¿Qué es Israel? (IV). Acontecimientos del moderno Israel

 


 

(1). ¿Cuál es la importancia histórica del 29 de Noviembre 1947? Consecuencias geopolíticas.

¿QUE SE DECIDIÓ EL 29 DE NOVIEMBRE DE 1947.

El 29 de noviembre de 1947, a las 12:40, la ONU votaba la resolución que llevaría posteriormente a la creación del Estado de Israel. En ese día y fecha, la Asamblea General votó el Plan de Partición de la Palestina del Mandato, que contemplaba la creación de dos Estados en aquel territorio: árabe uno, el otro hebreo. Jerusalém era asignada al control internacional, en base a la Resolución nº 181 del organismo internacional. Para poder ser aprobada la propuesta, debería contar con 2/3 de votos favorables; sometida por dos veces la propuesta a votación en el mes de septiembre, no había obtenido la (cualificada) mayoría requerida.

Con una Asamblea en la que ejercía de Secretario General el noruego Trygve Lie, la votación arrojó un resultado de 33 votos afirmativos, 13 negativos y 10 abstenciones. David Horowitz, delegado sionista en la Asamblea expresa la emoción de aquellos momentos: “sentimos batir las alas de la historia sobre nosostros”.

En Jerusalém, Golda Meir se dirige a la multitud desde el balcón del Palacio de la Agencia Judía y manifiesta que “Por dos mil años habíamos esperado nuestra liberación. Ahora que está aquí es tan grande y maravillosa que va más allá de las palabras humanas. Hebreos: Mazal Tov”.

David Giladi, periodista de Yediot Ahronot, describe así la noche en Tel Aviv: la ciudad “no ha pegado ojo”, “ Ha dado rienda suelta a la alegría de lo deseado ardientemente por tantas generaciones que no han vivido lo suficiente para sentirla”, “estaba ebria por la victoria”.

Sorprendidos y abatidos por la nueva realidad que se abría ante sus ojos, los representantes de los estados árabes -concretamente los delegados de Arabia Saudita, Egipto, Iraq, Líbano, Siria y Yemen- se levantaron y abandonaron la sala donde la Asamblea se celebraba-. El Alto Comité Árabe envía inmediatamente una misiva al Secretario General en la que se manifestaba que los árabes de Palestina no aceptarán nunca que les impongan respetar la partición. Entretanto, desde la capital egipcia, los clérigos de Al-Azhar (seminario islámico) hacían un llamamiento en favor de una “jihad mundial en defensa de la Palestina árabe”.

Votaron a favor de la partición las representaciones de los siguientes Estados: Venezuela, Uruguay, Ucrania, URSS, Sudáfrica, Suecia, Polonia, Perú, Paraguay, Panamá, Noruega, Nicaragua, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Liberia, Islandia, Holanda, Haití, Guatemala, Francia, Filipinas, Estados Unidos, Ecuador, Dinamarca, Costa Rica, Checoslovaquia, Canadá, Brasil Bolivia, Bielorrusia, Bélgica y Australia; en contra lo hicieron los siguientes: Afganistán, Arabia Saudita, Egipto, Irán, Irak, Líbano, Paquistán, Siria, Turquía, Yemen, Cuba, Grecia e India ; las abstenciones provenían de: Argentina, Colombia, Chile, El Salvador, Honduras, México, Reino Unido, Yugoslavia, Etiopía y China.

A la mañana siguiente, comienzan los primeros ataques de diversos países árabes contra aquella Proclamación. Se abría paso lo que después sería para Israel una verdadera Guerra de la Independencia.

¿CUÁL ES LA IMPORTANCIA HISTÓRICA DE ESA FECHA?

En toda Israel se multiplicaron las celebraciones y el entusiasmo se apoderó del país; finalmente, cada judío que vivía en la Diáspora tenía la posibilidad real de contar con un Estado que fuera su "hogar", un territorio en el que -además de considerar suyo- podría vivir sin tener que ocultarse o renunciar a llevar una vida como judío sin problemas. Los judíos que ya habitaban la Tierra de Israel -los sabra- disponían finalmente de un instrumento estatal para dotar de cuerpo institucional a una organización social que se presentaría cada vez más compleja, y -lo cual es fundamental- reconocida a nivel internacional.

El nacimiento del Estado de Israel supuso el cumplimiento del sueño del movimiento sionista: el proyecto nacional judío que naciera en 1898 en Basilea, de la mano de Theodor Herzl, fundador del sionismo en cuanto movimiento político.

La creación del Estado de Israel, que podía dibujarse en el Plan de Partición y tendría expresión concreta en la Declaración de Independencia, venía, en primer lugar, a institucionalizar la relación del pueblo judío con Eretz Israel, con la Tierra de Israel. Institucionalización que la "Ley del Retorno" vino a poner negro sobre blanco. No pueden dejar de recordarse la palabras de Paul Johnson, autor de la monumental "Historia de los judíos":  Hebrón es un ejemplo de la obstinación judía a lo largo de cuatro mil años. También ilustra la extraña ambivalencia de los judíos hacia la posesión y la ocupación de la tierra. Ningún pueblo ha mantenido durante un período tan prolongado un vínculo tan emotivo con determinado rincón del planeta … no deja de ser curioso que, durante más de tres cuartas partes de su existencia como pueblo, la mayoría de los judíos hayan vivido fuera de la tierra que consideran suya”. Ni las de Ben Gurion, que fue así de claro en la proclamación oficial de la independencia: El Estado de Israel permanecerá abierto a la inmigración judía de todos los países y a la Reunión de las diásporas”.

La importancia histórica viene dada por el fundamental hecho de ser la comunidad internacional -especialmente contando con el apoyo de las dos grandes superoptencias que se configuraban con el final de la Segunda Guerra Mundial- quien avalaba la idea de que el pueblo judío tenía derecho a poseer un territorio, ejercer su soberanía sobre él y, en definitiva, ejercer su derecho de autodeterminación y dotarse de un aparato estatal. La homologación, al fin y al cabo, entre las naciones modernas.

Era el colofón del sueño sionista y el fin de los (milenarios) exilios forzados. Ciñéndonos exclusivamente al periodo posterior al nacimiento del movimiento sionista, suponía el éxito de un largo y duro esfuerzo, con victorias y derrotas, con avances, retrocesos, paralizaciones. Mientras la institucionalidad judía avanzaba en la creación de la arquitectura del futuro Estado, los avatares históricos se sucedían: el asesinato del archiduque austriaco Francisco Fernando el 28-6-1914 abría paso a la Primera Guerra Mundial, que no finalizaría hasta 1918; el Canal de Suez -obra francesa construida en el periodo 1859-1969- se convertía en esencial para los intereses del Imperio británico, especialmente tras la alianza entre el Eje Austro-Húngaro-Germano y el Imperio Otomano; en sus necesidades bélicas, los británicos pretendían quedar bien con las instituciones judías, pero se buscaba el favor de árabes que pudieran unírsele contra los otomanos -es la época del mítico Lawrence de Arabia-; Francia también estaba fuertemente implicada en el área geográfica aludida, pues sus aspiracones terrotoriales sobre lo que hoy es el Estado libanés eran claras; los acuerdos de Sykes-Picot de 1916 establecían el futuro mapa de Oriente Medio sin contar con ningún líder árabe, lo cual era problemático; la ciudad de Jerusalém representó siempre una problemática específica, por los múltiples y variados actores que la reivindicaban como referencia -no siempre ligada a su entorno-; aunque Gran Bretaña asumió de facto el mandato sobre Palestina tras la derrota del Imperio Otomano en 1918, no fue hasta Abril de 1920, cuando el Consejo Supremo de la Conferencia de Paz de Paris otorgó a Gran Bretaña el mandato de jure (legal) sobre Palestina; Durante los años 1920-1922 las tensiones entre la población árabe y judía se incrementaron, repudiando por igual la presencia británica en Palestina; las revueltas árabes presionaban a la población judía, haciéndolo temer por su seguridad; el inicio de la Segunda Guerra Mundial convirtió la zona en un lugar de interés geopolítico especialmente relevante -muy notablemente para los británicos .... En estas tierras y en estos tiempos la historia se adensaba, cargándose de un entrecruzamiento de intereses que hacía difícilmente viable la concrección del sueño sionista. Aun con todos estos problemas y complejidad, la institucionalidad judía es hábil en manejar la diplomacia, en gestionar el contexto en favor se sus intereses, en buscar alianzas (a veces precarias) que permitiesen hacer viable la concrección del proyecto .... todo esto cuando la población judía estaba siendo literalmente exterminada en Europa -particularmente desde 1942-, marcándose como prioridad vital la salvación de las víctimas. La frase de David Ben Gurion es bien expresiva del terreno que se pisaba por aquellos que hicieron realidad la constitución de Israel como Estado: "los sionistas combatirían contra los nazis como si no existiera el Libro Blanco, y combatirían el Libro Blanco como si no hubiera guerra"

Sobre este telón de fondo histórico se llega a la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU, cuyos puntos principales son los cuatro siguientes: 1) fin del Mandato Británico y retirada final para el 1 de Agosto de 1948; 2) establecimiento de un Estado judío y un Estado árabe y una región especial para Jerusalén administrada por las Naciones Unidas; 3) cooperación entre los dos nuevos estados en el ámbito económico, transportes, moneda, aranceles y aduanas y una variedad de otros aspectos; 4) formación de una Comisión para Palestina compuesta por cinco estados para promover la paz en la región y vigilar el cumplimiento efectivo del plan.

LAS CONSECUENCIAS GEOPOLÍTICAS

Observando el sentido del voto de los diversos Estados participantes al debatirse la Resolución nº 181 de la ONU, tenemos que Occidente en general apoya el Plan de partición -con un consenso entre las dos Europas que comenzaban a configurarse y el aval de las potencias que se levantaban como superpotencias tras la guerra-; la totalidad del mundo árabe se opone; América Latina oscila entre el "sí" y la abstención, con la excepción de la Cuba de Batista; el Tercer Mundo y referencias fundamentales de lo que con el tiempo serían los no alineados optan por la abstención; Gran Bretaña -ex-potencia mandataria- se abstiene.

El principio fundador de la geopolítica es que la geografía -el espacio físico- juega un papel significativo, determinando cómo se comportarán los Estados. La geografía desempeñará un rol esencial, también, para determinar las elecciones y destino de los países. Los cimientos de Israel se configuran en el contexto de la decadencia y de caída del Imperio británico y debe, por lo menos en parte, ser entendido como parte de la historia imperial británica. Durante sus primeros 40 años, juega un papel pivote en la confrontación de los Estados Unidos y la Unión Soviética y, en algunos sentidos, es rehén de la dinámica de estos dos países.

Israel fue re-fundado modernamente como Estado en un contexto de interacción (desde la rivalidad) entre el gran poder regional que era el Imperio otomano, y un poder “global”, el británico. En su expansión, el Imperio otomano buscó dominar el Mediterráneo oriental, riberas “Norte” y “Sur” incluidas; acceder desde los Balcanes a Europa Central, por un lado, y asegurarse Egipto, por el otro.

Las dos superpotencias surgidas de la Segunda Guerra Mundial - los Estados Unidos y la Unión Soviética - acometieron una enconada disputa del Mediterráneo oriental en aquel momento, como puede observarse en Turquía y Grecia. No dieron aire para sobrevivir al Imperio británico; ambos querían áreas de influencia en el nuevo orden del que eran reyes, y el Levante -a caballo entre tres continentes- era un área geopolíticamente -geoestratégicamente- más que interesante. Eso sí, cada uno sin entrar en provocaciones y hacer movimientos “atrevidos” para ocupar espacios, vigilándose.

Los Estados Unidos y la Unión Soviética vieron la re-creación del Israel moderno como una oportunidad de introducir su poder en el Levante. Los soviéticos pensaron que ellos podrían tener un poco de influencia sobre Israel por -en aquellos tiempos- cuestiones político-ideológicas (quizás más “ideológicas” que “políticas”); los USA se apoyaban en la importancia de su comunidad judía y en la legitimidad de ser tierra de refugio ante el desastre acaecido en Europa.

Con una larvada guerra fría sobre el terreno, las potencias árabes pretenden ser alguien e impedir la consolidación de una estatalidad judía en la región -un “Estado palestino” no se contemplaba como hipótesis por ningún actor, los Estados árabes del entorno carecían de una estrategia común y de un proyecto regional-.

Por más extraño que pudiera parecer hoy -en general desde la Guerra de Suez de 1956, y con más rotundidad aun desde la Guerra de los 6 días de 1967-, la Unión Soviética fue (a través de Checoslovaquia) el gran patrocinador de Israel en el periodo inmediatamete anterior y posterior a la creación del Estado en 1948 -la época que estamos analizando-, particularmente en el aprovisionamiento de armas; el naciente Estado era una pieza clave para el control del Oriente mediterráneo. De hecho, Irael sólo tendría el rol de aliado fuerte y firme de los USA después de 1967; el interés americano era grande: mantener la armada soviética fuera de la zona, en lo cual el control turco del Bósforo era capital.

Israel, reconocida a nivel internacional por los grandes actores mundiales oficialmente desde esta fecha de 29 de noviembre de 1947, no podía permanecer aislada, sin aliados tangibles. A pesar de la victoria sobre Alemania, los imperios de Europa Occidental quedaban lastrados. Gran Bretaña se abstiene aquel día en la ONU, pero Francia también quiere reivindicarse como actor relevante en la arena internacional; Francia estaba esforzándose en sostenerse en Argelia y la tensión con el mundo árabe era permanente, viendo a Israel como un aliado natural. El Estado israelí vio en Francia como un patrocinador que no estaba en disposición (ni interés, ni capacidad) de reducir la autonomía israelí.  

Entre las consecuencias de la partición (en definitiva, en el establecimiento en aquel preciso y concreto momento, de la posibilidad de dos Estados) podemos mencionar las siguientes:

I.       Las potencias europeas occidentales dejan de representar un rol de importancia en la región, o al mesno este se vé muy mermado.

II.    Se reanuda la violencia intercomunitaria tras la Segunda Guerra Mundial.

III.  Estados Unidos (muy dubitativa antes del reconocimiento de un Estado judío) pretende concretar una zona de influencia en la región.

IV.                        Relacionado con ello, el status de la población hebrea en el interior de EEUU adquiere relieve.

V.   El mundo árabe pretende dotarse de una estrategia común en la realidad post-colonial, más allá de la existencia de Estados y aun lejos de una instituicionalización fuerte de una visión panarabista.

VI.                       La URSS pretende lograr la hegemonía en el Mediterráneo oriental. En aquel momento patrocina la creación del Estado de Israel. Checoslovaquia juega un papel de primera magnitud.

VII.                    Cambia la relación de los judíos en el mundo con los territorios en los que viven. La “Diáspora” tiene una nueva dimensión, posee un hogar. Un hogar nacional/estatal.

VIII.                 Fundamentalmente, se crea una polarización Israel-mundo árabe, que vendrá a expresarse (a veces con simplismo) como una disputa entre “Oriente” y “Occidente”. Se crea una especie de calentamiento de motores de la guerra fría. En décadas sucesivas, los alineamientos vendrán a ser una especie de reproducción en la zona de la lucha entre bloques.

 

 

 

(2). La Ley del Retorno.

La Ley del Retorno establece que todo judío que así lo desee pueda obtener la residencia en Israel. Aprobada en 1950, no pudo llegar sino hasta después de superar la Guerra de Independencia y tras décadas de propagarse desde el sionismo político la consigna “un Estado hebreo para una inmigración libre”.

Con la desaparación de las trabas legales, judíos de los diversos continentes, por millares fueron llegando a Israel, en muchos casos debido a las específicas circusntancias (dificultosas) de los países de origen. Ya en los primeros años del moderno Estado de Israel, el número de residente judíos se duplicó por más de dos; si al proclamarse la independencia, los residentes eran casi 650.000, tres años y medio después habían llegado al país aproximadamente 685.000 personas.

La Ley del Retorno se vio acompañada, poco tiempo después -en 1952- por la “Ley ciudadana”; el conjunto de ambas normas constituye uno de los pilares básicos que marcan la identidad e institucionalidad del moderno Israel, condicionando el devenir del Estado. Ambas vienen a determinar que, por una parte, todo judío tiene derecho a inmigrar a la tierra de Israel y, por otra, que aquel que ejerza este derecho podrá recibir automáticamente la ciudadanía israelí.

Albergar inmigrantes y reunir las mil diásporas de las que fue protagonista el pueblo judío por siglos, se convirtió en política de Estado con vocación estratégica e impulso ideológico fundacional, sancionado por Leyes básicas en un Estado carente de Constitución escrita.

Aquellos tiempos eran bien diferentes de los actuales: la comunicación era mucho más difícil y la posibilidad de que los discursos políticos puedan prender en poblaciones aisladas – con la facultad de crear instituciones- estaba muy mermada. A esto parece aludir el Comunicado de 1947 de la “Agencia Judía”, que nos dice, entre otras cosas: “Este judaísmo, que estaba sumergido todos estos años en la difícil diáspora árabe estaba en su mayoría aislado del sionismo y de Eretz Israel, pero comenzó a despertar durante los años de la guerra y a incrementar su contacto con Eretz Israel y el Movimiento Sionista ... Los enviados que actuaron en esos países, sembraron importantes semillas, que con el correr del tiempo brotaron y dieron frutos”. Si los judíos residentes en los países árabes no habían soportado el trágico destino de la judería europea, con el final de la Segunda Guerra Mundial y la tensión generada con el mundo árabe con el Plan de Partición y la Guerra de independencia (periodo 1947-1948, particularmente), justamente las dificultades para la población judía se trasladaban territorialmente de Europa hacia Oriente.

No podemos desligar la Ley del retorno del concepto de aliyá, de inmigración masiva -ahora legal- en la Tierra, y Estado, de Israel. Inmigraciones masivas se dieron en diversas ocasiones; en la época más próxima a nosotros, muy relevante fue la producida con ocasión de la caída de la Unión Sovética, a comienzos de los años 90 del Siglo XX e.c. Centrándonos en los primeros años del moderno Israel como realidad estatal, el Estado puso en marcha y organizó auténticas operaciones de salida de judíos de sus países de origen, con la particularidad -por extraño que pueda parecer- de que algunos países, como Irak en el periodo 48-50, prohibían la emigración, la salida de su territorio, si el destino era Israel. Organizada por la Agencia Judía y el Gobierno de Israel, la llamada “Operación Babilonia” supuso la llegada a Israel de 130.000 judíos iraquíes, casi absolutamente desposeídos de sus propiedades en territorio iraquí.  En el periodo 1949-1950, por medio de la Operación llamada “Alfombra mágica”, los judíos yemeníes eran trasladados a Israel vía aérea, en una operación -organizada por JOINT y la Agencia Judía- que ellos denominaron con palabras grandes: “La llegada del Mesías”.

Centrándonos en la Ley del retorno, y concretamente en su texto, vivir en Israel es concebido como un derecho, pues, conforme a sua artículo 1º: "Todo judío tiene derecho a hacer Aliá". La Ley otorgaba el derecho de residencia a todo judío que emigrara a Israel.

Algunas excepciones se contemplan tanto en esta Ley -como en la de ciudadanía de 1952-, de modo que al concurrir determinadas circusntancias se veda el acceso, sea a la residencia, sea a la ciudadanía; se trata que circunstancias dependientes no del origen, sino del actuar de las personas, tratándose de actuaciones particularmente graves: haber actuado contra el pueblo judío, poner en peligro la seguridad del Estado o la salud pública, o tener antecedentes criminales.

Conforme a la Ley, concretamente a su 2º artículo, la inmigración se efectivizará bajo la visa de inmigrante (olé).

Como es lógico, la Ley -concretamente en su artículo 4º- contempla el (multitudinario) supuesto de los judíos que hicieron aliá antes de la entrada en vigor de esta Ley, estableciendo su igualdad de derechos con quien inmigra en una fecha posterior a dicha entrada en vigor, consolidando la legalidad y regularidad de su situación, de su estancia en territorio israelí. El beneficio se otorga igualmente al hijo y nieto de judío, así como a la pareja del hijo y nieto de judío, pero se priva del mismo a quien fue judío y, por voluntad propia, cambió de religión. Carece de relevancia que la persona judía de la que deriva el derecho de otras esté viva o no, siendo indiferente que hiciera o no aliá.

Se establecen derechos con base en la judeidad. Pero ¿quien es judío a los efectos de la aplicación de esta norma? A esta crucial cuestión -de cuya aclaración depende completamente la aplicación práctica- responde el artículo 4º del siguiente modo: "todo aquel nacido de madre judía o convertido al Judaísmo y que no es miembro de otra religión".

Finalmente, y en su artículo 5º, se encomienda la ejecución de la Ley -tanto en cuanto a desarrollo normativo como a aplicación práctica y administrativa- al Ministerio del Interior.

No se trata, en realidad, de pecualiaridad alguna del Estado de Israel, la existencia de una legislación de este tipo, acusada como distorsionadora y discriminadora en la arena política por los oponentes de Israel y particularmente entre aquellas tendencias políticas que niegan el derecho a existir de Israel. Por poner un ejemplo, la Constitución de la República de Irlanda dispone en su 2º artículo que "It is the entitlement and birthright of every person born in the island of Ireland, which includes its islands and seas, to be part the Irish Nation. That is also the entitlement of all persons otherwise qualified in accordance with law to be citizens of Ireland. Furthermore, the Irish nation cherishes its special affinity with people of Irish ancestry living abroad who share its cultural identity and heritage". Países como Polonia, Eslovaquia, Grecia y muchos otros, establecen igualmente una vía privilegiada de inmigración para personas de determinado origen, instituyéndolo constitucionalmente.

La importancia de la Ley en la vida del Estado y en el desarrollo de la sociedad israelí es más que evidente. En el libro “El sistema constitucional del Estado de Israel” (2006), Suzie Navot la considera “la expresión más concreta de la definición del Estado hebraico, y da forma jurídica a la idea central del sionismo”, considerándola -en definitiva- la razón de ser de Israel.

Pero no estamos sólo ante una cuestión ideológica; en el contexto en que fue aprobada, obedecía también a evidentes razones prácticas: la Shoah era muy reciente, más aun lo era la hostilidad -y su expresión bélica- con el mundo árabe ... Israel, entre otras cosas, se instituía como "refugio" ya fuese para judíos sobrevivientes, ya para aquellos que estaban en peligro.

Ya ha sido comentado que esta legislación ha suscitado críticas entre aquellas voces más hostiles a Israel. Entre estas críticas, una fundamental reside en resaltar que una ley que prioriza a un grupo étnico no encaja con los principios liberal-democráticos. Obvian, estas acusaciones, que la Ley no afecta a aquellos que ya son ciudadanos israelíes -sean hebreos o no hebreos-, sino únicamente a aquellos que aspiran a serlo; ni se impide a cualquier no judío convertirse en ciudadano israelí, con base en procesos de naturalización previstos en las leyes de 1952 (sobre la "entrada" en Israel, una, la otra sobre la "ciudadanía") absolutamente homologables a las vigentes en otros países democráticos. Como explica la citada  Suzie Navot en el mencionado libro, “en este campo está reconocido al Estado el derecho de regular la composición de su propia población” (derecho expresamente recogido en la Convención Internacional contra la discriminación racial, aprobada en 1966 por la ONU); por esta razón, siguiendo lo que textualmente nos dice la autora, “la concesión del derecho de ciudadanía y de residencia no es merma del al principio de igualdad. A este respecto, es concluyente (y veraz) afirmar que absolutamente ningún Estado acoge y reconoce como ciudadano a toda persona que así lo desee. En este punto entramos en otra cuestión, que también se expresa en el término “retorno”: el llamado “derecho al retorno”; en relación con esta cuestión, el reconocimiento de tal derecho para eventuales inmigrantes no hebreos entraría en contradicción, no ya con la legislación israelí, sino con una norma internacional: la Resolución 181 de las Naciones Unidas (1947), que establecía entre otras cosas, el propósito explícito de crear un “Estado para el pueblo judío”.

Los acuerdos entre la Agencia Judía y el Gobierno israelí han determinado que la primera se ocupa de gestionar la inmigración: control de los aspirantes, ofreciendo asesoramiento y asistencia, gestionando su acogimiento en el momento de llegar al país, ayudándolos en cuestiones laborales y académicas, … en definitiva, favoreciendo la absorción. Los nuevos inmigrantes reciben subvenciones directas, ayudas en materia de vivienda, centros Ulpan para aprender idioma hebreo, etc. Solo una fuerte organización desde el Estado puede permitir olas de emigración masiva, como las producidas, por poner unos cuantos ejemplos, de personas procedentes del Norte de África y Rumanía (aproximadamente 170.000) en los años 50 del pasado Siglo, de otras 180.000 en los primeros años 60 del mismo siglo y procedentes nuevamente del Norte de África, siendo la más espectacular la inmigración de 900.000 personas procedentes de la ex-URSS en los años 90.

La Jurisprudencia israelí ha venido determinando la aplicación práctica de la Ley y de cuestiones conexas. Y entre las cuestiones abordadas, lógicamente está la (básica y elemental) pregunta a la que ya hemos aludido: “¿Quién es judío?” Una de las orientaciones o líneas fundamentales ha sido asumir como tal al perseguido en su condición judía bajo la legislación nacionalsocialista o análogas. Frente a los criterios del rabinato israelí de orientación ortodoxa (más restrictivos), la Corte Suprema ha ampliado el campo de aplicación normativa a los convertidos de tendencia conservadora o reformista; no afecta directamente a la ley del Retorno, pero la cuestión está conectada con ella, siendo relevante la motivación de su fundante sentencia de 2002: “Israel no es el país de una comunidad judío, sino del pueblo judío, que comprende diversas denominaciones, activas tanto dentro como fuera de Israel”.

Recientemente, Israel ha abierto las puertas a las parejas formadas por personas del mismo género, del mismo sexo, en orden a la aplicación de la Ley del  retorno en la vertiente de garantizar la ciudadanía a toda persona de origen judío que decida trasladarse a Israel con carácter permanente.

La ley, y las cuestiones conectadas con ella, están en los últimos tiempos en el centro del debate político y social del país, con motivo de las discusiones suscitadas por la propuesta de Ley sobre “Israel como Estado judío”. Las críticas por contener discriminaciones, siendo tildada incluso de “racista”, hacen necesario profundizar en su contenido concreto y en las razones para ponerla en marcha, eludiendo simplismos y consignas alrededor de una cuestión tan compleja y sensible.

La iniciativa debe enmarcarse en el contexto histórico en que se da, con la negociación de paz con la institucionalidad palestina como telón de fondo. Hay sectores que buscan poner fin al carácter esencialmente judío del Estado con base en la concrección sionista del mismo. Así, se lanza desde ciertos sectores la consigna “estado de todos sus ciudadanos”, que debería , en todo caso, llenarse de contenidos concretos, plasmando lo que en la práctica representaría; como definición es inconcreta. De entrada, representa privar al estado de todo carácter judío (y sionista). Debe debatirse democráticamente en esos términos, pues supondría una mutación del sistema e implicaría una revisión histórica de potentísimo calado.

Cabría preguntarse si lo que quiere ponerse en tela de juicio es la Declaración de Independencia. Como no parece cuestionarse tal (fundante) texto, procede -desde ese consenso básico- debatir sobre las posibles concrecciones del mismo y tratar se ser imaginativo en las fórmulas, eludiendo los slogans y declaraciones altisonantes, que solo pueden conducir a fractura social y realizar un ordenado y argumentado debate democrático.

Desde otra óptica, también debe decirse -dado que se trata de una propuesta legislativa emanada desde la instancia gubernamental- que el status quo actual (emanado en los primeros años de la existencia del Estado) representa “ya” la concrección del ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo judío; esta se ha plasmado en un Estado democrático que reconoce a “todos” sus ciudadanos igualdad de derechos, sin discriminación alguna de religión, procedencia étnica, sexual o cualquier otro rasgo personal o social.

Si debe explicarse la propuesta que supone la cancelación del carácter judío del Estado, también debe explicitarse la razón de ser (y en qué va a mejorar) la propuesta legislativa que se presenta ante la sociedad.

Desde las filas laboristas, el parlamentario Hilik Bar anunciaba una “respuesta legislativa”, una propuesta para confrontar con las iniciativas gubernamentales en torno a la concrección de la definición de Israel como “Estado judío”. La propuesta consistiría en un único artículo que convertiría en oficial la aceptación de la Declaración de Independencia en la legislación israelí con el status de lei casi-constitucional, acogiendo íntegramente el texto que en mayo de 1948 leía david Ben Gurion.

En todo caso, la intervención de un actor "no judío" -la institucionalidad palestina- acalararía el panorama, aviniéndose a negociar una paz basada sobre determinadas líneas rojas que no deben sobrepasarse, entre ellas el derecho a la autodeterminación del pueblo judío.

Esta ley es, en definitiva, la expresión de la ligazón entre el pueblo judío y su patria. Los judíos que llegan a Israel son asumidos como “parte” de un pueblo que en el pasado tuvo que vivir lejos de Israel y que en este contexto histórico vuelve, regresa al “propio” país.

 

 

 

 

(3). Tres acontecimientos fundamentales en la historia del moderno estado de Israel.

1) GUERRA DE LOS 6 DÍAS.

Desde la fundación del Estado, allá por 1948, muy pocos acontecimientos de la moderna historía israelí pueden tener la misma consideración que la llamada “Guerra de los 6 días”.

La guerra de 1948-49 dejó un buen haz de problemas irresueltos y de tensiones latentes. Con la institucionalidad del Estado por crear, de dimensiones muy reducidas -territorialmente, la profundidad estratégica de Israel no podía más que preocupar, tanto por su estrechez como por quien eran y son sus vecinos-, con contingentes humanos muy difíciles de gestionar -sucesivas olas de inmigración, además provenientes de los más diversos puntos del planeta-, sin relevantes recursos naturales -y por tanto con una economía dependiente de aliados, además no próximos físicamente-, … en definitiva, con tareas titánicas por delante.

En el decenio comprendido entre 1949 y 1959 se sucedieron con abundancia enfrentamientos armados en las fronteras con los vecinos árabes. El mundo árabe, que no había aceptado el Plan de Partición y animaba sentimientos de venganza después de la subsistencia del Estado de Israel tras la guerra del 48-49, se preparaba con las palabras y con las armas para enfrentarse a Israel, más por considerar ilegítimo a este que por solidaridad con la “causa palestina” -la OLP no había sido fundada-. Desde Egipto, Nasser jugaba la carta del nacionalismo árabe y en 1956 la tensión desembocó en la Guerra del Canal de Suez.

Llegados a 1967, Jordania controlaba la ribera oeste del Jordán y Jesusalém Este. Con un nacionalismo árabe que impregnaba fuertemente sus fuerzas armadas, el ejército jordano va ceciendo hasta alcanzar los 55.000 efectivos, contando con armamento británico y americano; en mayo de 1947, el rey Hussein se desplaza a El Cairo para firmar con Nasser un pacto militar que implicaba en la práctica poner al ejército jordano bajo mando egipcio, además de estrechar fuertemente la cooperación militar con Siria. Israel estaba siendo cercado; se preparaba la gran batalla -de mucho mayor alcance que la de 1956- entre Israel y un mundo árabe (relativamente) unido. El premier egipcio decide cerrar al tráfico mercantil el estrecho de Tiran, provocando de facto un bloqueo naval a la costa israelí. Para el derecho bélico internacional, esta acción es casus belli. Los cascos azules son retirados de la zona del Sinaí a petición de Nasser. La guerra estaba servida ….

A las 7 h. 14 m. del día 5 de junio de 1967 , la aviación israelí sorprende con un fulminante ataque a las fuerzas egipcias, destruyendo en breve tiempo la aviación de este país. La labor de espionaje militar fue determinante en el éxito de la operación militar, con una perfecta y detalladísima localización de los objetivos. En Jordania se crea una situación de confusión, pues Nasser informa al rey jordano que Egipto había repelido el ataque israelí y estaba bombardeando las ciudades de la costa de Israel; a pesar de las advertencias israelíes , el monarca se ve apremiado para entrar en guerra … pero después de una incursión sobre Netanya, la fuerza aérea jordana es igualmente fulminada, sin que Siria -que había alimentado la tensión para llegar a la guerra- pudiese evitar igual suerte, pues habiendo escondido parte de su aviación, vio como el resto era arrasada, sin haber hecho el más mínimo gesto de apoyo a Jordania (un amigo un tanto peculiar). En un solo día, Israel había decidido una de las guerras más cortas de la historia.

La toma del Sinaí fue la "guerra de los carros", una batalla para ganar terreno palmo a palmo, en tanto los paracaidistas ayudaban a completar con éxito la operación desde el extremo sur.

Consciente de la situación, la URSS pretende que la ONU decrete un alto el fuego con la retirada de Israel hasta sus fronteras. Sin éxito. Egipto, el enemigo más temido por Israel, había sido militarmente fulminado.

Jerusalém fue otro de los datos absolutamente relevantes de la guerra, pues el Plan de Partición, la Declaración de Independencia y la guerra de 1948-49 no habían resuelto la "cuestión" de la ciudad. El valor simbólico (aunque no solo) de la ciudad a nadie se escapa. En 1949 había sido ocupada la Ciudad Nueva, pero la Legión Árabe jordana impidió la toma del resto, permaneciendo dividida estos 18 años, cual una especie de "Berlin del Medio Oriente". Las tropas israelíes, bajo el mando del general Uzi Narkiss, con cuatro brigadas, tenían la misión de defender Jerusalém, evitar que fuese aislada y controlar Judea. Tras contener fuerzas jordanas, iaquíes y palestinas, la soberana aviación israelí fue decisiva, para facilitar el éxito de la infantería en el corredor de Jerusalém. A la historia ha pasado como mítica -permítase la expresión- la Brigada de paracaidistas del coronel Mordejai Gur, trasladada desde el frente egipcio. La situación era más que delicada, pues artillería y aviación debían ser evitadas para no dañar los lugares santos. En la mañana del 7 de junio, las fuerzas israelíes alcanzan la "Puerta de los Leones". Combatiendo casa a casa los paracaidistas de la brigada "Yerushalaim" doblegan a las tropas jordanas enfrentándose a los francotiradores. Jerusalém es reunificada y vuelve a ser de algún modo judía después de 2.000 años. Jenin y Nablus caen también, Belén y Hebrón se rinden, después Jericó (ya sin oposición).

El otro frente es el Golán. Sobre los valles de la Alta Galilea, al Norte de Israel, el atiplano cumple una función estretégica para la defensa del territorio. Controlados por Siria, esta los había fortificado, aprovechándolos para golpear los asentamientos y pueblos del norte del país. Fue este hostigamiento de la población civil -y sin que ya la parte árabe pudiera realmente disputar la victoria en la guerra- lo que seguramente provocó la decisón de la apertura de este frente el 8 de junio. Al día siguiente, se pone materialmente en marcha la operación, sobre un terreno difícilísimo para tropas terrestres (y carros), avanzando en la jornada unos 10 km. Poco más duraron las operaciones, con la Unión Soviética centrando sus esfuerzos en detener las operaciones en una guerra absolutamente perdida.

Fue la ONU quien impuso el alto el fuego. La guerra había concluido. Israel había fulminado tres ejércitos y logrado su mayor extensión territorial, aumentada en más de su mitad. Se trataba de la primera vez desde la guerra de la idependencia en que se ponía de un modo relevante la existencia de Israel en juego. Las tres potencias oponentes perdían territorios ante Israel, que demostraba una hegemonía militar indiscutida por décadas. El joven Estado se afianzaba en la arena internacional, en tanto Oriente Medio se configuraba como una especie de prolongación imperfecta de la guerra fría, con una Unión Soviética errática y diletante. El Estado se consolidaba después de una de las victorias militares más impactantes del Siglo, y se presentaba ante el bloque árabe como una realidad que había nacido para quedarse. Israel, definitivamente, era una potencia.

2. CAMP DAVID.

En la localidad estadounidense, y tras trece días de negicaciones secretas, el día 17 de septiembre de 1978 se firmaban los célebres acuerdos entre el primer ministro israelí, Menajem Begin y el presidente egipcio Anwar el Sadat. Ejercía de anfitrión el presidente democócrata de los USA Jimmy Carter. Aquellos acuerdos valieron a sus protagonistas el Premio Nobel de la Paz.

Tras la llegada de Carter a la Casa Blanca, centra sus esfuerzos en conseguir algún logro en el Medio Oriente en el terreno de la paz, concretamente entre árabes e israelíes. Tras intentos iniciales de buscar acuerdos globales Israel-mundo árabe, paulatinamente la iniciativa fue centrándose en un acuerdo bilateral egipcio-israelí. Su empeño le llevó a reunirse, en su primer año de mandato, además de con Sadat y Rabin, con el rey jordano Hussein y con el premier sirio Hafez el-Assad

Es en noviembre de 1977 cuando Saddat realiza un gesto inédito: por primera vez un líder de un país árabe visita Israel, anunciándolo ante el Parlamento de su país y cogiendo por sorpresa al mundo; visitaría Jerusalém y pronunciaría un discurso en la Knesset. Saddat, en su visión política, anhelaba -entre otras cosas- mejorar su economía con la ayuda de Occidente, concentrándose sobre sus propios intereses y priorizándolos sobre los (relativamente inconcretos) del mundo árabe.

También Begin apreciaba intereses para Israel en llegar a acuerdos bilaterales. Una negociación en bloque con el mundo árabe favorecería el planteamiento desde este de demandas incumplibles o inaceptables.

Tras una intensa diplomacia secreta, con la colaboración norteamericana -muy deseada por la parte egipcia-, entre los días 5 y 17 de septiembre de 1978 se desarrollaban las negociaciones conducentes al pacto. No siendo precisamente amistosas sus relaciones, fueron muy escasos los encuentros diectos entre Sadat y Begin; la paciente labor de Carter resultó decisiva. Ya muy avanzadas -en tiempo- las negociaciones, surgieron dos escollos más que incómodos, dos delicadísimas cuestiones: la retirada del Sinaí y el status de Cisjordania

Los acuerdos a los que se llegó tras estos trece días fueron dos: uno por la paz en Medio Oriente y otro para la conclusión de un Tratado de paz Egipto-Israel (que sería firmado en marzo de 1979).

Por lo que a la primera cuestión atañe, se trataba de dar cumplimiento a la Resolución 242 de la Asamblea General de la ONU, mencionándose los "derechos del pueblo palestino"; se hablaba de autonomía para Cisjordania y la Franja de Gaza, con un periodo transitorio de 5 años, tratándose de una autonomía cuyos términos debían debatirse con la participación de Israel. Una autoridad autónoma debería elegirse para proceder a la retirada de las tropas israelíes de ambas zonas. Por lo que respecta al Sinaí, las interpretaciones fueron diversas por Egipto, USA e Israel, en tanto la cuestión Jerusalém quedó fuera de los acuerdos.

En cuanto a la segunda cuestión, Israel aceptaba retirar sus Fuerzas armadas del Sinaí, evacuar de la zona su población civil, estableciendo normalizadas relaciones diplomáticas con Egipto y garantizándose la libre circulación a través del Canal de Suez y el Estrecho de Tirán, estableciéndose restricciones para la presencia militar egipcia en la Península, con un perímetro de seguridad de 20-40 Km con respecto a la frontera israelí. Israel, entre otras cesiones, garantizaba la libertad de circulación entre Jordania y Egipto, restituyendo a Egipto pozos petrolíferos en el Oeste de la Península.

Estados Unidos se comprometía a ayudar activamente a ambos países, con compromisos económicos, así como de suministro de armamento a Egipto.

De resultas de aquellos acuerdos:

1. Israel introduce una cuña en el mundo árabe, normalizando relaciones con uno de sus Estados más representativos, además de ser vecino.

2. USA se compromete activamente en la solución de la problemática mediooriental. Y lo hace con éxito.

3. Israel establece relaciones económicas con un vecino, que incluso pasa a suministrale petróleo.

4. Israel demuestra capacidad diplomática y de cesión, después de demostrar en 1967 músculo militar.

5. Egipto cambia, hasta nuestros días, su rol en el mundo árabe, después de la experiencia nasserista y haber jugado la carta del panarabismo -que se diluye-. Entre 1979 y 1989 no puede participar en la Liga Árabe.

6. Quizá por miedo a las reacciones en países como Siria e Iraq, Jordania permanece al margen, quedando reducido su rol y su prestigio de realpolitik.

7. El conflicto palestino-israelí pasa a ser absolutamente central en el contencioso árabe-israelí.

3.- RETIRADA DE GAZA

La desconexión unilateral acontece en 2005, concretamente en la segunda quincena del mes de agosto, provocando la evacuación de aproximadamente 8.000 israelíes de Gaza, muchos de ellos por la fuerza y con intervención del Ejército. En un célebre discurso el primer día de la retirada, Ariel Sharon manifestaba que “.... No podemos estar en Gaza para siempre. Más de un millón de palestinos viven allí y su número se duplica en cada generación. Viven amontonados en campos de refugiados en pobreza y desesperación, en brotes de odio creciente sin esperanza ni horizonte. Es porque somos fuertes, no porque somos débiles, por lo que damos este paso.

Hemos intentado llegar a acuerdos con los palestinos para llevar a nuestros pueblos a la paz, pero nuestros intentos se han estrellado contra un muro de odio y de fanatismo …

Ahora toca a los palestinos. Ellos deben combatir las organizaciones terroristas ... y mostrar intenciones sinceras para obtener la paz y sentarse con nosotros en la mesa de negociaciones. El mundo espera la respuesta palestina ... A una mano tendida responderemos con un ramo de olivo ... Nuestra agenda nacional cambiará. Por lo que respecta a políticas económicas seremos libres de ocuparnos de las divergencias sociales y de combatir verdaderamente la pobreza ...

La disputa en torno al plan ha provocado heridas, hastío entre hermanos y palabras y acciones fuertes. Entiendo el dolor y el tormento de quien se opone, pero nosotros somos un solo pueblo también cuando peleamos y discutimos".

Nada mejor que acudir a las palabras del momento para percibir el contexto, entenderlo y confrontarlo con la realidad.

Las jornadas siguientes a la puesta en práctica de la retirada fueron significativas. Hamas celebra un "desfile de la victoria" en Jebalya, en el curso del cual se produce una explosión. A partir de este momento, Hamas acomete un bombardeo con misiles Qassam contra las comunidades israelíes enclavadas al oeste del Negev. Israel responde con contundencia en los días siguientes hasta el final del intercambio de golpes. Desde entonces, y hasta el día de hoy, el hostigamiento desde Gaza -bajo el mando de Hamas- a la población civil del Sur de Israel, con constantes lanzamientos de cohetes, ha sido la regla, con episódicas, reactivas y contundentes respuestas de las IDF. El perjuicio para la población gazatí es evidente, con el cierre de pasos fronterizos cuando la inteligencia israelí detecta posibilidad de acciones terroristas o se produce una lluvia de metralla sobre suelo israelí.

El 25 de enero de 2006 es una fecha decisiva en la historia del conflicto, con la victoria de Hamas en la elecciones al "Consejo Legislativo de Palestina". Las corruptelas en la Autoridad Nacional Palestina, el corporativismo populista de Hamas -que se presenta como una especie de welfare del pueblo palestino con su laor asistencial-, el apoyo de petrodólares del Golfo y la falta de madurez política constituyen un cóctel que aupa a la victoria islamista. Al Fatah es expulsada de Gaza, que de facto se convierte en una República islámica.

Hemos elegido este acontecimiento porque marca el devenir de la realidad del contencioso israelí-palestino hasta el día de hoy, pudiéndose sacar -entre otras- las siguientes conclusiones:

-Es difícil la interloción con la parte palestina, al menos con la representativa de buena parte de su pueblo; los gestos de distensión son entendidos como gestos de debilidad.

-Políticamente, Palestina (como aspiración nacional-estatal) se fragmenta. No está claro que Hamas priorice la consecución de un Estado palestino sobre su hegemonía en el "movimiento nacional"; más bien al contrario.

-Se debilita la tendencia al reconocimiento de Israel como Estado entre la población palestina.

-Hamas siempre encontrará dentro del complejo mundo árabe/islámico aliados (incluso aliados "civilizados" y "homologados") para mantener su status.

-Priorizar la creación de un Estado y del bienestar de los ciudadanos requiere madurez política. La inoperancia política de Europa como tal es (trágicamente) decisiva.

-Los asentamientos no son el "gran" problema. La cuestión central es el reconocimiento del "otro" (el eterno retorno a 1948 es una constante).

 

 

 

Bibliografía consultada.-

-Curso Israel: política y sociedad. UNED / Centro Sefarad-Israel (España). 2014.

-María José Brunetto: El proceso de creación del Estado de Israel, http://www.fder.edu.uy/contenido/rrii/contenido/curricular/historia-semestre-2/creacion-estado-israel.pdf

- Revista italiana de geopolítica LIMES (n.º 3/23): Israele contro Israele.

-Articulo en internet (web de “Treccani”): Israele,

http://www.treccani.it/geopolitico/paesi/israele.html

-Artículo en internet en “il blog di Barbara”: Israele: a 66 anni dal voto ONU che sanciva la ripartizione della palestina in due stati, uno arabo e l’altro ebraico,

https://ilblogdibarbara.wordpress.com/2013/12/01/israele-a-66-anni-dal-voto-onu-che-sanciva-la-ripartizione-della-palestina-in-due-stati-uno-arabo-e-laltro-ebraico/

-Romualdo Bermejo, Pilar Pozo: Una tierra, dos estados. Análisis jurídico-político del conflicto árabe-israelí. EUNSA, 2011.

-Curso Israel: política y sociedad. UNED / Centro Sefarad-Israel (España). 2014.

-Artículo en internet en “Israele.net”: La Legge su Israele: stato ebraico, http://www.israele.net/disegno-di-legge-su-israele-stato-ebraico-il-ruolo-giocato-dalleuropa

-Artículo en internet en “Israele.net”: Israele -60 anni: La legge del ritorno, http://www.israele.net/israele-60-anni-la-legge-del-ritorno

-Curso Israel: política y sociedad. UNED / Centro Sefarad-Israel (España). 2014.

-Netanel Lorch: Las guerras de Israel. Plaza y Janés. 1983.

-Ebook de Caude Klein: Israele. Lo stato degli ebrei. Giunti.

-Artículo en internet: discurso de Ariel Sharon sobre la retirada de Gaza, http://www.tempi.it/con-l-aiuto-di-dio-questa-strada-ci-portera-all-unita-lo-storico-discorso-di-sharon-sul-ritiro-di-israele-da-gaza

 

Imagen: Pixabay.

 

 

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