Izquierda
“Algunas afirmaciones. La izquierda nace liberal y progresista, se convierte en radical y democrática. Dentro de este recorrido encuentra al movimiento obrero, su historia, su teoría. En los comienzos se trata de un horizonte burgués-avanzado. Es difícil liberarse de los inicios. Y este horizonte no desaparecerá. Decirse de izquierda quiere decir llamarse abierto a lo nuevo. Porque a diferencia del viejo orden, del orden constituido, pertenece a la derecha. Y la izquierda no nace por propio impulso, sino en contraposición a la derecha. Después será siempre así. Cuando la derecha se ve y se mueve, la izquierda se reconoce. Cuando la derecha se esconde, la izquierda se pierde” (Mario Tronti, "Per la critica del presente", Ed. Ediesse, p. 94).
"De todos modos, a la vez que ocurría esa mejoría, las políticas del gobierno limitaron el poder de la gente de clase obrera, provocando la frustración popular. Los principales portavoces laboristas no estaban comprometidos con establecer una igualdad económica o política. Promovieron la igualdad de oportunidades, pero a los trabajadores no se les garantizó ningún control sobre la industria, y en su lugar se esperó de ellos que se sometiesen a la autoridad de los gerentes. El bienestar se pagaba no mediante una redistribución de los ingresos, sino mediante el pago del seguro. Esto colocaba una pesada carga sobre esposos y padres, e hizo a las mujeres y niños fuertemente dependientes de ellos. El gobierno laborista mantuvo la vivienda privada, la educación y la sanidad, además de diferencias salariales que recompensaban a los profesionales asalariados y gerentes, más que a los trabajadores manuales. Estas medidas pretendían crear una meritocracia, en la que cualquiera pudiese progresar con trabajo duro y talento. Pero en realidad estas políticas reforzaban las divisiones sociales existentes, animando a los votantes de clase media a verse como grupo de interés separado de la clase obrera ...." (Selina Todd, "El Pueblo. Auge y declive de la clase obrera (1910-2010)", Ed. Akal, p. 188).
“Esa” izquierda (leyendo a Slavoj Zizek).
Esa. Lo decimos entre comillas. No solo se escribe con comillas. También se habla. Sobre todo, se habla. El hablar tiene muchos más matices que el escribir.
Tal vez en Zizek no tenga demasiada importancia la frontera entre “reformista” y “revolucionario”. Seguramente, en este mundo, no tenga la cosa demasiado interés. El mundo (tiempo) en que vivimos - insustancial como es - necesita etiquetarlo todo; quizá en busca de una “sustancia”, un “sentido”.
En el artículo que al final enlazaremos - y que tomamos como referencia - se dice de S.Z. “Un pensador que escribe para que se le entienda y que odia aburrir”. Ciertamente, logra sus objetivos; si son estos.
“Mi mensaje es pesimista”. Empieza bien S.Z. Todo lo creíble debe empezar, hoy, desde aquí.
Una buena pregunta y una buena respuesta (Uri Avnery es otra voz que es interesante escuchar):
P. “Uri Avnery dijo que la izquierda israelí necesita empezar de cero, evitando el error del que quiso deshacerse de un bumerán y lo lanzó…”.
R. “Totalmente de acuerdo. Como dijo mi amigo Alain Badiou: el siglo XX ha terminado. Todas las formas de izquierda del siglo XX, el comunismo estalinista, el Estado de bienestar socialdemócrata, pero también todos estos sueños secretos de democracia directa, movilización permanente, consejos de comunidades locales donde la gente se autoorganiza … No creo que nada lleve a una solución”.
Interesante punto de partida. La entrevista (pues de eso se trata) deja otros tantos detalles interesantes. Veamos:
– En relación al “fenómeno Tsipras”, el esloveno nos dice: “ Estoy harto de esa izquierda marginal que no solo sabe que nunca llegará al poder, sino que secretamente ni siquiera lo desea. De Syriza admiro esa seria voluntad de gobernar, de jugar. Pero las cosas serán extremamente complicadas para ellos. Pongamos que gana las próximas elecciones. Tendrán en contra a una enorme mayoría del aparato del Estado; porque Grecia es un gran Estado clientelar, donde dos millones de personas son empleados públicos, con sus chanchullos. Pero deberían ser valientes, intentarlo. Como Napoleón (….) Atacas y luego ya verás”.
La palabra “oportunista” tiene muy mala prensa. Hay oportunismos y oportunismos. Siempre irreverente S.Z. Veamos: “Sí, yo soy un gran oportunista. ¡A intentarlo siempre! ¡Todo! Y mientras se vaya haciendo, puede que surja algo nuevo, aunque no sea lo que te esperabas. Dirá usted: si soy tan pesimista ¿para qué empezar algo? Porque de verdad pienso que el capitalismo, se ha cavado su propia tumba. No creo que haya una catástrofe inmediata, pero a largo plazo… Lo que hay en el horizonte es la desaparición gradual de la democracia. No hablo de un golpe fascista, sino de que los mecanismos democráticos son cada vez más irrelevantes. Para decirlo en forma de chiste: Hollywood lo sabe. Todos sus grandes éxitos, últimamente, Los juegos del hambre, etcétera, son una visión de una sociedad nueva de clases, postapocalíptica, con apartheid, con organismos ricos depredando a los pobres. Es una tendencia mundial. La ecología… ¿cómo se resuelve eso?”.
Políticamente incorrecto – o irreverente, por mejor decir, con esa insolencia de decir lo obvio, que hoy es lo más transgresor - pone temas delicados encima de la mesa: “Los partidos ex izquierda, como New Labour en Inglaterra, incluso los socialistas en España, tienen un terrible miedo a que se les vea como anticuados. Y conozco a la clase obrera que trabaja duro, físicamente, y es comprensible por qué votan a la derecha: sus competidores más inmediatos son los inmigrantes. Son los votantes ideales para partidos conservadores antiinmigración. Es fácil hacer teorías sobre cómo deberían verlo, pero en su experiencia inmediata, los inmigrantes significan competencia. ¿No es el fracaso del llamamiento a la unión de los trabajadores en todo el mundo? Sí, pero hasta Marx se daba cuenta de esto. No creo que podamos conseguir la unidad a la antigua usanza. Deberíamos aceptar esa pluralidad. Mire los últimos resultados electorales de las europeas. ¿Ha visto qué catástrofe? En países grandes, Francia, Inglaterra, el partido más fuerte que emergió era el antiinmigrantes. La clase obrera es cada vez más nacionalista, antiinmigrantes, hasta cierto nivel. Cuando más subes de nivel de capital o de privilegios intelectuales, más la gente puede permitirse ser liberal, multicultural. Los izquierdistas que piensan que al combatir el racismo están al mismo tiempo combatiendo el capitalismo… bueno, quizás a largo plazo. Está en el interés de los grandes capitales permitir la entrada a trabajadores inmigrantes. Porque así se presiona a la propia clase trabajadores, hay más competencia, se bajan salarios, etcétera”.
Algún dardo (otro) para los “izquierdistas”: “… pero no coincido con algunos izquierdistas que dicen que esta amenaza islámica es una seudoamenaza, que es solo islamofobia, que no son peligrosos… No: sí debemos combatir contra el ISIS, etcétera. No creo en este tipo de multiculturalismo que dice: oh, deja que traten a sus mujeres como lo han hecho según sus tradiciones… No: Europa debe insistir en que se cumplan ciertas normas. Pero nosotros tenemos a nuestros propios fundamentalistas, no solo en Europa: en Estados Unidos, el FBI controla una lista de dos millones de personas que son potenciales terroristas de derechas. Terroristas cristianos fundamentalistas. La pregunta de verdad es: hoy, con la dinámica del capitalismo global, ¿qué engendra el fundamentalismo? Esta es la pregunta”.
Más: “París 1.968 consiguió algo importante, no lo subestimemos. El feminismo por ejemplo: hoy día tratamos a las mujeres de manera muy diferente. Pero al mismo tiempo, sí, se incorporó perfectamente al capitalismo global. El resultado final de la revuelta fue un cambio hacia una nueva forma del capitalismo. Todos estos valores, contra la teocracia, por las libertades personales, el disfrute, el derecho al sexo… todo se incorporó. Hoy, el capitalismo ya no es la antigua autoridad patriarcal. Es hedonista, permisivo. Así que el 68 casi ganó, pero en la Historia solo le dio un nuevo impulso al capitalismo”.
Puede verse la entrevista completa en:
http://www.tercerainformacion.es/antigua/spip.php?article82210
"Melancolía de izquierdas" (leyendo a Enzo Traverso).
Con el Muro de Berlín, caían regímenes opresivos. Poco hay que decir a ello. Pero también caían ideales y razones de vida de millones en generaciones enteras. El fin de la esperanza para muchos ... un ocaso del porvenir. Pero siguen existiendo muros para desfavorecidos que cada vez son más y lo son más.
"Melancolía de izquierdas. Una tradición ocultada" ("Malinconia di sinistra. Una tradizione nascosta, https://www.ibs.it/malinconia-di-sinistra-tradizione-nascosta-libro-enzo-traverso/e/9788807105234?): este es el sugerente título de un, como todos los suyos, interesante libro del historiador italiano Enzo Traverso, que nos habla, también, de la tradición y de la tragedia que hoy representa la herencia en la izquierda. En él se habla del tiempo "presentista" en el que estamos instalados.
Pero, nos dice Traverso, desde sus mismos orígenes, la nostalgia acompaña a la izquierda. Las revoluciones (abundantes) del XIX son buen ejemplo de ello. Pero la "Gran derrota" del `89 inyecta una más radical melancolía. Mundial y definitiva derrota ... o así se percibió. Como Walter Benjamin, el italiano propone tomar impulso del pasado, haciendo de la melancolía algo que huya de la impotencia, y desde el mirar de frente a la verdad, propulsarnos. "Repensar el socialismo en una época en la que ya no hay memoria de él". La epopeya de una reconstrucción.
Frente a la renuncia y el abandono: resistencia. Melancolía frente a melancolía. Una tarea inacabada, un trayecto no completado, no la historia de un descarrilamiento. La imagen de los antepasados derrotados inyecta una voluntad insaciable. Melancolía frente a confianza en el "progreso". Volver a empezar es atreverse con sendas desconocidas ... aquí Traverso toma la estela de Fanon y sus desheredados como una posible vía que caminar.
Y una intelectualidad rigurosa pero implicada tampoco es un factor que no carece de importancia. En " A sangre y fuego. De la guerra civil europea, 1914-1945" (Ed Prometeo, 295 pp.), reflexionando sobre el rol del intelectual y su militancia, su compromiso, manifiesta Traverso que un intelectual “de parte”, de clase, corre el riesgo de no tener en cuenta la autonomía crítica fundamental para su tarea. Pero dice no creer en el intelectual super partes. Debiendo tomar una cierta distancia crítica con los acontecimientos, debe ser asimismo consciente de aquello que lo une al objeto de su investigación (p. 27), en la que siempre hay una parte de subjetividad que orienta el “cómo” se ven los acontecimientos del pasado.
"Una guerra civil europea", idea fuerte para rescatar del pasado lo mejor de la tradición de la izquierda obrera, despegándose del agujero totalitario en que pronto se sumergió lo que Rita di Leo llamo "el experimento profano", y no ver la derrota del `89 como la expresión última de derrota de algo (en su conjunto) indefensible. Así, sitúa la Gran Guerra y la fase de grandes guerras, por lo que respeta particularmente al periodo inmediatamente posterior a la 1ª Guerra Mundial, en un escenario de “microguerras”, de guerras civiles en sentido estricto. Citamos este párrafo (pp. 56-57): “En este contexto, diferentes conflictos se entrecruzan: una guerra revolucionaria del Estado soviético contra una coalición internacional, una guerra de clases entre el proletariado y la élite industrial y aristocrática, una guerra nacional entre los rusos y los pueblos “alógenos“, y finalmente una guerra social entre la ciudad y el campo. Estos conflictos son particularmente cruentos. En Ucrania, el ejército de Wrangel utiliza el antisemitismo contra el poder bolchevique en 1.919, una oleada de pogroms se cobra entre setenta y cinco y ciento cincuenta mil víctimas judías. Koltchak, el jefe de los blancos en Siberia occidental, afirma que “su primer y fundamental objetivo es borrar el bolchevismo de la faz de Rusia, exterminarlo y aniquilarlo”. La figura más siniestra de la contrarrevolución es sin duda la de Krashnov, el general que organiza la revuelta de los cosacos del Don después de haber sido liberado, muy ingenuamente, por los bolcheviques. Su recorrido llega hasta la Segunda Guerra mundial, donde encabeza una unidad cosaca incorporada a la Vehrmaht. Será ejecutado por los soviéticos en 1.947. Makhno, líder campesino habitualmente idealizado por los anarquistas, defiende una cultura y una tradición rurales, pero desea también “degollar a los comisarios y a los judíos”. Los bolcheviques responden a través del Terror, decretado el 6 si septiembre de 1918, después de los atentados en los que el jefe de la policía política de Petrogrado, Moishe Uritski, es asesinado y Lenin resulta herido. El régimen soviético crea su propio órgano del Terror, a Tcheka, que se cobra más de diez mil víctimas sólo en 1.918 (….)”.
Un trozo de historia frecuentemente olvidado en la historia moderna de Europa – que no fue una balsa de aceite después de 1.945 – es el “asunto griego”. El autor alude a él como caso emblemático de entrecruzamiento entre “guerra total” y “guerra civil”. Nos dice Traverso (p. 65) que se trata “…. en primer lugar de una lucha de liberación nacional contras las fuerzas de ocupación alemanas e italianas”, pero “unida a una guerra civil entre la Resistencia y los fascistas griegos” (etapa 1.940-44) pues tales fascistas habían optado por actuar como colaboracionistas, valiéndose para ello del aparato del Estado heredado del régimen militar de Metaxas. Pero también estamos ante una guerra civil entre las dos facciones de la Resistencia: los comunistas que dirigen el ELAS y los nacionalistas monárquicos – el rey Georges II estaba en el exilio -; estos últimos, con el apoyo de Gran Bretaña, que invade el país en 1.944. En la página siguiente (66) el historiador italiano alude al trágico destino de los comunistas griegos: “…. Latente durante la primera fase de la ocupación italo – alemana, este conflicto estalla de modo abierto a partir del verano de 1944. Ampliamente mayoritarios dentro de la Resistencia, los comunistas renuncian a tomar el poder, tanto a causa de la presencia militar aliada como de su aislamiento internacional, ya que Grecia no entraba dentro de las esfera de influencia soviética según los acuerdos establecidos entre Stalin y Churchill“. Por si fuera poco, la guerra resurge de modo trágico “…. entre 1.946 y 1.949, favorecido por el contexto de la guerra fría, y se salda con la derrota final de los comunistas“.
En el `89 cayeron, se derritieron, regímenes opresivos, pero al mismo tiempo cayó la idea de que podía haber un mundo organizado sobre otras coordenadas – como así lo vivieron generaciones de militantes, aunque no sólo -. El Novecento había sido un enredo inútil.
La globalización capitalista ha ido de la mano del triunfo de la financiarización de la economía. Ha agudizado en occidente las desigualdades sociales, alentando la conciencia social de la necesidad de muros (y el racismo), haciendo aparecer en escena con fuerza la antipolítica y la aversión a cualquier forma política organizada en pos de la emancipación / liberación.
En su “Malinconia di sinistra”, el historiador piemontino Enzo Traverso nos dice que la nostalgia acompañó a la izquierda desde la cuna. A pesar de empujar en determinados momentos las democracias liberales hacia una sociedad más justa, el movimiento obrero se empeñó en abrir la senda revolucionaria, recibiendo a cambio una descomunal represión.
Pero la “Gran derrota”, la del `89, nos traslada a una melancolía más fuerte, más contundente …. entre otras cosas porque es planetaria y tiene todos los visos de ser irreversible.
El historiador, reivindicando aquella melancolía que da título a su libro, frente a la “conmemoración” llena de solemnidad y de vaciedad, defiende la “rememoración”, repensando el socialismo cuando ya nadie lo recuerda. “Ciertamente, los recuerdos no son solo melancólicos, pero no existe melancolía sin rememoración”. Se trata de reconstruir la utopía, refundarla. Porque, nos dice, “ …. la melancolía de izquierda es lo que permanece después del naufragio”.
“Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que quien la padece no encuentre gusto ni diversión en nada". Así define la RAE el vocablo "melancolía". Pero la melancolía de la que nos habla Traverso es verdaderamente una tradición ya secular, un modo de estar en el mundo. Una tradición "escondida" se nos dice en el subtítulo del libro.
En torno a la izquierda (“Operación rescate”). Un interesantísimo artículo de Stefania Ragaú y Giovanni Pilastro.
Es inherente, suponemos, al capitalismo (o al menos no se lo ha visto desaparecer) el conflicto capital – trabajo, aunque haya casi desaparecido la clase obrera como gran sujeto político en el lenguaje usual. Vivimos una (irreal) realidad post-ideológica. Discurso, sin duda, interesado. Sin, duda, de parte.
Pero si hay explotación capitalista, necesariamente el conflicto tiene que existir. La globalización arrastra (y legitima en el discurso liberal) la "flexibilización" (gran palabra, ¿quién querría ser "inflexible"?). Y es que la globalización, como nos es presentada, desplaza el enfrentamiento capital – trabajo a la pugna entre países para ver cual es más competitivo, de modo que (falsamente) se cohesionan las sociedades nacionales. Por otra parte, la flexibilidad fragmenta el mundo del trabajo, lo segmenta, dificulta (hasta casi imposibilitar) la acumulación de fuerzas para el conflicto. He ahí la tarea de la política: crear ese sujeto que defina las partes y represente a una de ellas.
Si se parte de que ya "no hay clases", no es entendible el conflicto. Pero ¿Que se haya diluido la "fábrica" como gran espacio físico y simbólico, significa que no haya pertenencias clasistas y necesidad de una conciencia de clase?
Pero la clase nacen, se crean, en la lucha. No hay clase si no hay lucha de clases. Un proletariado fragmentado y diluido desde luego que no ayuda.
Los primeros `70 del Novecento vieron introducir el concepto de "flexibilidad" para neutralizar los efectos perversos para el capital de la política organizada y la protección al trabajador (muy particularmente, los sindicatos). Creando el concepto se reconoce, en realidad, el conflicto, y se muestra como proyecto político para atajarlo. Nadie podría reclamar contra una "flexibilidad", pero ¿alguien podría reivindicar la "precariedad" que comporta? "El trabajador, mientras sea flexible, será irrepresentable", nos dicen Giovanni Pilastro y Stefania Ragaù.
Derechos / necesidades. Nos diría el profesor Mario Tronti que en las últimas décadas lo que se llama izquierda política se ha inclinado en su discurso – también en su simbolismo – por los primeros. "Derechos civiles" es concepto que predomina claramente sobre "derechos de los trabajadores" en el discurso político, también en la izquierda. Particularmente en la izquierda, diríamos. La sombra del `68 se alarga poniendo muy por encima lo "civil" sobre la laboral, el ciudadanismo sobre la lucha obrera. Si la izquierda hace palanca básicamente sobre los aspectos de los derechos civiles y se centra en combatir la guerra cultural que la derecha pone en marcha (interesadamente), el riesgo de que desde el liberalismo (el centro liberal, digamos) se compre el discurso de esta izquierda y esta se quede sin discurso – y, sin sujeto social que en ella se vea representado, es claro -. Se compre, se asuma y se ponga, en su caso, en marcha desde un gobierno .... dejando a la izquierda desnuda. El capital ha sido inteligente (lleva siglos de dominio y experiencia, a veces con derrotas, también con reestructuraciones compensatorias): ha sabido poner una lucha contra la otras (deseos contra necesidades) .... la izquierda se ha perdido, ha desatendido un flanco, y en esa desatención el capital se ha beneficiado, ha obtenido beneficios concretos. Digámoslo a lo Tronti: "El movimiento obrero no fue derrotado por el capitalismo. El movimiento obrero fue derrotado por la democracia (....) Es la democracia la que ganó la lucha de clases".
Nos permitimos decir: a través de la democracia – usando esta como palanca – el capitalismo ha ganado la gran guerra social en detrimento de los trabajadores, de los subalternos.
".... es necesario darse cuenta de que las batallas por los derechos civiles, mientras sean llevadas a cabo ignorando la dimensión de las relaciones de producción, no podrán más que ser instrumentales a la lógica del capital ....". Batallas de mera civilidad y democracia. Batallitas, comparadas con las de antaño. No es solo que prevalezca la lucha en clave civil sobre aquella en clave laboral; es que si no se incorpora lo productivo a lo civil, este queda cojo.
Retomando muy oportunamente al Pasolini que hablaba de la mutación antropológica que acompañaba al consumismo, Ragaù y Pilastro se preguntan: “¿cómo no interpretar las batallas sobre los derechos civiles, conducidas en nombre del deseo, si no en términos de una implícita e involuntaria adhesión al goce consumista como forma mercantilizada de deseo?”.
Y reivindican la absoluta necesidad de no abdicar del “Partido” como el gran instrumento para una acción política eficaz, rechazando sin paños calientes el espontaneísmo de la multitud – al que tildan de “fácil” – así como del movimentismo y la antipolítica de la sociedad civil.
Política organizada, organizada para la lucha y para ordenar el conflicto, con capacidad de incidencia y de disputar el poder. Sin acostarse sobre el minoritarismo residual.
Y, como resumen de la llamada a hacer política, a hacer política lúcida, inteligente, los autores aluden a dos grandes referentes de lo que fue el Planeta comunista italiano (en torno al P.C.I.), aquel Planeta en torno al cual se creó aquel concepto curioso y fuerte de popolo comunista; así: “Es tiempo de que la izquierda interprete una idea propia de democracia (ejemplo, la “democracia socialista” de Berlinguer) y de libertad (ejemplo, la “libertad comunista” de Galvano della Volpe)”.
No dejar que la derecha expropie estas palabras. Elaborar el concepto que haga digno pronunciarlas. Por lo demás, sólo con ideas propias uno puede aspirar a dejar de ser subalterno.
El artículo, de autoría de Stefania Ragaú y Giovanni Pilastro, lleva por título “Crisi della democrazia: due generazioni a confronto” (“Crisis de la democracia: dos generaciones en comparación”), y fue publicado en la web NONOSTANTE el 20-5-2011. Aquí puede leerse el original íntegro: https://nonostanterivista.wordpress.com/2011/05/20/tempi-moderni-crisi-della-democrazia-due-generazioni-a-confronto/
En la completa entrevista que le hizo Micaela Cuesta, muy oportunamente titulada “Pensar a largo plazo y actuar el el corto” (https://www.revistaanfibia.com/pensar-a-largo-plazo-y-actuar-en-el-corto/), Tronti se expresa de esta manera, en la que la crítica va más allá del presente, rescatando un pecado ideológico ya viejo: “La descomposición social tiene que ser reconstruida políticamente. No es sólo un tema del pensamiento crítico. Se trata de una organización subjetiva. Entonces aquí, aquello que se llama izquierda debe hacer, antes que nada, una crítica de la propia ideología: aquel aparato democrático-progresista, historicista, elitista en virtud de su juridificación, precisamente en la cultura de los derechos, que la alejaron del cuidado y de la representación de las necesidades reales, materiales, populares. Así, en la insistencia sobre la polémica antipopulista ha terminado entregando el pueblo a la derecha”.
La presidencia Mitterrand. La izquierda y sus límites en el Gobierno. El giro.
10 de Mayo de 1.981: es elegido Presidente de la República francesa, con el 51,8% de los votos (más de 15 millones) François Mitterrand. Nunca un socialista francés había accedido a la Presidencia bajo la V República (bajo cuyas normas el papel del Presidente es determinante, con fuerte incidencia tanto sobre la esfera ejeutiva como sobre la legislativa y la judicial).
Consciente de lo histórico de su elección – y de su fuerte significado para la izquierda francesa -, ya desde lo simbólico, Mitterand se propone marcar perfil; así por ejemplo homenajea en el Panteón de las tumbas a Jean Jaurés (del primer socialismo), a Víctor Schoelcher - ideólogo del antiesclavismo – y a Jean Moulin – héroe de la resistencia francesa -. Mitterrand reivindica un legado plural que une a la izquierda.
El nuevo Presidente se muestra intervencionista y ante las dudas que que el sistema constitucional puede suscitar en las relaciones Primer Ministro – Presidente, actúa dando por sentada la primacía presidencial. Se erige en verdadero Jefe de Gobierno. Nombra Primer Ministro a Pierre Mauroy y disuelve la Asamblea Nacional, en la que primaban los conservadores. Los mercados (como ahora se dice) se resienten y el Ministro Jacques Delors prevé devaluar el franco, que Mitterrand bloquea hasta después de las legislativas, agravando el déficit. Los socialistas obtienen el 37,4% de los votos y logran la mayoría absoluta en escaños. El Gobierno, se abre entonces (con significativas voces en contra en el P.S., como Delors o Rocard) a los comunistas. El Secretario general de estos acepta que formen parte del Gobierno 4 representantes del Partido Comunista (que se llevan las carteras de Transportes, Formación Profesional, Correos y Sanidad).
El intervencionismo marca la primera época de un Gobierno socialista desempeñado por personas sin experiencia de gobierno: fuerte impacto fiscal – con una Ley sobre las grandes fortunas - , reducción de horas de trabajo, rebaja de la edad de jubilación quinta semana de vacaciones retribuidas para los trabajadores, nueva Ley de arrendamientos – en favor del inquilinos -, préstamos a pequeñas empresas, etc. En el plano de los derechos, por ejemplo, abolición de la pena de muerte y ensanchamiento de los derechos civiles. Medidas explosivas para el gaullismo anclado en las instituciones. Las nacionalizaciones serían la medida más impactante para quien observaba Francia desde fuera: pasan al control del Estado, por decisión del legislativo, empresas de la entidad de Renault y C.G.E., o bancos como Crédit Lyonnais, entre otros. Aun bajo influencia de la derecha, la Corte Constitucional no lo avala, lo que produce posponer la iniciativa hasta Febrero de 1.982. Medidas a contracorriente del viento que soplaba en el mundo, particularmente del dúo anglosajón Reagan – Tatcher, que marcaría tendencia por décadas en “Occidente”. Francia sufrirá un relevante aislamiento en el plano de las relaciones internacionales al tener en frente a aquellas dos figuras. Sólo se restablecerá una normalidad real en las relaciones con USA y Gran Bretaña con la mediación de un hombre de la derecha, el canciller alemán Helmut Kohl, que resulta elegido en Octubre de 1.982.
La moneda, el franco, es sometido a un persistente acoso especulativo desde la toma de posesión de Miterrand. Como era esperable, el socialismo francés se agrieta: frente a Delors, por ejemplo, que propone el rigor financiero y actuar en pro de evitar el aislamiento de Francia, Laurent Fabius y su facción sostiene la necesidad de una política autárquica y la salida de país del Sistema Monetario Europeo. Atenazado por lo crítico de la situación, en la que se mezcla el problema para la gobernanza y la unidad del Partido, Mitterand da el gran giro que marcará su trayectoria: lanza la devaluación monetaria, la congelación de los salarios y la fijación del déficit presupuestario en el 3% del P.I.B. Una toma de posición histórica. Prosiguiendo y consolidando la nueva línea, en el discurso de fin de año de 1.982 el “nuevo” Presidente habla de la excesiva carga fiscal de las empresas que dificulta la recuperación económica.
1.983 marca la caída electoral socialista (con malos resultados en las elecciones municipales en las grandes ciudades). Pero aun así Mitterrand sigue por la senda ya iniciada. Frente al socialismo fuerte de impronta francesa, el gran compromiso ahora es con las construcción europea y la construcción de una Unión en la que tendrá como aliado de toda una época al canciller alemán Kohl. En clave, debe decirse, patriótica: para que Francia lidere y sea referente internacional, no para diluirla. Estamos ante lo que ha solido denominarse “modelo social europeo”: en él pretenden conjugarse lo mejor de tradiciones diversas como el socialismo, el liberalismo y el catolicismo (cristianismo) más democrático y social.
La agenda del Presidente se europeiza, se internacionaliza, cada vez más, mientras la lucha social vuelve a las calles francesas: se cuentan por miles los despidos en el sector metalúrgico o en la Peugeot. Georges Marchais asiste a las manifestaciones formando parte de la cabecera; manifestaciones contra un Gobierno del que forma parte el Partido que él dirige.
Como suele suceder, la derecha no pierde el tiempo. Aproximadamente, un millón de personas se manifiestan en París contra una Reforma educativa que contemplaba la estatalización parcial de las escuelas católicas. En las elecciones europeas de 1.984 pierden porcentaje de votos simultáneamente socialistas y comunistas. El Presidente encarga a Fabius la formación de un nuevo Ejecutivo, ya sin presencia comunista. La grieta en la izquierda francesa se acelera: en tanto el P.S. transita hacia posiciones cada vez más templadas, el P.C.F. participa en acciones como ocupaciones de fábricas.
Las elecciones legislativas de 1.986 suponen una novedad para la política francesa: la cohabitación entre un Primer Ministro (Jacques Chirac) perteneciente a la derecha y un Presidente socialista.
Las medidas liberales de la derecha en el Gobierno, van acompañadas de un giro a la izquierda en el P.S. Mitterand, que vuelve a postularse como Presidente de la República, asume que su victoria sólo será posible desvinculando Partido y persona, presentándose como un Padre de la Nación apartidario. La “Carta abierta a los franceses” con la que inicia la campaña presidencial de 1.988 es una muestra inequívoca de este nuevo rol que se auto-reservaba; comienza así: “Me comprenderéis. Quiero, con esta carta, hablaros de Francia”. Personalización de la política en detrimento de política organizada (partidaria) y enfrentamiento ideológico (debate político). F.M. es reelegido con el 54% de los votos.
Su última gran batalla política guarda relación con su entrega a la causa europea; en el referéndum francés sobre el Tratado de Maastricht logra para el sí el 51,3% de los votos.
Entre tanto, se da en el P.S. francés – sería la senda que muchos otros recorrerían – una verdadera mutación y refundación: pasa a ser el partido de las “nuevas clases sociales” desproletarizándose, en un lenguaje y puesta en escena en los que sobre las clases prima la “sociedad civil”, más propenso a interactuar con movimientos y tendencias liberales que con sindicatos y referentes tradicionales de la izquierda (particularmente las de ADN obrero / socialista). Con un fuerte trasfondo de personalización de la política, tan ligada a la espectacularización de la misma.
Olof Palme. La socialdemocracia vencedora.
Palme desde la juventud al gobierno.
"En 1949 Palme llega incluso a comprometerse en un matrimonio meramente político en oposición al modelo soviético: en el curso de su viaje a Praga conoce a una joven estudiante, Jelena Rennerova, y se casa con ella para permitirle abandonar Checoslovaquia. Se divorciarán unos años más tarde, una vez seguros de no sufrir represalias". Es lo que se nos cuenta en un artículo de Riccardo Ottaviani publicado en la revista PANDORA el 28-1-2019 titulado (traducido) "Olof Palme: vida y política de un socialista" (https://www.pandorarivista.it/articoli/olof-palme/).
De familia acomodada, culto, políglota, viajado, el joven Palme ya tiene una amplia experiencia, que lo conducirá inexorablemente a la élite política. Con 26 años es elegido por el Primer Ministro Erlander (lo fue entre 1.946 y 1.969) su secretario personal, su hombre de confianza. Elegido parlamentario con 30 años, dirige en los años sucesivos varios ministerios: Comunicaciones, primero y Educación, después.
1.969 es el año en que Erlander deja su cargo de Primer Minsitro y el liderazgo del Partido Socialdemócrata. O.P. es el "heredero". Los años sucesivos vendrán marcados por un relevante crecimiento económico del país, a la par que se recortan los poderes del monarca. Con nuestro hombre al mando, el Partido supera permanentemente el 40% de los votos.
Pero 1.976 contempla su derrota. Tras unos años de gobierno de centro-derecha, la socialdemocracia, de la mano de Palme, vuelve a vencer en 1.982, recuperando el cargo de Primer Ministro O.P.
Desempeñaría el cargo hasta su asesinato en 1.986. A sus funerales asisten los grandes referentes políticos europeos y delegaciones de todo el planeta.
Modelo sueco.
Lo que marca el "modelo" de referencia en buena parte de la izquierda europea, una especie de espejo en el que mirarse, es la fuerte implicación en el welfare combinado con el pleno empleo: justicia social más prosperidad económica. En realidad, en sustancia, O.P. es continuador de las políticas de Tage Erlander, consolidadas por más de dos décadas de desempeño de las tareas ejecutivas.
Gasto público elevado, particularmente en sectores como el educativo y el sanitario: he ahí una seña de identidad de Socialdemokraterna en el Gobierno. La contrapartida, claro, era la progresividad tributaria.
Y, en el plano de las relaciones políticas, marca de la casa es la relación permanente, la constante interloción con el Sindicato sueco más importante: la "Confederación Sueca de Sindicatos" Landsorganisationen i Sverige, popularmente conocida como L.O. El experimento que se pone en marcha, también estandarte del “modelo sueco” es la creación de un sistema en las empresas de co-gestión, posibilitando que se hicieran con la mayoría en los Consejos de administración empresariales los trabajadores de las empresas. Lo que se llamó el “Plan Meidner”. El Plan original se dirigía hacia objetivos de fuerte potencia política y carga ideológica, que pueden resumirse o agruparse en 2: a) aumentar la influencia del trabajador asalariado en la gestión de la empresa, fortaleciendo la posición de poder sindical y favoreciendo la solidaridad y la conciencia de clase obrera; b) fomentar la socialización del capital, luchando contra la creciente concentración de capital y riqueza (a pesar de la progresiva igualación de ingresos del trabajo). La versión del Plan que finalmente se pretendió poner en funcionamiento incluía un tercer pilar más que relevante: la formación de capital cuyo destino era la inversión productiva, de modo que pudiera contrarrestarse la fuerte caída de la inversión a causa del descenso de los beneficios corporativos. Una idea realmente revolucionaria: direccionar la acumulación con un criterio “funcional”: buscando el crecimiento y la mejora de la productividad, a la par que se crearía empleo.
“El Partido Socialdemócrata sueco “…. implementó un ambicioso programa de reforma social que pronto se consolidó en un concepto cooperativista constitutivo de la identidad nacional sueca: el Folkhemmet, i.e. hogar del pueblo”. Así se comenta un artículo publicado en la web LA TRIVIAL, firmado por Pablo Sánchez Martínez, titulado “Olof Palme y la muerte de la socialdemocracia sueca” (https://latrivial.org/olof-palme-y-la-muerte-de-la-socialdemocracia-sueca/). En el que se resaltan otros aspectos de la política palmiana, incluida la vertiente de política exterior; así: la influencia de las luchas anti-imperialistas y el antibelicismo de los `70 se concretó en “la transformación de la acción exterior de Suecia” liderada por Palme de modo extraordinario; “Palme reconoció que la lucha por la igualdad entre hombre y mujeres implicaba trabajar contra la opresión de “miles de años de tradiciones (sexistas)”.
Por mencionar el aspecto política exterior, la palabra de orden es “neutralidad activa”. Lo que de ninguna manera puede hacernos pensar en pro-sovietismo. Y es que Olof Palme concebía la democracia como un “elemento fundante para el socialismo” (ya en sus viajes juveniles había comprobado la inexistencia de un “paraíso socialista” en la URSS, considerablemente represiva). Pero tampoco tenía veleidades pro-norteamericanas en lo que al modelo económico-social (marcadamente desigualitario) se refiere. En 1.968 critica con aspereza la intervención U.S.A. en Vietnam, como haría con el golpe de Estado que en 1.973 derribó al Presidente chileno Allende, democráticamente elegido. Pero, no nos llevemos a engaño, en la agenda de Palme no estaba acabar con el capitalismo, pues consideraba (son palabras suyas) que “El capitalismo es una oveja que debe ser trasquilada regularmente, pero no matarla”.
¿Hay legado?.
"Palme dedicó su propia vida a la defensa de los trabajadores, pobres y marginados, habitualmente enemistándose con los pertenecientes a la que era su clase de origen", nos dice Riccardo Ottaviani.
Y, claro que hay un legado. Tras décadas de desregulación y en el que lo que se ha llamado neoliberalismo ha campado a sus anchas (en la estela, en realidad, del dúo Tatcher-Reagan) la idea del Estado como gran motor del progreso económico y social se nos presenta hoy como revolucionaria (demoníaca para una derecha que quiere llevar a las instituciones un pensamiento único cuasireligioso de corte ultraliberal en los económico y social). Palme, hoy, lo tendría difícil. Una izquierda que, para ser aceptada, asume postulados liberales, además de que es un apartarse del camino, no asegura (en absoluto) resultados.
Ottaviani termina así su artículo, resumiendo lo que podría considerarse esencial de su legado: "¿Qué queda, por tanto, del pensamiento de Olof Palme? In primis, su atención a la gestión del sistema económico-social para limitar el conflicto y reducir las desigualdades. Asimismo, la necesidad de no considerar al Sur del mundo como enemigo o mera posibilidad de inversión a bajo coste, sino de cooperar activamente con él. Considerando la evolución del mundo en el post-Palme, puede afirmarse sin peligro de ser desmentido, que la dirección global es opuesta a la deseada por el estadista sueco. El crecimiento incontrolado de las desigualdades y de los partidos xenófobos en toda Europa – Suecia incluída, con la llegada de Sverigedemokraterna (Demócratas suecos) – son solo dos de los principales ejemplos. Redecubrir el pensamiento de Olof Palme puede ser de ayuda para la izquierda europea para no dejarse aplastar por las dinámicas globales y retomar un camino progresista detenido desde hace años?".
Compromiso histórico. El Belpaese.
Lo explica Berlinguer resumidamente, en pocas palabras, respondiendo a una pregunta al respecto en el libro "La passione non é finita", que contiene escrito suyos y una entrevista. Veamos:
"P.- Onorevole Berlinguer, ¿puede finalmente explicarnos el compromiso histórico con pocas y claras palabras?
R.- Vale. Nosotros estamos seguros de que Italia es un país que tiene necesidad de grandes transformaciones sociales, económicas, políticas: una renovación profunda de las estructuras de la moral pública, de la organización social. Es imposible iniciar y llevar a cabo estas transformaciones sin el acuerdo de las grandes fuerzas sociales (obreros, burguesía productiva, campesinos, masas jóvenes, femeninas) y políticas (comunistas, socialistas, católicos, laicos).
Esta corresponsabilidad histórica no vincula necesariamente a todos a participar en la mayoría y en el gobierno. Son posibles a veces fórmulas políticas, coaliciones de gobierno y mayorías diversas. Mientras permanezca esta responsabilidad común, esta solidaridad nacional, el esfuerzo de recíproca comprensión y mientras sobre todo permanezca el compromiso común de transformar el país. Esto es el compromiso histórico. Y por esto afirmo que quien está contra el compromiso histórico tal vez esconde, más o menos consccientemente, un prejuicio anticomunista y el deseo de que el proceso de trnasformación no tenga lugar, o no sea tan profundo y radical como según nosotros en necesario" (Enrico Berlinguer, "La passione non é finita", Ed. Einaudi).
Imagen: Pixabay.

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