Estado de excepción y Gran política

 


La de Miglio es una operación de pensamiento novecentesco: el estado de excepción de las guerras civiles europeas y mundiales. Era aquel el espacio temporal de la “gran política”. Este espacio se ha disuelto en nuestro tiempo. El entusiasmo progresista por el fin de las grandes narraciones ideológicas ha llevado a la glorificación de una eternidad del presente. En lugar de la inquietud de la espera, la indiferencia de la resignación (Mario Tronti, "Dall´estremo possibile", Ed. Ediesse, p. 195).

¿Qué es un partisano? (Carl Schmitt).

Scmitt pretende discutir las transformaciones de los conceptos "guerra" y "enemigo" producidas por la irrupción de la figura del partisano.

La guerra de guerrilas anti-napoleónica de la España de comienzos del XIX, hace nacer el concepto "guerrillero". Lenin y Mao desarrollarían el concepto.

La entrada en la Modernidad política, en la que los Estados se reconocen entre sí su sobreranía, hace emerger el concepto de Ius publicum europeum y limitaciones a lo posible en guerra, pues la guerra misma tenía sus "normas", su legalidad, pretendiendo garantizar, por ejemplo la no extenisón de las acciones bélicas a las poblaciones civiles.

Pero la irrupción de la figura del "Partisano" cambia el paradigma: un combatiente con un modo de combatir que lo distancia del hacer de los ejércitos regulares. Su esencia, precisamente es ser "irregular": no esperando del enemigo ni derecho ni piedad, está fuera del perímetro de la enemistad convencional: la suya es la "enemistad verdadera". El terror y las acciones de represalia frente a él llevan a una espiral que determina una voluntad de "aniquilación". No combatiendo a campo abierto, no es identificable por el enemigo, careciendo de uniforme o señales visibles identificativas.

Pero los ejércitos acaban conviertiéndose en "ejércitos populares", y ello a través del servicio militar obligatorio. El ejército ya no se diferencia claramente de la sociedad civil. ¿Qué es el partisano, en este contexto? Es el defensor de la nación, el combatiente ligado a "su suelo", el de su pueblo.

Y este carácter "telúrico", como agudamente percibe Lenin, significa algo políticamente. Así, el partisano pasa a ser el combatiente contra el "enemigo de clase", el burgués, el capitalista. Carl von Clausewitz había dicho que la guerra es la continuación de la política por otros medios; la acción partisana es la plasmación en el campo de la enemistad absoluta, cuestionando el papel del Estado como fuente (monopolio diríamos) de legalidad y legitimidad.

Conocida es la caracterización del partisano con 4 rasgos. En su libro "A sangre y fuego. La guerra civil europea (1.914-1.945)", el historiador italiano Enzo Traverso lo condensa así (p. 83): 1) es un combatiente irregular, diferente del soldado uniformado; 2) su lucha se enraiza en uno profundo compromiso político (etimológicamente sería el “miembro de un Partido”; 3) siendo casi siempre el apoyo de un ejército regular, sea en la ofensiva o en la retirada, “movilidad, rapidez y alternancia impredecible” son señas de identidad propias; 4) su carácter “telúrico”, con la vinculación a un territorio que se desea liberar, con los fuertes lazos (“orgánicos”) con la población local. Son los campesinos los que alimentan al partisano y los civiles los que lo protegen y ocultan en la ciudad, donde ejerce de especialista de la acción clandestina y de saboteador. En la Segunda guerra mundial, la figura consigue una “aura mítica”, al conjugar los ragos del guerrillero liberador con los del combatiente político.

La estrategia partisana, nos dice Schmitt, como combatiente de clase e implicado en una lucha inernacionalista, recoge la realidad de la disgregación de la moderna sociedad, bebiendo de ella con el fin de destruir el orden existente (en el interior de cada sociedad y el orden mundial).

Imagen: Pixabay.


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