De rutas(s) por Madrid
(I). Calle Mayor: sabor del viejo Madrid.
Vídeo:
http://www.youtube.com/watch?v=2rSHohsTo2k&w=420&h=315
En el centro de Madrid, formando parte del Madrid histórico y añejo, desembocando en la célebre Puerta del Sol, la “Plaza Mayor” va de la mano y está íntimamente ligada a la historia de la ciudad.
Zona ya muy popular y con mucho ambiente en el Siglo XVII, eran célebres sus lonjas y los mercados llamados covachuelas. Representativo de cierto Madrid genuíno, es un verdadero placer recorrerla a pie y desembocar en ese auténtico emblema de la ciudad que es la “Plaza Mayor”.
Asociada a acontecimientos históricos - como el atentado contra el rey Alfonso XIII - permanecen abiertos establecimientos comerciales y otras edificaciones con un indiscutible sabor a antiguo, como es el caso de la pastelería “La Mallorquina”, la “Casa Cordero”, el Gran Bazar “La Unión” o el “Café Lisboa”. También es recomendable hacer una parada para beber y/o comer algo en la Cervecería “Cruz Blanca”.
Otros lugares dignos de mención son la Casa del dramaturgo Calderón de la Barca - una de las casas más estrechas de la Villa y Corte - y el Palacio de los Duques de Uceda.
Madrid con sabor, con historia, tranquilo y alegre, vivo y melancólico. Un rincón como para no perdérselo.
(II). “Pateando” las proximidades de la Gran Vía madrileña.
Decía un antropólogo, el catalán Manuel Delgado, hace ya muchos años en un programa radiofónico conducido por Julia Otero, que “todo enamorado es un merodeador”. Así es, inevitablemente. Uno, concretamente, ama las grandes ciudades, la libertad de esa multitud (¿amorfa, tal vez?), dispar, diversa y divergente. Irreductible.
Hace ya tiempo que había puesto el ojo a Madrid. Para pasar un fin de semana largo, como así hice, aprovechando la festividad de San José.
Sólo recordar esas mañanas de soleado comienzo de primavera en la Gran Vía. Y sus cercanías. Lo decía Sabina en su fenomenal “Caballo de cartón” (https://www.youtube.com/watch?v=nQb77o6Vw3s), rememorando (curioso también él) los paseos en metro para encontrarse con alguien: Tirso de Molina-Sol-Gran Vía-Tribunal.
Arrancando del Templo de Debod, contemplar el Palacio Real y la Almudena, internarse en la “Calle Mayor”, ese Madrid-Madrid de Villa y Corte, detenerse a comer en “La Cruz Blanca”, entrar en el Mercado de San Miguel, entregarse a la vida de la Plaza Mayor, recrearse en “Sol” - Plaza centro de tantas cosas - y abordar con alegría la Calle de Alcalá.
O, atravesando la Gran Vía, empaparse de la vitalidad de Fuencarral, dejándose finalmente caer en Chueca, no sin antes cenar en calle “Infantas”, en la Pizzeria Vesuvio, con excelentes platos italianos y un ambiente y atención espléndidos.
Madrid de Galdós, de Tierno, de Sabina, de Umbral. Madrid que se hace querer. Que apetece saborear. Misión cumplida. No es un adiós, es uno hasta luego.
Imagen: Pixabay.

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