¿Qué es Israel? (VII). La religión en la política. La política en la religión
(1) La controversia sobre el nombre de Dios en la Declaración de Independencia de Israel.
Publicado en la web de JOIMAG el 9-5-2.019. Originalmente publicado en "The Jewish Chronicle" el 16-4-2.018, traducíendolo del inglés al italiano Sivia Gambino). La traducción del italiano al español es de Administrador. Original aquí: https://www.joimag.it/la-controversia-sul-nome-di-dio-nella-dichiarazione-dindipendenza-di-israele/
DANIELLA KOLODNY.
El 14 de mayo de 1.948, ante un público de 300 personas reunidas en el Museo de Arte de tel Aviv, además de varios miles escuchando por la radio, David Ben Gurión leyó la Declaración de la Fundación del Estado de Israel. La comunidad internacional había hecho fuertes presiones sobre los líderes sionistas, desanimándolos a declarar la independencia, pero Ben Gurion y los suyos habían decidido que el final oficial del mandato Británico de Palestina era el momento ideal para actuar.
Después de dos milenios, el pueblo judío reafirmaba su soberanía sobre la Tierra de Israel, pero ello no sin que hubiese tensiones no resueltas en el mismo documento, en particular sobre el papel de la religión para el Estado judío.
El sueño de un Estado judío había durado dos mil años, primero lo poseyeron los exiliados de la persecución romana, y después anidó entre aquellos que, en los lugares de la Diáspora, mantuvieron viva la esperanza del retorno a la Tierra de Israel. A comienzos del Siglo XX, los padres del sionismo como Theodor Herzl, Ahad Ha’am, Vladimir Ze’ev Jabotinsky, Rav Abraham Isaac Kook y otros, ya habían desarrollado visiones sustancialmente diferentes sobre como el moderno Estado debiese ser “judío”.
La Declaración de Independencia termina con: “Confiando en la Roca de Israel (Tzur Yisrael), ponemos nuestras firmas sobre esta proclama”. En el Libro de Samuel, a punto de morir, el rey David llama a Dios “Roca de Israel”: “El Dios de Israel ha hablado, la Roca de Israel me ha dicho: “Aquel que reina sobre los hombres con justicia, aquel que reina con temor de Dios es como la luz de la mañana al surgir el Sol””.
El Salmo 22 hace uso de la palabra Tzur (Roca) para describir a Dios como un protector: “La Roca en la que encuentro refugio”. El término quizá nos es más conocido por el Salmo 19: “Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón ante ti, oh Señor, mi Roca, mi Redentor”.
En las semanas anteriores a la retirada de la autoridad del mandato Británico de Palestina, la Declaración fue puesta a punto por políticos, juristas y escritores (entre ellos, Shmuel Yosef Agnon, que luego ganaría el Premio Nobel). Desde el inicio, la controversia sobre la inclusión del nombre de Dios en el documento fue tal que estuvo a punto de sabotear la aprobación de una versión final de la Declaración y de la ceremonia en el Museo de arte.
El borrador final fue examinado por una pequeña comisión, en la que estaban David Ben Gurion (entonces jefe ejecutivo de la “Organización Sionista Mundial”), Rabbi Judah Leib Maimon (líder del partido sionista religioso, “Mizrachi”), Aharon Zisling (líder del partido sionista socialista, “Ahdut Ha’avodah”) y Moshe Shertok (después Sharett, jefe del departamento político de la “Agencia Judía”).
Los sionistas religiosos insistían sobre el nombre de Dios como componente necesario del documento fundante del Estado de Israel. Zisling, dirigente de los sionistas laicos, creía en la separación entre religión y estado y no quería firmar un documento que descansaba en alusiones a lo sobrenatural. Sostenía que la inclusión del nombre de Dios significaría imponer una expresión religiosa a los no creyentes. Rabbi Maimon, cuya posición finalmente no prevaleció, insertó el nombre de Dios al lado de su firma en la Declaración. Ben Gurion encontró el compromiso: usar la expresión “Roca de Israel”, de modo que ambas partes quedasen satisfechas, dejando fuera el componente ideológico (“y su Redentor”), contenido en la Biblia.
Después de la fundación del Estado, los Rabinos Jefes sefardí y asquenazí introdujeron la expresión de Dios Redentor en la Plegaria por el Estado de Israel. Esta comienza con “Tzur Yisrael v’Goelo” (la Roca de Israel y su Redentor), prosigue invocando bendiciones por el Estado y sus líderes y afirma que la fundación de Israel es “el primer florecer de nuestra redención”.
Aquellos que conocen los textos religiosos leen la expresión Tzur Yisrael en su contexto bíblico y sagrado. Para los ateos, la expresión indica una referencia más literal al vínculo del pueblo judío con el ejército, la Tierra de Israel o las tradiciones histórico-culturales.
Cuando, años después, a Ben Gurion se le preguntó por su elección, respondió que la expresión podía indicar las tradiciones y la historia de la Torah, o la institución de las Fuerzas de defensa Israelíes.
Con los ejércitos árabes a punto de atacar, aquel 14 de mayo de 1.948, el pueblo judío debió afrontar nuevas circunstancias con valentía y creatividad. Los firmantes, creyentes o no, declararon la independencia del Estado “confiando en la Roca de Israel”.
El ejemplo del Reino Unido nos enseña que tener una religión oficial de Estado y gozar de una democracia activa que respete todas las religiones y a los no creyentes del mismo modo, es posible. Utilizando la expresión Tzur Yisrael, el pueblo judío se hace más fuerte gracias al compromiso, un compromiso fundado sobre la diversidad de pensamiento y práctica. La frase “Confiando en la Roca de Israel” continúa afirmando el derecho democrático de todos los ciudadanos de Israel a la libertad de pensamiento y de culto.
(2). Una mirada al papel de la religión en la escena política israelí.
Publicado en la web “israele.net” el 20-9-2019, de donde fue tomado (previamente “Times of Israel, 19-9-2019). Traducido por Administrador, el original puede verse aquí:
ILAN BEN ZION.
EL DEBATE SOBRE EL EQUILIBRIO ESTADO / RELIGIÓN ESTUVO EN EL CENTRO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL Y PESARÁ EN LAS NEGOCIACIONES PARA LA FORMACIÓN DEL FUTURO GOBIERNO.
A más de setenta años de la independencia, en Israel está siempre muy candente el debate sobre el papel del judaísmo en la vida pública del país. Habitualmente, las líneas de enfrentamiento en la escena política israelí se mueven sobre la cuestión del equilibrio, en la sociedad y en el Estado, entre los valores de la tradición religiosa y los de la democracia liberal. El desacuerdo sobre estos temas fue una de las cuestiones centrales de las últimas campañas electorales, y es claro que tendrá un fuerte peso en las negociaciones para la composición del próximo gobierno.
Aunque la mayoría judía del país sea en gran parte laica (con una amplia gama de posiciones diferentes en lo que respecta a la tradición religiosa), los partidos que representan la minoría ultra-ortodoxa ejercen desde siempre una notable influencia política. Haciendo palanca sobre la necesidad de los partidos más grandes de cooptarlos en las coaliciones de gobierno, los partidos religiosos se aseguraron una especie de monopolio sobre muchas áreas de la vida cotidiana, desde el cierre de los negocios y de los transportes públicos en sábado, a la sepultura judía, a las cuestiones del estado civil como matrimonios o divorcios. Israel, además, le concedió a la comunidad ultra-ortodoxa amplias exenciones del servicio militar obligatorio, un hecho que con el tiempo suscitó resentimiento en la mayoría judía.
Después de las elecciones del pasado 9 de abril, la posible coalición de gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu encontró un obstáculo insuperable en la oposición del partido laico “Israel Beytenu”, cuyo líder Avigdor Liberman insistía en exigir un cambio sobre la cuestión del servicio militar obrigatorio para los jóvenes ultra-ortodoxos. Justo subrayando la laicidad del Estado, el partido de Liberman aumentó significativamente su representación en la Knesset en las elecciones del pasado martes, situándose como imprescindible fiel de la balanza en la negociación para el próximo gobierno de coalición. Desde la misma tarde de las elecciones, Liberman se decantó por una amplia colaboración laica con las dos más grandes formaciones del país, la lista Azul y Blanco de Benny Gantz y el Likud de Benjamin Netanyahu. “Los israelíes votaron teniendo bien presente la cuestión de la relación entre religión y Estado, bajo la reserva del crecimiento del peso político y de las peticiones de los partidos ultra-ortodoxos”, comentó Yohanan Plesner, presidente del “Israel Democracy Institute”, un prestigioso think tank de Jerusalém.
De los 9 millones de ciudadanos israelíes, el 75 % está constituido por judíos. Según la Oficina Central de Estadística, la mayor parte de la población puede definirse religiosa tradicionalista o moderna, contra un 14 % definible cómo ultra-ortodoxa. Otro 20 % de la población israelí está constituida por árabes (musulmanes, cristianos y drusos).
He
ahí un sintético cuadro del papel de la religión en la política
israelí, necesario para seguir las negociaciones para la formación
del próximo gobierno.
Ultra-ortodoxos
y nacionalistas religiosos.
Los dos partidos ultraortodoxos – el partido prevalentemente
asquenazí “Judaísmo Unido por la Torah” y el sefardí “Shas”,
que representa principalmente judíos ortodoxos de origen
mediooriental – además de la formación religiosa nacionalista
“Yemina” (por lo demás, dirigida en esta campaña electoral por
una exponente no-observante cómo Ayelet Shaked) sostienen el
mayor papel
del judaísmo ortodoxo en la vida del Estado, incluyendo la
educación religiosa y la rigurosa cancelación de los servicios
públicos en Shabbat. Son las formaciones que se han opuesto a los
intentos por superar la vieja exención del servicio militar de los
hombres religiosos que dedican su vida a los estudios en los
seminarios talmúdicos. En su conjunto, los partidos ultra-ortodoxos
y nacional-religiosos obtuvieron poco menos del 20 % de los votos en
las elecciones del pasado martes. En las última décadas, estos
partidos se aliaron generalmente con el partido (laico) de
derecha Likud para darle vida a las coaliciones de
gobierno. Pero esta vez el bloque “derecha,
más ultra-ortodoxos, más nacional-religiosos” no alcanzó la
mayoría en la Knesset, obteniendo únicamente 56 escaños sobre 120.
Laicos. Muchos de los principales partidos liberales – Azul y Blanco, Israel Beytenu, Campo democrático – llevaron la campaña electoral en una plataforma explícitamente laica, sosteniendo medidas como el servicio militar universal (esto es, también para los jóvenes ultra-ortodoxos) y el matrimonio civil. Actualmente en Israel, el matrimonio es contraído ante representantes de las respectivas comunidades religiosas. Por lo tanto, todos los matrimonios judíos deben ser celebrados por el Rabinato ortodoxo según las normas y los usos de la ortodoxia religiosa. El partido fuertemente laico “Israel Beytenu”, de Avigdor Liberman, es votado principalmente por inmigrantes en su mayor parte no religiosos de lengua rusa originarios de la ex Unión Soviética. Azul y Blanco, dirigido por el ex jefe de Estado Mayor Benny Gantz, llevó a cabo la campaña electoral proponiendo explícitamente un “gobierno laico de unidad nacional”: un llamamiento que parece que sintonizó con el de Liberman, que sostiene una partnership entre Gantz y Netanyahu que excluya a los partidos ultra-ortodoxos.
Árabes. La minoría árabe israelí (aproximadamente el 20 % de la población) está compuesta en su mayor parte por musulmanes sunnitas, mientras el resto está formado por drusos y cristianos. La mayor parte de los árabes israelíes se define tradicionalista o religiosa, siempre siguiendo los datos de la Oficina Central de Estadística. La “Lista Conjunta” – una suma de formaciones menores anti-sionistas entre las que hay una laica nacionalista, una islamista y un partido comunista (árabe-judío) – obtuvo 13 escaños. La mayor parte de los árabes tiende a votar en base a la identidad nacional más que según líneas religiosas. Existe también una parte de electores árabes que votan por partidos sionistas.
Imagen: Pixabay.

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