Comunista en el Novecento


 


Digo algo de lo que estoy convencido y sobre lo que no me importa convencer a otros: solo quien ha sido comunista en el Novecento puede vivir hoy hasta el final la condición de espíritu libre. Después, puede vivirse por parte de otros. Espíritos libre los hay, y los ha habido, fuera de aquella experiencia. Pero el haber sido comunista en aquel siglo te deja en herencia un excepcionalismo de práctica espiritual, cotidiana, de la libertad de pensamiento, que no te da, ciertamente, ninguna de las tantas libertades concedidas por los sistemas democráticos. Quien no ha tenido la maquiaveliana fortuna de vivir aquella condición, pienso en las nuevas generaciones, debería apropiarse de ella en el curso de su formación: con un tan excepcional ejercicio intelectual de lucha frente al saber corriente y de auto-liberación del espíritu del tiempo. El espíritu libre es como el reino de Dios. No puede decirse: aquí está o está allí. No atrae la atención. No se puede decir: vendrá al final de los tiempos, o volverá a la tierra de los hombres. El espíritu libre está en medio de vosotros. Es Dios en nosotros. Fuga de los últimos hombres. Pero sin necesidad de otro hombre (Mario tronti, dello spirito libero, Il Saggiatore, p. 293).



Existe nuestro tiempo, pero falta la época: aquella fase que se levanta y permanece para el futuro. La historia se ha hecho pequeña, prevalece la crónica diaria: la charlatanería, el lamento, las banalidades”. Lo dice Tronti en una entrevista de Antonio Gnoli publicada el 28-8-2.014 en la web de REPUBBLICA bajo el sugerente título “Soy un derrotado, no un vencido. Hemos perdido la guerra del `900”, cuyo original puede verse aquí:

http://www.repubblica.it/cultura/2014/09/28/news/mario_tronti_sono_uno_sconfitto_non_un_vinto_abbiamo_perso_la_guerra_del_900-96906364/?refresh_ce

Este bello país, justamente envidiado por tantos, era famoso también por haber tenido el más interminable predominio de aquello que los amigos politólogos llaman one party system. Cuántas veces lo hablé con Mario Calise. En los años setenta, con Rita di Leo, Mario Tronti y Carlo Donolo, habíamos ideado un proyecto de investigación sobre el “partido de Estado”, la D.C., y nadie en aquella época aceptaba una denominación de aquel tipo. El Istituto “Gramsci” lo discutió a fondo con altos dirigentes, acabó por aprobarlo, pero después inevitablemente todo se eclipsó.

Por tanto, los italianos habían aceptado a gusto una izquierda fuerte e influyente, que habían votado en discreta medida; y sin embargo, jamás la habían puesto en el gobierno. A pesar de ello, Italia era percibida como de izquierda. Después, el ciclón de Tangentopoli ha desestabilizado a la D.C. y todos aquellos partidos que le habían permitido estar siempre en el gobierno, incluído el PSI, que la emulaba descaradamente (Aris Accornero, "Ancora il lavoro", Futura, 1.995, p. 155).

Son palabras de aquel a quien Tronti definió como "intelectual de la clase obrera,lúcido e irónico, hablando de Aquella Italia del Novecento.

UNIÓN DE REPÚBLICAS SOCIALISTAS SOVIÉTICAS.

Dos son los más conocidos intentos de hacer a los hombres felices sobre la Tierra, los "sacros experimentos".

Los jesuitas protagonizaron el primero, que opusieron en práctica, en Paraguay, una comunidad igualitaria entre la población indígena. que el poder no podía aceptar.

El segundo tiene como proganonista a William Penn (cuáquero), que crearía en Filadelfia la "Sociedad de Amigos", poniendo en práctica la tolerancia civil y la libertad religiosa. Lo cual tampoco era aceptado por el poder.

En la sovietología deben citarse nombres como Alec Nove y los ingleses Stephen White e Ronald Hill, representantes del academicismo inglés, según los entendidos el menos dado a apriorismos ideológicos y el más dado al rigor científico. En esta misma línea: el estadounidense Jerry Hough

En su libro "Dal potere all ‘ostracismo", Rita di Leo describe como pierde su primacía el P.C.U.S. Sobre el campo, vence la élite económica sobre el Partido y su inmenda Organización de más de 19 millones de militantes, poniendo punto final a la influencia en el país del obrerismo. El obrerismo tenía como expresión pública la gestión popular, y era el resultado de un pacto originario: el que se dio entre la clase obrera y el Partido. Con base en el principio amigo-enemigo, di Leo, tras la victoria de la Revolución, la nueva clase obrera vio como el Partido le pedía entregar la vida a la causa, estando destinada a proporcionar para el futuro el material humano de una nueva élite de funcionarios del Partido, técnicos en la dirección de las fábricas, etc .... una base humana con la vitola de la confianza de los servicios de seguridad.

Así, en las 3 primeiras décadas de existencia de la Unión Soviética, el país fue gobernado por los intelectuales bolcheviques, con un poder aboluto sobre la economía, lo militar, lo local, la ciencia y cultura, etc. Y, conscientemente, ispusiron que sus herederos sería una élite de extracción popular seleccionada y preparada para mandar.

La misma di Leo, en "L´esperimento profano", manifiesta que, si bien es cierto que el obrero soviético no estaba en el poder en la URSS, es igual de cierto que trabajaba poco, "bastante menos que la media de trabajadores en los otros países industriales", aun a pesar de las numerosas reformas puestas en marcha para una organización mejor y más eficiente de la fábrica. Y al fin "En definitiva, la clase trabajadora fue indiferente a la buena salud de la economía y, en consecuencia, no vinculó su condición a la del país, no buscó mejorarla, fortalecerla, no actuó como suele hacerlo una clase dominante" (Rita di Leo, "L´esperimento profano", Ed. Ediese, p. 96).

Y es que: "¿Cl es el privilegio que quiere el obrero que accede al poder? Es el privilegio de trabajar poco y de dirigir y autorregular el proceso de extracción de la propia plusvalía, si queremos expresarnos a la antigua". Justamente porque hicieron esto crearon un sistema social en el que la renovación económica y técnica era negada; así, como tenían el poder " .... impedían que las máquinas los sustituyeran y los dominaran y actuaban como patrones, lo que, desde el punto de vista del trabajador, significa trabajar poco” " (p 97).

Tras desaparecer la URSS, los intelectuales de la Unión Soviética, no sólo los próximos al poder, nos dice di Leo " .... se declararon abiertamente víctimas y adversarios del experimento" (p. 176). Ejemplar, nos dice la profesora italiana, fue el caso del que denomina menor de Gorbachov: Alexander Yakollev.

EL SIGLO DE LAS REVOLUCIONES FUE EL SIGLO DE LAS GUERRAS.

El historiador italiano Enzo Traverso sitúa la Gran Guerra y la fase de grandes guerras, por lo que respecta particularmente al periodo inmediatamente posterior a la 1ª Guerra Mundial, en un escenario de "microgerras", de guerras civiles en sentido estrito. Así (pp. 56-57): "En este contexto se entrecruzan diferentes conflictos: una guerra revolucionaria del estado soviético contra una coalición internacional, una guerra de clases entre el proletariado y la élite industrial y aristocrática, una guerra nacional entre los rusos y los pueblos "alogénicos", y finalmente una guerra social entre la ciudad y el campo. Estos conflictos son particularmente sangrientos. En Ucrania, el ejército de Wrangel utiliza el antisemitismo contra el poder bolchevique en 1.919, una ola de pogromos cobra entre setenta y cinco y ciento cincuenta mil víctimas judías. Koltchak, el jefe de los blancos en Siberia occidental, afirma que "su objetivo primero y fundamental es borrar el bolchevismo de la faz de Rusia, exterminarlo y aniquilarlo". General que organizó la revuelta de los cosacos del Don tras ser liberado, muy ingenuamente, por los bolcheviques, su periplo llega hasta la Segunda Guerra Mundial, donde lidera una unidad cosaca incorporada a la Wehrmaht. Será ejecutado por los soviéticos en 1.947. Makhno, un líder campesino usualmente idealizado por los anarquistas, defiende una cultura y tradición rural, pero también desea "cortar las gargantas de los comisarios y los judíos". Los bolcheviques responden a través del Terror. Decretada el 6 de septiembre de 1.918, tras los atentados en los que muere el jefe de la policía política de Petrogrado, Moishe Uritski, y resulta herido Lenin. El régimen soviético crea su propio órgano del Terror, la Checa, que se cobra más de diez mil víctimas sólo en 1.918 (….)(Enzo Traverso, “A sangre y fuego. De la guerra civil europea, 1914 – 1945”, Ed. Prometeo, pp. 56-57).

Un trozo de historia a menudo olvidado en la historia moderna de Europa, que no en absoluto fue una balsa de aceite después de 1.945, y que es clara expresión de microguerra o guerra civil doméstica es el "asunto griego". En Su “ A sangre y fuego ….”, Enzo Traverso alude a este acontecimiento como un caso emblemático de intersección entre "guerra total" y "guerra civil". Traverso nos dice que es “…. en primer lugar de una lucha de liberación nacional contra las fuerzas de ocupación alemanas e italianas", pero "se unió a una guerra civil entre la Resistencia y los fascistas griegos" (etapa 1.940-44) porque tales fascistas habían optado por actuar como colaboradores, utilizando el aparato estatal heredado del régimen militar de Metaxas. Pero también estamos ante una guerra civil entre las dos facciones de la Resistencia: los comunistas que lideran el ELAS y los nacionalistas monárquicos - el rey Jorge II estaba en el exilio -; este último, con el apoyo de Gran Bretaña, que invadió el país en 1.944. En la página siguiente (66), el historiador italiano alude al trágico destino de los comunistas griegos: “…. Latente durante la primera fase de la ocupación italo-alemana, este conflicto estalló abiertamente a partir del verano de 1.944. En mayoría dentro de la Resistencia, los comunistas se negaron a tomar el poder, tanto por la presencia militar aliada como por su aislamiento internacional, ya que Grecia no entró en las esferas de influencia soviética según los acuerdos establecidos entre Stalin y Churchill. Por si fuera poco, la guerra resurge trágicamente “…. entre 1.946 y 1.949, favorecida por el contexto de la guerra fría, y terminó con la derrota final de los comunistas (Enzo Traverso, “A sangre y fuego. De la guerra civil europea, 1914-1945”, Ed. Prometeo, p. 65).
DESPEDIDA Y CIERRE.

La muerte de Fidel Castro como gran hito simbólico que retira del escenario la iconografía del mundo dividido en bloques. El siglo XX sería enterrado no en 1.989 (el siglo corto), sino en 2.016, con décadas de hibernación.


Imagen: Pixabay.

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