Fábrica y sociedad

 



El capital quería extender el modelo de la fábrica a la sociedad, nosotros, precisamente sobre esta base, queríamos extender el modelo obrero a la política. He ahí por qué entre este operaismo político y los acontecimientos del 68, potencialmente antipolíticos, no había continuidad. No existía tampoco oposición, porque estos finalmente abrían otro frente de contestación del establishment, operaban una ruptura de los equilibrios hasta entonces dados, eran al mismo tiempo producto del cambio y voluntad de acelerarlo (Mario Tronti, “Noi operaisti”, Ed. Derive Approdi, p. 53).

El capitalismo industrial albergaba en su seno el mayor peligro para el mismo sistema: el trabajo obrero expresado como fuerza, con su antagonismo, era una amenaza permanente. La revolución tecnológica ha sido acompañante necesario y consecuencia lógica de este paso a la ofensiva del capital, por algún tiempo atrincherado.



Imagen: Pixabay.

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