Populismo y democracia


 

 


Es de la crítica del populismo de la que nace la edad madura de la democracia en América. Y de la crítica del populismo nace la teoría y la práctica de la revolución en Rusia(Mario Tronti, "Per la critica del presente", p. 32).

Libro: Per la critica del presente; Editor: Ediesse; colección: BiCitoyens; año de edición: 2013; nº de páginas: 147.

Nunca fui populista: no lo puede ser quien vino a la política desde el rechazo del fascismo. Había visto al pobrecito fascista, aquel que se había metido en las milicias en 1.944 porque no sabía dónde ir. Conocía en el sur quien se hacía carabiniere o seminarista por necesidad pero después se convertía en muy carabiniere y muy seminarista. Las elecciones, primero las hacemos y después nos hacen. El pobre y el oprimido no tienen siempre razón. Pero los comunistas que se hacen odiar siempre fallan. Y aquel era un odio masivo, sedimentado, no se llega a esta enormidad sin una ofensa largamente padecida. Aquellos días me vinieron las canas, es realmente cierto que sucedió, tenía treinta y dos años(Rossana Rosanda, “La ragazza del secolo scorso”, Ed. Einadi, p. 174). En el texto nos habla del año 1.956 y la revuelta de Budapest.

Libro: La ragazza del secolo scorso; Editor: Einaudi; colección: BiCitoyens; año de edición: 2.005; nº de páginas: 388.

En la era digital, la inmediatez y la permanente conexión empujan a dejar de lado el análisis, la duda, el debate real. Más escuelas públicas, sistema público educativo mejor dotado .... parecen cosas imprescindibles por las que queremos (necesitamos) empezar. El escritor Italo Calvino nos narra los avatares de los habitantes de la invisible ciudad de Ersilia, en la que la tarea de “los de abajo” es no cesar de tirar hilos de unos a otros hasta recuperar la alegría compartida de sostenerse para que nadie caiga.

La edad de oro del populismo.

Palabra-arma para atacar al adversario. Eso en primer lugar.

El populismo se ha convertido en los último años en una manera de concebir la democracia. Moral popular frente a indignidad de la casta, de la élite, del establishment. Lo que afecta, y muy fuertemente, a la relación entre las personas y entre los sujetos de la acción política.

Pero, reconozcámoslo, vivimos un tiempo (un tiempo sin época, diría Tronti) sin memoria, en que se busca continuamente la cancelación del pasado (unos porque el pasado nos habla también, y mucho, de revolución, otros porque se avergüenzan de sus sueños y no quieren ser salpicados por el fracaso de la tentaviva de “asalto a los cielos”). Pero en realidad muchos de los fenómenos que nos gusta percibir como “nuevos” tiene un anclaje en el pasado imposible de desatar. Si lo que vivimos no es “nuevo” el análisis de las realidades es otro; si no son cosas nuevas, sino “cíclicas”, habría que “estudiar el ciclo” y qué factores llevan a las situaciones. Lo cual puede ser incómodo.

Los purísimos grillinos (David Bidussa).

Un libro que de dedica a analizar a Beppe Grillo y su “Movimento cinque stelle”. Su título es “I purissimi. I nuovi vecchi italiani di Beppe Grillo” (“Los purísimos: Los nuevos viejos italianos de Beppe Grillo”). Fue publicado en 2.014 por Feltrinelli.

El M5s, que se viene a autoproclamar “completamente nuevo” tiene, en realidad, bases muy identificables y una genealogía muy reconocible en la historia de la política italiana. De lo viejo disfrazado de nuevo, nos dice con claridad Bidussa … de esto de de lo que hablamos. Este presentarse como “puros” nos viene a hablar, en definitiva, de la vieja Italia, este cebarse en el señalamiento del enemigo externo como responsable de todas las desgracias. Las palabras, en este ámbito, de Bidussa son especialmente claras y lúcidas: “…. ajustar cuentas con la propia historia y con las páginas dolorosas y dramáticas del propio pasado, también reciente, cuyas sombras se extienden sobre los umbrales del presente, es posible sólo asumiendo la responsabilidad por los actos, por las decisiones, por los comportamientos del propio país, también cuando actos, decisiones y comportamientos no se refieren a las convicciones personales”.

El "sueño" de una "política nueva", no contaminada por los Partidos, era ya premisa y promesa del fascismo italiano. Y de otros fascismos.

Y, por supuesto, la palabra “complot” no puede faltar. El enemigo está “fuera” de nosotros. Es grande, inmenso, es oscuro y juega sucio …. fente a nuestra candidez y aversión a la corrupción. La “pureza” es estar exento de cualquier culpa. La política (lo político), es “malo”, “retorcido”, frente al pobre individuo indefenso y desarmado. Frente a la “naturalidad” de la persona, la política (en realidad lo político) es “artificial”, perversa.

¿Dónde está lo democrático en la política grillina? Pues ni está ni se le espera. La “democracia del la red” es peculiar: incontrolada e incontrolable por la “masa”. Pues ¿quién tiene el control más que el líder carismático? Se eliminan los espacios colectivos de participación y control …. manda, como siempre, quien tiene las “llaves”. Se privatiza la participación. Grillo no es, por tanto, la superación de la antipolítica de Berlusconi …. es, en realidad, un llevarla al paroxismo.



"Desilusionada y rencorosa, he aquí la Italia que quiere a los “5 estrellas” en el poder".

Publicado en “Glistatigenerali” el 12-8-2016. Traducido al español por Administrador, puede verse aquí el original:

http://www.glistatigenerali.com/partiti-politici/delusa-e-rancorosa-ecco-litalia-che-vuole-i-5-stelle-al-potere/

MONICA FABRIS.

Lo que Atlas detecta apenas concluida nos devuelve una imagen dolorosa de nuestro país. Las pocas señales de vitalidad y apertura al cambio que habían distinguido los años pasados, un leve hilo de esperanza en el futuro, ceden el paso a sentimientos de miedo y cerrazón. Crece la xenofobia bajo la égida del proteccionismo y del síndrome del estado de asedio. Una posición completamente defensiva de la que se deriva un clima social de tintes negativos, poco inclinado a las experimentaciones de lo nuevo.

No existen trazos de euforia por el cambio, sino un sentido de vacío existencial que induce a temer al mercado, reducir toda fuente de riesgo, y a lamentar el estado social. Incluso el culto de las emociones, tan radicado en nuestro ADN sociocultural, viene a menos, dejando sólo una leve ráfaga de viento del deseo de consumir y de deseo de liberación de las drogas blandas. Este es el cuadro en el que leer el ascenso del Movimento 5 Stelle, que continúan interpretando la desilusión y el resentimiento más que el deseo de renovación. Erosionando los apoyos en todo el arco de partidos, en una suma de valores tan contradictoria como demacrada, en todo caso insuficiente para expresar una visión.

Antipolítica. La "democracia del narcisismo".

"La democrazia del narcisismo. Breve storia dell’antipolitica". Así se titula un libro de Giovanni Orsina (historiador, politólogo y periodista italiano). Libro que explicita el conflicto entre política y ciudadanía y la resaca de lo que fue el `68, entre otras cosas. Como el análisis de la política italiana de las últimas décadas.

Para Orsina los populismos no son de por sí una enfermedad, sino el síntoma de lo que, en el fondo, es del declinar de la política, su ocaso (al menos hasta un nuevo despertar).

En la página 21 se contiene esta interesante reflexión, interrogándose lo que pueda ser la "Democracia". Centrándose en la democracia vista a lo Tocqueville: " .... La promesa de que cada uno de los seres humanos tenga pleno y absoluto control sobre su existencia, conduciéndola como y a donde mejor entienda; y la pretensión por parte de los seres humanos de que aquella promesa sea mantenida”. He aquí un primer problema: la democracia no puede satisfacer las expectativas personales. Tomando este hilo, podemos preguntarnos: ¿la misión de la democracia es hacernos felices, ayudar a realizarnos? Hay complementos que pueden llenar vacíos: la religión, la participación social o los medios de comunicación, son algunos de ellos.

Orsina nos habla del tránsito de la democracia liberal a lo que llama “Hiperdemocracia”. En la página 39 reflexiona así, retrotrayéndonos al Siglo XX, el siglo (también) de los totalitarismos, concretamente a su primera mitad: “ …. “la hiperdemocracia no podía más que conducir al triunfo de la hiperpolítica: una forma de política capaz, por un lado, de halagar al hombre-masa, alentándolo sobre su valor y permitiéndole desahogar la vitalidad activista; y que, por otra parte, sin embargo, lo encuadra en una férrea jerarquía, restableciendo con un acto de violencia los parámetros de lo bueno y lo verdadero”.

El final de la Segunda Guerra mundial supone el tránsito de aquel “hombre masa” en ciudadano “funcional a la democracia”. Y entonces, ¿cuando irrumpe el “narcisismo” que da título al libro? El ser humano satisfecho y laico, que vive en un eterno presente (digamos también post-ideológico) concibe el mundo desde “su” verdad (elector, consumidor, ciudadano, medio, mediano, mediocre, decimos). El `68, diciéndolo nosostros a lo Tronti, enseguida incorpora una declinación libertaria. Aumenta lo individual y se destruye lo político con lo que tiene de lazo. Las identidades colectivas se van diluyendo a la vez que las individuales son cada vez más fragmentadas, más específicas (pero en el fondo muy parecidas todas). La rebeldía se hace molecular, impotente, efímera, destinada a la nada.

Y a la par que se vacía la política, ésta (¿paradójicamente?) se convierte en chivo expiatorio del malestar social. ¿Cómo podría satisfacer al ciudadano narciso?

Bannon. Steve Bannon.

En el tiempo récord de pocos meses, gracias a la victoria trumpiana de 2.106, pasa de ser un activista de la extrema derecha apenas conocido a ser considerado una de las personalidades con más incidencia a nivel planetario.

El documental “El gran manipulador”, de Alyson Klaiman, nos revela sobre el terreno quién es, y sobre todo cómo actúa Bannon. Su puesta en escena, que es parte sustancial de su ideología: https://www.filmin.es/pelicula/el-gran-manipulador

El “antisistema” Bannon, ideólogo no solo de la victoria de Donald Trump, sino también del éxito del Brexit, desarrolla su trabajo de diseñador de estrategias apoyado en los dólares de una familia de extrema derecha, los megamillonarios Mercer.

Su obsesión: el “Partido de Davos”. ¿Quizá por ser millonarios los “hombres de Davos”? Lo mismo que lo son los que a él lo sostienen. Tan coherente como (trabajando estratégicamente la clave antiislámica) reivindicar la vuelta a las raíces judeo-cristianas de Occidente y cada uno de sus países y roderarse de antisemitas convictos y confesos.

Hijo del Sur profundo”, nace en el Estado de Virginia en 1.953, en la ciyudad de Norfolk concretamente. Acudió a una escuela militar católica: “Benedictine High School”.

A pesar de ser del Sur profundo, su familia no militaba en el racismo. En ella, retomando su genealogía, abundaron los matrimonios mixtos e interreligiosos.

Hoy resultará sorprendente, para la mayoría, el hecho de que los demócratas del Sur, lucharon en la Guerra del XIX en favor de la esclavitud, en tanto los republicanos del Norte se opusieron. Pero el gran enemigo de aquel “Sur” que se presentaba como una balsa de aceite no era la población negra que albergaba, sino el Estado central, percibido como autoritario y entrometido, dirigido por una casta corrupta.

El Sur postulaba un “Estado delgado” que dejase vivir a los ciudadanos, percibiéndose a sí mismo como la esencia de la Nación americana. Son los Estados particulares los que conectan con el ciudadano, sus intereses y aspiraciones. El tirano Estado con capital en Washington quería extirpar las costumbres “locales”, entre las que estaba la segregación y discriminación de los afroamericanos.

Aquel Sur va cambiando sus preferencias partidarias hacia el republicanismo, comenzado la tendencia con Nixon, que apuesta por una “estrategia meridional”, pero se consolida con Reagan, capitán por excelencia del “Estado exiguo”, conectando con los impulsores de una mayor autonomía “local”.

Bannon pertenece a este momento en que se da la traslación partidaria.

Pero es la presidencia de Carter el gran acontecimiento que lo decanta por el mundo republicano. Su referencia sería Reagan, que sustituyó a Carter en la Casa Blanca, en lo que fue todo un cambio de época. Es el anticomunismo reaganiano una de las marcas ideológicas con las que Bannon más conectó, en una política agresiva tendente a dividir el mundo en dos: los decentes y los malos.

Ex-oficial de la Marina, Bannon viajó por los diversos continentes y conoció mundo. Pero la vida lo llamaba por otros caminos. Tras el paso por varias Universidades y puestos de trabajo, es contratado por Goldman Sachs, donde trabajaría varios años. Posteriormente, ya por cuenta propia funda “Bannon&Co”,una pequeña empresa dedicada al entretenimiento que colaboró, por ejemplo, con Berlusconi.

Posteriormente, hace su modo de vida de lo que quizá más le interesa y encaje en su personalidad, tal como la conocemos. Decide ensayar ser un “Michael Moore de la derecha” en calidad de director y productor de audiovisuales de temática política. En “In the face of the Evil: reagan War in word and deed”, del año 2.004 y dedicada a Reagan, expresa lo que lleva dentro. Otras obras en que expresa su hacer y pensar son “The Undefeated” (2.011), sobre la figura de la “intensamente” conservadora Sarah Palin, o “Occupy Unmasked” (2.012) , que versa sobre el movimiento Occupy Wall Street.

Decisivo en su trayectoria y muy representativo de lo que Bannon representa es el haber fundado en 2.012 del “Governement Accountability Institute”, junto a Peter Schweizar, dedicado a la investigación política y la denuncia de prácticas corruptas, que denuncia públicamente.

En 2.1012 pasa a dirigir un espacio de comunicaciónb de referencia de la derecha populista y extrema de los U.S.A.: "Breitbart News", que da entrada y normaliza la presencia de ultraderechistas y rascistas de todo tipo, que encuentran así un espacio en que expresarse y difundir sus postulados.

En 2.016, sus méritos en la comunicación lo llevan a ser diector ejecutivo de la campaña electoral de Trump.

¿Quién está detrás de este existoso populsismo de la derecha extrema, propagandísticamente anti-sistema? La family se llama Mercer y es quien financia la propaganda. Detrás de casi todo está ese poderoso caballero que es don dinero.

Robert Mercer, propietario de una de las mayores colecciones de ametralladoras y armas de fuego históricas de los Estados Unidos, jugó un decisivo papel en la campaña para que el Reino Unido tomara el camino del Brexit, donando servicios de análisis de datos a Farage, y es el principal donante del "Comite de Acción Política" – P.A.C. - de "Make America Number 1" , organización privada que tiene el fin de influir en las elecciones. Bajo el slogan, asumido con adicción por el trumpismo, "Haz América grande otra vez".



Legitimidad.

La crítica populista de la representación, vertiendo tinta como el calamar, en una nebulosa crítica, expresa a poco que se profundice un rechazo a la legitimidad que vá más allá de la relación representante-representado, para extenderse en general a los modos y procedimientos de la política democrática.

Voz de un malestar difuso pero confuso, expresan un sentimiento primario de protesta, de queja, que se autolegitima viendo los problemas en cosas concretas: los inmigrantes, la Unión Europea, un confuso establishment, etc. Incapaces de dotarse un un Programa (ya no hablemos de un Proyecto) que puedan transformar la realidad, buscan eventuales soluciones simples para problemas complejos.

Pero, ¡ cuidado ! Frente a ello, limitarse a defender la legitimidad de la institucionalidad es, en el mejor de los casos, banal. En el peor: contraproducente. Asumir desde las instituciones parte de las demandas populistas para descativarlas, puede resultar rentable en el plazo corto, pero no resuelve aquel problema en su raíz. Y es que el populismo vive, en gran parte, de las agujeros que la institucionalidad nunca podrá tapar completamente.

¿ Por qué está en crisis la Política ? Así, deliberadamente con mayúsculas. La crisis de la política es la crisis del partido político, la capacidad de representar y hacer participar de modo que sea verosímil cambiar la realidad. La crisis de la política tiene que ver con el mundo post-ideológico, con la ficción de que la técnica, el hacer lo adecuado, la burocracia "neutra" puedan dar respuestas a un mundo cada vez más complejo, a una sociedad que es cada vez más difícil poder reconocer como tal.

De lo contraproducente, hablábamos. Limitarse a dictar sologans dentro de lo políticamente correcto puede alimentar el populismo; a la vista está que no sirve para ahuyentarlo y desacreditarlo. Más política, es lo que hace falta. De lo contrario, la impresión es de que se está a la defensiva ante el populismo, en una trinchera cada vez más pequeña, en la que no entra el aire.

La "representación" no puede ser puro formalismo, expresión de un reglamentismo y de una falta de pensamiento. La representación es el lazo legítimo que une a gobernados y dirigentes, la que hace que de algún modo transparente que los primeros puedan saber que cuentan. La política tiene que servir para eso: dar voz a las aspiraciones más sentidas y a los sentimientos más aceptables. Hay que escuchar a la gente, pero no (demagógicamente) dejarse guiar por "la gente", lo que invalidaría al representante y no le otorgaría la grandeza de su tarea .... "onorevole" ("honorable", se dice en italiano, como también se dice en Catalunya para referirse al President de la Generalitat).

Pero ¿Y si esos sentimientos, esas pulsiones, no son "aceptables"? Gran pregunta, que , como todas las importantes, no tiene fácil respuesta. El populismo intoxica porque alimenta la política del espectáculo y la antipolítica, pero también porque pretende tener el monopolio de los sentimientos, guardar la esencia de "valores populares", de modo que quien no comparta su hacer, su sentimentalidad carece de empatía y está al servicio de algún oscuro interés.

De lo contraproducente, hablábamos y seguimos hablando. Tampoco es un modo inteligente de defenderse del populismo idealizar el Partido clásico .... en el fondo es ponerse a la defensiva. Imaginación política, anclada en bagaje teórico, son piezas imprescindibles para hacer del Partido algo útil, eficaz, atractivo y capaz de generar conexión. Si, capaz de "crear Pueblo".

Un mundo tecnocrático, que basa la política en expertos y especialistas que vuelcan sus reflexiones en las instituciones, es completamente insuficiente para enfrentar el fenómeno. En realidad, puede alimentarlo. Procede más bien repolitizar la sociedad desde una participación real, para la que hay que crear cauces efectivos, y dar ejecutividad a lo decidido. Repolitizar en un mundo al que se ha inoculado la idea de la política como algo malo, perverso, impuro, oscuro.



Laclau. Populismo y democracia radical.

En “Hegemony and socialist strategy”, escrita en colaboración con la belga Chantal Mouffe, el filósofo argentino busca liberar al pensamiento socialista del desconcierto y falta de creatividad en que estaba inmerso frente a la “revolución neoliberal” de Reagan / Thatcher. Su propuesta avanzaba un proyecto de democracia radical en la que las diversas luchas (medioamientales, de género, culturales, etc) se unieran horizontalmemnte entre ellas, sin jerarquías, en aras a la construcción de una sociedad a la vez libertaria y plural.

La democracia radical se inscribe en una perspectiva presentada en realidad como "post-socialista": la superación del capitalismo no es más que una aspiración/lucha entre otras, una pieza de la anhelada "democracia radical". Un nuevo antagonismo, en realidad sin la marca de clase.

Pero la obra en la que el término populismo aparece más nída y expresamente, ya desde el mismo título, es “On populism”. El populismo contemporáneo que pretende caracterizarse no es asociado a un determinado proyecto ideológico; para Laclau sería más que nada una "práctica social", la manera en que se forja un "espacio político". Un modo, una manera entre otras. El objetivo es "crear Pueblo", un "Pueblo" dotado de legitimidad para reivindicar esa condición ante la sociedad. En la Revolución Francesa lo sería la "Nación", sería la "clase obrera" en los marxismos, para otros sería la "raza", etc.

Importante, también, en el pensamiento laclauiano (expresada en “Hegemony and socialist strategy”) es la idea de la autonomía de lo político respecto de los condicionamientos económicos y sociales.

Determinadas premisas son necesarias para la construcción del movimiento y la "creación de Pueblo": deben estar en la escena demandas sociales (parciales) que las instituciones no son capaces de satisfacer. Pero no puede aseverarse que con el tiempo las instituciones no satisfagan estas necesidades. ¿Cuándo se crea "populismo"? Cuando las diversas demandas se integran en una sola prespectiva, que dominará el discurso y la práctica política. Se crea la "cadena": las reivindicaciones parciales se subordinan a la cadena, desempeñando la función de "anillos" de aquella. Obviamente, algunas demandas pueden ser contradictorias con otras; integrarlas en la cadena, debilita su intensidad, su fuerza, su peso. Puede suceder que el elemento unificador sea la figura del líder, verdadero "caudillo", y así el argentino ejemplifica con los últimos años de los `60 del Siglo XX, cuando en torno al peronismo se congregaban conservadores urbanos y jóvenes marxistas que, desde la guerrilla, combatían en la geografía andina.

Evidentemente, las instituciones pueden desactivar (desmontar) las cadenas acogiendo e integrando demandas contenidas en ellas. Lo cual no tiene repuesta fácil en cuanto a la pregunta de "cómo salir del paso".

Pueblo.

Parece más que necesario que la izquierda recupere la palabra “Pueblo”, levante esa bandera, esgrima esa palabra. Desde un pensamiento propio y no subalterno, crítico, que sepa captar y crear subjetividades. Frente a la postmdernidad disolvente, meliflua y blanda. Ver las cosas de un modo que no sea igual al del adversario, lo cual implica subjetividades fuertes y autopropulsadas, para crear y desarrollar crítica y conflicto. Es en esta percepción donde encaja retomar la palabra “Pueblo”.

Si la división del mundo en bloques implicó que Occidente hiciese suyas las palabras “libertad” o “democracia”, más allá del telón de acero, la palabra “Pueblo” era la palabra de orden (“democracias populares”. Perder una guerra también hace perdedoras las palabras que los perdedores invocaron.

Populismo suele pronunciarse con aires de superioridad de quien lo profiere contra quien es acusado de ello. Si es de izquierda, es demagogia, política no seria, si es de derecha no hay prejuicios.

En la Modernidad, la bandera Pueblo es cogida primero por el acontecimiento epocal que fue la Revolución Francesa y después por el romanticismo idealista. La Modernidad adopta una idea de Pueblo más próxima a la Biblia judaica que al demos griego o al populus romano.

Sin clase no hay pueblo en términos políticos, nos diría Tronti. Es el punto de vista de parte (obrera) la que da alas al "pueblo" para derrocar el poder de las clases dominantes.

El populismo no es que produzca o cause nada; en realidad, es consecuencia. Porque ha desaparecido el "Pueblo": por eso hay "populismo". Quizá "Pueblo" ya no pueda ser clase obrera, pero sí las clases subalternas. Por eso el agujero negro de la izquierda en el Occidente de las ultimas décadas haya sido abondonar la prtetensión de representar al Pueblo, a "su" Pueblo. El populismo es lo que llena ese agujero.

Crear "Pueblo" ... nada menos, en un mundo consumista en que comanda el imperio del mercado, hedonista, líquido, sin grandes referentes y alérgico a los grandes relatos, secularizado, individualista. Cuanto ya parece no existir políticamente el concepto de "clase", sin embargo "Trabajo" aún puede ser (debe ser) la materia sobre la que crearlo.

Pero ¿Quién debe sentirse interpelado por este concepto, entonces, de "Pueblo Trabajador"? Un Pueblo que le dispute el poder (el Poder) y la hegemonía a los amos del mundo. Que no son una élite corrupta y conspiradora, sino los dueños del capital, los que organizan el Trabajo en aras a su beneficio pasando por encima de aquel "Pueblo Trabajador".

Acabar con el presentismo y construir un Proyecto estratégico que sepa estar en el presente, porque solo estando en el presente puede construirse un porvenir.

Caro PD, é arrivato il momento di reconquistare il tuo popolo” (“Querido PD, ha llegado el momento de reconquistar a tu pueblo”) es como han titulado una entrevista de Umberto di Giovannangeli publicada el 1-10-2020 en la web del CENTRO PER LA RIFORMA DELLO STATO. Publicado previamente en IL RIFORMISTA el 29-9-2020 (https://www.centroriformastato.it/caro-pd-e-arrivato-il-momento-di-riconquistare-il-tuo-popolo-il-monito-di-mario-tronti/?fbclid=IwAR368Et3WL3brYhGWiLJWwxYsJw6iijo3gztrLNM9W3L2YlhATJB1hyKki8)“El populismo es una cosa seria. Tiene dentro la raíz “pueblo”. Levantar la ceja elitista es la cosa políticamente más equivocada que pueda hacerse. Deben ser comprendidas las profundas raíces sociales, lugar a lugar, momento a momento”.

La mirada política, dice en alusión al P.D., debe medirse con una perspectiva estratégica. El Partido aún es una especie de adolescente que debe aprender que quiere ser de mayor. Una “modernización alternativa” es lo que precede postular, de desarrrollo equilibrado, de crecimiento económico y social, que demuesttre saber superra en lo concreto esigualdades de clase, de género, de generación, territoriales. Algo que solo puede ofrecer una fuerza auténticamente popular.

En el irreductible pragmatismo y realismo trontiano, podemos leer que “La izquierda no puede vencer si no saca votos de pueblo a la derecha”. A una derecha tan fuerte en Italia como no lo ha sido nunca. No cerrase como Partido en lo políticamente correcto, debe salir al campo de batalla de lo políticamente incorrecto, buscando atraer a aquella parte de la sociedad históricamente de izquierda que ahora vota a la derecha. El P.D. dice estar de parte de las personas, pero ¿qué personas? Y es que algunos temas agitados por la derecha “no son de derechas”. Procede quitarse la cáscara de establishment.

El partido necesita ser Partido. Y para eso hacer falta organización; “estar”, estar en el país, no vivir sumergido en el síndrome de la derrota.

Quien hace política populista no se define populista, más bien es llamado populista por quien lo combate. Por otra parte, el populismo tiene espacios de nobleza histórica. Pensamos en el populismo ruso, una estación que está después en los orígenes de una gran historia; en el populismo nortemericano, entre otras cosas, muy ligado a una primera formación del partido político; en el populismo sudamericano, cualquier cosa menos muerto. Pero hay que señalar una diferencia de fondo entre populismos de ayer y de hoy. Los populismos históricos tenían siempre la idea de llevar la historia hacia atrás, esto es, de retorno a una tradición, nacional o popular, polémicos entonces contra todos los mecanismos del desarrollo. Los populismos de hoy son justamente lo contrario: nacen polemizando con los legados del pasado, quieren innovar, no conservar. Aunque después puedan valer más para la conservación que para la innovación.

En las Escrituras, el Señor dice a Abraham: “te daré un pueblo”. Jacob Taubes nos ha recordado como, tanto para Moisés como para Pablo, se ha tratado de fundar un pueblo, el pueblo hebreo, el pueblo cristiano. Personalidades proféticas y entidades colectivas históricas. ¿Marx, en nombre del movimiento obrero, quizá no haya fundado un pueblo, el pueblo del trabajo, los trabajadores como sujeto político, capaz para la gran historia? Mi tesis es que un pueblo, o es fundado, o, si se autoinviste de ídolos propios, como el becerro de oro, entonces produce populismo.

Las “masas populares” que se convierten en la “gente”, expresa, en el plano léxico, el paso, de hecho, del tiempo de la política como acción colectiva directamente a su opuesto, al actuar ciego de individuos masificados y subalternos.



Imagen: Pixabay.

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