Bob Marley, Etiopía, Jamaica, rastafaris, Milano, Judaísmo

 


 1) DONDE QUERÍA MORIR BOB MARLEY.

Publicado en la revista italiana de geopolítica LIMES -fragmento de “Il circuito delle mafie”- el 11-5-2016. Traducido por Administrador, el original puede verse aquí:

http://www.limesonline.com/dove-bob-marley-voleva-morire/77308?refresh_ce

GIORGIO BATTAGLIA.

La tierra prometida de los rasta está en la pequeña ciudad etiope de Shashamane. Aquí vive la comunidad de los soldados de Jah, procedentes de todo el mundo y devotos de Hailé Selassié. Del verbo revolucionario de Marcus Gravey a la divinización del ex emperador.

(de GIORGIO BATTAGLIA).

Nací en Kingston, Jamaica, exactamente en Jameson Street, en el ghetto de Waterhouse. De jovencito, cuando tenía aproximadamente 17 años, he conocido la fe rastafari, con su mensaje de retorno a África. Aquellos eran para mí tiempos …. una época revolucionaria. Fue un gran desafío, pero nosostros estabamos dispuestos, sabíamos que éramos los soldados de Jah. Habríamos ido aún a costa de dormir sobre los árboles, porque teníamos un deber, este deber a cumplir. Así aceptamos el desafío. Ha sido duro, pero estamos todavía aquí.

(Ruel “Bunny” Mc Loughlin, Comunidad rasta de Shashamane).

Es una cinta de asfalto delgada, inconexa. Una serie infinita de obras en curso y desviaciones que pliegan la carretera como un intestino. Cuando sales de Addis Abeba te sumerges en un caos indescriptible, primario. Clacsons que no cesan de gritar su propia prisa, polvoreda que entra, impalpable, desde cada hueco de la ventanilla. Y después de 50 km te das cuenta de que ha sido capaz de cubrir cada poro de tu piel. Camiones (italianos) de los años Sesenta que te arrojan encima todo el veneno que tienen en su cuerpo.

Animales, muchos, en busca de comida que esquivan el tráfico. Ejemplo perfecto de adaptación, y piensas …. por qué todos aquí, bestias a dos o cuatro patas, dependen de la carretera.

Y otras almas, muchas. También ellas en busca de comida. Son niños, viejos, harapientos, descalzos, millares de hormigas cada km. Y piensas …. todos dependen de la carretera.

Todo pulsa sobre sus bordes. Animales y almas dañadas, a un par de metros de los vidrios de tu monovolumen.

Recta y después sinuosa, imprevisible, encantadora, justo como la tierra que atraviesas, la Cairo-Capetown Highway une la capital egipcia con Ciudad del Cabo. Sin nunca agrietarse. Frágil y fortísima. Como la misma África.

250 Km al sur de Addis Abeba se corta en dos, como el cuchillo un trozo de mantequilla, la ciudad de Shashamane.

El cartelón oxidado con la cara de Marley sobre el borde izquierdo de la carretera, al inicio de la localidad, es la única evidencia de un lugar que en el imaginario colectivo de tantos representa algo único. Y Shasha, más allá de ese rectángulo de moho al lado de la autopista, es capaz de esconder celosamente su secreto.

Sin nadie que os lleve, es difícil encontrarla, la comunidad rasta de Shasha. Es gente orgullosa. No deben poner carteles, ni banderas. Ninguna indicación. No es un pueblo de vacaciones. Aquí están los soldados de Jah, los “verdaderos” rastafari, aquellos que han renunciado a Jamaica, más bien que Suecia, Alemania o Trinidad, porque creen que Hailé Selassié esté vive y los guía, cada día, con sus enseñanzas. Porque creen que Sasha es la tierra prometida. Porque creen.

Y esto, para ellos, es más que suficiente.

Hace falta atravesar la carretera a la izquierda, en el inicio de la larga llanura del país. Las franjas de tierra roja se cruzan a noventa grados. Niños, vacas, bicicletas, poca gente a pie. Sin alguien que los lleve, es difícil encontrarlos. Aquí no existen los blancos de “lobos disfrazados de ovejas” que infectan Jamaica, solo porque tienen los dreadlocks.

Cuenta Maurice “Des I” Lee, de la comunidad de Shashamane: “En 1.976, cuando llegué yo, Shashamane era un pueblecito de cabañas, y nada más. Pero un pueblo construído sobre una tierra sagrada. Porque en la base de todo, lo sabemos bien, esta tierra fue donada a los negros de los países occidentales que habían ayudado a Etiopía durante el momento de mayor necesidad, cuando el país fue invadido por el ejército fascista de Mussolini”. “Justamente en 1.935”, explica, “Su Majestad hace un llamamiento a la que entonces se denominaba Sociedad de Naciones. Nadie estuvo dispuesto a ayudarlo. Pero nosotros, al principio pocos, después cada vez más, nos unimos, apoyamos a Etiopía materialmente, personalmente y económicamente: y en 1.948 el emperador donó esta tierra a todos aquellos que deseaban volver a Etiopía. Así fue. Se trataba de una oferta, una oferta que nosostros los rastafaris hemos aceptado”.

Es una historia fascinante y controvertida, aquella que relata el hilo rojo que une Jamaica y Etiopía, negros africanos y negros americanos, y que marca las primeras tentativas de toma de conciencia de los coloured.

Marcus Garvey fue el primero …..

 

2) BOB MARLEY EN SAN SIRO.

Publicado en la web “glistatigenerali” el 24-6-2017. Traducido por Administrador. Original: aquí:

http://www.glistatigenerali.com/milano_musica/bob-marley-e-milano-non-fu-piu-la-stessa-everything-s-gonna-be-alright/

MARCO DELL ‘ACQUA

En toda nación, en toda ciudad, en toda vida, existen eventos que cambian su historia. César que cruzaba el Rubicón, la toma de la Bastilla por parte del pueblo, el asesinato del archiduque en Sarajevo, el final de la Segunda Guerra mundial, la publicación de la Teoría de la relatividad, el 4 de julio y la Declaración de Independencia.

En estos eventos, para uno de mi generación (y también para alguna de las precedentes) ha sido imposible participar.

Afortunadamente existe también la otra historia, la del rock, más reciente pero igualmente rica de fechas importantes, y para estos ha habido una oportunidad adicional.

Música y leyenda de Milano se conjugan en una jornada, única e inolvidable, el 27 de junio de 1980. En aquella fecha Bob Marley (si, aquel Bob Marley) actuó en San Siro.

Nada equiparable había sucedido nunca, en Italia, antes de aquella vez.

Eran años duros, los de plomo, en los conciertos se producían actos de violencia, contestaciones políticas, atmósferas pesadas (los Led Zeppelin, por ejemplo, en Virgorelli, no puideron tocar) y los grandes nombres no venían a actuar en Italia.

El 27 de junio el tabú fue transgredido y 100.000 llamitas, como habría escrito Antonello Venditti, allí estaban esperándolo, en un happening construido por muchos ingredientes: el reggae, el tabaco, el calor, la juventud, la gente, el amor fraterno, el estadio a rebosar, los colores de un verano encendido y calentísimo, pero también lo genuino. No había palcos galácticos y efectos estratosféricos, pero había todo el resto. O, en definitiva, nosotros, el público. Variado y melenudo.

He tenido la fortuna, siendo en aquel tiempo inconsciente, de participar en la historia. Yo estaba y lo de la foto es mi billete. El cupón era para el concierto, pero era también mi pasaporte para la adolescencia; había terminado los exámenes de tercera media una semana antes y estaba allí junto a mi amigo Paolo, entonces éramos inseparables, respirando (pasivamente) humos naturales de diversas nacionalidades: marroquí, paquistaní, maría, afgano, negro, etc. (…..).

Yo no me atrevía a pedir nada a nadie y no sabía exactamente qué eran todos aquellos nombres, aquellos castillos, aquellos billetes de tren enrollados, todos estos mapitas. Aunque cada uno de los espectadores tuviese en sus manos alguno de ellos. Veía individuos que estaban presentes físicamente, mientras no se entendía donde terminaban sus facultades de distinguir.

Bob, para todos, era una especie de divinidad, entre lo laico y lo religioso, y fumaba, y su presencia parecía poder absolver a todos aquellos que lo estaban haciendo en aquel mismo momento.

La participación en aquel concierto fue un verdadero rito de pasaje antropológico. Una educación sentimental. Mi vida del día después cambiaría, me esperaban el instituto y el Milan in B.

Aquella exhibición ha permanecido impresa de tal modo en la historia de Milano que, si debiese creer a todos aquellos que en los años sucesivos han dicho que participaron, no llegaría toda la llanura padana para meterlos a todos.

Estaba en el campo a pocos metros del palco, allí estuvieron toda la tarde y desde allí he visto a Roberto Ciotti (aquel que después escribió músicas de Marrakech express), Pino (Daniele) en su mejor periodo, el de Nero a Metà y de “E fermati un momento e dimmi dove sei, io vado controvento e non ti aiuterei” y el grupo funky Average White band.

La jornada era infinitamente larga y la oscuridad, y con ella Bob, no llegaba nunca. Luces apagadas, rumor de sottofondo y después el estruendo: Medusa Marley and The Wailers estaban en el palco, todos están enloquecidos y yo, que en aquel tiempo no era tan alto, debía abandonar el caos del césped. Desde las tribunas estábamos más alejados, pero seguros.

África estaba en el centro, los colores llamativos de los vestidos de las I Threes y la música, All friends we have all friends we lost along the way, entrara en los huesos vibraba en la piel.

Todo se desarrollaba con gran orden, pero en todo caso impresionaba la ignorancia (en el sentido de desconocimiento) de parte de los media de aquel fenómeno, ciertamente juvenil, pero riquísimo de implicaciones como el rescate, la paz, el liderazgo de un país como Jamaica martirizado por los enfrentamientos, la protesta, la doctrina Rasta. De todo esto, reconstruyendo la crónica de entonces, no había la más mínima señal.

1980 fue un año de cambio, en San Siro se consumaba algo que era todavía hijo de los años 70, de la contracultura (si queremos buscar etiquetas gruesas), mientras la década siguiente sería la del reflujo y con otros temas sociales en el centro de la escena.

Solo 5 años después se produciría el Live Aid, otra etapa fundamental para mi generación: los dos eventos, muy próximos entre sí, parecen también a años luz de distancia (al menos desde mi punto de vista) si pensamos en la percepción del clima cultural de los dos periodos.

Bob ha marcado las historias personales de todos aquellos que aquel día estaban en el césped y en las gradas, aquella fue su última turnée (triunfal, pero la última); al año siguiente murió de un cáncer en la cabeza. Pero, como Obi wan Kenobi, su muerte lo ha convertido en aun más potente, más grande. Y hoy es amado también para quien no había ni siquiera nacido cuando actuó en Milano. Ninguno de los conciertos que han venido después ha tenido aquella atmósfera inmanente, espiritual, de positive vibrations, única y maravillosa. Y San Siro los ha acogido memorables, como el Boss en el 85, David Bowie, los Rolling Stones con el Campeonato del Mundo, Dylan y tantos otros (en algunos de ellos estuve presente), pero como aquel ninguno jamás.

Y el único por el que tengo el orgullo de decir yo estaba es, para mi al menos, el de Bob Marley de Trenchtown.

 

Bob Marley en Italia: https://www.youtube.com/watch?v=yOCNETfT_hw

3) LA NIETA DE BOB MARLEY.

Publicado el 10-8-2.018 en la web de MOSAICO (Comunidad judía de Milano). Traducido por Administrador, puede verse el texto en italiano aquí:

http://www.mosaico-cem.it/cultura-e-societa/personaggi-e-storie/nipote-bob-marley-bat-mitzva

ROBERTO ZADIK.

¿Qué tiene que ver la familia del gran Bob Marley y su hijo con el mundo judío? A primera vista no parecería haber vinculaciones. Pero sin embargo ya esta “leyenda del Reggae” -muerto con solo 36 años, el 11 de mayo de 1981, por un tumor en el cerebro y que pasó a la historia por su carisma en vivo y canciones como “No woman no cry”, “Is this love” y “Redemption song”- parecía estar muy fascinado por el judaísmo aunque fuese de una cultura rastafari. Títulos como “Exodus”, “Iron Lion Zion” y aquel símbolo “Hay” que en algunas imágenes puede verse en su cuello, son detalles interesantes y algunos chismes sostienen que tenía un padre inglés de origen judío sirio.

El “judío” Ziggy Marley.

Pero esto no vale para su hijo Ziggy, cuyo verdadero nombre es David Nesta Marley porque, según el “Times of Israel”, la mujer Orly Agai es israelí de origen persa y que en estos días, sábado 4 de agosto, ha celebrado el Bat Mitzvá de Judah Victoria, su hija mayor, en una sinagoga de Jerusalém, junto a amigos y parientes. Pero como gran músico, lo ha celebrado también antes con un fabuloso concierto.

El pasado 31 de julio, el músico, que cumplirá 50 años el próximo 17 de octubre, se ha exhibido en un triunfal live en Tel Aviv, en el Barby Club, ante millares de fans que lo adoraron. El heredero del legendario papá Bob, ha aparecido en el palco saludando a la multitud con un “Shalom Tel Aviv”, interpretando tanto los clásicos reggae como, sobre todo, las canciones recientes, como “I wild be glad” (Seré feliz) de su último trabajo “Rebellion Rises”, su séptimo álbum, calurosamente acogido por la crítica. Poco antes (…) había tocado en Alemania ante un amplio público y sobre el palco israelí fue capaz de replicar el mismo brío, amenizando al público con improvisaciones y gran energía.

Vencedor de varios premios y reconocimientos a lo largo de su carrera comenzada en los años ‘80, cuando cantaba “Tomorrow people”, Ziggy Marley tiene siete hijos, 4 de religión judía (…) y otros tres tenidos con otra pareja, y parece estar muy ligado a Israel, no solo por vía de su mujer, sino también porque es la cuarta vez que está en el Estado Hebraico. Autor original e idealista, como su padre, entusiasta pero también reflexivo, en su performance israelí ha cantado éxitos como “See Dem Fake Leaders” (Mirad a estos falsos líderes) y la vivaz “World Revolution” (Revolución Mundial). “Nosotros, gente del mundo, queremos hacer algo que cambie el mundo para mejor”, ha gritado en su actuación, interpretando después una bella canción como “Love is my religion”, con algunas notas de “All You Need is love”, de los Beatles. Pero no únicamente canciones nuevas y de producción suya, sino también clásicos paternos, pues siempre estuvo muy ligado a su padre, que murió cuando él tenía 13 años, como “One love”, mezclando música y discursos políticos, ideológicos y religiosos. “Solo aquellos que realmente creen verán realizados sus sueños, que la paz triunfe sobre los males del mundo”, ha anunciado esperanzado, especificando que la fe es muy importante para él.

En relación con esto, el sitio Jewcy.com cuenta varios detalles sobre el matrimonio entre la estrella y su mujer, que vive en Los Angeles desde los 14 años y que ahora se ocupa de administrar la carrera del marido. En una entrevista citada por el sitio y aparecida en 2011 en Ynet, Ziggy Marley habla de su fascinación por el judaísmo y de como “debo respetar las fiestas judías también porque no tengo elección”, ha dicho bromeando. Para añadir seriamente: “me gusta todo del judaísmo, porque mantienen vivas las tradiciones y esto no sucede en otras culturas”. También ha hecho notar que bastante antes que su mujer, por medio de su padre, de cultura Rastafari, conocía los textos bíblicos quedando, cada vez, profundamente impresionado.

Imagen: Pixabay.

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