¿Qué es Israel? (V). Algunas reflexiones sobre el conflicto palestino-israelí

 


(1). Las oportunidades perdidas por la dirigencia palestina para alcanzar un acuerdo de paz y para la creación de un Estado propio (2014).

Un ex-Ministro de Exteriores de Israel, ya fallecido, Abba Eban, solía decir que los palestinos "nunca pierden la ocasión para perder una ocasión". Otro, más actual, en su día también embajador en España, Shlomo Ben Ami, definía así la actitud política (y personal) de Arafat -líder indiscutible del pueblo palestino por cuatro décadas-: "Arafat yo díría que no contribuye a la paz, por su carácter. Nunca toma una decisión de líder, lo que suele hacer es una especie de surfing sobre las olas de la voluntad popular, y no intenta conducirla, su estrategia es que no tiene estrategia, por lo que no responde a lo que uno espera de un líder, que en una encrucijada tome una decisión difícil y conduzca a su pueblo. El nada sobre lo que él piensa la voluntad popular". Surfear, pues, sobre las olas y nunca tomar decisiones; morir como un mito, no conducir a la mejora del status de su pueblo.

"Palestina" como concepto político que pretenda albergar bajo su nombre a la población árabe habitante de esas tierras, llega al fin del Mandato y a la Resolución de partición de las Naciones Unidas (1947) sin ningún tipo de vertebración socio-política y de proyecyo estratégico. En realidad, en aquella altura, no existía propiamente el concepto "Palestina" con vocación "nacional" -sólo la creación de la OLP en 1964 cuando ya Israel era una realidad consolidada y reconocida, configura un proyecto específicamente "palestino"-. El rechazo del Plan de Partición entonces propuesto es el error fundamental de la parte palestina para alcanzar la paz y llegar a crear un Estado propio, del que trae causa en buena medida la persistencia de la cuestión árabe-israelí (y más específicamente israelí-palestina). Un error conceptual derivado de no tener posición propia -dimitir de actuar políticamente con voz propia- y dejarse llevar por intereses de países que únicamente pretendían repartirse territorios y áreas de influencia, "echando a los judíos al mar". Es perfectamente intuible que si Israel fuese derrotada en 1948, la cuestión palestina no existiría y el concepto de "autodeterminación" no estaría en el vocabulario político cotidiano de la región. Este desistir, esta falta de vertebración política, es actitud común en los años previos a la creación del Estado de Israel y al Plan de partición, pues la parte árabe ni desarrolló una política anti-colonialista con objetivos (frente al Mandato británico), ni practicó una diplomacia eficaz ni -y esto es crucial- creó las más mínimas bases de un Estado futuro.

Desde la Declaración de independencia, Israel ha padecido unas cuantas guerras -en la mayoría de la cuales se jugaba nada menos que su supervivencia-: la de 1948, la de Suez de 1956, la de los seis días de 1967, la de Yom Kipur en 1973, la del Libano de 1982, la guerra con Hezbollah o segunda guerra del Líbano en 2006; además de dos intifadas y la operación "Plomo fundido" (finales de 2008-comienzos de 2009), precedida por los oermanentes ataques con misiles desde Gaza, por exponer algunos de los los momentos y situaciones de mayor tensión.

Palestina, para existir como Estado, necesita creer en sí misma. En los mencionados conflictos armados no fue (como mucho) más que excusa; en realidad nada la impicaba o podría favorecerla. Con una OLP recién nacida, 1967 es fecha clave: nada se soluciona con la guerra y se añade el problema de Jerusalén. La delirante posición de los "3 noes" de la Liga árabe en la Cumbre de Jartum eterniza el problema y el liderazgo palestino no aparece. Ni está, ni se le espera. "No a la paz, no al reconocimiento, no a la negociación" ... no parece un punto de partida esperanzador. Camp David es otro momento determinante, pues señala un camino, pero el liderazgo palestino sigue sin comparecer. "Paz por territorios" dicta el sentido común, con certeza el menos común de los sentidos. Cuando en 1973 los paises árabes reconocen por primera vez su inferioridad militar, las élites palestinas deberían entender que tendrían que volar "con alas" propias, que ningún profeta (aramado) iba acercarlos al "Paraiso" de una soberanía estatal -lo cual, de necesidad, implica garantizar la garantía de paz para el otro.

Pero ni la Conferencia de Madrid (1991) ni los Acuerdos de Oslo 1993) ni la Cumbre de Annapolis (2007), han servido para avanzar significativamente. Poner sobre la mesa el problema de los refugiados a estas alturas de la historia es buscar excusas para no concertar, porque la dirigencia simplemente busca mantener "unido a su pueblo" y su propio status quo ... esta parece ser la razón de ser de actuar como líderes. Para este viaje -ciertamente- no hacen falta alforjas. Cuando te levantas de una mesa de negociación -como Arafat- cuando te ceden en el 95% de lo que pides, no estás haciendo política, estás autojustificándote.

En su libro “¿Cuál es el futuro de Israel?”, el ex-embajador de Israel en España y ex-Ministro de Exteriores por el Partido Laborista Shlomo Ben-Ami manifiesta (p. 396) que "Cuando Edward Said visitó el sur del Líbano, se impuso el deber de lanzar una piedra contra Israel. Fue un acto revelador. ¿No es cierto? El intelectual, digamos emancipado, se dejaba atrapar por su mitología". Y es que nunca un intelectual palestino admitirá que el gobierno israelí entonces en funciones fue el primero en dar un paso relavante hacia una situación más aceptable. Porque, en realidad, a lo que aspiran, es a una capitulación total de la parte israelí. Es un "pensamiento único" de los intelectuales árabes y palestinos, nos dice Ben-Ami. En un sentido contrario, la intelectualidad israelí fue siempre partidaria del proceso de paz. Meretz, el Partido Laborista o "Paz Ahora" siempre fueron la vanguardia en la lucha por la paz, aun sabiendo que esa toma de posición los perjudicaba.

Y aludiendo al proceso de paz en que participó como representante de la parte Israelí en tanto Ministro, revela datos relevantes: Israel debía recibir entre el 4 y el 6% de los territorios cisjordanos para la creación de 3 enclaves en los que se reagruparían entre lo 70 y el 80% de los pobladores judíos de los territorios. Israel, a cambio, debía ceder entre el 1 y el 3% de su territorio – lo que actualmente está bajo soberanía de Israel -. Se trataba por lo tanto de una devolución a los palestinos del 97% de los territorios.

Y es que – nos dice Ben-Ami - el mismo Ben Gurión ya preconizó el abandono de los territorios en 1.967; y lo hacía apelando a la coherencia con su sionismo. Antes, durante la guerra de 1948 sugirió al General Igal Alón que no debía entrar en Judea y Samaria, por residir allí gran número de palestinos. Para después manifestar el ex-Ministro que la derecha no tiene el monopolio del patriotismo; en Israel fue la izquierda quien inventó el patriotismo, no la derecha. El sionismo consiste en desarrollar una "moral colectiva". Y fundar una sociedad más justa. "El sionismo no consiste necesariamente en vivir en Hebrón", sentencia.


La paz se va abriendo camino desde abajo, entre los pueblos, con más protagonismo e incidencia de una sociedad civil más viva, como la israelí. Justo es decirlo. La Iniciativa de Ginebra duerme, de momento, el sueño de los justos. Un divorcio civilizado propone siempre - negro sobre blanco - el premio Príncipe de Asturias Amoz Oz. Unir al pueblo palestino o buscar su prosperidad: la pelota está en el tejado de Abbas. La geopolítica, de momento, no favorece. Es la hora de comprometerse ... Israel no va a suicidarse. Paz por territorios, una vez más, no pseudopropuestas estériles. ¿habrá llegado la hora de la paz? Quizá buena parte del pueblo palestino no esté dispuesto a esperar una eternidad. Que así sea.









(2). Una entrevista al historiador Benny Morris.

Benny Morris: En la escuela de la realidad / ENTREVISTA EXCLUSIVA.

Publicado el 11-7-2016 en la web L´INFORMALE. Traducido por Administrador, puede verse aquí el original: http://www.linformale.eu/benny-morris-alla-scuola-della-realta-intervista-esclusiva/

Benny Morris es uno de los mayores expertos del conflicto árabe-israelí. Nacido en 1.948, profesor de Historia en el Departamento de estudios medioorientales en la Universidad Ben Gurion del Negev, ha escrito libros fundamentales que ningún estudioso serio o investigador que quiera comprender algo del más problemático y duradero conflicto histórico a nivel planetario, puede prescindir de leer. Entre ellos Exilio, Israel y el éxodo palestino 1947-1949, Víctimas, Historia del conflicto árabe-sionista 1881-2000, La primera guerra de Israel. De la formación al conflicto con los estados árabes 1947-1949.

Su mirada a la historia es la lúcida e implacable de un realista impenitente, el cual analiza y registra los hechos con ojos completamente secos.

Nos encontramos en Jerusalém, en el barrio de Rehavia, en una luminosa jornada de finales de junio.

Cuando has comenzado a escribir sobre el conflicto árabe-israelí, has sido acogido en la izquierda como un estudioso que estaba deconstruyendo la narrativa hegemónica sobre la Guerra de Independencia. Posteriormente, tus admiradores te han atacado por aquello que han considerado un cambio de perspectiva histórica. ¿Se ha producido realmente este cambio?

Nunca he cambiado mi perpectiva histórica. Siempre he escrito aquello que me decían los documentos y la perspectiva no ha cambiado. Si ves mi primer libro sobre los refugiados (Exilio, Israel y el éxodo palestino, 1947-1949), las conclusiones son exactamente iguales a las de la segunda versión publicadas dieciseis años después. Lo que ha cambiado ha sido mi valoración sobre la voluntad palestina de hacer la paz con Israel. En los años Noventa estaba cautamente esperanzado de que los palestinos cambiarían su posición y estarían dispuestos a hacer la paz. Se reveló que no lo estaban. Cuando rechazaron los compromisos americanos e israelíes en el 2.000, este episodio cambió mi perspectiva. Esta es la razón por la que muchas personas se enfadaran conmigo, porque dije que la paz no existe no por culpa de los israelíes, sino por la culpa de los palestinos.

En 1.922, Mussa Kazim al Husseini, el Jefe del Ejecutivo Árabe-Palestino, a propósito de los árabes dice “La naturaleza no permite un espíritu de cooperación entre dos pueblos más diferentes”. Después de 94 años parece que sus palabras aun sean muy actuales. ¿Está de acuerdo con él?

Si, me parece que veía las cosas correctamente. No creo que los judíos y los árabes puedan vivir bien en un Estado en el que compartan el poder. Diría que las cosas han empeorado, que los casi cien años adicionales de animosidad y violencia los han convertido en aun menos dispuestos a fiarse los unos de los otros de cuanto sucedía antes. Ha existido el terrorismo, la vuelta de la insurgencia árabe, el acercamiento de los palestinos al fundamentalismo. Todo ello ha hecho aun más improbable que la paz pueda ser alcanzada.

De tu investigación parece que tú consideres el rechazo árabe como el principal obstáculo desde el principio para una resolución del conflicto. ¿Es así?

Desde mi punto de vista el rechazo árabe no ha cambiado. Han dicho no al compromiso avanzado por los ingleses en los años Treinta, han dicho no al Plan de partición de las Naciones Unidas que expresaba la voluntad de la comunidad internacional, han dicho no en 2.000 con Arafat en Camp David y han dicho otra vez no con Abu Mazen como líder al compromiso Olmert en 2.008. Entretanto, Hamas se ha hecho más fuerte y se opone a cualquier tipo de compromiso territorial. No veo ningún chance de compromiso en el horizonte.

Querría hablar del comportamiento de los líderes sionistas antes y durante la Guerra de Independencia. Existe una vexata quaestio relativa a la cuestión de la voluntad de transferir la población árabe antes y durante la guerra. Hay quien sostiene que fue producto de algo premeditado, llegando al extremo de acusar a los jefes sionistas de mentalidad genocida, y aquellos como tú que estiman que el desplazamiento fue más la consecuencia de la amenaza árabe en relación con la presencia judía. ¿Qué me puedes decir al respecto?

Antes que nada, la cuestión nada tiene que ver con el genocidio o con una mentalidad genocida. En el peor de los casos, algunos líderes sionistas pensaron en el desplazamiento, y ciertamente no en los términos de masacres o de homicidios de masa y realmente nada de ese tipo ha tenido lugar. En 1930, mientras el antisemitismo aumentaba en Europa, existía la necesidad de un refugio seguro para los judíos. Los Estados Unidos e Inglaterra no querían acogerlos. El deseo de los judíos era venir a Palestina, donde la soberanía judía había existido durante siglos, y algunos líderes, entre ellos Ben Gurion y Chaim Weizmann, pensaron sobre el desplazamiento de una parte de la población árabe o de toda la población árabe del área que debería convertirse en el estado judío. Entonces, en 1.937, la Comisión Peel propone a los árabes una partición con la cual los judíos habrían adquirido el 17% de Palestina y los árabes sobre el 70%. Los judíos pensaron que solo era justo, si debían quedarse con el 17%, que al menos fuese privado de árabes de modo que se les permitiera absorber los judíos perseguidos que llegaban de Alemania. Esto es lo que también la Comisión Peel consideró justo. Aconsejó el desplazamiento como prerequisito que acompañaba la solución de los dos Estados.

Algunos judíos rechazaron la idea del desplazamiento en tanto pensaban que hubiese algo inmoral en la idea de expulsar parte de la población nativa, pero otros pensaron que la moralidad de salvar centenares de miles de vidas judías estaba por encima de la inmoralidad de expulsar unos centenares de miles de árabes, 225.000 árabes, del área que debía convertirse en el Estado judío. No tenían que ir a ningún otro lado, irían a vivir con su gente y serían compensados. Esta era la idea, y lo que aconsejaba la Comisión Peel estaba avalado por personas como Ben Gurion y Weizman. La gobernación británica avaló la idea pero después renegó de ella, y en 1.949 aconsejó que toda Palestina fuese sometida sustancialmente a la soberanía árabe.

El desplazamiento tuvo lugar en 1.947, 48 y 49, como consecuencia de la Guerra. Los árabes de Palestina y posteriormente los de los estados circundantes atacaron a los judíos y al emergente estado judío. Fue una guerra civil en la primera mitad, durante la cual la población estaba mezclada. El único modo de vencer para los árabes era expulsar a los judíos de las zonas que debían convertirse en judías. Los judíos fueron más eficientes y esencialmente expulsaron a los árabes. Muchos de ellos huyeron a consecuencia de ello y los judíos consiguieron que no volviesen. Algunos fueron expulsados, a algunos se les aconsejó o les fue ordenado por sus jefes pensando que volverían una vez que los árabes hubiesen ganado la guerra. No sucedió y no volvieron.

Algunos historiadores, a diferencia de mi, no piensan que cuando Ben Gurion y  Chaim Weizmann hablaban de desplazamiento en los años Treinta tuvieran realmente la intención de llevarlo a cabo. Al contrario, yo entiendo que consideraban seriamente la posibilidad, pero que las autoridades británicas no querían implementarlo y los judíos, en los años Treinta, no eran capaces de hacerlo por sí solos, pero pensaron seriamente en la cuestión.

En noviembre de 1947, cuando es propuesta una partición del país, debía haber 400.000 árabes en el estado judío y apenas más de 500.000 judíos, y los líderes sionistas, entre ellos Ben Gurion y Weizmann, aceptaron eso, la presencia de una importante minoría árabe en el estado judío. Podría decirse que no fueron sinceros, que no lo pretendían realmente, pero dijeron sí. Los árabes dijeron que no y comenzaron a disparar.

Cuando entrevisté al estudioso y politólogo alemán Matthias Kuntzel el invierno pasado, subrayó que ya durante los años Treinta los Hermanos Musulmanes y Haji Amin al Husseini islamizaran la guerra contra el sionismo y los judíos. ¿Estás de acuerdo con él en que las raíces más profundas del conflicto son las religiosas?

No completamente. El conflicto conjuga elementos políticos y de lucha nacionalista entre las dos partes y también elementos de conflicto religioso. En tiempos diferentes uno de los dos prevalece, pero ciertamente desde el inicio existió un fuerte elemento religioso en el antagonismo árabe contra el sionismo y aumentó con Haji al Husseini. Era un clérigo y comprendía muy bien que para movilizar a las masas árabes era necesario usar la religión, no la política. En la época, las masas no sabían que era el nacionalismo pero comprendían de qué se trataba cuando se hablaba de Alah y de los lugares santos. Al Husseini dijo que los judíos querían apoderarse del Monte del Templo, que querían destruir las mezquitas, y esto fue aceptado por las masas árabes y las llevó a ataques violentos contra la presencia judía y el naciente estado judío. En el Islam existe un profundo antagonismo en relación con el judaísmo, y está anclado en el Corán, en tanto el judaísmo era una religión rival cuando Mahoma comenzó a predicar y de hecho destruyó algunas tribus judías. La religión todavía es la base para el continuo antagonismo musulmán contra los judíos y los cristianos y una justificación para la Jihad.

Hoy es habitual definir la presencia israelí en la West bank como “ocupación”, con todo lo que esta definición comporta, pero esta definición es altamente controvertida y abiertamente contestada por Israel. En realidad los territorios son disputados. ¿Cuál es tu posición sobre el tema?

Los territorios son seguramente disputados, pero existe también una semi-ocupación ¿Por qué semi-ocupación? Porque algunas áreas en la West Bank, especialmente aquellas con una amplia población árabe, de alguna manera son gobernadas por la Autoridad Palestina, pero también están rodeadas por puestos de control israelíes y contingentes militares, y por tanto existe una especie de ocupación. Así, si los palestinos quieren ir a Jordania o volar a Estados Unidos, deben obtener un permiso israelí, si quieren importar algo, las importaciones deben llegar a Israel, si quieren exportar algo, también en este caso, lo que es exportado debe ir a Israel, si quieren construir en algunas zonas deben obtener permisos israelíes. Por tanto, es una semi-ocupación, es una ocupación inusual, Israel no está allí, pero controla el área circundante. Lo mismo vale para la Franja de Gaza. Está completamente bajo el control de Hamas, pero Israel controla el espacio aéreo, la costa marítima y algunas de las salidas de la Franja mientras Egipto controla otra salida por el Sur. Hamas gobierna dentro, mete a la gente en prisión, mata a los opositores, impone la ley religiosa, esto es cierto, gobiernan en todo caso, son soberanos de algún modo, pero no completamente porque Israel los rodea y les suministra agua y electricidad. Viven fundamentalmente tomando de Israel.

En One state two states liquidas como completamente irrealista la idea de un estado binacional y escribes que “La idea de los dos estados permanece como la única base moral y política sensata para una solución que ofrezca un mínimo de justicia y trace una posibilidad de paz para ambos pueblos”. ¿Hasta qué punto los palestinos desean realmente esta solución?

No creo que la quieran. Como han hecho constantemente en el pasado, tampoco hoy quieren una solución. Quieren toda Palestina. Creen que les pertenece en términos de justicia. Dividir la tierra con Israel, la cual tiene el 78%, lo consideran completamente injusto y no están dispuestos a aceptarlo. Fatah, el así llamado movimiento secular, finge querer una solución binacional, Hamas la rechaza abiertamente, Abu Mazen navega aquí y allá, no está de acuerdo con un estado judío al lado de uno palestino, pero dice que si, pero cuando se llega a negociar ciertamente no firmará acuerdo alguno, como lo ha hecho Arafat y como el mismo Abu Mazen no lo ha hecho en 2.008, cuando le fue ofrecido.

Digamos que al final exista un acuerdo entre el gobierno israelí y la Autoridad Palestina. ¿Cuánto podría ser tomado en serio un eventual acuerdo frente a la fuerte oposición de Hamas, el cual gobierna 1.500.000 árabes en Gaza?

Hamas no solo gobierna un millón quinientos mil árabes en Gaza, sino que tiene también una profunda influencia en la West Bank y en los campos de refugiados en Líbano, Siria y Jordania. Hamas goza de un apoyo muy fuerte. No creo que ningún líder de la Autoridad Palestina, Abbas o su sucesor , firmará nunca un acuerdo, porque sería un mandato de muerte. Hamas lo mataría. Hamas subvertiría el acuerdo si tuviese que firmarlo, pero no creo que lo firmará. Aunque lo hiciese, como sugieres, Hamas se rebelaría y muchos palestinos se inclinarían por Hamas porque han sido educados y se les ha inculcado la idea de que los israelíes son ladrones y que su presencia en Israel es ilegítima, y por lo tanto no se sumarían. Piensan que la historia está de su parte. Esto es un problema, dado que la historia para ellos son los estados árabes circundantes, el poder económico árabe, el mundo musulmán, etc.

Los judíos son poco más de seis millones en esta pequeña esquina del mundo donde hay centenares de millones de árabes, y entonces los árabes miran la cosa objetivamente y dicen, no puede durar, se trata de una anomalía. Lo que debemos hacer es no firmar acuerdo alguno y eventualmente la demografía, el poder económico, el poder político, decidirán el resultado y acabará como con los cruzados que fueron expulsados el el siglo XII.

¿Está de acuerdo en que la narrativa imperante según la cual los palestinos son las víctimas y los judíos explotadores y perseguidores es una reformulación del persistente paradigma antisemita?

Es un conjunto de cosas. Mira, ambos pueblos son víctimas. Los judíos son víctimas de dos mil años de persecución cristiana y de persecución musulmana y son víctimas de los ataques árabes y del terrorismo palestino. Los árabes son víctimas en el sentido de que Israel ha expulsado a una buena proporción de sus casas, ha ocupado la tierra y los ha hecho vivir bajo una forma de semi-ocupación desde 1967.

Actualmente, los judíos son los más fuertes en Medio Oriente, pero si ves el mapa y la realidad demográfica, la realidad política, los judíos, efectivamente, son los desfavorecidos en términos históricos. Somos más fuertes que los palestinos, pero el mundo árabe, que está actualmente fragmentado, es potencialmente mucho más fuerte que nosotros.

He titulado unos de mis libros Víctimas porque ambas partes son víctimas y afirman serlo, pero si se ven las cosas en una perspectiva histórica los judíos son las víctimas mayores, aunque en un sentido inmediato también los palestinos son víctimas y tiene el derecho de sentirse tales. Pero su victimización es en buena medida autoproducida porque se les ofreció un Estado por la Comisión Peel, de las Naciones Unidas, por Israel, y siempre han dicho que no. Si hubiesen aceptado no serían víctimas, tendrían un Estado suyo, cierto, no toda Palestina, pero tendrían una amplia porción o, como se les ofreció posteriormente, una porción reducida, pero en todo caso un Estado. Son víctimas en parte porque han continuado diciendo no.

En Occidente, el prejuicio contra Israel es muy fuerte. Muchos lo consideran un vestigio del colonialismo y esta definición se ha vendido muy bien desde los años Sesenta hasta hoy ¿Qué hay que decir al respecto?

El paradigma colonial se refiere a una madre patria imperialista que manda a sus propios hijos a otras tierras, las conquista y entonces explota a los nativos y los recursos naturales. El sionismo fue el proyecto de un pueblo perseguido en toda Europa, los judíos, que necesitaban una patria y vinieron aquí y compraron parcelas de tierra. No conquistaron nada, compraron. No eran agentes de un imperio, pensaban en ser agentes de su propio pueblo. Es cierto que al principio Inglaterra los apoyó un poco de tiempo y después corta su apoyo y es igualmente verdad que los Estados Unidos los apoyaron a partir de cierto momento, pero no fueron nunca agentes de los Estados Unidos, como puede verse en la rivalidad Obama / Netanyahu. Es cierto que de algún modo Israel protege algunos intereses americanos e intereses occidentales en la zona en tanto compartimos los mismos valores y así sucesivamente. Existe algo de colonial en el sionismo en el sentido de que se trató de un movimiento europeo y se trata de la Europa que se mueve hacia una tierra del tercer mundo y que gradualmente se extiende sobre ella. En este sentido existe un elemento colonial. El sionismo ha creado los que se conocen como moshavots (n.d.r. comunidad agrícola cooperativa) y los asentamientos que se han expandido progresivamente, primero poco y después cada vez más. Entonces, todavía otra vez, desde esa óptica se trata de un movimiento colonial, pero de ningún modo puede ser comparado al colonialismo occidental.

Eres un realista al cubo. En lo que escribes y dices no existe nunca un punto mórbido. ¿Es demasiado pesimista ver el futuro de Israel como una perenne fortaleza en Medio Oriente, o es por contra el modo más válido de mirar a la cara a la realidad?

Creo que la realidad en el Medio Oriente, y todavía más después del despertar árabe, significa que Israel, para poder sobrevivir aquí - y no estoy seguro de que lo logrará, el imperio romano no ha sobrevivido, ningún Estado sobrevive por siempre - necesite ser una fortaleza, necesite ser fuerte. Debe rechazar los ataques árabes y el antagonismo árabe y la maldad occidental, que está creciendo, como tú dices. Israel podría comportarse mejor en un cierto sentido, podría parar los asentamientos, nunca he apoyado la empresa de los asentamientos, mostrar a Occidente que es sincero en su voluntad de paz. Hay acciones que el Gobiero podría llevar a cabo. Por ejemplo, construir un puerto en Gaza, que podría ser monitoreado internacionalmente y por Israel. No estoy diciendo que pueda hacerse, no estoy diciendo que podría funcionar. El verdadero problema de base no son realmente los gestos de Israel o la política, sino el rechazo árabe.

De este modo volvemos al punto principal.

Si, es cierto, pero es como están las cosas.

Imagen: Pixabay.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Fundamentalismo(s). Integrismo(s)

Nietzscheana

Algo de geopolítica …. con George Friedman, Lucio Caracciolo y la revista italiana “Limes”