Mesianismo

 


 

A) INTRODUCCIÓN.

El mesianismo es una tendencia de la cosmovisión o la ideología que se relaciona con una particular interpretación de la historia donde el cambio de un estado del desarrollo de una sociedad o grupo de creyentes será originado por la llegada de un mesías o héroe, al que corresponde el establecimiento de un nuevo orden que dará origen al mundo utópico”.

Tal es la definición dada por la versión en lengua española de la Wikipedia, la enciplopedia de internet. Para a continuación continuar explicando que “aunque el más conocido de los mesianismos es el de  tradición judeo-cristiana, es frecuente su desarrollo en otros contextos, especialmente en aquellos donde la opresión social es fuerte”. Tras ejemplificar con varias versiones de mesianismo, se manifiesta en la Enciclopedia de la Red que “En el mundo secular moderno, especialmente en la política, al mesianismo se lo relaciona con el populismo”.

-        “Hoy, normalmente, la palabra mesianismo no indica solamente la esperanza de una salvación realizada por un mesías futuro en el ámbito de la religión judeocristiana, sino que comprende todos aquellos movimientos políticos y religiosos que tienden a renovar la sociedad y a dar una respuesta a todos los problemas de incertidumbre y de angustia que la oprimen ....... es un principio de esperanza para todos los hombres. El mesianismo se presenta como modelo universal de organización socio-religiosa”.

Son palabras que se contienen en un artículo titulado “Mesianismo” publicado en la web de “Mercaba”, en una aproximación a la definición del mismo término. El texto continúa explicándose así: “El término "mesianismo" sigue utilizándose por su densidad bíblica, aunque algunas veces se refiere más a lo escatológico, es decir, a lo que habrá de suceder en el futuro, prescindiendo incluso de un mediador de salvación de carácter real, profético o sacerdotal, "consagrado" para una misión”.

Menciona, dicho texto, las definiciones dadas por diversos autores en nuestra contemporaneidad (o casi). Hace poco más de un siglo -1897- P. Volz consideraba, así, que el mesías era “el rey israelita de los tiempos de la salvación. Mucho más recientemente -1981- J. Coppens alude a un triple aspecto del mesianismo: real, profético y apocalítico; en este marco, el mesías vendrá a ser una suerte de rey-lugarteniente de Dios que inagurará o gobernará (en el tiempo escatológico) el reino de Dios en la tierra. Finalmente -también en 1981, en su obra “Messianismo nella vita quotidiana”- A. Rizzi aporta una definición que al autor del artículo le resulta más acabada, afirmando que el mesianismo es “la utopía de un mundo justo y feliz (dimensión antropológica), que la promesa de Dios transforma en posibilidad objetiva (dimensión teológica) y que la obediencia del hombre, victoriosamente renovada por el Espíritu (dimensión ético-teologal), está llamada a traducir en la realidad".

A modo de introducción hemos aludido a diversas definiciones de “mesianismo” (y también de “mesías”). Más básicas unas, otras más complejas. Cuando entremos en el análisis específicamente desde la perspectiva judía -sea aludiendo a las fuentes tradicionales o a nuestra (casi) literal contemporaneidad, entraremos en matices, centrando, por un lado, los conceptos en el marco hebraico, y desarrollando la riqueza del concepto y su relación con otros conceptos y con la historia -fáctica e intelectual- del pueblo judío.

Un texto referencial.

II Samuel 7: 1-17 es un texto absolutamente referencial, punto de partida, base o raiz de nuestro tema. Ahí se expresa el pensamiento y vivencia del pueblo judío por siglos, la concrección de lo que “Mesías” significa en la historia del Pueblo, en su dimensión político-ideológica y teológica, su carga salvífica, su relación la la monarquía y el reino. Dejemos hablar al texto:

7. 1. Una vez que el rey David se hubo establecido en su palacio, el Señor le dio descanso de todos los enemigos que lo rodeaban. 2. Entonces el rey le dijo al profeta Natán: —Como puedes ver, yo habito en un palacio de cedro, mientras que el arca de Dios se encuentra bajo el toldo de una tienda de campaña. 3. —Bien —respondió Natán—. Haga Su Majestad lo que su corazón le dicte, pues el Señor está con usted. 4. Pero aquella misma noche la palabra del Señor vino a Natán y le dijo: 5. «Ve y dile a mi siervo David que así dice el Señor: “¿Serás tú acaso quien me construya una casa para que yo la habite? 6. Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto, y hasta el día de hoy, no he habitado en casa alguna, sino que he andado de acá para allá, en una tienda de campaña a manera de santuario. 7. Todo el tiempo que anduve con los israelitas, cuando mandé a sus gobernantes que pastorearan a mi pueblo Israel, ¿acaso le reclamé a alguno de ellos el no haberme construido una casa de cedro?” 8. »Pues bien, dile a mi siervo David que así dice el Señor Todopoderoso: “Yo te saqué del redil para que, en vez de cuidar ovejas, gobernaras a mi pueblo Israel. 9. Yo he estado contigo por dondequiera que has ido, y por ti he aniquilado a todos tus enemigos. Y ahora voy a hacerte tan famoso como los más grandes de la tierra.10. También voy a designar un lugar para mi pueblo Israel, y allí los plantaré para que puedan vivir sin sobresaltos. Sus malvados enemigos no volverán a humillarlos como lo han hecho desde el principio, 11. desde el día en que nombré gobernantes sobre mi pueblo Israel. Y a ti te daré descanso de todos tus enemigos.”»Pero ahora el Señor te hace saber que será él quien te construya una casa. 12. “Cuando tu vida llegue a su fin y vayas a descansar entre tus antepasados, yo pondré en el trono a uno de tus propios descendientes, y afirmaré su reino. 13. Será él quien construya una casa en mi honor, y yo afirmaré su trono real para siempre.14. Yo seré su padre, y él será mi hijo. Así que, cuando haga lo malo, lo castigaré con varas y azotes, como lo haría un padre.15. Sin embargo, no le negaré mi amor, como se lo negué a Saúl, a quien abandoné para abrirte paso. 16. Tu casa y tu reino durarán para siempre delante de mí; tu trono quedará establecido para siempre.” » 17. Natán le comunicó todo esto a David, tal como lo había recibido por revelación.

En el texto bíblico, la palabra masiah es mencionada un total de 38 veces. Los libros de Samuel y Salmos son aquellas partes del texto en las que más presente está el término. El contexto en el que las obras están escritas determinará el sentido que le daba quien las empleaba.

Dato que entendemos relevante lo es el hecho de que en realidad se trata de una adjetivo; viene a ser la forma pasiva de la raíz “masah”. Con ello se alude a “ungir”, de modo que se alude a aquel que ha sido ungido. Aunque el texto bíblico suele aludir -acotando la expresión- al “Mesías de Yahvé”; la ligazón con Dios es determinante en la caracterización de la figura.

En los targunim, por su parte, la alusión es al “rey mesías”. Ya en el texto bíblico que habíamos transcrito de uno de los Libros de Samuel la vinculación real era total. En I Samuel 26:16 está escrito (remarcando la absoluta vinculación con Dios): “Esto que has hecho no es bueno. Vive el Señor, todos vosotros ciertamente deberíais morir, porque no protegísteis a vuestro Señor, el ungido del Señor. Y ahora, mira dónde está la lanza del rey y la vasija de agua que estaba a su cabecera”.

En otros pasajes, en otros textos bíblicos, con el término (al menos con el término “ungido”, en referencia a personajes “ungidos”) se alude también a otro tipo de figuras, como es el caso de los sacerdotes, tal como está escrito en textos como Levítico 4: 3-5 y 4:16, o en Daniel 9: 25-26:

-  ”3. Si el que peca es el sacerdote ungido, trayendo culpa sobre el pueblo, que entonces ofrezca al Señor un novillo sin defecto como ofrenda por el pecado, por el pecado que ha cometido. 4 "Traerá el novillo a la puerta de la tienda de reunión delante del Señor, pondrá su mano sobre la cabeza del novillo y lo degollará delante del Señor. 5 "Luego el sacerdote ungido tomará de la sangre del novillo y la traerá a la tienda de reunión, ....”;

-  ``16. Entonces el sacerdote ungido traerá sangre del novillo a la tienda de reunión;
-  25 Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar á Jerusalém hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornarase a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. 26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí: y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá á la ciudad y el santuario; con inundación será el fin de ella, y hasta el fin de la guerra será talada con asolamientos”.

Otros textos bíblicos con los que acabamos esta introduccción dotan de fuerte significado y son decisivos en la configuración de la “figura” Mesías. Así:

*        En Miqueas 11:6 leemos que "Aquel día -oráculo de Yahvé-
yo recogeré a la oveja coja, reuniré a la perseguida y a la que no había maltratado".;

*        En Daniel 7:14 que "A él se le dio el imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y reinos le sirvieron;

 

*        En Sofonías 3:9 está escrito que: “Yo entonces volveré puro el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre de Yahvé, y le sirvan bajo el mismo yugo".

B) DESARROLLO Y ANÁLISIS DEL TEMA

Comenzaremos saliéndonos un poco de cualquier guión previsible, para ir a un libro del Siglo XX, escrito por el politólogo y Profesor de Ciencia política de la Universidad Hebrea de Jerusalém Shlomo Avineri. En su libro titulado “El pensamiento social y político de Carlos Marx” encontramos esta interesante refrencia: “Por un lado hay un mesianismo que identifica una institución dada (iglesia, partido, o un individuo) con el Mesías; por otro lado, hay un sentido diferente del mesianismo, el de la visión humana que se alimenta de la creencia en un mundo mejor y que usa ese mundo mejor como una norma para juzgar la sociedad actual, como un horizonte al cual uno tiene que esforzarse en llegar. Si hablásemos con el lenguaje teológico, diríamos que la primera versión de mesianismo (la de una era mesiánica ya alcanzada) es cristiana, y que la segunda, la de la esperanza mesiánica, es judía”(Shlomo Avineri, Pensamiento siocial y político de Carlos Marx, Ed. Centro de estudios políticos y constitucionales, p. 16 del Prólogo para la edición espñola).

Hemos citado el libro 2º de Samuel. El mismo es base o punto de partida para el desarrollo del tema que el presente trabajo aborda. Al respecto de la concepción reflejada en dicho Libro,  el artículo que citábamos con anterioridad nos dice que “En el libro de II Samuel, el mesianismo viene visto como una idea que manifiesta la esperanza de una felicidad completa. Esta idea tiene un aspecto soteriológico, pues ve una esperanza en la intervención futura de Dios en favor del pueblo escogido. Hay un aspecto escatológico, pues esta intervención divina se vislumbra como la intervención definitiva. La idea mesiánica tiene también un aspecto mediacional, esto es, vendrá realizada por un Mesías-mediador”.

Tras las precisiones (variaciones) terminológicas explicitadas en la Introducción, vamos a centrarnos en este mesianismo judío primigenio y sus desarrollos. Hablamos, obvio es decirlo, desde la literalidad bíblica, en primer lugar.

En este marco, Dios dirige la historia, la dota de una dirección. Realiza promesas y exige compromisos. Todo esto es necesario tenerlo siempre presente. La consumación histórica de cada promesa no consume jamás de un modo definitivo su contenido; siempre hay una renovación, un redimensionamiento, una ampliación de caminos, un volver a empezar, un horizonte que se prolonga, un nuevo objetivo a alcanzar. El judaismo mismo es, en muy buena parte, esto. El texto bíblico (los textos bíblicos) es, en muy buena medida, esto.

¿Cómo ha evolucionado el mesianismo judío después del nacimiento del cristianismo y la destrucción del Templo?”, es la pregunta que viene a formularse en  “Apocalipsi. La fine dei tempi nelle religioni” (Mario Polia / Gianluca Marleta, Milano-2008). En el texto se alude (reconstruyendo históricamente hechos y movimientos del pensamiento) desde Shabatai Zevi (siglo XVII e.c.) al nacimiento del mesianismo laico (en el que incluye a marxismo y sionismo), abordando la identificación del mismo Mesías con la “colectividad del pueblo judío”.

La obra se centra, en buena medida, en la irrupción con particular fuerza de ideas mesiánicas y apocalípticas entre el pueblo judío en el periodo comprendido entre los Siglos I a.e.c. y II e.c. Una época, se dice,  de acontecimientos y trastornos “con consecuencias infinitas sobre el destino de Israel y de todo el mundo antiguo”. En aquella altura histórica importantes segmentos del pueblo judío acreditaban que vivían en la era que acogería al esperado Mesías.

En el año 70 e.c., en efecto, se asiste a la destrucción del Templo de Jerusalém, a continuación de las revueltas protagonizadas fundamentalmente por los zelotas. Comenzaba el exilio, la diáspora, la dispersión. Por siglos. La desilusión por las fallidas esperas y la destrucción de Jerusalém y de los fundamentos e instituciones de la sociedad judía, lleva de este modo a una reelaboración en toda regla de los postulados y esperanzas que llevarían a lo que en el futuro (y aun hoy) entendemos por Judaismo.

Se interpreta, en numerosos textos, el fiasco de la espera mesiánica como castigo por los pecados y la incredulidad del pueblo israelita. De este modo, Rav (un sabio del Siglo III e.c.) afirma -en alusión a las fechas calculadas para la venida del Mesías- que “todas las fechas son ya transcurridas. El acontecimiento ya no depende más que del arrepentimiento y de las buenas acciones”.

Se crea una auténtica “teología del exilio”, resultante del destierro, de claros tintes apocalípticos. Expresiva de esta visión es lo manifestado en  Zòhar Chadash: “cuando brille el sol de la redención, un problema seguirá al otro y la oscuridad será cada vez más intensa”.

El enfoque del periodo rabínico contempla la hegemonía de una idea según la cual los “tiempos últimos” asumen una faz siniestra, inquietante. El Talmud ofrece expresiones harto contundentes y expresivas: “el rostro de la última  generación será como el rostro de un perro”. La condición del hombre será similar a la de las bestias. En Mishnà (Sota 9, 15) podemos leer que “Antes de la llegada del Mesías, la arrogancia se multiplicará ...”; también que “Los sabios serán humillados y aquellos que temen equivocarse serán despreciados”. El texto es absolutamente desconsolador, demoledor: “La verdad será proscrita, los pequeños humillarán a los mayores, los adultos se levantarán ante los más jóvenes”.

La tradición rabínica viene a narrarnos, pues, un mundo en ruinas. En este marco, el Mesías es aquel que pone fin a la situación de exilio, aquel que es capaz de instaurar un Reino universal que imponga la justicia y en el que se ponga fin al exilio material de los judíos. Reunir en la Tierra Prometida a las tribus dispersas, así como reconstruir el Templo jerusolimitano: he ahí dos signos de la actuación del Mesías, dos objetivos que solo esta figura podrá alcanzar, o, por mejor decir, que sólo a través de esta figura podrán ser alcanzados.

Aunque sobre la cuestión de la reconstrucción del Templo, las fuentes son, sin embargo, discrepantes. Y así,  algunos sostienen que la reconstrucción será efectuada por los mismos judíos, siguiendo órdenes del Mesías, en tanto otros consideran que el tercer (y definitivo) Templo será  por contra un don de Dios, sin intervención de la acción del hombre.

Pero pese a la diversidad de interpretaciones, la tradición ortodoxa viene a tener un común denominador: el advenimimiento de la Redención no puede ser acelerada por medio de acciones humanas de fuerza; el momento llegará por obra de Dios en el momento por él decidido”. Ello guarda relación, como en el texto se explicita, con el rechazo por una parte del judaismo tradicional a la creación del Estado de Israel. En esta concepción, dicho Estado es una tentativa humana, quizá vanidosa, con certeza atrevida, al atribuirse a los hombres algo que es de la competencia de Dios y de “su” Mesías, tal como es el regreso a la Tierra Prometida de las tribus de Israel.

CONCEPTOS CLAVE. Y VARIANTES, PERSPECTIVAS, VERSIONES.

Mesianismo si .... pero sin Mesías.

En Salmos 24:7-10 podemos leer: “7. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, alzaos vosotras, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria. 8. ¿Quién es este Rey de la gloria? El Señor, fuerte y poderoso; el Señor, poderoso en batalla. 9. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, alzadlas, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria. 10. ¿Quién es este Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos, El es el Rey de la gloria. (Selah)”.

Yahvé-rey está presente con fuerza en diversos pasajes bíblicos. En ellos está ausente la figura del “Mesías hombre”, pero se augura la llegada del “Reino de Dios”. La idea de la realeza de Dios parece estar presente; quizá consecuencia de las decepciones provocadas por los “reinos” de los hombres -como, por otra parte cualquier forma de organización social y política de la que el “hombre” se dote o a la cual se someta-. El texto de Salmos 4:6-8, por ejemplo, es bien expresivo en esta dirección, remarcando que solo en Yahvé cabe confiar: “6. Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?

Alza sobre nosotros, o Yahvé, la luz de tu rostro.

7. Tú diste alegría a mi corazón Mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.

8. En paz me acostaré, y asimismo dormiré;

Porque solo tú, Yahvé, me haces vivir confiado”.

El Señor es el Rey de Israel, Aquel que no necesita intermediarios para ejercer una función salvífica sobre el pueblo, “Su” pueblo. Siguiendo con el texto de Salmos, en 24: 7-10 podemos leer: “¡Oh puertas, alzad vuestros dinteles; alzaos, puertas eternas, que entre el rey de la gloria! ¿Quién es el rey de la gloria? El Señor, el héroe, el poderoso; el Señor, el héroe de la guerra. ¡ Oh puertas, alzad vuestros dinteles; alzaos, puertas eternas, que entre el rey de la gloria! ¿Quién es el rey de la gloria? El Señor todopoderoso es el rey de la gloria". Términos que se encuentran en este breve texto para designar al “Rey” son melek hakabod (“rey de la gloria”, Yhwh gibbór (“el Señor héroe”), y Yhwh seba'ót (“el Señor de los ejércitos”).

Profetismo.-

El destierro es una experiencia y una vivencia centrales en la historia del pueblo judío y del judaismo. El mismo es fruto de (o es vivido como) un fracaso. Un fracaso de la acción de los hombres y de la capacidad del pueblo como colectivo. Y de resultas de ello, una desconfianza en las propias fuerzas (colectivas) y una desilusión o deseperanza que deben ser canalizadas. En este marco social (con las connotaciones que en la psicología individual y social comporta), la esperanza que va a más es la de  aquel “Reino de Dios” a que aludíamos, la visión de la innecesariedad de intermediarios.

Pero, también, algunos textos dibujan la figura del profeta escatológico que sienta las bases para la llegada del Señor. Quien ha de venir es “el Señor mismo”, pero un hombre -no un rey-intermediario- es el encargado de desbrozar el camino para esta venida. Este hombre, este “siervo del Señor” es la figura con que se responde desde esta visión, a la que denominamos “mesianismo profético”. En diversos pasajes de Deuteronomio se alude a un profeta semejante a Moisés, en tanto en Malaquías se hace referencia a un mensajero que será precursor del mesías.

Deuteronomio 18:15-18 se expresa de este modo: "El Señor, tu Dios, suscitará de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, al que debéis obedecer... Yo les suscitaré de en medio de sus hermanos un profeta como tú; pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande".

Isaías 61: 1-3 alude a la esperanza de un profeta “ideal”: “1. El espíritu de Yahvé el Señor está sobre mí, porque me ungió Yahvé; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la prisión; 2. a proclamar el año de la buena voluntad de Yahvé, y el día de la venganza de nuestro Dios; a consolar a todos los enlutados; 3. a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar de espíritu angustiado, y serán llamados árboles de justicia, plantío de Yahvé, para gloria suya”.

Siguiendo con Isaías (concretamente en 53:10-12), la figura del “siervo del Señor” a la que habíamos aludido aparece con fuerza: En 53:10: “Con todo esto, Yahvé quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Yahvé será en sus manos prosperada”. En 53:11 contemplamos la adquisición de la legitimidad: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”. En 53:12 leemos lo siguiente: “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”. En el texto vemos a una figura que carga con las consecuencias del pecado colectivo, la víctima que se ofrece en sacrificio, asumiendo una suerte de redención por el sacrificio.

Apocalíptico.-

En 7:13 del Libro de Daniel, éste tiene la siguiente visión: ve aparacer, sobre las nubes del cielo, al “hijo del hombre”; en ese momento, recibe el Imperio universal. El paso de los reinos humanos al reino de Dios, según se desprende de la lectura, requiere de la intervención de un enviado divino.

Este “¿hijo del hombre” alude a un concepto colectivo o por el contrario individual? A. Feuillet (en “ Le Fils de l'homme de Daniel et la tradition biblique”) ha sostenido que en aquel pasaje, Daniel alude a la tradición bíblica, muy concretamente a Ezequiel, que usa hasta en un total de 93 ocasiones la expresión ben adama (“el hijo del hombre”). Feuillet comenta: “El personaje misterioso del hijo del hombre es una especie de manifestación visible del Dios invisible...; pertenece a la esfera de lo divino y es como una encarnación de la gloria divina, como la imagen humana contemplada por Ezequiel".

Detengámonos en el texto contenido en Daniel 12:3. En el mismo está escrito: “Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a muchos a la justicia, como las estrellas, por siempre jamás”. El final del texto apocalíptico de Daniel hace alusión a los maskilim -el selecto grupos de los justos y sabios-; son ellos los que guían a la gente por el buen camino, los que enseñan al pueblo. Si bien es cierto que en 11:33 se relata un destino trágico para ellos (“Hombres prudentes del pueblo instruirán a muchos, pero serán víctimas de la espada y del fuego, del cautiverio y del saqueo, durante algunos días”), es esa dura realidad lo que los purifica, tal como está escrito en 11:35 y en 12:10:  “Algunos de los hombres prudentes caerán, a fin de ser purificados, acrisolados y blanqueados, hasta el tiempo del Fin, porque el plazo está fijado”; “Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán”.

La figura del hijo del hombre en una clave “personal” aparece, con posterioridad al Libro de Daniel, en el libro etiópico de Henoc, denominado Libro de las parábolas.

Mesías/siervo.-

Se trata, en primer lugar, de un profeta. De uno que expía con sus padecimientos los pecados de la multitud. La imagen que en Isaías 53 nos ofrece es más que expresiva; veamos, por ejemplo, los 6 primeros versículos: “1.¿Quién ha creído a nuestro mensaje y a quién se le ha revelado el poder del Señor? 2. Creció en su presencia como vástago tierno, como raíz de tierra seca. No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable. 3. Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos. 4. Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. 5. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.
6. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros”.

Pero en el mismo Isaías, concretamente en 42:6-7, vemos también a esta figura en otra función, la de de mediador de la alianza para el “Pueblo futuro”: “6. Yo Yahvé te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, 7. para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas”.

Para el targum, por otra parte, este profeta es claramente el mesías. Al comienzo del canto cuarto se expresa con claridad esta identificación: "He aquí que mi siervo prosperará" (Is 52,13); y todo el poema se explica en relación con el mesías, aun cuando el autor hace todos los esfuerzos posibles por aplicar al mesías más bien lo que se dice de honorífico y glorioso y por ver en otro distinto al sujeto de los sufrimientos. La interpretación del texto del targum es, por tanto, muy distinta de la que se encuentra en el Nuevo Testamento del cristianismo, donde se muestra a Jesús "entregado por nuestros pecados" (Rom 4,25), "que se entregó a sí mismo por nuestros pecados" (Gál 1,4), que "se entregó a sí mismo por mí" (Gál 2,20)”.

El “resto fiel”.

Es un concepto que puede extraerse de la amplia y diversa literatura profética.

Isaías se encuentra ante la desoladora realidad de que su pueblo rechaza aquello que le había sido otorgado como don: el carácter de “santo”. Ha roto el Pacto, ha violado la Alianza entregándose a la idolatría, ha renegado de la práctica de la justicia. Es castigado, lo que para el profeta resulta duro; estaba seguro de la fidelidad, de la otra parte, de Yahvé, con sus promesas.

Castigo, pues. Destierro: su concrección, o la más dura de sus concrecciones. Pero es señal de identidad de la literatura profética, del discurso de los profetas, la no resignación ... hay que mirar hacia adelante.

Es en este marco de desolación y de (voluntad de) esperanza que emerge el concepto de aquel “resto”; un interlocutor al que Yahvé propondrá un nuevo Pacto, una Alianza  plena y definitiva.

Antes del destierro, los textos proféticos, con la expresión a la que estamos aludiendo entendían:

- por una parte, aquellos segmentos del pueblo que sobreviven a los efectos de una catástrofe concreta. Así, en Amos 5:15 está escrito: “Aborreced el mal, amad el bien, y estableced la justicia en la puerta. Tal vez el Señor, Dios de los ejércitos, sea misericordioso con el remanente de José”;

- la dimensión escatológica, referenciada en aquello que por salvarse al final de los tiempos es considerado (denominado) “santo”. Isaías asume esta visión con claridad: aquella “santidad” de la que participa este resto y que en realidad pertenece solo a Dios.

El Mesías será, pues, el rey del “resto” así definido.

Tras el destierro, el término adquiere aun una nueva dimensión: el llamado resto “fiel”. Con él se alude a aquel grupo que de entre el pueblo se somete a los mandatos de Dios, y que está llamado a ser “siervo de Yahvé”, pues ha sido fiel a la misión que el Creador ha otorgado al Pueblo; aquellos que, en definitiva, respetan el Pacto.

Filón de Alejandría y Flavio Josefo.-

“Filón de Alejandría (c. 20 a.C. - c . 50 d.C.) y Flavio Josefo (37/38- c. 100), abordaron con mucha cautela  las perspectivas mesiánicas de su época: parece que Filón sólo en  un caso se refiere a la descripción de un mesías, y Josefo, cuando  les concede a los «mesías populares» lugar en su narración, se  limita a una referencia histórico-anecdótica. Las obras de uno y otro  reflejan las circunstancias en las que transcurrieron sus respectivas  vidas. Si la de Filón se desarrolló entre la formación moral y  religiosa de la comunidad judía y la filosofía griega, la de Josefo  conoció estancias en Palestina y en Roma, que le pusieron en  contacto directo con los acontecimientos sociales y políticos de este  periodo del Imperio. Podemos pensar, pues, que mientras que en Filón dominan los intereses filosófico-religiosos, en Flavio Josefo  se impone la atención a los hechos históricos, y suponer que, por  ello, las respectivas apreciaciones de la «figura mesiánica» resultan  diferentes”.

Es lo que comenta Lorena Miralles Maciá en un trabajo titulado “La figura del Mesías según los pensadores judeo-helenísticos Filón de Alejandría y Flavio Josefo”.

En dicho trabajo, la autora alude a la “Historia del Pueblo Judío” (1985) de Emil Schürer para mencionar dos pasajes de la obra de Filón titulada  “De Praemiis et Poenis”. En la misma se realza la felicidad que en el futuro experimentará el pueblo judío cuando se efectivice la reunión o reagrupamiento de los dispersos, consecuencia de volverse hacia Dios y reasumir y reencontrase con la Ley. En ninguno de ellos, sin embargo, hay ya no referencia expresa, sino la intuición o previsión de un “mesías” que vendrá. No será hombre alguno quien inagurará una época de redención; es Dios (directamente, sin intermediarios ni presencia humana alguna) quien alienta la esperanza en la “nueva época”. “Filón enumera muchas de las características del mesías que la tradición venía observando en el Apocalipsis de Daniel”, nos dice Lorena Miralles. A saber, entre otras: la aparición de un hombre en un contexto bélico, la idea de retribución de los justos, la ruina de los malvados. Pero Filón no atribuía a esa figura un status especial, un rol protagonista. Y continuamos leyendo en el texto: “El interés del pasaje radica no tanto en la figura del ungido, cuanto en la doctrina filosófica de la soberanía de los justos y virtuosos, esto es, en el gobierno perfecto de los santos de Dios que someterán al pueblo con el respeto, la severidad y la benevolencia”.

-        Entrando en la figura de Flavio Josefo, el historiador viene a hacer una exposición histórica de personajes que allá por el Siglo I a.e.c. predicaban al pueblo con mensajes mesiánicos; una exposición llena de anécdotas y curiosidades. “Aunque sus descripciones son incompletas, presentan datos suficientes para identificarlos por su nombre o por su origen”, nos dice. Para continuar: “No se puede deducir la verdadera actitud de Josefo en relación con estos «mesías», aunque no resulta difícil observar una cierta cautela tanto en el modo de presentarlos como en el de valorar el comportamiento de las gentes, dispuestas a seguir sin demasiadas pruebas a cualquiera en quien se supusieran características sobrenaturales ....”. Ejemplifica con el caso del personaje denominado Bagoas, bien expresivo: “Un ejemplo de ello es el de un eunuco llamado Bagoas al que se le predice una futura descendencia, una vez proclamado rey Peroras, el hermano de Herodes (AI XVII 44-45). El episodio de Bagoas tiene lugar después del relato de la secta de los fariseos y de su fuerte oposición al César, la cual les acarreó la multa pagada por la mujer del tal Peroras. Al ganarse ésta, así, el afecto de los fariseos, le llegan incluso a anunciar la subida al trono de su esposo, pues «Dios había determinado el final del gobierno de Herodes, tanto para él como para su estirpe, y el reinado pasaría a ella, a Peroras, y a sus hijos». Cuando Herodes se entera, manda ejecutar a todos los culpables de entre los fariseos y al tal Bagoas, al que «habían atraído por la idea de que sería llamado padre y benefactor del indicado como rey según la predicción y de que conforme estuviera todo en la mano [del rey], tendría lugar el matrimonio [de Bagoas] y la fuerza incluso para procrear hijos legítimos» ....”. Reflexiona el autor a continuación: “Si un individuo como Bagoas albergaba esperanzas mesiánicas motivadas por intereses farisaicos, cuántas más no iban a surgir entre el pueblo ante la presencia de quienes realizaban milagros o se auto-proclamaban profeta o rey”.

En “Historia social del cristianismo” (2001), W.E. Stegemann Y W. Stegemann, distingue los siguientes grupos como lo que denomina “figuras singulares” profético-carismáticas»: a) taumaturgos y profetas; b) “profetas oraculares”, movimientos de protesta profético-carismáticos; c)  Juan el Bautista; d) “bandolerismo social con pretensiones (mesiánicas) al reino”.  A ellos podría añadirse una categoría más: “el emperador divinizado, consecuencia de un culto al soberano que hunde sus raíces en Egipto y Mesopotamia y que se acentuó todavía más en época helenística”.

HALAKHA.-

En “Jacob Taubes. Soberanía y tiempo mesiánico”, la filosofía italiana Elettra Stimili nos habla de justicia, ley y mesianismo, y del modo en que Taubes pretender redefinir las fronteras entre cristianismo y judaísmo: Esta referencia a la justicia, o más bien a la sobriedad cotidiana de la justicia, a través de la cual Taubes pretende redefinir las fronteras entre judaísmo y cristianismo en este ensayo, parece abrir el camino a una perspectiva muy fructífera para nuestro discurso. A través de él tenemos la impresión, de hecho, de acercarnos a la esencia misma del mesianismo. La halajá – afirma Taubes en este ensayo – no se resuelve en el “yugo de la Ley”, en un acto jurídico positivo y abstracto, podríamos decir en términos jurídicos; su presencia, más bien, se manifiesta en esa "sobriedad de justicia" que "hace el fundamento de la vida del hombre". Este segundo aspecto es precisamente el que tiene que ver con el mesianismo como cumplimiento de la ley.

Si llega el tiempo mesiánico del cumplimiento de la Ley, entonces es decisivo el concepto mismo de cumplimiento, sobre el que Taubes vuelve una y otra vez hasta el final. Que la Ley se cumpla mesiánicamente no significa que se convierta, por así decirlo, en una segunda Torá que sustituye a la primera, abrogándola. Y, por otra parte, la llegada del tiempo mesiánico no implica la mera anulación del tiempo histórico o, mejor aún, su reposición homogénea. El problema es evidentemente más complejo y trae de vuelta una filosofía de la historia a la altura (Elettra Stimili, “Soberanía y tiempo mesiánico”, Ed. Libros del Tábano, p. 258).

Sin exagerar la importancia del tema, por el espacio que se le dedica, en el Talmud existe la discusión tanto sobre la era mesiánica como sobre la llegada del Mesías.

Cómo expone David Gianfranco di Segni al respecto en su colaboración en el trabajo colectivo “Il messsianismo ebraico”, la primera pregunta a formularse es si en el Talmud se aborda la perspectiva halájica o hagádica, la legal o la que no se corresponde a ese ámbito. Procede mencionar a Maimónides que incluye en tema entre los llamados “Trece principios de la fe”.

El Mesías, expone di Segni, viene a ser un profeta que se conecta a toda la cadena de profetas precedentes, hasta llegar -andando hacia atrás- a Moisés. Pero del tema en Maimónides hablaremos más adelante.

La observación de la Halakha nos permite examinar los criterios para saber quien es (quien puede ser) el Mesías, cómo se le puede reconocer, qué cosas debe hacer para que pueda ser reconocido como tal y qué depara la “era mesiánica”.

Pero hay otro aspecto que di Segni señala: “ ... la no observancia de la Halakhá por parte de aquellos que han sido considerados “mesías” y que después se han revelado falsos-mesías”.

RABINOS.

En un trabajo titulado “Un mesías en los escritos rabínicos”, Lorena Miralles indica algo que resulta muy relevante y que indica la capacidad (y legitimidad) del rabinismo para convertirse en referente, dirección espiritual (y política) del Pueblo judío en condiciones más que adversas: “ ..... mientras que otros grupos se estaban preparando para la nueva edad y el advenimiento del Ungido, en el ámbito rabínico hubo mucha más cautela al referirse a un personaje redentor”.

Contextualizando el momento histórico al que nos asomamos, con carácter previo a  la afirmación de aquella cautela, la autora nos dice que “Antes de la destrucción del Templo (70 d.C.) los rabinos no sintieron la necesidad de ocuparse de la problemática mesiánica ni de renovar sus expectativas, pues las profecías veterotestamentarias todavía eran válidas para la vitalidad del Judaísmo”. 

Se ejemplifican aquellas profecías bíblicas cuya vigencia era anterior, haciendo referencia a las “Dieciocho Bendiciones” o Amidah, conocida igualmente por ha-tefillah (“la plegaria”), de la que se dice que “ ..... se rezaba tres veces al día por todo Israel, incluidos las mujeres, los niños y los esclavos. Existen varias versiones de las Moneh Esreh , e incluso resúmenes posteriores, pero las más antiguas son la palestinense (encontrada en la Genizah del Cairo) y la babilónica (19 bendiciones). La nº 14 de la versión palestinense ofrece dos bendiciones presentes en el texto babilónico: la referida a la restauración de Jerusalén (nº 14) y la que da gracias por un vástago de David (nº 15); pero además utiliza el término Mašiah: “Sé misericordioso, Señor Dios nuestro, con tus grandes mercedes para con Israel tu pueblo y para con Jerusalén tu ciudad, y para con Sión, morada de tu gloria, y para con tu templo y tu habitación, y para la realeza de la casa de David, tu Mesías justo ...”.

La irrupción de un Mesías en la historia guardaba estrecha relación con la reconstruccción de la ciudad de Jerusalém y su Templo. Esta reconstrucción implicaba, además de la restauración religiosa, la reunión de los dispersos; en definitiva, la reconstrucción nacional.

Pero la autora del trabajo que estamos tomando como referencia indica que no debe concederse a aquellas “Bendiciones” un privilegio o considerarlas especialmente significativas entre la literatura mesiánica. Y ello es así porque “..... por un lado, están recogiendo ideas muy antiguas que llegaron “impuestas” por tradición , y por otro, en muchos textos rabínicos el advenimiento de la época mesiánica no tenía por qué implicar la  aparición de un Mesías”. Y es que, explica la autora, en la literatura tannaítica se utiliza con frecuencia el término Masiah, pero con él suele aludirse a dos realidades: en referencia al “sacerdote ungido”; y, al usar la expresión “en los días del Mesías”, al “sufrimiento que precede a la venida del Mesías”.

Se hace referencia en concreto a un texto de la Mishnah en el que cree verse un indicio para imaginar como se veía desde el mundo rabínico la expectativa mesiánica. Así, remitiéndose a un texto concreto (el tratado Sota 9,15),se nos dice que en el mismo se describe qué acontecimientos están relacionados con la llegada del Ungido: “R. Eliezer el Grande dice: -Desde el día en que fue devastado el Templo, los sabios fueron como escribas, los escribas como servidores de la sinagoga, los servidores de la sinagoga como el pueblo llano y el pueblo llano se empobrece y no hay nadie que busque. ¿En quién podemos apoyarnos? En nuestro Padre que está en los Cielos. Cuando se acerque el Mesías, la insolencia aumentará y la carestía se acrecentará, el reino se convertirá a la herejía y no habrá nadie que reprenda. El lugar de reunión será lugar de prostitución, Galilea será devastada y Giblan desolada. Los hombres de la frontera rodarán de ciudad en ciudad y no encontrarán favor. La sabiduría de los escribas se corromperá, los temerosos del pecado serán rechazados, la verdad será suprimida, los jóvenes harán palidecer los rostros de los ancianos, los ancianos servirán a los menores. El hijo deshonrará al padre, la hija se alzará contra su madre, la nuera contra la suegra, los enemigos de un hombre serán los de su propia familia (Miq 7,6). La faz de esta generación será como la de un perro, el hijo no sentirá vergüenza ante su padre. ¿En quién nos apoyaremos? En nuestro Padre que está en los Cielos”. Un cuadro terrible.

“La aplicación trae honestidad, la honestidad trae pureza, la pureza trae sobriedad, la sobriedad trae santidad, la santidad trae humildad, la humildad trae temor al pecado, el temor al pecado trae piedad, la piedad trae Espíritu Santo, el Espíritu Santo trae resurrección de los muertos, la resurrección de los muertos viene con Elías, de bendita memoria, amén”. Es lo que en Sota 9,15 está escrito; son palabras de R. Pinjás ben Yair. Matizando que el texto ha sido considerado por los estudiosos un pasaje tardío, Lorena Miralles afirma que “ ....  unifica en buena medida la mayoría de los temas que se van a ir desarrollando a lo largo de la literatura rabínica: la decadencia del pueblo judío después de la devastación del Templo, el sufrimiento que traerá la venida del Mesías, el sustento en Dios y la recompensa por las cualidades morales de los hombres, la resurrección de los muertos y la intervención de Elías”.

Algunos aspectos fundamentales presenta la autora al abordar las tradiciones sobre el Mesías. Veamos:

1)      LA VENIDA DEL MESÍAS.

Esta es planteada como correspondiente a un tiempo futuro, a un mundo por venir. Pero se ofrece una curiosidad, una visión diferente en un concreto texto. La misma nos remite al Talmud de Babilonia; en un texto contenido en el mismo se narra que Hillel tenía una opinión discordante de la del resto de rabinos, dado que sostenía que el Mesías ya había venido, concretamente en tiempo de Ezequías. Así: “Dijo R. Giddal en nombre de Rab: Algún día saborearán los israelitas la era mesiánica. –Es evidente –repuso R. Yosef-; ¿quién, si no, la gozará? ¿Jilec y Bilec? –Lo dicho rechaza la opinión de R. Hillel, que dijo que los israelitas no tendrán Mesías, porque ya lo gozaron en la época de Ezequías” (Sanh 98b).

Sin  negar la relevancia de Hillel en la historia del judaismo, su consideración como punto de referencia en la historia del pensamiento judío, la tesis que en este punto sostiene no es más que una opinión completamente aislada, que no encontró eco alguno conocido.

Frente a su criterio, el Mesías es situado siempre en el futuro, siendo su venida precedida (anunciada) por atroces catástrofes o desastres (guerra, peste, apostasía) o por un gran acto de “corrección” por parte del Pueblo de Israel. Así, conforme a Sanhedrín 97a, “[Según R. Yishaq:] En la generación en que llegue el hijo de David, habrá menos eruditos, y los ojos de los demás se apagarán por el pesar y la aflicción. Habrá una nueva sucesión de sufrimientos y perversas disposiciones; cada nuevo mal llegará apresuradamente antes de que termine el anterior”. En el texto se especifican en detalle las desgracias que tendrán lugar a partir de los 7 años anteriores a la aparición del “hijo de David”; son las siguientes: la lluvia para unas ciudades y para otras no; el hambre; la muerte por el hambre y el olvido de la Torah; la saciedad a medias; la abundancia y la recuperación de la Torah; los sonidos celestiales; las guerras.

Lo que en el texto se relata viene a hablarnos de que, como comenta la prof Miralles “.... se aceptaba una prueba divina por parte del judaísmo rabínico antes de que llegara el Mesías y que se iba a restaurar la situación del pueblo”.

Las opiniones posteriores a aquel pasaje en San 97a sostienen que ese “hijo de David” sól llegará cuando el reino haya caido en la herejía.

Otro elemento que se menciona frecuentemente en la literatura rabínica como precedente (anuncio) de la figura mesiánica es la “corrección de Israel”. Así, en el Talmud babilonicense, concretamenete en el Tratado Sanhedrín 98a se hace referencia a las opiniones de otros rabinos sobre la llegada del Mesías. El sufirimiento del que se nos habla es un padecer “correctivo”. Así, según auguraba  R. Hamá bar Hanina, el “hijo de David” no llegaría hasta que el reino más pequeño del mundo dejarse de ejercer algún poder sobre Israel, tal como había quedado dicho en Isaías 18:5 (“Pues antes de la cosecha, tan pronto como el botón se abra y la flor se convierta en uva madura, El cortará los pámpanos con podaderas y podará y quitará los sarmientos”) o como en Isaías 18:7 está escrito: “En aquel tiempo será traído un obsequio al Señor de los ejércitos de parte de un pueblo de alta estatura y de piel brillante, de un pueblo temido por todas partes, de una nación poderosa y opresora, cuya tierra surcan los ríos, al lugar del nombre del Señor de los ejércitos, el monte Sion”. Zeiría, en nombre de R. Hanina añde que la venida solo podrá producirse cuando no haya vanidosos en Israel, retomando el eco bíblio de las palabras de Sofonías 3:11-12: “Aquel día no te avergonzarás de ninguna de tus acciones con que te rebelaste contra mí; porque entonces yo quitaré de en medio de ti a los que se regocijan en tu orgullo, y nunca más te envanecerás en mi santo monte”; “Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Yahvé”. Las (excelentes) consecuencias de la recta conducta se observan en los 2 versículos siguientes: 13 y 14: “El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa; porque ellos serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los atemorice”; “14. Canta, oh hija de Sion; da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén”. Un elemento muy relevante, de componentes inequívocamente políticos, es ligar la llegada del “hijo de David” a la purificación de Israel y la liberación de sus opresores.

Lorena Miralles alude igualmente a un pasaje de Mekilta de R. Ismael, en el que se afirma que los israelitas serán salvados de tres castigos si cumplen el Shabbat, el día de descanso preceptivo: “R. Eleazar dice: Si observáis el sábado, entonces seréis salvados de tres castigos: de los sufrimientos que preceden a la venida del Mesías, del día de Gog, y del día del gran juicio. Y cuando lo escucharon, descansaron, porque se dice: Y descansó el pueblo ...”.

Es importante obervar que la venida en absoluto es condicionada de modo exlusivo por el entorno en el que esté implicado Israel; la actitud y conducta del Pueblo son absolutamente determinantes. Aunque la conducta será “excepcional”. En este sentido, en un mismo texto puede afirmarse que será anunciada por un comportamiento o su contrario. R. Yohanan, dando prueba de ello, sostiene que el gran momento se producirá una vez que en Israel “haya una generación totalmente virtuosa o totalmente perversa”.

Siguiendo el texto de la Prof  Miralles, en él se apela igualmente a lo necesario de tener en cuenta los avatares históricos, no solo los textos que los rabinos dejaron escritos: “Además de las opiniones de los sabios sobre la llegada del Mesías, también es necesario tener en cuenta los acontecimientos históricos: por ejemplo, en un pasaje de Sanh. 98b se dice que el Mesías vendrá sólo cuando el gobierno [romano] conquiste Israel . En definitiva, no es posible concretar ni cuándo ni cómo vendrá el hijo de David, pues cualquier cálculo apoyado en la Escritura va a encontrar una opinión contraria, cuyo origen también esté en el propio texto bíblico”.

2)      LOS DÍAS DEL MESÍAS.

En la Misnah se produce una diferenciación entre “mundo presente” y “mundo futuro”, pero no se acaba de especificar a qué época se corresponde la segunda de las expresiones. La misma podría aludir al “Reino de Dios” .... o a la presencia del Mesías en “este” mundo .... o a una época intermedia entre el mundo de ahora y el “por venir”. Todo esto es importante para tratar de entender el significado y alcance de expresiones como “la generación del Mesías” o “los días del Mesías”. En 1989, en un trabajo que lleva por título “La vida futura en la literatura rabínica”, D. Castelli sostiene que los contextos rabínicos dotan de significado a la expresión “mundo futuro”, aludiendo a tres modos diferentes de percibirlo: a) hay pasajes en que significa el modo en que el alma vive después de la muerte del cuerpo; b) en otros, en cambio, se hace referencia a la “era mesiánica”; c) en un tercer grupo de pasajes, el significado vendría a ser la vida de la humanidad una vez que se haya producido la resurrección de los muertos. El autor ofrece una visión especialmente profunda y detallada de la visión de la resurección en el marco del judaismo, detallando quienes tienen parte y quienes no en el “mundo venidero”.

La Profesora Miralles alude a un concreto pasaje de la Misnah del que puede deducirse que los “días del Mesías” se corresponden con este mundo, no con el mundo venidero. La autora cita: “pero los sabios dicen: “los días de tu vida significan este mundo; todos los días de tu vida incluyen los días del Mesías”. La expresión es clara, pero todo se complica si tenemos en cuenta los testimonios de los midrashim halakicos, en los cuales se alude a la “generación del Mesías”. Así, en Sifre Deuteronomio 32:7 y en Mekilta 17:14-16, nos encontramos con que al hacer referencia a aquella expresión, se está hablando de tres generaciones. Leyendo Mekilta a la luz o con los datos que Sifre aporta, tenemos que estas tres generaciones vendrían a corresponderse con las siguientes realidades: una primera generación coincidiría con este mundo en el momento presente; la segunda con los “días de Mesías” (llegarían en este mundo, pero en una nueva época); la tercera de ellas aludiría al mundo venidero.

Sanhedrín 99a viene a informarnos de que algunos rabinos llegan a lanzarse a postular cúanto durarán “los días del Mesías”.

3)      ¿QUIÉN ES?

En Sanhedrín 93b) tenemos que David es siempre el “ungido del Señor” en el texto bíblico y el prototipo de rey de Israel. El autor del libro de Daniel no parece que reconociera a un Mesías, a pesar de que en él se inicien las representaciones del “Hijo del Hombre”.

“La tradición se encargó de proyectar sobre la propia figura de Daniel esta imagen. De hecho, al final de Sanh 93b, Daniel es considerado más grande que David, porque sólo él vio “aquella visión” (Dn 10, 7)”, nos dice la Profesora Miralles. A continuación afirma: “El llamado Mesías se identifica después en el texto de Sanh93b con el conocido héroe judío Bar Kokba, al que matan porno saber “juzgar con el olfato”.

CONTEXTOS

“El mesianismo no es sólo judío, sino también persa y cristiano. Los “soter” de la religión griega eran, como los mesías, salvadores, redentores, también en sentido traducido, en el sentido de que prometían una forma de liberación primero en la tierra y después, cuando se había convertido en difícil por los poderes, en el cielo; el cristianismo ha tenido la misma evolución, es el resultado del cristianismo judeo-pagano”.

De este modo comienza un interesante trabajo publicado en la web de “Circolo Russell” (Italia), bajo el título “Il messianismo ebraico”, en el que se reseña un libro del mismo título, de la autoría de I. Bahbout, D. Gentili y T. Tagliacozzo y publicado por la editorial italiana especializada en libro judío “La Giuntina”. En el texto se hace un breve -pero muy ilustrativo- recorrido histórico por la idea mesiánica hasta el día de hoy mismo. Asumiendo que la idea no es exlusivamente judía, (o, quizá mejor dicho, que el concepto no se limita al mundo hebraico), sí se intenta trazar qué hay de específico en el mesianismo judío. Y no tardamos en ver en el texto la indisimulable carga política del concepto; así, podemos leer en aquel trabajo que “Para los hebreos, los mesías eran revolucionarios nacionalistas que luchaban contra la dominación extranjera y contra sus impuestos, a favor de un estado israelí independiente; los zelotas judíos y el clan de Jesús estaban armados ....”. La realidad se da en otros contextos culturales y religiosos; así, el texto prosigue: “Los mesías o profetas como Abraham, Moisés, hasta Mahoma, estaban armados y luchaban por la emancipación, el rescate y la libertad para su pueblo, pero tenían también un proyecto de poder”. Con un concepto amplio de mesías, pero ligándolo siempre a la idea de liberación y emancipación, de perfeccionamiento (político, social, nacional), continúa ilustrándonos el texto: “En Israel, salvadores, mesías, patriarcas, profetas, reyes, sumos sacerdotes y reformadores religiosos eran todos mesías”, y es que “el mesianismo estaba también ligado a la liberación final de Israel, donde las personas ungidas, esto es consagradas como mesías, eran perfumadas untándolas con aceite de oliva, usado también por los romanos; esta ceremonia estaba reservada a sacerdotes, reyes, profetas, patriarcas, jueces y mesías”.

Mención especial merece la rebelión capitaneada por Simón Bar Kohba en el periodo comprendido entre los años 132 y 135 e.c. Centrándonos en el personaje, decir que fue el líder judío que dirigió en el 132 e.c. una rebelión contra el imperio romano, instaurando un estado judío independiente que lideraría por el periodo de 3 años en la condición de Nasi (“príncipe”), hasta que los romanos lograron doblegar la resistencia judía. Una vez logrado el objetivo por la potencia opresora, Bar Kokhba resulta muerto en el asalto final a la fortaleza de Betar.

El Nasi tuvo adeptos entre los rabinos. Alguno tan relevante como Rabi Aqiba, que le aplicó la promesa que en Números 24:17 se contiene: “Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca; una estrella saldrá de Yaacob, y un cetro se levantará de Israel que aplastará la frente de Moab y derrumbará a todos los hijos de Set”.

R. Simeon ben Yojai (rabino que vivió en Galilea durante la época del dominio romano, concretamente tras la destrucción del Templo, a caballo entre los siglos I y II e.c., falleciendo posiblemente en Merón), manifestó que “Aqiba mi maestro interpretó: Una estrella ha surgido de Yaacob ...”. Manifestando que cuando Rabí Aqiba vio a Bar Kokhba dijo: “Éste es el rey Mesías”.

A esta tesis, se opusieron, por contra, otros sabios. Por ejemplo, en respuesta a la misma, R. Yojanán expone (replica) que “Aqiba, la hierba crecerá de tus mejillas y todavía el hijo de David no habrá venido”. Pero no sería el único que sostenía opiniones en esa misma línea. En el texto, citado, de la Profesora Miralles podemos extractar el siguiente texto aludiendo a ello, reproduciendo lo que en Sanhedrín 93 está escrito: “Bar Kokba, que reinó durante dos años y medio, dijo a los sabios: Yo soy el Mesías. Del Mesías, replicaron los sabios, dice la Escritura que juzga por el olfato. Veamos si sabe hacerlo. Como vieran que no sabía juzgar por el olfato, lo mataron”.

Las consecuencias de aquella fallida rebelión serían duras. En las condiciones materiales (es obvio), pero en la autoestima como pueblo y en la capacidad de esperanza. La Profesora Miralles manifiesta que “Berger, teniendo en cuenta la terrible situación que el pueblo judío estaba viviendo después de la derrota de Bar Kokba y el triunfo del Cristianismo en el Imperio (s. IV), explica cómo a la antigua burla “¿dónde está tu Dios?” se le unía la irónica pregunta “¿dónde está tu Mesías?”.

Entre los rabinos hizo fortuna la idea de que el fiasco que la rebelión había supuesto tenía su razón de ser en que se había generado de un “hijo de la mentira”.

También en el mundo rabínico (de la creatividad que en este se genera) surge el Mesías de Efraím ( o Mesías ben José), con el rol de facilitar al descendiente del rey David su venganza sobre los gentiles una vez caído en batalla. Tal como se manifiesta en el texto de Lorena Miralles: “Las dos tradiciones principales sobre este Mesías son su representación como héroe victorioso en la batalla y como caído en el combate, según el texto de Sukk 52 a 60: ¿Cuál es la causa de tal llanto? El rabino Dosa y los otros rabinos discrepan. Uno dice: Es por la muerte del Mesías hijo de José . Otro dice: Es por la muerte de la mala inclinación. Está en lo correcto quien afirma que por la muerte del Mesías ben José, pues está escrito: “Y ellos le mirarán, mirarán a aquél que han atravesado y le llorarán como a hijo único” (Ez, 12, 10) ¿Por qué habrán de llorar si se tratase de la muerte de la mala inclinación? ¿Acaso no sería motivo de regocijo? ¿Entonces, por qué lloran?”.

En cuanto a la identificación con esta figura de Mesías ben José de Simón Bar Kokhba, Pearson resumiendo las ideas de Heinemann, en un trabajo titulado “Dry Bones in the Judean Desert...”, establece estas 3 líneas: 1ª) la identificación se dio tanto antes como después de la derrota de Bar Kokhba; los cambios que  la tradición aplicó obedecerían a esta visión, cabiendo en todo caso preguntarse por qué el personaje histórico vio reconducida su imagen a la de “héroe trágico”; 2ª) la identificación entre Batr Kokhba y el Mesías de Efraím  se debió al paralelismo que una generación después fue establecido entre la alternativa armada frente al dominio romano y la solución militar adoptada por los efraimitas durante su fallido éxodo, cuando atacaron a los filisteos antes de tiempo; 3ª) en fecha posterior, la visión de los huesos secos de Ezequiel 37 se debió añadir a la tradición”.

En tanto Heinemann (en “The Messiah of Ephraim and the Premature Exodus of the Tribe of Ephraim”, 1975) alude a un héroe trágico que cae en la batalla, que es seguido por “otro” Mesías que tiene el rol de completar su tarea, Pearson sostiene una visión en la cual la imagen de la leyenda original es negativa, conforme a los pasajes en los que se alude al nombre de Bar Kokhba (etapa inmediatamente posterior a la fallida rebelión). Y es que el pueblo estaría padeciendo las acciones de represalia por parte de la potencia dominante romana, de modo que el nombre de Bar Kokhba se asociaría a vivencias desagradables.

Lorena Miralles explica que “En definitiva,  Pearson establece el desarrollo de la leyenda en tres fases: primero la historia del Mesías de Efraim se le aplicaría a Bar Kokba en tiempos de la revolución, después debió de ser modificada negativamente y, por último, sufrió una segunda modificación, probablemente por parte de los supervivientes, como respuesta a su forma negativa”.

Ciertamente, la idea de un mesianismo individualizado tendría mucho que ver con los acontecimientos que se produjeron tras la destrucción del Templo y la expulsión de Jerusalém de la población judía, previamente a la irrupción en escena del cristianismo que asume como central el concepto de “Mesías” tomándolo del judaismo y aceptando el aspecto dinástico o de linaje que del mismo podía extraerse.

El Mesías de los textos rabínicos fue, en todo caso, más que un descendiente de David o un sacerdote celestial, siendo identificado con un nombre propio en numerosas ocasiones.

PRINCIPIO-ESPERANZA. RETORNO.

El texto bíblico alude a los orígenes felices de la humanidad. Y lo hace en su comienzo. Génesis 1 y 2 traza un hermoso panorama. Un espacio al que uno desearía volver. A continuación, Génesis 3 ya viene a hablarnos de la desviación, de la “culpa original”.

El concepto de mesianismo está estrechamente vinculado con aquellos pasajes. La época mesiánica es descrita en la literatura profética como una suerte de “retorno al Edén”.

En Deuteronomio se sientan las bases explicativas de la situación histórico-existencial de Israel como pueblo. Deuteronomio 8 explicita que el don que la posesión de la Tierra representa -otorgado por Dios- está vinculado, como condición, a la adhesión a la Alianza, a la aceptación del Pacto, a la fidelidad a la Ley, a la obediencia de la misma.

Las profecías de contenido mesiánico son una especie de refundación (al menos un recordatorio) de la Alianza venciendo las caidas del pasado y la frustración del presente. Es el “siempre futuro” de cada día, que los profetas proyectan como un futuro en que se abre una nueva época, sea para la Nación, sea para la Humanidad.

EDAD MODERNA. FORMAS DE RECEPCIÓN. PENSAMIENTO Y ACCIÓN.

Ciertamente, esta visión no es, sin embargo, la única en tener recepción en el panorama plural y multiforme de la cultura e historia judías. El judaismo contemporáneo, por ejemplo, alberga en su interior visiones conforme a las cuales la figura del mesías sería identificable con el pueblo judío como colectivo humano; grupo humano “partícipe de la redención divina en el mundo”. Los padecimientos del mesías, retrotrayéndonos a la literatura profética que Isaías expresa, no serían otra cosa que el sufrimiento del pueblo exiliado, que contribuiría a la redención de la humanidad. Un auténtico “mesianismo secularizado” existe también en nuestra contemporaneidad; en esta perspectiva la idea de redención está absolutamente ligada  a lo más absolutamente “terrenal” o político.

“Un paraiso sobre la tierra”. Podría ser una expresión del ideal -del pensamiento y también de la propuesta de acción- del mesianismo. Si queremos abordar la presencia del mesianismo en nuestros días, procede remontarse a la llamada habitualmente Edad Moderna. Concretamente al año 1666 e.c. Es en ese año cuando se produce el primer gran acontecimiento relacionado con el mesianismo en el marco del judaismo. De funestas consecuencias, eso si.

Veamos: el judío de Esmirna Shavatai Zevi se autoproclama Mesías ante las comunidades judías del Mediterráneo Oriental. El movimiento asume formas absolutamente inasimilables con respecto al judaismo rabínico, viene a representar una drástica ruptura con el mesianismo tradicionalmente concebido. El pretendido mesías se lanza a una predicación conforme a la cual ha llegado la era mesiánica, inagurada por él, con la consecuencia de la superación de la “vieja ley” religiosa y la instauración de una época de libertad absoluta, en la cual los actos arbitrarios e incluso blasfemos precisamente contribuirán al aceleramiento de la redención del mundo. La “aventura” acabará muy mal: el autoproclamado acaba renegando del judaismo para adherirse al islam, bajo la amenaza de muerte del sultán turco.

Ante el completo fiasco, sus seguidores -también convertidos al islam- argumentarían que aquella conversión no suponía una herejía, sino, en realidad, el acto más puro de fe: Shabetai había descendido al reino del mal para liberar las chispas de la redención final.

En un trabajo publicado en la web “Judíos y judaismo” bajo el título “El Misticismo Mesiánico de Shabetai Tzvi y sus implicancias”, aludiendo a las posibles causas de la emergencia de movimientos como el suyo, se dice que “Algunos argumentan que el sufrimiento y la desesperanza que estaba atravesando el pueblo judío propulsó el emergente de estas figuras; otros argumentan por la influencia del pensamiento de Luria que potencia el fervor mesiánico; y hay quienes insisten en la influencia de los judíos conversos viviendo en el Imperio Otomano quienes se inclinan por esta figura de un Mesías Judío al estilo Jesús que al igual que ellos estaba atravesando esta dualidad de su personalidad como un judío internamente pero un musulmán (o cristiano en el caso de los conversos) externamente”. Centrándose concretamente en Shavetai y como fue visto en las generaciones sucesivas, se manifiesta que “Ya entrando al siglo XVIII la ideología de Shabetai Tzvi se convirtió en un sinónimo de toda práctica judía que parecía errada, desviada e incluso herética dentro de la comunidad judía. Esta situación presentará un gran desafío para todos los rabinos de este período y los siguientes con respecto a quién es la autoridad en el judaísmo y cuáles deberían ser las normas judías aceptadas socialmente”.

Pero su visión (delirante) tendría recepción en otros, ya desaparecida su figura. Unas décadas más tarde (concretamente en 1753) el judío polaco Yaacob Frank se autoproclama reencarnación de Shabbatai, llevando hasta las últimas consecuencias el rechazo de la Ley y la libertad absoluta predicada por su referente. Lleva las ocurrencias del de Esmirna hasta el paroxismo. Predica la búsqueda (hasta alcanzarlo) de un estado místico de liberación por medio de una gnosis que exalta cada contravención imaginable, en primer lugar el incesto: “no he venido aquí para elevar, sino para destruir y rebajar todas las cosas hasta que se hunda en el abismo ....”. Y argumenta: “.... No existe ascenso sin antes descender. Yo he sido elegido porque soy la oscuridad de la cual se derramará la luz”.

El polaco, diferenciándose de su predecesor, caracteriza su movimiento como político. Predica y lleva a cabo una falsa conversión al catolicismo, con la idea de entrar y destruir desde dentro el mundo del mal representado por los Estados europeos, aheridos al cristianismo y militantes de él, así como por la Iglesia católica. En definitiva, la cristiandad europea. Con un lenguaje solemne, lleno de aires de grandeza, postula la necesidad de “una revolución mundial inminente” que destruiría el orden establecido, abriendo las puertas al nuevo mundo (mesiánico).

MAIMÓNIDES.-

El ideal mesiánico, en el marco judío (en la diversidad de variantes y manifestaciones, en la variedad de fuentes en que se expresa) debe ser abordado como una cuestión política. Social, sin duda, pero concretamente de actuación o intervención sobre lo social; de “lo político”, en definitiva.

No puede desconectarse “lo” mesiánico de la central cuestión de la “Ley”.

“Ley, justicia y tiempo por venir: el ideal mesiánico”. He ahí el título de un trabajo  de la autoría de Emmmanuel Taub. Importantes consideraciones hallamos en el mismo al respecto  de cuanto acabamos de decir sobre el ideal mesiánico y la forma de abordarlo por aquel en honor del cual hizo fortuna y se popularizó la frase: “Entre Moisés y Moisés no hubo otro Moisés”. Así, se argumenta que para aquel que dedicó su didáctica en muy buena medida a argumentar la compatibilidad fe-razón, la visión de la historia sería  algo así como el progreso gradual en el camino del monoteismo. La historia de la humanidad sería, pues, la “historia de la monoteización de la humanidad”.

El sabio cordobés vendría a expresar una visión de la historia en la que podrían identificarse cuatro periodos: el de la ignorancia, aquel en el que el monoteísmo comienza y tiene sus raíces en una simple comunidad, la expansión de la idea monoteista y, finalmente, el de la victoria del monoteismo. Es esta la “era mesiánica”, conforme Funkenstein manifiesta en una obra aparecida en 1997: “Maimonides: Nature, History, and Messianic Beliefs”.

Dicha era mesiánica forma parte, entonces, de la “realidad del mundo”. En la visión maimonideana, lo mesiánico está relacionado con lo político, y el mesías es una figura histórica y política.

Y si de lo político hablamos, en el marco judío no podemos más que retomar (retrotraernos) y poner en el centro de las reflexiones la cuestión de la Ley. No una legalidad abstracta: la Ley de Moisés. Y es que con la Torá es con lo que, por sobre todo, el Mesías está relacionado. “Aquel que no cree en la restauración o no espera la llegada del Mesías niega no solo las enseñanzas de los profetas, sino también la Ley de Moisés”, nos dirá el cordobés. Respetar la Torá, aceptarla, implica inescusablemente aceptar aquella espera, asumir la realidad de aquella figura (el Mesías).

Lo que Moisés había dicho en relación al retorno de los desterrados y a la redención están absolutamente conectadas con lo que en relación a los mismos asuntos los profestas expresaron. Deuteronomio 30:3 es un texto absolutamente claro y expresivo al respecto: “entonces Yahvé hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Yahvé tu Dios”.

Continúa sus reflexiones Emmanuel Taub concretando cómo es, qué hace el mesías para ser identificable como tal: “El mesías es un rey capaz de consagrar la ley por su sabiduría, pero al mismo tiempo, de luchar para reunir al pueblo disperso. Si el rey es de la casa de David y lucha las batallas del mesías, entonces es candidato a ser el mesías”. Ello es importante, pero no suficiente. Y ello es así dado que “ .... aún falta el elemento de la ley: el mesías es un sabio que imparte la ley a todo el pueblo pero que además es un líder que lucha las batallas de Dios”. Entonces, concluye, el autor, “.... lo político consagra la ley y la ley consagra la figura política del mesías: este es un vínculo histórico, futuro e insondable para el pensamiento de Maimónides ....”. Pero, y ello desborda la consideración de lo mesiánico como “un” tema en el interior del judaismo, no solo para el pensamiento del sabio cordobés sino “ ....  para la teología política judía”. Y es que la figura mesiánica en absolutamente modificará la Ley al irrumpir en la historia ni “ ... tampoco producirá signos maravillosos o milagros”.

ALGUNAS SUGERENCIAS DE NUESTROS TIEMPOS EN RELACIÓN A LO MESIÁNICO.

Walter Bemjamin.

Un gran experto en la obra benjaminiana (Michael Lowy), puso el acento en la novedad del modo de abordar el mesianismo por W.B.: ” …. la tarea mesiánica está completamente en manos de las generaciones humanas. El único Mesías posible es colectivo, es la propia humanidad. Más precisamente, la humanidad oprimida”.

“Creemos que debido a un desconocimiento casi total del asunto judío, por parte de nosotros los definidos como “occidentales-cristianos”, vivimos cometiendo la falta, a la hora de analizar a un pensador como Walter Benjamin, de ignorar la importante influencia que la herencia judía ejerció sobre éste”. Son las palabras introductorias de Antonio S. Boscan en su trabajo “El significado de lo teológico en Walter Benjamin”.
La verdad teológica a la que debemos remitirnos nos habla del deseo -en el que pasado y presente se fusionan- de un paraiso terrenal; en él “nació” el hombre, pero lo perdió y es tarea suya retornar a él, merecer conquistarlo, “retomar” lo perdido.
En “Una afinidad electiva de Rafael Gutiérrez Giradot: Walter Benjamin”, el autor -A.A. Verón Ospina- nos guía diciendo que la teología sirvió a W.B. para defenderse de la desorientación ideológica de una época de transición como aquella en la que vivió.

El progreso (así como el marxismo vulgar, progresista) supone un empobrecimiento de la experiencia humana; el mecanicismo del trabajo hace impermeable la experiencia y degrada al hombre a la condición de autómata. Su comportamiento “reactivo” no puede proporcionarle memoria.

Interrumpir el curso del mundo, de la historia, hacer irrumpir en esta “el acto mesiánico”, retomar la rememoración -y la experiencia que la tradición nos regala-, reivindicar un mundo perdido en pos de un proyecto colectivo “mejor”, una sociedad justa, redimida … en estos postulados encontramos a Benjamin, y lo encontramos confluyendo en lo judío. Eso sí, llevando lo mesiánico al plano de la revolución -y de su visión del materialismo histórico-: la “restitución total” se opera por medio de la revolución, liberando al hombre de su condición de autómata e instaurando la “experiencia perdida”.

Ligado a todo ello, y en una clara estela de “lo” judío, Benjamin postula la recuperación de una suerte de “pasado auténtico”; en definitiva, hablamos de la “tradición”, no cabiendo otra cosa que considerar que sin ésta no puede transmitirse “sabiduría”, “verdad” en sentido propio. Rescatar de este modo el pasado es dotarse de las herramientas necesarias para vencer el conformismo del presente, sus injusticias. En este punto procede aludir y remitirse al “profetismo” como momento central de la historia del pueblo judío: sin duda, este trata de impulsar un futuro mejor, pero lo hace desde el llamamiento a recordar siempre un ideal con sus raíces ancladas en los comienzos de la historia. Ideal (revelado) transmitido a través de la lectura de la Torah. Un solo Dios, Creador, es también Redentor; a través del prometido Mesías, redime y salva al pueblo, instaurando el Reino.

Mesianismo … busca de Justicia, al fin. Profundamente judío: ” … en todos los campos Dios se opone al mito”, nos dirá. Frente al mito, en el que el poder prevalece -a través de una violencia que engendra el derecho-, lo que Dios busca es la justicia.
En Walter Benjamin, y ello es relevante, la teología no es únicamente estudio de “lo divino”. Para él, es también una actitud científica, lleva implícita un conocimiento científico, cuyo objeto es la verdad.

Como manifiesta Darío Sztajnszrajber en una Conferencia dada en Buenos Aires sobre la figura de Benjamin, el mesianismo implica el fin de todo mundo natural y reconocido, la destrucción de toda estructura propia de este mundo. En realidad, en el mundo mesiánico termina la Ley, no hay “ganadores” ni “perdedores” … todo es de todos y nada es de nadie, no hay lógica, ni hay palabras, no hay mediación … es plenitud. Una realización colectiva universal. Frente a ello, el derecho siempre genera un límite, es un acto de violencia que, en realidad, hace imposible la justicia para todos. Un marco específicamente judío en el que nuestro pensador berlinés se instala.
La historia lineal, la idea de “secuencia”, supone una narración objetiva, implica un “sentido”; nos hallamos ante una visión teleológica. La “teleología” (de “telos”, final en el sentido de “finalidad”) no soporta el azar.

Una lectura de Derrida.-

“Creemos que pueden delimitarse lecturas de la mesianicidad y de lo judío que contribuyen a revisar el aparato teórico político contemporáneo y su continuidad, en muchas oportunidades, con nociones modernas secularizadas que nos presentan la actualidad política como un escenario incuestionable, incluso desmontado, en el sentido de un ocultamiento de lo político que responde, por cierto, a lo político mismo en su variante liberal. De este modo, nos interesará señalar cómo un pensamiento de lo judío permite poner en cuestión las categorías centrales del pensamiento moderno centrado sobre la idea de subjectum”. De este modo tan sugerente -y explosivo-  se expresa la Dra. Gabriela Balcarce (Doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires y docente del Departamento de Filosofía de la misma) en un artículo publicado en la revista “Observaciones filosóficas” bajo el título “La reinvención derrideana de lo judío; Lectura filosófico-política del mesianismo”. Más adelante, la autora aumenta si cabe su contundencia; a la par que reivindica la judeidad de Derrida, viene a hablarnos de lo útil (también, sino fundamentalmente, en términos políticos) para leer -en una clave política- el presente: “A nuestro entender, allí pueden delimitarse lecturas de la mesianicidad y de lo judío que contribuyen a revisar el aparato teórico político contemporáneo y su continuidad, en muchas oportunidades, con nociones modernas secularizadas que nos presentan la actualidad política como un escenario incuestionable, incluso desmontado, en el sentido de un ocultamiento de lo político que responde, por cierto, a lo político mismo en su variante liberal”.

Como reflexión previa a entrar en el pensamiento de Derrida, pero enlazando con el mismo, se subraya -y esto es más que relevante a los efectos del tema de este trabajo-,  “Para la tradición judía la Revelación constituye un proceso inacabable, ya que “nunca se presenta como el registro mimético del discurso divino por parte de un sujeto que lo recibe”; la Revelación se inscribe en una situación, abre una nueva perspectiva sobre un estado de cosas presente”.

“Heredar es inventar”, podemos leer, enlazando con Derrida, “in-venire”, dejar venir. La herencia no es algo dado, la herencia es una tarea, “nuestra tarea”. Herencia, mesianismo, redención .... tres términos absolutamente conectados. Derrida lo dice así: Somos herederos, eso no quiere decir que decidamos esto o aquello, que tal herencia nos enriquezca un día con esto o aquello, sino que el ser de lo que somos es, ante todo, herencia, lo queramos y lo sepamos o no”. Y una reflexión profundamente (rotundamente) judía: “Si la legibilidad de un legado fuera dada, natural, transparente, unívoca, si no apelara y al mismo tiempo desafiara a la interpretación, aquél nunca podría ser heredado”.

Y con brillantez reivindica la autora: “El por-venir irrumpe bajo la figura del contratiempo, por venir no es futuro, así como el pasado tampoco es algo que ha cesado de existir. Y en esta dislocación, anuncian la urgencia del aquí y ahora para la aparición espectral, es decir, para aquello que todavía resta pensar”.

“Yo soy el último de los judíos”. He aquí una expresión de Derrida. La Prof Gabriela Balcarce lo enlaza con aquel concepto con el que hizo fortuna: la deconstrucción.   Así: “Los trazos judíos del pensamiento de la deconstrucción entablan una familiaridad con nociones derrideanas por cierto anteriores a la tematización explícita (aunque breve) de lo mesiánico. La différance, la huella, la justicia, el fantasma, el extranjero, entre otras, son nociones que convergen en más de un sentido en el tratamiento de lo mesiánico en tanto pensamiento de lo imposible”

Y aquí se enlaza con la idea de temporalidad, del sentido del tiempo, de su significado. E inevitablemente resuena la voz de Benjamin, aunque no se le cite explícitamente: “Una temporalidad diferente de las especulaciones modernas-seculares, es decir, aquellas que han entendido al tiempo de manera funcional al proyecto epistémico moderno de continuidad con las ciencias naturales y su alucinada idea de progresión infinita. Porque el mesianismo aquí en juego es el desgarro del tiempo, la puesta en abismo de la historia, una inscripción de finitud que impide la apropiación monótono-teísta de lo político”.

Así, ¿a qué sirve el mesianismo? ¿Qué hace que nos interpele siempre? “El mesianismo desbarata el tiempo del Rey porque es la desproporción del tiempo”, podemos leer. Y es que hablamos de “Un tiempo diferente, diferenciador, que rompa con la unidimensionalidad e irreversibilidad, en consonancia con una concepción de la subjetividad moderna como subjectum”.

Lévinas.-

Para Emmanuele Lévinas, el mesianismo supone un mejoramiento de la condición humana y el cumplimiento de promesas de carácter social y político.

El Mesías representa un quebrarse, un desvelamiento de las contradicciones de la política. Tiene un objetivo nítido: superar la injusticia social. Pero, en cualquier caso, siempre está presente una relación con Dios.

La historia es transitoriedad. Y desconfía también del mesianismo político. Sostiene que todos los nacionalismos son “mesiánicos”, y todas las naciones se consideran “elegidas”, no únicamente Israel.

En esta dirección, en “Il messianismo ebraico” (I. Bahbout, D. Gentili, T. Tagliacozzo – Giuntina Editore), al analizar a Lévinas y su idea de lo mesiánico, se dice que “El mesianismo, de Abraham en adelante, ha sido siempre nacionalista y revolucionario, inspira la idea de cambio más que la idea de progreso, representa ruptura y renovación; mientras el misticismo parece dirigido a lo inmutable y a lo interior, el mesianismo se lleva a cabo en el interior de un ámbito terrenal, se compara con dogmatismo, revolución y tradición; de hecho, tantos profetas eran también reformadores religiosos”.

Donatella di Cesare.-

Profesora de Filosofía en la Universidad romana de La Sapienza, preceptora del Premio Cultura Ebraica (edición de 2015), otorgado por la UCEI (“Unione delle Comnità Ebraiche Italiane”), autora de libros más que sugerentes que abordan la filosofía judía (entre otros “Grammatica dei tempi messianici”, “La giustizia deve essere in questo mondo” o “Israele: terra, ritorno, anarchia”), Donatella di Cesare aborda  en diversos libros, conferencias y artículos la temática mesiánica como una de las más relevantes dentro del pensamiento hebraico.

“Los constructores de la Torre de Babel querían asegurarse fama eterna, garantizarse eternidad, hacerse un nombre ....”, nos dice en su “Grammatica dei tempi mesianici” (“Gramática de los tiempos mesiánicos”). En la presentación del libro se nos informa de lo que en el texto del mismo se pretende: reconstruir “con el ritmo atractivo de una narración , las profecías sobre el instante mesiánico que indicará el final”. Y “..... será el nombre de Dios quien irrumpa en la historia para subvertirla,  invirtiendo el tiempo en la eternidad .....”, aludiendo a la “.... posibilidad de ultrapasar el tiempo en el tiempo, de hacer de la memoria el inicio de la redención”.

Palabras clave, profundamente entrelazadas y relacionadas con nuestro tema: historia, profecía, subversión, tiempo .... por supuesto, redención.

Releyendo e interpretando a Levinas, la autora, en “La giustizia deve essere di questo mondo: Paesaggi dell’etica ebraica” nos dice que “.... Es así que desbloquea la entrada de la eternidad en el momento, que abre al Mesías las puertas de la Historia. En sentido mesiánico, por tanto, Lévinas habla del “Estado de David” que “se mantiene en la finalidad de la liberación”. Porque la Ciudad mesiánica, introducida en el orden político que se pretende indiferente a la escatología, reenvía siempre más allá. El Estado greco-romano, que ha marcado la impronta de Occidente, es celoso de su soberanía, sumergido de modo realista en una inmanencia sin puertas; domina y oprime, porque separa la humanidad de la liberación. Es incapaz de ser sin adorarse. El Estado pagano es de hecho la idolatría.

A Israel le es reclamada fidelidad a su espera mesiánica, al más allá desde siempre inscrito en el Estado de David, que por ello es la vía, no la meta ....”. En alusión a la realidad que en el mundo moderno es la existencia de Israel como estado soberano, la autora argumenta que conformarse con la inmanencia implicaría que “.... sería un Estado como cualquier otro, resbalando hacia la idolatría. Olvidaría  el más allá anarquista que ha señado su profetismo -an-arquía que rechaza el principio originario de la proveniencia y excluye el mando de una autoridad que socavaría su Pacto”.

Diana Sperling (“Herencia y redención”).-

“Según Walter Benjamin, la historia no es una mera suma de momentos, una línea uniforme y continua de causas y efectos, sino un entramado complejo y desigual con puntos luminosos y otros apenas visibles. La tarea del historiador, dice, no consiste en cantar las victorias de los vencedores sino en rescatar la memoria de los vencidos para que cada generación tome a su cargo la tarea de liberar a los oprimidos del pasado”.

Es el comiezo de un artículo de Diana Sperling que lleva el título “Herencia y redención” y en el que la referencia a lo mesiánico sobrevuela en todo momento. Más adelante lo explicita al reivindicar el “.... volver la mirada a lo pretérito pero no de un modo nostálgico, sino creativo; buscar en las ruinas de lo que nos precede las “astillas de tiempo mesiánico” que quedaron sin realizar, para relanzar esa fuerza hacia el futuro y construir un mundo de libertad y justicia”.

Y, al fin, incuestionablemente, de redención y de final de la esclavitud estamos hablando, por ejemplo al rememorar. Ese es el sentido de lo mesiánico, pues “ .... la redención es un camino que nunca termina, que la salida de la esclavitud es un punto de partida y no de llegada. No por casualidad, cada vez dejamos la puerta abierta y llenamos una copa para el profeta Elías, anunciador de la redención: es que el futuro no cesa de no llegar, ya que su venida no es un hecho a producirse por sí solo sino una construcción ética”.

Por lo demás es un concepto (mesianismo) absolutamente judío, en los términos en que la autora se ha expresado. Un concepto no exlusivo del judaismo y que el cristianismo también reclama para sí; pero, avatares históricos al margen, se trata de conceptos que no aluden a lo mismo. Y aquí es absolutamente imposible no acudir a lo específico del judaismo dentro de ese concepto amplio e impreciso que es Occidente. En un alegato rotundo en favor de esta especificidad hebraica (en un texto titulado “El logos y Occidente”,  perteneciente al libro “Genealogía del odio”, y concretamente a su Capítulo X) , la misma autora nos habla de ello.

C) CONCLUSIONES.

“Lo judío como ruptura de la circularidad auto-reproductiva, un exterior al interior del sistema (el afuera es el adentro), que no solamente lo corroe, sino que lo interrumpe y altera. Lo judío como particularidad o resto frente al universalismo de la humanidad, ejemplarmente comprometida en la alianza de Dios con el pueblo de Israel.

Lo judío como ruptura de la Historia Universal (Rosenzweig), como crítica a la historia, como herencia consagrada a una ética de lo infinito, de la hospitalidad al otro (Lévinas). Y en esta hospitalidad, la acogida de lo completamente otro hace obra. “Él habrá obrado”, el carácter acontecimental de una herencia que se revela como invención. Un diálogo –como diría Rosenzweig- que se toma en serio el tiempo, y que encuentra en la finitud, la condición de toda responsabilidad. Y allí se produce la invención del otro, es lo que rompe lo posible, el tiempo de la presencia en el presente-a-sí”.

Comenzamos así las conclusiones. Es un fragmento de un trabajo ya citado: “La reinvención derrideana de lo judío; Lectura filosófico-política del mesianismo”, de la Dra. Gabriela Balcarce (Universidad de Buenos Aires) ... Casi podríamos acabar aquí. En estas palabras se adensa y condensa el significado profundo de lo mesiánico. Y su potencial.

Pero diremos alguna cosa más. Estableciendo unas cuantas conclusiones:

Primera.-            

No es un concepto que se dé únicamente en el marco judío. La civilización persa y el cristianismo conocen la figura. Pero en el seno del judaismo y de la historia del pueblo judío, adquiere una significación muy específica. Además de ello es un tema central del lo judío, siempre presente como esperanza (colectiva) y como reflexión, también sobre el presente y sobre el futuro.

Segunda.-

En el marco judío que es el que no interesa, entendemos que no es atrevido decir que el concepto de Mesías viene a expresar posturas (al menos en los momentos históricos en los que se irrumpió con fuerza e impregnó el pensamiento y acción de importantísimos segmentos del Pueblo) nacionalistas  (de afirmación nacional) y revolucionarias, ligando ambos conceptos en la doble dimensión de emancipación nacional y social/popular. En esta atmósfera ideológica, se hace especialmente relevante como guía de pensamiento y acción en los momentos (muchos) de dominación extranjera, y para expresar la oposición a ella. La idea de Estado independiente de los judíos está presente, si no siempre, en muchas ocasiones.

Tercera.-             

El mesianismo- y la idea de “Mesías” está íntimamente ligado (sin que ello implique exclusividad) a la literatura profética, a los mensajes de los profetas, a la ideología que en los textos atruibuidos a estos -o de los que los mismos son protagonistas- se expresa.

Es idea transversal a ellos -a los profetas- que Israel debe atravesar una “regeneración nacional”. Isaías 29:22-24 manifiesta que una promesa se ha hecho al patriarca Yaacob; así: “22. Por eso, el Señor, el redentor de Abraham, dice así a los descendientes de Yaacob: «Jacob ya no será avergonzado, ni palidecerá su rostro. 23. Cuando él vea a sus hijos, y la obra de mis manos en medio de él, todos ellos santificarán mi nombre; santificarán al Santo de Yaacob, y temerán al Dios de Israel.

24. “Los de espíritu extraviado recibirán entendimiento; y los murmuradores aceptarán ser instruidos.”. Esta idea de regeneración es absolutamente inhrente y consustancial al ideal mesiánico. Dios, por tanto, debe corregir al Pueblo, a la Nación de los israelitas.

Y si las ideas de regeneración y correccción marcan la figura del Mesías, otro tanto puede decirse (inevitablemente) de la idea “Juicio”; sólo la existencia de tal señará la llegada del Mesías. En Isaías 44:1-5 podemos leer: “1. Mas ahora escucha, Yaacob, siervo mío, Israel, a quien yo he escogido. 2. Así dice el Señor que te creó, que te formó desde el seno materno, y que te ayudará: "No temas, Yaacob, siervo mío, ni tú, Jesurún, a quien he escogido. 3. "Porque derramaré agua sobre la tierra sedienta, y torrentes sobre la tierra seca; derramaré mi Espíritu sobre tu posteridad, y mi bendición sobre tus descendientes. 4. "Ellos brotarán entre la hierba como sauces junto a corrientes de agua." 5. Este dirá: "Yo soy del Señor", otro invocará el nombre de Yaacob, y otro escribirá en su mano: "Del Señor soy" y se llamará con el nombre de Israel”. Nos dice el profeta que, desde el principio, Dios escogió a Israel, pero Israel aun no se habrá hecho merecedor del don. Pero el momento llegara, aquellos que lo harán posible realizarán lo necesario.

Al caer Jerusalém, el Templo es destruido y muchos compatriotas pierden la esperanza. En ese contexto, surge otro de los profetas -Ezequiel-, que asume la tarea de combatir la idolatría, el desvío del camino recto plasmado en las malas costumbres y las prácticas corruptas. Entre los argumentos que el profeta usa para restablecer la esperanza y consolar a su Pueblo, un lugar fundamental lo ocupa la espera en el tiempo mesiánico. Si en 11:19-20 alude, como otros profetas, a la regeneración (“19. Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, 20. para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios”), además de esta “limpieza” que viene a suponer una re-fundación del judaismo, una re-novación / ratificación del Pacto o Alianza, las referencias mesiánicas son claras, remitiéndose a la bendición de Yaacob en algún caso -lo cual tiene aires mesiánicos-, pero es mucho más explícito en la referencia a la dinastía davídica, como en 17:22-24: “22. Así ha dicho Yahvé el Señor: Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y lo plantaré sobre el monte alto y sublime. 23. En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramas, y dará fruto, y se hará magnífico cedro; y habitarán debajo de él todas las aves de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán. 24 Y sabrán todos los árboles del campo que yo Yahvé abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice reverdecer el árbol seco. Yo Yahvé lo he dicho, y lo haré". O en 34:22-24: “22. Yo salvaré a mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja. 23. Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor. 24. Yo Yahvé les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Yahvé he hablado”. O en 37:25 en alusión a un futuro en clave de “eternidad”: “Habitarán en la tierra que di a mi siervo Yaacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre”.

Cuarta.-

La idea mesiánica está íntimamente asociada a un mundo sin guerra, una especie de “paz perpetua”, una suerte de “superación de la muerte”, con la intervención de ese “predilecto del Señor” que el Mesías vendrá a ser. Paz como equilibrio, como puesta al día, ajuste de cuentas si se quiere. Como equilibrio de aquello que concreta lo que debe ser.

Quinta.-

Las formas de presentarse la figura mesiánica en los textos judíos tradicionales han sido muy diversas. En realidad, puede hablarse de varias figuras o tipos de figuras: Mesías-rey, Mesías-siervo, Mesías de Efraim, etc. Hay un mesianismo profético, uno apocalítico. Igualmente el concepto de “resto fiel”. Hay también una suerte de “mesianismo sin Mesías”.

Sexta.-

El cristianismo tomó del judaismo el término “Mesías” pero cambiando sus connotaciones, su significado y, lo que es fundamental, el momento de su llegada. Es fundamental leer textos (más o menos) contemporáneos al personaje histórico de Jesús dentro del marco judío. Historiadores como Flavio Josefo o Filón de Alejandría dedicaron algunas páginas a la cuestión mesiánica en aquellos convulsos tiempos (para muchos, de espera). Aluden a diversos personajes que se consideraron y/o a los que consideraron los elegidos.

Séptima.-

En el denso mundo de la literatura y práctica rabínica, también el tema mesiánico tiene su espacio, desarrollándose conceptos como la “venida” del Mesías o “los días del Mesías”, concretándose criterios en orden a saber quién es (será), qué señales lo distinguirán, previniendo con prudencia contra falsos profetas y falsos mesías. Siempre amparándose en la literatura tradicional con el centro en la misma Torá.

Octava.-

Con el término mesianismo, aludimos, en cualquier caso, a un principio-esperanza, en el cual la idea de “retorno” es absolutamente central.

El texto bíblico nos habla de los felices orígenes del hombre y del mundo. Pero el error, la culpa, nos ha llevado al mundo tal cual es. 

Y es que la “era mesiánica” es, de algún modo siempre, un “regreso al Edén”.

Aquel origen feliz del hombre no puede sino llevar a anhelar un retorno al pasado. El futuro es retorno.

El hombre tiene su rol; cuando cumpla determinadas condiciones, el mundo será como Dios lo postulaba y desearía.

Novena.-

El mesianismo es una señal de identidad del judaismo. También de lo que el judaismo aporta a la humanidad, y de la que beben todas las teologías de la liberación, por ejemplo. Ellas, aun desde fuera del judaismo, no pueden sino volver a los profetas, añorar el Edén, dar una guía de acción al hombre (marcada por la justicia, la emancipación, la libertad). Regresar al Sinaí, también, sin duda.

El cumplimiento histórico de las promesas no acaba nunca de agotar su completo contenido. La historia del pueblo de Israel es un concepto en marcha, una idea en movimiento, el referente de la redención. El “fin de la historia” supone la realización plena.

Décima.-

El judaismo ha conocido, en el avatar histórico, la existencia de falsos mesías. Y de otros que se ha demostrado que no lo eran, pese al empeño de sus seguidores en que así fuera. El carácter de Mesías implica, siempre, el cumplimiento de determinadas condiciones. No siempre hay engaño; a veces simple error, a veces impulsividad y precipitación más en los adeptos que en el protagonista. Simon bar Kokhba, por ejemplo, fue visto así por algunos, pero la objetividad de los hechos es un muro con el que a veces tropezamos. Otro caso es el de los autoproclamados “mesías” que se lanzan -y lanzan a amplias masas- a batallas imposibles. El nombre de Shevatai Zevi es de ineludible mención.

Undécima.-

Vivir “esperando al mesías”. Podría ser el título de un film (y lo es). Hoy por hoy, también, una señal de identidad del judaismo. Quizá ello aliente las reflexioens modernas y contemporáneas sobre el mesianismo. Nacidas del modo más brillante dentro (absolutamente dentro, por más que se expanda en múltiples direcciones y aborde innúmeras perspectivas) del mundo judío. Levinas y Derrida, pero sobre todo Walter Benjamin tienen mucho que decir. Y tendrán. La espera continúa .... el mundo, definitivamente, no está redimido. No se ha ganado la redención.

 

D) Bibliografía consultada.

-              Lorena Miralles Maciá: La figura del mesías según los historiadores judeo-helenísticos Filón de Alejandría y Flavio Josefo.

http://digibug.ugr.es/handle/10481/32406#.V5nIjTfury0

-              Lorena Miralles Maciá: Un Mesías en los escritos rabínicos.

http://www.uco.es/investiga/grupos/hum380/collectanea/sites/default/files/Miralles.pdf .

-              Donatella di Cesare: Grammatica dei tempi mesianici. La Giuntina, 2011.

-              Donatella di Cesare: La giustizia deve essere di questo mondo. Fazi, 2012.

-              Mario Polia / Gianluca Marleta: Apocalipsi. La fine dei tempi nelle religioni. Milano, 2008.

-              I. Bahbout / D. Gentili / T. Tagliacozzo (coord): El messianismo ebraico. La Giuntina, 2006.

-              W.R. Pearson: Dry Bones in the Judean Desert: the Messiah of Ephraim, Ezekiel 37, and the Post-Revolutionary Followers of Bar Kokhba.

https://www.academia.edu/20873132/Dry_Bones_in_the_Judean_Desert_the_Messiah_of_Ephraim_Ezekiel_37_and_the_Post-Revolutionary_Followers_of_Bar_Kokhba.

-              Diego Edelberg: El Misticismo Mesiánico de Shabetai Tzvi y sus implicancias.

http://www.judiosyjudaismo.com/2014/08/misticismo-mesianico-shabetai-tzvi/.

-              Emmanuel Taub: Ley, justicia y tiempo por venir: Maimónides y el ideal mesiánico,   http://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/anacronismo/article/viewFile/1010/898

-              Gabriela Balcarce: La reinvención derrideana de lo judío; Lectura filosófico-política del mesianismo.

http://www.observacionesfilosoficas.net/lareinvencionderrideanadelojudio.htm

-              Diana Sperling: Herencia y redención.

http://www.pluraljai.com.ar/articulos/opinion/pluraljai/dsperling/pesaj/herencia-y-redencion.

- Lorena Miralles Maciá: La figura del mesías según los historiadores judeo-helenísticos Filón de Alejandría y Flavio Josefo,

http://sefarad.revistas.csic.es/index.php/sefarad/article/viewArticle/521  

- Rebetzin Tzipora Heller: Nisan: el florecimiento de la redención,

http://www.aishlatino.com/judaismo/fiestas-judias/calendario-judio/Nisan-El-Florecimiento-de-la-Redencion.html   

- Eliezer Shemtov: Preceptos y conceptos del judaismo / Tikum Olam,

-Diego Edelberg: La redención final,

http://www.judiosyjudaismo.com/2013/04/la-redencion-final-desde-la-creacion-hasta-el-fin-de-los-tiempos/

- Arie Natan: Parashat Miketz,

http://www.judaismohoy.com/article.php?article_id=909

- Benjamin Blech: Pesaj y el destino judío, http://www.aishlatino.com/h/pes/a/Pesaj-y-el-destino-judio.html

- De la web de “chabad.org”: Estar listos para la redención del Mashiaj, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/1201072/jewish/Estar-Listos-para-la-Redencin-del-Mashiaj.htm

- Mariela Zeitler Varela: La justicia en clave benjaminiana: la redención,

  http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2010/10/mesa-39/zeitler_varela_mesa_39.pdf

- Stephane Mosés: El ángel de la historia: Rosenzweig, Benjamin, Scholem. Cátedra, 1997.

-Ricardo Forster: El exilio de la palabra. Ensayo en torno a lo judío, libro on line,

 https://books.google.es/books?id=ceQUSf_iLmsC&pg=PA87&lpg=PA87&dq=walter+benjamin+y+el+judaismo&source=bl&ots=JlJbtnRndW&sig=uhcjLTvB4AgxFZEl-mOF7_tmvmo&hl=gl&sa=X&ved=0CFYQ6AEwCGoVChMIl9CphL-NyAIVEveACh03wwfv#v=onepage&q=walter%20benjamin%20y%20el%20judaismo&f=false

-Diana Sperling (artículo en internet): El logos y Occidente, http://www.con-versiones.com.ar/nota0709.htm

-Tamara Tagliacozzo (artículo en internet): Messianismo e teologia politica in Walter Benjamin (perteneciente a Il messianismo ebraico), http://www.academia.edu/2585618/Messianismo_e_teologia_politica_in_Walter_Benjamin_in_Il_messianismo_ebraico_ed._T._Tagliacozzo_I._Bahbout_D._Gentili_Giuntina_Firenze_2009

-Mauricio Frajman Lerner (artículo en internet): El mesianismo en el pensamiento de Walter Benjamin. Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica, 2003,

http://mimosa.pntic.mec.es/~sferna18/benjamin/HOMENAJE_FRAJMAN_Mesianismo.pdf

 

Imagen: Pixabay.

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