La Fallaci. Oriana Fallaci
Un mundo sin referencias, lleno de furia y ruido. Lleno de carencias, ausente de modelos (buenos), llenode miedos y ausencias, carente de verdadero coraje y valentía. Así estamos, posados en el siglo XXI.
Irreverente, impetuosa, (en el mejor sentido) impertinente, irreductible. He ahí cuatro "i" para calificar a Oriana Fallaci, aquella periodista autodidacta y sin título que quiso ser fichada por grandes portadas estadounidenses, donde se hacía el mejor periodismo del mundo. El título de Oriana era su trabajo, su práctica. Su memorable "Intervista con la storia" merece estar entre los grandes libros de Historia (así con mayúsculas) de la segunda mitad del Novecento.
Reivindicar los textos de la Fallaci es asumir aquella verdad que proclamaba de que todo ciudadano, para ser tal, debe participar en la vida política y que la libertad es, más que un derecho, un deber; la libertad hay que practicarla, hay que empuñarla, sabiendo que es un riesgo, el que se deriva de todo compromiso cívico.
Y escribía fácil, decía las grandes verdades y pronunciaba las grandes proclamas con un lenguaje sencillo. Lo contrario de una cortesana. Con tesón y orgullo, con carácter y pulso. Con serena pasión.
“El periodismo no son sólo hechos, sino la interpretación de los hechos a través de las ideas”. Creía una falacia que el periodismo se basase “solo” en hechos y no en opiniones. Pero no negaba la verdad.
Cada acontecimiento, cada noticia, pasa por el ojo de quien la ve, que rehace la realidad. Lo cual no equivale, en absoluto, a negar la existencia de la verdad; de hecho, la línea roja a no pasar es no decir la verdad, inventar. Lo cual no es no opinar, no comentar.
El periodismo nació político, clamaba con pasión en su espléndido “Il mio cuore è più stanco della mia voce” (“Mi corazón está más cansado que mi voz”); frase pronunciada en una Conferencia ante un público universitario estadounidense. Así, en Europa aparecerían los primeros periódicos de la Modernidad en el Siglo XVI a cargo de los menanti, que a mano escribían una especie de minisemanarios que hablaban de señores y príncipes, y de leyes, y que después repartían entre la gente. Lo que conllevaba persecución y represalias. El ser la conciuencia crítica del pueblo no podía más que acarrear costes y persecución. Lo que no impidió la propagación del periodismo como expresión e impulso de la sabiduría del Pueblo.
En su “Rileggere Oriana” (“Releer a Orioana”), publicado en la web italiana titulada GLI STATI GENERALI, el día 8-11-2015, https://www.glistatigenerali.com/media/rileggere-oriana-di-giornalismo-politica-e-partecipazione/), la profesora en la Universidad de Napoli Marina Bisogno, rememorando a la periodista, nos recuerda que “.... las grandes revoluciones de la historia (entre ellas la revolución francesa, el Risorgimento italiano) germinaron entre las columnas de un periódico: el periodismo para informar y no distraer a la gente ....”.
Y acabamos con esta cita de la Fallaci: "Si, en efecto, tengo un concepto de política elevado. O, si preferís, muy ingenuo. Dios bendiga a los ingenuos".
Imagen: Pixabay.

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