Horizonte
“Se con certeza que la contraposición frontal entre estos dos horizontes grandemente humanos ha sido un desastre para la modernidad, que el actual cada vez más degradante malestar de civilización, nos pone cotidianamente ante los ojos. Aquí, sí, el Novecento tiene sus culpas, recíprocamente distribuidas entre las dos partes, en haber transformado una diferencia en una incompatibilidad. Me convence por lo que respecta a mi parte – el moderno movimiento obrero – , la tesis fuerte de Luigi Pareyson, según el cual hacía falta elegir de un modo distinto, desde el inicio, entre Feuerbach y Kierkegaard. Haber elegido, con Marx, el primero en lugar del segundo, ha sido una desgracia. Incalculable, a día de hoy, también para la más desenfrenada de las imaginaciones, las consecuencias. Pero, como he dicho, y lo repito, es necesario hoy poner sobre el tapete las hipótesis más subversivas para pinchar la nube de polución que oscurece el conocimiento del pasado ….” (Mario Tronti, Dello spirito libero”, Ed. Il Saggiatore, p. 151).
La construcción del socialismo fue niño nacido prematuramente. En un corto periodo de 8-9 meses Rusia vivió dos revoluciones .... demasiado salto pasar (casi sin transición) del tzarismo a la construcción socisliata sin décadas, al menos, de experiencia liberal-democrática.
En “Repetir Lenin”, Slavoj Zizek pone el acento en la brecha que existe entre la etapa leninista y la de Stalin en lo referente al terror. Este era admitido abiertamente en la época de Vladimir Ilich, permitiéndose alguna vez Trotsky alardear de ello. Frente a ello, el terror staliniano era un “suplemento tenebroso y obsceno", nunca reconocido, del discurso oficialista. La gran época terrorista de Estado fue 1.936-37 cuando la Constitución de 1.935 precisamente pretendía suponer la estabilización del régimen y cierta vuelta a la normalidad: "se retiró la suspensión de los derechos civiles de todos los estratos de la población (Kulaks, ex capitalistas), el derecho de voto se hizo universal, etc". Con el enemigo de clase ya vencido, el "alma" constitucional era el asumir que la soviética ya no era una sociedad de clases, y el Estado era del "Pueblo" en su conjunto. Por tanto, los acusados de opositores al régimen eran "enemigos del Pueblo", a expulsar de la humanidad (Slavoj Zizek, "Repetir Lenin", Ed. Akal, pp. 76-77).
Imagen: Pixabay.

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