Teología

 



- "El espíritu burocrático – dice Marx – es hasta la médula un espíritu jesuítico, teológico. Los burócratas son los jesuitas del Estado, los teólogos de Estado. La burocracia es la republique prête .... Ella es obligada a despachar lo formal por el contenido y el contenido por lo formal. Los propósitos del Estado se transforman en propósitos burocráticos, y los propósitos burocráticos en propósitos estatales .... La burocracia es el Estado imaginario al lado del Estado real, el espiritualismo del Estado. Cada cosa tiene, en todo caso, un doble significado, uno real y uno burocrático .... Contra la "construcción" especulativa hegeliena de la "ciencia administrativa" y de los "exámenes" administrativos" (Galvano Della Volpe, "Rousseau e Marx", Ed. Reuniti, p. 147).

- Los príncipes eclesiásticos son los únicos que poseen estados sin estar obligados a defenderlos, y tienen súbditos sin tomar el trabajo de gobernarlos; son los únicos cuyas tierras se respetan, y cuyos vasallos no tienen voluntad ni medios para retirarse de su dominio; en una palabra, son los únicos estados en los que el príncipe encuentra la felicidad y la seguridad(Macchiavelli, “El Príncipe”, Ed. Edaf, p. 80).

Comezaremos citando a Erich Fromm: Si bien se trata de un triunfo sobre aquellos poderes eclesiásticos y estatales que prohiben al hombre expresar su religiosidad de acuerdo con su conciencia, el individuo moderno ha perdido en gran medida la capacidad íntima de tener fe en algo que no sea comprobable según los métodos de las ciencias naturales” (Erich Fromm, “El miedo a la libertad”, Ed. Paidós, p. 114).

Y seguimos con Shlomo Avineri…. Marx rechaza el postulado de Hegel que reenvía a una esencia supra-histórica, el Espíritu Absoluto, ya que Marx piensa que el proceso de Aufhebung de los antagonismos está todavía por acontecer (mientras que Hegel pensaba que ya había acontecido). Imputar a las generaciones de su tiempo esa significación escatológica fue algo común a Marx y a Hegel (pese a las implicaciones quietistas y conservadoras en la filosofía hegeliana, y a las revolucionarias y activistas en el pensamiento de Marx). Los elementos radicales en Hegel, como las interpretaciones “objetivistas” de Marx, dan la pista para las tensiones internas de un sistema que combina escatología y dialéctica (…..)

.. Una de las tareas mayores de la investigación histórica sobre el marxismo consiste, por tanto, en rescatar a Marx de las manos de sus discípulos, cualquiera que sea su afiliación” (Shlomo Avineri, "El pensamiento social y político de Carlos Marx", Ed. Centro de Estudios Constitucionales, p. 336).

Pero si hay un nombre inevitable al aludir a la Teología política, este es el del jurista alemán Carl Schmitt. Para él. Todos los conceptos de la doctrina política moderna con conceptos teológicos que se han secularizado. No únicamente por el hecho de que se hayan trasladado de la teología a la ciencia política, sino además porque la traslación se prodcuce también en la estructura sistemática. Ejemplo de este llevar conceptos de uno a otro saber es el "Dios omnipotente" convertido en "legislador omnipotente". Por otra parte, ¿qué es el Estado de excepción" en el plano político sino el "milagro" de la teología? (al menos, según nos cuenta Schmitt en la interpretación dada jurisprudencialmente al aplicar el derecho).

Carl Schmitt y Walter Benjamin - desde posiciones políticas antagónicas – están a años luz del iberalismo, que pretende basarse en la separación entre Política y Teología. El primero un contrarevolucionario; el segundo un subversivo marxista.



Massimo Cacciari / Mario Tronti. A cuatro manos.

Con presentación de Ferruccio Capelli e introducción de Moris Gasparri, dos referentes absolutamente necesarios del pensamiento liberador de la Italia de las últimas décadas (Massimo Cacciari y Mario Tronti) nos hablan en un pequeño (pero gran y sugestivo) libro de teología "y política ..." y, en definitiva, de teología política, esa conjugación de palabras tan prometedora y tan atractiva.

Alejados de la posse glamourosa de la intelectualidad que no se mancha las manos, Tronti fue senador por el Partito Democratico, en tanto Cacciari - al punto de escribir el libro - era alcalde de Venecia.

"El Novecento, europeo sobre todo, nos dejó un producto de alta calidad cultural, que es la teología política. Esta vive dentro del estado de excepción de las guerras civiles europeas y se extinguirá con ellas, con el final de esta época. Reaparece después débilmente cada vez que, débilmente, se representa un estado de excepción. He aquí una caracterización de nuestro tiempo: también el estado de excepción se presenta de un modo débil y es esta quizá la razón de la existencia de un pensamiento débil. Pero con este estado de excepción débil yo me aventuro a interpretar también esta pasajera expresión neo-con americana de la que tanto se habló y que hoy parece llegada a su conclusión. He ahí, teología política es la conjugación entre Cristiandad, es decir Europa, de una parte, y forma-Estado de la otra. Más precisamente y más específicamente, una conjugación entre catolicismo romano y forma política".

Lo dice Tronti, y se plasma por escrito en el libro (resultado de recoger por escrito lo que los autores prionunciaron). Concretamente en la página 27 en la edición de Edizioni Albo Versorio, Milano, 1ª edición en 2.007 y 2ª en 2.015). Más adelante - pág. 30-31 - el maestro romano continúa: "La representación quizá clásica es dada por la figura del trabajador autónomo, en el que, también aquí paradójicamente, se unifica la figura del patrón y del obrero: ya no son dos personas una frente a la otra, es la misma persona que alberga en sí misma dos figuras alternativas. Esta es una forma de masa muy laica, hostil a cualquier declinación de lo político en un sentido autónomo, mejor dicho sustancialmente antipolítica, dotada de una propia religión".

Pasamos a Massimo Cacciari: "El Reino está en nosotros, y se trata de realizarlo a excepción de nosotros, universalmente. Esto lo dirán todos, lo dirá Hegel, lo dirá Marx ...." (p. 40). Para decir (escribir) más adelante el entonces alcalde de Venecia (p, 51): " ... exactamente como todas las fuerzas revolucionarias, todas fueron imaginadas según el paradigma teológico de la escatología realizada, todas las fuerzas de conservación se imaginaron según el paradigma teológico del katechon entendido con precisión".

Teología política, decimos. Hartos de pensamiento débil, de laicismo lábil, de postmodernidad vacía, de postmodernismo hueco e insustancial. Sí: ¡ amemos los grandes relatos ! . Y las grandes narraciones. Y el gran estilo. Las epopeyas ... y el sueño de ellas. Porque quizá todos amemos alguna "Iglesia". Tronti dice pertenecer a dos "Iglesias" (comunista y católica). Quizá las comillas sean innecesarias. En Italia, en todo caso, las dos (iglesias) fueron inmensas.

Teología política. Después de Tronti, que nos hizo conocer a Taubes, nunca leeremos igual a Saulo, nunca veremos igual al de Tarso.

Teología política, decíamos. Más que recomensable leer este librito escrito a cuatro manos, resultado de la experiencia.. En él hay palabras (y asociaciones de conceptos) para reflexionar un poco: Novecento, estado de excepción – que siempre nos llevará a Walter Benjamin -, pensamiento débil, Estado, Cristiandad, Europa, laicismo, antipolítica, Reino, Hegel/Marx, escatología, Katechon.

Cacciari introduce a Marx y Engels. Pone sus nombres en este contexto. Pero quedamos con la palabra Katechon. Con ella volvemos (casi) veinte siglos atrás. Concretamente a la figura del tarsiota que fabricaba tiendas. En la segunda carta a los Tesalonicenses, versículos 6 y 7; allí está: obstáculo, impedimento a la irrupción del Anticristo. Ahí nos detenemos. Para comenzar camino, claro. El camino de los espíritus liberándose ....

Referencia del libro:

Título: Teologia e politica al crocevia della storia; Autores: Massimo Cacciari, Mario Tronti; Ed: Albo Versorio; Año de edición: 2.007; Idioma: italiano.



Un espíritu que desordene el mundo. Reivindicación de la espiritualidad.

Fuente: ADISTA Nº 6; 20-1-2007.

(De MARIO TRONTI: encuentro del 16-11-2.006, organizado por la Presidencia del “Consiglio Prov. di Roma” -ADISTA, 6, 20.01.2007).

La inactualidad del tema, en primer lugar. Y es que la inactualidad es siempre una cosa positiva, abandonando el discurso del sentido común en pos del sentido verdadero.

Mezclar política y espiritualidad. La política actual no parece muy dada a asumir el tema de la espiritualidad, en tanto la espiritualidad – quien la dice profesar - no está motivada para asumir el espíritu del tiempo y bajar a la "arena pública". El riesgo de la separación de ambas perspectivas es más que presente.

"La política - se dice - es mi compromiso en el mundo y la espiritualidad es el cuidado de mi foro interno: dos dimensiones que corren el riesgo de convivir sin encontrarse", comenta Tronti. Y aquí entra en liza la distinción (que Tronti califica de burguesa) entre "privado" y "público".

Pero espiritualidad no debe identificarse literalmente con religión. De los USA, por ejemplo, llegan las experiencias de los neocons, o "teocons" .... una religión al servicio del Reino, del poder. Y, estando la política en crisis, el vínculo social es sustituido por el vínculo religioso. "Se trata de una búsqueda de co-pertenencia a un sentir común capaz de hacer masa contra aquellos que son considerados los “incluídos”. Bajo este aspecto, el peligro es que la religión, más que un instrumentum regni, se convierta en instrumentum belli". Y es que donde hay confusión entre religión y política nace el fundamentalismo (no únicamente islámico).

Hoy vivimos en la voluntaria servidumbre que afecta a nuestras sociedades liberal-democráticas, nos hallamos frente a una forma de servidumbre voluntaria que afecta a nuestras sociedades liberal-democráticas, en las que se pide dar libre asentimiento a quien manda. Es el “fundamentalismo democrático” en el que la democracia puede institucionalizarse como religión.

Y es que es prmisa necesaria la consideración de la insuficiencia del ser humano. El sentir religioso: ¿es una disposición "natural" del ser humano? Tronti no lo cree. Pero no nos bastamos a nosotros mismos. El ser humano es "carencia". Necesitamos "algo" que no podemos darnos en solitario. Fragilidad, insuficiencia de la voluntad ..... una zona de misterio existe, y debe ser cultivada. El análisis, la investigación, la acción .... no son suficientes al pensamiento, que debe estar abierto también a la contemplación. Y dice Tronti: "Mi reflexión nace en cambio de la experiencia histórica. Si tiramos – como suele decirse – del hilo del `900, nosotros – nosotros “movimiento operaio”, nosotros “comunismo novecentesco” – éramos aquellos que debíamos cambiar el mundo. Cambiar el mundo para cambiar el hombre, aunque nunca se halla comprendido si queríamos cambiar primero el mundo y después el hombre o viceversa, primero el hombre y después el mundo. En cualquier caso, no fuimos capaces de hacer ni una cosa ni la otra. No obstante esto, yo creo que era justo, era sacrosanto, intentar hacerlo. Era justo el objetivo, pero los medios eran inadecuados. Justamente la insuficiencia de aquellos medios me remite a la insuficiencia del hombre: la razón no viene del interior, más bien del exterior de la experiencia histórica". Y es que la idea de la omnipotencia de la razón es propia de la moderna burguesía. "Y nosotros no hemos sometido a crítica el recorrido de aquella gran razón renacentista instruida desde la ciencia hasta la pequeña razón instrumental dirigida por la técnica". Y este dominio de la técnica es una gran carta de la hegemonía de la mentalidad burguesa sobre la condición humana.

" .... El capitalismo ha creado el desierto en el interior del hombre", leemos. Lo cual es un motivo cuiltural de primer orden para luchar contra el capitalismo. Pero más que capitalismo convendría hablar de "mentalidad burguesa" con su individuo neutro, propietario, "libre". Y es que se ha pasado del "obrero masa" al "burgués masa".

En la estela de Hanna Arendt, espiritualidad es "interioridad". Aquel mundo "interior" que en realidad es más vasto que el exterior, incluso tendencialmente infinito. Pero .... "Encuentro en esta dimensión del ser una fuerte y profunda carga antagonista en relación con la actual organización de la vida y confieso que a veces me parece esta la última y definitiva frontera de la resistencia al enfrentarse a las agresiones del mundo externo. Yo realmente considero el mundo “de fuera” un mundo enemigo. Por tanto es necesario estar atentos a considerar la espiritualidad como una especie de “bienestar interior”, en definitiva, el cuidado de sí mismo para encontrar la armonía con el mundo. Hoy asistimos también a la sustitución del psiquiatra con el filósofo. Se va al filósofo para luchar contra las propias neurosis internas y él nos suministra las recetas para estar bien. Por no hablar de la declinación de lo religioso en el sentido new age, que va un poco más allá. Entonces: yo contrapongo a todo esto otra cosa, muy clara: estar en paz consigo, hoy, quiere decir entrar en guerra con el mundo".

Entrando en las recomendaciones, una del autor: el texto de Enzo Bianchi titulado "Las palabras de la espiritualidad", con su subtítulo "Para un léxico de la vida interior". La espiritualidad es el lenguaje de la crisis, citando palabras-clave de Bianchi que no alternativas a cuanto hoy nos rodea: ascesis, vigilancia, paciencia, escucha, meditación, plegaria, soledad, silencio. Cuando los comunardi conquistaron París, lo primero que hicieron fue eso: disparar sobre los relojes: Porque quien manda es la lógica del sistema que impone el circuito "producción-circulación-distribución-consumo". "Este es el poder real que nos manda", sentencia el profesor romano.

La espiritualidad no es la acepción "buenista" de lo religioso.

En definitiva, la espiritualidad no es la declinación buenista de lo religioso. Leemos: "Yo no soy capaz de soportar esta “retórica del otro”. Porque pregunto siempre: ¿qué otro?".

Acabamos con esta perla de la hermosa lucidez del autor de "Operai e Capitale": "En fin: yo digo que hace falta evocar el soplo del espíritu para desordenar el mundo. Vosotros diréis: pero el mundo ya está bastante desordenado, no existe necesidad de más desorden. No, respondo yo, porque el actual desorden es consecuencia del orden que nos oprime, no es un desorden espontáneo. Es un orden que desde arriba provoca este desorden. Nosotros tenemos necesidad de desordenar el mundo desde abajo. Ahora bien, los espirituales – se llamaban así – eran siempre heréticos. Las órdenes espirituales nacían para contestar el orden jerárquico de la Iglesia. Creo que deberíamos volver a partir de aquí, desde cuando Jesús resucitado está a punto de dejar a sus discípulos y les dice: recibid el Espíritu. He ahí el legado inutilizado que aun tenemos entre manos. Realmente decía: recibíd el Espíritu Santo. Pero aquí surge otra pregunta: ¿es necesario que sea Santo este espíritu, no basta que sea – precisamente – Espíritu?".

Protestantismo, Reforma, Revolución. Lutero, Muntzer …. Bloch.

Martin Lutero, gigantesca encarnación del carácter alemán, era extarordinariamente musical. Yo no lo amo, lo confieso abiertamente. Esto que es extremadamente alemán, separatista, antiromano, antieuropeo, me desconcierta y me asusta, también cuando se presenta como libertad evangélica y como emancipación espiritual, mientras que aquello que es específicamente luterano, la villanía colérica, las invectivas, la erupción enfurecida, el espantoso vigor mezclado con delicada profundidad de ánimo y la masiva creencia supersticiosa en los demonios, en las pesadillas y en los monstruos, suscita mi instintiva repugnancia. No me habría gustado ser invitado a la mesa de Lutero, me habría sentido probablemente como en la estancia de un ogro, mientras estoy convencido que me las arreglaría mucho mejor con León X, esto es, con Giovanni de’ Medici, el cortés humanista que Lutero solía llamar “la jabalí del demonio, el Papa”. Pero “Y quien negaría que Lutero fue un hombre de inaudita grandeza, grande con estilo germanísimo, grande y alemán también en su ambivalencia como fuerza liberadora y al mismo tiempo reaccionaria: un revolucionario conservador. No solo Lutero restablece la Iglesia, salvó también al Cristianismo …. Con el alemán Martin Luterio, el Cristianismo fue sentido con seriedad y campesina ingenuidad en una época en la que en otros lugares la seriedad se había perdido” (Thomas Mann, discurso “Alemania y los alemanes”, en la Librería del Congreso en Washingron, 6-6-1.945).

Personaje ambivalente o ambiguo, pues, Lutero, nos dice Tronti, asumiendo las palabras de Mann, en una intervención (titulada “Filosofía de la Reforma y teología de la revolución”) con ocasión de la Jornada de estudio con motivo del 500 aniversario de la reforma protestante (puede leerse aquí: http://www.dellospiritolibero.it/?p=447).

La época del teólogo es la de la transición del medioevo a la modernidad. ¿Cuándo comienza la Modernidad? ¿Con el Renacimiento? ¿O con la Reforma? Modernidad caracterizada por la soberanía del individuo y el realce del concepto “libertad”. Son en realidad, nos dice Mario Tronti, dos movimientos complementarios. Y es que todos los procesos históricos son ambiguos.

Beruf – concepto tan querido a Max Weber – se convertirá en palabra de orden de todas las tendencias “protestantes”; el trabajo como profesión/vocación. Una tarea impuesta por Dios, un concepto religioso, a criterio de Weber. Puerta para obtener la Gracia de Dios. La libre conciencia individual (del creyente) remando en la dirección del orden social. “Es la famosa disputa sobre siervo o libre arbitrio que opondrá a Lutero y Erasmo”, nos dice Tronti. Que añade: “La ética protestante, sobre todo en la extremización calvinista, se mostrará la conducta individual-social más adaptada, más orgánica al espíritu del capitalismo”.

Agustín y Pablo son las grandes fuentes de Lutero. Agustinismo político y paulinismo teológico-político. Nace el sujeto moderno, el individuo que de la autoridad reclama libertad. De ADN alemán, será el Planeta anglosajón donde el matrimonio protestantismo-capitalismo resulte más fructífero. Es allí donde la revolución luterana deviene conservadurismo.

En aquella Alemania campesina se superponen 3 conflictos, tres guerra civiles: Iglesia – Protesta, Príncipes – Cúspide – bas de la sociedad. La “palabra viviente” de Cristo, se indendian los castillos señoriales. Thomas Müntzer es el gran hombre y nombre de este mundo. El “revolucionario místico”. “De la revolución no se extrae filosofía, puede extraerse solo teología”, nos dice Tronti, “Porque la revolución mira al más allá, trasciende la realidad dado que un actuar inmanente quiere reformar. La revolución es profecía, en cuanto espera de, es utopía, en cuanto aspiración a.

Los campesinos rebeldes utilizaban el mismo bíblico al estilo Lutero, legitimándose en la palabra divina. Pero en 1.525, Lutero escribía un libelo “Contra las bandas rapaces y asesinas de los campesinos”. La justicia perseguida por los campesinos solo es accesible en el Reino de los cielos. Y Müntzer no se quedaba atrás, lanándose arrebatadamente a la lucha, imprimiendo en Noruega un texto cuyo título resulta demoledor: “Réplica muy motivada y respuesta a la carne sin espíritu que vive sin fuerzas en Wittemberg y que de modo manifiesto, mediante el hurto de la Escritura, ha manchado miserablemente a la compasiva cristiandad”. Como tantas revoluciones fallidas, el líder acabó ajusticiado.

Y Tronti deja hablar al herético marxista que fue Bloch, para que interprete los hechos: “La consideración puramente económica no basta para explicar de modo exhaustivo, en la totalidad de sus causas y condiciones, por sí sola la aparición de un acontecimiento histórico del peso de la guerra de los campesinos y aun menos tal análisis es capaz de disolver y destruir los contenidos más profundos de aquella historia del hombre, que aquí se hace incandescente, y la imagen del sueño con los ojos abiertos del anti-lobo, del reino finalmente fraterno”. Y En lo que respecta al caso particular de la guerra de los campesinos, de la iconoclastia, del espiritualismo, debe ser considerado en sí, al lado de elementos económicos existentes de naturaleza disgregadora y de contenido conflictual, el elemento originario esencial: como práctica del sueño más antiguo, como vastísima explosión de la historia herética, como éxtasis del caminar erguidos y de la voluntad de paraíso, voluntad impaciente, rebelde y firme”.

El dogma liberal. El capitalismo como religión ..... ¿Un culto sin dogma? Walter Benjamin.

Un tiempo sin época. Pequeñito. Mezquino. Un eterno presente. He ahí el paisaje/pasaje en que vivimos.

La religión del capital. La laicidad de pretensión post-ideológica. Este tiempo “eterno” en el que vivimos. Pasolini nos habló de laicismo consumista …. ¿profeta? Hablaba ya del presente, de su presente, el que nos atenaza.

Walter Benjamin, con agudeza, dejó dicho -en “El capitalismo como religión”que “El capitalismo es una religión puramente cultual, quizá la más extrema que jamás haya existido. En él todo tiene significación inmediata respecto del culto, no conoce ninguna dogmática específica, ninguna teología”. Puede accederse al texto aquí:

https://grietaenelmuro.wordpress.com/2016/02/09/el-capitalismo-como-religion-por-walter-benjamin/

Culto sin dogmas, culto sin moral. Culto consumado por el consumo. La mercancía es -Karl Marxlo decía- un fetiche.

Aquel Dios omnipotente que Keynes identificaba con el dinero. Todopoderoso, omnipresente, protagonista en todo tiempo y lugar de nuestras vidas.

Benjamin lo tenía claro y, una vez más nos ofrece la luz de su pensamiento; se trata de un culto culpabilizador:

El Capitalismo es quizás el primer caso de un culto que no es expiatorio sino culpabilizador. A partir de aquí, este sistema religioso se ubica en la explosión de un movimiento monstruoso: una terrible conciencia de culpa/deuda (Schuld en alemán significa a la vez culpa y deuda) que no sabe liberarse, echa mano del culto no para expiar la culpa sino para hacerla universal, para grabarse en nuestra conciencia y, por último y ante todo, inmiscuir al mismo Dios en esa culpa para acabar interesándole en la expiación”.

Un Dios, parece; totalitario, asfixiante, del que es difícil refugiarse en el cálido exilio de la herejía. Muerte la trascendencia, la libertad -sin embargo- se aleja:

La trascendencia de Dios ha desaparecido, pero Dios no ha muerto sino que se ha incrustado en el destino humano. Todo este cruzar el planeta-hombre por la morada de la desesperación, con la soledad más absoluta en su camino, es una actitud que deriva de Nietzsche: ese hombre es el superhombre, el primero que conoce la religión capitalista y comienza a practicarla”.

Soledad y desesperación: he ahí dos caracteres del culto imperante. “Se acabó el matrimonio entre democracia y capitalismo”, sentencia Zizek, a la vez que -también el esloveno dice- “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.

Religión terrible, hoy. Cruel y despiadada, en un sistema que arrebata al hombre su interioridad, además de saquear su trabajo y su inteligencia. Huracán de afectos, ladrón de sueños. El “fin de la Historia o la Historia sin fin”, dice Tronti en “Il nano e il manichino. La teologia come lingua della politica”.

Tiempos sin época – retomamos – y cultos sin dogma. Tiempos grises, a veces de nubarrones negros, y siempre falta de horizontes-. Llevar espiritualidad al antagonismo, eso es lo que procede, según Mario tronti.

Teología. Hace falta teología, ese contenedor sobre el que depositar el pensamiento que nos libere. En "Il nano e il manichino" podemos leer en la presentación del libro: "El lenguaje teológico permite a la política comprender las razones profundas de la Historia, desenmascarando las ideologías y misxtificaciones de ella, y abrirse a los desafíos más urgentes del próximo futuro".

Tiempo sin época. Culto sin dogma. Presente, eterno presente.








- (Sobre Schmitt) Su mayor interés radica en dar con el punto de apoyo de la teoría política schmittiana, ese nexo "estructural" entre teología y política, que le permite a Schmitt mantener un vínculo profundo entre democracia y dictadura, y legitimar, desde dentro, la "homogeneidad sustancial del pueblo", una "inevitable diferencia práctica entre gobernantes y gobernados". Esto, por supuesto, no es una "distinción cualitativa", pero lo autoriza a sostener, ya desde la Teoría de la Constitución, que "una Dictadura en particular, es sólo es posible sobre la base democrática”, y que “el elemento específicamente liberal del Estado de Derecho, que se une al elemento democrático de una Constitución, conduce a endulzar y debilitar el poder del Estado en un sistema de frenos y frenos”. Es aquí la referencia a la cuestión de la división de poderes que Schmitt también afronta en el ensayo sobre el parlamentarismo, manteniendo para ello, además, que "la dictadura no es, ni siquiera para esta manera de pensar, lo contrario de la democracia, sino esencialmente una superación (Aufhebung) de la división de poderes (….) de la diferenciación entre el legislativo y el ejecutivo”, y precisamente una superación de eso en este (Elettra Stimili, “Soberanía y tiempo mesiánico”, Ed. Libros del Tábano, pp. 136-137).

- Taubes sostiene que no es casualidad que las implicaciones teológicas de la teoría política surgieran definitivamente en el siglo XIX, en la era de la revolución y la contrarrevolución, precisamente cuando se intentaba construir una sociedad fundada sobre bases ateas o al menos neutrales, desde el punto de vista de la visión religiosa. Con la muerte de Dios anunciada por Hegel y proclamada enfáticamente por Nietzsche, el concepto de jerarquía se debilita y abre paso a la soberanía absoluta del pueblo (Elettra Stimili, “Soberanía y tiempo mesiánico”, Ed. Libros del Tábano, p. 132).

Imagen: Pixabay.


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