Optimismo histórico

 


 

El pecado original del socialismo ha sido el optimismo histórico. El comunismo ha intentado corregirlo, pero en aquel momento el mal había entrado también en la historia de los desheredados, y la tentación de vencer el mal con el mal después fue en realidad su enfermedad mortal. No era equivocado ofrecer una fe de salvación terrena a quien no tenía más que perder que sus propias cadenas, pero hacía falta hacerlo armados de una razón compartida y no impuesta. Razón y fe juntas debían motivar una religión política para los oprimidos del planeta, pero con la conciencia de que aun no estaba preparado el puebo elegido que desde la cautividad de Babilonia enseguida retornaría a la tierra prometida. En un cierto punto, alguien había comprendido que para gestionar el retraso de la parousia hacía falta una Iglesia. Pero era demasiado tarde. Desde el inicio, un sano realismo, y esto es pesimismo, antropológico debía aconsejar tiempos largos, larguísimos, y no abreviaciones, aceleraciones, forzaturas(Mario Tronti, Dello spirito libero”, p. 78).

Alguien dijo que un pesimista es un realista bien informado.

Quizá el optimismo, pero (también quizá) el pesimismo también. En todo caso, el pecado que se ha padecido es el del optimismo. Del optimismo histórico. Esa fe (palabra tan poco querida por los laicos, pero tan aplicable a ellos) en la irreversibilidad “del sol del porvenir”.

Enfermedad infantil del comunismo – advertía Lenín era el izquierdismo. Pero la enfermedad de la que hablamos es casi de cuna. Algo tiene que ver posiblemente la asunción del materialismo histórico de Marx (quizá haya aquí un pecado original). La historia empuja de nuestro lado, cada paso atrás es preludio de dos pasos adelante. La historia es un avance continuo: comunismo primitivo-esclavismo-feudalismo-capitalismo-socialismo. Pura fe. La fe es necesaria, pero también una visión de la historia, un análisis de la realidad, menos simplista, menos mecánica, menos positivista.

Una razón compartida, y no impuesta. Eso era lo necesario cuando el acontecimiento octubre irrumpió en la historia sin que nadie (por muy cinetífico que se pretenda el socialismo) pudiera preverlo. Así nos dice Mario Tronti. Pero para hacer valer auella razón no impuesta, consentida, primero, asumida después, hacía falta el momento Iglesia.

Razón y fe unidas, cuando la izquierda (tan laica ella) sólo hizo palanca sobre la fe. Su fe. Pero al “Pueblo elegido”, en fuga hacia adelante, quiso haccérsele llegar demasiado pronto a la Tierra Prometida. El desierto, los desiertos, existión, pero faltaron profetas en cantidad y calidad. Y el desierto acabó siendo para tantos lo que a la fuerza le dijeron que era Tierra prometida. A falta de “Iglesia”, de Asamblea Universal de fieles, la Iglesia-burocracia imperó administrativizando la política. Faltó la Biblia, faltó el pesimismo antropológico de comprender que el corazón de las tinieblas siempre está cerca, que el alma humana está herida por el pecado .... y que la creación del hombre nuevo tiene que ser algo más que una declaración de intenciones.

Un paso atrás ... y otro .... y otro. No nos hemos detenido en el Sinaí, no sabemos donde está Jericó. Dicen que cuando los soldados bajo mando bolchevique detuvieron a la familia del tzar para después ejecutarla, no se atrevían a disparar, proque estaban disparando a la divinidad. Es este el material humano con el que pretendía hacerse una revolución .... que a todas luces dio pasos de gigante cuando lo que necesitaba es el andar pausado de las criaturas viejas y sabias.

Imagen: Pixabay.

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