B. Culla, el periodista Vicenç Villatoro y el politólogo Xavier Torrens ayudan  a conocer un poco el contexto. Igualmente, el documental cuenta con el testimonio de Aya Sagi, directora del programa de voluntariado de los kibbutz.

Por razones que no es necesario explicar, otros voluntarios célebres, como el ex-ministro socialista Josep Borrell o cuatro de los hijos del matrimonio Pujol-Ferrusola, no fueron llamados a dar su testimonio.

El film se estrena el 28 de enero en el Canal 33, la jornada posterior al Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.

La película comienza haciendo una pequeña explicación del contexto sobre una experiencia nacida en 1.909 con la creación de Degania, mucho antes de la construcción del nuevo Estado, partiendo de las ideas del filósofo ruso Aaron David Gordon sobre el retorno a la tierra de los orígenes y el trabajo agrícola como vía de redención para el pueblo judío. Esto, más el sionismo socialista promulgado por el escritor ucraniano  Dov Ber Borojov.

Con la creación de Israel, los kibbutz, en los que se practica un espíritu igualitario y colectivista, toman empuje y se convierten en importantes para la economía del país, como instrumento para hacer productivas tierras que eran un erial. Otras funciones son la colonización del territorio, la defensa de las fronteras y servir como centro de adaptación para los recién llegados al país. Los kibbutz, como explica Joan B. Culla en el documental, “tienen una gran importancia económica, pero también simbólica”. Y no pocas singularidades:  como contaba el escritor Amos Oz, en los kibbutz se recogen personas cargadas de ideales y traumas, lugares en los que cada noche se leía a Hegel y cada mañana se conducía un tractor.

Esta mezcla de sionismo e intelectualidad comunista atrae el interés y está en la base del prestigio de aquellos años entre el progresismo internacional. Y la Catalunya de la década de 1.960, aplastada por la bota del nacionalcatolicismo, no es una excepción. “Los kibbutz atraían por proximidad ideológica. Y también hay una razón geográfica, un lugar del mundo exótico y desértico, el espacio de la aventura”, abunda Vicenç Villatoro. Había esto, la épica, pero también la de un estado judío con una imagen “impactada por la compasión ante el holocausto”.

En todo caso, las razones de cada una de las personas que aparecen en el film por vivir aquella aventura no eran exactamente las mismas. El político Miquel Sellarès apunta las ganas de “huir del franquismo y vivir mi propia revolución, vivencial y sexual”, dice. Hay también quien quiere sumergirse en el socialismo utópico del siglo XIX. E, incluso,  jóvenes de familia judía, como era Alicia Fingerhut o Isaac Levy, los cuales participaban en programas de Israel para conocer la realidad del país. Para Levy, que iría “con quince o dieciseis años”, será “una experiencia inolvidable”.

Algunas motivaciones, sin embargo, no eran tan obvias. Laura Manaut, maestra en Perpinyà, apunta que un kibbutz “era un lugar idóneo para vivir el tema de la lengua” y asistir al proceso de adaptación del hebreo como lengua del país, algo irrealizable en Catalunya”, abunda.

En relación con esto, había otro hecho que atraía la curiosidad de los jóvenes catalanes procedentes de entornos de izquierda y nacionalistas, la gestación de un estado naciente y con voluntad de ser. En uno de los momentos del documental, Eulàlia Sariola relata el significativo diálogo con un israelí.

— ¿Quieres la independencia de tu país?

— Hombre, sí.

— ¿Y ya estáis preparando un ejército?

- Que yo sepa, no.

- Entonces lo tenéis difícil.

En todo caso, fueran cuales fueran las motivaciones, las estancias en los kibbutz dejaron marcas imborrables entre aquellos jóvenes. “Eran unas vivencias de juventud, muy iniciáticas. Es una cosa que les debía marcar para toda la vida”, asegura Abril. Y pone como ejemplo el caso de Roser LLuch, una persona que ha estado volviendo a Israel, ha aprendido hebreo y ha hecho carrera profesional como traductora. No es la única.

La vida en los kibbutz.

Los viajes a Israel desde la España dictatorial no eran fáciles. Los voluntarios se habían de embarcar en barcos turcos hasta Atenas y de allí a Tel Aviv en avión.   Pero había más variables. Alicia Fingerhut recuerda que, por alguna razón, el capitàn del barco tendrá la ocurrencia de ir directamente a Gaza con una nave llena de judíos. Lógicamente, ninguno bajaría. El barco dará la vuelta y se dirigirá a Haifa. Fingerhut recuerda también tener como compañeros de travesía “campesinos del norte de África que iban con los animales”. “Un viaje extraordinario”,  remacha.

Una vez en el kibbutz, los voluntarios tenían tres días para habituarse a su entorno. Al cuarto, o se ponían a trabajar o tenían que marchar. Aunque los voluntarios catalanes tivieron diferentes experiencias por lo que se refiere a los horarios, la tónica habitual era levantarse a las cinco de la madrugada y trabajar de mañana en el campo unas cinco horas, antes de que los rigores del clima hicieran la tarea demasiado pesada. Los cooperativistas del kibbutz se nos presentan a través de los testimonios como gente dura, que bregaban, que no estaba para tonterías. Que trabajaban duro. Los voluntarios también curraban, pero no tenían la percepción de estar siendo explotados en ningún momento.

Después, había tiempo libre que se llenaba con esparcimiento en la piscina, cine o hacer música en comunidad. Muchos de los kibbutz tenían orquestas que tocaban danzas populares y música clásica. Y a la caída del sol había baile.

El contraste más grande, sobre todo para las voluntarias, era el clima de libertad sexual. Para las jóvenes catalanas, normalmente educadas en colegios de monjas, las duchas mixtas, con chicos y chicas, suponían “un choque brutal”. Pero el ambiente no era incómodo, no se sentían perseguidas por los varones.

Otro aspecto de la vida del kibbutz que les llamaba poderosamente la atención era como vivían los niños y niñas de la comunidad. Las criaturas vivían por edades y no dormían con sus padres, pero a la tarde podían reunirse una horas con los padres. La excepción, como recuerda Jaume Barberà, eran los momentos de amamantar a los más pequeños.  El periodista rememora que le daban instrucciones para recoger de los campos a algunas madres y llevarlas en tractor donde estaban los chiquillos. Después, retornaban. “Yo pensaba: madre de Dios,  tienes una criatura y la das a la comunidad”, explica  Barberà.

Sin embargo, el impacto más grande para la mayoría de voluntarios era la toma de conciencia sobre el holocausto a través del contacto con personas que habían estado en los campos de concentración y llevaban su número tatuado.    Una de estas personas era una anciana de sonrisa apagada y mirada perdida. Una mujer que acostumbraba irse a dormir con algo de comer entre las manos, recuerdo de la experiencia traumática y amarga de supervivencia en los campos.

Barberà relata también haber conocido a una pareja de judíos polacos supervivientes de Auschwitz. El matrimonio tenía dos hijos cuyo rastro se perdería al subir a los trenes. No habían vuelto a saber nada de ellos. Cuando le contaron la historia al periodista, concluyeron con una frase que Barberà explica conmovido. “Y tú, muchas veces, nos has recordado a nuestro hijo”.

Otra experiencia significativa va a ser la conciencia de estar en zona bélica. Barberá, que sería voluntario en un kibbutz cerca de los Altos del Golán, tocando la frontera con Siria, cuenta que lo primero que les explicaban cuando llegaban era donde se situaban los refugios, en los cuales había comida que se renovaba cada tres meses, apunta Puig Antich. También se les preguntaba si querían hacer guardias, pasando previamente por un curso para saber montar y desmontar armas. Y empuñarlas, llegado el caso. “Un día me puse a hacer guardia. Y al terminar les dije que ya había tenido suficiente”, relata el periodista.

El documental concluye explicando la evolución de los kibbutz. Aunque hay todavía una sesentena que funciona con criterios de colectivismo estricto, los kibbutz del siglo XXI han evolucionado para ser empresas rentables, en las cuales hay salarios diferenciados y la privatización de los medios de producción y servicios. Una veintena, incluso, cotizan en bolsa. El conjunto, respresenta el 10% del PIB israelí.

Otro aspecto que ha cambiado sustancialmente es el del voluntariado. Las comunidades de los años 60 y 70 necesitaban de los voluntarios para funcionar, pero las transformaciones van a modificar esto. Un proceso, explica Abril, que arranca en 1.978, con la irrupción en el gobierno del Likud, partido conservador que va a cambiar el modelo. Aun así, Abril niega cualquier analogía con otro fenómeno impulsado por esta formación. “Los colonos no tienen nada que ver con el kibbutz, no eran instrumentos de colonización. Es un tema que arranca mucho más tarde”. En resumidas cuentas, la película dirige una mirada nostálgica, con un tono épico que el director reconoce haber buscado, a una época muy concreta. A la vivencia catalana de un modelo que, como subraya Xavier Torrents, es considerado una de las grandes experiencias  de aplicación de los valores de igualdad y fraternidad emanadas de la Revolución Francesa, junto con el sistema nórdico de protección social.

Una recreación que ha sido posible gracias al abundante material filmico que ha podido recoger el director. “El  grueso del material es de la época; tiene un valor impagable”, dice el cineasta. Después de descartar recurrir a la Fundación Spielberg, por el precio que pedía por las imágenes, Abril va a encontrar lo que buscaba en el archivo de una especie de microtelevisión local de un kibbutz. Aun así, como buen melómano, el cineasta está especialmente satisfecho de haber podido contar con la música del saxofonista judío John Zorn, un referente en el mundo del jazz, que vio con buenos ojos ceder temas para el film. “Para mi, es uno de los grandes reclamos de la película”.

La banda sonora judíoamericana para la historia de unos kibbutz que hablaban catalán.

 

(2).    Hashomer Hatzair. Un siglo de valores

Publicado en 2013 en la web “hakeillah.com”. Traducido por Administrador, puede verse el original aquí:

http://www.hakeillah.com/4_13_07.htm

MARGHERITA FRANCHETTI

Ya ha pasado agua bajo los puentes desde aquel lejano 1.913, cuando en Galitzia (Polonia) nació el Hashomer Hatzair, el movimiento juvenil que se inspiraba en las ideas de Ber Borojov, teórico del sionismo socialista. El fundamento ideológico del movimiento era entonces – y lo es aún hoy – la hagshamá (realización) de los jóvenes judíos de la diáspora en Eretz Israel y el Kibbutz, la sociedad democrática “perfecta”, igualitaria y socialista, que constituía el punto de ruptura con la tradición pequeño-medio burguesa del judaísmo europeo y la premisa para el renacimiento y la “normalización” del pueblo en la propia tierra.

Pero hoy todo ha cambiado: Israel es una realidad, el pueblo judío se ha normalizado y el kibbutz se ha transformado profundamente, dejando a un lado la ideología colectivista y socialista para recorrer el camino de la privatización y de la socialdemocracia. El Hashomer Hatzair, que, junto con la integridad del movimiento kibbutziano, ha conocido a partir de los años Ochenta una profunda crisis identitaria y de valores (además de económica) ha debido adecuarse a los tiempos y volver a partir de las propias raíces para releer en clave moderna los tres pilares de su propia ideología: judaismo, sionismo y socialismo.

“Los valores del movimiento no han cambiado, son los desafíos los que han cambiado”, dice Itay Ziedenberg, secretario general del Hashomer Hatzair en Israel en una entrevista vídeo entregada a la ex shomeret Ghitta Kahan y publicada en el sitio web que el Hashomer Hatzair Italia ha construido para celebrar el centenario. “Ahora que el Estado de Israel existe, el primer objetivo del movimiento en Israel es el de incidir en la sociedad de la que forma parte para obtener justicia social, la paz con nuestro enemigos, la separación entre estado y religión. Y el mejor instrumento que tenemos a nuestra disposición para cambiar la sociedad hacia aquello en lo que queremos que se convierta es la educación”. En todo el país, de hecho, muchos shomrim se convierten en educadores y trabajan con los sectores más desfavorecidos de la población: nuevos inmigrantes, árabes israelíes, chicos con problemas familiares, israelíes pobres que viven en los márgenes de la sociedad. Los centros comunitarios activados por los jóvenes del Hashomer son lugares de encuentro, de actividades y de cultura atravesados por los ideales del movimiento. Lo llaman Tikkun Hevrà, una revisitación del tradicional concepto judío del Tikkun Olam, la “reparación” del mundo para hacer de él un lugar mejor. En este caso es la sociedad (“hevrá”) la que debe ser “reparada”, para hacer de Israel un lugar mejor en el que vivir.

El Kibbutz continúa siendo el modelo de sociedad en el que inspirarse: “A pesar de todos los cambios, el kibbutz, también el privatizado y ya no colectivista, es todavía la sociedad más igualitaria y solidaria que exista en el mundo”, dice Itay Ziedenberg. “La crisis del kibbutz ha tenido un impacto significativo sobre el Hashomer, pero creo que estamos asistiendo al final: por muchos años se ha pensado que la experiencia del kibbutz hubiese finalizado, y sin embargo los kibbutz todavía existen. Tienen nuevos modelos organizativos, es cierto, pero son todavía una sociedad más justa que cualquier socialdemocracia y continúan siendo la auténtica meta de nuestra hagshamà”. De hecho, sin embargo, para muchos jóvenes israelíes procedentes del Hashomer, el kibbutz consolidado ha perdido atractivo y ya no constituye un objetivo al que orientarse: algunos han fundado nuevos kibbutzim para volver a partir de los orígenes, mientras otros han exportado el modelo a las ciudades, en los llamados kibbutzim ironim (urbanos), esto es, apartamentos o grupos de apartamentos, en los que viven juntos, con una organización económica y social basada sobre la solidaridad y el compartir, siendo más fácil, también por cuestiones de ubicación, dedicarse a la educación y al trabajo en las comunidades e influencias positivamente el contexto social circundante.

En la diáspora, el Hashomer Hatzair actúa hoy en 22 países entre Europa, América del Norte, América Latina y Australia, con un total de aproximadamente 7.000 javerim. Si bien la aliyah es un camino menos transitado – también en relación a solo hace 20 años – para quien sale del movimiento a los 19 años, el Hashomer continúa ejerciendo su función de instrumento educativo y lugar de agregación para la juventud judía laica, a la que propone valores e ideales actualísimos, también fuera de Israel y alternativos a los llamados “mainstream”. Los temas de la justicia social, de la solidaridad, de la responsabilidad individual, del compartir y del trabajo común, la educación en el respeto por el otro, la búsqueda de la paz, la vinculación fuerte con Israel y con el judaismo laico, constituyen los pilares sobre los que se funda la actividad del movimiento en las ciudades y durante los campamentos. El tema del Tikkun Hevrà es válido tanto en Israel como en Italia, o en Francia, o en los Estados Unidos: generaciones de jóvenes han aprendido en Hashomer Hatzair a participar, a debatir y a desarrollar una propia visión crítica del mundo, para después comprometerse en el seno de las comunidades judías o en la sociedad civil y llevarse su propia experiencia y su propia aspiración a un mundo mejor.

Para Hashomer Hatzair, la aliyah es siempre un objetivo primario a perseguir, pero el mundo ha cambiado y también los jóvenes judíos de la diáspora han cambiado: “La pregunta a formularse es cómo se realizan los valores y los ideales del movimiento”, comenta Itay Ziedenberg. “En un tiempo se pensaba que la vía era una y nada más. Hoy hemos llegado a la conclusión de que los caminos son múltiples y que deber escoger entre todo o nada es el mejor modo para no conseguir nada”.

En 2013, Hashomer Hatzair cumple 100 años. Es el movimiento juvenil sionista máis antiguo que exista. En todo el mundo, los 10 miles de shomrim que forman parte de él, junto a sus familias y amigos, están celebrando el aniversario con iniciativas, proyectos, fiestas, actividades de todo tipo. El pasado agosto, la shomrià mundial ha reunido en Israel 3.000 muchachos que han sido saludados por el presidente Shimon Peres. En Italia, shomrim y ex shomrim, chicos y adultos, durante todo el año han trabajado juntos en tantísimos proyectos que acabarán en dos grandes fiestas (en Roma el 27 de octubro y en Milano el 10 de noviembre) con las que celebraremos el pasado, el presente y el futuro de Hashomer Hatzair.

 

(3). Mi Hashomer Hazair.

Publicado en Moked (portale dell´ebraismo italiano) el 20-9-2017 y traducido por Administrador, aquí puede verse el original:

http://moked.it/blog/2017/09/20/mio-hashomer-hazair/

ANGELICA EDNA CALO LIVNE

Mariana Temido, secretaria general del movimiento juvenil “Hashomer Hatzair” ha contactado conmigo hace algún tiempo desde Brasil. Está escribiendo un libro sobre la mujer en el movimiento juvenil y me ha pedido contar mi experiencia.

Me ha hecho muy feliz porque el periodo de mi vida transcurrido en Lungotevere Sanzio nº 14, entre los locales del Ken en el sótano y el Colegio Rabínico en la última planta, ha sido imprescindible para el resto de mi vida. Entre en el Ken de Hashomer Hatzair en Roma inmediatamente después de mi Bar Mitzvá, casualmente. Debía llamar a mi hermano. Tenía 12 años y él 9. En aquellos tiempos era una tipa solitaria y selectiva. Tenía dos buenas amigas con las cuales compartía secretos y pensamientos. Tenía muchos primos y una secreta seguridad en mi misma debida al hecho de que sabía cantar, bailar, recitar y era una excelente alumna, por lo que era habitualmente elegida para participar en los espectáculos de la escuela “Vittorio Polacco” y de la Comunidad judía. Pero era muy consciente del hecho de que haber nacido “fémina” me relegaba a una posición de segundo plano en el cuadro familiar.

Aquel sábado por la tarde cambió prácticamente el curso de mi vida. Entré tímidamente en el pasillo que conducía al gran salón. Chicos de todas las edades corrían, gritaban, sonreían y se empujaban para llegar al mifkad. Fui agarrada por un brazo. “Eh, ¿por qué no vas con tu Kvuzá? Abrígate” Miré horrorizada a aquel muchacho sonriente que todavía me agarraba el brazo. “No, no, solo he venido a llamar a mi hermano ¡¡¡” “Pero, espera, ¿cuántos años tienes?. Entonces, aquella debería ser tu Kvuzá, soy el Haluzim. Yo soy Dancik, tu madrich ¡*”. Habría querido desaparecer …. pero me quedé. Y volvía también el sábado siguiente. Me habitué bastante pronto a aquel fantasmagórico caos. Aprendí a dar la mano a los muchachos cuando se hacían las danzas israelíes después del Mifkad. Aprendí quien eran Byalik y Morejai Anilewitch y Hanna Senesh y Haviva Reik se conviertieron en mis heroinas. Después, un día fui elegida para bailar “El ginat Egoz”, del Cantar de los Cantares, en un gran evento del Adei-WIZO y desde entonces me convertí en la organizadora oficial de los eventos del ken e iniciamos a colaborar con el Keren KayemetKeren Hayesod y las otras instituciones judías con coreografías de danzas isarelíes, espectáculos y colecta de fondos para Israel. A los 14 años entré a formar parte del Colegio rabínico bajo los auspicios del Rabino Elio Toaff. Era la única chica del curso en el que estudiaban chicos que se convertirían en el futuro en Rabinos Jefe de Padova, Verona, Milano, Venezia. Era veloz, y había aprendido a responder mirando a mi interlocutor a los ojos, pero cuando debía presentarne al examen de admisión me aconsejaron no revelar al Rabino Toaff que frecuentaba Hashomer Hatzair porque no me habrían aceptado. Era un movimiento laico y para mi era importantísimo continuar estudiando el hebreo, la Torah, la Mishná, el Talmud ¡ Lo puse todo de mi parte y el examen fue perfecto …. y recién terminado dije enseguida que estaba en el H.H. Y que estaba a punto de convertirme en madrichà. El Rabino Jefe apreció mucho mi sinceridad y permanecí tanto en el colegio como en el ken hasta mi Aliyah e incluso recibí su bendición con todo el afecto.

Me convertí en madrichà. El Hashomer crea un grupo de jóvenes que sigue un ideal, se rebela, cambia y se renueva. Para realizar el sueño hay necesidad de estar juntos, del debate, de la controversia, del trabajo físico que une, que da la fuerza de continuar para obtener la gratificación del éxito común. Nos habíamos integrado muchos y fue formada la kzuvà del Maapilim bajo la dirección de Orale. La unión de Haluzim y Maapilim fue denominada Gdud Beit Alfa. Cada uno de nosostros se convierte en la espiga de un mosaico común y parte de un diseño más grande. El grupo era la nueva familia. En un proceso maieútico nos ayudamos el uno al otro a descubrir talentos desconocidos. Resultamos impactados por un espíritu nuevo, mágico, que despertaba y acentuaba el carisma personal desconocido, el sentido de la colectividad, la ayuda reciproca y el afecto. El ken se convierte en casa, alegría y realización. El individuo tiene necesidad de un grupo y nosotros, a través de nuestra kzuvá y la actividad en el ken, descubrimos la sensación que se siente saliendo de la “caverna platónica” (….) permanecimos cegados de luz pero el apoyo de los javerim de los madrichim y después de los chanichim que se convierten en compañeros de viaje, testigos y cómplices, crearon nuevas energías. Se creó un nuevo lenguaje que nos era desconocido antes de entonces, hecho de nuevos valores: las excursiones a pie, la naturaleza, los planes de trabajo, el machané, las noches en la tienda. Y aquí se inició el conflicto con mi familia. Sobre todo con mi padre, bendita sea su memoria. Mis padres eran muy activos en la Comunidad judía, Papá actuaba dentro de Maccabi y de Keren Hayesod y había sido uno de los fundadores de la defensa judía en la escuelas y en las sinagogas de Roma. Mamá estaba muy activa en la WIZO. Ambos estaban muy orgullosos de mi colaboración en todas las instituciones judías y del hecho de que siempre era elegida para representar a los jóbvenes judíos de Italia, como cuando la Primera Ministra Golda Meir visitó Roma en 1972. Pero de repente se dieron cuenta de que el ideal de Hashomer Hazair era la Aliyah, dejarlo todo para trasladarse a Israel. ¿Cómo podrían haber permitido a una muchachita de buena familia este escándalo? Las discusiones comenzaron cuando tenía 15 años. “Desde este momento debes olvidar el ken. No puedo dejarte trasladarte a un campamento en el que chicos y chicas duermen juntos en la misma tienda. Túe eres una señorita. Tu hermano puede hacer lo que quiera. Tú no. Tú no puedes permitírtelo ¡” dijo mi padre categórico. Era la víspera del Machane Kaitz. Estaría en Gragnola, en Toscana. Era madrichá de los Habbonim. Estaban todos de mi lado (….) Fue una tragedia. Lloré durante tres meses seguidos. Mis padres organizaron un megaviaje a Sicilia con toda la familia y yo pasé todo el mes de Agosto con la cara propia de Tishá ´BeAv.

Cuando volvimos a Roma fui convocada a la Moezet Madrichim. Fui a escondidas (por primera vez … y también la última de mi vida hice algo a escondidas) porque mi padre me había prohibido volver a acercarme al ken. Cuando entré en la Mazkirut estaban todos los bogrim y madrichim. Con una expresión seria y severa me dijeron: “Desgraciadamente, Edna, has demostrado que tienes otros intereses y que la Kvuzzà de la que eres marichà y tus javerim no son lo bastante importantes para ti. Has preferido un viaje cómodo de turista en Sicilia a una machanè importante y a un seminario”. Sabían todos de la lucha con mis padres, para ·educarlos” en el nuevo lenguaje y en los nuevos valores que había adquirido entrando en el ken. Tenía el corazón en pedazos y las lágrimas queriendo explotarme dentro de los ojos. Todos me miraban en silencio. Algunos con los ojos bajos. “Lo he intentado …. he intentado explicar, rebelarme …”, dije, tratando con todas mis fuerzas de evitar las lágrimas. “Lo lamentamos, tu kvuzá de los Habbonim pasará a David Gerbi. Él será el nuevo madrich. Tú, por ahora, si vuelves al ken, podrás ser la responsable de la nikkayon, de la limpieza” (….) Eran las 17:10. Tenía una cita con mi padre a las 17:00 ante el Templo, en la otra orilla del Tevere. Sobre Ponte Garibaldi, el puente que debía atravesar a pie, había una manifestación estudiantil, policía, gritos …. estaba desesperada. Recuerdo que pensé: “Me lanzo al Tevere …. o me matará mi padre cuando descubra que he venido al ken ¡ Y nada me importa porque tanto sin mi kvuzà como sin mi ken no tengo motivos para vivir … ¡ Tenía solo 15 años, Vivía para las pelulot, para las sichot con mis chanichi*, para las tardes de danzas israelíes, para el pensamiento de que un día me dirigiría a coronar mi sueño en Israel. Alcé los ojos y vi a mi padre fuera del ken. Esperaba de pie al lado de nuestro Fiat. Una 124 coupé color turquesa. La cara oscurecida … Fue allí donde se produjo la explosión: “No me importa nada, Papá. He perdido todo: mi kvuzza, mis javerim. La estima de mis madrichim ¡¡”. “Sale”, me dice de modo tranquilo. Cuando nos sentamos, sin dirigirme la mirada, mirando hacia adelante nos dice: “No has perdido nada ¡ Has sido capaz de plegarme con tu fuerza. Serás capaz de obtener cualquier cosa que quieras en tu vida, puedes volver al ken ¡”. “Pero papá, ¿no entiendes? Como máximo podré ser responsable de la limpieza” “Harás también esto. No te preocupes ¡¡ Dentro de un mes serán nuevamente una madrichà. Verás ¡” Volví al ken y al cabo de un mes creé la Kvuzá Yehudá (cosas del destino …. después de algún año cumpliría mi Aliyah en Sasa y me enamoraría de mi futuro marido Yehudá). Mis padres y muchas de las familias de mis chachinim aprendieron el nuevo lenguaje hecho de sionismo, colectividad, ideales. En 1975 cumplí mi Aliyah y desde entonces (a parte de los 4 años de ahichut del Hashomer Hazair en Roma) vivo en el kibbutz Sasa.

Estoy agradecida al movimiento juvenil donde la norma es la positividad. Las diez leyes del Shomer, como las de los scout, los planes de trabajo, la educación informal crean el Hombre y la Mujer nuevos: en camino paralelo, atentos al sufrimiento, a la injusticia, dispuestas a reaccionar y a contribuir con sus propias potencialidades. La meta es el Bien, la valentía, la laboriosidad, el amor por las criaturas y por la naturaleza. Estoy agradecida por los valores que eran entonces y son hoy la respuesta judía positiva al antisemitismo, al materialismo y al vacío. El Hashomer Hazair me ha dado los instrumentos para crear una nueva realidad, para alcanzar el sueño. El ánimo de los Shomer permanece impregnado por siempre de sensibilidad hacia el otro, se convierte en parte y motor de la comunidad en la que se elige vivir. La educación humanista impartida en el movimiento da legitimidad para ser positivos, para desear una sociedad más justa y para apoyar a los más débilesy exhorta a la iniciativa, a la curiosidad, al valor de comprometerse y aceptar al otro. Los valores adquiridos en la juventud me dan la energía para continuar contruyendo una realidad fundada sobre la educación en la socialidad, el trabajo, e dinamismo y la laboriosidad. Mi teatro cultural del Arcobaleno, la Fundación Beresheet LaShalom para educar en el diálogo y mis cursos de Educación Humanista en la Facultad de pedagogía de Tel Hai son en gran parte el inestimabe patrimonio que he recibido en el kent.

A propósito, en 1977, desbordados por el entusiasmo y por su determinación para realizar cualquier cosa por Israel, también mis padres ejercieron su Aliyah. Y ahora descansan en paz en Herzlya.

Yehudá y yo hemos iniciado nuestra bella historia después de la Shmoria en Galilea en 1976. Nuestros cuatro hijos han estado todos en Shnat Sherut, un año de voluntariado en el Hashomer Hatzair antes de enrorlarse en el Tzahal. Y en el Kibbutz …. dicen que tenemos un alma con la hulza shomrit.

 

(4). "Y así llegué al kibbutz" (la experiencia de una joven italiana en el kibbutz narrada en primera persona).

Publicado en la web HAKEILAH (Comunidad judía de Torino). Traducido por Administrador, puede verse el original aquí:

https://www.hakeillah.com/5_17_02.htm

BEATRICE HIRSCH

Hoy es el 3 de Diciembre y estoy aquí desde hace dos meses, pero me parece que estoy aquí desde hace un año.

El 3 de Octubre cogí un Easyjet Malpensa-Tel Aviv y con una mezcla de excitación y miedo me encontré sumergida en la realidad del Shnat Hachsharà (año de formación) del movimiento juvenil “Hashomer Hatzair” (del que me lo fuere parte desde hay más de diez años). El programa comienza ya veinte días antes y, llegada al kibbutz “Ein Dor”, escoltada por el Secretario General del movimiento, fui acogida con los brazos abiertos por veinte jóvenes de mi edad, en su mayor parte sudamericanos (brasileños, argentinos, uruguayos), pero también estadounidenses y mexicanos, y por dos madrichim, olim chadashim, de Australia y de Venezuela. Todos me esperaban en la entrada de la casa en la que vivíamos, con un cartel “Bienvenida Bea ¡” “Te sientes en casa?”, me preguntó Oren saindo del coche. “No aun“.

Algún día de fiesta por Succot y comenzamos el programa, que de pronto se reveló abrumador. Por la mañana fui destinada (a petición mía) a trabajar en una de las tantísimas ganim (guarderías); después de cuatro horas con niños me encuentro a mis chaverim en chadar ochel de comer; por la tarde acostumbrábamos a tener tres veces a la semana ulpan con una morah del kibbutz, y varias peulot mantenidas por nuestros madrichim o por los miembros de la “Hanagah”, durante los cuales cada semana debatimos sobre un tema diferente (como Sionismo, Activismo, Conflicto, Sociedad Israelí, Economía), continuando habitualmente también después de la cena.

La vida en el kibbutz no es como aquella que me esperaba por lo que me habían contado familiares y amigos y descubrí que aquella realidad prácticamente desapareció. “Ein Dor” se encuentra en la Baja Galilea y fue fundado por el Hashomer Hatzair en 1948, contando hoy con más de 1.000 habitantes y están proyectados otros barrios que todavía aumentarán la población del mismo. En 2.003, los chaverim kibbutz votaron y llegó la fatídica privatización; el socialismo desapareció día tras día. Lo noto sobre todo en el chadar ochel medio vacío: lugar que para mi siempre fue el símbolo de nuestra vida comunitaria durante los campamentos, aquí se convirtió en un simple self-service donde los dependientes de la fábrica y otros trabajadores pueden comer en el almuerzo y donde las familias se desplazan para una cena fuera el viernes a la noche, como si fuera el restaurante del pueblo. Lo veo al final de la caja del Kol’bo, esperando que todos paguen con su tarjeta de crédito productos que pueden encontrarse en cualquier supermercado en la ciudad, con la que le sacarán el hambre a sus familias, pero también en las vallas de madera y en los setos que circundan los jardines de las casas personales, entre los cuales destacan algunas encantadoras villas unifamiliares predominantes, por ejemplo, en el nuevo barrio.

Israel ayer y hoy.

Cada semana está previsto un día de excursión, en el que visitamos lugares, escuchamos testigos y cuentos relacionados con el tema de la semana. Hicimos hiking en el monte Gilboa, Visitamos diversos nuevos y viejos Kibbutzim, escuchamos las historias y los secretos de los ancianos chalutzim, estudiamos la gentrificación de los barrios de Haifa y su futuro puerto chino, nos reunimos con los chicos árabe-israelíes del movimiento juvenil “Ajyal”, gemelo del Hashomer aquí en Israel.

Todos los tiulim me dejan marca, porque me dan la posibilidad de ver con mis ojos y vivir la realidad de aquello de lo que hablamos en la peulá: más allá de los ideales y de las grandes discusiones, más allá de los muros de nuestra residencia, existe el Estado de Israel, y yo vine aquí para conocerlo ¡ Pero hubo dos excursiones que me impersionaron más que las otras ¡. La primera era inherente al conflicto israelí-palestino y la segunda sobre la inmigración ilegal de los países africanos (del cual quizá contaré la próxima vez). Revisamos la historia de la fundación del Estado judío y nos devanamos los sesos sobre cómo pueda vivirse la Tzavah de modo alternativo, en línea con los ideales del movimiento y cómo crear un proceso educativo sobre el tema; después de esto, tuvimos un encuentro muy interesante con un miembro de la ONG “Breaking the Silence” (fundada en el 2004 por veteranos de las IDF que querían compartir su experiencia en los Territorios Ocupados para sensibilizar y educar al pueblo israelí y al mundo en relación con las condiciones de vida en aquella zona, argumento considerado un tabú habitualmente). Esta joven nos contó sobre su trabajo como soldado dentro de la Administración Civil israeií que coordina las intervenciones israelíes y palestinas dentro de la zona C de Cisjordania, para cuestiones humanitarias, de infraestructuras o económicas. Posteriormente, vimos un documental sobre el movimiento de los “Combatants for Peace” (creado en 2006 por ex-combatientes israelíes y ex-terroristas palestinos para promover la colaboración como único medio para conseguir la coexistencia y la paz).

Dirección West Bank!

Finalmente, el último día de la semana (que aquí es el jueves), salimos en autobús en dirección West Bank! Cuando lo supe, se me puso la piel de gallina y todos comenzamos a preguntarnos cuando comunicarle a nuestros padres que haríamos esta excursión, ¿mejor la tarde anterior o la posterior? Finalmente, después de años de discursos, artículos, conferencias y peulot, llegó el momento de ver que pasa más allá de la famosa Línea Verde. Pero, como me está sucediendo frecuentemente aquí, lo que veo no es exactamente como me esperaba: después de tres horas de viaje, noto el muro a mi derecha y el check-point ante nosotros, pero no estamos parados, esperamos algún minuto simplemente porque hay cola, y estamos dentro, las carreteras no cambian, los coches que nos adelantan tienen todos la matrícula israelí, las señales de tráfico están en hebreo (probablemente porque estamos en el área C, que está bajo la jurisdicción israelí). Pero pasando para la carretera principal, se pueden ver los cartelones rojos escritos en árabe, hebreo e inglés en los que se invita a los ciudadanos israelíes a no entrar en el área A, por la Autoridad Nacional Palestina, por su propia seguridad y porque está prohibido legalmente.

El pueblo y el asentamiento: dos caras de la misma moneda.

Nos dirigimos hacia el pueblo palestino de Umm al-Khayr, adyacente al asentamiento israelí Carmel, y chicos beduínos del lugar nos acogen y nos cuentan la situación de su pueblo en un perfecto inglés, ayudados por dos jóvenes de la asociación estadounidense “Jstreet” y del programa “Achvat Amim-Solidarity of Nation” (creado hace algunos años por dos shomrin de Canadá), que nos guiaron durante toda la excursión. Los habitantes de este pueblo parecen pacíficos, mientras muchos niños corren a nuestro alrededor y nos miran con curiosidad. Los chicos nos hablan de las innumerables demoliciones de sus casas, consideradas ilegales por la Administración israelí, pero que raramente tramita los permisos solicitados; de la falta de electricidad y de agua en ciertos periodos del año; de los problemas que tienen con los vecinos del Carmel y con las piedras que habitualmente son lanzadas sobre sus tiendas y sobre sus cabezas, por parte de niños judíos, y sobre los arrestos sin motivo. En el área C, realmente, dentro de los asentamientos, está vigente a ley civil y constitucional israelí, mientras en el resto de las localidades está en vigor la marcial, que no tutela buena parte de los derechos civiles. Despues de un almuerzo veloz en un gran comteniner-escuela-centro comunitario, volvemos a subir al autobús y yendo hacia el norte, llegamos al asentamiento de Efrat, establecido en 1.983 sobre los montes de Judea y ahora poblado por 10.000 residentes, de los que el 90% son religiosos. Nos introdujimos en el lujoso municipio y en su sala de conferencias, donde, poco después, nos recibe el alcalde Oded Revivi, del que pocos días antes habíamos oído hablar en la manifestación en memoria de Yitzak Rabin en Tel Aviv. Estábamos todos excitados, preparados para formularle las preguntas más candentes que teníamos preparadas en relación con los asentamientos, la política, la paz …. Pero enseguida quedamos atrapados en la primera pregunta, y de hecho cuando le preguntamos por qué decidió venir a vivir a un asentamiento, nos respondió con mucha tranquilidad que las casas allí costaban menos y él no podía permitirse una casa que estuviera próxima a Jerusalém en ningún otro lugar. Posteriormente, aclara que obviamente hay quien también decidió vivir allí por elección, porque aquellos deberían ser territorios israelíes, porque pertenecen a la historia de nuestro pueblo, o porque antes de la declaración de independencia del `48 tenían terrenos más allá de las nuevas fronteras y no quisieron abandonarlos (y pensar que también muchos palestinos, que se encuentran aun hoy en campos de prófugos, reivindican sus tierras de la otra parte de la Línea; ¿esto quiere decir que pueden volver a tomarlas?). Nos habló de sus proyectos de coexistencia con los vecinos pueblos árabes, con los que frecuentemente comparte café y encuentros constructivos; todos en los pueblos lo admiran de tal manera que un día él les preguntó por qué no se unían a él para ser también el alcalde de ellos. Todo esto me hizo llegar a la conclusión de que, por una parte, en este asentamiento parece haber apertura hacia la paz y la voluntad de encontrar alternativas a los muros y a las vallas para resolver el conflicto, porque entienden que no son soluciones duraderas (el muro que separa Israel de Gaza no impidió cohetes y túneles subterráneos, afirma el alcalde), pero por otra parte creen que la paz se alcanzará cuando los palestinos reconozcan al Estado de Israel también en los territorios de Judea y Samaria. Revivi insistió después explicándonos que los asentamientos no son el problema; en realidad ocupan sólo el 1,6% del territorio “ocupado” y son uno de los pocos medios para promover la coexistencia y garantizarle trabajo a centenares de palestinos locales. Nos entregó después a cada uno de nosotrosa una cartera que contenía un documento oficial con los datos administrativos del asentamiento, una biografía suya y varios artículos relativos a la situación de la zona, publicado en “Jerusalem Post” y en periódicos estadounidenses, en los que escribe sobre la relación con los USA y de cómo limitar el crecimiento de los asentamientos es contraproducente, porque estos traen ventajas para ambos pueblos, y argumenta la legalidad de los mismos, subrayando también en qué medida muchos palestinos se apoyan en Israel para su salvación, hartos de la Autoridad Palestina que impide el diálogo y la colaboración para mejorar las infraestructuras como el alcantarillado común y que incluso (como nos cuenta) el año pasado hizo arrestar y detener a palestinos que se habían desplazado a Efrat para tomar un café en la succah del alcalde.

Entonces, en ambos parece haber apertura al diálogo, pero la paz seguramente aún está lejos. Existen diversas razones y cada uno puede tener un punto de vista diferente sobre la cuestión, y me encuentro incómoda cuando una joven “colega” mía en la guardería me dice que no es capaz ni quiere acercarse a cualquier árabe porque “yo no sé que le hicieron a ella y a su novio durante el servicio militar y en su ciudad”, y tampoco sé que contestarle porque, ciertamente, yo son sé exactamente lo que ella sufrió y todo aquello que yo puedo responderle es que no todos los árabes son iguales, como no todos los judíos tienen la nariz aguileña (y lo creo firmemente). Pero en esta situación existen realmente tantos extremistas que para nosotros, del extranjero, es muy difícil identificar posibles soluciones y posibles culpables y es fácil hablar de esto, informarse, acusar, pero ¿cuánto sabemos realmente de este conflicto? Es todo una contradicción. Algunas razones claras existen, como la continua protección que Israel le ofrece a los colonos violentos, o por ejemplo la división de Cisjordania en área A, B y C, formulada como resolución temporal en 1.993 con los Acuerdos de Oslo y todavía vigente, que legaliza la posesión israelí del 60% de la West Bank, que seguramente le garantizó a los israelíes la libertad de construir los asentamientos, que obstaculizan territorialmente, pero no únicamente, una posible fundación del Estado Palestino. Un segundo problema principal es obviamente la Autoridad Palestina, con la que pocos entre la población se identifican y que actúa tercamente rechazando con frecuencia colaborar con el vecino. Pero hace algunas semanas fue finalmente anunciado que al final de 2018 el pueblo palestino podrá de nuevo ir a las urnas y en dos años también el israelí; quizá si la situación se desbloquea.

Celebrando los 120 años de sionismo, nos preguntamos cuál es el papel hoy del sionismo-socialista (pilar de nuestro movimiento). Por ahora puedo sólo responderme que es nuestro deber combatir el extremismo y el odio que destrozan este país, porque eso es lo que más nos aleja de una furura solución pacífica.

(5). "Huertas y kibbutz. Cuando las  mujeres vuelven a la tierra”.

Publicado en LA STAMPA el 16-7-2018. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí: http://www.lastampa.it/2018/07/16/societa/orti-e-kibbutz-quando-le-donne-tornano-alla-terra-3IjrSJATyx8oQ7r9THcqgJ/pagina.html

LINDA LAURA SABBADINI (Spoleto)

Sexta y última jornada de los “Dialoghi di Spoleto, le donne cambiaranno il mondo”, coordinados por Paola Severini Melograni. El tema, mujeres y agricultura, mujeres y tierra. Invitadas dos mujeres excepcionales: Olga Urbani, a la cabeza de una empresa que produce y exporta el tartufo*, rey de la comida italiana, y Shoshana Haran, israelí, máxima dirigente de “Fair Planet”, que recoge las semillas para ayudar a los Países del mundo a combatir el hambre. Clelia Piperno, a la cabeza del Proyecto Talmud, subraya la importancia de esta jornada en la óptica del desarrollo sostenible, un mundo para tender la mano a las nuevas generaciones.

Olga Urbani cuenta como su empresa está en estos momentos en la sexta generación y afronta siempe nuevos desafíos en el mercado internacional. Ella está orgullosa de ello. Actualmente produce 700 tipos de productos diferentes a base de tartufo, para dar respuesta en el mercado mundial a diferentes gustos de los Países. Olga reivindica el gran número de mujeres que trabajan en la empresa, y dice que el tratufo necesita manos delicadas cuando es tratado. Entiende que una mujer puede vencer los desafíos si une humildad, profesionalidad y determinación. Shoshana tiene una historia completamente diferente. Ella es una bióloga israelí, vive en un kibbutz y ha trabajado muchísimos años en sociedades que comercializaban semillas. Las mejores semillas iban a los países desarrrollados. Y así, retirada del trabajo, ha decidido ponerse al servicio de quien sufre la competencia. El proyecto se desarrolla en Etiopía, las semillas de la esperanza de “Fair Planet”. Ofrece la posibilidad de autoabastecimiento a las poblaciones. Cuenta que ha comenzado por 20 especies de tomate diferentes y las ha testado en Etiopía, seleccionándolas.

Así, ha llegado a identificar una especie más rentable sobre el territorio de Etiopía que la local. Está orgullosa de lo que está haciendo, y se compromete en una proceso de formación y acompañamiento de los agricultores etíopes. La renta de las familias implicadas se ha multiplicado por 5, con efectos positivos en la formación de los niños. Shoshana es feliz de haber puesto sus competencias al servicio de las comunidades locales etíopes. Lo ha hecho también centrándose en el empoderamiento de las mujeres, que en Etiopía viven en condiciones terribles y necesitan construir su independencia económica. No es algo nuevo construir un banco de semillas, subrayo en mi intervención. Sino que lo importante es la finalización de su uso, la batalla contra el hambre. Existe el famoso banco de semillas de las Svalbard, excavado en un búnker produndo, a 120 metros y 18 grados de temperatura, donde se conservan más de un millón de semillas y hay espacio hasta 4 millones y medio.

Los bancos de semillas son un instrumento utilísimo para salvaguardar la biodiversidad. Algunos tienen ánimo de lucro, otros no. No es casual que una experiencia de este tipo haya nacido en Israel y de la mano de una mujer que vive en kibbutz. Es precisamente en Israel por lo demás, concretamente en el Negev, que han sido capaces de hacer germinar, hace 13 años, una palmera datilera vieja, de 2000 años, encontrada 40 años antes en las excavaciones de Massada. Y no es poca cosa intervenir en Etiopía. Los datos sobre el País son terribles. Un niño de cada 15 no llega al quinto año de vida. El 50% de los niños no es vacunado con las 8 vacunas base. El 65% de las mujeres ha sufrido mutilaciones genitales. La violencia contra las mujeres está muy difundida y la mayoría de las mujeres la justifica por algún motivo. El 11% vive en poligamia. La esperanza de vida de las mujeres es de 65 años. Sin considerar que el 70% de las mujeres es analfabeta, así como el 53% de las jóvenes de 15 a 24 años. Y, por tanto, no es de extrañar que la edad media del matrimonio sea 17 años y el número de hijos por mujer de 4,5.

La situación en Addis Abeba es menos atrasada, pero el camino a hacer es muchísimo, con un porcentaje enorme de pobreza. La conclusión interesante es expuesta por el presidente de “Federalimentare” Luigi Scordamaglia. El desafío que tenemos en frente, en su criterio, es producir más sin sobreexplotar la tierra y con una mayor utilización de las tecnologías, modelo italiano e israelí contra el superintensivo de otros países. La georreferenciación es un instrumento fundamental para actuar adecuadamente y también para ahorrar agua. Y las mujeres son fundamentales en estos procesos, sostiene, dado que unen tradición e innovación. Y recuerda que una mujer ha fundado “Federterra” en 1901, la primera dirigente sindical en la historia italiana. El petróleo de mañana será la tierra y las mujeres pueden transformarlo en un gran instrumento de resiliencia para sí mismas y la humanidad entera.

* trufa.

 

(6). No-sionismo. “Bund”.

A) "Bund y sionismo".

Publicado en las web de MOKED (portal de judaismo italiano) y UGEI (“Unión de jóvenes judíos italianos”) el 24-8-2017. Traducido por Administrador; original: aquí:

http://moked.it/blog/2017/08/24/bund-e-sionismo/

GIORGIO BERRUTO.

29 de agosto y 10 de octubre de 1897. Hace 120 años, dos fechas importantes para recordar. La primera señala la apertura del primer Congreso sionista en Basilea, la segunda la constitución en Vilna del BUND, La Unión general de los trabajadores judíos de Rusia, Polonia y Lituania, de la que he escrito la pasada semana en estas columnas (http://moked.it/blog/2017/08/17/diritto-alla-differenza/), haciendo una recensión del bello libro de Massimo Pieri “Doikeyt. Noi stiamo qui ora!”.

Sionismo y bundismo han sido movimientos muy diferentes, pero no sin afinidades y significativas analogías, particularmente por la reflexión sobre la identidad judía y por el activo rol que han desempeñado, moviendo a las masas judías de la Europa oriental. El BUND y el Congreso sionista son las primeras organizaciones que reivindicaron de un modo explícito derechos nacionales para los judíos, proponiéndose con fuerza como sujetos colectivos de la historia.

Ambos son una respuesta al antisemitismo y una alternativa a la asimilación, y para ambos judaismo es aquello que se refiere al pueblo judío en su integridad: no a la observancia ni tampoco a la religión, aquella “fe mosaica” con la que a muchos judíos en aquellos años parecía inevitable y con frecuencia también deseable relegar por una parte el judaismo al interior de las paredes domésticas, y por otra parte esconderlo en el espacio público; pero sintiendo, más tarde, dolorosamente, como el protagonista de la “Familia Karnowski” de Israel J. Singer, que del judaismo íntimo y familiar no había quedado nada, en tanto se mantenía la persecución como judíos en la calle.

El BUND y los sionistas, de diferente modo, ponen en el centro de la identidad judía, la de una nación que se define a través de la pertenencia, la praxis cultural, una historia y un patrimonio mitológico común, un modo de pensar y de afrontar las cuestiones éticas, de cocinar, de vestir, etc. El sionismo, que en las primeras décadas es en el mundo judío un movimiento significativo pero minoritario, añade la aspiración a dirigirse hacia la Tierra de Israel para proyectar un nuevo modelo de habitar y cohabitar. No casualmente, sea para el BUND, sea para los sionistas, la elección de la lengua es fundamental y debatida largamente: venciendo en la competencia se situarán respectivamente el yiddish y el hebreo, definidas precisamente lenguas nacionales.

Pero más que ninguna otra cosa es el comportamiento que une a sionistas y bundistas desde los orígenes: es aquello de quien se ha percibido largo tiempo como demasiado débil para hacer oir la propia voz colectiva y que siente finalmente que puede acceder como protagonista al curso de la historia. En el fondo, estos dos movimientos verdaderamente revolucionarios intentan contestar a la pregunta antigua de las “Máximas de los Padres” (Pirkei Avot I, 14): “Si no soy yo por mi, ¿quién será por mi?. Y cuando yo también piense en mi, ¿qué soy yo?. Y si no ahora, ¿cuándo?”.

B) "El BUND y el derecho a la diferencia".

Publicado el 17-8-2017 en la web de MOKED (“portal del judaismo italiano”), puede verse aquí el original:                     http://moked.it/blog/2017/08/17/diritto-alla-differenza/

Doikeyt. “Nosotros estamos aquí ahora”, es la palabra de orden del BUND y es también el título de un volumen recién editado escrito por Massimo Pieri y publicado por “Mimesis” con ocasión del centésimo aniversario de la Revolución de Octubre. “Doikeyt” indica el estar aquí (en alemán “Da-Keit”, en inglés “hereness”). La conciencia, para las masas judías de la Europa oriental, de ser sujeto, y ya no solo objeto, de la gran historia.

La Unión general de los trabajadores judíos de Rusia, Polonia y Lituania (BUND), fundada el 7 de octubre de 1897 en Vilna, es el primer movimiento político judío de masas de la edad contemporánea. El excelente libro de Pieri se abre con unsa síntesis histórica de la presencia judía en el Imperio de los tzares desde mediados del Seicento, y se prolonga hasta las dos últimas décadas del siglo XIX, cuando, después de un periodo de cautas reformas, bajo Alejandro III la situación de los judíos empeora rápidamente. Son los años de los pogrom. En Vilna, la “Jerusalém del Este”, centro del socialismo judío y de multiformes fermentos intelectuales, es organizada en primer lugar la propaganda entre grupos reducidos de obreros, para después pasar a la edificación de una organización proletaria de masas por medio de la agitación. El del BUND permanece en todo caso como un socialismo peculiar, porque el judaismo es pensado no en términos de fe, sino de nación, una nación sin territorio. Como para el antiguo Israel, constituido por doce tribus y por reglas comunes que definen la colectividad, para el BUND el federalismo es un resultado natural. Es la cultura judía, antes todavía que la socialista, el pegamento elegido para movilizar a las masas en la historia; su vehículo natural es la lengua yiddish.

La idea federalista parte, por tanto, de la lengua y de la cultura. Y así cuando en 1903, en el Segundo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), Lenin impone el centralismo, el BUND se echa a un lado. Frente a la decisión de continuar siendo la voz del proletariado judío o formar parte del POSDR, los revolucionarios judíos optan por lo primero. Es una ruptura dolorosa, porque el BUND es la organización que más que ninguna otra había luchado por la fundación de un partido del que ahora se ve obligado a salir. El federalismo del BUND aspira a la unidad del frente socialista, pero partiendo de las diversidades y sin abdicar de ellas. El centralismo de Lenin, al contrario, implica y sostiene la asimilación, y lo que Lenin y Trotski piden al BUND es renunciar a la identidad hebraica. En cambio, el BUND considera la asimilación un objetivo no socialista, sino reaccionario, y entiende que justamente en la reivindicación de la autonomía nacional reside una instancia auténticamente socialdemócrata. La nación judía, además, según los bundistas, existe a pesar de no tener un territorio: es este un elemento fundamental, y un motivo más de enfrentamiento con los bolcheviques, que merece una profundización en otra ocasión. Para teóricos marxistas como Otto Bauer, Kautsky o Lenin, los únicos judíos buenos son aquellos que ya no son judíos (….). Por esto el BUND, que reivindicaba la identidad judía, era acusado de ser reaccionario, nacionalista, particularista.

BUNDISTAS EN ODESSA DURANTE LA REVOLUCIÓN DE 1905.

Despúes de la salida del POSDR, el BUND organiza con eficacia cada vez mayor la autodefensa judía durante los pogrom de 1903, que son en cambio minimizados y de hecho comprendidos por quien, como Lenin y Kautsky, ven en la sociedad una única y omnicomprensiva contradicción, la de clase. Los bundistas desarrollan entonces un rol crucial en 1905, en el momento de la primera revolución, imponiéndose como modelo de organización y ganando una enorme influencia entre los millones de hebreos polacos. En 1906, el BUND se reintegra en el POSDR, y en 1917 los bundistas están presentes en los soviets hasta la Revolución de Octubre.

Con la toma del poder por parte de los bolcheviques se concluye la parábola del BUND en Rusia, mientras la población judía se ve obligada a una alianza con la Armada Roja, la única fuerza capaz de oponerse a los sanguinarios y repetidos pogrom desencadenados por los blancos durante la guerra civil. En Polonia, el BUND permanece como hegemónico entre los judíos hasta 1939, cuando cuenta con 100.000 inscritos. En los años de la Shoah dirige la resistencia judía, pero es demasiado grande la diferencia de fuerzas con los exterminadores nazis.

“Doykeyt” es un libro con muchos pliegues: muy bien escrito, denso y rico en detalles pero siempre enormemente claro. La historia que desde las páginas de Pieri toma forma es la de una experiencia que tiene todavía mucho que enseñar. La de una organización judía, el BUND, que se opone ya sea al centralismo, ya sea a la asimilación, y expresa un proyecto federalista de integración fundado sobre el mantenimiento de la diversidad y esforzado en pedir el pleno reconocimiento del derecho a la diferencia. De un grupo de personas que pensaban en poder cambiar algo, o quizás muchas cosas, y que se arriesgaron para hacerlo en el contexto en que vivieron, tenemos ciertamente mucho que aprender.

 

 

Bibliografía y artículos en la red.

LIBROS

– Henry Near: “The Kibbutz Movement. A History”. 1992.

– Gerson Shafir: “Land, Labor and the Origins of the Israeli-Palestinians Conflict, 1882-1974“. 1996.

– Eduardo Neira Alba: “La tierra y el hombre, formas de la experiencia agraria en Israel”. 1963.

– Donatella di Cesare: “Israele. Terra, ritorno, anarchia“. 2014-

- Leopoldo Müller: "Los hijos del kibutz". 1973

ARTÍCULOS EN INTERNET:

– Anita Schapira: “El sionismo en la era de las revoluciones”. http://jinuj.net/articulos/412/schapira_0103.html

Iván Montoya Restrepo – Celia Dávila Dávila: “Antecedentes y evolución del sistema de asentamiento y de los kibbutzim en Israel.

http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S0121-50512005000100003&script=sci_arttext

– Alfonso Carlos Morales Gutiérrez: “El Kibbutz como experiencia comunitarista: relaciones básicas y limitaciones“.

http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewFile/992/999

– “El Kibbutz. Semilla del Estado de Israel“.

http://miblog-shomer.blogspot.com.es/2006/10/el-kibbutz-semilla-del-estado-de-israel.html

– “Hapoel HaMizrachi”. http://multiboites.com/definizione/lettera-h/hapoel-hamizrachi.php

– Sergio Rotbart: “Tras las huellas del socialismo judío. Primera parte“.

https://grietaenelmuro.wordpress.com/2010/05/10/tras-las-huellas-del-socialismo-judio-primera-parte/

– Sergio Rotbart: “Tras las huellas del socialismo judío. Segunda parte“.

https://grietaenelmuro.wordpress.com/2010/05/10/tras-las-huellas-del-socialismo-judio-segunda-parte/

– “Storia del fenomeno comunitario: il comunitarismo iniziatico degli esseni“.

http://www.viverealtrimenti.com/storia-del-fenomeno-comunitario-il-comunitarismo-iniziatico-degli-esseni/

– “Storia del fenomeno comunitario: la stagione dei kibbutzim“.

http://www.viverealtrimenti.com/storia-del-fenomeno-comunitario-la-stagione-dei-kibbutzim/

– Rav Pinchas Punturello: “Dall’individualismo al collettivismo religioso-nazionale

https://anousimitalia.wordpress.com/2015/01/18/dallindividualismo-al-collettivismo-religioso-nazionale/

– Yehudah Mirky: “Ese sionismo religioso que no conocen“.

http://safed-tzfat.blogspot.com.es/2012/06/ese-sionismo-religioso-que-no-conocen.html

Imagen: Pixabay.

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