P.C.I. Palmiro Togliatti
“Partido de masas y partido de vanguardia estaban ambos en el PCI. Una tradición que, incluso en las definiciones, debe ser superada, no rechazada, sobrepasada, no abandonada. La fase actual, marcada por una hegemonía totalizante del modo de vida capitalista, a nivel de economía-mundo, reclama un retorno de la forma política autónoma” (Mario Tronti, "Dall´estremo possibile", Ed. Ediesse, p. 140).
Una (brevísima) reseña de acontecimientos en la vida de "Il Partito".
Antes de su arresto, Gramsci envía, siendo Octubre de 1.926, una carta al Partido Comunista de la URSS, concretamente a su Comité Central, firmada por la Oficina política del Partido italiano. En la misma manifestaba su angustia por la situación interior del Partido soviético, pues se comprobaba la profundización de una auténtica escisión en el núcleo central leninista, que había sido, desde siempre, el núcleo dirigente tanto del Partido como de lnternacional. El sardo expresaba profunda preocupación por los efectos que el enfrentamiento (precisamente en el país en que que estaba "realizándose" el socialismo) podía tener a nivel internacional y, por extensión en los otros partidos comunistas.
Con el Partito en la clandestinidad, en abril de 1.931 tiene lugar en las ciudades alemanas de Düsseldorf y Colonia, el IV Congreso, al que asisten 56 delegados, de los cuales más de la mitad proceden de Italia, y en cuyo Secretariado político ya figura un hombre que sería referencia histórica del P.C.I.: Palmiro Togliatti. Junto a él están Longo, Grieco, De Vittorio, Santhiá y Dozza, y entre los jóvenes, Pajetta.
Pero en la Italia fascista, el antifascismo italiano en el extranjero veía la aparición (años 20 y 30 del Novecento) de nuevos referentes y formaciones. Así, a finales de Enero de 1.929 nace en París "Giustizia e Libertà", de la mano de, entre otros, Emilio Lussu y Carlo Rosselli. Mostraba que, obviamente, no todo el antifascismo estaba dirigido por los comunistas, pues su ideología y acción política difería de la de los comunistas, teniendo otros referentes a nivel internacional, y que se proponía el objetivo de llevar al interior de Italia la lucha antifascista.
Desde un indisimulable realismo, Togliatti defendía que era exigida la posición equidistante de Italia entre los dos bloques. Su vinculación tanto con la Yugoslavia de Tito como con la URSS lo llevó, en algún caso, a emprender iniciativas cuestionadas y no asumidas por el mundo ideológico comandado por la Unión Soviética; tal es el caso de su viaje a Belgrado en el el otoño de 1.946, reuniéndose con Tito, en cuyo encuentro propuso un intercambio entre Trieste y Gorizia. De modo que P.T. expresaba que quería jugar fuerte, también, en la arena de la política internacional de su país (trascendiendo las cuestiones partidarias o más ideológicas).
El "Manifiesto de los 101":
Así fue llamado un documento datado el 29 de Octubre de 1.956, pocos días después de la revuelta húngara, y que firmaron prestigiosos intelectuales italianos, entre los que se hallaban algunos militantes y simpatizantes del P.C.I. Dándose traslado del mismo al órgano oficial del Partito, L´Unità, que no lo publica, siendo difundido poco después, íntegramente, por la Agencia de noticias ANSA.
Fue un momento singularmente crítico para el movimiento comunista internacional. Sólo unos meses atrás, en febrero, en el marco de XX Congreso del P.C.U.S., Nikita Jrushchov había condenado los crímenes del stalinismo. A finales de Junio, en la ciudad polaca de Poznan, los obreros se manifestaban contra el régimen prosoviético del país. Los sucesos de Hungría agravaron el temblor en un mundo que por primera vez se tambaleaba seriamente.
El Manifiesto italiano pretendía iniciar un debate a efectos de revisar la valoración (negativa) del acontecimiento húngaro y de las razones de la revuelta, entendida desde la oficialidad comunista como una "contrarrevolución de las fuerzas reaccionarias". El documento pretendía igualmente una condena de la represión y la renovación del grupo dirigente.
Aquel acontecimiento provocó la salida del Partito de Carlo Muscetta e Sergio Bertelli, organizadores del Manifiesto, así como firmantes del documento, intelectuales y artistas prestigiosos, como Delio Cantimori, Italo Calvino, o dirigentes como Furio Díaz. Se procedió a la expulsión de Eugenio Reale y Fabrizio Onofri.
Posteriormente se une al grupo de defenestrados Giangiacomo Feltrinelli, tras la polémica por la publicación en su editorial de la novela de Boris Pasternak, Doctor Zivago, prohibida en la URSS y crítica de la deriva reprsiva y totalitaria del régimen.
1.964 es otro año en que se evidencian significativas divergencias en el mundo del P.C.I. Se enfrentan Ingrao y Amendola (Longo, Berlinguer y Bufalini intentan establecer una mediación para mantener la unidad del Partido). A finales de año Giorgio Amendola formula en "Rinascita" (revista ideológica del Partido) una atrevida y arriesgada propuesta: en el nº 47 de la publicación , datada el 28 de Noviembre de 1.964, propone en un artigo llegar a la formación de un partido único de la clase obrera; se trataba de lanzar una nueva vía, dado que ninguna de las dos alternativas de la clase obrera de los países capitalistas occidentales, la comunista y la socialdemócrata, se mostrara acertada para transformar la sociedad en un sentido socialista, es decir, cambiar el sistema.
Comandados por Georges Marchais y Santiago Carrillo, respectivamente, los partidos comunistas francés y español participarían (adhiriéndose) del término "eurocomunismo". Vocablo que procede de Italia, pues lo acuño en "Giornale nuovo" el 25 de Junio de 1.975 Franco Barbieri. El eurocomunismo se erigía como una suerte de contrapeso a un modelo de relaciones en el movimiento comunista en la cima del cual estaba la URSS. Concibiendo de modo monolítico el socialismo tal como este se había concretado a partir de la experiencia de la Unión Soviética. En el nuevo marco conceptual, entendía Berlinguer que ningún Partido podría pretender dar por sí solo respuesta a las graves cuestiones que la historia ponía sobre la mesa; en consecuencia "el avance del socialismo en la parte de Europa en la que operamos requiere (....) la búsqueda de nuevos caminos, diferentes de los seguidos en otros países, y plenamente en concordancia tanto con las particularidades y tradiciones de cada nación, como con los rasgos comunes que se presentan en esta zona del continente". El socialismo era definido como "desarrollo coherente y afirmación plena de la democracia", reconociendo el valor de las libertades individuales y la necesidad de los instrumentos para salvaguardarlas, pluralidad de partidos, laicidad, libertades religiosas y de culto, libertad de investigación o autonomía de los sindicatos, por ejemplo.
En relación a la "cuestión europea", la posición del Partito era cada vez de mayor implicación en el proyecto, a la par que – como Améndola reivindicaba – procedía una profunda transformación de lo que entonces era la Comunidad Económica Europea.
Hito en la historia del PC.I., y de la política italiana, es el hecho de que por primera vez en la historia parlamentaria italiana, una mujer, Nilde Jotti, es elegida Presidenta de la Cámara. Mujer perteneciente al Partito.
A finales de 1.979 las tropas militares de la Unión Sovética invaden Afganistán, en una intervención condenada sin paliativos por el Partido Comunista Italiano. Lo que supuso un nuevo enfrentamiento con la URSS, ya muy manifiesto cuando desde el Partido se criticara la intervención soviética en Checoslovaquia en 1.968 sofocando el proceso transformador iniciado con la "Primavera de Praga". La posición en la cuestión afgana comporta el final del apoyo financiero de Moscú, decidido en Enero de 1.980 por el P.C.U.S.
Ahondando más en la fisura, está "Polonia 1.981". En la noche del 12 al 13 de Enero de 1.981 el general Jaruzelski decreta en Polonia el estado de sitio, dejando sin efecto las libertades políticas y sindicales. La oposición del P.C.I. supone ya una ruptura drástica y definitiva con la patria del socialismo y en realidad con cualquier mirarse en el socialismo real.
Los funerales de Enrico Berlinguer, en una tórrida tarde romana de Junio, el comunismo italiano, en un solo acto, expresa toda la potencia que fue atesorando (más de un millón de personas asistieron) y "enterraba" en parte no sólo a uno de sus grandes líderes sino al Partido mismo y la tradición que encarnaba (una verdadera "cultura política" en sí, pues en Italia había hecho fortuna la expresión popolo comunista). En un film en el que colaboraron Ettore Scola y otros 35 directores, se despedía a lo grande al onorevole Enrico. En el ex-órgano del Partido ("L´Unità") del 11 de Junio de 1.994, Scola se hacía eco de la solemnidad y grandeza del momento: "chilometri dei silenzio, só un rumore di passi".
La muerte de Berlinguer impidió que este pudiera recoger los frutos del mayor éxito electoral del Partido, pues en las elecciones europeas celebradas una semana después cosechaba un 33,3% de los votos (un tercio del electorado), siendo la fuerza más votada, en la primera y única vez en que derrotaba a la Democrazia Cristiana. El 27 de Junio de 1.984, el Partido Comunista Italiano elegía a Alessandro Natta como Secretario General.
Entre el 2 y el 6 de marzo de 1.985 se desarrolla en Milano el XVI Congreso del Partito. Se desarrolla en una atmósfera irrespirable de una Italia acosada por una violentísima agresividad mafiosa, con asesinatos incluso entre las filas comunistas; concretamente en la persona del diputado Pio La Torre.
Por fin, entre el 20 de Enero y el 3 de Febrero de 1.991 se celebraba en la ciudad emiliana y costera de Rimini el XX (y último) Congreso del Partido. El el participaban 1.247 delegados inscritos en los 120 congresos de federación, así como 300 delegados no inscritos. Era el epílogo del mayor P.C. de la Europa Occidental. Y, en el fondo, el fin de una cultura política que tanto penetró el tejido social (popular) de la Italia contemporánea.
El Partido de Palmiro Togliatti, "il migliore".
Rossana Rossanda, en su libro autobiográfico, "La muchacha del siglo pasado" (publicado en 2.005) nos dice esto de Togliatti: “Togliatti era cortés, conversador y lejano, con voz igual y sonrisa breve, la mirada aguda. Si un fragmento le había gustado, cogía el bolígrafo y ponía los renglones en tinta verde y la escritura clara. Cuanto lo habré criticado en los años setenta lo vuelvo a evaluar hoy, una vez aceptado que su objetivo no era el de derrocar el estado de cosas existente sino garantizar la legitimidad del conflicto. No sé si llegó a pensar que era la condición en absoluto en occidente, o si en el presente no podía hacerse otra cosa. Me inclino por la primera hipótesis, nuestro avanzar y cambiar el paisaje sin laceraciones y tragedias a él, a caballo entra la URSS de los años treinta y la Italia de postguerra, no debía parecerle una desgracia. Mejor encontrarse en 1.945 como secretario del PCI que como secretario del Partido socialista unificado polaco. Era el tiempo para crecer y elaborar avanzando paso a paso, pasos gramscianos, los caídos de las guerras de posición siendo en todo caso menos de los de las guerras de movimiento“ (Rossana Rosanda, “La ragazza del secolo scorso”, Ed. Einaudi, p. 223).
El Partido italiano nace de la escisión de Livorno. En efecto, en la ciudad de la costa toscana se celebra entre el 15 y el 21 de Enero de 1.921 el XVII Congreso del Partido Socialista Italiano (P.S.I.) en el que se consuma la fractura y el nacimiento de la nueva Organización partidaria.
Partido que tuvo que crecer y madurar en la clandestinidad de la (larga) etapa fascista, vivir acontecimientos epocales y decisivos como la Guerra civil española o la batalla partisana que protagonizó (la Resistenza). El Partido de vanguardia, sin dejar de serlo, se hizo también de masas, hundía sus raíces en la historia italiana y se empapó de la cultural nacional y popular.
El "Partito nuevo" elaboró nada menos que una "Vía italiana al socialismo", tal como títuló Palmiro Togliatti, il migliore, un libro suyo. Y para ello fue clave la experiencia específica italiana del fascismo. P.T., que teorizó esta "vía italiana" al socialismo disecciona lo que el fascismo representó en la sociedad italiana. Lo hace con fría objetividad, tratando de entender el por qué del fenómeno y de su anclaje social, tratando de capturar lo que en su inicio representó para concretas capas sociales. Así: “En su origen, la base social del fascismo radicaba en determinados estratos de la burguesía rural y ciudadana. En términos más precisos, en el campo dicha clase estaba constituida casi en su totalidad por campesinos medios, por colonos y por aparceros exasperados a consecuencia de la absurda política de las organizaciones socialistas. Los socialistas predicaban en el campo el programa máximo, reivindicando la socialización de la tierra. En su actividad práctica, no tenían en cuenta la existencia y los intereses de los estratos intermedios de la pequeña burguesía rural, no hicieron nada por crear una alianza política entre el proletariado y esos estratos, no intentaron tampoco neutralizar a estos últimos. También en las ciudades el fascismo se apoyó, al principio, en elementos pequeño-burgueses; en parte también en elementos desclasados a consecuencia de la guerra (ex oficiales, mutilados, “arditi” y voluntarios). Si se considera hacia qué lado se inclinaban las aspiraciones de esos ambientes sociales, se echará de ver que algunos de ellos eran arrastrados por sus intereses a la lucha antiobrera; existía, en cambio, en otros una base objetiva así como el inicio de una tendencia anticapitalista ….” (Palmiro Togliatti, “La vía italiana al socialismo”, Ed. R. Torres, pp. 22-23).
Y disecciona y analiza la evolución del movimiento, queriendo comprender su razón de ser e incluso (en una muestra de desprejuiciamiento) dirigiéndose a las bases sociales que en un principo habían visto en él una eperanza, viendo lo que en ellas puede haber de una pulsión a tener en cuenta: “Las principales formas de este fenómeno y de las que hasta ahora nos hemos podido dar cuenta, son las siguientes:
1) los elementos de la pequeña burguesía productora se van apartando poco a poco del fascismo. De ahí en adelante predomina, pues, entre los miembros de ese partido, la pequeña y la mediana burguesía no productora (funcionarios del Estado, fascistas de profesión, etc). Este hecho resulta sobre todo importante por cuanto preludia un cambio de las relaciones de las fuerzas en presencia;
2) los cuadros del fascismo van sufriendo una transformación casi total; en lugar de las viejas camisas negras, de los “fascistas de primera hora”, son ahora los representantes inmediatos de la gran burguesía (industriales, banqueros, terratenientes, y sus hombres de confianza) los que ascienden a los puestos de dirección del partido;
3) el partido fascista absorbe, poco a poco, una parte de los estados mayores de todos los antiguos partidos de la burguesía y pequeña burguesía;
4) al mismo tiempo, la democracia en el seno del partido fascista es completamente suprimida y sustituida por un sistema de gobierno impuesto desde arriba.
Después de este proceso, el fascismo se consolida definitivamente no ya sólo como instrumento de reacción y represión, sino también como centro de unidad política de todas las clases dirigentes: capital financiero, gran industria, terratenientes ….” (Palmiro Togliatti, “La vía italiana al socialismo”, Ed. R. Torres, pp. 26-27).
El llegar a comprender al fascismo como una equivocada respuesta a la crisis institucional, económica y social de hondas raíces, no debe hacer rechazar de plano la posibilidad de interactuar con fuerzas, que desde un moralismo liberal o humanista explicaban banalmente el fascismo como "desviación bárbara" o intoxicación de segmentos del Pueblo italiano. Ello al margen de un llamamiento a algunos "camisas negras" a reflexionar, pretendiéndoles hacer comprender que habían tomado un camino equivocado.
En 1.936, el Partido togliattiano dá un impulso a la idea de los "Frentes Populares", una especie de "Internacional antifascista" en los hechos, buscando alianzas con fuerzas burguesas y liberales.
Siempre en equilibrio, a veces precario, entre la vinculación al movimiento comunista internacional y la elaboración de una línea propia con base en la especificidad nacional, de facto, de la mano de P.T. se cuestionaba el papel de la URSS como guía en exclusividad en el plano de las ideas, de la organización, de la estrategia y alianzas. Lo que lo llevó a encontronazos en el Partido con los que optaban por un alineamiento incondicional con la Unión Soviética, defendiendo la necesidad de obedecer los dictados de Moscú. Il migliore logra hacer grupo: muchos de aquellos que habían luchado en las peores condiciones por el Partido y por la democracia lo arropan en su lucha casi silenciosa y paciente por la elaboración y la implementación de una línea propia. En la discreta lucha entre facciones, Salinari logra que las obras de Gramsci y sus obras marquen un estilo y una línea en la específica "cultura P.C.I.". Entendiendo que Antonio Gramsci era patrimonio de toda la cultura italiana, no únicamente del Partito. Así, en su libro titulado “Togliatti e gli intellettuali. La politica culturale dei coministi italiani (1944-1964)”, editado por Carocci en 2.015, Albertina Vittoria – historiadora que escribió una breve pero interesantísima “Historia del P.C.I.” -nos dice que Gramsci fue una figura referencial del Partido no solo como dirigente político (orgánico), con escritos de enorme valor particularmente en la época de su prisión (también antes), sino igualmente porque “.... afectó a la difusión de su pensamiento por medio de editores y revistas, en la que Togliatti se comprometió desde que regresó a Italia”. Gramsci direccionará la política togliattiana, que verá en A.G. un acerbo de pensamiento en el que fundar la gran obsesión de Palmiro: la creación de la vía italiana al socialismo. La idea de fondo es que era imprescindible anclar una identidad – a crear - del Partido a la historia y la específica cultura italiana. Labriola es otro de los nombre de referencia en esta dirección y con aquella pretensión.
En la recensión al libro de Albertina Vittoria escrita por Francesco Monica y publicada el 15-1-2.017 en la revista PANDORA, el autor de la misma indica que “Il migliore” comprendió aquellas “.... potencialidades de la heterodoxia gramsciana ya desde antes de su regreso a Italia, por eso puso su empreño en obtener los Quaderni del carcere, deseando fervorosamente la publicación de la primera edición, que fuera concebida, dividida por temas, como un instrumento popular de masas para hacer conocer el pensamiento de Gramsci a los militantes y a los cuadros del partido” (https://www.pandorarivista.it/articoli/togliatti-e-gli-intellettuali/).
En los años de guía togliattiana, el Partido ve como en torno a él se crean revistas como “Critica Marxista”, “Studi Storici”, “Rinascita”, “Società”, o “Il Contemporaneo”. Incluso una editorial: “Editori Riuniti”. Por propuesta de Emio Sereni en 1.948 se crea el “Istituto Gramsci”, que sería espacio de debate cultural de los comunistas italianos.
Pero los acontecimientos de Hungría de 1.956 implicarían una profunda grieta en el mundo aglutinado en torno al Partido, con el alejamiento de intelectuales como Italo Calvino. El “Manifiesto de los 101” sería la expresión más claramente documentable de aquella grieta. En aquel momento, Togliatti – siempre en equilibrio - tomó partido por preservar la idea de la función de la Unión Soviética, aún siendo consciente de que su modelo necesitaba modificaciones, y así lo hizo saber en un artículo en “L´Unità”.
Togliatti era consciente de que la organización clandestina del P.C.I. durante la etapa fascista no podría haberse sostenido sin la contribución financiera y logística de Moscú y sin el aval para su presencia / existencia. Debilitar a Moscú en la arena internacional podría muy posiblemente llevar a la extinción de la organización comunista global. Esta necesidad histórica lo lleva a una posición que él conidera realista sobre las relaciones con la U.R.S.S. Lo hace, justamente, para salvar la "excepcionalidad" que por décadas representó el P.C.I. a nivel internacional. Excepcionalidad no menor fue el gramscismo que Togliatti incorpora al ADN del Partido.
La demoledora crítica de Kruschev a la etapa stalinista ponía sobre la mesa, irremediablemente, la cuestión de vías específicas (nacionales) al socialismo. Pero la posición del Partido, favorable a la Unión Soviética, no provocó únicamente el apartarse de intelectuales próximos; el corazón del Partido también se vio sacudido, y así la célula de la Editorial “Einaudi”, los universitarios romanos de la F.G.C.I. (las juventudes) o el líder del sindicato afín C.G.I.L. (Giuseppe de Vittorio), manifestaron, entre otros, su apoyo a las masas rebeldes húngaras y al Gobierno de Imre Nagy, desviado del dictado soviético. Una militancia que se había visto educada en la adoración a la realización del socialismo en la Unión Soviética se mostraba desconcertada. La toma de posición de Togliatti, nos explica Francesco Monica en la citada recensión sería debida a la convicción de P.T. “ .... de que la situación internacional de la Guerra Fría, y el filosovietismo aun muy presente en las bases comunistas, no permitían cortar los lazos con la Unión Soviética”. Aún faltaban bastantes años para que el Partido, de la mano de Enrico Berlinguer, asumiera la necesidad – ya en otro mundo y con más historia detrás – de volar con alas propias.
Debates, en fin, sobre la democracia en la sociedad, que, en definitiva llevan (como sucedería en la perestroika soviética décadas después) a la democracia en el seno del mismo Partido. Y sí sucedería en el Partido italiano, pues las grietas abiertas por la revuelta húngara de 1.956 conllevarían expulsiones en el seno del Partito.
Si una palabra define su dirigir el Partido sería “realismo político”, con apertura a la complejidad y conciencia de la creatividad necesaria en el contexto histórico y la particularidad nacional.
Palmiro crea el “Partito nuovo”, capaz de conectar con las clases medias y de dotarse de una dimensión interclasista. Al menos de un diálogo interclasista, sin lo cual un Partido que se pretenda de masas lo tendrá difícil.
El “Giro de Salerno” abre una fase parlamentarista que conducirá a convertir el Partido que fundara Gramsci en el mayor Partido (comunista) de masas en el mundo occidental. Entendiendo, por ejemplo, que el patriotismo, concebido como sentimiento del Pueblo, no debía ser combatido, sino apoyado. Y es que la democracia, en Italia, había sido en buena medida apadrinada por el Partido que él dirigía.
Esta svolta di Salerno tiene lugar en el mes de Abril de 1.944, y toma el nombre de una iniciativa togliattiana, bajo el impulso de la U.R.S.S., que pretende alcanzar un compromiso entre partidos antifascistas, monárquicos y Pietro Badoglio, en busca de constituir un Gobierno de unidad nacional en el cual participasen representantes de todas las formaciones políticas presentes en el C.L.N. (“Comitato di Liberazione Nazionale”). La iniciativa terminó con la aceptación de la mediación de Enrico de Nicola sobre al traspaso de todas las funciones al Rey Umberto de Savoya como “Lugarteniente del Reino”, así como una llamada a las urnas para una Asamblea Constituyente y una consulta al pueblo sobre la forma de Estado una vez acabada la guerra.
Una breve reflexión sobre la fé. En una interesante enrtrevista concedida en Madrid por Mario Tronti en el programa “Otra vuelta de tuerka” (https://www.youtube.com/watch?v=xzKymyIsj50), con ironía pero con sinceridad, el romano se confesaba hijo de dos iglesias: la católica y la comunista, heredadas ambas de sus padres. Y, efectivamente, en Italia se habló en tiempos mucho de “Catocomunistas”. Y en torno a Benedetto Calati se produjeron en Camaldoli (monasterio italiano) interesantísmos y fructíferos encuentros entre lo mejor de la tradición marxista italiana del Novecento y lo mejor de la tradición cristiana (católica, en este caso). Rossana Rosanda, participante de aquella experiencia dejó una hermosa semblanza del padre Calati a la muerte de éste en un artículo suyo titulado “Benedetto Calati, un monaco senza indulgenze” (https://www.noisiamochiesa.org/Archivio_NSC/attual/Calati-Rossanda.html). Por su belleza, transcribimos sus primeras palabras: “Se ha apagado en Camaldoli Benedetto Calati, un monje raro al que amábamos y para nosotros, que no esperamos la eternidad, para siempre perdido”.
Lo cierto es que ya en los años `30 (!!) desde el Partido se había pensado en penetrar las asociaciones católicas.
Una breve reflexión, decíamos, sobre la fe, por parte de P.T., “il migliore”:“A veces se oye decir por ahí, en tono de acusación, que nosotros también somos una religión, es más, incluso una Iglesia. Lo cual es cierto en el sentido de que poseemos una fe, es decir, la certeza de que la transformación socialista de la sociedad, transformación por la que combatimos, no es solamente una necesidad, sino una tarea, una misión, con la certeza del éxito final, a la mejor parte de la humanidad. Creemos que el hombre debe llegar a ser el dueño de la naturaleza, lo cual es un deber bíblico, indicado al hombre por el propio Dios en el Génesis. El mismo Juan XXIII, en las palabras que dedicó a los cosmonautas soviéticos con motivo de la maravillosa navegación espacial del verano pasado, exaltó aquella hazaña a la vez que elevaba una casi oración por el progreso en el campo del conocimiento y del dominio sobre la naturaleza ....” (Palmiro Togliatti, “La vía italiana al socialismo”, Ed. R. Torres, pp. 126-127).
Y Galvano Della Volpe, uno de aquellos intelectuales que rodeó al Partido y a Toglatti, en su “La libertad comunista”, se manifestaba en estos términos en relación con el ateísmo: "En cuanto al ateísmo, premisa de la eliminación positiva de la enajenación, mediante el materialismo práctico o comunista, no es un ateísmo abstracto, dogmático. El comunismo – dice Marx- empieza con el ateísmo abstracto (Owen); el ateísmo esta incialmente muy lejos de ser comunismo, ya que cualquier tipo de ateísmo se mantiene aún en la abstracción. La filantropía del ateísmo es, por esto, en primer lugar sólo una filantropía filosófica, abstracta, la del comunismo es inmediatamente real e inmediatamente de acción" (Galvano Della Volpe, "La libertad comunista", Ed. Icaria, p. 71).
En "Togliatti, il realismo della politica. Una biografia" (Carocci, Roma 2018), Gianluca Fiocco hace un amplio y detallado estudio del personaje, resaltando que el equilibrio / oscilación de Togliatti se dirige, básicamente, a 3 objetivos: 1º) salvaguardar el Partido en su excepcionalidad; 2º) defender el recorrido democrático de Italia; 3º) luchar por la hegemonía política y cultural.
No pueden tener otra consideración que "realistas", por ejemplo, líneas de acción como el acercamiento en clave de diálogo con la Democrazia Cristiana, al menos con su alma más "progresista", el nunca olvidar que el Partido actuaba en una realidad social, como la italiana, mayoritariamente católica, la atención a las reivindicaciones de las clases medias .... en definitiva, captar que la sociedad civil es una realidad cada vez más compleja, particularmente en un mundo que está transformándose. Ese realismo, ese hacerse cargo de la situación concreta en que el Partido y la sociedad se encuentran lo lleva a firmar en agosto de .... un llamamiento a los "hermanos de camisa negra", en el que llega a expresar su deseo por la vuelta al espíritu de un movimiento "sansepocrista, anticapitalista, antiburgués, abierto a las conquistas sociales del proletariado".
De este realismo puede considerarse expresión suprema la llamada svolta di Salerno, a raíz de la cual sectores (radicales) del Partido Socialista acusaron a P.T. de connivencia (lavado de cara) con la monarquía.
Realismo, decimos. En línea con el marxismo, para nada niega P.T. los logros sociales de la burgesía "progresista". Las clases populares deben situarse en esta estela en pro de avanzar hacia la emancipación. En el libro de Gianluca Fiocco se nos dice que en el Prólogo al "Tratado sobre la tolerancia" de Voltaire, en 1.949, ".... el movimiento obrero está situado como defensor y continuador de los principios de la batalla iluminista – también en este caso, por tanto, como hederero directo de las mayores conquistas de la civilización burguesa" (página 241).
Pero el Partido de Gramsci y de Togliatti hizo escuela. Escuela de alta política, de análisis concreto de la situación concreta, que dirían los clásicos. Estas palabras de Berlinguer, el último gran referente del PCI y con el que lograría las más altas cotas electorales, son bien expresivas de aquella finezza política: "Nosotros hemos tenido siempre bien presente la ligazón entre la Democrazia Cristiana y los grupos dominantes de la burguesía y su peso relevante, y en ciertos momentos determinante, sobre la política de la D.C. Pero en la D.C. y en torno a ella se agrupan también otras fuerzas e intereses económicos y sociales, desde los de varias categorías de clase media hasta aquellas, bastante consistentes sobre todo en algunas regiones y zonas del país, de estratos populares, de campesinos, también de obreros. También el peso y las demandas procedentes de los intereses y las aspiraciones de estas fuerzas sociales se han hecho sentir en medida más o menos perceptible en el curso de la vida de la D.C. y pueden ser conducidas a influir cada vez más" (Enrico Berlinguer, "La passione non é finita", Ed. Einaudi, p. 51).Y en el mismo libro de entrevistas, E.B. defendía que no quería la salida del Pacto Atlántico no sólo porque la eventual salida alteraría los equilibros internacionales (p. 93).
Vídeo “Togliatti e la Costituzione” (intervención de Mario Tronti):
https://www.youtube.com/watch?v=tH57VGZvYo8
Imagen: Pixabay.

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