Partido / Representación
“El partido de opinión, el partido electoral, el partido personal, son partidos sin partido. Esto es, partidos sin organización, permanente, estable, cotidiana, no presentes en un genérico territorio civil, sino enraizados en un específico terreno social y, justamente por esto, con una visión y una misión.
En este sentido, no es precisamente cierto que los partidos de hoy sufren por crisis de representación. Representan también demasiado, porque representan pasivamente, reflejan, no interpretan, escuchan y no hablan. Hoy puede decirse correctamente de un periódico que es un partido” (Mario Tronti, "Per la critica del presente", Ed. Ediesse, p. 57).
Más organización, menos “liquidez”.
En la web GLI STATI GENERALI, el 4 de Junio de 2.019, Valentina Saini entrevista a la politóloga italo-estadounidense Nadia Urbinati. La entrevista se titula precisamente “La época de los partidos líquidos se acabó, hacen falta partidos organizados”. La entrevista entera y en italiano está disponible en este enlace: https://www.glistatigenerali.com/partiti-politici_societa-societa/nadia-urbinati-lera-dei-partiti-liquidi-e-finita-servono-partiti-organizzati/?fbclid=IwAR1iZQ1wsq7AjsyBlvKqMbBe4a4SoMdqZPK6v9Vae0QiJsrf5OxYwSzsaYU
Urbinati defiende la necesidad de partidos que logren integrar periferias y cascos históricos, campo y ciudad, "pero infelizmente en estos años se han dado gigantescos pasos adelante en su separación".
La politóloga cuestiona (en realidad, niega) que fuerzas como la italiana Cinque Stelle o la española Podemos sean fuerzas nacidas "desde abajo". Se trata de formaciones partidarias nacidas como "no-partidos". Y es que sin organización no hay Partido. Se trata, en este caso, de dos entes que nacen bajo la característica de un fortísimo liderazgo. Al perder la relación con las personas – y con los electores – se agravan los problemas al carecer de mecanismos organizacionales internos que limiten el poder del (gran) líder, que lo controlen. "De hecho, la organización de los partidos no sirve sólo para organizar a los militantes, sino también para hacer que quien gobierna el partido dé cuentas de sus decisiones , y no pueda hacer lo que quiera", afirma la entrevistada. Y prosigue: "Al contrario, cuando el líder dirige un partido líquido, existe el riesgo de que pueda hacer lo que quiere".
Estos partidos tienen la fecha de caducidad marcada, en una especie de obsolescencia programada política, pues sólo la organización permite enraizarse. Lo que resulta más atractivo y elástico se torna falta de control interno, no-sedimentación y colapso. Por tanto, para la misma democracia es esencial el Partido organizado.
¿Democracia directa? Debemos, claro, dirigirnos a la "experiencia suiza". En la Confederación Helvética lo que hay es una mezcla de democracia directa y refrendataria con democracia representativa. N.U. manifiesta que "yo no sé si la democracia directa es mejor o peor, pero sin duda si la gran mayoría entiende que con las elecciones no es suficiente y no son bastante representativas, hacen falta otros espacios, como precisamente los referendum propositivos". Pero no es suficiente el referéndum "propositivo" por sí, es necesaria una clase política que lleve a término lo acordado (control de la acción política de los partidos y, en definitiva, control de las élites, añadimos).
El Partido personal, individual y los hiperliderazgos son otra merma democrática. Lo son porque no tienen conexión (o de un modo insuficiente) con la organización interna
Y son todos concretos individuos que no tienen ninguna conexión fuerte con la organización interna.
Y si hace falta organización interna, los partidos precisan también de la organización para echar raíces .... estar el el territorio. Como un día era el caso, en Italia del P.C.I., y de los socialistas en otros países de Europa.
El populismo es, en realidad, una "estrategia de poder". La politóloga los explica así: "En la democracia de los partidos, la estrategia de poder se da en el interior de ellos, y frecuentemente por cooptación: es complicada, tiene lugar por medio de mecanismos que establecen quien debe ser metido en las listas y quien no, es un proceso muy largo. En la situación populista, en cambio, todo el proceso es muy simple; por lo demás, el populismo está estrechamente conectado a la capacidad estratégica, decisional y retórica del líder. Requiere también la capacidad de comprender cuáles son las cuestiones más problemáticas y difundidas en la sociedad, y encontrar palabras clave capaces de unirla todas, aunque finalmente ninguna de ellas sea situada en primer lugar. Esto era Perón, esto era Chávez, todos los líderes populistas tienen estas capacidades. Frecuentemente conectan su lucha contra un enemigo, que puede ser el establishment, los Estados Unidos u otro. Y después son capaces de conectar y unir las exigencias más diversas: desde quien quiere una escuela próxima a su casa, a quien quiere un trabajo, unificándolas en relación con un enemigo. Como hace Salvini cuando pone juntos el Norte y el Sur, que son muy diferentes. ¿Pero los logros son en relación a qué? En relación al inmigrante, porque el inmigrante es aquella externalidad contra la que puede producirse una unificación".
Fuerza sin legitimidad (Piero Inazi).
"Forza senza legittimità” es el sugerente título de un libro del catedrático de Política comparada de la Universidad de Bologna Piero Inazi. En él se analiza la evolución de los partidos en Occidente, desde la emergencia al declive de los partidos de masas. En la web de la revista italiana PANDORA, el 19 de Enero de 2.016 se publica una entrevista al profesor sobe los partidos, disponible en su integridad aquí:
Afirma el profesor que "La participación política tiene lugar, por varias razones, cada vez menos mediada por aquellas estructuras tradicionales que eran los partidos políticos, sobre todo por la vía de las nuevas modalidades de conexión entre los decisores y los ciudadanos que suministran los nuevos media. Estas nuevas modalidades de conexión no hicieron disminuir la participación". El entrevistado llama a abstraerse de la formas participativas que marcaron el Siglo pasado (manifestaciones, huelgas en la calle, desfiles, etc) para ser consciente de la presencia de formas más "individualizadas" que sí eran típicas del contexto estadounidense. Gracias a los nuevos medios de comunicación y los nuevos medios técnicos es posible ponerse en contacto directamente con quien legisla. En definitiva, hoy la participación es diferente, pero no menor. Surgiendo, también, formas de participación de una mayor sofisticación, por ejemplo " .... todo lo que hace referencia a la democracia deliberativa, a los Mini-publics que prevén que los legisladores confíen las decisiones a grupos de ciudadanos que debaten y toman posición en relación con específicos problemas, que serán implementadas por quien tiene la responsabilidad formal. En conjunto, existen modalidades diversas de participación que ya no son las tradicionales, pero no por esto implican a un menor número de personas".
Para los partidos que basaron históricamente su fuerza en referentes sociales, hoy las dificultades de "agregación" se multiplican. Y por eso vence la emotivización (infantilización, añadimos) de la política. La pasión, que es una necesidad en política, impera absolutamente sobre la razón. En definitiva, afirmación de la identidad (cada vez más personal, ante la carencia de referentes y relatos que impliquen emocionalmente también a una colectividad).
LA FORMA PARTIDO.
En lo que el "Partido" sea o represente inciden, evidentemente, las transformaciones institucionales, sociales y económicas en las modernas sociedades occidentales.
Inazi defiende que la organización partidaria caminará en la dirección de una estructuración "estatárquica": organizaciones con niveles diversos, en los que cada nivel territorial goza de una amplia autonomía. Y lo cierto es que no ha habido gran capacidad de respuesta de los partidos tradicionales a los nuevos escenarios.
Se aborda en la entrevista, el tema de la financiación de los partidos. Plano en el que manifiesta su consideración positiva del modelo alemán: "Uno de los modelos más virtuosos es el alemán (no casualmente fue también el primero en ser introducido en Europa), donde existe un equilibrio entre los ingresos de los partidos y los ingresos públicos: lo público financia una cifra que como mucho es igual a la mitad de aquella que los partidos son capaces de captar con su capacidad de financiación. Existe un techo máximo establecido por ley y un equilibrio entre ingresos públicos y privados. En Alemania, el Estado se preocupa de darle apoyo a los partidos, pero es necesario que los partidos hagan también su parte ....".
Manifestándose, igualmente, muy favorable a una "Ley de partidos", pensando específicamente en Italia. Dado que obligaría a estos a ser más transparentes y a adoptar métodos democráticos de selección de sus dirigentes y de elección de candidaturas. En definitiva: profundizar en la democracia de los partidos.
Y sobre la posibilidad de partidos transnacionales europeos, manifiesta que no se puede tropezar con el "buenismo", indicando la necesidad de acomodación institucional: " .... No existiendo una política supranacional, sino diversas políticas dictadas por los varios gobiernos nacionales, no existen verdaderas y auténticas federaciones trasnacionales de los partidos, que, sin embargo se efectivizaron, tuvieron reconocimiento jurídico y acceso a fondos públicos. En el futuro, podrá darse un paso adelante hacia federaciones trasnacionales únicamente si hay verdaderas elecciones europeas y no elecciones nacionales cada cinco años que mandan candidatos al parlamento europeo. Es inútil pensar en algo efectivo y trasnacional mientras no haya elecciones europeas el mismo día con listas europeas de los varios partidos: la lista del PSE, del PPE, etc, y no listas nacionales".
MODELO AMERICANO / MODELO EUROPEO.
¿Tiene sentido, hoy, esta diferenciación, esta dicotomía? Realmente, aludiendo a las grandes ciudades, el partido americano no era nuy diferente del europeo: máquina de recabar apoyo. Aquellos partidos americanos se asemejaban a los del Sur de Europa, con una fortísima componente clientelar, " .... muy diferente del alemán y francés y, en ciertos aspectos, británico".
Pero no tiene sentido comparar a los partidos europeos con el Partido demócrata U.S.A., pues los mundos en que se mueven son completamente diferentes. "En América, el elemento personal es mucho más fuerte, la relación entre los candidatos, los congressmen y su circunscripción es mucho más estrecha que lo que sucede en los partidos europeos que tienen en su inmensa mayoría (excluyendo el caso francés y el británico) sistemas proporcionales y por lo tanto una débil relación entre el elegido y su circunscripción. El problema, en mi parecer, debe ser llevado otra vez al sistema electoral y al sistema institucional. Cuando existe una elección presidencial, obviamente, todo cambia: los candidatos americanos, como se decía hace ya tiempo, son ellos los que escogen un partido, no es un partido el que escoge a sus propios candidatos".
Comparando sistemas, entiende que en Europa no procede hablar propiamente de "primarias". Abogando, en línea con la realidad británica, por dar voz fundamentalmente a las estructuras locales de los partidos, que son las encargadas de seleccionar a las clases dirigentes. Las modalidades organizativas de los partidos británicos son, así, las mejores, existiendo todo un mecanismo de pasos de la cumbre a la base para confeccionar las candidaturas, que está muy normado y es muy abierto. "Entre nosotros, en cambio, las primarias se convierten en una competición populista ....", sentencia.
Adiós, provincia roja.
"Addio alla provincia rossa. Origini, apogeo e declino di una cultura politica” (Adiós a la provincia roja. Orígenes, apogeo y declive de una cultura política), publicado por Carocci en Roma en 2.017 es un libro de la autoría de Mario Caciagli. En la recensión a la obra, publicada en la web de la revista PANDORA el 25 de Julio de 2.015 – con la autoría de Alessandro Ambrosino – podemos leer en la Introducción de que trata el libro, en que contexto histórico y en que ("roja") zona se desarrolla (https://www.pandorarivista.it/articoli/addio-alla-provincia-rossa-cultura-politica-caciagli/).
“Tema principal del ensayo de Caciagli es justamente la descripción en profundidad de una de las culturas políticas más importantes y enraizadas en el espacio europeo, es decir, la cultura “comunista”, declinada en su variante italiana. De las dos grandes culturas políticas territoriales del sistema italiano, la “blanca” ha desaparecido con la D.C., mientras la “rossa” ha tenido una larga agonía. El trabajo del politólogo fiorentino puede, por tanto, entenderse como una verdadera y auténtica narración de las transformaciones a las que se ha enfrentado esta última en el curso del Novecento, desde sus orígenes en la sociedad agrícola a caballo entre el siglo XIX y el XX, en una turbulenta transformación, hasta su crisis en los años Noventa del pasado siglo y su definitiva disolución en esta última década.
Pero lo que convierte al ensayo en especialmente innovador es la elección del autor de limitar el espacio de la investigación al microcosmos del medio Valdarno Inferiore, una de las zonas más “rojas” de la Toscana “roja” y conocido centro de producción de cuero ….”.
A través de cuatro ciclos de entrevistas efectuadas en el curso de más de veinte años, se ve la evolución, hasta el declinar (el “adiós”) de toda una cultura política).
Aquella cultura roja que tan bien es definida el el film de Bernardo Bertolucci “Novecento”. Significativo título que explica unas cuantas décadas de la historia social y política de Italia y de como se crea aquella cultura (en el caso del film, más de proletariado agrícola que fabril). Pensemos también, y sólo a modo de ejemplo, en la hegemonía de décadas del P.C.I. en la ciudad de Bologna (toda una época).
No casualmente en Italia fue acuñado aquel concepto de “Popolo comunista” …. tan lejos del popolo perduto con que Mario Tronti titula uno de sus ultimos libros.
¿Queda algo, hoy, de aquella cultura política?
Caciagli manifiesta que “La idea de progreso que la cultura cultivaba … había acabado con la resolución de la tensión individual/colectivo en una ruptura a favor de individualismo. El bienestar (…) había llevado consigo otros objetivos, costumbres y valores”.
Aquella cultura parece haber llegado a su ocaso, a su “adiós”. Con todo, el sentido de solidaridad, fuertemente vinculado al “sentirse comunidad” son el legado que todavía en parte sobrevive. El asociacionismo en parte hereda aquella cultura en sustitución del Partito, con raíces en lo local, transmitiendo valores y realzando la necesidad del compromiso.
Imagen: Pixabay.
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