Burgués

 



- “Y veamos qué ha sucedido. Ha sucedido que el bourgeois se ha comido al citoyen, lo privado se ha comido lo publico. La economía se ha comido la política, las finzanzas se han comido la economía, por tanto el dinero se ha comido al Estado, la moneda se ha comido Europa, la globalización se come el mundo(Mario Tronti, “Dello spirito libero”, El Il Saggiatore, p. 226).

- “…. la estructura del carácter social de la baja clase media. Este era marcadamente distinto del de la clase obrera, de las capas superiores de la burguesía y de la nobleza anterior a 1914. En realidad, hay ciertos rasgos que pueden considerarse característicos de esa clase a lo largo de toda su historia: su amor al fuerte, su odio al débil, su mezquindad, su hostilidad, su avaricia, no sólo con respecto al dinero, sino a los sentimientos, y, sobre todo, su ascetismo. Su concepción de la vida era estrecha, sospechaban del extranjero y lo odiaban; llenos de curiosidad acerca de sus amistades, sentían envidia hacia ellas y racionalizaban su sentimiento bajo la forma de indignación moral: toda su vida estaba fundada en el principio e la escasez, tanto desde el punto de vista económico como del sociológico(Erich Fromm, “El miedo a la libertad”, Ed. Paidós, p. 206).




Empezando por las fuentes.

Nos vamos a la mitad del Siglo XX, al mismo Marx, que en el Manifiesto escrito con Engels, nos hablaba de la burguesía como clase en estos términos: La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación, lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad” (Marx y Engels, "Manifiesto Comunista", El viejo topo", p. 41).

Y, sobre la propiedad, una relevante idea sobre un concepto que ha dado pie (con frecuencia quizá muy interesadamente) a equívoco: la propiedad. “El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa” (Marx y Engels, "Manifiesto Comunista", El Viejo Topo, p. 43).

Y ahora saltamos a la Italia del XX para escuchar la voz de Pasolini: La intolerancia hacia la burguesía ha tomado en mí actitudes extremas últimamente; mientras que los lugares y las almas donde veo rechazado el pensamiento burgués gozan de mi simpatía. Las relaciones que yo tenía con los sacerdotes en esa época eran de este tipo: todos, de alguna manera, excluían a la burguesía. Donde se habla de Dios, aunque sea para mostrar su incredulidad, no está la burguesía. Ella va a misa. Con su ficción hipócrita, con su fosilización de los humanos, con su opresión patológica de la ansiedad social, con su terror a todo lo que pueda poner en peligro sus normas y privilegios, está ausente. De inmediato se establece un entendimiento entre un marxista y un creyente que devuelve el materialismo burgués a su triste realidad. Y, como dices, estos entendimientos aislados pueden ocurrir en todos los niveles posibles …. (Pier Paolo Pasolini, "Las bellas banderas", Ed. Planeta, pág. 212). Publicado el 29-10-1964)

Presentismo.

El Profesor Tronti responde a esta pregunta de Micaela Cuesta, sobre el "capitalismo como religión", en la entrevista titulada "Pensar en el largo plazo y actuar en el corto (https://www.revistaanfibia.com/pensar-a-largo-plazo-y-actuar-en-el-corto/):

En un ensayo muy breve Walter Benjamin habla del “capitalismo como un culto sin dogma” para aludir, entre otras cosas, a esa preeminencia del presente a la que usted también refiere. Bajo su imperio parecen combinarse escepticismo, nihilismo y fin de la utopía.


Las imágenes de los santos se reflejan en los billetes emitidos por los bancos centrales. El espíritu del capitalismo sopla donde quiere, a través del dólar, el euro, el peso.

¿Culto sin dogma? Esto aquí no lo diría así. Si el nuestro es pensamiento crítico, aquel, no de nuestro adversario genérico sino de nuestro específico enemigo de clase, es pensamiento dogmático. La dictadura del presente no contempla ni memoria del pasado ni proyecto de futuro. El único pasado y el único futuro admitidos son el pasado y el futuro de su presente. El dogma es la in-modificabilidad del estado actual de cosas, esto es, para entendernos, la actual relación de fuerza que garantiza el dominio de quien está arriba respecto de aquellos que están abajo.

(….)

La crítica de la ideología burguesa radica en desenmascarar aquel interés general como un interés parcial. El pensamiento crítico de la izquierda moderada, reformista, progresista, está siempre tentada de presentarse a sí misma como aquella que mejor defiende el interés general. Así llega al gobierno y se encuentra gestionando, cuando le va bien, con algunas mejoras, todos los mecanismos objetivos de la estructura presente y dominante. De esta manera expresa subalternidad, en lugar de hegemonía. Es preciso, en cambio, contraponer un interés de parte real a un interés general ideológico".

Ya no compramos objetos, compramos status ...., y en definitiva, el objeto de nuestra propia vida, como Zizek lúcidamente expresa en su "Repetir Lenin: "La lógica del intercambio mercantil accede a una especie de identidad hegeliana autorreferente: ya no compramos objetos, en última instancia compramos (el objeto de) nuestra propia vida. La idea de hacer del propio sí mismo una obra de arte que expresara Michel Foucault cobra así una inesperada confirmación: compro mi buena forma física acudiendo a un gimnasio de fitness, compro mi iluminación espiritual asistiendo a cursos de meditación tascendental, compro mi imagen pública acudiendo a restaurantes frecuentados por personas con las que quiero que se me asocie" (Slavoj Zizek, "Repetir Lenin", Ed. Akal, p. 102).



Imagen: Pixabay.

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