Algunos escritos sobre francesas/es y su relación con el mundo judío (e Israel)

 


 

(1). Simone de Beauvoir.

De nombre “Simone", autora de de - entre otras - “El Segundo sexo” o "Una muerte muy dulce", fue pareja del director de cine judío Claude Lanzman - a quien le debemos títulos tan sugerentes como Shoah y El último de los injustos – por siete años.

Dirigida por Claude Goreta, Sartre, l’ade des passions (“Sartre, años de pasión”), relata las vivencias de Sartre y de Beauvoir centrándose en los años 60, con acontecimientos en los que se vieron implicados (y comprometidos) como la lucha por la independencia de Argelia, la oposición al gaullismo, o el proceso revolucionario cubano, visitando también la Unión Soviética. En la misma, el autor de “Crítica da razón dialéctica” le confiesa a su amante rusa que siempre había tenido una relación muy especial con las mujeres hebreas.

Aunque - cuando esta gente había vivido - estaban lejos conceptos como “Intifada” . El tema es que el 14 de marzo de 1.967, la izquierda israelí estaba excitada. Llegaban a Israel (poco antes de que se desatase la llamada “Guerra de los 6 días”) Sarte y Beauvoir. Constancia del acontecimiento lo deja una célebre foto del momento, acompañados de Avraham Shlonsky (ganador del “Premio Israel” de literatura en 1.967) y Leah Goldberg (también escritora).

Sartre había escrito sus “Reflexiones sobre la cuestión judía” en tanto su “Retrato de un antisemita” debe seguir considerándose un texto referencial, escrito en el país de Dreyffus (y de Emile Zola):

https://grietaenelmuro.wordpress.com/2010/08/09/retrato-de-un-antisemita-jean-paul-sartre/


¿Y el castor? ¿Que decía el castor de Israel? ¿Que pensaba? Dejemos que hable ella*:

No baso los derechos de los israelíes - careciendo de toda inclinación religiosa - sobre su presencia de antaño en esa tierra ni sobre la tradición invocada por muchos judíos; para ellos la situación es distinta: ese nexo quiere decir algo muy profundo: lo sé; muchos judíos se basan en eso. No es sobre eso que yo fundamentaría los derechos de Israel, sino, como lo hicieron muchas gentes de izquierda y en particular Brecht en “El circulo de tiza” que es una hermosa pieza teatral, sobre el hecho que la tierra “pertenece al que la hace mejor”, es decir de quien la trabaja …. ellos fueron quienes la trabajaron, quienes afincaron en ella sus familias. Sobre esta tierra vivieron, a ella se vincularon justamente por su trabajo, por todo lo que en ella hicieron, por los niños que sobre ella criaron. En lo que a mí respecta, no siento ninguna necesidad de buscar otras razones. Para mí, esa es la razón fundamental por la cual ellos tienen el derecho y deben vivir sobre esa tierra, y ya no nuevamente como una minoría más o menos oprimida, sino sintiéndose en casa, viviendo sobre una tierra que les pertenece.

Palabra de mujer.

Recientemente, la prensa se hizo eco de unas declaraciones del cantante brasileño Caetano Veloso, que junto a su colega y compatriota Gilberto Gil declinaron sumarse al boycot contra Israel y actuar en aquellas tierras. Veloso declaraba que “No consideramos ni por un momento cancelar nuestro concierto en Israel. Nosotros amamos Israel y estamos contentos de actuar en un lugar donde hay esperanza de paz”. Aludía también al “castor” en justificación de su actitud: “Sartre y Simone de Beauvoir murieron pro-israelíes”.

La fuente es “Dispersión y Unidad, Reseñas y ensayos sobre los problemas contemporáneos del Pueblo Judío”, OSM, Jerusalén, 1976. También “Simone de Beauvoir e Israel”, en Diario Judío, de David Malowany.

 

(2)    Albert Memmi. Un filosofo indignado.

Publicado en la web HALEILAH (Comunidad judía de Torino).Traducido por Administrador, el original puede verse aquí:

http://www.hakeillah.com/2_14_06.htm

SARA GOMEL.

Musée d’art y d’histoire du Judaïsme, París: un museo magnífico que cuenta la historia de nuestro pueblo, de nuestra religión, de nuestra cultura. Pero las grandes salas de este edificio oculto entre las rues del Marais no albergan únicamente exposiciones temporales y colecciones permanentes. Cada semana, el calendario es rico de encuentros, presentaciones, conferencias. Cuando descubro, con meses de antelación, que Albert Memmi estará presente en el curso de una conferencia dedicada a su obra, sólo la idea de poder escuchar con mis oídos las palabras de un personaje que pertenece a aquella categoría de los grandes hombres en vías de extinción, me electriza. Y fue así como la apasionada lectora que soy, que creía ingenuamente que la un tal nombre no le correspondiera más que una cara, que Memmi no viviera ya desde hace años, se encontró frente a un señor anciano de apenas 93 años, que con increíble despreocupación y lucidez, contó modestísimas experiencias suyas. “No hice mucho, enseñé un poco, escribí algo”, dice entre las carcajadas cómplices de los espectadores, con aquella modestia típica de los supervivientes, aquellos grandes personajes que nos están dejando. Presentes en la conferencia, entre otros, acompañando las reflexiones del protagonista, estaban el historiador Georges Bensoussan, uno de los más grandes estudiosos europeos de las cuestiones de antisemitismo y memoria, y Daniel Dayan, experto de comunicación, director de investigación en el CNRS y ex-estudiante de Memmi. Juntos, intentaron reconstruir la figura de un implacable pensador de nuestro tiempo: un crítico, un filósofo y un gran escéptico.

Alber Memmi nació en el 1.920 en Túnez, entonces bajo protectorado francés, en una familia judía de lengua árabe. En Túnez estudia en una escuela francesa, “gracias a la intuición de mis padres”, añade con una sonrisa. Alumno brillante, se apasiona por la filosofía, que estudia primero en Argelia y después en París, en la Sorbonne. Con el pasar de los años, abandonará la abstracción de la filosofía para concentrarse en la psiquiatría social y para dedicarse a su actividad de escritor y ensayista. En 1.957, en una Francia herida por la guerra de Argelia, publica el ensayo que lo hará célebre y que provocará estupor entre los franceses bienpensantes, pero no únicamente en ellos: Retrato del colonizado precedido del retrato del colonizador, en el que el autor analiza las contradicciones internas a la relación de interdependencia entre el oprimido y el opresor. Pero Memmi, en cuanto perteneciente a una minoría dentro del grupo de los oprimidos, se considera como “uno oprimido por los oprimidos”: un hombre cuya misma identidad, en cada tonalidad suya, en cada matiz, estaba destinada a no ser nunca la “justa”. Un hombre que fue siempre y en todo lugar un pensador de la diáspora: “En exilo en el país del que provengo, en exilio para siempre jamás fuera de mi país”. En La estatua de sal, su primera novela, el joven Alexandre Mordekhaï Benillouche, que comparte con el escritor bastante más que únicamente sus iniciales, es un muchacho cuya identidad es desgarrada y plural. Él no puede identificarse plenamente con pueblo alguno, comunidad alguna; su pertenencia está hecha de aterrizajes parciales y de una infinidad de puntos de interrogación: es pobre en un instituto burgués, judío en un mundo antisemita, colonizado en un mundo dominado por los opresores y finalmente africano en un mundo en “que triunfa Europa”. Como escribe Albert Camus, en el prólogo a Retrato de un colonizado, “he ahí un escritor francés de Túnez que no es ni francés ni tunecino”. En este sentido, la identidad puede ser definica sólo negativamente, por medio del “no … no”. “Pero la trampa está en la palabra identidad, precisa el autor, “esta no es para nada idéntica”: Sus personajes reflejan esta desorientación y el dolor de la exclusión; por esto Memmi define su obra como “una autobiografía teorizada”, dado que construyó una teoría a partir de sus experiencias vitales, ideando figuras imaginarias, abstractas, partiendo de fragmentos de la realidad.

Pero también en la desorientación existe un aterrizaje seguro, que constituye la pertenencia más fuerte, más caracterizadora: la judéité, esto es, el hecho y el modo de ser judío. La pertenencia al pueblo judío es ineliminable, indiscutible, a pesar de las migraciones, los desencuentros con la propia comunidad y el encuentro con nuevas culturas. Esta pertenencia, antes de ser una elección y un motivo de alegría, es para Memmi “una condición sufrida y objetiva”, en el sentido de que el judío se define antes que nada como aquel que es identificado como tal por el mundo que lo circunda. Ser judío es también y sobre todo “no ser como los otros” (L’homme dominé). Por esto Memmi fue acusado de ser “pesadamente negativo” al dibujar los rasgos característicos de la pertenencia judía.

Gran partidario de la paz en Israel, Memmi es todavía hoy, a su avanzada edad, un militante, un luchador irreductible que supo cultivar las esperanzas más allá de las simples palabras. En él vuelvo a ver el espíritu y la fuerza del intelectual “engagé”, que ata alma y cuerpo a la causa en la que cree. En definitiva, un filósofo que se sitúa a la altura del hombre, que camina a la par que sus vecinos, con todos los compromisos y las dificultades que esto implica. “Cada temática afrontada por Memmi no es resultado de una elección casual o desinteresada, como cuando se opta entre los platos de un menú”, cuenta Daniel Dayan hablando de su maestro; “en otro caso la ética sería un producto de consumo”. Retomando los estudios del filósofo americano Michael Walzer sobre la figura del intelectual, los estudiosos presentes en la sala discuten sobre el concepto “objetividad”, de "toma de distancia”. ¿Existe una perspectiva mejor desde la que observar las cosas? El intelectual, en su posición, no es diferente del hombre común. Él no es capaz de elevarse a juez externo, a árbitro sin culpas. Como todos los seres humanos, juzga las cosas desde su personal punto de vista. El intelectual está también en la caverna, en aquella caverna en la que Platón colocaba al hombre cualquiera. También él está confinado en la oscuridad, dado que en realidad no existe “la luz”, no existe una verdad única, objetivo inaferrable de tantas investigaciones intelectuales. Y quizá es esto lo que Memmi supo comprender mejor, poniéndose modestamente a trabajar para denunciar las injusticias del mundo.

 

(3). “Arenga por mi tierra” (Herbert Pagani).

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=r3AGNVWEJ4A

Pasando por Fiumicino escucho a dos turistas decir, hojeando un periódico: “Entre guerras y atentados no se habla más que de judíos, que de personas molestas …..”. Es verdad, somos idiotas, son siglos rompiendo el orden del universo. Qué queréis. Es parte de nuestra naturaleza.

Ha comenzado Abraham con su Dios único, después Moisés con sus Tablas de la Ley, después Jesús con la otra mejilla siempre preparada para la segunda bofetada, después Freud, Marx, Einstein, todos ellos seres embarazantes, revolucionarios, enemigos del orden. ¿Por qué?

Porque el orden, cualquiera que fuese el siglo, no podía satisfacerlos, visto que era un orden del cual eran regularmente excluídos; volver a cuestionar, cambiar el mundo para cambiar el destino, este ha sido el destino de mis antepasados; por esto han sido siempre odiados por todos los paladines del orden preestablecido. El antisemita de derechas reprocha a los judíos haber hecho la revolución bolchevique. Es cierto. Había muchos judíos en el 1.917.

El antisemita de izquierda reprocha a los judíos ser los propietarios de Manhattan, los gestores del capitalismo … Es cierto, hay muchos capitalistas judíos.

La razón es simple: la cultura, la religión, la idea revolucionaria por una parte, las carteras y los bancos por la otra, han sido los únicos valores móviles, las únicas patrias posibles para aquellos que no tenían una patria.

Ahora que existe una patria, el antisemitismo renace de sus cenizas, o mejor dicho, perdonad, de las nuestras, y se llama antisionismo.

Primero se aplicaba a los individuos, ahora es aplicado a una nación. Israel es un ghetto, Jerusalém es Varsovia.

Quien nos asedia ya no son los alemanes sino los árabes, y si su media luna se ha a veces disfrazado de hoz era para atraer mejor a las izquierdas del mundo entero.

Yo, judío de izquierda, me sitúo frente a una izquierda que quiere liberar a los hombres a costa de una minoría, porque yo formo parte de esta minoría.

Si la izquierda quiere contarme entre los suyos no puede eludir mi problema. Y mi problema es que después de las deportaciones de masa practicadas por los romanos en el primer siglo de la era común, nosotros hemos sido en todas partes desterrados, aplastados, odiados, despojados y convertidos a la fuerza. ¿Por qué? … porque nuestra religión, esto es, nuestra cultura, eran peligrosas.

¿Algún ejemplo? El judaísmo ha sido quien ha creado el sábado, el día del Señor, día de reposo obligatorio. En definitiva, el fin de semana. Imaginad la alegría de los faraones, siempre esperando una pirámide. El judaísmo prohibe la esclavitud. Imaginad la simpatía de los romanos, los más grandes importadores de mano de obra gratuita de la antigüedad.

En la Biblia está escrito: “La tierra no pertenece al hombre, sino a Dios”; de esta frase emana una ley, la de la extinción automática de los derechos de propiedad cada 49 años. ¿Os imagináis las relaciones de los papas del medioevo y de los emperadores del renacimiento?

No era necesario que el pueblo supiese.

Se comenzó entonces con la prohibición de la lectura de la Biblia, que es devaluada como Viejo Testamento. Después vino la maledicencia: muros de calumnias que se convirtieron en muros de piedra: los ghettos. Después vinieron el índice, la inquisición y más tarde las estrellas amarillas.

Pero Auschwitz no es otra cosa que un ejemplo industrial de genocidio. Genocidios artesanales ha habido a millares. Nos harían falta diez días solo para hacer una lista de todos los pogrom de España, Rusia, Polonia y el Norte de África. A fuerza de huir, de desplazarse, el hebreo ha ido a todas partes. Se extrapola el significado y así somos considerados gente de ningún sitio. Nosotros estamos en medio de otros pueblos como los huérfanos confiados al orfanato.

Yo no quiero ser adoptado, no quiero que mi vida dependa más del humor de mis patrones de casa, no quiero alquilar una ciudadanía, ya he tenido bastante de llamar a las puertas de la historia y de esperar que me digan “Adelante”.

Esta vez entro y grito; me siento en mi casa sobre la tierra y sobre la tierra tengo mi tierra. ¿Por qué la expresión “Tierra prometida” debe valer para todos los pueblos menos para aquel que la ha inventado?

¿Qué es el sionismo? …. se reduce a una sola frase: “el año próximo en Jerusalém”.

No, no es el slogan de algún club de vacaciones; está escrito en la Biblia, el libro más vendido y peor leído del mundo.

Y esta plegaria se ha convertido en un grito, un grito que tiene más de dos mil años, y los padres de Cristoforo Colombo, de Kafka, de Proust, de Chagall, de Marx, de Einstein, de Modigliani, y de Woody Allen la han repetido, esta frase, al menos una vez al año: el día de la Pascua.

Entonces, ¿el sionismo es racismo?

No me hagáis reir. El sionismo es el nombre de la lucha de liberación y como todo movimiento democrático tiene su derecha y su izquierda.

En el mundo, cada uno tiene sus judíos. Los franceses tienen a los corsos, los trabajadores argelinos; los italianos tiene los terroni y los terremotati; los americanos tienen a los negros, los portorriqueños; los hombres tienen a las mujeres; la Sociedad tiene a los ladrones, a los homosexuales, a los discapacitados.

Nosotros somos los judíos de todos.

A aquellos que me preguntan: “¿y los palestinos?” respondo “yo soy un palestino desde hace dos mil años, soy el oprimido más viejo del mundo, estoy dispuesto a discutir con ellos pero no a cederles la tierra que he trabajado. Tanto más cuando allá abajo hay lugar para dos pueblos y dos naciones”.

Las fronteras las debemos dibujar juntos.

Toda la izquierda sionista busca desde hace treinta años interlocutores palestinos, pero la OLP, envalentonada por el capital árabe y las izquierdas europeas, se ha cerrado en un irredentismo que está costando la vida a todo un pueblo, un pueblo que me es hermano, pero que quiere forjar su independencia sobre mis cenizas.

Está escrito en la carta de la OLP: “serán aceptados en la Palestina reunificada solo los hebreos llegados antes de 1.917”.

Llegados a este punto, debo ser solidario con mi gente.

Cuando los árabes me reconozcan, me batiré junto a ellos contra nuestros comunes opresores.

Pero por ahora la famosa frase de Descartes "pienso, por tanto, existo", no tiene ningún valor.

Nosotros los judíos hace cinco mil años que pensamos en ello y nos niegan el derecho de existir.

Hoy, aunque me produzca horror, estoy obligado a decir “me defiendo, luego existo”.

El texto y su contexto.

El texto fue escrito en noviembre de 1.975, inmediatamente después de la resolución de la ONU que consideraba al sionismo una forma de racismo. Se hace público por el autor el 11 de noviembre de 1.975 en “Europe 1”. En abril de 1.976 se emite en la TV francesa. Arriba tenemos la versión italiana.

 

(4). Cohn Bendit. Su judaísmo, Israel y el sionismo.

Daniel Cohn-Bendit, gran icono del Mayo Francés (y posteriormente del ecologismo alemán), fue el proganonista de un documental para la TV francesa en base a su condición de judío. Daniel Cohn Bendit viaja a Israel. La revista judeo-argentina NUEVA SIÓN resumió sus vivencias y reflexiones en un interesantísimo artículo publicado el 9–3-2022:

http://www.nuevasion.com.ar/archivos/32443?fbclid=IwAR2hzsde06IgsGcTou7XuBO8WmNtZdhahJ6puu5bGX5zZXtXqYYuiEvSdaQ

Relatamos lo que nos ha resultado más sugerente del artículo, y del propio documental), siempre en relación con su condición de judío.

1) Cohhn Bendit se interroga sobre el por qué      se siente judío si durante toda su viva no vivió conforme a una tradición hebraica. Dani “el rojo” expresa que son “los otros”  los que lo quieren reducir a esa identidad, “especialmente los antisemitas”. Las palabras que su padre le dijo una vez resultan harto elocuentes: “Dejé Alemania siendo un hombre de izquierdas y regresé siendo un judío”. Lo “convirtió” en judío la guerra.

2) Dani “el rojo” manifiesta que la primera vez que tuvo que asumir su condición de “judío” fue en la época post- Mayo del 68 con su expulsión de Francia. Pero la cantante francesa Talila – que canta en yiddish, y que dice cantar en esa lengua porque es la manera de revivir el mundo perdido con la Shoah – explica que Daniel era perfectamente consciente de su condición

3) Viaja a Israel en 2.109 para preguntarse qué significa ser judío, si la condición representa en su identidad algo que sobrepase lo superficial y si un judío de la Diáspora se siente representado por Israel.

Lo acompaña Ofer Bronchtein. Personaje especial, asesoró tanto a Rabin (entre los israelíes) como a Arafat y Abbas (entre los palestinos), liderando el “Foro Internacional por la Paz y la Reconciliación en el Medio Oriente”. Será su compañero de ruta este hombre, uno de los que tiene los mejores contactos en estas santas tierras.

4) Pero Daniel ya había visitado el país con anterioridad. Su primera vez fue con sólo 17 años, pues su madre lo había convencido de pasar en un kibbuz dos semanas. Más que política, lo que aportó a su vida el kibbutz Harozea, en el norte del país, fue sentimental, pues allí conoció sus primeras experiencias amorosas.

Se encuentra con Naomi Bubis, hija del ex-presidente del Consejo Central de los judíos en Alemania, a la que conocía de su época frankfurtiana, cuando ella era una joven punk, que le expresa que se había mudado a Israel por un “sentimiento de libertad” del que nunca disfrutó en Frankfurt, confesando que “…. como descendiente de sobrevivientes de la Shoá, nunca me pude sentir del todo judía en Alemania; aquí sí”. “Soy una parte anónima de algo más grande”, dice.

5) Una cifra sorpredente: en los últimos años unos 50.000 judíos franceses dejaron su país y se instalaron en Israel. Cohn Bendit se encuentra con 3 inmigrantes de Francia. Una de ellas una maestra de la enseñanza pública que sólo comenzó a tener problemas en Francia al conocerse su condición judía.

6) A Daniel le fascina la diversidad étnica de los judíos en Israel, ejemplificándola en los judíos procedentes de Etiopía, pues más de 35.000 beta israel residen actualmente en el país. Dialoga con Adeno Abebe, un periodista perteneciente a esa minoría. Adeno comenta: “Cuando llegamos aquí no teníamos nada, solo la esperanza. Sueño todos los días que mis cuatro hijos nacidos aquí alguna vez sean aceptados como judíos por el resto de la población. No tenemos un problema educativo o económico, el único problema que tenemos es que somos negros. La primera vez que vi a un blanco pensé que esa palidez denotaba que estaba enfermo. Y hoy, después de 35 años aquí, a veces pienso lo mismo ….”.

7) Visita, acompañado de Ofer Brochtein, la Escuela Hayarden, en la zona Sur de Tel Aviv, un centro compuesto completamente por hijos e hijas de refugiados, charlando con el alumnado, que, mientras asista a la escuela, no puede ser expulsado de Israel . Para Cohn Bendit, la sociedad israelí no se diferencia de otras en lo que respecta al trato a los refugiados Cohn-Bendit termina afirmando que la sociedad israelí no se diferencia de otras en lo que respecta a su trato a los refugiados.

8) Contra lo que pretendía, finalmente accede a visitar Eli, asentamiento en la margen occidental del Jordán, por propuesta de Ofer Brochtein. Rodeado por población palestina, la anfitriona Laly – de origen francés – explica que el asentamiento es parte del Jerusalém bíblico. La visión de esta mujer se expresa claramente en estas palabras: “Para mí no hay diferencia entre sionismo y religión. No hay contradicción entre el sionismo y la religión. Para ser más exactos, no me gusta el término religión, para mi ser judía es una cuestión de nacionalidad. Es ser parte de una nación, no de una serie de prácticas religiosas. El mejor ejemplo de esto eres tú Daniel Cohn-Bendit, que ni siquiera estás circuncidado. Pero, de todas maneras, te guste o no, sos judío”.

9) Daniel re reúne, igualmente, con una madre israelí y una palestina. Las dos perdieron un hijo de resultas del conflicto.  “The Parents Circle Forum” es el grupo mixto que agrupa a parientes de ambas proveniencias: un total de 600 familias que comparten el dolor y la necesidad de buscar la reconciliación.

La postura de Robi – la madre israelí, de origen sudafricano – se expresa perfectamente en el hecho de que cuando unos miembros del ejército le informaron que su hijo había muerto en un checkpoint por los disparos de un francotirador palestino, les dijo con rotundidad: “No los autorizo a matar a nadie para vengar la muerte de mi hijo”.

La madre palestina, Bushra, manifiesta con claridad que no hay una guerra religiosa, sino una guerra por la tierra. DCB les pregunta si pueden imaginar un estado único para israelíes y palestinos.

10) Noah. Daniel se reúne con la internacionalmente conocida cantante israelí., que se niega a hacer conciertos en los asentamientos. La cantante es clara en su postura: “Si, creo que el pueblo judío tiene un derecho a la autodeterminación en el Estado de Israel”. Pero …. “Pero reconozco que para cumplir ese sueño le hemos causado mucho dolor al pueblo palestino. Si ellos nos tienen tanta bronca, debe haber buenas razones. Eso no significa que yo me vaya a ir de aquí. Pero quiero entenderlos para poder construir puentes”. Para agregar: Muchos judíos viven aun hoy en día con un síntoma de estrés postraumático y una cierta paranoia. Viven con el sentimiento de no ser bienvenidos, estén donde estén. Creen que una mayoría de la población mundial aún nos quiere matar a todos. Según ese pensamiento, cuando se presente la primera oportunidad los árabes y los otros antisemitas del mundo nos arrojarán al mar o terminaremos nuevamente en campos de concentración ….”.

11) Daniel expresa su  miedo por todos los pensamientos ortodoxos, incluido el judío. Para enfrentar ese miedo, acude a una yeshivá (escuela religiosa) en el barrio ortodoxo de Tel Aviv: la “Bnei Brak”. Reconoce la simpatía que le causaron los jóvenes alumnos.

Una redactora de una revista ortodoxa le recrimina fuertemente el haberse casado co una no-judía (lo que para ella implica romper con el judaísmo, con la condición de judío); en cada matrimonio mixto se reducen las posibilidades de sobrevivir del pueblo judío. Daniel es igualmente contundente al responder a la recriminación: “Sí, soy un Cohen, una casta sacerdotal dentro del pueblo judío. Supuestamente eso tendría que haber determinado mi vida respetando ciertos principios de pureza, también en mis relaciones sexuales y la elección de mi pareja. Pero yo no seguí esos preceptos, sino lo que me indicaba mi corazón, y todo esto ocurrió sin remordimientos de conciencia. Al contrario, las reglas de la ortodoxia judía son tan anti-femeninas que me dio mucho placer quebrarlas”.

12) Entre Belém y Jerusalém visita el Santuario de Rachel , donde se encuentra con una rabina liberal organizada en la defensa de los derechos humanos: Nava. La rabina le confiesa: “Para mi padre, que conocía todos los textos sagrados de memoria, ser judío significaba levantarse a la mañana con una pregunta y acostarse a la noche con otra pregunta. Significa cuestionarse siempre todo”. Su visión se expresa también con claridad en las palabras que dice a Daniel, sea su visión del judaísmo sea su perspectiva de la relación con los palestinos: “…. los profetas nos han dicho: ni los rezos ni el templo son importantes. Lo importante son las relaciones humanas. Crear una sociedad justa”; y (preguntada si considera esta como “su” tierra) manifiesta “Sí, es mi tierra como también es la tierra de los palestinos …. El tema es encontrar un compromiso aceptable para todas las partes”.

Muy relevante es el intercambio (sobre la cuestión de la “identidad”) entre Daniel y Nava:

D: “Miranos a Ofer y a mí, no practicamos la religión. Como rabina ¿nos considerás judíos?”.

N: “Por supuesto”.

D: “¿Por qué?”

N: “El ser humano es un ente autónomo y cada uno puede decidir qué hace y qué no hace. Yo elegí mi camino, mi manera de practicar el judaísmo y de vivir mi identidad judía. Ustedes se tienen que responder personalmente a esa pregunta. Todas las mañanas y todas las noches”.

13) Por supuesto, Cohn Bendit visita uno de los emblemas de la identidad judía con más carga épica: la Fortaleza de Masada, a orillas del Mar Muerto. Si bien Israel le molesta, y hasta desespera, no puede rechazar su vínculo. Sea en Masada, sea en el ghetto de Varsovia, en la II Guerra Mundial, este pueblo resistió sabiendo que los luchadores iban a morir. Y así, se comenta en el documental, durante décadas los reclutas de las Fuerzas Armadas de Israel prometían simbólicamente sobre la fortaleza que Masada nunca volvería a caer. Pero (dice) “La ocupación se ha convertido en una trampa”.

14) Se reúne con un gran personaje,  Ami Ayalon, para hablar de la seguridad de Israel. El viejo combatiente nació en un kibutz, fue miembro de grupos comando del Tzahal, alto cargo de la Marina israelí, diputado y activista por la paz. Su postura se expresa y condensa bien en estas palabras textuales: “Nosotros estamos combatiendo en 2 conflictos a la vez. En uno tomamos todas las medidas posibles para defender a Israel de potenciales agresores externos, sean estos estados u organizaciones, que nos quieren expulsar de aquí. Esa guerra la hemos ganado y hemos logrado una gran victoria. Pero alguien se olvidó de decírnoslo. Y entonces estamos combatiendo una segunda guerra que no tiene como fin defender nuestras fronteras de 1.967 o respetar el espíritu de nuestra declaración de independencia de 1.948. Combatimos para extender nuestras fronteras cada vez más hacia el este. Para establecer más asentamientos y asesinar a todos nuestros enemigos. Esta segunda guerra definitivamente no es una guerra justa”.

Ofer Brochtein, el anfitrión real en el país para Daniel, y ejemplo (por vida y familia) de la mezccla de tantísimas identidades que hay en tantísimos judíos entra en escena con más que reveladoras palabras: “…. cuanto más mezclados estemos, más felices seremos. Ser judío es para mí ser una mezcla mestiza. Hoy existe aquí una simbiosis peligrosa de religión y nacionalismo. Hemos visto en la historia lo que pueden ocasionar religión y nacionalismo cuando se unen. Eso lleva al fascismo. El grupo al cual el asesino de Rabin se vanagloria todavía hoy en día por lo que hizo. Si ese grupo llega al gobierno, voy a devolver mi pasaporte israelí. Eso significaría que me han quitado mi Israel y mi judaísmo. Ahí yo ya no puedo participar más”.

15) En la parte final del documental, Dani “el rojo” retoma una inexistente conversación con su madre. Esta le dice: “Dany, si buscas tu esencia judía no tiene sentido que solo la busques en Israel. Sí, Israel es y será el lugar elegido para muchos judíos, pero no para ti. Durante mucho tiempo renegaste de tu condición de judío y eso te llevó a conservar algo quizás único: tu manera de vivirlo o no vivirlo se basa en la memoria de tus mayores y en lo que ellos te transmitieron sobre por qué eran judíos. Tus sentimientos, tus miedos son el reflejo de esa herencia. Y también tu compromiso con los DD.HH”. A lo que el protagonista del documental contesta: “Quizás estamos decepcionados con este país porque teníamos expectativas desmesuradas puestas en él. Sufrimos los peores crímenes de la historia de la humanidad, pero eso no nos convirtió en mejores seres humanos. El judaísmo es un desafío intelectual al mundo, no una realidad concreta”.

¡ Shalom !

Imagen: Pixabay.

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