Los `60 y la fragilidad
“En los años Sesenta, en quien los ha vivido teóricamente, esto es, verdaderamente, ha parecido entrever, con la mente en aquellos modelos, un punto de ruptura, un nuevo pasaje de radicalidad revolucionaria, pero fue una falta de visión desde el punto de vista cultural, una ilusión óptica: eran demasiado frágiles las fuerzas materiales y de inconsistente calidad los sujetos del pensamiento. Y después, en mi opinión, ha faltado el Príncipe” (Mario Tronti, "Dall´estremo possibile", Ed. Ediesse, p. 100).
En su libro "La muchacha del siglo pasado", Rossana nos habla así de "aquellos mravillosos años", la "década prodigiosa" de la juventud más joven: "Los jóvenes ya estaban perdidos. Era demasiado fácil ver lo frágil que era el levantarse de una generación que no se oponía , como nosotros, a la “reacción“ sino a la entera arquitectura del sistema capitalista – nosotros decíamos derecho al estudio, ellos asaltaban la escuela como formadora del consenso, nosotros decíamos derecho al trabajo, ellos quería el fin del asalariado, nosotros queríamos más justicia distributiva, a ellos no les importaba el consumo -. El mundo les había aparecido de golpe tal como era, como quien apenas había olido Marx sabía que era. Era la primera ola que contestaba al progresismo” (Rossana Rossanda, “La ragazza del secolo scorso”, Ed. Einaudi, 2.005, p. 348).
Muy impregnado de `68, el radicalismo movimentista de izquierdas, obsesionado con la horizontalidad y la indefinición de sujetos, es definido con precisión en el libro de Peppe Provenzano "La sinistra e la scintila" ("La izquierda y la chispa"). Veamos: “También la palabra “radical” perdió su significado. Volatilizó al enemigo en el “Poder” y en las “dinámicas imperiales”, se perdió en las retóricas movimentistas, cultivando un culto estético de la “resistencia”, ocultándose en una burbuja de lenguajes y discursos políticos incomprensibles para la mayoría, hasta la irrelevancia. La izquierda “radical” se convirtió en inservible por el rechazo del desafío del gobierno, cometiendo el mismo error que los populistas, también de aquellos que se pretenderían “demócratas” o de “izquierda”, a la Laclau. El gobierno de la complejidad requiere de competencias, profesionalidades maduradas en un poceso de formación que debe ser inclusivo pero al que deben seguir la selección y la legitimación en las organizaciones sociales. Requiere partidos, élites autónomas, cadenas de mando, sin las cuales la política, en tanto sea “popular”, en tanto “carismáticas”, que sean su liderazgo, está expuesta siempre a una subalternidad real en relación a los portadores de conocimientos técnicos, a las burocracias públicas y personales, nunca neutrales por cultura política y referentes sociales” (Giuseppe Provenzano, "La Sinistra e la scintila", Ed. Donzelli, 2.019, p. 193).
Herbert Marcuse. Aquel ídolo del `68.
"Marcuse no es un filósofo de la libertad. Su concepción de libertad, que se identifica con el no ser reprimidos, se capta sólo entre renglones en sus textos. Marcuse es un filósofo de la liberación", nos dice Paolo Missiroli en un artículo publicado en la revista italiana PANDORA el 26-4-2.015 y que puede verse en este enlace íntegramente (en italiano): https://www.pandorarivista.it/articoli/contro-la-chiusura-marcuse-contemporaneo/. "Contra la clausura. Marcuse contemporáneo", podría traducirse.
Norberto Bobbio decía que existen dos modos de pensar la política: como consejeros del príncipe o como teóricos de la liberación. Marcuse no debe interesar a quien aborde la política como elaboración y consejo al servicio del "Príncipe"; a Marcuse no le interesa el modo en que gestionar el poder, este no es su tema. "Eros y Civilización" aborda su debate con Freud: el vienés entendía que toda civilización se basa en la represión de ciertos instintos. Son los de "Eros"; si se deja a este operar con libertad, destruiría la sociedad. Con un Eros libérrimo no es "pensable" una Civilización. Por tanto, es necesario organizar el trabajo social de un modo rígido para enfrentar la "escasez".
Pero sentada esta premisa, hay una represión posterior para mantener la desigualdad a través de una ideología de dominio. Aquí, Marcuse se centra el el elemento "cuerpo", lo que nos constriñe a la "individualidad". Los sentidos son gobernados por el principio de placer (espacio en el que la relación humana escapa a la "alienación"). Es lo sensorial lo que nos permite pensar como "juego" el trabajo. La propuesta del berlinés es, entonces, vincular la alienación de que hablaba Carlos Marx a lo "biológico". La "sensorialidad" del hombre es indomable tanto para el capitalismo como para el llamado "socialismo real" (por él llamado "socialismo burocrático", que con profundidad disecciona en "El marxismo soviético").
A medida que el hombre conoce más y controla más la naturaleza (satisfaciendo las necesidades con poco esfuerzo), más injustificable se hace la represión sistémica. Y aquí nace una genuina propuesta/visión de H.M. (figura de referencia para tantos en el Mayo del `68 parisino): sólo partiendo del desarrollo técnico es concebible una radical transformación de la sociedad. La represión hace ver su cara ideológica cuando la exigencias de la realidad no la sostienen.
Para Marcuse, verdaderamentee, también la sexualidad, cuando se desaliena, es distinta. La sexualidad genital céntrica y pronográfica, el hacer un "objeto" del cuerpo femenino, no es "apertura" sino señal de represión.
"Marcuse, con todos sus límites, nos permite repensar una política diferente, razonar de una manera diferente sobre la relación entre las clases y los movimientos sociales y políticos, pensar en sentido íntegro el capitalismo también desde un punto de vista filosófico; obviar determinados problemas que desde siempre le afectan al pensamiento marxista, como la escasa consideración del individuo (sin caer en el liberalismo), o considerar la naturaleza un mero objeto de uso, la ampliación de la lucha más allá de las clases trabajadoras". Así se expresa Paolo Missiroli en un artículo titulado "Contro la Chiusura. Marcuse contemporaneo", publicado en la revista italiana PANDORA el 26-4-2015: https://www.pandorarivista.it/articoli/contro-la-chiusura-marcuse-contemporaneo Marcuse, luego, para el autor del artículo, es un buen complemento que cubre agujeros (evidentes) del marxismo, lejos de visiones reduccionistas desde un marxismo "ortodoxo" de lo que el berlinés postuló. Posiciones reduccionistas que en realidad, más allá de la ortodoxia partidaria nunca desactivaron la creatividad e independencia del marxismo occidental nacido en contextos de libertad política. "Un marxismo dialéctico: próximo a la dimensión fenomenológica y a la dimensión cotidiana, individual; anti-autoritario en su esencia más propia; próximo al Marx de los Manuscritos vistos cómo paso previo de lectura del Capital. Es esta una tradición a la que conviene volverse si se quiere buscar pensar politicamente el presente y el problema de la actualidad del marxismo y del mismo Marx". Así defiende y reivindica Paolo Missiroli el legado marcusiano como algo a incorporar a la cotidianeidad de nuestro días.
Marcuse hacía ver la dificultad de fundamentar la revolución sobre el proletariado ocidental, poniendo la primera piedra (o al menos una piedra) de un ecologismo con potencialidades anti-capitalistas, entre otras cosas. Un pensador de la REVOLUCIÓN. ¿Pero liberación para qué? nos preguntamos". Porque los discípulos tantas veces no mejoran (reducen) a los maestros. Lo "verde" como sustituto de lo "rojo" – convertido en ideología - no lleva a ninguna parte (a ninguna parte de liberación), y los sujetos que en los `60 se reivindicaban como sustitutos del proletariado .... tantas veces nos han llevado a consecuencias indeseadas y contraproducentes. Sujetos fuertes y sólidos, nos parece lo necesario para reivindicar no que otro mundo es posible, sino que otro mundo es necesario. Pero el berlinés, sin duda, es una referencia a tener presente como complemento .... como tantos autores más útiles para entender la realidad que por las propuestas políticas que del mismo se han derivado (o se han hecho derivar).
Fracaso.
En una interesantísma entrevista concedida a REPUBBLICA el 28-9-2.104, que lleva por título "Soy un derrotado, no un vencido. Hemos perdido la guerra del `900", Tronti expresa con franqueza y claridad lo que le suscita el `68. Veamos:
¿Dónde ha fracasado el `68?
Ha habido dos caminos, ambos equivocados. Por un lado se ha radicalizado de modo inútil y perdedor derivando en terrorismo. Para mi, que soy un apasionado de lo trágico en la historia, allí he visto la inutilidad y la insensatez de la tragedia.
¿Y por el otro?
Al final, el 68 fue el gran recambio de la clase dirigente. La carrera para situarse en el establishment.
No era cierto lo que pensábamos. Los obreros querían el aumento salarial, para nada la revolución. Fue una de las razones que me empujaron a descubrir las virtudes del realismo político.
¿Fue un adiós a las ilusiones?
Veíamos rojo. Pero no era el rojo del alba, sino el del crepúsculo".
Sobre la derivación "terrorista" habla Berlinguer en "La Passione non é finita", un libro en el que se contiene textos suyos y una entrevista a él. El terrorismo de izquierdas naciera en Italia a comienzos de los `70, pero sus raíces más profundas derivan de los convulsos acontecimientos de finales de los `60, también (y mucho) en Italia. El onorevole comenta así las ramificaciones del femómeno y su perjuicio a la acción social: "Que infiltraciones terroristas se hayan dado en algunas fábricas hemos sido nosotros los primeros y, durante largo tiempo, los únicos en decirlo. Nuestro compañero Guido Rosa fue asesinado precisamente porque había revelado esto" (Enrico Berlinguer, "La passione non é finita", Ed. Einaudi, p. 153).
Puede verse la entrevista completa aquí: (https://www.repubblica.it/cultura/2014/09/28/news/mario_tronti_sono_uno_sconfitto_non_un_vinto_abbiamo_perso_la_guerra_del_900-96906364/)
Imagen: Pixabay.

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