Israel, la izquierda, el mundo judío (textos)

 


1) Ser de izquierda y amar a Israel.

Tomado de “ilpost.it”, donde fue publicado el 5-10-2010. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí:

https://www.ilpost.it/2010/10/05/guida-filoisraeliani-sinistra/

Bradley Burston es un periodista de doble nacionalidad, israelí y americana. Es corresponsal y editorialista para Haaretz, en cuyo sitio alberga también un popular blog con el título “A Special Place in Hell”, “Un lugar especial en el infierno”, citando de algún modo el tratamiento que Dante reserva a los indolentes en la Divina Comedia. En su último post, Burston lista en tres puntos una pequeña guía de autoayuda para filoisraelíes de izquierda, como él mismo se define. Y antes de listar los puntos describe su condición como estandarte de complicaciones, sufrimientos y polémicas.

Querría hablaros de mi problema. No es una cosa de la que pueda hablar a cualquiera. También algunos de mis amigos lo tienen, pero no los veréis jamás con Dr Phil. No existen grupos de autoayuda para este problema. Llega cuando menos te lo esperas. Démosle un nombre. Ser de izquierda y amar a Israel”.

La definición de “izquierda” es entendida por Burston en sentido amplísimo, ecuménico. “Palomas, pacifistas, socialdemócratas, demócratas, viejos electores desencantados de la izquierda, viejos desencantados abstencionistas, activistas por los derechos humanos, veganos, vegetarianos, activistas moderados, católicos y protestantes de amplias miras, moderados por la justicia social, los anti-Neocon, la chica y el chico que acaban de pasar a vuestro lado. Yo. Vosotros”. Durante algún tiempo, escribe Burston, este grupo ha representado un minúsculo apasionado y no influyente fragmento entre la derecha anti-palestina pro-ocupación y la extrema izquierda para la que detestar a Israel es una filosofía de vida. Ahora ya no es así: los éxitos de la primera y los excesos de la segunda han abierto espacios en medio y hoy, escribe Burston, la gente de izquierda que ama a Israel es una de las mejores esperanzas para la supervivencia del Estado judío. “Si hay un equipo de salvación, en acción, somos nosotros”. Pero esto ha hecho que el “equipo de salvación” se haya convertido enseguida en la verdadera diana de los extremistas, sean de derecha o de extrema izquierda. “Ya se están calentando, y seguramente los encontraréis al fin de esta página. Los reconoceréis por la espuma en la boca y la incontinencia verbal”.

Y aquí entra en juego la autoayuda. Los extremistas -los maniakim – harán cualquier cosa por intimidar, humillar, acallar y paralizar a las personas que creen y trabajan activamente por una solución de dos estados y por un Israel democrático con buenas relaciones con sus vecinos y con el resto del mundo.

1. Lo que sientes es importante. Sé tú mismo.

Cuando se habla de Israel, sed honestos respecto a aquello que amáis igual que con aquello que os revuelve el estómago: Estad vigilantes y atentos respecto a las cosas que odiáis como lo sois respecto a las cosas que os inspiran, que implican a vuestro espíritu, que os roban por su belleza. Cuando se habla de los palestinos, entrenad vuestros ojos para ver más allá del miedo, los estereotipos, las calumnias y las distancias, para no poner bajo sospecha familias y niños que están simplemente buscando vivir una vida lo mejor que sea posible.

2. Aquello en lo que crees es importante.

Nadie tiene el monopolio del amor por Israel. Tu confianza en el futuro de un Israel justo y de una Palestina independiente es tan legítima como la de los halcones pro-ocupación. Del mismo modo, nadie tiene el monopolio de concepto de justicia. Existe un nombre para la extrema izquierda que rechaza el derecho de Israel a tener un Estado - cualquier Estado en cualquier parte de Tierra Santa, prescindiendo de cuanto sea democrático y respetuoso de las minorías - mientras acepta el derecho de los musulmanes a tener estados formalmente islámicos: antisemita.

3. Lo que haces es importante. Sé dulce.

En tiempo de guerra, no existe heroismo más grande que poner a un lado el miedo y comportarse con compasión. Esta es una guerra: existe un Nosotros, existe un Ellos. Pero de ninguna manera es tan simple como la presentan aquellos para los que la guerra es entre Judíos y Árabes. La verdadera guerra, la verdadera batalla por el futuro, se juega entre aquellos que quieren ver la justicia tanto para los palestinos como para los israelíes y aquellos que están de la otra parte. Los maniakim.

Los filoisraelíes de izquierda deberían tomar la rabia que hoy dirigen contra Avigdor Lieberman [actual ministro de exteriores, nacionalista y ultraconservador] y Eli Yishai [líder de Shas, partido ultraortodoxo, ndr] y transformarla en apoyo tangible y concreto para los muchos activistas y voluntarios que emplean su tiempo en construir un país mejor y más justo. Los filoisraelíes de izquierda deberían apoyar activamente las empresas israelíes que trabajan y producen sus bienes dentro de la Línea Verde, así como los palestinos que trabajan en los Territorios. Tratad a los extremistas de derecha y de izquierda, los maniakim, como el experto en animales Cesar Millán aconseja comportarse con los perros agresivos, que gruñen, que protegen su territorio. Mostrad una calma asertividad. No les déis protagonismo. No seáis subalternos: sed los líderes.


2) 3 artículos de Giorgio Gomel sobre la izquierda (mundial) judía.


A) Una red mundial de la izquierda judía.

Publicado o 6-12-2019 na web JOIMAG. Traducido por Administrador. O Orixinal pode verse aquí:

https://www.joimag.it/una-rete-mondiale-della-sinistra-ebraica/?fbclid=IwAR33tMQMPoslEH8z4EplpS5eLaElrPwZ5XoRJ-YyQQ6PY1p0yL3x-QyTaRw

GIORGIO GOMEL.

QUÉ ES, COMO NACIÓ Y QUE OBJETIVOS SE PLANTEA “PROGRESSIVE ISRAEL NETWORK”.

Hace tres años, 500 israelíes firmaron un Llamamiento a los judíos del mundo iniciando una campaña de opinión dirigida a la Diáspora (SISO, “Save Israel stop the occupation”) al cumplirse 50 años del comienzo de la ocupación que siguió a la guerra de junio del `67. La campaña insistía sobre los costes destructivos de la ocupación para la misma sociedad israelí, resultado de una suplantación de la realidad (la Línea “verde” eliminada de los mapas, de los libros escolares y de los documentos del Estado; el coste de los asentamientos, ocultado del presupuesto público, etc). Animaba a los judíos de la Diáspora a una acción cohesionada para salvar a Israel de una pulsión autodestrutiva que la empuja lejos del “estado democrático de los judíos” que quería el sionismo clásico, el herzliano y el socialista. En apoyo del llamamiento se formó un movimiento de opinión en los Estados Unidos (Jstreet), en Europa (Jcall) en otras partes del mundo judío.

Tres años después, después de la ocupación y el crecimiento de presiones por parte de la derecha nacionalista y religiosa en el poder para la anexión de partes relevantes de la West Bank, nos da nuevo ánimo para darle vida a una red mundial de organizaciones judías progresistas que una Jstreet, Jcall, Jspace (Canadá), Peace Now y otros movimientos en Israel afines a estos, y grupos judíos activos en Sudáfrica, Australia y Sudamérica.

Construir una red mundial del judaísmo progresista exige un esfuerzo complicado, pero es una exigencia existencial intransmisible en una coyuntura difícil para el judaísmo mundial, en Israel y en la Diáspora. La erosión de la democracia en Israel, la Ley del Estado-nación aprobada hace un año, el no de los derechos de los palestinos a una existencia nacional independiente, las amenazantes actuaciones hacia la anexión de partes de la Cisjordania, la marea ascendente de chauvinismo, intolerancia y pulsiones antisemitas en los países de la Diáspora, hacen necesaria una acción común. Por lo que respeta específicamente a Europa, deberíamos implicar a grupos afines a nosotros en países donde no existen secciones activas de Jcall, como Alemania, Holanda, y países del Este como Polonia y Hungría.

Existe una profunda diferencia entre el judaísmo americano y de otros países y el de Israel. Los judíos americanos, tanto en el voto (más del 70% a favor del Partido Demócrata en las elecciones de mitad de mandato del 2018) como en el debate político-cultural son críticos – y de manera más evidente en las generaciones más jóvenes – con los actos del gobierno de Israel. La alianza entre Trump y Netanyahu reforzó tal sentimiento.

En Europa, Australia, Sudáfrica, etc, las instituciones oficiales del judaísmo están en general en posiciones conservadoras, habitualmente en línea de un apoyo acrítico de los gobiernos de Israel o tímidas al manifetar su discordancia. Las voces críticas – las nuestras – son minoritarias.

En Israel – sostiene Alon Liel, ex-director del Ministerio de Exteriores y uno de los exponentes más activos de la oposición – escasamente sobre un 10 % de los judíos se reconoce activamente en el campo de la paz, está dipuesto a actuar públicamente en oposición, busca con fuerza apoyo en los judíos de la Diáspora. Por otra parte, la izquierda judía – laboristas y Unión Democrática – alcanzó en las elecciones de septiembre apenas el 10% de los escaños, debilitada por el desplazamiento de los votos “útiles” de los opositores de Netanyahu hacia el partido “Azul y blanco” dirigido por Gantz; sólo los dos partidos antes mencionados y la Lista árabe unificada agitaron el tema de los derechos de los palestinos a un Estado y los límites de una democracia incompleta oponiéndose a la “Ley del Estado-nación judío”. Algunas organizaciones judías progresistas americanas redactaron un documento común (…..) sobre el conflicto israelí-palestino, la defensa del pluralismo y de la democracia en Israel y en los países de la Diáspora. Los principios del documento podrán ser las bases de un manifiesto que haga pública la formación de un movimiento internacional.

Diez importantes organizaciones americanas comprometidas en la busca de la paz, de la democracia y de la igualdad en Israel anunciaron el nacimiento de Progressive Israel Network.

Esta nueva coalición será una voz fuerte y unitaria en apoyo de los objetivos comunes de sus miembros: democracia e igualdad de derechos, libertad religiosa, pluralismo y una solución del conflicto basada en el principio de “dos pueblos, dos estados”, única solución que puede garantizar un futuro seguro y pacífico para Israel y el final de la ocupación de los territorios que dura 52 años.

(…….)

La red está constituida por las siguientes organizaciones fundadoras: Ameinu, Americans fuere Peace Now, Habonim Dror North America, Hashomer Hatzair, The Jewish Labor Committee, J Street, The New Israel Fund, Partners fuere Progressive Israel, Reconstructing Judaism, and T’ruah.

Estas organizaciones eligieron este momento para lanzar una iniciativa unitaria porque están preocupadas por el peligro que corre Israel a causa de la amenaza que partidos y movimientos de extrema derecha suponen para los valores fundamentales sobre los cuales se fundó el Estado de Israel y que los judíos americanos consideran más amantes (….).

Principios.

Referenciándose en valores judíos y democráticos, la “Progressive Israel network” hace un llamamiento a todos aquellos que defienden el futuro de Israel como patria del pueblo judío y democracia en paz y seguridad con sus vecinos. Nos inspiramos en la Declaración de Independencia de Israel en virtud de la cual Israel será un Estado “basado en la libertad, la justicia y la paz” que asegure “completa igualdad de derechos sociales y políticos la todos sus habitantes con independencia de su religión, raza o sexo”. Nos producen alarma las amenazas que pesan sobre estos valores por obra de ideologías y movimientos de la derecha extrema israelí con el apoyo de movimientos afines en la Diáspora.

Nuestro compromiso se dirige a la paz para Israel y sus vecinos, a conseguir por medio de una “solución de dos Estados” para el destructivo conflicto que enfrenta desde hace demasiado tiempo a israelíes y palestinos, poniendo fin al dominio que Israel ejerce sobre los palestinos de Cisjordania y a la expansión de los asentamientos judíos en aquellos territorios. Nuestro compromiso se dirige además a la seguridad de Israel, conscientes de las amaezas que siguen pesando sobre Israel y que eso no es el único responsable del conflicto con los palestinos o con otras potencias en la región. Nuestro compromiso está dirigido a la defensa de la democracia y del estado de derecho, convencidos de que todos los ciudadanos de Israel deben ser tratados del mismo modo y que sus derechos civiles y políticos deben ser protegidos plenamente y con igualdad.

Nuestro compromiso se dirige, finalmente, al pluralismo religioso, en la convición de que toda forma de práctica judía es digna de la misma protección y análogo reconocimiento en el Estado del pueblo judío.

Nuestros valores que hacen de nosotros en conjunto progresistas y orgullosamente pro-israelíes expresan ideas compartidas por la mayor parte de los judíos en el mundo. Hacemos un llamamiento a todos los judíos que comparten tales valores a unirse a nosotros en esta actuación”.

La formación de una red que sea realmente operativa es un objetivo a medio plazo (están constituyéndose grupos de trabajo sobre el reconocimiento del Estado de Palestina, sobre la creación de un Fondo internacional publico y privado para apoyar con incentivos financieros la retirada de asentamientos israelíes y la vuelta de los colonos al país, acciones dirigidas a influir sobre la opinión pública israelí, sobre el resurgir del antisemitismo y sus vínculos con el conflicto israelí-palestino). En lo inmediato, son útiles – como ya ha sucedido en otras ocasiones – declaraciones públicas o acciones comunes en relación con eventos específicos. El caso más reciente en el que Jstreet USA y Jcall Europa actuaron concertadamente tiene que ver con la necesidad de diferenciar claramente entre el Estado de Israel y los asentamientos israelíes en los territorios ocupados.

Mientras la Administración americana declara que los asentamientos israelíes en los territorios ocupados no son “ilegales”, Jstreet y Jcall aprueban la sentencia de la Corte de Justicia europea que confirma la exigencia de etiquetar los productos de tales asentamientos de modo correcto – no como “made in Israel” –.

La decisión americana, que no puede alterar el estatus de ilegalidad de los asentamientos en virtud del derecho internacional y en medida significativa también sobre la base de la misma legislación israelí, es el enésimo acto de apoyo de Trump a Netanyahu en el intento de formar un gobierno con los partidos religiosos y de la derecha nacionalista, a pesar de la derrota en las elecciones de septiembre y la firmeza de la acusación basada en hechos graves por los que es imputado. Según otros, la decisión es un regalo ofrecido a las corrientes fundamentalistas cristianas con vistas a las elecciones del 2020 en los Estados Unidos.

En todo caso, tal decisión, así como las relativas a la anexión a Israel de los Altos del Golán y del traslado de la embajada americana a Jerusalém, ciertamente que no lleva a animar a las partes en litigio a retomar las negociaciones de paz interrumpidas desde 2014.





B) "JSTREET" y "JCALL": judíos americanos y europeos en apoyo de "Dos pueblos – Dos Estados".

Publicado en CIPMO-Centro Italiano per la Pace in Medio Oriente (http://www.cipmo.org/) el 18-11-2013. Traducido al español por Administrador.

GIORGIO GOMEL

En octubre se siguieron dos eventos de gran relieve para la opinión hebraica de la Diáspora comprometida en sostener una solución negociada en el conflicto israelí-palestino fundada sobre el principio “dos estados para dos pueblos”: el encuentro anual de Jstreet en Washington y el coloquio “Israel-Palestina” en el 2020 organizado por Jcall en París.

Dos encuentros diferentes que reflejan las diferencias entre las dos asociaciones y el contexto en el cual operan, pero que tienen en común el aifrmar la importancia de las negociaciones directas en curso entre las partes y la urgencia de una composición del conflicto que contemple el nacimiento de un estado palestino con relaciones de buena vecindad con Israel y le permita a este último un futuro de normalidad como estado hebraico y democrático.

JStreet es América con su fuerza y su vitalidad: una asociación hebrea nacida hace cinco años, en antítesis con los organismos osificados y monocordes del judaísmo oficial, más conservadores y seguidistas en el apoyo acrítico a los gobiernos de Israel. Por un tiempo marginada y vilipendiada por unos y otros como “enemiga” de Israel, Jstreet supo consolidarse organizativamente, sobre todo en la recogida de fondos, en la actuación de los lobbying en el Congreso, en los medios y en las Universidades. Su legitimación como movimiento que está al mismo tiempo a favor de Israel -contra los movimientos que en la izquierda americana, en las iglesias y en las universidades predican el boycot a Israel - y de la paz - contra la derecha, hebrea y cristiana, enferma de extremismo - aparece hartazgo, manifiesto, también de modo irresistible en el entusiasmo de casi 3.000 participantes, de los cuales 900 eran estudiantes; en las intervenciones públicas del Vicepresidente de los Estados Unidos Joe Biden, del mediador de la negociación Martin Indyck, de Tzipi Livni, que afirmó que Israel será una democracia hebrea únicamente si llega a haber un estado de Palestina soberano y digno de este nombre, y en el debate entre 5 diputados de la Knesset, en el cual Hanegbi, representante del Likud, por primera vez representado en un encuentro de Jstreet, reconoció que la legitimidad de la misma deriva de “su amor y compromiso por el futuro de Israel”, admitiendo haber sido criticado fuertemente por cuadros y electores del partido por su decisión de participar, ciertamente apoyada por Netanyahu.

Jcall es Europa, una asociación más pequeña, más reciente (sólo tres años), más “intelectual”, minoritaria entre los hebreos europeos de los que, de todos modos, extrae el sentido de pérdida y de inquietud respecto a un Israel que aparece como aislado, paralizado en un callejón sin salida, autodestructivo, con la continuación de la ocupación, la anexión de facto de territorios palestinos poco a poco más amplios, el telar de un futuro de estado “binacional”. Jcall tiene, por otra parte, sólidas relaciones con los gobiernos de algunos países (Francia, Bélgica, Italia) y expresa una sola voz, muy próxima a la del Parlamento Europeo, donde la opinión a favor de la solución de “dos estados” encuentra fuertes apoyos. El coloquio parisino era de corte más científico, dirigido a imaginar un futuro no demasiado lejano (en el 2020) y centrado sobre dos temas destacados: la puesta a punto de dos estados en materia de fronteras, territorios, seguridad y las posibilidades y modalidad de cooperación económica. Se trató en primer lugar sobre una serie de seminarios que deberían desarrollarse en los próximos meses en otras ciudades de Europa, Italia Incluida, en cooperación con institutos de investigación, y abordar temas como el agua (Angers, Francia, 30 de noviembre), la demografía, la energía, las relaciones entre Europa e Israel, etc.
Condenso las intervenciones principales del encuentro de Jstreet (programa, síntesis registral, materiales, se encuentran en www.jstreet.org).

Martin Indyck, con prudencia aborda las negociaciones secretas entre israelíes y palestinos en curso, pintando un cuadro cautamente positivo en comparación con pasadas tentativas abortadas: existe un común interés de Israel y de los estados árabes a la hora de combatir el radicalismo islamista; la oferta de la Liga Árabe con el apoyo de los países árabes de relaciones diplomáticas normales y de una paz completa con Israel, que contemple también modificaciones territoriales con respecto a las fronteras pre-1967 y una solución negociada entre las partes en torno al problema de los refugiados palestinos, es un apoyo importante y una garantía política para los palestinos; Netanyahu y Abu Mazen son más fuertes internamente que sus predecesores; la negociación mira esta vez, a diferencia de Oslo o Camp David-Taba, explícitamente a una solución definitiva, no a acuerdos intermedios y transitorios.

Shelly Yechimovich, secretario laborista y líder hoy de la oposición, dijo que las negociaciones no pueden proceder de forma seria de la parte israelí por el obstruccionismo del partido de extrema derecha de Bennett y el extremismo ahora imperante en una parte preminente del Likud. Pero si la actual coalición había debido deshacerse por las divergencias sobre el acuerdo de paz, los laboristas estarían prestos a apoyar el gobierno o concurrir a formar una nueva coalición más pragmática y orientada al centro.

En una sesión dedicada a la opinión pública palestina, los ponentes de algunas ONG han subrayado el gran sentimiento de incerteza y de frustración respecto a las condiciones concretas sobre el terreno: la ocupación, las detenciones de prisioneros, las vejaciones cotidianas, la expansión de los asentamientos. El apoyo a la solución de “dos estados”, aun mayoritaria, va de todos modos en declive, hay señales crecientes de un recrudecimiento de la violencia en las localidades de West Bank; preocupa la oposición a veces amenazante del movimiento “anti-normalización”, animado por las facciones más radicales de Fatah, no de Hamas, que él se opone a la cooperación entre ONG israelíes y palestinas hasta que la situación sobre el terreno permanezca en la actual no-paz.
En el coloquio parisino de Jcall (una síntesis de los trabajos está en
www.akadem.org/sommaire/colloques/israel-palestine-2020) se afrontaron dos temas distintos, ambos igualmente relevantes: la economía y la concrección du acuerdo de paz en términos de seguridad, territorios, fronteras.

Sobre la economía, tenemos un material muy rico de análisis e ignorado por el gran público de un grupo de trabajo de economistas israelíes y palestinos animado por un profesor de la Universidad de Aix-en-Provence (www.aixgroup.org): Los coordinadores del grupo – Gilbert Benayoun, Arieh Arnon y Sami Bamya - que participaron en el seminario, subrayaron las dificuldades de cooperación económica entre Israel y el futuro estado palestino: la disparidad de renta per capita (30.000 euros anuales en Israel, aproximadamente 3.000 en el West Bank), la separación entre el West Bank y la Franja de Gaza, las restricciones impuestas por Israel al desarrollo de un sector privado autónomo en el área C del West Bank que asciende la aproximadamente el 60% de su superficie, sujeta aun al control militar de Israel, fragmentada por los asentamientos hebreos y pobre en infraestructuras. Pero, campos en los que las dos partes pueden cooperar y producir progreso económico y civil son transportes, energía, defensa del ambiente.
Después Arnon profundizó sobre la cuestión de los refugiados palestinos (aproximadamente 5 millones bajo la protección de la UNRWA). Una solución integral debería contemplar una indemnización por las propiedades perdidas, una opción de elección individual para los refugiados entre el “retorno” a Israel, la integración en el estado de Palestina, en otros países árabes, en países terceros y un programa de reconversión para el mercado de trabajo.
Sobre el otro frente, el geopolítico, las muchas intervenciones -politólogos, el ex-ministro de Exteriores francés Vedrine, Dan Goldenblatt, copresidente israelí del IPCRI (un think tank israelí-palestino de Jerusalém) concuerdan en que el primero y fundamental elemento de negociación es el de las fronteras, territorios y asentamientos; Jerusalém y los refugiados serán afrontados en tiempos posteriores. Una ulterior dificuldad reside en la dicotomía de la perspectiva: los palestinos, de hecho, teniendo presente la lección de Oslo, temen que un acuerdo transitorio se convirta de facto en definitivo y a la sazón rechazan acuerdos que prevean por ejemplo un estado con fronteras provisorias; los israelíes temen que un acuerdo firmado como definitivo sea en cambio reversible y que el fin del conflicto sancionado en los tratados no lo sea realmente en los comportamientos concretos, esto es, en la aceptación plena, sin residuos de pulsiones irredentistas por parte de los palestinos y árabes en relación con la existencia legítima y permanente de Israel.

Un apunte importante llegó de Goldenblatt. Mientras el pardigma de Oslo en los 20 años transcurridos desde los tiempos del acuerdo fue el del “divorcio”, tornado célebre en los escritos de Amos Oz, esto es, de la separación física y política de los dos pueblos en dos estados-nación, hoy y en perspectiva, dada a fuerza de la ligazón religioso-simbólica de los dos pueblos con la tierra llamada “Eretz-Israel” o “Palestina” y la presencia de otro medio millón de israelíes más allá de las fronteras pre-1967, procede imaginar un cuadro diferente, distinguiendo entre ciudadanía y residencia. Los dos estados-nación, Israel y Palestina, tendrían en su interior minorías nacionales (árabes en Israel, hebreos en Palestina). Los colonos israelíes que viven en los “settlement blocs” (Modi’in Illit, Betar Illit, Ma’ale Adumim, Gush Etzion) serían anexionados a Israel; otros retornarían entre la Línea verde (las fronteras pre-1967) voluntariamente con el incentivo de indemnizaciones económicas (hoy el 50 por ciento de los colonos trabaja en el interior de la Línea verde, muchos en el sector público); aproximadamente 100-120.000 permanecerían en los asentamientos como residentes del estado de Palestina y ciudadanos de Israel, donde ejercitarían el derecho al voto. Los refugiados palestinos se insertarían en Palestina o en otros países, excepto un número limitado en Israel, los cuales al mismo tiempo disfrutarían del status de ciudadanos de Palestina.





C) Si no ahora, ¿cuándo?

Publicado en la web HAKEILAH (Grupo de Estudos Judíos de Torino) en mayo de 2020. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí:

https://www.hakeillah.com/2_20_16.htm

GIORGIO GOMEL.

J-LINK: a los judíos de Israel y del mundo contra la anexión.

En “Una rete mondiale della siniestra ebraica” (HK, diciembre 2019) hacía referencia a un intento de dar vida a una red mundial del judaísmo progresista, una exigencia existencial que no puede esperar en una coyuntura difícil para el judaísmo mundial, en Israel y en la Diáspora. Este trabajo de tejer produjo un importante resultado: se formó J-Link (véase el documento fundacional), que agrupa un amplio espectro de organizaciones judías progresistas: entre las principales, “Jstreet”, “Ameinu” y “New Israel Fund” en los Estados Unidos; “Jcall” en Europa; “Jspace” en Canadá; “Jewish Democratic Initiative” en Sudáfrica; “J -Amlat” en Sudamérica; en Israel “Peace now” y “Policy working group”; “Ameinu” y otros en Australia. El Comité Directivo de siete miembros refleja esta estructura multinacional; quien escribe representa a “Jcall Europa”.
El primer acto público fue, en el curso de las negociaciones para la formación del Gobierno de unidad nacional en Israel, una carta abierta enviada a Binyamin Gantz y a los otros parlamentarios de los partidos “Kahol Lavan” (Azul y Blanco) y Laborista contra el propósito – convertido después en una de las clásulas del pacto de Gobierno -, bajo el empuje de la derecha nacionalista y religiosa, de proponerle una Ley al Parlamento para anexionar una parte relevante de Cisjordania. Esto sucederá sin una negociación con los palestinos. En contraste con las resoluciones de la ONU y el derecho internacional. Con una mayoría simple en el Parlamento, que salió en los números en la actual Knesset fruto de las elecciones de marzo, una decisión de este tipo pondrá fin a la posibilidad de solución “de dos Estados” del conflicto. Según el Plan Trump, al que tal cláusula se remite explícitamente, Israel podrá anexionar el Valle del Jordán, habitado por aproximadamente 80.000 palestinos y 10.000 israelíes, y la totalidad de los asentamIentos, donde viven más de 400.000 israelíes – en conjunto, aproximadamente el 30% de CisJordania – cediendo a cambio como mucho el 14% del territorio a lo largo del Desierto del Negev no distante de la Franja de Gaza. Este “intercambio” de territorios está claramente lejos de lo que se negoció en precedentes negociaciones entre las partes (en Taba en el 2001 y Annápolis en el 2008, donde ofertas pragmáticas de Israel fueron rechazadas por Arafat y Abbas).

Un acto unilateral de anexión por parte de Israel pondría fin a la hipótesis de un arreglo del conflicto basado en el principio “dos Estados para dos pueblos” y sancionaría para los palestinos la imposibilidad de conseguir un Estado independiente por medios no-violentos. La ilusión que la derecha en Israel cultiva de que ellos acepten una sujeción permanente al ocupante es letal.

En un documento hecho público recientemente, los “Comandantes para la seguridad de Israel” – una asociación que agrupa a más de 200 ex altos oficiales del Ejército, del Mossad y Shabak, además de los de la policía – advertía de que tal decisión – una confirmación de iure de una condición de facto sedimentada con el prolongarse durante más de cincuenta años la ocupación militar – “conducirá a la pérdida de legitimidad de la Autoridad palestina, a la denuncia de la cooperación en materia de seguridad entre esta e Israel como acto de colaboración con el ocupante, y finalmente a la desintegración de la misma ANP y la explosión de violencia intestina en los territorios”.

Pero las implicaciones de un acto de anexión serán disruptivas también en el plano regional e internacional. Sobre todo Jordania, fuertemente poblada de palestinos, en particular refugiados, podría verse recorrida por una ola de inestabilidad interna y obligada a replantear el Tratado de paz con Israel.

La comunidad internacional, los países de la U.E. en primer lugar, defenderán la solución “de dos estados” en coherencia con los parámetros conocidos; la U.E. misma, Francia, Alemania, Bélgica, Irlanda, ya manifestaron una clara oposición a una anexión. Respecto de los actos concretos, más allá de la diplomacia “declarativa”, la U.E. dispone de medios de presión en el plano jurídico y económico-financiero no irrelevantes en su relación con Israel. En primer lugar, el compromiso de aplicar con mayor rigor la directiva convalidada por la reciente Sentencia de la Corte de Justicia europea en torno a la exigencia de etiquetar correctamente los productos de los asentamientos (no “made in Israel”), en conformidad con el principio de una distinción clara entre los asentamientos, ilegales, y el Estado de Israel. En segundo lugar, la confirmación de las reglas introducidas en el 2013 que excluyen la concesión de préstamos y ayudas financieras a entidades israelíes operantes en los asentamientos. En el ámbito de la investigación científica, bajo la protección de “Horizon Europe”, la decisión de excluir del aprovechamiento de los beneficios a agencias o instituciones públicas asentadas en los territorios. Podría incluso ser suspendido el acuerdo de asociación entre la U.E. e Israel en vigor desde 1995, que permite entre otras cosas que Israel disfrute de tratos preferenciales en el plano comercial en los países europeos. Por último, la U.E. podría reaccionar con mayor vigor contra las confiscaciones, demoliciones de casas, órdenes de expulsión de palestinos de Jerusalém Este u otras áreas de Cisjordania.

Finalmente, el mismo Israel, cuyo futuro nos abruma más. De los costes destructivos de la ocupación sobre la sociedad, resultado de una pervivaz eliminación de la realidad (la “Línea verde” remota de los mapas, de los libros de la escuela, de la conciencia misma del país), somos conscientes desde hace tiempo. Con la anexión, el actual sistema legal, doble y separado, que opera en los territorios, distinguiendo entre los colonos israelíes, sujetos a la ley israelí y los habitantes palestinos, sometidos a un régimen militar, encontrará una sanción en el plano normativo: Israel será un Estado que discrimina oficialmente a los palestinos, sobre la base de un principio de pertenencia étnica, privándolos de derechos civiles y políticos, violando los mismos dictámenes de igualdad instituidos por la Declaración de Independencia de 1948, que son fundamento de la génesis e historia del Estado.

¿Y para los judíos de la diáspora? Un régimen de este tipo – un estado “único” de hecho con derechos desiguales – no podrá no perjudicar las relaciones entre Israel y los judíos del mundo, forzándolos a una elección dolorosa entre el apoyo acrítico al país y la defensa de los valores de igualdad y respeto de los derechos propios de la ética judía.

Imagen: Pixabay.


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