Pueblo y élite


 


- “Más que ninguna otra cosa, hoy es devastadora esta contrapocisión de pueblo y élite. De aquí nada bueno pude derivar para todos. No hay verdadero pueblo sin clases dirigentes y no hay verdaderas clases dirigentes sin pueblo. Entiéndase bien: actualmente no es posible ni construir cohesión social ni organizar conflicto social. Vivimos en tierra de nadie. Un mundo sin corazón y sin cerebro …. (Mario Tronti, "Il popolo perduto", Ed. Nutrimenti, p. 89).

- "La relación entre Stalin y los intelectuales debe ser definida sobre la base de su obrerismo. Para el intelectual de extracción popular como él era, es el punto de vista obrero lo que marcaba la diferencia en el enfoque sobre el mundo nuevo que los cuadros obreros estaban construyendo. En aquel mundo, los intelectuales, hechos descender del pedestal, fueron puestos constantemente bajo observación" (Rita di Leo, "L´esperimento profano", Ed. Ediese, p. 106).

Establishment.

Pueblo frente a establishment. La sociedad dividida en dos campos. La élite y la ciudadanía, por decir de otro modo. Un lenguaje simple y claro. Frente al que se esgrime como anatema la palabra "Populismo", criticada a veces desde posiciones que no pueden definirse de otro modo que de demagógicas y maniqueas, "populistas", que suelen apelar a un sentido común que parece concebir la sociedad como una inmensa clase media.

La sociedad es, para bien o para mal, mucho más compleja que las fáciles dicotomías (y las acusaciones baratas que descreditan con palabras tabú cualquier propuesta que ponga en cuestión el estado de cosas).

Cada concepto debe ser contextualizado en el teatro histórico en que se produce .... y que se busca con su uso en la dialéctica política, que siempre tendrá que ser de confrontación.

Ya es lugar común – aunque a veces no parezca notarse en la política que se hace, centrada en otras "prioridades" – el relevante incremento de las desigualdades en Occidente en las últimas décadas. El capitalismo (globalizado) ha cercenado la democracia misma, la economía (siempre política, y en este caso, por supuesto, liberal) le ha ido comiendo terreno a la política, y la participación social decae ante la previsible infructuosidad del hacer y del participar.

En consecuencia, las élites van separándose de la sociedad que las ha llevado a la situación de privilegio. “El hombre de Davos”, como lo definió Samuel Huntington, se relaciona con quien, como él, pertenece a la élite, siendo ésta global y trascendiendo lo cultural o lo religioso como posibles diferencia o barreras.

Tras la crisis finaciera de finales de la década 2.000-2.010, esta “nueva clase” pasa a estar en el foco de la crítica masiva. El movimiento Occupy Wall Street, ciertamente, se encargaba de recordarnos la existencia de esta casta. No sólo en el foco de la izquierda, sino (y mucho) de la derecha.

Pero, ¿qué es el establishment? ¿una élite que se relaciona entre sí y con fuerte incidencia en lo económico y en lo político-institucional y poco dado a la relación democrática? La definición valdría para identificar lo que entendemos. Pero hay otras visiones que ponen el acento en otros aspectos: globalismo anti-nacional o anti-local, o multiculturalismo. Otros critican (quizá insensatamente) la existencia misma de élites desde un democratismo radical hecho ideología, poniendo en cuestión principios como autoridad, representación o existencia de normas, sin más.

Lo que se percibe se mezcla, en un "saber común difuso", en un "entender" hecho de sobreentendidos en el que ganan más quienes más claro tiene un proyecto político y social. ¿Quién critica al "establishment", desde dónde lo critica y en busca de qué? Preguntas a hacer antes de extender regueros de críticas. ¿Pueden prescindir los subalternos de las élites, de "sus" élites? No es necesario, precisamente para los subalternos, para los de abajo, una élite que le ayude a desentrañar la complejidad del orden de cosas existente, a menudo presentado, interesadamente, como "orden natural de las cosas"?

La primacía debe ser el Proyecto político. Democracia cercenada, creciente desigualdad, clases medias empobrecidas y crecientemente desposeídas. He ahí la entidad de los problemas que enfrentar, antes las cuales hay que crear alternativas. Toda crítica al establishment debe partir de estas realidades y de una proyectualidad política. Claro que hay élites que están haciendo un mundo peor, que hacen necesario otro mundo; pero es desde una posición de parte y de un sujeto al menos definible – en lo social y en lo ideológico – desde la que criticar que hacen un mundo peor y que una alternativa de superación del estado de cosas debe ser elaborada y hecha realidad.

La transformación necesita élites.

Es devastadora, ciertamente, la contraposición entre élite y pueblo. La única élite que se percibe al pronunciar la palabra es aquella al servicio de la tecnocracia y la cancelación de la política y el conflicto como vector determinante de acción política. Nada bueno ha derivado de esta deriva con sabor berlusconiano.

Sin clase dirigentes, capacitadas para dirigir, y legitimadas para hacerlo no hay, en realidad, Pueblo. Hay gente. O ciudadanía, que suena más homologable y limpio. Y sin Pueblo al que interpelar (y que interpele) tampoco hay clases dirigentes (¿a quién dirigirían y hacia donde?).

En su “¿Qué fue de los intelectuales?” (Ed. Siglo XXI) llama la atención sobre la ausencia de la figura del “intelectual” en nuestros días. El fracaso del socialismo real y la caída del Muro cierran un ciclo histórico y parecen llevarse por delante aquella figura y lo que el “compromiso” en tiempos representó.

Que no haya grandes debates ha llevado, en realidad, a que no haya debate. Sólo ruido y furia. Frente al “odio de clases” de antaño, lo que hoy se lleva es el odio personal, lo radical chick y una emotividad ridícula, adornado por identidades (múltiples) inventadas que sólo reflejan atomización social y carencia de “Proyecto”.

Solo quedan asesores de imagen, predicadores (baratos) del apocalipsis, apóstoles de mercadillo e ideas de todo a cien. Puro marketing. Más allá de los “expertos” sectoriales que nos dicen como debemos interpretar la realidad.

Un mundo sin cerebro y sin corazón. Porque – reconozcámoslo – quizá la pulsión política nazca del corazón …. pero el cerebro debe encauzar y guiar la acción y la propuesta. ¿Es ello posible sin élites? Particularmente para “los de abajo”.



Imagen: Pixabay.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Fundamentalismo(s). Integrismo(s)

Nietzscheana

Algo de geopolítica …. con George Friedman, Lucio Caracciolo y la revista italiana “Limes”